jueves, 27 de agosto de 2015

LA NOVELISTA FINGIDA DE RAFAEL R. COSTA

La novelista fingida de Rafael R. Costa participa en el II Concurso de Autores Indies de Amazon



Sinopsis:

Barbara L. Shackleton, antes Rita Amber, consiguió un éxito abrumador con su primera novela. Se vendieron millones de ejemplares y la historia fue llevada al cine, con buen presupuesto y una otoñal Bette Davis como estrella rutilante.
Durante unos años vivió de esa fama y hasta mereció el Premio Pulitzer de 1972. Cuando sus millones de lectores, así como su editor, le piden la segunda parte se refugia en su mansión de Long Island.
Allí se abastece de una docena de máquinas de escribir, y compra muñecas antiguas a las que corta el cabello con unas tijeras para hacerlas parecer a la protagonista de su libro.
La inesperada visita de un conocido hará que la novela que la llevó a la cumbre literaria muestre sus secretos. 

Mis impresiones:

Este verano he leído muy poco. Eso es algo ­extraño en mí, porque en verano es cuando más tiempo suelo tener para dedicarle a la lectura. Ha habido diversas circunstancias que han ido entorpeciendo mi rutina y la cuenta lectora ha quedado más que escasa.

Sin embargo, La novelista fingida la quería que leer por varias razones. La primera es que me apasiona cómo escribe Rafael R. Costa. ­Leí primero El caracol de Byron y me encantó la manera en la que fluye su discurso, la magia con la que construye los personajes. Después, cuando me acerqué a La interpretadora de sueños, las sensaciones fueron nuevamente maravillosas. Cuando un autor te gusta, ni te lo piensas: el mismo día en el que publicó esta nueva novela, me hice con ella.

Rafael R. Costa estructura La novelista fingida en cinco partes y empieza la narración por la que titula «El sombrero de Bette Davis». Es un inicio in extrema res porque, aunque nos deja unas pequeñas preguntas que tendremos que ir resolviendo a la largo de la historia, en este capítulo nos adelanta que Barbara L. Shackleton, a pesar de vivir en su lujosa mansión, es una estrella literaria en declive que brilla menos que la noche lúgubre en la que comienza la narración. El éxito espectacular de su novela publicada por HarperCollins, de la que se vendieron miles de ejemplares, que se tradujo a muchos idiomas, de la que incluso se hizo una película protagonizada por Bette Davis es solo un recuerdo del pasado. El fracaso de su segundo libro ha ido dejándola al margen del mundo editorial y  empezamos a intuir que ha tenido mucho que ver en la muerte de la joven Alice Bruma. Stephan Wells, un poeta enamorado de Alice, que ha pasado años en la cárcel por ello, ha venido a reclamarle que es una impostora y tiene la manera de demostrar que es la culpable de la muerte de Alice.

La llegada de la policía y la «amable detención» de Barbara se queda en suspenso para el lector. El autor, en el segundo capítulo, decide llevarnos de la mano al principio de la historia, al momento en el que las dos protagonistas de la historia se conocen.

La novelista fingida nos cuenta mucho en el mismo título. Barbara L. Shackleton no es el nombre real de esta mujer que aparece en la vida de Alice Bruma el mismo día en el que el hombre pisa la luna, mientras están en Central Park. Es Rita Amber, una joven sin escrúpulos que está intentando construirse una nueva biografía y ve en Alice el modelo perfecto. Enseguida busca la manera de coincidir con ella, incluso en Unnameable Book’s,  la pequeña librería en la que Alice trabaja mientras escribe su novela. El primer paso para convertirse en quien Barbara desea, será ganarse su confianza.


La novela es la historia de una timadora, de una impostora que tiene la imagen perfecta que le permite venderse, pero el mismo valor literario que un jarrón de los chinos (la comparación, hablando de una novela de alguien que escribe tan bien como Rafael, es para darme un bofetón, pero no estoy en mi mejor verano, ya lo he dicho). El autor se esmera en que conozcamos a la que era Rita Amber y esa otra que quiere ser, la novelista por la que se hace pasar. Y lo hace muy bien, pintando todos los matices de una personalidad enferma. Yo no he logrado empatizar nada con este personaje, aunque sí con Alice, la verdadera novelista, la que escribe con tanta pasión que sus dedos en el teclado crean una melodía armoniosa cuando se sienta delante de la máquina de escribir y se olvida de que el mundo existe.

A ellas dos les acompañan un puñado de personajes secundarios, necesarios para contar la historia, entre los que destaca Stephan Wells, el poeta, a quien Barbara le causa siempre una tremenda desconfianza. Rafael no los esboza, los recrea en palabras y dibujos con los que llena sus cuadernos de notas. Estoy acostumbrada a verlos cuando los comparte y creo que son tan bellos casi como sus novelas. Le he robado una foto para que podáis verlo. 

La historia la ambienta en Nueva York y arranca en 1969, y en todo momento la he visualizado en blanco y negro. Suena a Embraceable you, sabe como un cóctel bien preparado y recuerda a una película del mejor cine en blanco y negro negro.

Desisto en el intento de poner un vídeo en el blog, no sé por qué ya no me sale. Dejo el enlace por si queréis escuchar cómo suena.



La novela participa en el concurso de novelas indies de Amazon en este verano de 2015, concurso que termina al finalizar agosto. Sinceramente le deseo que sea una de las finalistas elegidas para la evaluación final por parte del jurado porque es una novela muy interesante, muy bien escrita y con un final cerrado. 

Además, el autor sortea una ilustración de las que ha hecho de la novela entre todas las personas que la hayan leído y participen en el sorteo que tiene activo en Facebook.


viernes, 21 de agosto de 2015

DESMORALIZADA



Vengo desmoralizada.

He conocido a Alberto, segundo de ESO, un excelente estudiante. Me ha estado contando cosas de su instituto e irremediablemente hemos llegado a los libros. De los dos que ha tenido que leer este curso, uno era Rebelión en la Granja de George Orwell. Me ha parecido bien, un libro que tiene dos lecturas y que sirve muy bien para ampliar conocimientos de historia.

Estupendo hasta que le he preguntado cómo lo habían trabajado.

Pues nada, la profesora les dio el título y el autor, un plazo para entregar una ficha del libro (resumen y datos técnicos como el número de páginas) y otra para hacer un examen.

En este punto mi cara se ha debido parecer a ese emoticono al que se le abren mucho los ojos y se le descuelga la mandíbula, pero he seguido preguntando, por si acaso me estaba adelantando.

"¿Qué has entendido del libro?"

Alberto me ha contado que transcurre en una granja, donde los animales se rebelan contra un granjero injusto y, poco a poco, los cerdos se van haciendo con el control de la granja, siendo tan malos como era el granjero.

"¿Y qué más?" No quería volver a adelantarme.

Le he preguntado si han dedicado algún día a explicar esa otra lectura que tiene Rebelión en la granja, esa en la que descubrimos que el autor ha escrito realmente una fábula en la que está haciendo una crítica al régimen soviético de Stalin.

Alberto me ha mirado con la cara del emoticono de antes. No sabe, por supuesto, quién fue Stalin, ni se había enterado de que existía la posibilidad de que hubiera otra manera de entender el libro.

Mientras tomaba un aperitivo con su madre y otra amiga, le he explicado que los libros tienen muchas veces -o sería lo deseable- dos lecturas. Una, la simple, la que está en la superficie. El resumen de lo que hacen los personajes y poco más, eso que ha valorado su profesora a la hora de puntuar el examen. Pero, si el autor es un poco inteligente, siempre deja caer otra lectura más profunda.

Es evidente que a Alberto no le han enseñado a abrir los ojos. No ha podido hacer otra lectura porque ni siquiera intuía que se pudiera.

Ahora me pregunto, ¿tampoco ha aprendido a hacerlo su profesora? ¿No ha tenido una miserable hora para explicarles el libro? ¿No sería mucho más rentable en cuestión de aprendizaje dejarse de exámenes y diseccionar el libro en clase? ¿Es ella una de esas lectoras que no son capaces de leer entre líneas? ¿Alguien así educa a nuestros hijos? ¿Estoy pidiendo demasiado?

Me temo que sí, que cada día veo más claro que leer se leerá, pero la comprensión de lo que se lee se está convirtiendo en una quimera.

Y me da mucha pena.

jueves, 20 de agosto de 2015

EXPERIMENTO 3

Tercera entrega del relato que voy publicando por fragmentos en el blog. Dejo los enlaces de las dos primeras. Sigue sin título y yo abierta a sugerencias.






                Han llegado solo un poco más tarde que otros días. Hoy lleva un pantalón corto azul claro, una camiseta blanca y sandalias por las que se cuela la arena. No le gusta la sensación, le molesta entre los dedos al andar y ha tratado varias veces de deshacerse del calzado sin éxito. Si no fuera porque no debo, y porque nunca se sabe si podría haber cristales, correría a su lado y le quitaría las sandalias, para que pisase directamente la arena y sintiera la libertad de caminar descalzo.

                Cierro los ojos e imagino que esto no es un parque de ciudad, sino una playa de suave arena. Ambos miramos al mar, mientras le agarro de las manos, incitándole a que deje que el final de las olas acaricie los dedos de sus pies. Al principio se asusta, la sensación del agua fría provoca que los aparte, colgándose de mis manos, pero me mira sonriente, lo piensa mejor y espera a la siguiente ola. Esta vez deja que el agua bese su piel y se ríe. Me gusta su risa franca, limpia, música para unos oídos que están desentrenados en eso que es la felicidad.

             ¿Estoy solo imaginando su risa?

             Abro los ojos a tiempo de ver que no, que en la realidad se está riendo a carcajadas. Ha hecho una torre con los juguetes que traía y después la ha tirado. Ahora se afana en apilarlos de nuevo, con cuidado, pero me estoy temiendo que lo que busca es volver a derribarla en cuanto lo consiga. No me equivoco. Al momento el arenero es un desparrame de juguetes y risas, que se cortan bruscamente cuando otro niño, algo mayor, se apropia de un coche rojo de grandes ruedas negras. No parece gustarle el verse obligado a compartirlo y, cuando observa que el otro niño hace un intento de marcharse, se pone de pie y, a falta de palabras con las que pedirle que se lo devuelva, le propina un fuerte tirón de pelo.

                El padre no está atento, está hablando con otra madre y casi soy yo la que se levanta para poner paz entre los pequeños, pero me contengo cuando apenas he hecho el gesto de dejar a un lado el libro. Nadie puede saber de esto que para mí es un juego, nadie puede enterarse de lo que pienso mientras estoy en el parque porque, mientras nadie lo sepa, no lo cuestionarán y, sobre todo, no me robarán esta paz de hora y media.

                Nadie debe conocer jamás mi secreto.

Al final el llanto de ambos llama la atención de los adultos y acuden para arreglar la disputa. Mi niño acaba con su coche en la mano y yo vuelvo al libro, contenta porque a los cinco minutos parece que jamás ha pasado nada. Los dos están jugando, olvidado el incidente, borrado de la escaleta de ese día, como si nunca hubiera sucedido.

Qué sencillo es olvidar cuando eres tan pequeño.

                El tiempo restante sigo disimulando. De vez en cuando paso una página del libro, me finjo atenta a lo que cuentan sus páginas, como si este objeto de papel fuera en verdad la causa de que yo me siente en el banco cada tarde. No quiero llamar la atención sobre mí y estoy segura de que lo consigo. Los niños no me prestan atención y los adultos ignoran mi presencia. Saben que estoy, me ven como ven los árboles, los bancos, la fuente, los gorriones que de pronto se posan en el suelo y rápidos levantan el vuelo tras haber conseguido un pedacito de merienda olvidado que llevarse en el pico. Formo parte de la decoración urbana, tan mimetizada con ella que sería casi más llamativa mi ausencia que mi presencia.

Soy la mujer del libro.

La que se concentra en leer en medio de una algarabía infantil de risas, juegos, juguetes de colores chillones, balones usados y sillas de paseo. No pueden escuchar mi monólogo interno y, si alguien se tomara la molestia de fijarse en mí, probablemente inventaría cualquier otra historia, no la que realmente me trae aquí cada tarde. Estoy segura. Pensarían que, por absurda, no es posible. ¿Cómo va a ser cierto? ¿Cómo es posible que me vista, me peine y camine casi media hora tan solo para mirar a un niño que no es mío? ¿Por qué imaginarme parte de su vida me saca de la apatía en la que vivo desde hace meses? Si supieran solo esa pequeña parte de mi verdad, estoy segura de que inventarían siniestras intenciones por mi parte. Ni siquiera descarto que pensasen en que estoy planeando un secuestro. Pero no, ni por lo más remoto se me ocurriría agarrarlo de la mano y llevármelo conmigo en un descuido de su padre. Eso haría que mi niño sufriera y es lo último que deseo. Sin embargo, ahora que lo pienso sé que sería muy sencillo.

Su padre se pasa mucho tiempo ignorándolo.

Habla con todo el mundo, dejando de mirar a mi niño durante largos períodos que a mí me provocan cierto desasosiego, hasta que pienso en que importa poco. Ya estoy yo pendiente de que no se abra la cabeza. De que ningún otro niño le dé un balonazo. De que no se lleve la arena a la boca o juegue con una botella rota olvidada, de las muchas que aparecen tras el fin de semana regadas por el parque.

Soy su ángel de la guarda, me digo.


Me he asignado con él el trabajo para el que estuve preparándome y que se frustró aquella tarde que ha marcado el principio de esto que ya no es más que una imitación de la vida para mí. No quiero pensar en ello, no quiero que los recuerdos de ese día acudan ahora, en mi momento de felicidad diario, pero hay veces que ni estando cerca de él lo consigo. Hay veces, como ahora, que me invaden y se apoderan del aliento que necesito para seguir respirando y, en bucle, repiten la secuencia del día que debería haber sido el más feliz y que se convirtió en el principio de esta desolación.

viernes, 14 de agosto de 2015

¿Y SI DE VERDAD TE QUIERO? DE VICTORIA VILCHEZ




Sinopsis:

Laura es la reina de los «¿Y si...?», y ahora está a punto de casarse. Pero, ¿y si Sergio no fuera el hombre de su vida? 

Sus dudas no hacen más que aumentar cuando conoce a Leo, un encantador y sexy policía que la hará enfrentarse de una vez por todas a su enfermiza indecisión. Ambos se irán descubriendo el uno al otro y tendrán que luchar contra el deseo irrefrenable que los sacude cada vez que están juntos. 

La mayoría de las veces, cabeza y corazón no van de la mano, y Laura no tiene ni idea de a qué parte de ella debería hacer caso.

Mis impresiones:

Esta novela me la compré el día en el que estaba en promoción con kindle flash. No sabía nada de ella, no tenía ninguna referencia y apenas le eché un somero vistazo, pero me apeteció y la compré. Luego hice eso que digo siempre que no tengo que hacer y que no volveré a hacer, pero que no puedo resistir: empezarla sin acabar el libro anterior.

Pues me la tuve que leer...

Esta historia está escrita en un tono desenfadado, desde el punto de vista de Laura, la protagonista. Si bien es una novela fácil de seguir, en ella hay algunas frases que me han gustado mucho y que he ido tuiteando, porque he descubierto la manera de compartir los subrayados de kindle en Twitter. Si veis en mi perfil una frase seguida de un enlace, eso es que estoy leyendo una novela y alguna de sus frases me ha dicho algo -a veces incluso es algo que no está en el contexto de la historia sino que me lleva a un pensamiento mío- y he sentido el impulso de dejarla ahí.

Laura está a punto de casarse con Sergio, el chico con el que lleva tres años embarcada en una relación que nunca ha sido explosiva, y mucho menos desde que pasaron el primer año, ese en el que hablan las hormonas y las reacciones químicas en nuestro organismo. A poco de la boda, Laura empieza a tener millones de dudas, su cabeza se llena de "¿Y si...?", la coletilla que le pone a todas sus preguntas internas. En ello está cuando Leo irrumpe en su vida.

Leo es... perfecto. Agente de la autoridad, guapo, simpático, de sonrisa encantadora, amable, generoso, correcto, educado, cachas... vamos, un chico de esos que solo existen en nuestros mejores sueños. Tropieza con Laura un día para ponerle una multa cuando tiene un poco mal aparcado a Cooper. (Cooper es el coche de Laura, que tiene nombre). En primer encontronazo entre ellos está listo y la química entre los personajes no se hace esperar. Solo será la primera vez porque, días después, Candela, la hermana de Laura, planea unos días en un pueblo de Burgos, en casa de un amigo, y ese resulta ser Leo.

Y no, no es una casualidad que acaben en su casa, pero tendréis que descubrir vosotros cuál es la razón leyendo el libro.

Lo que más me ha gustado de la novela no es que Leo sea perfecto. Lo que más me ha gustado es que la autora sabe crear ese clima mágico de sincronía entre la pareja protagonista, que maneja la tensión sexual perfectamente y que nunca pierde la elegancia en las descripciones de cualquier encuentro entre los dos. No hay escenas de sexo, por lo menos de las que suelen aparecer en la literatura de ahora, y hay más química entre los personajes que en muchos libros eróticos. Y eso me ha gustado porque eso sí es real, si se da en la vida. A veces, si tenemos suerte, tropezamos con alguien que hace que nuestro corazón se descontrole, que se nos aflojen las piernas y digamos tonterías para encubrir nuestro nerviosismo. A veces, con infinita suerte, nos enamoramos a la vez que otra persona lo hace de nosotros y entonces todo merece la pena.

La novela no se centra en una trama compleja sino más bien en las dudas de Laura y el nacimiento de los sentimientos hacia Leo. Un detalle interesante, para mí, ha sido la teoría de los primeros besos que él le expone. Me ha parecido muy acertada y muy tierna, además de que creo que lleva mucha razón.

¿Qué teoría?

Leed...

Creo que ¿Y si de verdad te quiero? es una novela que se lee con gusto, que hace que muchas veces te rías con las cosas que le pasan a Laura, que me ha enseñado un lugar que desconocía, y del que he buscado fotos porque me parecía que tenía que ser precioso. Y sí... lo es. Y como no me pilla muy lejos de casa, quizá planee una excursión no tardando.

Pozo Azul. Covanera. Burgos





miércoles, 12 de agosto de 2015

EXPERIMENTO 2

A continuación, el segundo fragmento de mi experimento de imitación. Si te perdiste el primero puedes leerlo aquí



                Han empezado las vacaciones de verano y con ellas el miedo ha venido a sentarse a mi lado en el parque. Cada día llego al banco más temprano, incluso sabiendo que ellos tardarán aún en aparecer. Y cada día sufro, pensando en que es posible que decidan no venir. La gente se va de vacaciones, sale de la ciudad en cuanto el calor se adueña del asfalto y los días se vuelven insoportables. O incluso es posible que cambien de horario, o de parque y yo me quede sin este tiempo de paz que me da ver a este niño que es ahora como sería el mío.

                Intento empaparme de los detalles que me rodean, distraer al tiempo para que no me aplaste, pero es verdad que solo lo consigo cuando él está cerca. Ya no pienso en si la vida es justa o no, eso fue un debate que me arrasó durante los primeros meses. Ya no me empeño en rebelarme, en buscar culpables y respuestas, sino que he bajado los brazos; dejo que los sentimientos me aplasten y vivo sepultada bajo ellos.

                Ya no intento entender por qué sucedió.

Mi hijo, ese niño que se gestó en mis entrañas, no vivió. Ni siquiera un instante para saber qué se siente cuando el aire inunda tus pulmones. No lloró ni me quedó el recuerdo de su voz recién estrenada. No abrió los ojos para que pudiera ver de qué color eran. No pudo sentir mi calor, el de una madre que lo esperaba con el alma llena de un amor que ha estado meses perdido. La rabia, la angustia, la impotencia, el dolor… El profundo y violento dolor que me rasga por dentro, también rompió ese otro amor del que surgió mi hijo. No pudimos salvarnos de la tristeza y la casa se fue vaciando, dejando que el silencio se hiciera el dueño de todos los rincones poco a poco. Desaparecieron los colores, el mundo a mi alrededor se vistió de gris y negro, y ni siquiera era capaz de soportar el sonido de la música.

                Solo, pasado un tiempo, dejé que me acompañasen los libros.

                Cuando conseguía adentrarme en la historia que me contaban, la tristeza se hacía a un lado, permitiéndome una tregua. Ir a buscarlos a la biblioteca, recorrer las estanterías leyendo sinopsis, lograba distraer al dolor. Llevarlos bajo el brazo y sentarme en el parque a leer se convirtieron en pequeños gestos con los que fui dando pasos adelante. Cada libro leído, cada historia, decoraba durante un tiempo mis pensamientos. Me impedían recrear lo no vivido, proyectar en mi mente una película que jamás se había estrenado, pero que visionaba como si en algún momento hubiera sido real. Sentía con ellos que, poco a poco, me acercaba a la orilla, después de haber estado a la deriva en medio del océano.

De verdad pensé que estaba a punto de recuperarme cuando escuché su risa por primera vez, hace ya medio año.
              -Tiene nueve meses –le dijo su padre a la madre de otro bebé.
             -Se ve que es muy despierto y muy guapo –dijo ella, agachándose para aproximarse a la silla y hacerle una carantoña.
             -Empieza a decir algunas palabras y siempre sonríe –dijo él, orgulloso de su pequeño.
             -Debéis estar felices, es precioso.

          El comentario de cortesía de aquella desconocida, a la que no he vuelto a ver, trajo la respuesta del padre, que me devolvió al mar.
             -Sí, lo estoy, pero en singular. No tiene madre.

       Si el corazón pudiera salirse del pecho, si eso no fuera más que una manida expresión médicamente imposible, estoy segura de que en ese momento a mí me habría pasado. Mis latidos se acentuaron tanto que tuve que obligarme a inspirar varias veces para no perder el sentido. Incluso hube de sentarme en el banco que tenía más cerca, agarrándome con tanta fuerza al asiento que los dedos se pusieron blancos.

¿Por qué?

¿Por qué ese niño tendría que crecer sin el amor de su madre y yo, que había ido guardándolo toneladas para el mío, tenía que aprender a deshacerme de él?

¿Porque yo no tenía un niño al que dárselo y sí tantos sentimientos que me estaban haciendo mucho mal y él tendría que crecer con ese vacío?

Eran mis preguntas, esas que mi mente se había acostumbrado a hacerse, pero no creo que se correspondieran con la realidad, con lo que estaba sucediendo frente a mis ojos. A decir verdad ese bebé no parecía necesitar ese amor en absoluto. Se le veía feliz, sentado en su silla de paseo, arropado por una mantita azul y blanca, y enfundado en su diminuto abrigo. Sonreía hasta con la mirada. No, no parecía necesitar nada, pero yo seguía empeñada en que no era justo que la vida lo hubiera privado de algo tan importante como el amor de su madre.

Sus caricias.

Su olor.

Su tacto suave.

El sabor de sus besos y el calor de sus miradas.
           
        Me quedé absorta, observando a la pareja que hacían ese padre con su hijo. Memorice sus rasgos y una idea empezó a tomar forma. Estúpida. Absurda. Peligrosa para mí, pero  a veces el dolor te ciega, la soledad te araña tanto que le das crédito a cualquier cosa que la espante y la aparte de tu lado. Decidí que, desde ese momento, ese sería mi niño. Que proyectaría hacia él todo el amor que se había quedado sin dueño nueve meses atrás. Al menos durante una hora y media, todos los días, los colores volvieron a mi vida.


             Aunque nada de esto fuera verdad nada más que en mi mente.

lunes, 10 de agosto de 2015

UNA CHICA DE ASFALTO DE CARLA CRESPO



Sinopsis:

Claudia es una urbanita de libro, incapaz de vivir en un lugar sin tiendas, restaurantes y salones de peluquería y manicura, jamás sale de casa sin maquillar y en su armario no abundan los atuendos sencillos. Su trabajo como subdirectora de una sucursal bancaria le permite llevar esa vida hasta que la trasladan a una aldea perdida en los bosques de Navarra.

Arturo tiene un duro trabajo por delante en su esfuerzo por sanear las cuentas de la granja heredada de sus padres. Su caserío es grande y está acondicionado en dos viviendas individuales, por lo que decide alquilar una a la nueva empleada del banco sin saber la que se le viene encima. Claudia es demasiado parecida a otra mujer de asfalto que le rompió el corazón dos años atrás.

¿Serán capaces de no dejarse llevar por los prejuicios? ¿Querrá Claudia cambiar toda su vida por amor? ¿Sabrá Arturo escuchar a su corazón? Su felicidad dependerá de ellos, porque puede dártela quien menos te lo esperas.

Mis impresiones:

Tenía el libro de Carla Crespo entre mis pendientes desde que saliera a la venta, pero por una cosa o por otra lo iba dejando hasta que llegó mi amiga Alicia, con quien siempre coincido en lecturas de este género, y me preguntó si lo había leído. Le dije que aún no y ella me recomendó que no dejase pasar. Adelantó un montón de posiciones para ser leído.

La historia está contada en primera persona, bajo la perspectiva de dos narradores diferentes: Claudia y Arturo, los protagonistas de la novela. Claudia es una chica de ciudad, trabajadora de banca, que por una reestructuración en su empresa se ve obligada a dejar su Valencia natal para trasladarse a un pueblo de Navarra. La idea no le hace ninguna gracia, está segura de que echará de menos el calorcito de su tierra, las tiendas, el barullo urbano y todo lo que ha sido su vida hasta el momento. Incluso a Santi, un amigo con el que mantiene una relación sin compromiso. Sin embargo, no puede hacer otra cosa que aceptar el traslado.

Sin saber muy bien dónde se mete, llegará a ese pueblo donde conocerá a Arturo.

Arturo es un joven soltero que se dedica a las labores de granja. Tiene cierta tendencia a ir a todas partes vestido con un mono azul de faena muy poco limpio, pero eso no le resta atractivo. Al principio sabemos poco de él que se dedica a cuidar del ganado que heredó de sus padres, junto con el caserío, y que tiene problemas económicos. Es por ello por lo que decide alquilar la parte de arriba de la vivienda, esa que sus padres acondicionaron para él, pero que no ha llegado a usar. Y ahí es donde aparece Claudia en su vida.

El primer encuentro entre los dos no parece que vaya a llevarles a muy buen puerto, aunque sí es cierto que entre los dos hay una atracción irresistible.

El lenguaje de la novela es sencillo y directo, el hecho de que esté escrita en primera persona nos acerca a los pensamientos de los protagonistas y hace que los sintamos como alguien a quien pudiéramos conocer. Además, los secundarios de la novela están muy bien. El que más me ha divertido es el director de la pequeña sucursal bancaria en la que aterriza Claudia, un hombre que, lo que es trabajar, trabaja poco, y que le tiene cierto pánico a su controladora esposa. Ellos dos evolucionan a lo largo de la novela y nos van a dar alguna sorpresa.

Alicia llevaba razón, Una chica de asfalto es una novela que se disfruta, en la que te metes enseguida y te dejas llevar. Poco a poco vas conociéndolos a los dos, vas siendo testigo de la transformación de Claudia, quien se acaba enamorando de la tranquila vida rural y descubres el secreto de Arturo. Para los lectores de la novela romántica va a ser una historia fantástica, de las que dejan un buen sabor de boca.

Otra novela de Carla Crespo, que leí y reseñé hace tiempo, también te la recomiendo si no la has leído: No reclames al amor. Seguro que la disfrutas.

Por cierto, en OCTUBRE, Una chica de asfalto estará en papel en las librerías.

jueves, 6 de agosto de 2015

MUERTE SIN RESURRECCIÓN DE ROBERTO MARTÍNEZ GUZMÁN



Sinopsis:

 Una serie de asesinatos amenazan la tranquila ciudad de Ourense, sin aparentemente relación alguna entre ellos. Pero una señal de identidad de la asesina deja claro que se trata de la misma persona, Emma, una mujer sumamente inteligente con un plan elaborado y un motivo que la lleva a actuar de esa forma. Eva Santiago, inspectora de policía, es la encargada del caso. Así comienza una carrera contrarreloj para evitar más muertes. 

Antes de empezar:

Esta reseña, la revisaré antes de publicarla, pero su base lleva escrita más de un año. La redacté cuando leí la novela, para publicarla cuando considerase oportuno, pero se quedó en una intención que se frustró cuando mi anterior ordenador falleció el verano pasado, asesinado por una dueña que no lo apagaba jamás. Al revisar los archivos que rescataron de él la vi, pero, aunque he pensado muchas veces publicarla, al final siempre pasaba algo que hacía que decidiera posponerlo. Hoy ha llegado el día.

Mis impresiones:

No sé que esperaba encontrar cuando abrí Muerte sin resurrección. A finales de 2012, si no recuerdo mal, recibí un email del autor invitándome a participar en la lectura conjunta de la novela, pero rechacé el ofrecimiento. Había participado en algunas y la experiencia no me gustó, porque soy de las que abandonan libros o no hablan aquellos que no me convencen. Una lectura conjunta honesta me obligaría a decir si el libro me había llegado o no, buscar sus puntos fuertes y sus debilidades y, la verdad no me apetecía nada escribir sobre un libro que no me gustase. Y podía ocurrir.

Me olvidé del tema.

Meses después de esto el autor me escribió para preguntarme si había leído el libro y me faltó muy poco para mandarle a paseo. Me sorprendió tanto que consiguió... que lo descartase de mis siguientes lecturas. Si tenía alguna posibilidad de que lo leyera se la había cargado con su impaciencia.

No fue la última vez que me preguntó, aunque en medio hubo otras conversaciones, pero yo seguía en mis trece: si seguía preguntando yo seguiría sin abrir el libro, del que, por otro lado y como ya he dicho, no sabía nada. No me había enterado de que se había publicado por capítulos primero en Facebook y que esa era la razón por la que eran cortos, para poder ser leídos del tirón sin que decayera el interés. No tenía ni idea de que se habían vendido miles de ejemplares de la novela en Amazon, siendo uno de los libros autoeditados con mejores resultados en cuestión de ventas. Tampoco tenía constancia de que el autor tuviera cientos de miles de seguidores en las redes.

Yo, a mi aire.

¿Por qué la leí entonces? Porque dejó de preguntar.

Así de sencillo, así de tonto, así de normal. La leí porque un día la abrí y me apeteció. Sin imposiciones ni peticiones. Yo sola. Como leo todos los libros, decidiendo por mí misma. Como hago, en realidad, todo en la vida: cuando estoy convencida.

Me encontré con una historia que arrancaba fuerte: una mujer está confesándose en la iglesia de Santa María, en Vigo. Es Domingo de Ramos y el sacerdote le explica que no puede darle la absolución, de momento. Ella consigue que le prometa que estará una semana después en un lugar que ellos han pactado, pero que el lector desconoce. En el primer capítulo de ella solo sabremos que se llama Emma.

El misterio ya está servido, ya te ha enganchado y no queda más remedio que continuar leyendo.

¿Qué tiene de particular esta novela? Lo primero, que desde el principio sabemos quién es la asesina. Sabemos que ha trazado un plan y que está dispuesta a llevarlo a cabo, y durante la novela iremos viendo cómo, uno por día de esa trágica semana, ejecuta a cada una de sus víctimas. Visto así podría pensarse que la lectura no tiene mucho sentido. Si sabemos qué va a pasar, ¿por qué seguimos leyendo? Precisamente por eso, porque desconocemos, hasta el final, el porqué. Esa única pregunta es la que mantiene la intriga del lector y le arrastra por las páginas de la novela. Y la palabra arrastrar no es casual porque es un libro que se hace corto. Además de que es complicado dejar de leer, dada esa estructura en episodios cortos, la forma de escribir, sin artificio alguno, casi periodística, empuja al lector a seguir un poco más. Y así, poco a poco, van pasando los días de esa terrorífica semana en Ourense.

Ah, que eso no lo he dicho.

Otra de las características de esta novela es que transcurre en Ourense, un escenario poco habitual en las novelas (no me suena haber leído otra que suceda allí)* y que el autor decide quizá porque se trata de su ciudad y puede que quisiera hacerle un homenaje. O que la conoce muy bien, que también podría ser la razón, eso habría que preguntárselo a él.

Las palabras que me venían a la cabeza mientras leía este libro eran dos: rencor y venganza. Son las dos sensaciones que laten con fuerza en las motivaciones de Emma, y están muy bien plasmadas.

En el otro lado de la balanza, si decidimos que Emma encarna al mal de esta novela (que eso después lo hablamos), estaría la inspectora Eva Santiago, que es la encargada de investigar los crímenes. Es una mujer inteligente, pero, durante la fatídica Semana Santa en la que transcurre la historia, va siempre un paso por detrás de la asesina. No he sentido mucha empatía con este personaje, me ha parecido muy normal, pero también bastante fría. No sé qué esperaba, la verdad, quizá un poco más de sangre en las venas, algo de pasión en su vida, un poco de... sal. Es inteligente, resolutiva, analítica y hace bien su trabajo, pero lo tocante a su vida y la relación con su marido me ha parecido un poco floja. Quizá queriendo centrar todo en la investigación, el autor ha dejado de lado otras facetas que podrían haber enriquecido el personaje.

Una de las cosas interesantes de la investigación es que la autora de las muertes, Emma, quiere que la policía no tenga ninguna duda de que los asesinatos los está cometiendo la misma persona. Para ello deja su firma, una pelota de golf.

Al final de la historia, por sorprendente que parezca, no he sentido rechazo por la asesina. Averiguar su por qué, aunque no esté para nada de acuerdo con su manera de proceder, la vuelve más humana y más cercana, incluso aparece un punto de comprensión en el lector bastante inesperado.

Si tú eres todavía uno de los que no han leído esta novela, ya sabes, en Amazon.

*He leído después Café y cigarrillos para un funeral, del mismo autor, ambientada en la misma ciudad, pero no lo había hecho cuando redacté esta reseña.

El autor anuncia para antes de que acabe 2015 que estará disponible otra novela que tiene como protagonista a la inspectora Santiago, Siete libros para Eva. La leeré cuando sea.




martes, 4 de agosto de 2015

CUANDO NO ESCRIBO



No sé si es el calor, estas olas que nos arrasan unas tras otras, sin darnos más allá de veinticuatro horas de tregua.

No tengo ni idea de si se trata del cansancio acumulado por un año donde los problemas han venido como esas olas de calor, casi sin dejarte que te recuperases de uno para embarcarte en otro.

No sé si es porque el cuerpo a veces dice basta, descansa, aunque tu cabeza se empeñe en que no, en que tú eres perfectamente capaz de enfrentar lo que te echen.

Se me acumulan las dudas que suenan a excusa.

Apenas soy capaz de avanzar en lo escrito. Abro el archivo, reviso los últimos párrafos, como he hecho siempre, y cuando trato de seguir, a las dos líneas encuentro un escollo que se me antoja insalvable.

Y desisto.

Intento evadirme leyendo y al rato vuelvo, segura de que esta vez lograré subir esa cuesta arriba imaginaria que se me ha plantado delante. No puedo. Otra vez me bloqueo, otra vez me exijo palabras que se niegan a buscar la manera de salir de dentro y me enfado conmigo por haberme vuelto tan torpe.

"Para que una novela sea buena, antes de escribirla tiene que parecer algo imposible de escribir".

La frase de Virginia Woolf rebota en mi cabeza. ¿Acaso es que esa historia que me he propuesto es imposible? ¿Sé, de manera consciente, que si no me exijo a mí misma mucho, ni siquiera a mí me parecerá digna de ser leída? ¿He perdido la motivación? ¿No hay ganas? ¿Es miedo? ¿Me he quedado sin los revulsivos que tenía para cuando aparecía el temido vacío?

Las dudas aletean en mi mente y no me dejan tranquila. Mientras sofoco la lucha interna, las palabras se esconden en algún rincón inaccesible y me esquivan.

Sé que no es la primera vez, sé que ha habido otros momentos en los que fui incapaz de enfrentarme a una historia, pero siento que esta pesa mucho más que las anteriores. Dentro de mí se está formando un vacío, ese que rellenaban los personajes y sus historias, al que no logro buscar sustituto.

Es absurdo, lo sé, pero cuando no escribo, aunque viva rodeada de gente, me siento muy sola.

viernes, 31 de julio de 2015

HERIDO DIARIO DE DAVID MARTÍNEZ ÁLVAREZ (RAYDEN)




Sinopsis:

Los libros lo saben todo de quien los escribe, leerlos es igual que leerle la mano a su autor. Este, sin ir más lejos, sabe que Rayden es tan hábil con las palabras como un lanzador de cuchillos y que en su opinión la poesía consiste en que por ella no pase de largo lo que pasa en la calle; también nos recuerda que la ironía es la aristocracia del humor y que no hay destino comparable al de encontrar quien nos diga: "¡Qué triste es ser feliz/si no es contigo!" Sus versos buscan pelea y han elegido un bando: el tuyo. Puedes fiarte de ellos.

Benjamín Prado.

Nuestras impresiones:

¿He usado el plural? Sí, consciente de ello, de que esta reseña no va a estar hecha a dos manos, como siempre, sino a cuatro: las mías y las de Alex, mi hijo mayor. ¿Por qué? Pues porque el libro es suyo y ha sido su insistencia en que lo leyera la que me ha conducido a estas páginas. Y, ya que estábamos, le pregunté si quería escribir unas palabras para el libro y enseguida se animó.

Contaré cómo llegó el libro a casa.

El día 23 de abril es festivo en Castilla y León, así que, como no había mucho que hacer y Madrid está muy cerca, decidimos pasar la tarde allí, en familia. Aterrizamos en el centro y fue inevitable la visita a las librerías. Es algo que nos gusta a todos y, además, el ambiente era estupendo. Algunos autores presentaban sus libros en la calle, en la puerta de la librería de El Corte Inglés que está en Sol, había tenderetes en todas partes y mil ofertas tentadoras. En la puerta de La Casa del Libro, Alex me pidió que le comprase Herido Diario.

Me quedé mirando lo finito que es. Lo abrí y, para mi desconcierto, era poesía. ¿Qué le había pasado a mi hijo? ¿Se había dado un golpe en la cabeza o era que le día era soleado y le estaba afectando mucho? Alex tiene 15 años y no da el perfil de alguien interesado por la poesía (por novelas negras sí, pero esto no entraba en mi cabeza). Mira que siempre soy complaciente con los libros que me pide, o débil, pero el caso es que me pareció tan raro que le dije que dejase el libro y pensase en otro. Es igualito que su madre: no quería otro y volvió a casa con las manos vacías.

En junio, en una de mis visitas a la Feria del Libro, Alex, que no pudo acompañarme, volvió a hacerme la misma petición. El mismo libro. Habían pasado un par de meses y él seguía insistiendo, así que esta vez claudiqué. Se suponía que el autor estaba ese día firmando, pero yo no fui capaz de encontrarlo. En cambio, el libro, no me costó nada. Recuerdo de ese día que, charlando con Víctor del Árbol, me preguntó qué libros me había comprado en la Feria y le comenté que, de momento, para mí no había nada, que había comprado para mis hijos (y algún regalo también). Al decirle que Alex había pedido uno de poesía se sorprendió tanto como lo hiciera yo.

Si ya digo yo que no es lo más frecuente.

Al día siguiente de dárselo ya lo había leído. Lo ha releído varias veces más. Hay quien dice que este no puede considerarse un libro de poesía, que es muy adolescente, pero para mí ese es precisamente su valor, el estar escrito tan sencillo que logra empatizar con un momento tan complicado de la vida. Y lo que ya hace que se gane todos mis respetos y admiración: haber logrado que se interesen por la poesía. Después de esto, Alex ha ido descubriendo a Quevedo. ¿No es esto ya, en sí mismo, un maravilloso aporte del libro?

Estoy un poquito harta de la gente que menosprecia la literatura juvenil.

La reseña la ha preparado él.

David Martínez Álvarez (Rayden), divide este libro de 122 páginas en cuatro partes que se corresponden con las cuatro estaciones, empezando por el Otoño. Cada estación arranca con un microrrelato que agrupa los temas de los poemas que vienen después. Para mí, el mejor de los relatos es Nunca y Siempre, sobre todo la frase final:

"Y es que... si siempre te dices nunca, nunca será siempre".

Me gusta también la introducción del libro:

"Esta es la historia de alguien como tú, como yo. La historia de quien conoce incendios en el pecho izquierdo y sabe que la saliva, a veces, parece gasolina capaz de saltar todo por los aires; que ha sentido los arañazos contra las costillas de su corazón dolido y pide tregua. Alguien que prefirió sentir en la piel aunque eso conllevase condenarse a las cicatrices, que buscaba las directrices para poder entender la vida. Alguien que se negó a dejarse amordazar cada vez que le lloraban los ojos al ver algunas injusticias en la calle, alguien que buscaba un verso que pudiera llevar el nombre de poesía". Loreto Sesma.

El autor, conocido en el mundo de la música como Rayden es un cantante de rap de Alcalá de Henares. Es alguien muy hábil con las palabras y no solo escribiendo canciones de rap o poemas, también ganó en 2006 la final internacional de la Red Bull Batalla de Gallos.

(Inciso mío: Hijo, ¿qué es eso de Batallas de Gallos? ¡Mamá! ¡Rap improvisado! Vale, vale...)

Con esto quiero decir que creo que es una de esas personas que nacen con un don especial para hacer algo difícil y que parezca sencillo.

Al tachar su nombre artístico de la portada del libro creo que pretende dos cosas. La primera, que sus fans sepan que es suyo, porque estoy seguro de que muchos no sabían ni que se llama David, y lo segundo, distanciarlo un poco de su carrera de músico, porque creo que este libro es bastante personal.

Leyendo por poemas sorprende mucho cómo utiliza el humor y las figuras literarias. Encontramos, por ejemplo, muchas antítesis en Lucha de contrarios y muchas metáforas muy ingeniosas, con las que a mí me recuerda a Quevedo.

Algunos de los poemas que me han gustado han sido La vendedora de cerillas, La pelota de papel albal o Leyes del silencio:

"El silencio
es el único lenguaje universal:
un lenguaje que todos hablamos de oídas,
porque no hay verso
que le haga justicia
porque no hay lengua
que lo describa"

Acaba el libro con un poema que se titula "Carta a mi yo de ayer":

"Que no hay imposibles, solo improbables
para que cobardes 
no se atrevan, presos por el miedo.
No dejes que nadie te diga
que no hagas esto o aquello
que no sirves ni que vales
porque vales más que ellos"


El libro lo tiene hecho una pena para llevar solo un par de meses en casa, señal de que lo ha manoseado y releído. Me arrepiento un poco por no haber confiado en él ese día del libro, cuando me lo pidió por primera vez, por no haber sido consciente de que Alex sabe lo que quiere y no pide las cosas por pedirlas.

Yo he visto el libro con menos entusiasmo que él, pero quizá es por haber superado ya determinadas etapas de la vida y ver las cosas con otra perspectiva. Sin embargo, aún hay frases con las que estoy muy de acuerdo y eso le doy el valor que decía antes, el de haberle despertado el gusto por la poesía. Supongo que no ha sido al único porque, en la edición que tenemos pone que ya llevaba vendidos más de 9.000 ejemplares. Los que nos dedicamos a esto sabemos que eso no es moco de pavo.

(Otro inciso: Por cierto, Alex, ¿te gusta el rap? Es que como siempre estás con los auriculares puestos hace mucho que no escucho tu música. ¡Mamá! Lo de tu memoria es grave ya.)

***

Oh!!!!!!!! Soy tonta!!!!!!!!! Mientras releíamos juntos la reseña, antes de publicarla, Alex me ha contado que el último cumpleaños me envió un audio que me emocionó muchísimo, una canción de Rayden: Mi primera palabra. No me acuerdo de cómo se hace eso de poner un vídeo, pero si sois madres, escuchad esta canción y ya me diréis. A mí se me escaparon unos lagrimones como ciruelas. 

jueves, 30 de julio de 2015

LA LUZ QUE NO PUEDES VER DE ANTHONY DOERR




Sinopsis:


Premio Pulitzer de Ficción 2015

Un corazón puro puede brillar aun en la noche más oscura.
Y en el más terrible de los tiempos.

Marie-Laure vive con su padre en París, cerca del Museo de Historia Natural, donde él trabaja como responsable de sus mil cerraduras. Cuando, siendo muy niña, Marie-Laure se queda ciega, su padre le construye una perfecta miniatura de su barrio para que pueda memorizarla gracias al tacto y encontrar el camino a casa. A sus doce años, los nazis ocupan París y padre e hija tienen que huir a la ciudad amurallada de Saint-Malo. Con ellos se llevan la que podría ser la más preciada y peligrosa joya del museo.

En una ciudad minera de Alemania, el joven huérfano Werner crece junto a su hermana pequeña, cautivado por una rudimentaria radio que ambos encuentran. Werner se convierte en un experto en construir y reparar estos aparatos cruciales para los nuevos tiempos, un talento que no pasa desapercibido a las Juventudes Hitlerianas.

Siguiendo al ejército alemán, Werner deberá atravesar el corazón en guerra de Europa. Hasta que en la última noche antes de la liberación de Saint-Malo los caminos de Werner y Marie-Laure por fin se crucen. Y sus vidas cambien para siempre.


Mis impresiones:

Compré esta novela en Círculo de Lectores. En casa tenemos turnos, a veces toca que sean mis hijos los que piden algo en la revista y otras es a mí a quien corresponde ese privilegio. Después de echar un vistazo me decanté por esta novela, de la que había visto algún comentario positivo en las redes. Me pareció interesante la sinopsis y la encargué.

¡Casi me da algo cuando me la trajeron!

Últimamente me está costando muchísimo leer libros largos y, como no miré en la revista, se me pasó por alto que este tiene más de seiscientas páginas. Ahí me tenías, mirando el libro con pereza, preguntándome si sería capaz ni siquiera de abrirlo con la vaguería que me inunda con este calor veraniego.

Sin embargo, unos malos días personales, la necesidad de escapar un poco a través de la lectura y el haber leído las primeras páginas hizo que se me olvidasen todos los temores. De hecho lo terminé en menos de una semana, y eso que hubo algún día en el que no pude leer apenas. Lo que me atrapó fue la prosa de la que hace gala Anthony Doerr. Sin llegar a ser recargada, está llena de musicalidad, con una cadencia suave por la que te dejas llevar. Además, los dos niños protagonistas enseguida despertaron mi interés y mi empatía.

Marie-Laure, sin vista, es capaz de "ver" más allá que el resto de las personas. Su mundo de oscuridad, ese en el que la tiene sumida la ceguera, como lector se percibe lleno de luz, de colores y de matices. Sabemos cómo pierde la vista y cómo su padre, el responsable de las cerraduras del Museo Natural de París, talla para ella cajas de intrincadas formas, con compartimentos secretos que ella debe descubrir en cada cumpleaños, porque guardan un regalo, que a veces no es más que un chocolate. La sencilla vida entre ese padre solo y su hija ciega, el amor de ambos, el esfuerzo que hace él para que Marie-Laure sepa algún día valerse por sí misma, construyendo maquetas de la ciudad para que se aprenda todos sus recovecos, se ve frustrado cuando estalla la guerra y se ven obligados a salir de París por la Guerra. Acabarán en Saint Malo, en casa de un tío abuelo.




Werner vive en Alemania junto a su hermana, en un orfanato al lado de la mina en la que perdió la vida su padre. Está al cuidado de una francesa bonachona que le habla de los paisajes de su infancia y les cuenta historias en francés, por lo que acaban entendiendo el idioma. Es un niño despierto, apasionado por aprender y por arreglar todo aquello que caiga en sus manos. Un día será una radio que desmontará hasta encontrar la manera de hacerla funcionar. La radio le traerá las palabras de un francés también apasionado por la ciencia, a quien escuchará con devoción con su hermana pequeña. Pronto todo el mundo sabrá de su habilidad arreglando radios y eso le hará acabar formando parte de las Juventudes Hitlerianas. Werner solo quiere aprender, pero ha nacido en un momento poco oportuno, así que lo que le va a tocar vivir está muy lejos de lo que soñaba.

Una cosa que llama la atención, al menos a mí, es que los personajes tardan mucho en encontrarse en la novela y es muy poco el tiempo que coinciden, pero tienen la sensación de que se conocen desde siempre porque hay un vínculo entre ellos muy potente: la radio. Esa misma sensación, Anthony Doerr la ha sabido transmitir al lector.

La novela, narrada en presente, está armada en capítulos cortos que no siguen una secuencia cronológica. A veces da saltos al pasado, en los que vamos conociendo muy bien, no solo a los dos niños protagonistas, sino a la multitud de personajes de la novela, todos ellos muy ricos y llenos de matices. La trama principal, el presente de la novela, coincide con el bombardeo de Saint Malo, que destruye casi por completo la hermosa ciudad amurallada. Werner queda sepultado en el sótano de un hotel y Marie-Laure sola en la casa familiar, que milagrosamente queda intacta. No ha podido salir, no sabe que en las octavillas que han llovido del cielo ponía que debía abandonar la casa porque ella no las puede ver. Ese hilo argumental el autor lo interrumpe con fragmentos del pasado de los niños, lo que les ha ido llevando hasta ahí, y en medio nos cuenta la leyenda de un diamante embrujado que tiene una importancia capital en la historia.

De todo el libro, lo único que no me ha convencido es el final, quizá porque no es tranquilizador. Pensándolo bien, habla de la guerra y esta, en ningún momento, lo es. Pero supongo que no a todo el mundo le tiene que pasar esto, que habrá quienes lo consideren perfecto y no creo que eso reste nada a lo que me ha gustado el libro, que ha sido mucho.

No conocía al autor, pero estaré atenta porque me ha gustado muchísimo cómo escribe.