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viernes, 17 de agosto de 2018

HA SIDO UN PLACER

Han sido diez años y medio los que ha estado activo este blog, pero ha llegado el momento de despedirse. No sé si será definitivo el adiós o solo temporal, no sé, porque la vida puede dar muchas vueltas en tan solo cinco minutos -llevo todo el verano experimentándolo-, pero a día de hoy siento que debo decirle adiós.

No me hubiera gustado escribir esto nunca, pero a veces no hay más remedio que tomar decisiones que no nos hacen felices. Sin embargo, si el camino por el que transitas no lleva a encontrar la paz y la calma para vivir, se hace necesario buscar alternativas. Este espacio pequeñito ha sido mi refugio, pero también es donde más echo de menos lo que me falta, así que se impone el sentido común. Supongo que sabré encontrar otro refugio pronto.

Un buen libro.

Una copa de vino.

Escuchar música.

Un largo paseo.

Un viaje.

Un café a solas.

Sentarme a tomar el sol.

Un bombón de chocolate blanco.

Un largo baño...

Seguro que, si sigo pensando, se me ocurren muchas más cosas.

También escribiré, las novelas siempre han sido también un poco como el espejo, un sitio donde te miras, pero con la diferencia enorme de que en ellas puedes corregir la vida, lo que no te gusta, lo que no sale bien... Y escribir el final perfecto para todas las historias. Ese que cierra el círculo y te deja con una sonrisa.

Gracias por acompañarme.

Ha sido un placer.

viernes, 10 de agosto de 2018

ADIÓS, AMIGO.

Me ha costado horas romper a llorar, convencerme de que la última conversación escrita será la última, por más que lo supiera, por más que evitase cualquier contacto en los últimos dos meses más allá de los post.

No se me da bien decir adiós, pero sí el respeto hacia el otro y sus decisiones. Era la tuya y sé que no ha tenido que ser fácil. Solo espero que ahora estés en paz, que hayas conseguido esta meta que seguro que era una de las más importantes que te has puesto en la vida.

Pienso en tu hija y te digo que esta mañana mi hijo, ese que nació el mismo día del mes, me ha dicho que no me perdonaría nunca que me fuera. Pienso en mí misma, en lo que extraño a mi padre a pesar de los años pasados, y sé que yo tampoco se lo he perdonado. Me pienso como adulta y como tu amiga, y entonces todo cambia. Yo sé que sabías lo que hacías y por qué, y no soy nadie para cuestionarlo, por más que me duela el alma ahora mismo.

Gracias por todo, por el verano de 2015 cuando me salvaste de la tormenta. Gracias por los consejos, por las risas, por aquel día en la presentación de María José. Gracias por el universo que has creado, por los afectos, por el cariño, por la comprensión, por preocuparte cuando no tenías por qué hacerlo. Gracias por ser tú, gracias a la vida por permitirme conocerte. En las redes y en persona.

Adiós, poeta.

Adiós, Enrique.

Adiós, amigo.

miércoles, 8 de agosto de 2018

¿Y SI LO QUE ESCRIBO NO SON LIBROS?



Hoy he leído un par de veces un artículo que se ha publicado en EL PAÍS que podéis ver pinchando en su título, "No, tu historia no da para un libro".

Os recomiendo su lectura, es corto y explica que no cualquier cosa que se escribe o que se piensa puede convertirse en un libro. Con argumentos fáciles y comprensibles, para que no le queden dudas a nadie.

No puedo estar más de acuerdo con lo que dice.

En los últimos años han caído en mis manos muchas historias que no eran libros, pero venían disfrazadas de libros. Historias que rechinaban constantemente en mi mente porque no me encajaban las piezas. Por más que trataba de escuchar su música, no la encontraba. Lo que se escuchaba era como oír a un gato mientras lo están maltratando. Igual se me ha ido un poco la mano con el símil, pero es para que se me entienda. Como lectora no he tenido ninguna duda de que eso no era un libro.

Entonces, mientras leía este artículo por segunda vez, me he puesto a pensar en mí como narradora. Me he mirado al espejo, intentando ser sincera del todo.

A mí no me enseñaron a escribir historias, solo se me ocurrió hacerlo porque sí. Sin pedir permiso a nadie, con la soberbia de pensar que sería capaz solo porque llevaba años leyendo y practicando. Sé que me he puesto a prueba muchas veces y las he pasado (concursos de varios niveles, publicación editorial, ventas...) pero...

Sigo dudando. He dudado hoy, mientras leía. Y ayer, mientras pensaba en la historia que acabo de terminar, la que me obligo a no tocar estos días para después poder verla con perspectiva. ¿Y si lo que escribo no son libros? ¿Y si no tiene la suficiente entidad y no soy capaz de verlo? ¿Y si lo que veo en otros está también en mí y la propia ceguera de estar tan cerca de la historia me impide ser objetiva? ¿No sería mejor dejarlo ya?

Todas y cada una de las veces que escribo, siento lo mismo. Siento pánico por haber tenido la soberbia -otra vez- de tratar de contar algo y pretender que otros la lean. Que otros la publiquen, que otros paguen por ella. Siento terror porque quizá me estoy equivocando, porque han tantas historias que no son libros que no se por qué las mías si lo van a ser.

A ver, ¿por qué?

Ni siquiera creo que sea inseguridad, creo que se trata de tener los pies amarrados a la tierra, saber que para que algo sea literatura tiene que llevar más que palabras unas detrás de otras, hiladas con una trama. Le hace falta ritmo, figuras literarias, transmitir emociones, tocar al lector, llevarle a la historia y que no salga de ella hasta que cierre la última página. Que se quede con tus personajes y los sienta como si estuvieran vivos, que los recuerde después de un tiempo como si la novela la hubiera leído el día de antes.

Esto solo está al alcance de unos pocos.

Os lo digo aquí, que somos cuatro, en este rincón tan mío: cada vez me siento más pequeña. Cuando leo cosas como este artículo, sé que no quiero contribuir al ruido que oculte a los libros que de verdad valgan la pena.

Tengo cuatro novelas terminadas ahora mismo y tres más bastante avanzadas. En mis cajones. Ahí siempre tendrán sitio, puede que no me gane el privilegio de ser una escritora de verdad, pero tengo que escribir. Esto no es soberbia.

Esto es necesidad del alma.






martes, 7 de agosto de 2018

CARTA DEL FUTURO




7 de Agosto de 2018.
De Mayte Esteban.

Para Mayte Esteban.
7 de agosto de 1980.

Hola, Mayte:

Te estarás preguntando quién te escribe con tu mismo nombre, quién es la persona que le ha puesto dos fechas tan dispares una la carta. No estoy loca, soy yo, tu yo del futuro, y vengo a contarte algunas cosas.

Ahora mismo tienes diez años y un sueño que no le has contado a nadie, pero yo lo sé porque fue el mío. Ya te he dicho que soy tú pero con bastantes más años a la espalda, algunas canas disimuladas por un tinte y arruguitas en el rostro y en el alma. Nada importante, nada que no haya sido producto de que he vivido en todos estos años.

Sé que sueñas con escribir,  con convertirte en escritora, de hecho sé que hace poco terminaste una novela. Es muy tierna, pero aún tienes que darte tiempo. No te preocupes porque lo vas a conseguir. Practica mucho antes de enseñarle a nadie tus progresos, fíjate en los errores y lee todo lo que caiga en tus manos porque sé que aprenderás. Confío en ti y en tus posibilidades. Sé que eres lista y que vas a ser capaz de sacar provecho a cada libro que leas.

Aunque no hace falta que te lo diga, sigue yendo a la biblioteca. En ella vivirás la mejor etapa de tu vida, no solo porque está llena de mundos por descubrir, sino porque también en ella vas a conocer a algunas de las personas más importantes de tu vida, las que te marcarán el sendero. Y también el corazón. Las bibliotecas pueden hacer que te enamores muchas veces, que vivas peligros, aventuras, desafíos… pero no son peligrosas.

En cuanto cierres el libro volverás a estar a salvo.

A la que eres ahora no le hace falta que nadie la salve, pero habrá momentos en el futuro que lo necesitarás, y los libros son los mejores rescatando personas en apuros.

Hazme caso, lo he vivido.

Nadie te lo dice mucho, pero eres muy bonita. Sé que no me estás creyendo, porque ahora mismo no te ves así. Tienes el pelo tan corto como un chico, llevas siempre vaqueros y camisetas sin ninguna gracia, cualquiera que no te conozca juraría que eres un niño y no una niña. Tienes las rodillas llenas de costras y en la frente los restos de la herida que te dejó Raúl el otro día al tirarte una piedra. Tampoco te preocupes mucho por eso, solo está intentando llamar tu atención y dejará de pegarte en breve. No pasa nada por esas cicatrices, igual que esas heridas se curarán y desaparecerán, tú dejarás de parecer un niño un día y te convertirás en una chica preciosa. Da igual cómo seas por fuera, sé que por dentro tienes un corazón enorme que siempre se preocupa por los demás, aunque a veces lo demuestres un poco a lo bruto.

No te diré que moderes eso, en un futuro que no te contaré, para no asustarte mucho, el ser tan borrica de pequeña te salvará de un momento duro. Acuérdate de lo que te digo cuando llegue, no te paralices y pelea como sabes. Saldrás victoriosa. Al menos en lo físico, porque otras heridas se quedarán contigo. Pero tampoco te agobies, el tiempo es tan mágico como los libros de la biblioteca y te curará de eso.

El tiempo y la paciencia, que dicen que es la madre de la ciencia, pero que yo creo que es el arma de los héroes.

Estudia un poco más. Eres muy vaga y mientras no entiendas que con dedicarle unos minutos mejorarás un abismo, seguirás siendo del montón de la clase. Cuando por fin decidas hacerme caso, te prometo que serás la mejor. Está todo dentro de ti, aunque ahora mismo no lo veas y pienses que solo soy una señora pesada que viene del futuro a zumbar en tu cabeza y a contarte cosas raras.

Te vas a enamorar muchas veces en tu vida. Muchísimas, porque tu corazón es enorme, pero habrá una especial. No la dejes pasar, por mucho ruido que haya, por muy difícil que parezca. Funcionará y serás muy feliz, tendrás eso otro que tú y yo sabemos que deseas. No te voy a decir cuándo llegará, te tocará a ti averiguarlo. Por el camino seguro que piensas que te habrán roto el corazón algunas veces, pero no está roto, solo está entrenando, solo está viendo el lado oscuro para que cuando llegue la luz la disfrutes mucho más.

Porque habrá luz, tanta que te parecerá que nunca ha habido sombras.

No todo lo que va a pasar en estos años será bonito, también sucederán cosas muy tristes. Ahí sí que se te romperá el corazón, pero no te las voy a contar porque todo tiene su momento y no es este. Para cuando llegue, que lo sabrás, procura solo recordar esto: da gracias por lo vivido. Nunca te hundas en lo que se acaba, piensa en todo lo que tuviste mientras duró y analiza las cosas buenas que eso te dio.

En todo hay algo que rescatar y me consta que serás experta en construir fuertes con los restos de cada naufragio.

¿Te acuerdas de Víctor, verdad? Es ese niño de gafas con el que vas a clase. El empollón, como le llaman muchos, para meterse con él. Víctor sigue siendo mi amigo y se ha convertido en un hombre muy especial. Por si no te has dado cuenta todavía de lo que vale, ve fijándote en él en estos años que tienes por delante. Nunca te va a fallar, siempre estará cuando necesites hablar con él y seguirá riéndose de todas las tonterías que digas, como hace siempre. Víctor nunca se olvidará de tus cumpleaños y jamás hará nada solo por compromiso, sino porque es como tú. No dejes que se vaya lejos demasiado tiempo, no hay dos personas así.

De lo que suceda de aquí en adelante no sé nada. Tendría que llegarme una carta de mi yo futura. Si pasara eso, prometo escribirte, pero solo si lo que contiene es importante para que no tengas demasiado miedo. Ese va a ser tu único enemigo, el miedo a no estar a la altura de las personas que quieres. Pero sabes una cosa, le pregunté a papá y me dijo que sí, que siempre ha estado orgulloso de mí.

De nosotras.

Así que por eso, ni te preocupes.

Te quiero mucho, princesa (alguien te llamará princesa alguna vez y no seré solo yo)
Mayte