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lunes, 20 de junio de 2016

BRIANDA, O POR QUÉ UNAS NOVELAS NO SE VENDEN



El domingo me fui a la cama con una sonrisa. Almudena Gutiérrez publicó en su blog una pequeña reseña de Brianda que me emocionó por muchas razones, la principal es que ella venía de leer una novela densa, difícil, comprometida y muy buena, y había elegido a mi bruja para relajarse, esperando solo encontrar una historia ligera con la que pasar el rato. Sin embargo, se llevó una grata sorpresa y me lo contó entusiasmada, contagiándome a mí ese entusiasmo suyo.

Brianda es mi gran desconocida, mi novela menos leída.

Supongo que lo tiene todo para serlo, pero ha tenido que pasar el tiempo para que asuma las razones de que eso suceda. Después de leer las opiniones que ha suscitado, unánimes por otra parte, creo que voy sabiendo algo de lo que le ocurre, que no tiene nada que ver con la historia que cuento en ella.

1.- Es la segunda parte de otra novela.

En un tiempo en el que proliferan las sagas, las trilogías y demás historias vinculadas a otras, el público lector empieza a hacerse perezoso con novelas que de alguna manera te obligan a leer otra. Eso, que también puede jugar a favor de una novela, en este caso ha ido en su contra. No es la razón más importante, es solo una de ellas.

2.- Es juvenil.

Mi público lector, la mayoría, me identifica con el género del que menos novelas he escrito, el romántico, y escuchar que esta es una historia juvenil (y encima de magia) echa para atrás. ¿Alguien de sesenta años, por ejemplo, disfrutaría con esta historia? La respuesta la tengo: sí. La tengo porque tengo varios lectores de esta edad (alguno se la ha leído dos veces), pero son fieles desde siempre, así que no me fíe mucho de su opinión. Me quieren mucho y cuando te quieren pones las opiniones (al menos yo) en cuarentena.

3.- Es gordísima.

Tiene casi cuatrocientas cincuenta páginas de historia. Sé que hay quien busca tochos, pero otros huyen de ellos como de la peste. Suma que es una segunda parte y que es juvenil y de magia. La respuesta a si la lees es, directamente, no. Rotundo.

4.- Tiene una portada que no es atractiva.

Ahí la culpa es mía. La portada tiene todos los elementos que yo quería, pero creo que no llama la atención lo suficiente. Me encantó cuando me la mandó Iván, pero le faltó el plus de entusiasmo de otras veces en las personas que la vieron conmigo, al cual no atendí como merecía. No escuché. Sin embargo, en mi defensa diré que no tuve tiempo. Lo que sucedió con esta novela se llama precipitarse. No tenía que haberla publicado en el momento en el que lo hice, tenía que haberme dado más tiempo para pensar y decidir. Y, sobre todo, debería haberme fiado de mi instinto, lo que me lleva a la otra razón, pero es tarde para lamentarse y no sirve de nada. Solo sirve asumir que me equivoqué.

5.- Su publicación se solapó con el premio de La chica de las fotos.

Craso error por mi parte, no esperar a saber el fallo del concurso. Si lo hubiera sabido antes, por supuesto que no la hubiera publicado entonces. Quizá seguiría en el cajón, o habría hecho con ella lo mismo que con Oasis de arena, una edición limitada a quien a mí me dé la gana, que para eso los tiempos que corren me dan la libertad de decidir. Pasaron apenas dos meses y medio entre una cosa y otra y le retiré mi atención plena.

6.- No he sabido venderla.

No sé explicar qué es Brianda. Si bien es cierto que es una novela juvenil y de fantasía, en ella la realidad tiene un gran peso, la realidad social del siglo XVII en España. Eso, el que la fantasía de la historia se incruste en la Historia sin que chirríe no he sabido explicarlo bien. Hay que leerla para entender lo que digo, sacudirse muchos prejuicios y dejarse llevar por ella. Por el paseo por Madrid, por la función en el corral de comedias, por el ambiente de caminos, ventas y tabernas, por el incendio de la catedral de Toledo… y por esa otra historia de un medallón que va de mano en mano, decidiendo el destino de los personajes.

7.- No me dejaron venderla.

Y aquí pensaréis que soy tonta. Y os daré toda la razón. Desde el minuto uno que Brianda se puso a la venta, hubo voces diciéndome: te has equivocado, te has equivocado, te has equivocado. La gente te identifica con otro género. La has cagado. Es una cagada de novela. No es lo que tenías que publicar. Te vas a estrellar con ella…

Eso duele y pesa. Tanto que sé que no la he empujado como en su día hice con las otras, que perdí la confianza en ella antes de empezar. La he ido dejando a su suerte, sin darle casi ni siquiera oportunidades. De hecho, en algún momento eso pesó tanto que ni siquiera la incluí en el programa de préstamos de Amazon y, quizá para bloquear su lectura, le puse un precio desorbitado para ser una novela mía. Sigue teniendo un precio raro, algún día tengo que decidir algo al respecto.

8.- Las dichosas erratas.

Pues sí, las erratas de las narices. Me pasaron mil cosas inexplicables con este archivo, que espero haber solucionado ya. Como no había manera de deshacerse de los errores empecé de nuevo. Creé un nuevo Word, de la primera a la última palabra y quité de en medio las confusiones que por más que tocaba el antiguo no lograba que se fueran. Quedarán, siempre quedan, pero estoy segura de que ni la décima parte de las que aparecieron en la primera versión.

9.- He estado a punto de quitarla de Amazon varias veces.

No me compensaba. No me refiero a económica, sino emocionalmente. No me compensaba verla languidecer, sin que apenas le prestasen atención, así que estuve varias a veces con el dedo preparado para retirarla de la venta. Al final hice lo contrario, la incluí en el unlimited. Muy coherente. O muy visceral, como en realidad soy yo, de dejarme llevar por las emociones.

Seguro que me dejo algo negativo, pero me guardo un punto para poner lo bueno de ella, que lo tiene:

10.- Unanimidad de opiniones.

Si hay una cosa de la que me siento orgullosa en este camino que un día tomé es la de no haber pedido opiniones para mis novelas. Al principio sí, me parece que los primeros meses estaba tan despistada como el que más y me aconsejaron que pidiera a mis conocidos que opinaran, pero enseguida me di cuenta de que eso no te hace crecer como autor, sino que infla un globo que al final te estalla en los morros.

Nunca eres tan bueno como crees y si encima no paran de echarte flores, jamás mejorarás.

Por eso no se me ocurrió volver a hacerlo y podéis estar seguros de que todo, lo bueno y lo malo que tengo en los comentarios, ha llegado solito. Y sin la intervención de mi familia que ni comentan ni falta que hace, ya me lo dicen a mí en persona.

Brianda tiene en la página española 16 comentarios, tres de cuatro estrellas y 13 de cinco, de los cuales solo uno no se corresponde con una lectura. En Amazon USA tiene dos comentarios más de cinco estrellas. En ellos lo que percibo es que la han disfrutado y viéndolos juntos me doy cuenta de que, solo por esas personas, solo por gente que ha disfrutado con ella y que ha sentido el impulso de venir a contármelo, como hizo el otro día Almudena, merece la pena el tiempo que empleé en escribirla.


Merece la pena que Brianda esté aquí.

Aunque siga siendo mi novela menos leída.