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lunes, 2 de enero de 2017

ONCE VECES 2 DE ENERO

Los años empiezan siempre en fiesta, celebrando con la familia y los amigos ese nuevo ciclo al que le hemos puesto como fecha el último día de diciembre. En casa, seguían siendo fiesta el día 2, el día de tu cumpleaños.

Hoy hubieras cumplido 76.

Siempre te echo de menos, no solo los 2 de enero. Te echo de menos los martes, los sábados y los domingos, sobre todo los domingos, aunque no se libran tampoco lunes, miércoles, jueves y viernes. Fuiste mi padre, mi guía en la vida, la persona que me enseñó a ser quien soy, que me llevó de la mano recorriendo el mundo. Me enseñaste a pescar y la geografía de España, a hacer raíces cuadradas y a distinguir los níscalos de esas otras setas que son tan parecidas. Me enseñaste a conducir y no me libré de una buena bronca el día que me fui tan feliz con mis patines y se me olvidó llegar a la hora que me habías puesto. Me enseñaste que para crecer hay que leer, pero también para poder desarrollar el pensamiento crítico, y que no sean otros los que piensen por ti y te conviertan en su marioneta. Me enseñaste que se puede querer con toda el alma a alguien, incluso cuando hace mucho tiempo ya que se ha ido.

Siempre he pensado que tuve una inmensa suerte en que me tocases como padre.

Sé que discutíamos mucho, a veces incluso cuando estábamos diciendo lo mismo, pero he llegado a la conclusión de que era nuestra manera de medirnos y retarnos, un juego entre dos personas que no se podían querer más. Porque también estaban las otras veces. Las que me tumbaba en el sofá y apoyaba mi cabeza en tu hombro, segura y protegida, feliz por tenerte a mi lado.

Hoy es once veces después del 2 de enero y llevo toda la tarde añorándote.

Ya son muchos 2 de enero sin ti, papá.