sábado, 14 de septiembre de 2019

¿REVISAR O NO ANTIGUAS NOVELAS?



Hoy traigo una cuestión sobre la que he cambiado de idea con el tiempo. No soy de ideas fijas, más bien de análisis constantes de las situaciones que me rodean, y en esto mi opinión ha sufrido un cambio que voy a tratar de explicar.

Yo antes no era partidaria de revisar la narrativa de las novelas digitales, por mucho que sea una cuestión tentadora y técnicamente factible. No lo era, porque si se produce esa revisión, lo que hacemos es alterar de alguna manera la evolución del autor. Ya no podemos saber si poco a poco ha ido aprendiendo, si se ha estancado o si ha retrocedido, pues al final, revisión tras revisión, todo quedaría homogeneizado en su último yo.

Estuve pensando en Juan Ramón Jiménez, uno de nuestros premios Nobel de Literatura, quien renegaba de sus primeras obras al considerarlas inmaduras y que no se ajustaban a lo que él entendió por literatura a medida que iba adentrándose en este oficio. Si hubieran desaparecido del todo, no podríamos distinguir sus tres etapas, nos habríamos perdido esos primeros poemas coloridos que se enmarcan en el Modernismo y de él solo quedaría constancia de su poesía desnuda, libre de casi todo, enrevesada y complicada de interpretar, puesto que es tan personal que algunas veces ni la crítica coincide.

Pero no me quedé en eso, pensé un poquito más. ¿Cuántos Juan Ramón Jiménez puede haber ahora publicando de este modo? (Aquí, sonido de grillos y ni una mano levantada). No estoy segura de que a nadie le vayan a dar un Premio Nobel (por mucho que haya dos o tres de los que he conocido en estos años convencidos de que a ellos es posible. Aquí van carcajadas). No creo, ni siquiera, que dos o tres aparezcan en los libros de texto de dentro de un par de décadas. Entonces, ¿es necesario mantener las obras inamovibles o podemos echarles un vistazo de vez en cuando?

Pensé en el tiempo que permanecen a la venta los libros digitales y aquí fue cuando mi opinión empezó a virar unos grados. En estos momentos, libros publicados en 2010, por ejemplo, conviven con otros de 2019. El lector puede saber que son del mismo autor, pero no tiene por qué conocer su trayectoria ni el orden exacto en el que fueron publicados. ¿Qué pasaría si lee primero un libro de 2019 y después el de 2010? Probablemente sentirá una decepción, puesto que el oficio se aprende con el tiempo, con la experiencia. Los vicios se pulen, los errores se mitigan, se encuentra esa voz que todos andamos buscando.

Por eso ahora creo que sí, que no solo es lícito revisarlo -y avisarlo-, aunque siempre con matices. Lo que no tocaría jamás es la trama de las novelas. Esta, para mí, debe permanecer inalterable, sobre todo por el respeto a los que leyeron la historia tiempo atrás. Es fácil que la recuerden, mientras que casi seguro que no recordarán si usábamos un tiempo verbal incorrecto o si alguna coma se había colocado a su aire.

Por tanto, sí, soy partidaria de revisar, ahora sí.

Otra cosa es si sería capaz de soportarlo sin que me diera algo. Haced la prueba los que tenéis blog, id a vuestras primeras entradas y leedlas. ¿Os reconoceis?

Pues eso...

(No me van a dar el Nobel terminando las entradas del blog como las termino, así es que supongo que puedo revisarlo todo sin miedo.)