Páginas

domingo, 26 de diciembre de 2021

MI AÑO LECTOR

Hace unos años me pasaba meses preparando esta entrada del blog. Iba recopilando todo lo que leía, hacía una lista de las mejores y las peores lecturas y después me sentaba en el ordenador a escribirlo.

Hoy, tiro de memoria.

Una, la de la aplicación de kindle, que me ha dicho que este año he leído exactamente 36 títulos (puede que esta semana añada alguno más). Otra, mi memoria, esa que es menos fiable, de los libros en papel. Ahí puede haber otra docena. No está mal para no tener apenas tiempo para dedicarle a la lectura, sino un ratito antes de dormir.

También ha habido otros libros, los que todos los años se releen por trabajo, los que repaso hasta la saciedad, pero esos me he acostumbrado a no tenerlos en mis cuentas.

LOS QUE SÍ

Hay libros, de los que he leído este año, que son un sí rotundo. Entre ellos destacan estos dos:







Ambas, como todas las novelas que me gustan mucho, tienen reseña en el blog, unas impresiones que me guardo sobre todo para mí misma, ya que este espacio nació con ese fin, aunque a veces no lo parezca porque, por cortesía, escribo como si alguien lo estuviera leyendo.

Me han gustado también el montón de novelas de Christine Cross que han caído en mis manos, no estoy segura de si han sido seis o siete, debería mirarlo, pero no me apetece. Es una gran narradora y me resulta muy sencillo involucrarme en lo que me cuenta.

Otra autora que me gusta muchísimo es Joana Arteaga. Creo que este año han sido dos los libros que he leído de ella. Erlendur, además, se llevó una reseña en el blog porque me ha parecido de lo más original.

Dos novelas de Laura Sanz se han colado en mis lecturas, las dos preciosas, My shinning star y Tan fuerte, Marine.

Hay algún libro de Erika Fiorucci, otro de Delibes, alguno más de Nuria Llop...

Y La envidia de los mediocres. Ese es un libro que siempre va a ser especial para mí porque, al abrirlo para empezar su lectura, me encontré con la dedicatoria. Era algo que justo en ese momento ya no esperaba para nada, así que tuve que preguntar si estaba tonta o realmente era para mí. Parece que sí, que este año me han dedicado un libro.

Me lo tomaré como una compensación de todo lo feo que he vivido en 2021.

LOS QUE NO

Pues ha habido solo uno, porque todos los que eran un no los he abandonado como hago desde hace muchos años. El tiempo no está para perderlo en libros que no aportan nada con todos los que hay por leer en esta vida, y si uno no me gusta no tengo ningún reparo en dejarlo por donde vaya.

Pero ha habido uno que tuve que terminar.

Contraviniendo mis normas, llegué a la última página, porque es una de esas historias que parecía que le estaba maravillando a todo el mundo. A mí, en cambio, me horrorizó. 

LOS MÍOS

Solo hay uno, una comedia navideña que ha cosechado un éxito inesperado en lo que viene siendo mi trayectoria actual, y que me tiene descolocada perdida. Me encanta, todo hay que decirlo, que una historia tan sencilla se haya colado en el corazón de tanta gente y hayan sabido entender esta comedia que tiene un poco de tristeza por ver cómo el mundo rural en el que vivo se muere y tiene esa penilla que me da el trato tan interesado con el que a veces nos relacionamos con nuestros mayores.




A 2022 le pido suerte con lo que elija. Y más librerías, por favor. No tengo estanterías ya, pero estoy deseando tocar libros.

viernes, 24 de diciembre de 2021

EL DIARIO DE LOS BUENOS DESEOS

 Hace unos años le regalé a alguien un diario para llenar de buenos deseos. Prometía en su portada que, si lo hacías con fe, esos deseos se acababan cumpliendo. Supongo que era una estrategia publicitaria para vender muchos ejemplares, porque ¿quién cree en la magia?

El caso es que esa persona no creía en absoluto en el diario. Rellenó dos páginas y lo dejó tirado. Un día le pregunté si me lo podía quedar.

En realidad, creo que en ese momento yo tampoco creía mucho en su poder, pero necesitaba una agenda y soy muy de reciclar, reutilizar, reducir. Será por mi máster en Medio Ambiente, no sé, pero el caso es que me daba mucha pena que tantas páginas que podían ser útiles acabasen en un contenedor. Aunque fuera de los azules.

Me lo quedé.

Un día, mucho tiempo después, revisando mi estantería, lo vi. Yo tenía entonces un deseo. Uno de esos poderosos, algo que me nacía muy dentro y que, por otro lado, veía inalcanzable para una chica que vive en el medio rural. O una mujer, que ya era mayorcita aunque en mi cabeza a veces parezca que no he cumplido ni los 18.

Saqué el diario, me quedé mirándolo y agarré un lápiz.

No escribí el deseo, lo dibujé. Luego le añadí las pertinentes palabras que lo redondeasen, pero lo primero que sentí ganas de hacer fue eso, dibujar.

Lo volví a poner en la estantería y se me volvió a olvidar que lo tenía hasta que, un tiempo después, lo abrí. Se me había olvidado hasta lo que había dibujado así que, cuando tropecé con la página el corazón se saltó unos cuantos latidos. Había conseguido eso, lo que dibujé. Exactamente lo que estaba en mi imaginación.

Tengo que decir que detrás de ese deseo hubo muchísimo trabajo, pero también que sé que a veces, por mucho que trabajes, lo que deseas se acaba malogrando. Por eso me sorprendió tanto, por eso me desconcertó un montón y, por eso, volví a dibujar.

El segundo deseo era tan ambicioso como el primero, pero tenía un plus: no dependía de que yo trabajase como una loca para conseguirlo (el primero tampoco, pero menos).

Se cumplió.

No sé cuántos van ya, escritos en sus páginas. Algunos se han retrasado un poco, pero TODOS los he conseguido. Es verdad que no escribo tonterías, que escribo en él solo cuando siento que lo que estoy deseando es algo grande. Y, por grande que sea, esas páginas me lo conceden. Por muy difícil que parezca, sucede.

No sé por qué sucede, prefiero no hacerme muchas preguntas porque seguro que pensaré que estoy muy loca, pero el caso es que ahí está. Y, lo más importante, es también una semilla para la ficción. Es una idea. Quizá algún día cuente una historia de un diario que concede deseos. Me va a salir creíble, porque creo en ello con todas mis fuerzas, porque llevo años viviéndolo.

Eso sí, no contaré los míos.

No porque los deseos que se cuentan no se cumplan (mentira, yo se los cuento todos a esas páginas), sino porque son muy míos y muy especiales.

Hoy he añadido un deseo.

Estoy deseando comprobar cuánto tardará en hacerse realidad.


Feliz Navidad

Mayte Esteban

miércoles, 8 de diciembre de 2021

CON SUERTE... EN NAVIDAD

He estado dudando si hacer esta entrada. Lo he dudado porque cuando llevas la montonera de historias que tengo ya publicadas te parece que te repites. Pero es que las emociones que ya viviste se repiten.

Ese nudo en el estómago.

Esos nervios por saber qué os parece.

Esa ilusión porque siempre es un nuevo principio.

Ese miedo de no haberlo hecho bien.

Esa curiosidad por saber si volveré a leer, a estas alturas, "esta autora no me suena de nada".

Esta noche, cuando den las doce y ya sea 9 de diciembre, Con suerte... en Navidad dejará de ser solo mía (y de mi madre), para pasar a ser de todos vosotros que completaréis la novela.Ya estará pirateada (que me dice mi colega que es muy buena señal que me pirateen a los cinco minutos, pero maldita la gracia que hace). Ya seremos más de cinco los que conoceremos a Angustias y la que lía con su cuadro...

Esa vez, como pasó con Comer y amar... y con Doce horas, solo estará en digital. Eso me han dicho, ese es el plan, a menos que os volváis locos de remate y empecéis a comprarla y a recomendarla tanto que no quede más remedio que cambiar de idea.

Estamos casi en Navidad, se permite soñar, ¿verdad?

Va a costar menos de tres euros, no hace falta tener un lector de ebook, con una aplicación descargada en el móvil o en el ordenador es suficiente. Con pulsar en el título, llegarás a ella: 

Con suerte... en Navidad.









miércoles, 1 de diciembre de 2021

DESDE HOY, GRATIS CON EL PROGRAMA PRIME DE AMAZON




Precio ebook: 5,69€

Precio del eBook: 3,99€

Precio si estás suscrito a Amazon Prime: GRATIS

Pulsa en el título para conseguirlas


 

viernes, 26 de noviembre de 2021

LA ENVIDIA DE LOS MEDIOCRES DE ROBERTO MARTÍNEZ GUZMÁN

 

 


Sinopsis:

«Nunca abras una caja de Pandora si no tienes armas con las que combatir los demonios que encierra dentro».

Un encargo de un amigo, una muerte accidental y una pequeña villa en la montaña lucense son el punto de partida de un caso que no solo removerá los cimientos de la tranquila sociedad rural, sino que acabará por poner a prueba los límites de la conciencia humana.

 

Mis impresiones.

Después de hacerse esperar muchísimo, hace unos días se puso a la venta la segunda entrega de la saga protagonizada por Lucas Acevedo. Tras el rotundo éxito de La suerte de los idiotas —Amazon ha publicado que ha sido la novela más descargada de la plataforma en los diez años que lleva en España—, Roberto Martínez Guzmán vuelve a ese personaje que tantas alegrías le ha dado, este policía retirado temporalmente de la UDYCO.

En esta segunda novela, Lucas sigue en su descanso. Lo que le ocurrió en La suerte de los idiotas le ha dejado alguna herida y todavía no siente que deba volver a retomar su vida activa. Un día recibe un encargo aparentemente sencillo de su amigo Tomás —al que ya conocimos en la primera entrega—: recoger el informe de la autopsia de su madre. En principio ha sufrido un accidente doméstico, es algo que no parece que tenga detrás nada oscuro, pero hay algunos detalles de los últimos meses de vida de sus padres que hacen que Tomás no esté tranquilo. Por eso quiere que sea Lucas quien vaya, quizá sean solo cosas suyas, producidas por el dolor de la pérdida.

El policía, en calidad de amigo, se traslada al pequeño municipio lucense de Fonsagrada. Allí, mientras va haciendo preguntas, se encontrará con algo que no voy a desvelar, por supuesto, porque eso queda para los lectores.



La envidia de los mediocres consta de 17 capítulos y una introducción que Martínez Guzmán ha titulado con el nombre del pueblo de Lugo. Está contada desde la perspectiva de Lucas, con un lenguaje sencillo, rápido, con diálogos ágiles y directos que harán que el lector se sumerja en la historia y, cuando se quiera dar cuenta, la habrá terminado. Este Lucas es más sereno que el que conocimos en la otra entrega; ya lleva tiempo de baja y está más sosegado. Sin embargo, no ha perdido un ápice de su curiosidad y sus dotes deductivas.

En la novela, hay una reflexión final muy interesante y queda la promesa de que esta no será la última de sus aventuras.

Me parece que hay Lucas para rato.

La portada de esta novela sigue la misma línea de la anterior, así como el título. 

Para mí ha tenido un extra, por el que doy las gracias. Hay cosas que hacen mucha ilusión.

domingo, 21 de noviembre de 2021

ERLENDUR. HONOR VIKINGO DE JOANA ARTEAGA




 Sinopsis:

Erlendur vive entre dos mundos tan opuestos, que tiene divididos el alma y el corazón. Solo su estricto código de honor, que siente como la única constante en su vida, parece procurarle algo de cordura y estabilidad.

Pero todo puede cambiar en un suspiro, uno mágico e inesperado. Un suspiro que dura lo que tarda en probar los labios de Cassandra, que está tan perdida como él, pero que tiene el don de señalarle el camino y rescatarle de los abismos.

Una aldea perdida, un pueblo orgulloso y bárbaro, y mucho honor vikingo componen los elementos de una historia de amor llena de emoción y lucha por encontrar el sitio de cada uno.


Mis impresiones:

He perdido ya la cuenta de las novelas que llevo leídas de Joana Arteaga. Me sigue pareciendo que es una maestra narrando emociones, que hace frases brillantes y que conmueve siempre con todo lo que escribe.

Esta novela, Erlendur. Honor vikingo, la traigo hoy al blog porque tiene algo especial: el punto de partida. La historia es original, hace un planteamiento que sorprende hasta a Cass, la protagonista de la novela. 

Voy a contar un poquito de la trama, pero es que en este caso es necesario para entender por qué digo que es tan original.

Cass ha montado en un barco que recorre los fiordos noruegos, en uno de esos cruceros para solteros, y las cosas no están yendo bien. No es porque no esté ligando, es que el viaje no está cumpliendo ninguna de las expectativas que puso, empezando por  su amiga y siguiendo por su cuerpo, que se empeña en ponérselo complicado. El doctor del barco la visita y, después de tratarla, le deja unas rutas para que, en una de las paradas del barco, baje a tierra y le dé el aire.

Y sí, hace aire. Viene una ráfaga, la deja sin mapa cuando se ha metido en medio del bosque y ocurre lo inevitable: se pierde. Cuando logre encontrar a otro ser vivo, el barco ya se habrá ido y ella creerá que ha hecho un viaje en el tiempo, porque todo es tan extraordinariamente irreal, que es hasta posible.

Pero no, no es un viaje en el tiempo, es algo mucho más interesante.

La novela está escrita en presente y alterna las perspectivas del Erlendur, el vikingo, y Cass, la chica londinense que está perdida. En esta historia, que tiene su gran parte de romance, también hay reflexiones sobre el honor, sobre las decisiones que toman los padres por los hijos. Sobre rectificar o enrocarse en ideas que no llevan a ninguna parte. Sobre seguir tus deseos o amoldarte a lo que se espera de ti.

Es una novela para leer, no para contar, porque, como he dicho antes, la narrativa de Joana se saborea. Si no estuviera muy feo, la compararía con otras que venden mucho y perderían por goleada, así que solo voy a decir algo que es verdad: ella tiene magia en los dedos. Sus personajes son pura pasión, tanto en lo que se refiere a la lógica relación que aparece en una novela romántica, como las que tienen con los otros a los que se tienen que enfrentar.

Me ha encantado la ambientación de la historia, Valgar, y, sobre todo, Cass. Su forma de expresarse, tan distinta a la de los demás, siempre con los pies tan en el suelo y con ese manejo de la ironía y el humor que me ha gustado tanto.

¿La recomiendo? Pues claro.

La puedes encontrar en Amazon por 2,99€ o también se puede descargar en kindle Unlimited. 

Puedes descargarla aquí

martes, 9 de noviembre de 2021

CONCHA MÉNDEZ (1898-1986)




Concepción Méndez Cuesta, Concha Méndez, fue una niña que soñaba con viajar, con ser capitana de barco y ver el mundo con sus propios ojos. Su mente inquieta y su enérgico carácter serían la nota dominante en toda su vida, en la que la literatura tuvo una importancia esencial.

Concha nació en Madrid en 1898, el año del desastre, cuando lo que quedaba del Imperio que había empezado en la época de los Reyes Católicos se desmoronaba definitivamente. Su infancia fue feliz y acomodada: nació en una familia numerosa -eran diez hermanos- y recibió una esmerada educación en un colegio francés. Sus veranos los pasaba en San Sebastián, y fue allí donde conoció al que sería durante siete años su primer novio: Luis Buñuel. Con él, y de la mano de la amistad de Maruja Mallo, fue conociendo también a varios de los integrantes de la generación del 27: Alberti, Lorca y Cernuda, con los que le unió un vínculo entrañable.

Sus inquietudes literarias no tardaron en aparecer. Contemporánea de esa generación, formó parte del grupo de mujeres literatas conocidas como las Sinsombrero. Fue poetisa, autora teatral y guionista, amen de editora de revistas literarias donde colaboró activamente durante casi toda su vida.

Su producción literaria arranca en 1926 con un libro de poemas, Inquietudes, al que le siguen Surtidor en el 28 y Canciones de mar y tierra en el 30.

Es en esos años cuando deja su relación con Buñuel, se va de casa en el 29 y cumple su sueño de infancia de viajar: Londres, Montevideo, Buenos Aires... nada está lejos para esta mujer incansable y resuelta, que aprovecha su estancia en Argentina para hacer contactos. Conoce a Guillermo de la Torre y esa es la puerta que se le abre para publicar semanalmente en el diario La Nación sus poemas. Pero quiere volver a España y lo hace en el 31, cuando llega la República. Regresa y contacta de nuevo con viejos amigos como Lorca, que será quien le presente a Manuel Altolaguirre, otro miembro de la generación del 27, con quien se acabará casando.

La vida se vuelve luminosa para ello, los proyectos cuajan y en ese momento, junto al que ya es su marido, funda la revista Héroe, en la que colaborarán los grandes autores españoles de ese momento. Pero ella necesita más, sus inquietudes, esas que expresa en su primera obra, no tienen límites y explora la faceta de autora dramática. Del 31 al 35 publica tres obras: El personaje presentido, El ángel cartero y El carbón y la rosa, las dos últimas enfocadas al público infantil. 

No se va a olvidar de la poesía, en esos años verán la luz Vida a vida, Niño y sombras y Lluvias entrelazadas, aunque para cuando publica las últimas ya no está en Madrid, sino en Londres. Allí le toca vivir una dura experiencia, la de perder a su primer hijo, al que dedica esa segunda obra de este momento. Sin embargo, al poco la vida la compensa y tiene a su hija Paloma.

En Londres, junto a su marido, se pone como meta la difusión de la obra del 27. Funda con él dos revistas, Poesía, 1616 y Caballo verde para la poesía, esta última dirigida por el escritor Pablo Neruda.

No se quedará allí, pronto se trasladarán a París, pero la Segunda Guerra Mundial les hace tomar la decisión de abandonar la capital francesa y marchan a Cuba. Es en ese nuevo exilio donde publica El ciervo herido, otra obra poética.

En 1944 se trasladan de nuevo, esta vez a México, país en el que estará hasta su muerte, salvo breves visitas a España. En México su vida personal se desmorona: su marido la abandona por una cubana y ya solo publicará una obra en el 45, El solitario (Nacimiento), al que seguirán 31 años de silencio literario.

Es en el 76 cuando aparece su Antología poética y en el 79 la que será su última obra escrita, Vida o río. Después de esto aún tiene una historia que contar, la suya propia, pero ya es una mujer mayor y no la escribe, sino que la cuenta, la graba en unas cintas que será su nieta Paloma quien se encargue de compilar y publicar en 1991, Memorias habladas, memorias armadas. Paloma decide suprimir lo más personal y el libro no es una biografía como tal, sino una sucesión de anécdotas en las que aún se puede ver el fuerte carácter de esta mujer.

Concha Méndez, una de las Sinsombrero, una de nuestras autoras olvidadas a la que merece la pena recordar.


Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.

Se repartió mi alma para formar tu alma.

Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia

de días sin reposo y noches desveladas.


Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.

¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?

Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,

porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,

te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

martes, 2 de noviembre de 2021

CON SUERTE... EN NAVIDAD: LA PORTADA

 Hoy dejo en el blog la portada de la próxima novela que publicaré con el selló HQÑ de HarperCollins Ibérica. Se llama Con suerte... en Navidad y su mayor fortaleza son unos personajes muy especiales, además de que se lee en poco más de una tarde. 




Y que te ríes, porque tiene algo loco esta historia; es desenfadada.

Solo voy a decir una cosa hoy: está escrita para evadirse un rato. El año pasado, 2020, fue muy duro para muchos; 2021, para mí, ha sido todavía más, así que solo tengo ganas de divertirme, de leer por placer, de dejar el libro con una sonrisa que me permita encarar 2022. Y eso es lo que os presento ahora.

Espero que me acompañéis.


domingo, 3 de octubre de 2021

OCTUBRE, MES DE LAS ESCRITORAS

Aprovechando que el mes de octubre es el mes de las escritoras, La colina del almendro estará a mitad de precio. Los seis euros que cuesta el ebook sin descuento se quedan en 2,84€ en Amazon. No está mal, ¿verdad?



Durante todo #octubre, #lacolinadelalmendro estará a mitad de precio en #ebook. Aprovecha para conseguir esta fascinante novela que ya ha cautivado a miles de lectores. Disponible en #KindleUnlimited

Y un enlace para la compra. Este:

La colina del almendro

¿No me digas que todavía no has oído hablar de ella? Es una novela de venganza, superación, amor y guerra, ambientada en la Inglaterra de principios del siglo XX. Es un viaje por la lucha sufragista y el reflejo de un momento de grandes cambios para la humanidad. Y es la historia de Mary Davenport.

Más de 5000 lectores ya se han enamorado de ella. ¿Te apuntas? 



viernes, 1 de octubre de 2021

APRENDER DE LOS ERRORES: UNA NOVELA QUE NO ME HA CONVENCIDO




Estos días he leído una novela que no me ha convencido. La descargué porque me la sugería el kindle tras mi última lectura; miré la sinopsis, leí el fragmento gratuito y me pareció que estaba muy bien escrita. Eso, en novelas digitales ya va siendo excepción más que norma (siento mucho escribir esto, pero me está pasando), así que decidí que, como el principio estaba dentro de lo correcto y la sinopsis no estaba mal, la leería.

En poco más de dos capítulos me di cuenta de que me había precipitado.

La novela está escrita de manera correcta, el archivo no tiene fallos significativos, pero tiene otros de los que he ido siendo consciente a medida que avanzaba con la lectura.

Un error es la claridad narrativa. Me está costando muchísimo visualizar lo que me cuenta. No es porque no haya descripciones, sino por lo contrario: son exhaustivas. Y eso, el exceso de datos, sobre todo porque me los da todos juntos, lo estoy sintiendo como un error. La descripción física del personaje hasta sus más mínimos detalles interrumpe la acción de un modo tan brutal que supone que me "olvide" de eso otro que me estaba contando. Ese parón desdibuja lo que para mí es esencial, ese hilo conductor que hace que la historia te absorba.

Pierdo el hilo, nunca mejor dicho.

Otro error, siempre desde mi punto de vista, lo constituyen los personajes de ambiente. Esos personajes, en las buenas novelas, no tienen importancia alguna. Son como sillas, las pones porque tiene que haber un lugar donde sentarse, y las pones acordes con la época en la que transcurre la novela porque, de otro modo, resultarían chocantes. A las sillas se les presta la mínima atención: silla de caoba, silla baja, sillita, sillón... Ya. No me hace falta remontarme al carpintero que la talló en su día o al señor que fue con su hacha a cortar el árbol al bosque para hacer esa silla.

En esta novela, se remontan a la prehistoria para contar cualquier idiotez. Para hablar hasta de un personaje con el que se cruzan por la calle y al que no vuelves a ver.

Al principio, como no conocía la historia, intentaba memorizar todos esos datos, porque suponía que, si me los daba, era porque eran importantes. Ya sabéis, la famosa pistola de Chejov. No puedo citar la frase exacta, pero viene a decir que todo en la narración debe ser imprescindible o, de no ser así, debe suprimirse.

Si me dejaran boli rojo, esta novela perdía la mitad de sus páginas, porque se puede prescindir de casi todo.

Ya solo con estos dos errores la lectura se me estaba complicando, pero vino un tercero a tocar las narices. El tercer error tiene que ver con la construcción de personajes. Hay una cosa muy útil que se llama observar la vida para darse cuenta de que estos que me presentaba la novela respondían a arquetipos de cartón piedra. No tengo nada en contra de usar arquetipos, pero siempre que respiren. Puedo jugar con el tópico de una madrastra mala, no me importa; pero puedo matizarla. Que sea mala, que no acabe pareciendo tonta, por favor.

Puede que a veces pensemos que lo que estamos leyendo nos hace perder el tiempo. Es cierto, tal vez, si solo eres lector. En mi caso, al escribir, no lo estoy perdiendo porque de lo que no está bien también aprendo. Me sirve para tratar de no cometer los mismos errores o para hacer una reflexión que nos sirva en clase como ejercicio. Pero solo lo resisto si lo que encuentro, por lo menos, está bien escrito.

Por eso no la abandoné.

Tampoco la voy a valorar con estrellitas, porque no serían muchas. Puede que haya alguien que no escribe que esto que estoy diciendo ni siquiera lo entiende y no lo entendería. Y no soy quien para bloquear con un comentario negativo la lectura de nada.

Por mucho que no me haya convencido.


miércoles, 29 de septiembre de 2021

AL FINAL, NOS CONOCEMOS TODOS

 Cuando estudiaba literatura, una de las cosas que más me llamaba la atención era que los escritores se conocieran. No sé, supongo que al escribir desde que era muy pequeña y no compartir con nadie lo que hacía, asumí que ese era el camino. Solo al crecer, al aparecer las redes, pude comprobar como las afinidades van creando grupos de autores en torno a los que se va generando eso que conocemos como generación literaria.

Hace un par de años hice un intento de recopilar a los autores que están más próximos a mí, un juego en el que aparecían nombres como Pilar Muñoz, Roberto Martínez Guzmán, Mónica Gutiérrez, María José Moreno, Laura Sanz, Mayte Uceda, Antonia Corrales y Víctor Fernández Correas. Con todos ellos he tenido largas charlas literarias y personales, porque llega un momento en el que la vida personal se acaba fundiendo con esa inquietud que nos puso en contacto y ambas facetas se tocan hasta fundirse en un todo.

Hablo de filias, pero también se desarrollan fobias. Como en todo en la vida, puede que haya autores con los que no tengas ni la más mínima conexión. Y puede que haya otros a los que tú ni contemplas, porque no los ves, porque no están en tu órbita, que se empeñan en odiarte y lanzar sobre ti toda su frustración. Entonces, de la peor manera, es cuando los ves, pero para no contemplar sus letras nunca más.

Esta mañana me levanté pensando en la cantidad de autores actuales que no son unos desconocidos para mí. Aficionados y gente que ha convertido esto en su profesión. Autores que desaparecerán barridos por el paso del tiempo y otros que tal vez (estoy segura de algunos) acabarán siendo estudiados en los colegios y universidades.

Al final, en este mundo, como en todos, nos acabamos conociendo y reconociendo, porque poco a poco vas sabiendo quién es bueno de verdad, quién tiene una flor en el culo o quien estaba en el momento justo en el sitio preciso, pero nada más. Quien se queda en tu corazón y en tu cabeza y quien es solo una ráfaga de viento que te obligará a ponerte una chaqueta, pero de la que te olvidarás en cuanto pase.

No sé.

Es raro y es normal.

Es bonito haber vivido dentro de este sueño tantos años. Si se lo hubiera contado alguien a la niña que fui estoy segura de que habría pensado que estaba loco.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

NOS VEMOS EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

 Desde que empezó esta aventura literaria, solo he faltado dos años a la cita en la Feria del libro de Madrid: el año pasado, porque no hubo, y en 2015, porque ese año la novela que tenía a la venta se publicó la misma semana de la Feria y solo en digital. De hecho, no iba a salir en papel, pero funcionó tan bien que al final así fue.

Estoy hablando de La chica de las fotos.

Este 2021 casi no contaba con ello, pero al final voy a ir, el día del estreno de la Feria, este viernes 10 de septiembre de 7 a 9 de la tarde en la caseta 17, la de HarperCollins. La verdad es que estoy recibiendo muchas disculpas por no poder ir, supongo que la gente le tiene mucho respeto todavía a mezclarse en eventos multitudinarios, así que, si eres de los que sí ha decidido ir, quizá podamos vernos sin colas ni nada.

Llevaremos mis dos últimas novelas, La colina del almendro y Años de mentiras, y me llevaré a mí misma. Voy a salir de casa, aunque ya no puedo decir "por fin", porque la verdad es que he estado de vacaciones en Asturias y Galicia estos días pasados. Me han venido muy bien para recargar pilas y para volver a ver el mar.




martes, 31 de agosto de 2021

ANA OZORES, LA PROTAGONISTA DE LA REGENTA

Cuando iba a tercero de BUP, la profesora de literatura, siguiendo el temario, nos mandó leer La Regenta, de Leopoldo Alas, Clarín. Conservo el libro de Austral, uno de esos de tapas en azul y blanco que solo se distinguía de otros por el título, y que es una auténtica pesadilla para miopes: la letra es tan pequeña que hay que esforzarse mucho para leerla, pero es que, además, la cantidad de páginas de esta novela, sumadas a un preámbulo interminable donde se explican sus pormenores, obligaron a los editores a poner un papel que parece de los de las biblias. Finito a más no poder, que a veces transparenta al otro lado.

La Regenta, desde luego, no era una lectura para gente de dieciséis o diecisiete años, ni siquiera en mi época, así que sucedió lo inevitable: solo una persona de la clase completó la lectura.

¿Adivináis quién?

Me fascinó. A pesar de los obstáculos, el personaje de Ana me tenía enamorada desde el principio. Supe entenderla, la sentí próxima y esa lectura hizo que la amase, que se convirtiera en uno de mis personajes literarios de referencia. Despertó empatía y compasión, porque Ana Ozores es una víctima de todos: de su marido, que la trata como a una hija y no como a una mujer; de su amante, un don Juan de pacotilla que no sabe ver lo especial que es; del Magistral de la catedral, que es incapaz de guardarse sus impulsos y todos los secretos de confesión que ella le cuenta; de Vetusta y esa presión social que ejercen los sitios pequeños en las personas a las que les cuesta pensar que la vida es solo seguir sus normas. De su orfandad, de su soledad, de la tristeza que la arrasa porque, aunque lo intenta todo para salir de ese vacío en el que se ha convertido su vida (leer, escribir...) no consigue nada.

Mi profesora de literatura, Ángela, ante el no rotundo de la clase cuando preguntó si la habíamos leído (incluida yo, porque me amenazaron con pegarme si contaba que yo sí la había leído y la había disfrutado), decidió que no podíamos quedarnos sin conocer esta historia. Supongo que si se hubiera imaginado que poco después harían una serie, con Aitana Sánchez Gijón en el papel de Ana Ozores, a lo mejor se habría ahorrado el esfuerzo, pero el caso es que lo hizo: escribió unas páginas teatralizadas basadas en la novela y las grabamos.

Asignó papeles en la clase y yo, que siempre he tenido muchos problemas para ponerme debajo de un foco (parece mentira por mi biografía, pero así era), me fui yendo hacia atrás en la clase hasta que no quedó un solo papel. Me toco algo, por supuesto, tenía que imitar el sonido de los cascos de los caballos y el de las campanas de la catedral, lo menos comprometido para alguien como yo.

Pero la vida siempre con sus planes que te descolocan...

Después de ensayarlo en un montón de recreos, llegó el día de la grabación. Ana Ozores, la nuestra, se había ausentado porque estaba enferma y nos quedábamos sin días, así que Ángela echó un vistazo a los papeles y de pronto me miró. Quise que me tragase la tierra, yo no quería ningún papel, pero no me quedó más remedio que aceptar el de protagonista de última hora. No había problema, me lo sabía perfectamente, casi mejor que la chica que la representó en todos los recreos.

Y sentía a Ana Ozores.

De hecho, sigo sintiendo cuando releo alguna página, porque la entiendo. Y me da pena, porque no pudo elegir salir de allí, pero, aunque hubiera podido, no era capaz. Porque además de las convenciones sociales, pesaban las suyas y de esas es mucho más difícil librarse de lo que parece.

No lo hice bien, lo hice mejor que bien. La profesora me dio la enhorabuena veinte veces y me preguntó si no había pensado apuntarme a un grupo de teatro, y no solo porque vio que tenía aptitudes, sino porque pensó que a mi carácter le iba a venir fenomenal ese esfuerzo de ponerme delante de los demás y dejar de lado mis miedos.

No supe hacerle caso, pero yo también estoy segura de que lo hubiera hecho bien, porque hasta ahora todos los retos que me he puesto en la vida los he superado con nota.

Tengo pendiente un reencuentro con Ana, con La Regenta, con una letra adaptada a mis ojos y con el deseo de entenderla como la entendí cuando yo era poco más que una niña.







miércoles, 11 de agosto de 2021

DONDE HAYA TINIEBLAS MANUEL RÍOS SAN MARTÍN

 



Sinopsis:

Una modelo de diecisiete años a la que le falta el ombligo desaparece en Madrid. Los inspectores Martínez y Pieldelobo se hacen cargo de la investigación, pero chocan desde el primer momento. Él es un padre cincuentón y caótico, tierno pero mordaz y un tanto anticuado; ella, una milenial combativa, inteligente y feminista.

Mientras recorren por España lugares misteriosos y templos en apariencia tranquilos, surgen dos hipótesis para desenmascarar a un asesino en serie: o la mafia rusa está detrás de una red de prostitución de lujo o hay un psicópata religioso que pretende enmendarle la plana al mismo Dios.

Este thriller plantea una reflexión irónica sobre la intolerancia, la dicotomía entre pecado y belleza, entre misericordia y castigo, y las relaciones entre el hombre y la mujer como dos seres destinados a entenderse desde el principio de los tiempos.

Solo quien asume la culpa merece el perdón


Mis impresiones:

Esta novela, catalogada como thriller, me ha tenido pegada a sus páginas los poquísimos días que me ha durado. Lo lógico sería pensar que ha sido por lo trepidante del caso que se plantea, por las múltiples vías de investigación que se van abriendo a lo largo de la trama que me han llevado en volandas. O por los cliffhanger tras cada capítulo corto, que me empujaban a seguir para no quedarme con la duda de lo que podría suceder a continuación.

Todo eso que acabo de contar está genial y es indudable que ha contribuido, y mucho, al éxito de la lectura. La novela tiene un ritmo endiablado y engancha como pocas, pero lo que me ha robado horas de sueño (y varias siestas, con lo bien que le viene a mis madrugones que duerma un pelín por la tarde) ha sido el inspector Martínez. Su mordacidad, su ironía, el enfoque de sus pensamientos, que conocemos de primera mano porque la novela está narrada desde una primera persona que es lleva su voz. 

Eso es lo que me ha tenido sin soltar el libro. 

A pesar de que es un hombre, me he identificado a veces con él (incluso en lo de ser invisible a los cincuenta -muy invisible-) y he sentido el mismo desconcierto que relata en algunas ocasiones con respecto a la inspectora Pieldelobo. A ella la he notado a mucha más distancia. Tengo en común sus reivindicaciones feministas, pero también me han provocado, como a Martínez, cierto desasosiego en algunos momentos porque lo que no comparto son las formas. Se ve que soy de otra generación. En ese sentido, me veía más en Teresa que en ella. Bueno, de Teresa no hablo que me emociono.

De Nuria Pieldelobo me han preocupado sus vacíos.

Esto, que quizá es algo tangencial a lo que es en sí misma la novela, me ha hecho pensar mucho. Como personaje está muy bien construida, me inquieta como reflejo de gente real, que lo es. Es algo que lleva inquietándome años, la formación de la gente joven. Por más que sean número uno de sus promociones y parezcan capaces de comerse el mundo, les falta "algo". Saben mucho de tecnología, de atajos para conseguir llegar adonde quieren al instante apoyándose en San Google, pero no preguntes por San Isaac, por ejemplo, que no va a sonarles de nada. Y me voy al ejemplo religioso por la temática de fondo de la novela. Sus análisis, aunque estén sobrecapacitados para hacerlos, se tornan insuficientes incluso en los sencillísimos textos de EBAU, porque faltan en su mente todos los apoyos para entenderlos.

Es como si fueran por la vida a media luz.

En algunos momentos a Pieldelobo la he sentido así, como un poco entre tinieblas, y no por falta de inteligencia o capacidad. En esta novela, toda la parte simbólica que tiene que ver con la religión tiene un peso brutal en la trama y, si la edad de Martínez fuera la de Pieldelobo, resultaría imposible. Ella, como las nuevas generaciones, sabe poco o nada de religión. Esos focos apagados de los que hablaba antes que encaminan sus pesquisas en una dirección diferente a la de él. Para la novela esto es genial. El choque generacional funciona y da mucho juego. Uno completa al otro y los puntos de vista se multiplican. La perspectiva se abre y también las posibilidades de jugar con el lector. 

Otra cosa que me ha encantado son los momentos de humor que desengrasan lo crudo de la trama. Esos apodos que pone Martínez a todo el que se cruza con él.  Esa fina ironía cuando replica a Pieldelobo, cuando, ante chistes a los que él no da importancia, ella ve amenazas de micromachismos. Esa es una de las cosas que mantiene durante gran parte de la novela a Martínez pisando con pies de plomo con ella. Intenta no meter la pata, y no porque ella sea experta en aikido y le pueda soltar un guantazo en cualquier momento (o una contestación desabrida), sino porque todo el tiempo le hace replantearse si realmente él, que no se considera así, es machista o es que esta sociedad tiene la piel tan finita que con todo hay que demasiado cuidado. Y eso es muy de hoy, tan actual que da un poquito de miedo. Esa contención con el humor porque cualquier cosa se malinterpreta y se puede liar una que para qué las prisas. Este párrafo está lleno de frases como las de Martínez, muchas veces llanas y simpáticas que, sobre todo, restan intensidad a lo que pasa en la trama.

Porque lo que sucede es duro.

La trama arranca con una víctima de 17 años, una influencer que desaparece sin dejar rastro. Te hace pensar en qué estamos haciendo, cómo es posible que nos escandalicemos porque alguien hace un comentario tonto sobre algo y a nadie se le ocurra que es mucho más escandaloso que haya gente contando cada minuto de su tiempo a través de una red social con el objeto de "vender" y que se paguen millonadas por ello. Se "vende" también un modelo social que no augura nada bueno y como padres tampoco es que estemos sabiendo gestionarlo. Esa artificialidad de la realidad que se nos está quedando muy poquito sana y que solo alcanzamos a atisbar que llegará un día en el que nos acabe explotando en plena cara.

La trama recorre escenarios que entran ganas de visitar, como la ermita de la Virgen del Ara en Badajoz, donde se desarrolla una parte crucial de la investigación, pero no se queda ahí. Se trasladará al monasterio de San Juan de la Peña en Huesca y después al santuario de Aránzazu en Guipúzcoa. 



Ermita de la Virgen del Ara
Foto: portal Junta de Extremadura



Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca
Foto: web mágicos Pirineos



Santuario de Aránzazu en Guipúzcoa
Foto: Oñatiturismo


Y todo está hilado, tejido de un modo que te atrapa, te sorprende con algunos giros y te hace disfrutar. O te encogen el corazón, que también. Me quedé, como Pieldelobo, sin palabras. 

En mi caso, ha sido decisivo ese sentido del humor, esas frases de Martínez que lo humanizan y lo acercan, y que te hacen sentirte bien, aunque estés en medio de un caso tan truculento como este. En otras novelas de este tipo españolas que he leído en los últimos tiempos, la crudeza me provocaba mucho rechazo y ahora sé que no es por los hechos en sí, sino por la manera en la que se cuentan. El humor no resta en esta novela nada, al contrario, suma mucho y se agradece.

Es una novela que merece la pena, aunque tengo que decir que hay dos cosas por las que nunca la hubiera leído: el título y la portada.

Sé que la portada es un acierto, lo sé porque lo estoy viendo en las redes, pero cuando la vi me dio un poquito de repelús. Quizá porque no la entendía en absoluto y porque no me transmitía nada positivo (bueno, habiendo asesinatos no iban a poner nada azucarado, que también parezco tonta), pero el caso es que si no hubiera ido leyendo más cosas de ella, por la portada no la había comprado.

El título tampoco me gustó, sobre todo porque se me olvidaba. Ahora entiendo por qué se descartaron otros mucho más explícitos, que contaban parte de lo que debería mantenerse sin spoilers para que surtiera su efecto en la lectura, pero no me decía absolutamente nada cuando lo leí. 

¿Y entonces por qué la compré? Pues quizá por la sinopsis, y mira que muchas veces llego a las novelas a ciegas, sin leerla, pero en este caso no ha sido así. Ahí sí he visto un acierto. Me apetecía que me contasen esa historia, me apetecía ese choque generacional y por las palabras que acabo de escribir se puede deducir que ha sido lo que me ha movido la lectura. Casi más que la investigación, que como digo está genial, no exenta de giros, está bien tramada y atada. 

Bien resuelta. 

Potente desde el inicio hasta el fin.

La recomiendo, por supuesto, y creo que acabará llevándose a la gran pantalla (o a la pequeña, o la mediana), porque lo tiene todo para sujetar también al espectador en la silla/sillón/sofá.

Sé que esta no es una reseña típica, porque no me apetece perderme en ellas, prefiero quedarme con lo que me ha hecho sentir cada libro. Este, por sorprendente que parezca, ha sido paz. La lectura me ha envuelto y, mientras estaba en ella, no me acordaba del mundo. Y eso, cuando vives en una permanente tormenta, se agradece muchísimo.

Leedla, que ya sabéis que no recomiendo nada de lo que no esté convencida.

CUANDO EL DOLOR SE VUELVE CRÓNICO

Cuando un dolor se cronifica y nadie encuentra ni la razón ni un remedio para que en algunos momentos baje la intensidad, tú te caes. Es inevitable. Al principio lo hablas, buscas apoyo, ayuda, respuestas, pero después empiezas a guardarlo porque asumes que no tiene remedio, que va a ser así hasta que te mueras.

O hasta que llegue otro médico y te haga caso.

De verdad, pensaba que la nueva doctora me ayudaría, parecía que al principio se mostraba interesada por solventarlo, pero ha sido un espejismo. A la primera me ha derivado a un especialista en el que ya he estado y al que no tengo nada nuevo que contar, porque no hay cambios y él tampoco sabía qué me pasa. 

Volverán a decir que es ansiedad, y la verdad es que la hay, porque cuando nadie encuentra un porqué, tu cuerpo reacciona de ese modo. Y se altera más. A lo mejor el remedio es que me inflen a ansiolíticos que no quiero tomar, y que pase el resto de la vida medio zombie.

No tengo ya ganas ni de levantarme por las mañanas. Por más que me esfuerzo y busco la motivación, al rato se me cae y vuelvo a preguntarme si esto es vida.

Perdón por el desahogo, pero en la vida no todo son libros. 

miércoles, 4 de agosto de 2021

ESA GENTE MALEDUCADAMENTE SINCERA

Cuando abrí el blog, las entradas eran como ahora, lo primero que me venía a la cabeza. Después, cuando lo literario empezó a encontrar su espacio, empecé a tener cierto orden, que enseguida se descolocó cuando, de la fase "comentarista de libros" pasé a la de "productora de contenidos". No sé hacer un resumen de cómo pasé de un lado a otro, creo que estaba en uno de mis experimentos y ni me di cuenta de dónde me estaba metiendo. El blog engordó muchísimo. Me empezaron a pasar tantísimas cosas buenas en tan poco tiempo que corría a recogerlas en este diario virtual, para que no se me olvidasen y, sobre todo, para que el día de mañana no pensara que me las había imaginado.

Algunas eran tan increíbles que el riesgo de pensar que me las inventé era demasiado grande.

Desde que empezó la dichosa pandemia, no tengo nada. Todo lo que había estado construyendo era muy frágil y se esfumó poquito a poco cuando la vida se redujo a las cuatro paredes de mi casa. Ahora apenas tengo algo que contar y he vuelto al principio. Reflexiono sobre lo que he leído. Hago una reseña de un libro que me ha gustado. Comparto un texto. Y, sobre todo, recuerdo. Me voy acordando de cosas que sucedieron. En el mismo caos que me descubrió que un montón de palabras ordenadas hacen tanta compañía como la mejor de las amigas.

Hoy voy a hablar de una cosa que me hizo pensar muchísimo y que, probablemente, marcó la línea editorial de este blog de forma definitiva, igual que mi manera de comportarme con otros autores que desde entonces siempre he respetado. Sobre todo, porque es un compromiso conmigo misma y ese es el compromiso más fuerte. 

Hoy, que hasta se me ha olvidado el nombre de la protagonista de esta historia, la voy a contar.

Hace muchos, muchos años, cuando yo aún no tenía que teñirme el pelo cada mes... 

...tropecé con una bloguera, como tantas otras, con aspiraciones a escritora. Solo reseñaba a los autores que empezaban como yo en aquellos momentos. Su idea era apoyar a los que estaban buscando un camino literario, pero a la hora de la verdad, cuando leías sus reseñas, nadie cumplía sus parámetros de perfección y de apoyo había poco. A mí me tocó una de las reseñas más duras que publicó, una en la que prácticamente no había hecho nada bien con mi humilde novela. Recuerdo las emociones que pasaron por mi cabeza cuando la leí, me dieron un puñetazo en el estómago y ni siquiera es por lo que estáis pensando (ego). Recordé que yo había hecho algo así: había reseñado un libro de un autor que empezaba (publicado con editorial seria, en mi caso no era autoeditado) que no me había parecido nada correcto y no me ahorré nada en mi análisis. Fui maleducadamente sincera. Aunque tuviera razón en lo que decía, aunque las incoherencias del texto no fueran solo cosa mía (las llegué a ver en reseñas de otros blogs), no pensé en el autor en ningún momento. Lo separé del texto, como si pudieran ser dos universos paralelos que nunca se tocan.

Me quedaba mucho, muchísimo, por aprender todavía.

Esa reseña que me hicieron a mí era todavía más maleducadamente sincera. Siempre he sido de intentar aprender de los errores, los vea o no. Los analizo y, después, intento siempre no volver a cometerlos. Desde ese momento, busqué mejorar todo lo que pude (ahí le puedo estar agradecida porque me esforcé mucho más de lo que lo hubiera hecho sin esa reseña), pero el caso es que había otras cosas que no las compartía en absoluto.

Al cabo del tiempo, la bloguera se autoeditó una novela.

Yo, por apoyarla, y a pesar de la reseña que había hecho de la mía, la compré y la leí. Estupefacta, porque después de lo mal que lo hacíamos los demás, pensé que ella sería perfecta y ni se aproximaba.

No hice una reseña.

Podría haberlo hecho, había mil puntos débiles en ella, muchos más que en la mía y en otras que ella había maltratado que también había leído yo. Tenía tantos errores que el tiempo me ha acabado dando la razón: nunca más publicó. Nunca más se supo de ella. Ese día, cuando me enfrenté a una crítica desprovista de tacto (y de técnica, se basaba solo en lo que a ella le parecía), me acordé de esa sinceridad maleducada que tuve una vez con ese otro autor. Recordé las sensaciones de esa "verdad" que era solo la de ella, y me pareció tan horrorosa que no quise ser así jamás. Por eso, no hablé de su libro. Por eso, me prometí que nunca más escribí nada negativo.

Estoy en ambos lados y eso te hace ver las cosas desde otra perspectiva que no tiene el que solo reseña.

¿Quién era yo para triturar los sueños de nadie?

Desde entonces, no es que no haga reseñas negativas (algo que ha perjudicado y mucho a este blog, porque quien viene ya sabe que no hay factor sorpresa, me ha gustado el libro), es que ni siquiera pongo comentarios negativos a nadie en Amazon o en Goodreads o similares. ¿Voy a hacerlo, entonces, en mi blog? ¿Qué gano? 

Igual que no las pongo, como he repetido hasta la saciedad, tampoco las pido.

Creo que cada quien es libre de soñar con lo que quiera, de apostar por sus ilusiones si quiere hasta todo el dinero que le quede en la cuenta del banco. Si un libro es bueno, es posible que no tire adelante, porque este es un mundo demasiado complicado como para triunfar, pero si es malo se va a hundir él solito. 

No va a necesitar la ayuda de nadie.

Hace mucho que me da coraje la gente maleducadamente sincera. Eso no quiere decir que cuando hago una lectura cero, no diga todas las cosas que opino del libro. Es el momento, es tiempo de mejorarlo, cuando aún no ha salido al mundo. Y ahí, de todas maneras, empleo la educación y ofrezco alternativas razonadas y razonables.

Creo que cada uno es libre de actuar como quiera, pero esta fue mi opción. Mi padre no me perdonaría en la vida que fuera por la vida haciendo daño a propósito.

Ni yo tampoco.


EL PODER TERAPEUTICO DE LA LECTURA

 





No sé si alguna vez habéis escuchado la palabra "biblioterapia". No existe una definición para ella en el diccionario de la RAE, al menos yo no he conseguido encontrarla, pero sí existe una corriente que defiende el uso de los libros con fines sanadores o terapéuticos, pues se toma como premisa que la lectura (del mismo modo que la escritura) resulta beneficiosa para curar el alma.

Lectura y escritura servirían para poner en claro distintas situaciones que la persona ha vivido. Se realiza un ejercicio de empatía que puede conducir a la persona a reconocer su problema o, al menos, relativizarlo. 

La lectura es fuente de bienestar. Mientras se lee, el cerebro se relaja y se aleja de la fuente de angustia, pero si, llegado el momento, los ojos tropiezan con algo que puede conducir a poner un poco de luz en su situación personal, también sirve de apoyo para la reflexión e, incluso, en esa misma lectura se podría encontrar un camino para afrontar el problema. 

Mientras se escribe, parece que los efectos sanadores también se dan. De alguna manera, el problema se saca de dentro y se pone a una cierta distancia que hace más sencillo procesarlo. Afrontarlo. Asumir un camino que, de hacerlo sin sacarlo de nuestra mente, sería mucho más complicado.

Esta terapia se recomienda en casos de duelo, enfermedad, depresión, cuando una relación se ha roto, cuando se tiene baja autoestima, cuando se ha vivido un hecho en extremo traumático... Y los resultados suelen ser muy buenos. Se utiliza en hospitales, pero también se sabe que los clubs de lectura sirven en muchos casos para sustituirla.

La literatura que podemos introducir en esta categoría serían los libros de autoayuda (aunque no todos valen, deberían estar supervisados por profesionales), pero también se sabe de la tremenda utilidad de la poesía. Y de la novela.

Reconozco que es mi terapia favorita, a la que llegué sin saber que lo sería y sin conocer, de ningún modo, sus beneficiosos efectos. Leer sana, eso lo sabe tu alma cuando te sumerges en el libro y te olvidas de los problemas. Escribir cura, eso lo siente tu corazón cuando sacas de dentro el dolor y lo expones aunque no sea más que frente a tus propios ojos.

Bendita terapia, pues.

Es la más dulce que conozco.

 

lunes, 2 de agosto de 2021

NOCHE REAL




SINOPSIS

8 de mayo de 1945, día de la victoria en Europa. La ciudad de Londres celebra el final de la guerra, y en Buckingham Palace, la princesa Margarita y su hermana Isabel están deseando ser parte de la alegría fuera de palacio. A ambas se les permite salir de incógnito para formar partes de las celebraciones, dando comienzo a una noche llena de emoción, peligro y romance.


No suelo hacer reseñas de películas, de hecho creo que es la primera, porque la verdad es que no soy nada cinéfila. Mi criterio con las películas es "si a los veinte minutos no me he despistado con otra cosa, eso es que me está gustando". La verdad es que no aguanto una película entera casi nunca, y esta no iba a ser una excepción: la he visto en tres días. A ratitos. Está en Amazon Prime ahora.

¿Y por qué me la traigo al blog? Pues porque a pesar de todo, me ha gustado. Sé que es una fantasía, pero ha habido un momento de la película, hacia el final, que me ha hecho pensar. Lilibet, que es como llaman a la que es ahora la reina de Inglaterra, Isabel II, habla con Jack, el soldado con el que se pasa la noche buscando a la alocada Margaret. Ella da las gracias por esa noche, una noche que no se va a poder permitir el resto de su vida. Una en la que ha sido una más entre la gente, incluso con él, que tarda bastante en descubrir que es una princesa.

Un respiro.

¡Qué importantes son los respiros en la vida! Cuando todo está atado y planificado, cuando es imposible salirse de un esquema vital escrito, qué maravilloso es poder disponer de unos momentos en los que se pueda soñar con ser otra cosa. Con un paseo por París y subir a la torre Eiffel. Con ser anónimo entre la multitud. Con poder hacer lo que quieras sin pensar en lo que debes.

La sonrisa de Lilibet en la última escena, la felicidad por haber tenido esa noche real, me ha llegado al corazón. Porque he entendido lo que se siente cuando un día la vida te deja esa posibilidad, lo bonito que es. No sé lo que será ser una princesa, pero nunca me ha parecido nada envidiable. Lo es mucho más tener las manos desatadas para poder hacer lo que sientas en cada momento. Para perseguir tus sueños y sentir lo maravilloso de lograrlo.

Para recibir ese beso prohibido que Lilibet se lleva como recuerdo de esa noche.

Ha sido bonita. Y sí, la recomiendo a quienes sueñan con respiros imposibles. Quizá una noche se hagan reales.

domingo, 1 de agosto de 2021

SEGUNDAS PARTES DE NOVELAS

No soy muy fan de las sagas o las segundas partes de novelas. Como lectora, prefiero que las historias concluyan, me da una pereza terrible, la mayoría de las veces, seguir con sagas, series, continuaciones..., incluso si el único nexo en común son los personajes y en mundo creado y no la historia en sí. No suelo buscarlas. Hay excepciones, por supuesto, me lo he pasado genial con Harry Potter y con algunas sagas románticas, o con Los hijos de la Tierra (bueno, esta menos, los dos últimos se me atragantaron), pero por lo común soy de las que se bajan del carro antes de que acaben.

Esto, como lectora.

Como escritora, seguro que estoy equivocada, pero tampoco es que me entusiasmen, precisamente porque soy muy consciente de esto y porque he observado determinadas cosas. Creo que cuando un autor tiene éxito con una novela, para la siguiente tiene dispuestos a leerlo menos lectores. 

Ahora mismo hay gente mirando por si no ha entendido lo que he puesto, o si me he vuelto loca, pero he puesto eso: ha perdido lectores.

Vale, sí,  tendrá más de los que tenía antes, cuando no lo conocía nadie, pero por una pura lógica, no va a conseguir más que en la anterior. Siempre hay excepciones, no todo el mundo se llama Stephen King o Ken Follet, hablo de escritores contemporáneos mortales. O sea, casi todos.

Creo que va a tener menos lectores por varias razones:

  •     Habrá quienes hayan odiado la novela y no se les va a ocurrir volver a acercarse a ese autor. 
  •     O a los que simplemente no les gustó el estilo y no van a leer al autor otra vez. 
  •     Y también a los que el libro se les hizo uno más y tampoco van a darle otra oportunidad.
  •     Y, por si eso era poco, los que como ya leyeron un libro del autor, lo tachan de su lista de autores pendientes y se van a otro.
  •      O los supersticiosos, que han leído una novela que no estaba mal y no quieren repetir por si acaso se les desdibujan las sensaciones que dejó esa primera. 
  •     Y los que no se han hecho fans exactamente y la dejan pasar. 
  •     Y los que se la anotan para leer más adelante, "por si acaso la saga sigue", y que luego jamás lo hacen.

Total, que si tenía, pongamos, 100 potenciales lectores, para la siguiente se has quedado con 30 y a los demás se los va a tener que ganar exactamente igual que si partiera de cero. ¿Igual? Me da que no, me da que va a ser mucho más complicado.

Ponle que la portada no sea tan bonita.

O no convenza la sinopsis.

O que el precio se haya disparado.

O que el autor haya dejado de estar en el momento justo en el lugar adecuado, como pudo pasar la otra vez.

O, sencillamente, que su momento ha pasado.

¿A qué viene todo esto?

Estaba embarcada en escribir una segunda parte y no tengo muy claro que sea la mejor idea del mundo. En lugar de una segunda parte, me he puesto las pilas y he escrito otra novela diferente, con personajes nuevos, nueva trama y nuevos escenarios. Nuevecita por todas partes.

Llevará tiempo que la deje ver. Estoy valorando la opción de hacer algo diferente con ella. De aquí a Navidad tengo planificados tres caminos con mis novelas. Para esta que estoy rematando reservo el más loco. Una moneda lanzada al aire que caerá por donde le dé la gana, pero que me preocupa muy poquito porque siempre, siempre, hay otras opciones. Para otra, que ya tiene contrato en firme, que la podáis leer (los 30 que quedáis), si os apetece, más adelante. Y para la tercera... esa es la idea que más me gusta. La tercera es para los que se han convertido en mis lectores. No sé si fans, pero sí muy buenos. Y como los buenos merecen un premio, lo van a tener. 

Y yo también.

Porque hay veces que hay que sentarse a valorar qué es lo que queremos y cómo podemos conseguirlo. Y sé que con este tercer camino voy a conseguir lo que quiero.

Entre otras cosas, porque he aprendido a saber qué es lo que no quiero.

Ni a quién.


jueves, 29 de julio de 2021

PERDER EN EL MES DE JULIO YA ES COSTUMBRE

Tengo terror al verano. No solo por el calor, que causa estragos en mi tensión y me mantiene mareada todo el día, sino por las casualidades que se acumulan en sus días y que lo convierten, con muchísima diferencia, en la peor época del año. 

Siempre pasa algo muy malo.

Siempre el mundo se descoloca.

Siempre salta todo por los aires dejando en el ánimo una angustia que se instala casi hasta que octubre viene a rescatarme.

En verano, a mi familia le da por morirse.

Supongo que las altas temperaturas complican las patologías igualito que las bajas, pero en mi familia parece que estamos abonados a estos meses. Sobre todo a julio. 

Perder a alguien en el mes de julio es ya una costumbre.

Este año, pensaba que nos íbamos a librar. Salvo algún contratiempo del todo ajeno a esto, el mes iba muy bien. Ya lo estábamos terminando, y eso era bueno porque el mes de julio es, con diferencia, el peor. Agosto lo ha intentado, pero no ha sido capaz de acercarse a lo funesto de su hermano anterior. Pues, para no dejar un verano tranquilo, hoy que es santa Marta, hoy que no quedaba nada para terminarlo bien, hemos tenido otra baja más: la tía Ascensión. Desde que me lo han contado esta mañana estoy con un nudo en el pecho y no doy una. Voy por la casa como un alma en pena, buscando qué hacer donde ya no hay nada que hacer porque la ansiedad me ha empujado a hacerlo todo mucho más rápido de lo normal. Llevo toda la mañana con la mirada borrosa, los ojos rojos y no sé cuántos pañuelos han ido a la papelera. 

La tía Ascensión deja, para siempre, una rama del árbol vacía.

Y así me siento por dentro: vacía.

Aún estoy en casa, no sé cuándo iremos al tanatorio, porque las circunstancias de su muerte, ajenas a este virus, tristes y difíciles, complican los tiempos, pero sé que cuando vaya será aún peor que aquí. Porque volveré al cementerio donde están mis abuelos, mi padre, mis tíos... y donde cada vez los que nos quedamos de pie en el funeral de este cementerio somos menos que ocupan su lugar en él. Porque las emociones de todas esas veces se me van a venir encima, lo quiera no. Porque las personas que quiero se me incrustan en el alma y no se van aunque la muerte, la maldita muerte, se las lleve. Se quedan conmigo y el dolor de no poder acercarme a ellas, darles un beso, charlar un rato, porque ya es imposible, me destroza.

Y me rebelo.

Y me hundo más de lo que estoy.

Tengo que ir, pero no quiero.

Debo ir, pero tengo miedo de volver un poco más pequeña.

Un poco más rota.



lunes, 26 de julio de 2021

UN HOMBRE PARA UN DESTINO DE VI KEELAND Y PENELOPE WARD

 



Sinopsis:

"Todo empezó con un vestido…"

Cuando entré en aquella tienda de segunda mano, allí estaba: el vestido perfecto, con plumas y… una misteriosa nota de un tal Reed Eastwood.

Parecía el hombre más romántico del mundo, pero nada más lejos de la realidad.

Es arrogante y cínico, y ahora, además, es mi jefe.

Necesito descubrir la verdad tras esa preciosa nota y nada me detendrá.


Mis impresiones:

Descargué esta novela, que se aleja bastante de lo que suelo leer, porque alguien en quien confío me la recomendó. Decía que se leía fenomenal, y como yo estos días solo quiero leer sin complicarme la vida, le hice caso.

Empezamos mal. 

Me cuestan las novelas en primera persona, necesito que contengan una historia lo suficientemente atractiva como para no cansarme de ellas a las pocas páginas. A pesar de ese inconveniente de entrada, la novela empezó a interesarme y poco a poco fui entrando en la trama por un detalle: el sentido del humor. Charlotte, la protagonista, tiene una personalidad muy interesante. Es capaz de hacer muchas tonterías, la primera la encuentras ya en el arranque de la novela cuando, movida por una nota que encuentra prendida a un vestido de segunda mano, se pone a investigar. ¿Quién habrá escrito algo tan bonito? ¿Cómo será la receptora de su mensaje?

Ni corta ni perezosa, acude a una de las fuentes más rápidas de estos momentos: las redes sociales.

En ellas encuentra a Reed y, para conocerlo, no se le ocurre otra tontería que apuntarse en una web para que le enseñe una casa valorada en 12 millones de dólares.

Ella, que no tiene ni trabajo porque lo ha perdido.

El cuestionario para ver la casa lo rellena después de haber bebido de más y me moría de risa con las tonterías que puso. Entonces, si puso tantas tonterías, ¿por qué una empresa prestigiosa que investiga a todos sus clientes para no perder el tiempo, aceptan enseñarle la casa? Pues porque Reed quiere saber precisamente eso, quién es la osada que ha intentado tomarles el pelo.

La verdad es que el encuentro entre ambos personajes no augura nada bueno. La imagen que se ha hecho Charlotte de Reeds se viene abajo, por mucho que le siga pareciendo un hombre impresionante. Se va de allí avergonzada y triste, y se encierra en un baño a llorar. Por gilipollas. Porque se da cuenta de que ha hecho una de esas cosas que puede hacer cualquiera cuando está dolido. Charlotte lo está, su novio la dejó con el vestido de novia comprado y, desde entonces, no da una.

En ese baño, sin embargo, le cambiará la vida. Una mujer mayor, Iris, está al otro lado de la puerta. Cuando sale, Charlotte, que como digo no está bien, le acaba contando su vida y lo que le ha pasado con Reed. Esta señora le ofrece un empleo que no solo la hará estar en contacto con él, sino que va a cambiar la vida de los dos.

Pensé que sería una novela repleta de escenas sexuales, que me iría saltando porque hace mucho que me resultan todas muy parecidas. Me equivoqué, hay tensión sexual entre los personajes, pero las autoras, porque son dos, no se recrean en lo fácil. Hacen que conozca a los personajes y los motivos por los que ambos actúan como actúan. Y hacen que poco a poco los vayas queriendo. A Charlotte, porque es espontánea, divertida, lista... A Reed porque, cuando sabes lo que le pasa, puedes llegar a entender por qué actúa así.

Y que necesita ayuda.

La novela tiene de fondo una enfermedad degenerativa, y deja a la vista algo maravilloso que tiene la novela romántica: se puede tratar cualquier tema siempre que se ponga el foco en lo que es lo importante, la trama romántica. Y se puede hacer con mucha dignidad, sin dramones, como es el caso de esta novela.

Estoy teniendo mucha suerte, llevo tres novelas seguidas que me han gustado.

A ver lo que empiece hoy.




viernes, 23 de julio de 2021

LA LUZ DE LA PASIÓN DE NURIA LLOP

 



Sinopsis:

Si encuentras el amor verdadero, tarde o temprano lo reconoces, porque la luz de la pasión ni se finge ni puede ocultarse para siempre.

Pablo Ribera, un prestigioso médico de Madrid, ve truncado su futuro tras ser condenado por la Inquisición. Su única esperanza es conquistar a la mujer que ha sido el amor de su vida. Pero al salir de la cárcel descubre que esa mujer se ha casado y que él ha perdido su casa. Solo le queda una opción: instalarse en la que su madre comparte con dos inquilinas.

Lucía Garrido, una joven partera viuda, busca un esposo que le permita mantener su independencia y su oficio, y ve en el hijo de su casera al candidato perfecto. Ni siquiera le importa que siga enamorado de otra mujer. Sin embargo, Pablo considera descabellada la proposición de matrimonio y Lucía elabora un plan para convencerlo de aceptar sin tener que revelarle la verdad que subyace en su empeño de casarse con él.

El problema es que otras estrategias se fraguan bajo el mismo techo. Y que el plan de Lucía despierta en Pablo la necesidad de averiguar esa verdad que ella esconde. Una necesidad que surge del fuego que la deseable viuda enciende en él y que amenaza con dominar su voluntad de no dejarse atrapar en un matrimonio sin amor.

Una entretenida historia de enredos amorosos y pasiones irresistibles con un toque de intriga.


Mis impresiones:

Elegir una novela de Nuria Llop, la que sea, viene con garantía: vas a leer algo que está bien escrito, bien sustentado en una ambientación cuidada y con unos personajes que siempre tienen una gran personalidad.

Tras la increíble novela de Mayte Uceda me daba miedo abrir otro libro. Pensé, y con razón, que cuando te quedas con una resaca lectora importante, porque has dado con un libro grande, te va a costar no valorar el siguiente guiándote por las sensaciones del anterior. Por eso, antes de abrir uno nuevo, le di vueltas. Estamos en verano, hace calor (mucho) en mi habitación y las noches se hacen muy largas si no encuentro un libro que me mantenga atrapada entre sus páginas.

Mirando entre mis adquisiciones recientes, encontré La luz de la pasión. Mi madre, que se me adelantó cuando lo compré, ya lo había terminado y me dijo que le había gustado mucho, así que abrí sus páginas.

Desde el principio, me quedé atrapada entre ellas.

La magnífica ambientación en el Siglo de Oro, momento histórico que por razones personales conozco bien, me cautivó. Pero no fue solo eso, también los personajes. Pablo, con el peso a la espalda de haber sido acusado de herejía, encarcelado, torturado y castigado a no poder ejercer su profesión de médico; su madre, Jerónima, una viuda de carácter que no está dispuesta a permitir que su hijo se hunda; Gabriela, una joven melancólica que se ha ido a vivir a casa de Jerónima.

Y Lucía, la partera.

Es el personaje de la novela. 

Por mucho que Pablo Ribera sea el protagonista, la que me enamoró desde el minuto uno fue esa mujer decidida que dibuja Nuria, una mujer que sabe lo que quiere y que lucha por ello.

El sentido del humor, presente tanto en esta como en otras obras de la autora, hace que cada rato esboces una sonrisa. A veces, las escenas recuerdan a las obras teatrales de ese magnífico siglo donde la literatura brillo de manera deslumbrante, compensando todas las sombras de la brutal crisis económica, la miseria, la pobreza y la ruina de un Imperio que se desmoronaba sin remedio. 

Nuria Llop crea una novela que a ratos, cuando habla del proceso inquisitorial de Pablo, se vuelve dura, pero que se compensa con todos los momentos luminosos entre los protagonistas y por esas otras escenas en las que el humor aligera todo.

No he echado de menos nada, me ha gustado mucho ese final de enredo tan literario, me han gustado las referencias constantes al tiempo en el que transcurre, que no abruman al lector, algunas, de hecho, creo que pasarán desapercibidas a ojos poco expertos, pero que además no hacen sombra a lo que tiene que estar en un primer plano en una novela romántica: la trama amorosa.

Hay química entre los personajes.

Hay detalles preciosos en cuanto a la vestimenta.

El proceso inquisitorial.

El trabajo de partera.

El de médico...


Leedla, si os apetece una novela romántica, porque estoy segura de que no os vais a arrepentir. La luz de la pasión es una buena manera de conocer a Nuria Llop. Creo que es la tercera novela de una saga (los que me leen saben que yo lo del orden de las sagas lo llevo mal, empiezo por la que sea), pero no he echado de menos nada. Se lee perfectamente ella sola.


martes, 20 de julio de 2021

EL GUARDIÁN DE LA MAREA DE MAYTE UCEDA

 



Sinopsis:

Las Palmas, 1918. Marcela Riverol y su familia tratan de sobrevivir al hambre mientras se suceden los combates entre británicos y alemanes en aguas del archipiélago canario, bloqueado por los submarinos germanos. Hans Berger, teniente de la Marina alemana, es encontrado a la deriva y llevado malherido a casa de los Riverol. Marcela lo cuidará con la ayuda de Herminia, una anciana de pasado misterioso y con fama de bruja.

Cuando Hans debe volver a la guerra, el vínculo entre ambos será tan fuerte que cambiará sus vidas para siempre.

Una épica novela que narra el bloqueo que sufrió Canarias durante la Primera Guerra Mundial y el naufragio del Valbanera, el mayor siniestro naval español en tiempos de paz. Una historia de amor que cruza océanos y atraviesa la primera mitad del siglo XX.

Solo el amor es capaz de vencer al tiempo, el olvido y la guerra.


Mis impresiones:

Antes de empezar, diré que llevo años esperando esta novela. No es una frase hecha, literalmente llevo años sabiendo del proyecto de Mayte Uceda, porque más o menos coincidimos en el tiempo de escritura con el mismo tema de fondo, la Primera Guerra Mundial, y terminamos la redacción de nuestras novelas en fechas parecidas. Ambas comentamos la coincidencia de elección, otra más de las casualidades que nos unen (ejemplos son nuestro propio nombre, o que nuestras madres se llamen igual, aunque hay muchas más).

El caso es que la estaba esperando.

Por eso, en cuanto se publicó me hice con ella y la he ido leyendo con la calma y la atención que merecen los libros que esperas y que sabes, porque algo te lo lleva diciendo mucho tiempo, que te van a llegar.

El guardián de la marea narra la historia de Marcela Riverol y Hans Berger, una muchacha canaria y un submarinista alemán, una historia de amor que sirve de motor para ese paseo que supone esta novela por nuestra historia del siglo XX. A través de ellos, Mayte Uceda recrea la situación de las islas Canarias, centrándose en Las Palmas durante los años de la Primera Guerra Mundial. Narra un hecho olvidado, el bloqueo sufrido por las islas que hizo que esa guerra afectase en gran medida a sus habitantes. La neutralidad de España en el conflicto, para Canarias no fue sino papel mojado, pues sufrieron hambre y miseria, y con ellas la necesidad de buscar otros horizontes cuando la gripe que asoló el mundo, la bautizada por la prensa como "gripe española" hizo su aparición nada más acabar la guerra.

Es en ese contexto donde Mayte rescata otro hecho que tampoco es todo lo conocido que debería ser: el naufragio del Valbanera en 1919, un transatlántico que naufragó en las costas de la Habana y que constituye el peor desastre marítimo español en tiempo de paz, con casi 500 fallecidos. Un huracán impidió que llegase a puerto y este hecho lo enlaza la autora con los avatares de sus personajes. De este modo, Historia e historia, la real y la ficticia, se van dando la mano durante toda la novela. Y lo hace bien, sin agobiar con la información, dando los datos justos para situar al lector y, llegado el caso, despertar su curiosidad para que después indague sobre los hechos, pero sin perder de vista que esto es una novela y donde debe estar el foco es en ese nudo de la trama que es la historia de Marcela y Hans.

La novela recuerda a las grandes novelas de otro tiempo y, desde mi punto de vista, los personajes son tan potentes que quizá pudiéramos estar ante una de las grandes novelas de este año. Yo, sin duda, os la recomiendo.

La protagonista es Marcela. Es casi una niña cuando empieza la novela y a lo largo de sus páginas vamos a asistir al recorrido por toda su vida, una vida dura, pero en la que también caben momentos luminosos.

Hans tiene unos años más que Marcela y eso al principio hace que trate de mantenerse a distancia de ella, puesto que la ve, a ratos, como a una niña. Es un hombre de honor y a través de él Mayte juega a enseñarnos que la guerra es una cosa y las personas que participan en ella, sobre todo quienes no toman las decisiones importantes, son otra.

Otros personajes maravillosos son Herminia, la Maldiciones, una vieja "bruja" a la que acabaremos por tomar mucho cariño, Mili, una huérfana que adora a Marcela o sor Felipa, la monja del hospicio que las ha criado a ambas. Hay hombres en la novela, Thomas es uno de los personajes más entrañables, pero tengo la sensación de que esta es una novela de mujeres. Porque también están Rosita, Carmen o Elena.

Pero si hay algo que se quedará en el lector es esa ambientación que ha hecho tan bien Mayte Uceda. Las Palmas, La Habana o Santiago de Chile, los olores, los sabores, la miseria y la luz, cuando tenían que aparecer, lo hacían. Y uno se siente paseando por sus calles, frente a los edificios -algunos de los cuales siguen en pie-, y con el deseo de marcharse a las islas y poner los pies sobre ellas.

Mientras tanto, poned los ojos sobre esta novela.

No os vais a arrepentir.

La podéis conseguir aquí, y esta vez os recomiendo que lo hagáis en papel. Las grandes novelas se merecen ese formato.


lunes, 28 de junio de 2021

CASTELLANO, DE LORENZO SILVA

 



Ando estos días terminando la lectura de Castellano, el nuevo trabajo de Lorenzo Silva. Llegué a él con la impaciencia del tiempo que se te echa encima y las ganas de abordar un libro que te apetece. El Festival Internacional de Literatura en Español de Castilla y León (FILE) tenía programada una charla en Segovia capital el 27 de junio con la presencia del autor y pensé que el de los comuneros era un tema interesante sobre el que me apetecía aprender algo más. Además, escuchar a Silva es tan apasionante como leer sus libros y la cita era en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, un antiguo templo romántico rehabilitado que hoy en día es un museo y cuya sola visita ya merece la pena.

Y era domingo por la mañana.

Resultó todo un acierto. Y digo todo en el sentido de totalidad, una mañana luminosa en la que apetecía salir a esa calle que lleva año y pico vetada, un escenario impresionante, una charla interesante y amena, y la mejor compañía que uno pueda desear, que incluía a ese hijo que tengo que está siempre ansioso por aprender. El libro había llegado a mis manos días antes y decidí empezarlo para no llegar a ciegas a Segovia. Es uno de esos que de pronto encienden luces dentro de ti y suscitan pensamientos que te habían pasado por alto hasta ese momento.

Cuando lo empecé estaba leyendo -sigo en ello- una novela que me está decepcionando profundamente. No es el novelón del que hablaban ni mucho menos, así que no me importó aparcarla un tiempo para abordar este otro libro.

La verdad es que ha sido un acierto, no solo porque me está rebajando el amargor que deja leer un libro que no te está aportando nada y que te genera más dudas que emociones positivas, sino por otro hecho que no esperaba. 

En la faja, el libro tiene impresa una frase: "Un sueño de orgullo y libertad que marcó la identidad española". Es de eso, del concepto de identidad, de lo que habla Castellano sobre todo. De cómo se forja la identidad castellana y, por qué no, de cómo se siente. Es cierto que Lorenzo Silva hace un extenso trabajo de documentación para recrear cómo fueron los inicios y el desarrollo de la revuelta comunera, que presenta a sus principales protagonistas y las relaciones entre todos ellos. Lo hace en un tono que para mí no es novelado, sino más bien próximo al ensayo, aunque donde cabe cierta subjetividad -que se ve, por ejemplo, en el uso de ciertas expresiones coloquiales. Aborda la revuelta sin crear un relato al uso para quienes están acostumbrados a que se ficcione sobre el pasado y así el lector puede sentirse más bien en una conferencia como la del otro día, donde de una manera absolutamente amena se aborda la guerra de las comunidades.

Me recuerda un poco a algunas de mis clases de Historia en la facultad.

Pero hay otra parte en el libro, curiosamente la que a mí me ha llegado más, que no habla del pasado ni de la Historia con mayúscula, que tiene un enfoque de intrahistoria unamuniana, un relato a la sombra de los titulares de la prensa porque la materia que lo forma son los recuerdos del autor y cómo, en algún momento empezó a despertar en él la conciencia de ser castellano. De que sus antepasados lo fueron. De que, aunque no había necesitado nunca reafirmar ese origen, de alguna manera estaba ahí y apareció para como una revelación tranquila y en cierto modo, quizá, reflejo del carácter de las gentes de ese pedazo del mundo.

Yo soy castellana.

Nací en Guadalajara, aunque llevo la mitad de mi vida ya en Segovia. Soy castellana por nacimiento y por elección -por amor, como Juan Bravo, llegué a esta tierra- y, hasta el otro día, cuando mis ojos recorrían las líneas del relato de Lorenzo Silva, ni siquiera había pensado en lo que amo este paisaje colinas plateadas, grises alcores y cárdenas roquedas, cómo lo retrató Machado, mi poeta. Cómo me atrae la contradicción que son sus gentes, frías y secas en apariencia, pero de corazón cálido y alma generosa cuando las conoces. Cómo adoro sus ciudades llenas de historia impresa casi en cada casa y en cada muro que el tiempo no ha logrado doblegar. Soy castellana, como mis hijos y como mis antepasados y lo he sido siempre, aunque apenas haya reparado en ello.

Y no parece que sea a la única que le ha sucedido por lo que cuenta este libro.

No puedo decir mucho más porque aún no he terminado, porque me queda que mi hijo también se empape de sus páginas y los dos hablemos de él; me falta un poco para saber la dimensión de lo que me va a dejar en el alma, pero sí puedo afirmar que no estoy sintiéndome perdida o estafada en mis expectativas lectoras. Escribo esta pequeña reseña de un libro inconcluso porque me la ha pedido María Perbech, me ha dicho que le cuente para decidir si ella también lo lee (a veces me da miedo que confíe tanto en mi criterio). Escribo para decir que me está encantando saber de hechos históricos contados de este modo. Por ejemplo, ya nunca pasaré por la Iglesia del Corpus Christi, la antigua sinagoga segoviana, sin recordar lo leído en sus páginas.

En cuanto a los datos técnicos, los capítulos en los que es protagonista la voz del autor están escritos en primera persona, alternando presente y pasado cuando lo necesita. Los que se dedican a la historia de la revuelta comunera los escribe en presente y en tercera persona, elige el tiempo más delicado para narrar, pero uno que para mí tiene una fuerza inusitada y la capacidad de acercar al lector a los hechos. Te sitúa al lado de los personajes y te incluye, de alguna manera subjetiva, en la historia, haciéndote uno más de ella. 

El libro tiene 20 capítulos, prólogo y epílogo y una de las ediciones más cuidadas de las que he tenido entre mis manos en los últimos años. Es el volumen 1535 de la colección Áncora y Delfín de Destino y lo voy a guardar con cariño porque, además, lo tengo dedicado.

Todo un lujo.