jueves, 18 de diciembre de 2014

CINCO HORAS CON MARIO DE MIGUEL DELIBES


Sinopsis:

Una mujer acaba de perder a su marido y vela el cadáver durante la noche. Sobre la mesilla hay un libro —la Biblia— que la esposa hojea, leyendo los párrafos subrayados por el hombre que se ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos le viene a la mente y empieza un lento desordenado monólogo en el que la vida pugna para hacerse real otra vez. La pobre vida llena de errores y torpezas, de pequeños goces e incomprensiones. ¿Ha conocido Carmen alguna vez a Mario? Escuchemos el irritante discurrir de la pequeña y estrecha mentalidad de la esposa. Otro hombre irá poco a poco descubriéndose, para todos menos para ella, con toda su desesperanza y su fe en la vida. Cinco horas con Mario es una novela de gran penetración psicológica que, a través de un alma femenina puesta al descubierto, llega hasta el fondo de la sociedad española del siglo XX. Sólo un escritor de la categoría de Miguel Delibes podía enfrentarse con este difícil tema y resolverlo tan brillantemente.

Un breve resumen:

La novela arranca en marzo de 1966. Carmen Sotillo, de 44 años, se encuentra que su marido Mario muere de forma inesperada. Ya a solas con él, cuando todos se marchan, vela su cadáver aunque de manera un tanto particular. Refugiada en saber que nadie la escucha, inicia un  monólogo con el que vamos descubriendo lo conflictos del matrimonio. Toda la novela es una crítica hacia la sociedad del momento, puesta en boca de una protagonista que no siempre sale bien parada.

El armazón de esta novela se sostiene en el soliloquio de Carmen. La vamos conociendo a través de sus palabras, y deducimos que tiene una ideología conservadora, la que corresponde a una mujer de clase media alta. Frente a ella, su marido: Mario, que no responderá a ninguna de sus cuestiones dado que está muerto. Por ella sabemos que ha sido catedrático de instituto, además de periodista e intelectual.

Carmen va poniendo delante del lector recuerdos, los de una vida que no ha sido nada satisfactoria para ella. Con este sencillo plan de acción, Delibes retrata la España provinciana de la época, la falta de comunicación en el matrimonio e incluso se puede apreciar un aspecto mucho más profundo, el conflicto que en aquella época aún no estaba resuelto, de un país fragmentado en dos ideologías. La de Carmen se corresponde con la de los ganadores de la Guerra Civil (1936-1939), mientras que Mario representa a los perdedores.

La novela tiene un prólogo, veintisiete capítulos donde la única voz es la de Carmen, y un epílogo. El autor elige para empezar cada uno de los capítulos una cita bíblica, los pasajes que nos dice que Mario había subrayado en una Biblia. Tomándolas como punto de partida, Carmen empieza a hilvanar pensamientos y reproches constantes; según Carmen, por culpa de Mario, por su escasa ambición, no ha logrado alcanzar una posición social acorde con lo que esperaba. De recuerdo en recuerdo, saltando sin un orden cronológico concreto, va desvelando su vida en común, valiéndose de un tono coloquial que refleja perfectamente la manera de hablar del momento.

Carmen, Menchu para los amigos, no queda demasiado bien después de leer la novela. Es clasista, envidiosa, se preocupa mucho más por el qué dirán que por su propia familia. El autor, en este sentido, elige para ella los peores atributos, dotando al personaje de cierto maniqueísmo, perfectamente comprensible si se es capaz de ver el plano más profundo al que nos quiere llevar: Carmen no es Carmen, Carmen es un reflejo de una forma de pensar y de actuar, un personaje en el que confluyen los peores defectos para destacarlos.


Cinco horas con Mario tiene el valor de ser una de esas obras literarias que trascienden a su tiempo, que quedan para presentarnos el retrato del pasado, en el que aparecen costumbres, elementos cotidianos (el seiscientos, por ejemplo) y una vívida imagen de cómo nos expresábamos en este país a finales de los años sesenta.

martes, 16 de diciembre de 2014

EL PRINCIPIO



Isabel, la hija de Juan, el labrador, se retorcía de dolor. Las contracciones hacía horas que habían anunciado el momento del parto, pero la criatura parecía no querer abandonar el calor del útero materno. La oleada de malestar en el abdomen, la primera señal de que aquel iba a ser el día, encontró a Isabel agachada juntando las espigas de trigo que los segadores iban dejando atrás mientras avanzaban en la recogida de la cosecha anual. Al principio pensó en una mala postura; al fin y al cabo ella era una primeriza y las cuestiones relativas a la maternidad le daban tanta vergüenza que nunca se había atrevido a preguntar a su madre mientras vivió. Ahora sentía que la necesitaba. Sin embargo, el dolor pasó, inadvertido para cualquiera que no fuera ella misma. Durante casi una hora Isabel se sintió bien para seguir adelante sin bajar el ritmo. Claro que era difícil agacharse con aquella prominente barriga, pero el resto de su cuerpo, alimentado con lo mínimo, había permanecido ajeno al embarazo y se sentía más o menos ágil. Siguió espigando y, cuando casi había olvidado el incidente, otro pinchazo le hizo doblarse por la mitad. Esta vez no pudo evitar que la mujer que tenía a su espalda se percatase.
—¿Qué te ocurre, niña?
—No se preocupe, pasará —dijo Isabel, fingiendo una tranquilidad que no sentía.
—¿De cuánto tiempo estás? —La cara de la mujer reflejaba preocupación y no era para menos. Estaban a más de media hora del pueblo.
—Dentro de una semana cumplo.
—Debes marcharte, muchacha. El parto está empezando y de otro modo quizá no te dé tiempo a llegar a tu casa.
—¿Está segura? —Los nervios de Isabel se destemplaron, aunque se esforzó porque no se notara. No quería parecer una niña pequeña.
—Créeme, he tenido seis hijos. ¿Es el primero para ti?
—Sí.
—Lo suponía. —La mujer sintió un leve alivio. Sabía que el primero siempre se demoraba un poco. — Vete a casa lo más rápido que puedas. ¡Antón!
Un pequeño de unos seis años apareció trotando. Isabel ni siquiera había advertido su presencia hasta ese momento. Llevaba un puñado de espigas amarillas en las manos y las depositó en la cesta de su madre.
—Hijo, ve a buscar a Luisa, la mujer del barbero. Dile que esta joven está de parto, que se prepare. ¡Corre!
—Sí, madre.
El niño empezó a correr en dirección a la aldea, feliz por poder escapar de la tarea, mientras la madre ayudaba a Isabel a colocarse su propio hatillo de espigas. Por ese día ya estaba bien.
El camino de vuelta al pueblo fue muy largo para Isabel. No tomó la precaución de hacer que alguien la acompañara y se sentía mal por ello. Si al niño le diera por querer salir antes de que alcanzase al menos la primera casa, no tendría a nadie que la ayudara y ella sola no sabía qué tenía que hacer. Cuando arremetía una contracción se paraba en seco, tratando de serenarse, respirando con la mayor tranquilidad que podía. Recuperada de aquel trance, seguía adelante, con el paso más vivo que le permitía su estado. Sin embargo, tenía la sensación de que no avanzaba. Se iba cansando cada vez más y el hatillo le pesaba. Quizá fuera buena idea dejarlo abandonado. No lo hizo, por supuesto. Ese paquete a su espalda contenía todas las espigas que iba a poder conseguir ese verano y, la verdad, no eran muchas. La alegría que sintió cuando vio llegar a los espigadores y se enteró de que empezaban su faena ese mismo día se desvanecía por completo. Había calculado que, con la semana que le quedaba hasta el parto, tendría tiempo suficiente para hacerse con una buena provisión de trigo extra para el invierno y ahora sabía que no iba a ser así. Su hijo no venía con un pan bajo el brazo, sino que se lo llevaba antes de llegar.
Isabel hubiera agradecido la compañía de alguien en aquel camino pero no se veía un alma. El asfixiante calor de aquella mañana de verano no invitaba a pasear por los campos y, además, todo el mundo estaba ocupado en las diversas tareas que exigía la dura vida de los campesinos de Castilla en aquel año del Señor de 1610.
Uno de aquellos pinchazos que retardaban su marcha estuvo a punto de lograr que se rindiera. Aquel dolor insoportable entre las piernas, una presión en la pelvis que le parecía que iba a partirla en dos, parecían suficientes razones para dejarse llevar y acurrucarse a la sombra de alguna de las encinas del camino. No obstante siguió adelante. Tardó casi dos horas en recorrer la distancia que la separaba del pueblo, tratando de no gritar, para no agotar la energía que le quedaba. Cuando divisó la primera casa también se encontró con la silueta de Luisa, la partera, que avisada por el pequeño Antón, había preparado todo en su hogar para recibir a la muchacha. Sabía que era la hija de Juan, esperaba el parto, pero también a ella le sorprendió que se produjera antes de tiempo. Había visto a Isabel por la mañana y no le pareció advertir ninguno de los síntomas.
—¿Estás bien? —preguntó mientras le ofrecía sus brazos para que se apoyase.
—Muy cansada y creo que... —No sabía cómo explicarse. Bastó una mirada hacia su falda para que la partera entendiera.
—No te preocupes. Eso es que has roto la bolsa de las aguas.
—¿Y eso es malo? —preguntó ella.
—¡En absoluto! Eso quiere decir que tu hijo está a punto de salir.
—Pues espero que lo haga pronto porque... —No terminó la frase porque otra brutal arremetida de dolor hizo que se parase en seco.
—Vamos dentro. Debo prepararte. ¡Ánimo! Seguro que va todo muy bien.
La partera acomodó a Isabel en una cama y le proporcionó un poco de agua. Agradeció el alivio momentáneo aunque no tardó demasiado en vomitar. Sudaba mucho y la mujer le aplicó unas compresas frías en la frente.
—¡Isabel!
Ricardo, el esposo de Isabel, avisado por Antón, entraba en ese momento en casa de la partera, que advirtió al joven:
—No la pongas más nerviosa de lo que está.
—¿Cómo estás?
—Ahora mucho mejor —dijo ella.
Y lo decía de verdad. La soledad que había sentido en el camino ahora se desvanecía. Una mujer se ocupaba de que el parto progresase adecuadamente y su esposo la cogía de la mano. Nada podía estropear ese momento. Nada, salvo una contracción. Gritó sin poderse contener.
—¡Tranquila, Isabel! Déjame que vea. —Luisa levantó las faldas de la chica y empezó una exploración que para ella no era más que rutina, pero que Isabel, instintivamente, rechazó. Nadie, excepto su esposo, se había atrevido nunca a tocarla tan íntimamente.
—¿Se puede saber qué hace? —gruñó el marido.
—Isabel, es necesario para saber cómo está colocado el niño. —La partera ignoró las reticencias del joven.
—¡No la toques más! —gritó Ricardo sin poder contenerse.
—¡Ningún hombre debería ver esto! ¡Sal de aquí si no vas a ayudar!
La energía de la mujer al hablarle le dejó claro que, en esos momentos, era ella la que mandaba. Él bajó la mirada y, con una disculpa muda, se hizo a un lado, manteniendo la mano de Isabel junto a la suya. Aquella rolliza mujer de ojos avellana y cabello encanecido llevaba muchos años trayendo niños al mundo, él mismo e Isabel habían visto la primera luz entre sus brazos. Tenía fama en la comarca, hasta las grandes señoras de Toledo la llamaban días antes para que asistiera sus partos, así que debía de saber algo. Decidió permanecer en silencio hasta que la criatura asomase su rostro. Se tragaría las ganas que tenía de abofetearla si todo salía bien, pero si no... Ricardo estaba tan confuso como cualquiera a punto de ser padre.
Las contracciones fueron elevando su intensidad hasta que fueron sustituidas por una necesidad imperiosa de empujar. Isabel empezó a hacerlo instintivamente y la mujer que la ayudaba se preparó para el final.
—¡No grites! No ayuda nada.
—¡No puedo! —sollozaba Isabel mientras unas lágrimas rebeldes se escapaban por su rostro. 
—¡Ya verás como sí puedes! ¡Siempre has sido una valiente! ¡Ánimo! Empuja cuando te llegue el dolor, de manera continua, concentrando toda tu energía en ello. Cuanto mejor lo hagas antes acabará el dolor.
—¡No puedo! ¡No puedo!
—Claro que sí. Mira, ahí viene. ¡Empuja!
La partera alentaba a Isabel y ella se aplicaba todo lo que sus exiguas fuerzas le dejaban. Cuando ya creía que era imposible sobrevivir a aquella tortura, una frase de la partera renovó su energía.
—¡Estoy viendo la cabeza!
—¿De verdad? —preguntó ella entre gemidos.
—Cuando vuelvas a sentir el dolor empuja fuerte. Mucho más que hasta ahora.
Al poco hizo aparición uno de los hombros. Luisa metió los dedos entre la axila del niño y esperó a que la siguiente contracción contribuyera a sacar el otro hombro. Cuando llegó ese instante agarró el pequeño cuerpo firmemente y dio un suave tirón. El diminuto ser se deslizó sin dificultad alguna y Ricardo e Isabel, expectantes, escucharon las palabras de la partera.
—¡Es una niña! 


Mayte Esteban
Brianda, El origen del medallón.
Capítulo 1

sábado, 13 de diciembre de 2014

UN COMPROMISO INQUEBRANTABLE


Tengo un compromiso inquebrantable, un acuerdo conmigo misma que espero respetar durante el resto de la vida, porque significa respetarme a mí misma. Escribiré solo aquello que me apetezca escribir, sin fijarme más metas que disfrutar el camino que conduzca mis palabras a construir una nueva historia, a insuflar vida a cuanto personaje tenga el capricho de instalarse en mi imaginación.

No me guiarán modas.

No me ataré a géneros.

No firmaré plazos que le pongan cadenas a la creatividad, que me obliguen a virar mis intenciones, a exprimir el talento que aún no sé si tengo.

Seguiré el camino que me tracen mis deseos porque, lo único que deseo, es ser feliz.

Este compromiso significa renunciar a oportunidades. Ya lo he hecho y lo seguiré haciendo, porque no hay mejor termómetro para saber si el sendero que has elegido es el correcto que escucharte a ti mismo. He aprendido a escucharme, a usar el silencio para analizar las reacciones de mi cuerpo, esas que me indican con la más absoluta certeza qué es lo que quiero y qué es lo que estoy haciendo bien o mal.

No me importa equivocarme, me di permiso hace mucho para hacerlo.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

EMILIA PARDO BAZÁN Y BENITO PÉREZ GALDÓS


Con este título es probable pensar que en este post voy a hablar de Realismo, esa corriente literaria de finales del XIX que retrató la realidad en todos sus aspectos con una minuciosidad exhaustiva. Él es el autor español más prolífico de novelas de aquella época, ejemplo de constancia -y de libro de literatura-; ella representa la corriente Naturalista, el final de esa etapa donde se presta más atención a lo sórdido y donde el determinismo tiene, si cabe, mucho más peso.


Emilia Pardo Bazán, coruñesa de nacimiento, fue la autora de una de las obras clave de nuestra literatura, Los pazos de Ulloa (obra que reseñé hace tiempo), donde retrata la vida de la Galicia rural de finales del XIX. Novelista, ensayista, crítica literaria y periodista, fue esposa de José Quiroga. Durante un tiempo, él fue nombrado diputado, lo que sacó a Emilia de su tierra y la llevó a Madrid. El desencanto con la política de su esposo cambió el rumbo de sus vidas y les condujo a viajar por Europa. Próxima a ambientes literarios, Emilia Pardo Bazán empieza a publicar, pero no alcanzará su madurez hasta que escriba Los Pazos de Ulloa, entre 1886 y 1887.  En ese momento, separada ya de su marido, se produce un acercamiento íntimo al otro personaje de esta entrada: Benito Pérez Galdós.


Galdós, natural de Las Palmas de Gran Canaria, fue novelista, dramaturgo, cronista y político español. Terminó sus días amargado por el hecho de que no le concedieran el Premio Nobel de Literatura y ciego (hubo de dictar por ellos sus últimas novelas). Me encanta su rutina: levantarse, escribir un rato y salir a pasear, a espiar conversaciones ajenas con las que dotar de frescura y naturalidad a sus personajes. Reconozco que siento mucha envidia por poder hacer esto, aplazado en mi caso para, probablemente, nunca. Esa rutina le permitió escribir cada trimestre un volumen de trescientas páginas. Curiosamente entre 1886 y 1887, los años de más intensidad de su relación con la Pardo Bazán, escribió una de sus mejores obras, Fortunata y Jacinta.

Los nombres de Galdós y Pardo Bazán están unidos por su literatura, adscrita a la misma corriente, y por la relación personal que mantuvieron. Hay un libro, “Miquiño mío” en el que se recoge la correspondencia que ambos se intercambiaron durante unos años. En 92 cartas abarcan desde 1883 hasta 1915 y son todas de ella, ya que las de Galdós no se han salvado (excepto una).

El tono de las cartas evoluciona. Desde una correspondencia formal al principio, poco a poco los saludos se van haciendo más afectuosos y es en ese momento, cuando la pareja vive una particular historia de amor, cuando ambos escriben las obras antes mencionadas, casi lo mejor de su producción literaria. En 1890 su relación se enfría y el nacimiento de la hija de Galdós (con otra mujer) al año siguiente los distancia. En principio siguen intercambiando correspondencia pero, poco a poco, las cartas vuelven a un tono mucho más formal, como al principio.

Los fragmentos de cartas que he leído me han parecido de un cursi exagerado. Creo que nadie debería husmear en la correspondencia de otros, se nos caerían muchos mitos.

La verdad es que después de tantos años estudiando literatura de todo esto no me había enterado, pero creo que es interesante saber algo de la vida de los autores porque siempre se refleja de alguna manera en su literatura. Se me ha ocurrido indagar sobre más parejas de escritores y hay muchas. Algunas que llegaron a buen puerto y otras que se quedaron en meros intentos. Yo creo que tiene que ser un infierno una casa con dos escritores, con todas las neuras que los –nos– caracterizan.

No sé, igual me equivoco y eso es el paraíso.

martes, 9 de diciembre de 2014

DOS POR UNA

Buenos días de martes tras este puente eterno. Vengo a asomarme al espejo para contaros algunas cosas que pueden interesaros (o no). Como ya os dije, el pasado viernes puse a la venta en Amazon Brianda. El origen del medallón.

¿Por qué se llama esta entrada DOS POR UNA? Porque, que ya que esta novela tiene una vinculación con otra de las mías, he pensado que quienes os habéis tomado la molestia de compraros Brianda os merecéis que yo tenga un detalle. He bajado el precio de El medallón de la magia y he subido un archivo al que he echado un ojo (algo de falta le hacía), pero quiero ser yo quien tenga ese detalle en persona. Si me enviáis a mi correo la prueba de compra de Brianda os mandaré la versión nueva del medallón. Pensad que esta no está ni pirateada (aún).

Dejo durante unos días mi correo en la pestaña de contacto.

lunes, 8 de diciembre de 2014

MUJER MARIPOSA



Vídeo del Proyecto Mujer Mariposa

Hace unas semanas descubrí por casualidad en Facebook una página que se llama Mujer Mariposa. En su información pone algo muy breve: "es una iniciativa que desde el arte pretende concienciar contra los malos tratos".

La verdad es que enseguida sentí que tenía que seguir esa página. De alguna manera con Detrás del cristal es lo que pretendía, usar un argumento de novela para despertar conciencias, para hacernos reflexionar ante nuestra postura cuando nos encontramos con un caso de malos tratos. Se habla mucho de los protagonistas (mujeres, niños e incluso, aunque menos, algunos hombres) pero se nos olvida que quienes no los sufrimos, a veces somos espectadores que adoptamos un papel pasivo. Con todas las consecuencias que eso acaba trayendo. Opté por ese enfoque en la novela, por poner al lector ante el dilema de decidir qué hacer cuando tropieza con una víctima.

Me gusta el nombre, la idea de la mariposa: dejar la fea larva, que es ese dolor que se siente cuando alguien descarga sus iras o sus frustraciones contra ti, para salir de ahí renovada y hermosa, convertida en una mariposa. Frágil, sí, pero con capacidad de volar y construir una nueva vida.

Tienen unas fotos preciosas de artistas que colaboran con este proyecto, que os invito a ver en su página de Facebook . Allí también podréis enteraros de las actividades que organizan para recaudar fondos, con el arte como único recurso, y ayudar a esas mujeres mariposa que necesitan ayuda para volar.

Desde aquí les envío mis mejores deseos, para que consigan sus metas y les digo que, si en algo puedo servirles de ayuda, aquí me tienen.

jueves, 4 de diciembre de 2014

BRIANDA. EL ORIGEN DEL MEDALLÓN


Os la presento: 

Brianda. El origen del medallón. 

Esta novela ha sido un reto. Es un compromiso conmigo misma, terminar de contar una historia que empecé hace muchos años. Durante un tiempo fue a muy buen ritmo, pero un día del verano de 2012 las cosas se torcieron (y mucho) para mí, y me dejé a los personajes descansando en un camino. Ahí estuvieron casi año y medio, esperando con paciencia a que encontrara el ánimo de retomar su aventura.

¿Qué vais a encontrar?

Una novela complicada de catalogar, a la que no le queda bien ninguna etiqueta, porque todas se le quedan cortas. He encontrado una definición, una novela crossover, es decir, que puede ser leída por cualquier tipo de público. Creo, de verdad, que es la que mejor le va. 

Tiene un poco de todo...

¿Magia

Pues claro que hay magia, es la esencia por la que surgió, pero no la define.

¿Romance

Por supuesto, hay una historia de amor, pero tampoco se puede decir que sea solo eso. El romance es una excusa para hablar de diferencias de clase, de honor, de algunas cuestiones casi insalvables en la realidad del XVII.

¿Historia

Mucha. Los escenarios son completamente reales, basados en muchas horas de indagación sobre cómo era la sociedad del Siglo de Oro. A veces, un pequeño detalle, me ha llevado mucho tiempo de lectura. Un paseo, horas de mirar planos de ciudades para que apenas lance un apunte. Un capítulo, encontrar un hecho real que he insertado en la narración como si me lo hubiera inventado. Sucedió, aunque me he tomado la licencia de inventar algo sobre él.

¿Aventuras

Claro, es una novela donde hay espadas, peleas, personajes que se ganaban la vida como podían en un tiempo en el que nada era fácil, donde la palabra crisis encajaba tan bien como ahora. Pícaros, soldados, nobles, inquisidores, mendigos... y alguna que otra bruja que me he sacado de la manga.

¿Sentimientos

Están en todo lo que escribo, convertidos en palabras, recorriendo cada página y dando vida a los personajes.

¿Ciudades

Tres. Un aldea inventada, unos caminos que son fruto de la imaginación y de la lectura de otros libros y dos ciudades, Madrid y Toledo. Dos ciudades que adoro y a las que rindo mi homenaje en este libro.


Quiero seguir dando las gracias a todas las personas que me han ayudado a que esté aquí. 

En primer lugar, a Iván Hernández, autor de la portada que veis. Ha sabido captar en una imagen la esencia de esta novela, los elementos que la conforman están todos ahí, algunos de manera tan sutil que vais a tener que leerla para verlos. Iván, eres una persona excepcional, un escritor que me encanta y además te manejas como nadie haciendo portadas. Es la tercera de mis novelas en la que tu mano está detrás de la imagen. Por algo será. Yo sé que ahora has dicho que te tomas un respiro. No importa, tardaré en publicar otra novela. Te espero.

Después, a mis lectores cero

A Alberto González. Es una inmensa suerte contar contigo, compañero. Estás casi siempre ocupado en lecturas cero, pero siempre me reservas parte de tu tiempo. Gracias, por todo lo bueno que siempre me llega de ti. Por ser como eres, buena gente de la cabeza a los pies. Por el excepcional ojo que tienes para las lecturas. Por tu paciencia conmigo, que sé que a veces me pongo imposible. Por el entusiasmo que siempre demuestras. Y por las fotos. Y por dejar que te robe horas de tu ocio. Y por todo lo que se me olvida...

A Mónica Gutierrez, escritora, bloguera y genial remitente de correos eternos (Pedro, ya te lo dijimos, la gente sí envía correos muuuuuuy largos: somos la prueba viviente). Mónica, has sido mi aliciente para acabar esta novela. Me has animado, no dejaste que la abandonase y por eso fuiste la primera persona en la que pensé para que la leyera. Pobre, creo que no te habrás visto en otra más gorda. ¿Por qué me saltaba palabras? Gracias, gracias, gracias. Que te lea una escritora con tanto gusto y talento como tú, ya es un lujazo, pero tenerte de lectora cero, ni te cuento.

A Enrique Osuna, escritor y amigo. Creo que has leído prácticamente todo lo que he escrito. Me gusta escuchar lo que tienes que decirme siempre porque tu criterio es sincero, justo lo que se espera de un amigo. Te escucho, extermino las coletillas tontas de las que no era consciente hasta que me lo contaste y ahora lo hago hasta al escribir, sin tener que llegar a la fase de corrección. Gracias. Eres un espejo mágico.

A Pinti. Que no te llamas así, pero no me sale llamarte de otro modo. Eres el lector cero con menos trabajo de todos porque lo único que te pedí fue que la disfrutases y me devolvieras tus sensaciones. Gracias por la conversación en el parque. Por la fecha. (Aunque te advierto que un día te devolveré uno de tus efusivos saludos de manotazo en la espalda cuando estés tan tranquilo sentado en la valla. A ver si eres capaz de guardar el equilibrio.)

A Tatty. Por señalar las frases raras que a veces escribo y de las que no soy consciente hasta que me preguntas qué demonios quería poner. Por tus impresiones, por estar desde el primer día conmigo en esta aventura. Porque sé que, aunque no hablemos un tiempo porque siempre vamos a la carrera, cuando lo hagamos será como si hubiera sido ayer. No pararé de dar gracias por ese día que nos encontramos en la red, y por ese otro que decidimos desvirtualizarnos.

A Antonia Romero, que se apuntó a última hora, sobre todo para que me tranquilizase. Que no sé, pero digo yo que aprenderé algún día.

A Gema y a Yasnaia. Chicas, gracias por intentarlo. Sé que no es sencillo, con niños tan pequeños como los vuestros, encontrar tiempo para todo, y menos cuando se cruzan otras cosas. Como los villancicos o los contratiempos en el trabajo.

Gracias a todas esas personas que siempre están ahí, cada día, dándome su apoyo en las redes, compartiendo conversaciones, sueños, impresiones... Me gustan vuestros buenos días, vuestras palabras, vuestras fotos de perfil. Gracias por compartir conmigo. Empezar el día sin echar de menos a nadie es garantía de un día feliz.

Gracias a Montse Martín, porque has sabido pincharme hasta que tomé la decisión de arrancar, de poner una fecha para dejar a la vista la novela. Gracias por darme una segunda oportunidad, no todo el mundo es tan valiente. A Pilar Muñoz, porque me alientas en los días de desánimo; gracias por echarle un ojo a la sinopsis. A Mari He Ca, a la que usé como probadora de las primeras cucharadas de novela (perdona por dejarte con los dientes largos). A Mel Caran, amiga, escritora atrevida y loca; no sé cómo podemos ser tan distintas y tan complementarias (a lo mejor por eso). A Roberto Martínez Guzmán, por tus consejos (que sigo como tú los míos...). A María José Moreno, compañera de aventura editorial, hemos compartido la presentación en Madrid de nuestras novelas y la Feria del Libro. Ha sido genial y has hecho este camino mucho más feliz. 

A Antonia J. Corrales, mi escritora, mi amiga, una persona excepcional. Sabes que te adoro y que te espero. 

Y, por supuesto, a los lectores de mis novelas: sin vosotros, estas historias vivirían para siempre en el cajón.

Me dejaré a mucha gente, eso seguro, siempre pasa. Espero que no me lo toméis en cuenta.


La novela estará disponible en Amazon desde mañana en formato digital. Mi intención es crear una versión en papel. De momento eso está en proyecto, sin terminar, porque lleva tiempo y enormes dosis de paciencia, y no quería dejar pasar mucho más hasta mostraros esta nueva historia.

¿Es necesario leer El medallón de la magia antes? 

No exactamente. Los personajes del medallón, Alonso y Amanda, tienen un discreto papel en esta novela. Creo que se puede empezar por cualquiera de las dos, en orden cronológico (primero Brianda y después El medallón de la magia) o al contrario. Lo que son es complementarias. Quizá si no se leen las dos no conozcas la historia en su totalidad.

Aquí os la dejo.

Cuidadla, ya es vuestra.


domingo, 23 de noviembre de 2014

MI PERFIL DE TWITTER

Me pregunta un amigo si tengo twitter y yo le contesto que sí, que hace mucho que lo abrí, exactamente desde marzo de 2012. No es que tenga una memoria maravillosa, es que lo pone en el perfil y lo leo cada vez que entro. Le cuento que estoy muy cerca de los cuatro mil seguidores y que siempre que puedo entro y tuiteo.

El caso es que su pregunta me escama porque, juraría que estoy en lo cierto, lo tengo entre mis contactos. Hago una búsqueda y allí está: yo le sigo y él me sigue y siendo lo activo que es en esta red comprendo que su pregunta no ha sido casual, que tiene que haber una razón.

Le busco para que me lo aclare. Le conozco demasiado para pensar que ha preguntado por preguntar.

Entonces me lo cuenta.

Me dice que ha visto que no tengo un botón de Twitter en el blog con el que se pueda seguirme. Y me doy cuenta de que lleva toda la razón del mundo, que no he pensado ni siquiera en ello. Como buen amigo me recomienda que lo ponga, que facilite a los lectores una vía para ponerse en contacto conmigo cuando hayan leído uno de mis libros y quieran comentarme algo.

Lleva razón.

Por eso, aquí os dejo el enlace de Twitter de la Esteban (de la rubia que sale por la tele NO, de la otra, la del pelo azul que escribe novelas), o sea, yo. Mientras averiguo cómo puñetas se pone el botón:


@MayteEstebn


¡¡Ya está!!

Arriba, a la derecha. ¡¡Gracias, Pilar por la ayuda!!

jueves, 20 de noviembre de 2014

HOY

Esta entrada es de las que no compartiré, no es para que la lea nadie, es para mí.

Hoy está siendo un día extraño. Ha empezado mal, lo reconozco, una mala noche, producto de un virus con el que mantengo una batalla desde hace días, me ha dejado con las fuerzas al límite, pero ha sido abrir los ojos (ha costado lo suyo) y empezar a encontrar sorpresas.

La primera, en Fnac.

Llevo unos cuantos días en el top. No se exactamente cuántos, hace mucho que no miro listas ni rankings y tuvieron que avisarme de que la novela había vuelto a entrar. Desde entonces entro a diario, quizá para convencerme de que no estoy soñando, esperanzada de que esto suponga un pequeño gran empujón para el papel. El caso es que ayer estuvo en el número 9 rodeada por superventas: el último premio Planeta, Ken Follet, Sarah Lark, Stephen King. ¿Qué hago yo ahí?



















El caso es que hoy estaba en el número 10, pero a mí me ha parecido una cifra bonita.



Reconozco que esta mañana he hecho lo justo. Descansar y la comida. Leer un poco. Nada de escribir. Tenía que ahorrar fuerzas para la tarde, para trabajar un poco. Cuando he terminado, la primera sorpresa.

He encontrado un tuit de un compañero escritor, Antonio Jareño, autor de No todos moriréis, donde decía que Detrás del Cristal estaba entre las novelas más vendidas en La casa del libro. ¿Sí? He tenido que seguir el enlace y ahí no podía creerlo. Ha sido uno de los ebooks más vendidos de hoy, el sexto más vendido de la semana. ¡Toma ya!




He mirado en Amazon, por si acaso (ya sería la bomba) pero no, ahí estamos fluctuando como siempre, arriba, abajo... qué mareo, por favor. Eso sí, he visto que solo quedan tres ejemplares en stock en papel. ¡Bien! El otro día eran cinco, poco a poco. 

Ya me iba a cerrar todo esto cuando...

¡Una reseña de La arena del reloj!

Ha llegado desde un blog de Chile, La magia de los libros y yo. Me siento muy orgullosa de algunas cosas que me están pasando. Una de ellas es que cuando leen uno de mis libros, buscan otro. Aunque siempre repita que me emociono, es que me emociono. Tengo que respirar profundamente para que no se me escape alguna lágrima tonta. Este blog reseñó hace apenas un mes Detrás del cristal, leído por su administradora Claudia González en papel. Le gustó mucho y no ha tardado en repetir conmigo.

Así que, un día que empezó mal, después de una noche en la que apenas he pegado ojo, he tenido premios por todas partes.

Ah!! Y cada vez está más cerca el poder verle la cara a la nueva criatura. Es muy bonita. Por fuera, porque la portada que le están haciendo me ENCANTA y por dentro, porque está escrita con paciencia, porque juntas hemos madurado, porque hemos crecido mucho, porque estuve a punto de abandonarla, pero tiene tanto encanto que ha sabido hacer que no me diera por vencida, que ignorase a quienes disfrutan deseándote todo lo malo. He seguido y aquí está.

No puedo resistir la tentación de enseñar un poquito...
















Por si no fuera suficiente, me han invitado este fin de semana, en el Círculo de Bellas Artes, al FESTIVAL DE LITERATURA EÑE 2014.


Happy!!!!!!!!!

domingo, 16 de noviembre de 2014

¿A QUÉ LLAMAS TÚ AMOR? PRESENTACIÓN EN MADRID

14 de noviembre de 2014

17:30
Centro comercial La Gavia

Faltaba tiempo para que Pilar Muñoz se reuniera con sus lectores, pero siempre procuro que a mí me sobre para acudir a una cita. Mitiga la sensación de ansiedad y, además, me permite echar un vistazo a todo. Media hora antes de haber quedado entré en el centro comercial. Con la calma que te concede el que te sobre tiempo, llegué a Fnac y pude comprobar cómo montaban la sala, preparaban los micrófonos, la pantalla y colocaban sillas y sillones. Di una vuelta por la tienda. Incluso pude experimentar una sensación que ya se está convirtiendo en habitual, la de encontrar cada vez más libros de gente que conozco, tanto en las mesas de novedades como en las estanterías.

No sé si a alguien más le pasa, pero a mí me provoca un pellizco en el estómago. Me alegro tanto que me entran ganas de asaltar a las personas que tengo al lado y ponerme a contarles que conozco al autor o a la autora, pero me contengo. 

Aunque me cuesta.




18:00
Fnac

Pilar llegó y, después de los saludos de rigor (nunca nos habíamos visto en persona), comenzamos a charlar como si fuéramos amigas de toda la vida. Esa es una sensación que he experimentado en anteriores ocasiones, cuando la amistad virtual da paso a una real, una en la que las conversaciones se escuchan en lugar de leerse. Ya no somos la foto de un perfil sino alguien que parpadea y que respira, que se mueve, y sonríe en lugar de enviar un emoticono. 

Mientras esperábamos a Ana Coto y Pilar le daba instrucciones al técnico de Fnac, la conversación se llenó de preguntas sobre el viaje, sobre los nervios, sobre el tiempo que quedaba para empezar. Poco a poco fueron llegando algunos compañeros blogueros que ocuparon la segunda fila y entonces...


18:25
Fnac


Me fui.

Me asaltó una corazonada.

No tengo activado el messenger para Facebook. Aunque lo tenga abierto y alguien me envíe un mensaje privado no puedo ver nada más que el emoticono que señala que me lo han mandado. Hace poco he descubierto que hay una manera de leer al menos una parte del mensaje. No lo suficiente como para enterarme de qué me están contando, pero sí veo quién lo envía y el principio. 

Mi teléfono, al lado de la imagen de uno de mis contactos decía: nos vemos allí.

Antes de salir corriendo, pensé: ¿si yo fuera él, dónde estaría? Sonreí y, un par de minutos después, estaba saludando a Rafael R. Costa. Tengo que darle las gracias porque 31 paradas de metro de ida y otras 31 de vuelta no es algo que todo el mundo se decida a hacer así como así. La verdad es que me alegró muchísimo que al final se decidiera a acudir a la presentación de ¿A qué llamas tú amor?

Mientras hacíamos tiempo, buscamos su novela, La interpretadora de sueños, recientemente editada por Espasa, y yo me quedé con uno de los ejemplares, antes de que se agotase, para que me lo firmara al final de la tarde. Tenía otro en la mochila pero no era mío sino uno que compré para regalar.

Juntos regresamos donde Pilar esperaba para empezar y después de las presentaciones empezaron a llegar caras conocidas. El abrazo con Lidia Casado fue muy emocionante. (Después hasta nos hicimos una foto juntas con el móvil, en plan selfie total).

19:15
Sala de conferencias.

Un poco después de la hora prevista, cuando todo el mundo ya había ido tomando posiciones en la sala, comenzó la presentación, Pilar trajo el booktrailer de la novela.




Para romper el hielo estuvo Ana Coto, editora de Palabras de Agua, que saludó a los presentes y me cedió el turno para que cumpliera mi pequeño cometido en esa tarde: trazar una semblanza personal de Pilar Muñoz. Después de dos datos biográficos breves, pasé a contar cómo nos conocimos a través de las redes y cómo he sido testigo de primera fila de su evolución como autora, desde que en 2012 leí los relatos que componen Ellas también viven, pasando por su primera novela, Los colores de una vida gris y ¿A qué llamas tú amor?, la novela que acaba de publicar bajo el sello de Palabras de Agua.

Tras mi lectura de la sinopsis, llegó el turno de la autora.

Pilar era la protagonista así que fue ella la encargada de transmitir a los presentes lo que ha querido contar con esta novela. Insistió en que, a pesar de que la narración contiene un fuerte contenido erótico en algunas escenas, también hay una trama de peso detrás, importante, que reflexiona sobre las relaciones de pareja, el amor, incluso el maltrato. La protagonista, Jana, es una mujer real, independiente, madura, envuelta tan solo en un momento de confusión.

Para que los lectores supieran un poco más de la novela, Pilar, micrófono en mano, leyó el primer capítulo.



Hubo tiempo para las preguntas del público, algunas sobre los personajes, la trama, la elección de la posición del narrador o los nuevos proyectos que tiene en mente Pilar Muñoz. Después, llegaron las firmas, y digo las firmas, porque no fue la única que estampó palabras en la primera página de un libro.


Pilar se pasó un buen rato firmando y regalando sonrisas que dejaban ver que estaba siendo un día muy especial para ella. Aunque ya hace un mes que la novela se puede adquirir en librerías, el viernes fue la puesta de largo oficial y, además de que el marco fue precioso, la puesta en escena que escogió estuvo muy bien.

Por cierto, las fotografías del fondo, si os pasáis por la tienda Fnac de La Gavia, merece la pena pararse a mirar: son obra de Juan Rulfo, el autor de Pedro Páramo. 

Decía que no había sido la única que firmó porque Rafael también se tuvo que emplear con el bolígrafo, pero es normal, no se puede desperdiciar la oportunidad de personalizar un ejemplar de su libro teniéndolo cerca, ¿no creéis?

Tuve la inmensa suerte de recibir un regalo inesperado, un poemario del maestro.




La presentación terminó, las luces de este escenario se apagaron y sospecho que este día Pilar lo grabará a fuego en su memoria: 14/11/14, incluso la fecha es bonita. Le deseo mucha suerte con esta aventura, con esta novela en la que ha puesto sus reflexiones, su corazón y su talento, una historia que se disfruta y que te dura entre las manos muy poco tiempo.

(Cuando todo había acabado nos marchamos a tomar algo para refrescarnos y allí fui testigo de la admiración que provoca Rafael R. Costa. Y luego no me deja llamarle maestro... Menos mal que no le hago ni caso.)