Justo ahora que empieza a hacer un calor insoportable, vengo a deciros que tengo en preventa un libro de Navidad.
Como lees, la locura máxima, quería llegar a Navidad antes que nadie y según se han puesto las cosas, que nada más acabar el verano ya empieza la promoción de todo lo navideño me he dicho... ¡en junio no se me adelanta nadie!
Ahí está, tan mona, en papel.
Con suerte... en Navidad para descargar
Ahora en serio.
Esta decisión no ha sido mía, si yo la hubiera tomado habría salido a finales de octubre o principios de noviembre, pero aquí soy una mandada y tengo que dar las gracias porque la única de mis novelas que no tenía su correspondencia en papel (salvo por el ejemplar de Tiffany que reúne las tres historias de Grimiel) ya la tenga.
No va a ir a tiendas, aunque si soy completamente sincera, para que la pongan en la fila de atrás en Fnac, no esté jamás en Casa del Libro o no la encuentres ni loco en El Corte Inglés, da exactamente lo mismo. En las librerías tampoco se van a volver locos para venderla, así que esta es la mejor opción: si alguien la quiere, ahí está.
Y si no la quiere nadie, pues tampoco pasa nada de nada, no se habrán talado árboles.
La cuarta novela de Grimiel está escrita desde hace más de un año, pero si no la he soltado es porque según se ha puesto todo de difícil, y con lo bonita que es, se merece mucho más de lo que me dará si hago lo de siempre. Así que igual tomo otro camino, aunque me devuelva a la casilla de salida.
Y no, mi casilla de salida no fue Amazon, yo ya estaba dando guerra de antes.
Con respecto a esto, he intentado todo para llegar a los lectores y en algún momento me he perdido. También es cierto que no tengo ayuda de nadie (ni agente, ni palmeros, ni grupos de intercambios de lectura... por no tener no tengo ya ni quien me lea en mi familia, mi madre, pero ve la pobre tan mal que se lo tengo que leer yo).
Estoy agotada. Física y mentalmente.
A pesar de todo, queda una novela. La próxima sale en septiembre también con HQÑ. Me va a tener a su lado, pero con las fuerzas mermadas y el corazón más roto que nunca, no sé qué saldrá de aquí. No hay agente, ni agencia a mi lado, no hay nada de nada para empujarla porque bastante tengo con levantarme cada día yo. Y no hay a quién confiarle esto.
Que sea lo que Dios quiera.
Si sale bien, daré las gracias. Si sale mal, seguiré siendo solo lectora. Eso sí que se me da bien. ç
Esto que pongo ahora no es la portada de la próxima novela, es algo que he hecho yo.
