miércoles, 30 de julio de 2014

LISTA (provisional) DE PARTICIPANTES EN EL SORTEO

Mañana acaba el plazo para apuntarse al sorteo de un ejemplar en papel de Detrás del cristal que enviaré dedicado al ganador o ganadora. He estado estos días elaborando la lista y os la dejo para que comprobéis el número que os ha sido asignado (en orden de llegada, ese ha sido el criterio).

No sé si me habré dejado a alguien, si es así, por favor, avisadme. Por cierto, dos personas decían que no participaban porque lo tienen pero no he hecho ni caso, ahí están.

Estos son los números que corresponden a cada participante:


1.- Pedro, El Buho entre libros.
2.- Pilar Muñoz
3.- Ojo de Halcón (José Luis Parra)
4.- Amparo Gil
5.- Pili Usán
6.- Yolanda Hernández
7.- La Isla de las Mil Palabras
8.- Yasnaia Altube
9.- Iris T. Hernández
10.- Marta Horneo
11.- Maka Ferreira
12.- Virginia Jiménez
13.- Adelaida Martínez
14.- Cristina Pardo
15.- Laura
16.- La orilla de los libros
17.- Estrella Pérez
18.- Rocío Paramás
19.- María Loreto Pacheco
20.- Verónica Herance
21.-Rosa de la Mata
22.- Eva
23.- K@ry
24.- Rocío López Moreno
25.- Cris Mandarica
26.- Porlomenix
27.- Rocío
28.- Noelia Grove
29.- Saramaga
30.- Miriam Buñuel
31.- Rosa Casado
32.- Fany
33.- Athenna
34.- Adriana M.
35.- Tatty
36.- Dantesca
37.- Cristina
38.- Innagilles
39.- Danilucy6
40.- Victoria Rodríguez
41.- Samantha Rose Owen
42.- Margari
43.- Almudena González
44.- Bego Díaz
45.- Mariado
46.- Miranda
47.- Mari Díaz
48.- Rosario
49.- Victoria Ricart
50.- Honorio Mayor
51.- Manuel J. Antonio
52.- María del Pilar
53.- Estefanía Linares
54.- Rosa María Sánchez
55.- Marta Mañés
56.- Estefanía Rodríguez
57.- Debora F. Muñoz
58.- Nuria Crepillo
59.- Loli Misterio
60.- Ful Navalón
61.- Miriam Asperilla
62.- José Hervás
63.- Miriam Ramos
64.- Marisol
65.- Mara JSS
66.- Victoria del Campo
67.- Virginia Oviedo
68.- Leela Sombra
69.- Marina Collazo
70.- JVMVR
71.- Leticia Espínola
72.- Ana
73.- @Celia_ar
74.- Nerea González
75.- Nazaret
76.- Meg
77.- Nieves Villalón
78.- Marisa G.
79.- Laura Coll
80.- Lucía Herrero
81.- JaaC61
82.- Isabel
83.- Marta de Diego
84.- Juan Alfonso
85.- Margalida Ramon
86.- Yakoytroy
87.- Gemma Pou Calderon
88.- Tizire
89.- Zulema
90.- María Angeles Fernández
91.- Ángela León
92.- Rocío
93.- Gunnar
94.- Amparo Caballero
95.- Mercedes González
96.- Sheila Carballa
97.- Laura
98.- Mayte F. Uceda
99.- Vanedis
100.- Meg Ferrero
101.- Unknown
102.- Susana Palacios.
103.- Nieves Muñoz
104.- María Uceda
105.- Marisol Rodríguez Pasabados
106.- AnaLa
107.- Maricarmen A.M.
108.- Anka
109.- Raquel BS
110.- Sophie
111.- Nosolo leo
112.- Esperanza Vergara
113.- Montse




martes, 22 de julio de 2014

ESTIMADO SEÑOR VERANO

Martes 22 de julio de 2014,

Estimado señor Verano, ¿para cuándo su ansiada visita? Preparando su previsible estancia en estas latitudes había acomodado el hogar, cambiando edredones por sábanas o abrigos por camisetas de tirantes y me encuentro ahora con la casa alborotada cada noche, buscando una manta en lo más profundo del armario o rescatando el pijama de invierno.

No hemos cambiado aún la sopa por la ensalada, todo un despropósito si se tiene en cuenta el mes por el que transitamos.

Las noches en el parque están siendo lo peor porque los niños miran el calendario e insisten en que es casi como si usted hubiera venido, que ya es tiempo de que nos deleite con su bochornosa caricia y a veces hasta nos convencen para salir sin chaqueta o con unas sandalias que dejan a su suerte a nuestros pobres pies. Ellos corren y no lo notan tanto pero desde el banco donde vigilamos sus diabluras se hace difícil no tiritar.

Me han contado que tiene previsto presentarse el jueves y hacernos olvidar que ha estado ausente tanto tiempo, lo cual, señor Verano, permítame que se lo diga, no es muy elegante. Ansiamos su presencia, valoramos su visita pero no quisiéramos, en ningún momento desear que se vaya tanto como deseamos recibirlo.

domingo, 20 de julio de 2014

DESCONECTADO... POR OBLIGACIÓN.

Hola.
Sé que lleváis viendo el blog abandonado semanas, en cualquier momento me van a invadir las telarañas, pero no es por vaguería. Por una vez, y sin que sirva de precedente, tengo una excusa.

Bueno, más bien NO TENGO.

NO TENGO ORDENADOR.

Llevo más de un mes haciendo uso del portátil de mi hijo, un nido infecto de virus que me tiene loca. Para mirar cualquier cosa tengo que apartar una selva de publicidad que no sé de dónde sale, se abren páginas a lo loco, va como una tortuga...

Soy muy paciente. Tanto que ni siquiera tengo ADLS, me las arreglo con una conexión USB a internet y aunque a todo el mundo le ponga de los nervios su lentitud, yo me siento bien con ella. Me compensa poder llevarlo allá donde vaya. Sin embargo, esto de ahora, me supera.

A finales de mes, no sé cómo, haré el sorteo del libro que tengo pendiente (iba a poner el enlace de la entrada para que pudierais pinchar pero cualquiera se atreve, igual buscarlo me obliga a cerrar después doce páginas, mejor lo dejo) y después me voy a tomar vacaciones. De blog, de redes y de escritura. Aplazo todos los proyectos porque no tengo prisa (nadie me está esperando) y porque así no hay quien trabaje.

Esta mañana, aprovechando que estaba en Madrid, he estado mirando ordenadores. He vuelto a casa aún más frustrada porque no me puedo permitir ni siquiera los que no me gustan. Junto a la frustración me he traído otro pensamiento: ¿y si es una señal? ¿Y si lo que de verdad me está diciendo es que me dedique a otra cosa, que ya está bien, que me tome vacaciones? Como no lo sé, lo iré meditando.

Sin ordenador, claro.

No tengo.

Pretender hacer una casa sin ladrillos es un poco difícil. Escribir un libro se puede, pero publicarlo  en las redes sin ordenador... eso ya es directamente imposible. Soy de creer en imposibles pero esta vez como que no lo veo.

sábado, 5 de julio de 2014

MEMENTO MORI DE CÉSAR PÉREZ GELLIDA

VERSOS CANCIONES Y TROCITOS DE CARNE I



Sinopsis:

Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada hace presagiar al inspector de homicidios de Valladolid, Ramiro Sancho, que acaba de dar comienzo una pesadilla que lo dejará marcado para el resto de sus días: la investigación del asesinato de una joven ecuatoriana a la que le han mutilado los párpados y en cuyo cuerpo han encontrado unos versos amenazantes.

Antecedentes.

¿Cómo llegué hasta ella?

Dando un rodeo, os lo cuento.

Algunos blogueros decidimos quedar este año en la Feria del Libro de Madrid para desvirtualizarnos. No había manera de ponernos de acuerdo, así que al final decidimos vernos en la presentación de Consummatum est, la última parte de la trilogía que inicia este libro: Versos, canciones y trocitos de carne. Como quería llevar hechos los deberes (era la única que no se había leído una línea de lo que escribe César Pérez Gellida) el 6 de junio, al pasar por delante de la caseta donde estaba firmando, pensé que comprándome un libro lo solucionaría de cara a la charla.

Tenía una semana, tiempo de sobra.

De vez en cuando me pasan cosas absurdas porque creo que mi sensatez vive en Burgos y yo en Segovia. ¿A qué viene esto? Pues a que yo, en la lógica trastocada que preside mi cerebro, como llevaba retraso de lecturas con respecto a los demás, decidí empezar a leer la trilogía por el final.

Así, a lo bruto y sin encomendarme a nada.

Me compré Consummatum est, César amablemente me lo firmó y me volví tan pichi a la caseta de Ediciones B donde firmaba en ese momento María José Moreno. Allí estaban charlando con ella Pedro, de El búho entre libros, y Teresa, de Leyendo en el bus, y no me llevé una colleja por tratar de hacer trampas en los “deberes” (menudo ejemplo de profe estoy hecha) porque son los dos personas pacíficas.

Así que el día 14 aparecí en la charla habiendo leído solo el fragmento de muestra de esta novela en Amazon y sabiendo, solo con esas primeras líneas, que aunque éste no sea mi género favorito, la novela me iba a gustar porque la escritura desde el principio es brillante.

No me equivoqué.

Una vez en la Feria compré la novela de la que hoy hablamos y César también me la firmó.

Recogida de datos.

Si se pretende hacer un análisis serio de un libro, la lectura debería ser minuciosa, acompañada de apuntes a los que acudir cuando llegase el posterior análisis. Para ello me hice con las herramientas indispensables: lápiz y papel.

¡No tomé ni una miserable nota!

Acabé haciendo lo mismo de siempre, doblando las esquinas de las páginas y memorizando lo que me había llamado la atención.

La escena de los hechos.

Memento Mori está ambientada en Valladolid, una ciudad que no es desconocida para mí porque vivo relativamente cerca y por circunstancias familiares durante algunos meses tuvimos que frecuentar uno de sus hospitales. Se hacía eterno estar en un edificio tan deprimente, así que los paseos por la ciudad formaban parte de la rutina hospitalaria y he sido capaz de mantener claro en mi mente por donde se movían los personajes. No creo que sea imprescindible para la lectura de la novela conocer la ciudad pero, al menos en mi caso, la ha hecho más amena y, sobre todo, me ha ayudado a poner en el plano lugares por los que había pasado sin prestar demasiada atención.

Los hechos.

En las novelas policíacas o en el género negro, uno de los alicientes que suele tener la lectura es que el lector no conoce al asesino. Va de la mano de los investigadores moviéndose a la vez que ellos y estableciendo hipótesis. En Mememento Mori, en realidad en toda la trilogía, esta máxima queda fulminada desde el principio. César Pérez Gellida nos cuenta quién es el asesino y gran parte de la novela se centra en él, en conocer a este personaje que está lleno de capas y pliegues.

Memento mori narra los esfuerzos del inspector Ramiro Sancho por darle caza en la capital castellana, a la vez que vamos conociendo a Augusto Ledesma, su pasado, su fría manera de actuar cuando elimina a sus víctimas. Todo al potente ritmo de la música que pone banda sonora a esta novela. A medida que avanza la lectura los giros que da provocan que sea imposible soltarla.

El equipo de investigación.

Al principio de la novela aparece una relación de personajes. Aunque no me ha sido muy necesaria durante la lectura, en el momento de hacer esta reseña (o lo que sea esto) la reviso y veo que son bastantes más de los que pensaba. Para conocerlos a todos  hay que leer el libro, por eso yo solo elijo los tres que me apetecen.

Encabeza el reparto el inspector Ramiro Sancho, del grupo de Homicidios de Valladolid, encargado de la investigación: pelirrojo, divorciado, destinado en la capital castellano-leonesa después de su paso por el País Vasco. A medida que la novela avanza evoluciona al ritmo de los acontecimientos. Me ha gustado mucho el personaje, sobre todo por su manera de expresarse.

Armando Lopategui, «Carapocha. Exagente del KGB y la Stasi. Albino, con la cara marcada por la viruela, lo que le ha agenciado el apodo. Es hijo de uno de los niños enviados a Rusia durante la Guerra Civil, de esos que nunca volvieron, y experto en perfiles psicológicos. Aparece para trazar un retrato de personalidad que ayude a atrapar al asesino en serie. Es el personaje que más me ha fascinado de la novela. De principio a fin porque en él nada es como parece (¿o sí?).

Martina Corvo, Doctora en Psicolingüística. Ayuda en la investigación analizando los poemas que el asesino va dejando en cada una de sus víctimas y mantiene una relación algo más que profesional con Ramiro Sancho. Eso la colocará en el punto de mira de...

El asesino.

Augusto Ledesma sustenta él solo la mitad de la novela. Es un personaje oscuro, un sociópata narcisista que se siente por encima de los demás y que se enorgullece de sus hazañas. El comienzo de su vida fue muy duro, un niño maltratado que es separado de su madre para acabar en una familia adoptiva que tampoco se muestra espléndida en cariño con él. Esto podría explicar su evolución negativa. Lo tiene todo en cuanto a lo material pero es incapaz de sentir afecto hacia sus semejantes  (bueno, él no ve a nadie semejante a él, ahora que lo pienso, se siente por encima de los demás). Es un personaje complicado, redondo, consecuente en su delirio y cuya voz se distingue perfectamente del resto. Como dije antes está lleno de pliegues, matices y dobleces…

Creo que merece la pena conocerlo (literariamente hablando, en persona ya me lo pensaría).

Las víctimas.

María Fernanda es un entrenamiento para asegurarse de que es capaz de matar sin dejar cabos sueltos. Una joven ecuatoriana con la que se cruza una noche y que acaba siendo su víctima de iniciación. Mercedes es su primer objetivo serio, la tortura como hizo ella con él puesto que se trata de su madre biológica a quien le es retirada la custodia debido a que lo maltrataba. El único de sus crímenes que podría tener justificación, si fuera posible justificar el asesinato como solución a un problema.

Y hay más, claro está, pero creo que no debo seguir desvelándolas…

La autopsia.

La novela comienza in media res, lanzando el disparador de la trama para que el lector quiera saber más inmediatamente. La escena narrada tiene tal fuerza que se hace necesario seguir leyendo. ¿No me creéis? Descargad el fragmento gratuito aquí si no tenéis el libro y empezad. A ver si sois capaces después de no ir a comprarlo… Posteriormente, aunque avanza siguiendo una línea temporal continua, incluye algún capítulo en racconto trasladando escenas completas al pasado, algo necesario para que vayamos componiendo el puzle.

El libro se divide en capítulos con su título correspondiente y estos a su vez en escenas. Cada una aparece con su datación: lugar, fecha y hora, un recurso cinematográfico que además ayuda a que el lector no se pierda. Al no ser demasiado largas y la sensación lectora es de querer avanzar otro poquito más. Sin darte cuenta estás en mitad de la novela casi del tirón.

El narrador elegido por César Pérez Gellida nos cuenta la historia en tercera persona. Es un narrador omnisciente, que mantiene una posición de focalización externa, sin entrar a formar parte de la trama. Esto distancia los hechos y sitúa al lector como espectador. Se va trasladando desde la investigación hasta las andanzas del asesino, de modo que siempre, mientras leemos, sabemos más que los mismos personajes. (No, siempre, siempre, no).

No me gustan nada las descripciones. Tiendo a aburrirme y hago lectura vertical, por eso creo que las evito al escribir, huyo de ellas normalmente como lectora. Pues en este libro no ha sido así. Algunas juegan con metáforas de una manera magnífica. Un ejemplo cortito, y prometo que no pongo ni un spoiler más:

“En la urna de cristal, sobre los tres pilares de hielo, vertió cuatro segundos de sabiduría. Dejó que el frío envolviera los conocimientos ancestrales antes de instruirse de un trago”.

¿Se puede decir mejor? Yo creo que no.

Los diálogos de la novela están muy logrados, no son nada forzados. En todo momento tiene en cuenta el decoro poético, asignando a cada personaje el lenguaje que mejor encaja con su personalidad o el ambiente en el que se mueve. Me ha gustado cómo caracteriza a cada uno a través de las palabras, como reserva para Sancho los refranes y los latinajos los escuchamos en boca de Augusto, una manera más de establecer distancia entre el asesino y el lector (yo, sin las notas a pie de página, no me habría enterado de ninguna expresión y eso que se supone que estudié latín cuatro años. Rectifico: fui a clase, estudiar no lo recuerdo).

Me han encantado los guiños personales y eso que apenas he podido ver media docena en la novela. Muchas veces yo misma lo hago, incluyo elementos cercanos en las novelas pero procuro que sean muy, muy sutiles. Estoy convencida de que escribimos en primer lugar para nosotros mismos y quizá eso es lo que nos empuja a “inmortalizar” elementos de nuestro entorno, personas, situaciones vividas o que nos han contado. En este caso los he visto a veces hasta divertidos (ese César Pérez entre la lista de posibles sospechosos que maneja la doctora Corvo me hizo sonreír, por ejemplo). De todos modos pienso que hay que tener cuidado con ellos porque a veces son un arma que se te puede disparar en las manos. Algún guiño de estos (en otra novela), estaba tan mal manejado que me provocó acidez de estómago. Pero no ha sido así en este caso.

Hay algo en la novela que no me gusta nada de nada y que no he podido evitar ver. Ahora se os abren mucho los ojos porque apenas pongo pegas a los libros que atraviesan el espejo pero… es que esto me puede. La novela tiene leísmos. Ya, ya sé que me vais a decir que César es de Valladolid y allí es lo más normal del mundo. No hace falta, vivo en Segovia y tengo dos hijos leístas a los que corrijo constantemente aunque sin resultados. Más bien se me están escapando a mí de vez en cuando, algo que me empieza a preocupar. Hace solo unos años no tenía dudas porque los sentía como patadas en el oído pero ahora tengo que hacer a veces la prueba del algodón para asegurarme (cambiar la oración a pasiva).

Banda sonora.

La música es otro de los protagonistas de la novela. Lo reconozco, soy una completa analfabeta musical, apenas me suenan vagamente los nombres de los intérpretes. Sin embargo, la banda sonora de esta trilogía no ha sido complicado encontrarla, recopilada y todo. La tienes aquí. Mientras preparaba la reseña, César la colgó en Facebook, así que solo tuve que copiar el enlace. Gracias porque no sabía qué poner en este apartado y sé, por lo que he leído de ella, que es uno de los puntos fuertes de la novela. Creo que me he perdido algo…

Referencias literarias.

La literatura es una parte esencial de este libro. Hay referencias mitológicas, a obras clásicas, a la poesía del 27, a James Joyce… siempre enredadas en la trama y perfectamente justificadas.

Algo que me llamó la atención desde el primer vistazo del plano que incorpora el libro, antes incluso de empezar la lectura, fue que aparezca un hito como: residencia de Gregorio Samsa. Pensé, ¿qué hace el protagonista de La Metamorfosis de Kafka viviendo en Valladolid? Tiene su explicación, por supuesto, pero tendréis que averiguarla.

A esto hay que sumar un montón de frases en latín que siempre salen de boca de Augusto. Me ha hecho gracia que el asesino se llame Augusto, el padre Octavio y el autor César. Yo, que siempre acabo pensando cosas raras mientras leo.

Conclusión.

Memento Mori me ha gustado mucho. Creo que es una novela redonda, con una fuerza extraordinaria, que te arrastra desde la primera página. La mezcla de intriga, literatura y música enganchan al lector, aunque este no sea su género. Va creciendo a medida que avanzas en la lectura, enredándose y enredándote en una trama que deja sin aliento. César Pérez Gellida se maneja con las palabras como un experto en malabares, me ha dejado muchas veces con la boca abierta en las descripciones.

Sin duda, de lo mejor que he leído este año.

La siguiente, Dies Irae, tengo ganas de leerla pero aún no la tengo en mis manos por lo que he contado al principio, aunque sí la tercera. Dependerá de mi verano, de lo que trabaje, para que pueda comprármela (o de si algún alma caritativa me la presta). En principio lo del trabajo es escaso así que hay pocas posibilidades de andar comprando libros. Se han puesto primeros en la fila los huevos, la leche, las galletas y los yogures. Cosas que pasan en la vida real, que no hay asesinos (en serie) entre el vecindario pero sí una enorme crisis que está arrasando con los caprichos tontos.

Como leer.

Ahora voy a buscar un libro muy malo para recuperar la confianza en mí misma. Después de leer esta novela he acabado pensando que no sé escribir. Que tengo millones de cosas que aprender.

¡Hay que joderse!



jueves, 3 de julio de 2014

OHHHHH!!



miércoles, 2 de julio de 2014

GRACIAS, YASNAIA: LAS GALLETAS DE SUGAR DREAMS


Hoy me han hecho llorar.

A las dos menos un minuto ha sonado el timbre de casa anunciando la llegada de un paquete. Si al hecho de que el que suene el timbre de casa sin esperarlo, le sumaba que yo no había encargado nada, mi reacción ha 
sido de completa extrañeza. 

He abierto al mensajero, claro, pobre, que tendría que irse a comer.

Cuando le he visto aparecer por el pasillo que da a las escaleras, paquete en mano, ya sabía qué era. No sé exactamente cuándo vi en Facebook los paquetes que Sugar Dreams tenía preparados, listos para enviar y he reconocido el envoltorio. Las manos me han empezado a temblar al firmar en el recibo y me ha costado un poco tener paciencia para abrirlo una vez en el salón.

Esto era lo que contenía.






Esto y una carta de Yasnaia Altube Lira, donde me explica cómo ha conseguido mi dirección (la madre que te...)

No tenía por qué hacerlo, por qué enviarme ningún regalo pero ver esas galletas (que no sé si seré capaz de comerme sin sentir un pellizquito) con la portada de mi novela, me ha emocionado. Un regalo inesperado que me ha encantado.

No sé cómo darte las gracias por este precioso detalle, Yasnaia.

Yo escribo sin saber qué va a pasar cuando vosotros leáis el libro, muchas veces sin pararme a pensar si lo que hago es lo más correcto, lo más conveniente o lo más comercial. Escribo lo que me sale de dentro, las historias que necesito contar después de observar el mundo que me rodea. Quizá por eso me sale todo muy real, porque a lo mejor no soy creadora de historias sino cronista de mi tiempo, solo que adornándolo entre personajes que están hechos de fragmentos de seres vivos.

Voy a seguir haciéndolo, voy a seguir contando historias porque, siempre lo digo porque es cierto, no podría dejar de hacerlo aunque quiera. Y os las regalaré a vosotros, mis lectores, que me dais tanto cada día. No sé cuántos somos, quizá muy pocos para pensar en mí con palabras grandes, pero sois maravillosos.

Gracias, Yas.


Te debo algo. No sé qué exactamente, ya se me ocurrirá. Te pienso sorprender.

Ahora me parece que estoy bloqueada.

viernes, 27 de junio de 2014

SORTEO DE UN EJEMPLAR EN PAPEL DE DETRÁS DEL CRISTAL


Bueno, pues ha llegado el día. Voy a sortear un ejemplar firmado de Detrás del cristal. Para poder acceder al premio hay que cumplir unas bases muy sencillas que consisten en...

decir que te apuntas en un comentario a esta entrada.

Difícil, ¿no?

Algo que podéis alegar para no participar es que ya tenéis la novela y que por eso dejáis correr la oportunidad pero no hay excusa. Os apuntáis y la regaláis a quien os parezca. ¡Y dedicada y todo! 

¿No os parece una buena idea? Ahorrándoos un regalo, que seguimos en crisis...



El ejemplar es mío, de los que la editorial me envió por derechos de autor y he decidido sortearlo porque me he dado cuenta de que cada vez que pongo promos en Facebook, las personas que están ahí son las que han leído ya el libro, así que de poco sirve que siga por ese camino. No queda más remedio que aumentar el boca oreja de otra manera. 

Detrás del cristal es una novela que puede hacer pasar un buen rato de lectura a quien le dé una oportunidad y eso me ha tocado a mí por sorteo (mentira, por haberla escrito) gritarlo fuerte. Como no tengo periódicos de tirada nacional pegándose por entrevistarme ni me van a llamar de El Hormiguero (lo cual sería un puntazo), ni van a hacer una peli (eso ya sí que sería lo más) que empuje al libro a los primeros puestos de ventas, aquí me tenéis, inventando. 

Agradezco que compartáis la entrada en Twitter, Facebook, Google + o donde se os ocurra, toda colaboración será bienvenida. No voy a dar más puntos por ello porque eso de comprobarlo me supera a la velocidad vertiginosa de mi Internet de pedales (no tengo ADSL, sino un USB cuya descarga fulmino el mismo día que entra en vigor, ni sé cómo he logrado publicar libros con esto). Y de todas maneras, que cuando está por tocarte algo, te toca, eso ya lo he comprobado. Aunque solo tengas un número.

El sorteo finalizará el 31 de julio a las doce de la noche y es para España. Baleares y Canarias incluidas. El nombre del ganador lo publicaré la semana siguiente y deberá ponerse en contacto conmigo. Pero no os preocupéis por las vacaciones, yo intentaré contactar con la persona que resulte ganadora.

Había desactivado los comentarios anónimos por el spam que me estaba poniendo de los nervios pero los vuelvo a habilitar este mes para quienes no tienen perfil. Eso sí, debéis dejar vuestro nombre y un medio de contacto (perfil de Twitter o Facebook por ejemplo).


¡¡Suerte!!

lunes, 23 de junio de 2014

LAS NO RESEÑAS


En Facebook puse un estado. De esas veces que te aburres y te da por poner algo. Era este:

Cuando digo que una novela me ha gustado, que tiene algo, es verdad. Si no lo hago caben dos opciones: que no la haya leído o que no la recomendaría por razones que me guardo porque siempre serán puramente subjetivas. Puede que a mí no me guste y haya a quien hasta le emocione, quién soy yo para bloquear la lectura de nada.

A la última que estoy leyendo le quedan aún unas páginas, pero son tantos los detalles que me han desconcertado que no será una de mis recomendaciones.

Las tres últimas elecciones que he hecho han sido un completo fracaso y eso que soy lectora asidua de los géneros en los que se mueven. Vamos a ver la siguiente que es, directamente, lo contrario a lo que suelo elegir.

Me encuentro esta respuesta:

No se bloquea una lectura por dar una sincera opinión que siempre es subjetiva. Creo que prefieres no decir nada cuando no te gusta porque eres escritora.

Esto viene a cuento, como es obvio, porque las últimas novelas que han caído en mis manos no han sido de mi agrado y como ya he dicho mil veces en el blog, no me voy a tomar la molestia de reseñar nada que no me aporte algo a mí. Y no es, para nada, porque tenga miedo de que el expresar mi opinión pueda tener como "efecto secundario" que me lleguen de rebote opiniones negativas para mis novelas (a esas no hace falta convocarlas). Esto es una política personal que sigo en el blog desde diciembre de 2011, momento en el que no tenía ni siquiera en mente subir ninguna de mis novelas a Amazon. Cierto es que estaban en otras plataformas pero tan invisibles que no era para considerarme escritora ni muchísimo menos.

Me da lo mismo que, como se me dijo cuando tomé esta decisión, el blog sea menos visitado porque cuando aparece en él una reseña ya se sabe que será favorable al libro. Me da igual porque mis lecturas no siguen las pautas quizá habituales en otros blogs:

-No considero que haga reseñas sino recomendaciones de mis lecturas.

-No reseño libros por encargo de editoriales porque me niego a enredarme en compromisos. Los libros que aquí aparecen han salido de mi bolsillo y cuando he sido lectora cero de alguno, después lo he comprado.

-No reseño las novelas que no me gustan porque estoy convencida de que los libros de los que no se habla se acaban muriendo sin la necesidad de hacer sangre con ellos. No tengo demasiado tiempo y prefiero no perderlo en esto.

-No leo siguiendo los criterios de las modas sino que alterno novedades y clásicos, libros estos últimos que a veces leo por trabajo y otros, sé que soy una rara, por puro placer. Otra cosa que se me critica, por cierto, parece que cuando dices que lees a Cervantes lo estás haciendo para situarte en un nivel por encima de los demás. No es eso, pero allá cada uno con lo que crea.

Puedo hacerlo, puedo escribir una crítica de un libro perfectamente argumentada. Incluso sin incluir la subjetividad que muchas veces leo en las malas opiniones porque tengo las herramientas para poder hacer análisis más profundos. Al fin y al cabo a analizar textos es a lo que me dedico en el trabajo, así que no es por eso sino, simple y llanamente, porque no hay tiempo ni ganas.

De este post me ha quedado un regusto amargo, el que se me haya atribuido algo bastante mezquino, tratar de protegerme en la complacencia de decir sí a todo. No es verdad, lo que pasa es que cuando tengo que decirle a alguien que aprecio que algo no me gusta no es necesario hacerlo público. Existen otras vías más elegantes, aunque supongan el peaje de que te den de lado, y esto que digo ahora es completamente cierto: me han dado de lado por ser sincera en alguna ocasión, por razonar por qué no me ha gustado algo de lo que he leído. Podría haber tomado el camino de publicar una reseña negativa pero mira por dónde, yo no soy así.


Ah, y estoy convencida de que una opinión negativa, dependiendo de quien venga, sí puede bloquear una lectura.

miércoles, 18 de junio de 2014

HASTA EL 2015

Volví a la Feria del Libro de Madrid el pasado sábado. Ya sin la presión de firmar, paseé como espectadora entre las casetas, hice cola como está mandado con mi hijo para que le firmase sus libros Lorenzo Silva (qué ilusión me hizo cuando le miró y le señaló lo que ha crecido desde que no le veía), saludé a conocidos y asistí a una presentación.

La verdad es que el plan era pasar todo el día en Madrid pero hacía tanto calor que desistimos y partimos la jornada. Por eso, y porque vivo despistada, me perdí la firma de Félix G. Modroño. Pensaba que era por la tarde, algo que era claramente invención mía, y al final me quedé con las ganas de pasar a saludarlo.

Lo que no me perdí fue la presentación de Consummatum Est de César Pérez Gellida y Los cuerpos extraños de Lorenzo Silva, una amena charla a dos voces en la que se habló de sus novelas. La conducía un librero de Barcelona (no me acuerdo de su nombre, sorry), que tiene una librería especializada en novela negra: «un sitio chiquitito y desordenado pero en el que él sabe dónde está todo», dijo César en algún momento. 

Habíamos quedado unas cuantas blogueras para ir y aunque hubo bajas de última hora, al final logramos reunir un pequeño grupito. Ahí estaba Margalida Ramon, que no sé cómo no acaba reventada de trasladar la bolsa llena de libros. ¡Y que se los leerá la bruta! Esto no es nada más que envidia cochina porque no me puedo comprar los que me gustaría. También estuvo Manuela Marín, que tardó una hora entera en aparcar y casi no llega a la firma que quería, la de Carla Montero. Supe que había venido Susana Palacios pero se había tenido que marchar antes y no llegué a verla. Vaya, espero que haya otra ocasión. Ya estábamos sentadas ya en el pabellón, echando de menos a las que se habían tropezado con imprevistos, cuando apareció María Alonso. Nos dio tiempo a charlar muy poco porque enseguida empezó el acto.
A mí se me hizo corto.



Lo pasé escuchando atentamente, haciendo fotos y observando. Mi cabeza se giraba de vez en cuando para mirar a mi hijo que no pestañeaba, atento a la conversación. Me fascina cómo, a pesar de su edad, es capaz de disfrutar de estos actos que en principio están pensados para adultos. Ahora ha crecido y ya no resulta tan chocante como hace solo un par de años, pero sigue igual, sin perder un solo detalle. De la charla se llevó la necesidad de investigar qué es un sociópata (ha llegado a la conclusión de que una persona que conoce lo es, pero necesita asegurarse, jajaja). También las ganas de empezar enseguida con el último libro de Lorenzo Silva, su autor preferido desde hace años.



Al terminar, ya fuera del pabellón, después de que César me firmase Memento Mori, nos encontramos con Concha Fernández y su hija. Tengo que decirte, Concha, que me pasé un buen rato pensando que había visto a tu hija en alguna parte y no fue hasta que nos marchamos, cuando estábamos llegando al coche, cuando descubrí por qué tuve esa sensación. Alberto me señaló que si la imaginaba rubia podría ser capaz de saber a quién se parece. ¡Y es verdad! Es muy parecida a mi vecina. Va a ser cierto que todos tenemos un doble en alguna parte.

Estábamos charlando con María Alonso, con Concha, con Manuela y Margalida cuando vino alguien y me tapó los ojos. Intentaba saber quién era tocándole las manos pero no fui capaz de acertar con el test de la piel hasta que me dejó mirar: Armando Rodera. No nos veíamos desde finales de marzo y me hizo mucha ilusión encontrarme con él y con Arantza en la Feria.




El plan era tomarnos algo y salir rumbo a casa de nuevo, a descansar de estos agotadores días, pero apareció César y acabamos sentándonos con él a tomar una cerveza y charlar un poco de todo. De libros. De la herida que se hizo Concha en la pierna. De todo y de nada mientras los minutos iban deslizándose, empujándonos a dar por terminada esta Feria para mí hasta el año que viene.



Estas despedidas me cuestan porque nunca sabes cuándo se volverán a repetir. Margalida, por ejemplo, volvía a Mallorca que no está precisamente ahí al lado pero nos quedan las redes, los encuentros virtuales, Alcalá que está a un paso para volver a quedar con el huracán Manuela, las presentaciones de libros donde acabaremos coincidiendo, las charlas vía mensaje cuando nos apetezca, los tuits compartidos y, sobre todo, lo que más nos gusta, lo que nos ha puesto en contacto.


Los libros.