martes, 4 de agosto de 2015

CUANDO NO ESCRIBO



No sé si es el calor, estas olas que nos arrasan unas tras otras, sin darnos más allá de veinticuatro horas de tregua.

No tengo ni idea de si se trata del cansancio acumulado por un año donde los problemas han venido como esas olas de calor, casi sin dejarte que te recuperases de uno para embarcarte en otro.

No sé si es porque el cuerpo a veces dice basta, descansa, aunque tu cabeza se empeñe en que no, en que tú eres perfectamente capaz de enfrentar lo que te echen.

Se me acumulan las dudas que suenan a excusa.

Apenas soy capaz de avanzar en lo escrito. Abro el archivo, reviso los últimos párrafos, como he hecho siempre, y cuando trato de seguir, a las dos líneas encuentro un escollo que se me antoja insalvable.

Y desisto.

Intento evadirme leyendo y al rato vuelvo, segura de que esta vez lograré subir esa cuesta arriba imaginaria que se me ha plantado delante. No puedo. Otra vez me bloqueo, otra vez me exijo palabras que se niegan a buscar la manera de salir de dentro y me enfado conmigo por haberme vuelto tan torpe.

"Para que una novela sea buena, antes de escribirla tiene que parecer algo imposible de escribir".

La frase de Virginia Woolf rebota en mi cabeza. ¿Acaso es que esa historia que me he propuesto es imposible? ¿Sé, de manera consciente, que si no me exijo a mí misma mucho, ni siquiera a mí me parecerá digna de ser leída? ¿He perdido la motivación? ¿No hay ganas? ¿Es miedo? ¿Me he quedado sin los revulsivos que tenía para cuando aparecía el temido vacío?

Las dudas aletean en mi mente y no me dejan tranquila. Mientras sofoco la lucha interna, las palabras se esconden en algún rincón inaccesible y me esquivan.

Sé que no es la primera vez, sé que ha habido otros momentos en los que fui incapaz de enfrentarme a una historia, pero siento que esta pesa mucho más que las anteriores. Dentro de mí se está formando un vacío, ese que rellenaban los personajes y sus historias, al que no logro buscar sustituto.

Es absurdo, lo sé, pero cuando no escribo, aunque viva rodeada de gente, me siento muy sola.

viernes, 31 de julio de 2015

HERIDO DIARIO DE DAVID MARTÍNEZ ÁLVAREZ (RAYDEN)




Sinopsis:

Los libros lo saben todo de quien los escribe, leerlos es igual que leerle la mano a su autor. Este, sin ir más lejos, sabe que Rayden es tan hábil con las palabras como un lanzador de cuchillos y que en su opinión la poesía consiste en que por ella no pase de largo lo que pasa en la calle; también nos recuerda que la ironía es la aristocracia del humor y que no hay destino comparable al de encontrar quien nos diga: "¡Qué triste es ser feliz/si no es contigo!" Sus versos buscan pelea y han elegido un bando: el tuyo. Puedes fiarte de ellos.

Benjamín Prado.

Nuestras impresiones:

¿He usado el plural? Sí, consciente de ello, de que esta reseña no va a estar hecha a dos manos, como siempre, sino a cuatro: las mías y las de Alex, mi hijo mayor. ¿Por qué? Pues porque el libro es suyo y ha sido su insistencia en que lo leyera la que me ha conducido a estas páginas. Y, ya que estábamos, le pregunté si quería escribir unas palabras para el libro y enseguida se animó.

Contaré cómo llegó el libro a casa.

El día 23 de abril es festivo en Castilla y León, así que, como no había mucho que hacer y Madrid está muy cerca, decidimos pasar la tarde allí, en familia. Aterrizamos en el centro y fue inevitable la visita a las librerías. Es algo que nos gusta a todos y, además, el ambiente era estupendo. Algunos autores presentaban sus libros en la calle, en la puerta de la librería de El Corte Inglés que está en Sol, había tenderetes en todas partes y mil ofertas tentadoras. En la puerta de La Casa del Libro, Alex me pidió que le comprase Herido Diario.

Me quedé mirando lo finito que es. Lo abrí y, para mi desconcierto, era poesía. ¿Qué le había pasado a mi hijo? ¿Se había dado un golpe en la cabeza o era que le día era soleado y le estaba afectando mucho? Alex tiene 15 años y no da el perfil de alguien interesado por la poesía (por novelas negras sí, pero esto no entraba en mi cabeza). Mira que siempre soy complaciente con los libros que me pide, o débil, pero el caso es que me pareció tan raro que le dije que dejase el libro y pensase en otro. Es igualito que su madre: no quería otro y volvió a casa con las manos vacías.

En junio, en una de mis visitas a la Feria del Libro, Alex, que no pudo acompañarme, volvió a hacerme la misma petición. El mismo libro. Habían pasado un par de meses y él seguía insistiendo, así que esta vez claudiqué. Se suponía que el autor estaba ese día firmando, pero yo no fui capaz de encontrarlo. En cambio, el libro, no me costó nada. Recuerdo de ese día que, charlando con Víctor del Árbol, me preguntó qué libros me había comprado en la Feria y le comenté que, de momento, para mí no había nada, que había comprado para mis hijos (y algún regalo también). Al decirle que Alex había pedido uno de poesía se sorprendió tanto como lo hiciera yo.

Si ya digo yo que no es lo más frecuente.

Al día siguiente de dárselo ya lo había leído. Lo ha releído varias veces más. Hay quien dice que este no puede considerarse un libro de poesía, que es muy adolescente, pero para mí ese es precisamente su valor, el estar escrito tan sencillo que logra empatizar con un momento tan complicado de la vida. Y lo que ya hace que se gane todos mis respetos y admiración: haber logrado que se interesen por la poesía. Después de esto, Alex ha ido descubriendo a Quevedo. ¿No es esto ya, en sí mismo, un maravilloso aporte del libro?

Estoy un poquito harta de la gente que menosprecia la literatura juvenil.

La reseña la ha preparado él.

David Martínez Álvarez (Rayden), divide este libro de 122 páginas en cuatro partes que se corresponden con las cuatro estaciones, empezando por el Otoño. Cada estación arranca con un microrrelato que agrupa los temas de los poemas que vienen después. Para mí, el mejor de los relatos es Nunca y Siempre, sobre todo la frase final:

"Y es que... si siempre te dices nunca, nunca será siempre".

Me gusta también la introducción del libro:

"Esta es la historia de alguien como tú, como yo. La historia de quien conoce incendios en el pecho izquierdo y sabe que la saliva, a veces, parece gasolina capaz de saltar todo por los aires; que ha sentido los arañazos contra las costillas de su corazón dolido y pide tregua. Alguien que prefirió sentir en la piel aunque eso conllevase condenarse a las cicatrices, que buscaba las directrices para poder entender la vida. Alguien que se negó a dejarse amordazar cada vez que le lloraban los ojos al ver algunas injusticias en la calle, alguien que buscaba un verso que pudiera llevar el nombre de poesía". Loreto Sesma.

El autor, conocido en el mundo de la música como Rayden es un cantante de rap de Alcalá de Henares. Es alguien muy hábil con las palabras y no solo escribiendo canciones de rap o poemas, también ganó en 2006 la final internacional de la Red Bull Batalla de Gallos.

(Inciso mío: Hijo, ¿qué es eso de Batallas de Gallos? ¡Mamá! ¡Rap improvisado! Vale, vale...)

Con esto quiero decir que creo que es una de esas personas que nacen con un don especial para hacer algo difícil y que parezca sencillo.

Al tachar su nombre artístico de la portada del libro creo que pretende dos cosas. La primera, que sus fans sepan que es suyo, porque estoy seguro de que muchos no sabían ni que se llama David, y lo segundo, distanciarlo un poco de su carrera de músico, porque creo que este libro es bastante personal.

Leyendo por poemas sorprende mucho cómo utiliza el humor y las figuras literarias. Encontramos, por ejemplo, muchas antítesis en Lucha de contrarios y muchas metáforas muy ingeniosas, con las que a mí me recuerda a Quevedo.

Algunos de los poemas que me han gustado han sido La vendedora de cerillas, La pelota de papel albal o Leyes del silencio:

"El silencio
es el único lenguaje universal:
un lenguaje que todos hablamos de oídas,
porque no hay verso
que le haga justicia
porque no hay lengua
que lo describa"

Acaba el libro con un poema que se titula "Carta a mi yo de ayer":

"Que no hay imposibles, solo improbables
para que cobardes 
no se atrevan, presos por el miedo.
No dejes que nadie te diga
que no hagas esto o aquello
que no sirves ni que vales
porque vales más que ellos"


El libro lo tiene hecho una pena para llevar solo un par de meses en casa, señal de que lo ha manoseado y releído. Me arrepiento un poco por no haber confiado en él ese día del libro, cuando me lo pidió por primera vez, por no haber sido consciente de que Alex sabe lo que quiere y no pide las cosas por pedirlas.

Yo he visto el libro con menos entusiasmo que él, pero quizá es por haber superado ya determinadas etapas de la vida y ver las cosas con otra perspectiva. Sin embargo, aún hay frases con las que estoy muy de acuerdo y eso le doy el valor que decía antes, el de haberle despertado el gusto por la poesía. Supongo que no ha sido al único porque, en la edición que tenemos pone que ya llevaba vendidos más de 9.000 ejemplares. Los que nos dedicamos a esto sabemos que eso no es moco de pavo.

(Otro inciso: Por cierto, Alex, ¿te gusta el rap? Es que como siempre estás con los auriculares puestos hace mucho que no escucho tu música. ¡Mamá! Lo de tu memoria es grave ya.)

***

Oh!!!!!!!! Soy tonta!!!!!!!!! Mientras releíamos juntos la reseña, antes de publicarla, Alex me ha contado que el último cumpleaños me envió un audio que me emocionó muchísimo, una canción de Rayden: Mi primera palabra. No me acuerdo de cómo se hace eso de poner un vídeo, pero si sois madres, escuchad esta canción y ya me diréis. A mí se me escaparon unos lagrimones como ciruelas. 

jueves, 30 de julio de 2015

LA LUZ QUE NO PUEDES VER DE ANTHONY DOERR




Sinopsis:


Premio Pulitzer de Ficción 2015

Un corazón puro puede brillar aun en la noche más oscura.
Y en el más terrible de los tiempos.

Marie-Laure vive con su padre en París, cerca del Museo de Historia Natural, donde él trabaja como responsable de sus mil cerraduras. Cuando, siendo muy niña, Marie-Laure se queda ciega, su padre le construye una perfecta miniatura de su barrio para que pueda memorizarla gracias al tacto y encontrar el camino a casa. A sus doce años, los nazis ocupan París y padre e hija tienen que huir a la ciudad amurallada de Saint-Malo. Con ellos se llevan la que podría ser la más preciada y peligrosa joya del museo.

En una ciudad minera de Alemania, el joven huérfano Werner crece junto a su hermana pequeña, cautivado por una rudimentaria radio que ambos encuentran. Werner se convierte en un experto en construir y reparar estos aparatos cruciales para los nuevos tiempos, un talento que no pasa desapercibido a las Juventudes Hitlerianas.

Siguiendo al ejército alemán, Werner deberá atravesar el corazón en guerra de Europa. Hasta que en la última noche antes de la liberación de Saint-Malo los caminos de Werner y Marie-Laure por fin se crucen. Y sus vidas cambien para siempre.


Mis impresiones:

Compré esta novela en Círculo de Lectores. En casa tenemos turnos, a veces toca que sean mis hijos los que piden algo en la revista y otras es a mí a quien corresponde ese privilegio. Después de echar un vistazo me decanté por esta novela, de la que había visto algún comentario positivo en las redes. Me pareció interesante la sinopsis y la encargué.

¡Casi me da algo cuando me la trajeron!

Últimamente me está costando muchísimo leer libros largos y, como no miré en la revista, se me pasó por alto que este tiene más de seiscientas páginas. Ahí me tenías, mirando el libro con pereza, preguntándome si sería capaz ni siquiera de abrirlo con la vaguería que me inunda con este calor veraniego.

Sin embargo, unos malos días personales, la necesidad de escapar un poco a través de la lectura y el haber leído las primeras páginas hizo que se me olvidasen todos los temores. De hecho lo terminé en menos de una semana, y eso que hubo algún día en el que no pude leer apenas. Lo que me atrapó fue la prosa de la que hace gala Anthony Doerr. Sin llegar a ser recargada, está llena de musicalidad, con una cadencia suave por la que te dejas llevar. Además, los dos niños protagonistas enseguida despertaron mi interés y mi empatía.

Marie-Laure, sin vista, es capaz de "ver" más allá que el resto de las personas. Su mundo de oscuridad, ese en el que la tiene sumida la ceguera, como lector se percibe lleno de luz, de colores y de matices. Sabemos cómo pierde la vista y cómo su padre, el responsable de las cerraduras del Museo Natural de París, talla para ella cajas de intrincadas formas, con compartimentos secretos que ella debe descubrir en cada cumpleaños, porque guardan un regalo, que a veces no es más que un chocolate. La sencilla vida entre ese padre solo y su hija ciega, el amor de ambos, el esfuerzo que hace él para que Marie-Laure sepa algún día valerse por sí misma, construyendo maquetas de la ciudad para que se aprenda todos sus recovecos, se ve frustrado cuando estalla la guerra y se ven obligados a salir de París por la Guerra. Acabarán en Saint Malo, en casa de un tío abuelo.




Werner vive en Alemania junto a su hermana, en un orfanato al lado de la mina en la que perdió la vida su padre. Está al cuidado de una francesa bonachona que le habla de los paisajes de su infancia y les cuenta historias en francés, por lo que acaban entendiendo el idioma. Es un niño despierto, apasionado por aprender y por arreglar todo aquello que caiga en sus manos. Un día será una radio que desmontará hasta encontrar la manera de hacerla funcionar. La radio le traerá las palabras de un francés también apasionado por la ciencia, a quien escuchará con devoción con su hermana pequeña. Pronto todo el mundo sabrá de su habilidad arreglando radios y eso le hará acabar formando parte de las Juventudes Hitlerianas. Werner solo quiere aprender, pero ha nacido en un momento poco oportuno, así que lo que le va a tocar vivir está muy lejos de lo que soñaba.

Una cosa que llama la atención, al menos a mí, es que los personajes tardan mucho en encontrarse en la novela y es muy poco el tiempo que coinciden, pero tienen la sensación de que se conocen desde siempre porque hay un vínculo entre ellos muy potente: la radio. Esa misma sensación, Anthony Doerr la ha sabido transmitir al lector.

La novela, narrada en presente, está armada en capítulos cortos que no siguen una secuencia cronológica. A veces da saltos al pasado, en los que vamos conociendo muy bien, no solo a los dos niños protagonistas, sino a la multitud de personajes de la novela, todos ellos muy ricos y llenos de matices. La trama principal, el presente de la novela, coincide con el bombardeo de Saint Malo, que destruye casi por completo la hermosa ciudad amurallada. Werner queda sepultado en el sótano de un hotel y Marie-Laure sola en la casa familiar, que milagrosamente queda intacta. No ha podido salir, no sabe que en las octavillas que han llovido del cielo ponía que debía abandonar la casa porque ella no las puede ver. Ese hilo argumental el autor lo interrumpe con fragmentos del pasado de los niños, lo que les ha ido llevando hasta ahí, y en medio nos cuenta la leyenda de un diamante embrujado que tiene una importancia capital en la historia.

De todo el libro, lo único que no me ha convencido es el final, quizá porque no es tranquilizador. Pensándolo bien, habla de la guerra y esta, en ningún momento, lo es. Pero supongo que no a todo el mundo le tiene que pasar esto, que habrá quienes lo consideren perfecto y no creo que eso reste nada a lo que me ha gustado el libro, que ha sido mucho.

No conocía al autor, pero estaré atenta porque me ha gustado muchísimo cómo escribe.


miércoles, 29 de julio de 2015

EXPERIMENTO 1

Como conté en la entrada anterior, aquí esta el texto surgido del experimento de imitación. No he pensado ningún título y, aunque continúa unas cuantas páginas, no está terminado, ni creo que lo termine.





Intuyo que lo que siento es muy parecido a estar enamorada. Mi corazón se alborota cuando, mirando al cielo, él suelta sus carcajadas incitadoras, esas que empujan mis labios y hacen que se curven en una sonrisa. El tiempo, mientras lo miro, pierde la dimensión cotidiana y se comprime. Tanto que muchos días maldigo los minutos que vuelan sin que apenas me dé cuenta.

                Qué distinto al resto de las horas, lentas en su transcurrir, vacías de esta felicidad inmensa que siento al mirarlo.

Esta tarde observo desde mi banco, embobada, sus pasos por el parque. Cada vez se mueve más seguro y eso que camina solo desde hace poco más de un mes. Sus piernas aún no están fuertes para sostenerlo y es raro que no se caiga varias veces, pero enseguida se levanta y no le he escuchado quejarse ni una vez, ni perder la sonrisa traviesa que siempre adorna su rostro. Todavía no ha crecido lo suficiente como para haber perdido el instinto, ese que nos enseña que a caerse siempre debe seguir levantarse y continuar. Lo sabe por lo chiquito que es, porque aún no ha tenido tiempo de que este mundo lo confunda con sus estúpidas reglas de comportamiento.

                Mi niño tiene quince meses.

           Tiene el pelo castaño con unas graciosas ondas que le caen por encima de sus diminutas orejas. En lugar de nariz parece que le hubieran cosido un gracioso botón bajo esos dos enormes ojos negros de largas pestañas. Sus manos regordetas se mantienen siempre ocupadas. Cuando no es con la pala roja, con la que traslada de un lado a otro la arena del parque, lleva muñecos pequeñitos, que me dan terror porque pienso que acabará con uno en la boca, atragantándose. No le quito ojo de encima las tardes que alguno se cuela en sus bolsillos y le acompaña hasta este lugar de juegos. Por ahora no se le ha ocurrido metérselos en la boca, pero quién sabe. Los niños pequeños necesitan experimentar y él es curioso y despierto.

                Cada tarde traigo un libro que tomo prestado de la biblioteca. Finjo que leo con interés, pero apenas me muevo de la página donde por las noches, en casa, dejo el punto de lectura. Los libros me apasionan, hasta hace muy poco creo que eran lo único que conseguía atraer mi atención, pero ni siquiera los de aventuras o las novelas policiacas llenas de misterio son tan emocionantes como observar cada progreso de mi niño. Podría parecer que sus gestos se repiten, pero no es así. Día a día crece un poco más o aprende palabras nuevas, y sería un auténtico desperdicio perdérmelo por estar enfrascada en algo que puede esperar.

                Él no.

           Él está descubriendo el mundo y haciendo que yo lo redescubra a través de sus ojos. Ninguna palabra escrita es tan bonita como ha sido escucharlo intentando decir tortuga. Tutuya, tutuya… iba gritando, pala en mano, cuando ha venido hacia a mí y me ha puesto la tortuga de plástico rebozada en arena en las manos. Algunos granitos se han colado entre las páginas del libro y a mí, que soy tan maniática con cuidarlos, me ha parecido polvo de hadas.
                -Es preciosa tu tortuga –le he dicho muy seria-. ¿Cómo se llama?
                Me ha mirado a los ojos, tomándose un tiempo para darme una respuesta con su lengua de trapo que aún no sabe moverse bien por la boca. Seguro que ni siquiera había pensado que a las tortugas de plástico se les puede poner un nombre.
                -Tutuya. –Y a la palabra ha seguido una sonrisa que ha fulminado todas las sombras que a menudo me acompañan.
                -¿Se llama Tutuya? Encantada de conocerla, señora Tutuya. Mucho gusto.

                Se lo he dicho a la pequeña tortuga, mirándola a los ojos, como si pudiera entenderme y fuera una presentación formal en toda regla. Casi esperando a que la señora Tutuya me contestase con la misma seriedad. Después de unos segundos he puesto la tortuga en la mano de mi niño, le he sonreído y se ha marchado de nuevo a la arena, donde ha hecho un pequeño agujero con la pala y ha enterrado a la señora Tutuya.

                El resto de la tarde lo ha pasado en el arenero, hasta que su padre le ha sacudido los restos de tierra, le ha dado un sonoro beso en la mejilla y se lo ha llevado cargado al hombro, dejando a su paso una cascada de risas. Me he quedado allí hasta que han girado en la esquina, hasta que ya no quedaba un solo segundo que exprimirle a este momento.

                Entonces, como si toda la felicidad los hubiera seguido como una brillante estela a ellos, me he levantado yo. Cansada. Triste. Pensando que queda casi un día entero para volverlo a ver.

                Mi niño no es mi niño.

                Es solo un niño sin madre.

                Y yo soy una madre sin niño.


Mayte Esteban
julio, 2015

martes, 28 de julio de 2015

EXPERIMENTANDO

Hace unos meses, pensando en uno de los personajes que estoy construyendo, se me ocurrió probar a ver si yo podía imitar la manera de escribir de otra persona. Descubrí que es mucho más sencillo de lo que parece: solo hay que observar la manera de construir las frases, la colocación de los adjetivos, la cantidad de veces que emplea la enumeración en una oración o si en su discurso predominan las oraciones copulativas o las predicativas. Si prefiere oraciones simples o compuestas. Si hace pausas para remarcar alguna idea que quiera dejar clara. Si odia los adverbios o tiene querencia por alguno en especial.



Durante una semana jugué con eso y con otro aspecto, porque la narración está llena de matices: el tono. En ese libro que tenía en mis manos, el que pretendía "imitar" era dramático y melancólico, y de eso eran responsables las frases. No eran disparos, eran más bien secuencias largas de palabras, divididas por comas o punto y coma, que, junto a la elección de un vocabulario evocador, agregaban emotividad al texto. A ello se le sumaba un tema triste, una pérdida de las que duelen de manera universal.

Me puse a escribir.

Durante una semana lo hice a diario, hasta que me di cuenta de que, aunque pueda hacerlo, en realidad yo no quería contar esa historia y tampoco de ese modo. Que, desde la distancia, aunque lo hubiera escrito yo, ese texto no era mío. Le faltaban mis matices. Mis frases cortas. La ironía que muchas veces empleo. El sentido del humor y la crítica que a veces no son más que media docena de palabras que dejo caer como si nada, pero que están diciendo mucho más de lo que en apariencia se ve. Entre esas palabras faltaba su autora, no eran más que una imitación barata de cómo escribe otra persona. Mi voz se había modulado para parecer la suya, pero prefiero que se escuche la mía, aunque sea mucho peor.

Dividí ese texto en fragmentos.

Había pensado deshacerme de ellos, pero mañana publicaré la primera parte del experimento. No he puesto título, tengo que pensar en cómo llamarlo de aquí a mañana. De momento va ganando EXPERIMENTO 1. 

viernes, 24 de julio de 2015

LA CHICA DE LAS FOTOS TOP EN ITUNES

El otro día me encontraba con la noticia de que mi última novela publicada, La chica de las fotos, había sido la más vendida de la editorial a la que pertece (Harlequin-HarperCollins Ibérica) en dos plataformas digitales, Amazon y Fnac, y la tercera en Casa del Libro. Bueno, pues esta semana puedo decir que también lo es en la tienda de ebooks de iTunes España. Y no solo eso, además es la tercera novela más descargada del top general y la segunda en romántica, justo detrás de la última entrega de Grey.




Cuando presenté la novela al concurso no pensaba, ni por asomo, llegar a la final. Simplemente quería darle una oportunidad a un texto en el que llevaba trabajando desde 2011, y si no salía nada de ahí, que era lo más probable, volverlo a meter al cajón de las historias pendientes. Enterarme que había sido finalista fue una enorme sorpresa que me emocionó, porque además llegó en unos días personales muy complicados. Al hecho de que en dos días había perdido a dos familiares muy queridos esa semana, se sumaba un contratiempo virtual en el que me vi envuelta. Se interpretaron unas palabras mías de manera bastante mezquina y eso supuso una avalancha de insultos que me descolocaron por completo.

Tanto que pensé que no merecía la pena exponerse tanto, estar tan visible en este mundo si la compensación iba a ser de ese tipo.

Sin embargo, tomé aliento y seguí adelante, porque sé que de los tropezones se aprende casi más que de que las cosas vayan rodadas.

Y sin casi.

Ahora, lejos de ese nefasto mes de febrero, sé que este camino está valiendo la pena. La novela sigue ahí después de dos meses, entre las más vendidas de tres plataformas muy importantes. Recibe, de vez en cuando comentarios; no muchos porque no los pido. Dejo que lleguen los que tengan que llegar, y eso supone que no sean todos perfectos, sino que hay de todo como en botica. Personalmente desconfío de las novelas que a todo el mundo le parecen lo más de lo más, porque sé que muchas veces se infla lo bueno para estar visible.

Mañana se cumplen dos meses desde que está disponible para su lectura. Es el tiempo límite que le doy yo a una novela para saber si merece la pena o no. Esta, al menos, lo ha cumplido con creces, igual que hiciera en su día Detrás del cristal.

Coincidiendo con esto le ha llegado su comentario número 14 a Brianda. Llevando a la venta desde diciembre, que solo tenga ese número de comentarios es un claro indicador de varias cosas. La primera, que se lee poco y se vende menos. La segunda, que nunca se ha pedido a nadie que la empuje (ya lo hago yo, como se me va ocurriendo) porque estaría distorsionando la realidad. Y la tercera, para mí la más importante, que todo lo que le ha llegado a esta novela es real. No sé si me creeréis, pero es de la que más orgullosa me siento. Le puse trabajo, esfuerzo y corazón, y aunque solo se la hayan leído unos pocos, a mí me vale. Es lo que quería escribir y es algo que siempre voy a hacer, ser fiel a mí misma.

Tengo que empezar ya a pensar en nuevos proyectos, en acabar esta novela en la que estoy, que os diré que es lo más raro (que no inverosímil) que se me ha ocurrido hasta ahora. Tengo que volver a darle una oportunidad a ATCLV, pero eso con calma, porque creo que aún no nos ha llegado a las dos su momento.

Tengo que avanzar paso a paso. Despacio. Sabiendo dónde pongo los pies porque el suelo, muchos días, es algo más que resbaladizo.

martes, 21 de julio de 2015

¿NECESITAS UNA CORRECCIÓN PROFESIONAL PARA TUS TEXTOS?

En una entrada, no hace mucho, comentaba la importancia que tiene que otros ojos analicen tu trabajo antes de exponerlo al público. El escritor, de tanto repasar el texto, lo acaba interiorizando, de tal modo que a veces resulta imposible ver una errata por muy obvia que esta sea.

Con Brianda. Elorigen del medallón tuve un problema bastante serio. Por un problema de conversión de archivos desconfiguré el corrector de Word. No en todo el texto: a tramos, que creo que es aún más complicado. Era una locura porque, a mi ceguera, se unía que nada de lo que escribía le parecía mal al programa. Daba lo mismo que escribiera burro con “v”, me lo pasaba como si estuviera bien. Así, montones de tildes desfilaron por mis ojos sin estar, y otras que estaban mal puestas, directamente no las vi. Incluso escribí esta palabra y me quedé tan ancha:

Dífícíl.

Tres tildes por falta de una, se ve que ese día estaba muy generosa. Menos mal que siempre hay gente buena y apareció Montse Martín Domínguez -para quienes tenéis Twitter @almaprendida - que tuvo el coraje de repasar conmigo la novela en un solo día. ¡Y tiene más de 400 páginas! De no ser por sus ojos, que ven más allá de lo que es casi normal, hubiera sido un completo desastre, porque yo era ya incapaz de detectar ningún error más.

Fue un trabajo de locos, todo el día (todo el día se dice pronto pero no lo es) estuvo conmigo repasando, página por página. Corriendo contra un plazo que yo misma había marcado sin darme cuenta de que necesitaba esa última revisión exhaustiva.

Me señaló, además, una incoherencia histórica, un nombre que había cambiado. Mariana, Margarita… me debieron parecer igualitos y cometí un error con una reina que, de no ser por ella, se habría cargado el tiempo de investigación que empleé con esta novela.

Desde hace unos meses, Montse está al frente de una empresa que se dedica a la maquetación y corrección de textos. Pero no solo eso, también realizan informes literarios y corrección de estilo, para que tu obra salga lo mejor posible al mercado. Esto no es una tontería. Seas autoeditado o tengas una editorial detrás que respalde tu trabajo, las cosas siempre hay que intentar hacerlas del mejor modo posible. Yo leo muchos libros descargados de Amazon (siempre menciono a esta plataforma porque tengo un kindle y no pirateo, compro) y algunos dan pena. Hubieran necesitado un pulido antes de exponerse al público. Hay un dicho: "Nunca tendrás una segunda oportunidad de causar una buena impresión", que no deberíamos perder de vista. En un mundo tan lleno de posibilidades como es este, donde lo que no falta son libros, si alguien se decide por el tuyo y lo encuentra lleno de errores es muy posible que nunca más te vuelva a leer.

Todo lo referente a las tarifas de estas correcciones profesionales podéis consultarlas en su página web y es sencillo encontrarlos a través de Twitter, Facebook, Google + y su blog.

Yo sé que trabajan muy bien, que son muy serios y se comprometen con el autor. No tengo ninguna duda en deciros que, si necesitáis alguien que eche un vistazo a vuestros textos, son una magnífica opción.

¿No os he dicho cómo se llaman? ¡Qué despiste!






Un nombre perfecto para su cometido.


jueves, 16 de julio de 2015

A PESAR DE TODO

La chica de las fotos, la novela con la que fui finalista del III Premio Digital HQÑ de la editorial Harlequin (ahora HarperCollins Ibérica), ha sido durante el pasado mes de junio la novela más vendida en digital en dos de las principales plataformas que distribuyen estos libros en España, Amazon y Fnac, y la quinta en La Casa del Libro.

Solo puedo decir que estoy muy agradecida a quienes se han acercado a ella y han decidido que era una buena opción de lectura y que, además, lo han hecho de manera legal.




Leía un post de Antonia J. Corrales, impotente al ver que al poco de publicar su novela ya está pirateada. Unos días antes se quejaba de lo mismo Rafael R. Costa y podría seguir mencionando nombres, porque es una lista infinita. Es un mal con el que convivimos todos, la mía lo fue a las siete horas de estar a la venta y he perdido la cuenta de las páginas que han clonado y duplicado estos enlaces. No os cuento ya lo que sucede con las que llevan años en la red. No sirve protegerlas con DRM o que nos cuenten que ya mismo habrá una ley que perseguirá esto, porque en la práctica lo primero no sirve y lo segundo menos. Eso es para volverse loco. Los autores sentimos que se menosprecia nuestro trabajo y no nos vale con eso que dicen, que si te piratean es porque te quieren leer. Todo el mundo, por su esfuerzo, recibe una recompensa y parece que la nuestra debe ser inmaterial, porque lo de comer de esto, como que no es posible y, como gente lista que somos, debemos asumirlo.

Pues a mí me sigue cabreando.

Y mucho.

Por eso, dar las GRACIAS, así, grande, a las personas que han decidido que lo que hago tiene un valor, es más que necesario, obligatorio. GRACIAS por valorar mi tiempo. GRACIAS por darle valor a mi esfuerzo. GRACIAS por no pensar que descargar un libro de manera ilegal no tiene importancia. GRACIAS por darme la oportunidad de seguir haciendo lo que más me gusta. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

viernes, 10 de julio de 2015

CAFÉ Y CIGARRILLOS PARA UN FUNERAL DE ROBERTO MARTÍNEZ GUZMÁN



Tras este llamativo título se esconde la última propuesta literaria del autor de Muerte sin resurrección, Roberto Martínez Guzmán. Se trata de un relato en el que la intriga es la base para mantener al lector enganchado en su medio centenar de páginas.

¡Y vaya si lo consigue!

Aún no podéis leerlo entero, está siendo publicado por SerialBooks por entregas, una a la semana, pero cinco blogs hemos sido seleccionados para leerlo en exclusiva y contaros nuestras impresiones.

Intentaré hacerlo lo mejor posible, eso sí, siempre sin desvelar demasiado, porque merece la pena que seáis vosotros los que descubráis el relato.

¿Os cuento de qué va?

La historia arranca el viernes 19 de julio a las dos de la mañana. A esa hora tan intempestiva, el doctor Delfín Sánchez se presenta en la comisaría de Ourense, muy asustado. Quiere hablar con alguien porque está convencido de que le quedan muy pocas horas de vida y necesita que alguien le proteja. Llega hasta la inspectora Eva Santiago -protagonista de Muerte sin resurrección-, y le cuenta que lleva un año recibiendo cartas que le anuncian su muerte para el 20 de julio a las siete de la tarde: exactamente en el momento en que cumplirá 50 años.

A las cartas, además, se han unido flores para su entierro.

Es tan extraño que despierta el interés de la inspectora Santiago que acepta el caso. En una carrera contra el reloj investiga el entorno del médico, sus pacientes, cualquier persona que tenga una relación con él, pero a cada paso que ella da lo único que encuentra son sólidas coartadas que oscurecen cada vez más la historia. Entonces, ¿quién está mandando las cartas y las flores? ¿Cómo piensa el asesino acabar con la vida del doctor Sánchez?

Roberto Martínez Guzmán, como ya hiciera en su anterior novela, escribe sin rodeos. El lenguaje es directo, claro, y esto contrasta con lo complicada que se vuelve la trama. A cada interrogante que plantea le sigue otro y otro más y tú, como lector, acabas convencido de que te ha llevado a un callejón donde no habrá salida.

Pero no.

La tiene y yo ni la he intuido. Jamás me lo hubiera imaginado como resolución del misterio, y eso que después de leerla tiene mucho sentido.

Los personajes están bien esbozados, aunque no los desarrolla demasiado al tratarse de un relato. De Delfín Sánchez, el protagonista, nos queda sobre todo su sensación de angustia ante el plazo vital al que se enfrenta, a lo que se suma la desazón de no saber quién se esconde detrás de esa macabra idea de pronosticar su muerte para el día y la hora de su cumpleaños. Eva Santiago es un personaje que ya conocemos de la otra novela de Roberto, Muerte sin resurrección, una mujer un tanto fría y muy analítica, que va poniendo delante de los ojos del lector todas las hipótesis hasta las que la conducen las pistas, sin que sepamos en ningún momento, hasta que no termina el relato, qué se esconde detrás de esa amenaza hacia el doctor Sánchez.

También, como hiciera en Muerte sin resurrección, la trama la localiza en Ourense, zona que el autor conoce bien puesto que vive allí.

Como os decía este relato está siendo publicado por SerialBooks, ahí lo podéis seguir con un simple registro y comentarla. Además, el autor ha abierto un reto en su blog. Tiene premio adivinar qué pasará al final de este relato: quién, qué y cómo. El cuándo es lo único que sabemos de antemano. Si os apuntáis, es aquí. También dice cuál será el premio por resolver todas estas preguntas, pero tienen que ser TODAS. Leed la entrada y averiguad vosotros mismos lo que hay que hacer.

Evidentemente yo ya lo sé, pero me lo guardo. Os digo que merece la pena descubrirlo.

jueves, 2 de julio de 2015

LOS CRÍMENES AZULES DE ENRIQUE LASO



Sinopsis:

Los cadáveres de dos jóvenes hallados en la orilla de un lago de forma casi simultánea. Un condado cuyos habitantes guardan oscuros secretos. Un prometedor agente especial de la Unidad de Análisis de Conducta del FBI asignado al caso. Un crimen similar acaecido casi dos décadas antes...
Enrique Laso nos deslumbra con su primera incursión en el género policíaco con una novela inquietante, cargada de suspense y misterio Una novela fascinante que te agarra desde la primera página y que te mantiene atado a ella hasta su deslumbrante final.

Mis impresiones:

Hace tiempo que quería leer algo de Enrique Laso, así que, aprovechando que veía constantemente en Twitter los enlaces de la versión digital de Los crímenes azules, al final hace unos días me hice con la novela. Tengo una torre de libros pendientes encima de la mesilla de noche, pero me gusta alternar las lecturas digitales con el papel y al leer la sinopsis de la novela me resultó tan atractiva que no me lo pensé.

La novela empieza con una cita que comprendes en toda su dimensión al terminar la lectura:

En ocasiones la victoria, el éxito, tiene un sabor amargo. Deja un regusto terrible en el paladar que se queda atrapado en la memoria durante años, y que impide disfrutar nunca jamás de la gloria.
Esta es, pues, la historia de un enorme fracaso…”

El protagonista de las novela es Ethan Bush, un prometedor agente, miembro de la Unidad de Análisis de Conducta del FBI. Su primer caso permitió atrapar a un asesino en serie que llevaba en su haber 21 víctimas y por eso han pensado en él para resolver los asesinatos de dos jóvenes en Kansas: Clara Rose y Donna Malick. Para ello tendrá que trabajar codo con codo con su equipo, que viajará con él desde Quantico (Liz, Mark y Tom), y Clark Stevens, sheriff del condado de Jefferson y sus hombres. Los federales se instalarán en Oskaloosa y pronto serán informados por el sheriff de que hay otro caso, ocurrido 17 años antes, que tiene muchas papeletas para estar relacionado con los que acaban de suceder: el asesinato de Sharon Nichols.

Lo que en principio parecía una investigación sencilla, poco a poco se va complicando. Aparecen posibles sospechosos, pero ninguna prueba sólida los incrimina. Ethan está perdido y encuentra consuelo en la compañía de Patrick Nicols, el padre de Sharon, la primera víctima, con el que sale a correr y que le recuerda a su padre, muerto diez años atrás. En el transcurso de la investigación, Ethan Bush descubrirá lo diferente que es la sociedad rural a ese mundo urbano donde él creció. Aprenderá que la investigación debe hacerse, si cabe, con más pies de plomo, pues en este mundo es complicado moverse con discreción.

La novela está narrada en primera persona desde la perspectiva del agente Bush, aunque en algunos fragmentos podría confundirse con un narrador omnisciente, sobre todo cuando nos pone en antecedentes sobre los personajes que van entrando en la novela. Esta dualidad hace que no perdamos detalle, salva el escollo que podría suponer un narrador de este tipo para tener todos los ángulos de la investigación. Cuando él hace este repaso tienes la sensación de que está consultando un informe sobre el individuo, del que no deja escapar un solo detalle.

Confieso que, en mi despiste monumental, no supe quién era el asesino hasta el final. Es verdad que un par de veces lo pensé, pero no se me ocurría cómo encajar el por qué y es la clave en este libro. Saber por qué acaba con las vidas de unas jóvenes que apenas estaban empezando a vivir.

Los personajes de la novela están todos bien perfilados, aunque por esa postura del narrador al que más vamos a conocer es a Ethan. Creo que es un personaje tan interesante como para protagonizar más novelas. Tiene un punto de pasado atormentado y mente brillante que hacen de él alguien muy atractivo como protagonista de una saga de libros.

Nada más empezar, y de manera inevitable, pensé que esta novela podría ser un capítulo de Mentes criminales, una serie de televisión que he seguido durante mucho tiempo. A medida que avanzaba la lectura supe que, además de las coincidencias obvias con la serie, había otra cosa. El libro es muy cinematográfico, es muy sencillo visualizar lo que nos cuenta. No sería extraño que acabase convertido en una película, como le ha pasado a otra de las novelas de Enrique Laso, Desde el infierno, dirigida por Luis Endera. La historia de su gestación es muy interesante porque se financió a través de un proyecto de crowdfunding, se rodó en 2013 y ya se puede ver online. Aquí tenéis más información sobre esto.

El título de la novela me encanta. Suena bien y encaja a la perfección con el argumento, además de que tiene su propia explicación dentro de la novela.

De vez en cuando, el narrador hace algunas reflexiones que hacen que te pares a pensar. Esto, el que la novela se lea casi sin darte cuenta, que mantiene la tensión y entretiene, hacen de ella una excelente opción de lectura.


¿Os animáis?