lunes, 11 de febrero de 2019

YO ESCRIBO



Desde hace ya un tiempo, cuando me hacen esa pregunta típica, la de a qué dedico mis días, esta es mi respuesta. Contundente, corta, simplificadora e incompleta, pero que se sitúa tan en primer plano en mi vida que no puede ser otra.

Yo escribo.

Es verdad que también paseo a mi perro cada día, nada más levantarme, pero resulta que en este paseo estoy escribiendo. Voy trazando en mi mente el borrador de la escena que tengo prevista para ese día, o le voy dando forma a los personajes del proyecto que me ilusiona en ese momento. A veces se me ocurre un diálogo, una frase, y para que no se me pierdan los anoto en el teléfono, en un archivo de word en el que puedo anotar con mi voz y él lo transforma en palabras escritas. Hay algunos días que no me entiende del todo, pero eso le pone el punto divertido al tema.

Escribo al volver a casa, cuando me siento frente al teclado con mis notas. Una, dos horas, depende de lo que tenga que hacer en adelante o de la inspiración. Algunas veces me pongo metas diarias y lo dejo al llegar a ellas, pero cuando, una vez cumplidas, sigo teniendo ganas de escribir, vengo al blog y continúo. Esto es como un entrenamiento necesario para después estar en forma.

Mientras hago las tareas de mi casa, escribo. Planchando, sobre todo, se me ocurren ideas que voy anotando. Mientras cocino, siempre tengo a mano un bolígrafo y la mente no se para en los ingredientes de mi plato sino en los de mi novela. Suele olvidárseme mucho antes poner la sal que una característica a mi protagonista, pero ya eso es cosa de las prioridades de mi cerebro: el ajo y la sal me motivan mucho menos que los personajes atormentados.

Cuando doy clase, escribo también. Porque siempre hay algo que me llama la atención, una frase, un gesto, una lectura de un autor clásico que enciende una luz en lo que estoy trabajando y eso me obliga a seguir anotando.

Por la noche, cuando apago la luz y dejo el libro que esté leyendo en la mesilla, escribo. Empiezo a contarme una historia, cualquiera, lo que se me ocurra, y a veces, solo entonces, me permito cosas inverosímiles. Me río y me duermo, con suerte un par de horas. Sé que me despertará algo y, la mitad de las noches anotaré una idea.

Porque, en todo momento de mi vida, escribo.

Quizá eso, sumado a que publico de vez en cuando, signifique que me dedico a esto a tiempo completo. Quizá signifique que soy escritora.