viernes, 2 de agosto de 2019

POR FIN... QUIZÁ



Hoy, después de cinco años, puedo decir que he empezado a ver un poco de luz en la oscuridad.

Hoy he ido a recoger unos análisis que tenía pendientes y estaban casi perfectos. El verano pasado eran un puñetero desastre, pero hoy parece que las cosas empiezan a enderezarse y los valores están todos donde deberían. Incluso algo que no parecía estar muy allá, al repetir una prueba ha dado bien, así que por ese lado puedo dejar de preocuparme.

Hoy, también, he vuelto a casa con un tratamiento esperanzador.

Llevo cinco años viviendo con un dolor que a ratos es insoportable, un dolor sordo que me vuelve loca y que combato como se me ocurre, porque ante la ausencia de evidencias más allá de lo que yo siento, no tenía un fácil diagnóstico. Sin embargo, otro síntoma que ha dado la cara por otro lado, algo que aparentemente no tiene mucha relación, ha hecho que los planetas se alineen, una idea se haya puesto en primer plano y un tratamiento probable se haya sentado en la mesa de la consulta. Ambas cosas, diferentes en apariencia, pueden tener el mismo origen y esta vez si hay algo visual que puede ayudar a encontrar qué es lo que está pasando.

Dentro de un rato, cuando termine de redactar esta entrada y el calor insoportable de la calle baje un poco, iré a buscar mi medicina a la farmacia. Soy consciente de una cosa, tal vez puede que no funcione, pero quienes hayan pasado por lo que yo estoy pasando saben que este es un paso de gigante. Ya no me dirán que estoy loca, que soy una hipocondríaca, que me estoy inventando algo o que estoy muy estresada y soy yo misma la que se provoca estos síntomas. Porque ahora ya sí hay algo que se ve y que está iluminando el camino.

También siento alivio porque sé que no es grave. Quizá sea crónico, quizá me tenga que quedar con mi dolor, pero también es posible que sienta cierto alivio, que algunas veces he necesitado con desesperación y no he tenido. A lo mejor, tal vez, quizá... funcione y me olvide de todos los palos de ciego. De los dos años tratando otra cosa que yo estaba segura de que no era el camino y que me provocaron más mal que bien. De los montones de veces que me he sentido sola e incomprendida cuando esto se ponía cansino y me decían que no era para tanto. De las vueltas que ha dado mi cabeza, porque cuando estás así no puedes evitar pensar que quizá lo que tengas sea grave y, para cuando lo descubran, ya no haya tiempo.

Ya viví eso con mi padre.

Pero no, parece que esto no me va a matar, incluso hasta el posible que, con paciencia, con suerte, con un poco de fortuna, se pase para siempre.

¿No sería magnífico?

Llevo todo el día imaginando que así es, que podré volver a hace cinco años, cuando lo noté por primera vez y me tomé un ibuprofeno pensando que se pasaría. Podré volver a una vida que no dependa de llevar el bolso lleno de remedios tontos. Incluso, si sueño un poquito más, hasta pueda dejar de depender de mi férula, quizá hasta pueda dormir sin ella...

Me ha venido bien que sea justo ahora cuando sucede esto, cuando la esperanza se abre hueco y la luz entra a raudales, porque lo interpreto como una pequeña victoria. Y en un tiempo que parecía lleno de derrotas, vencer lo que parecía invencible, o al menos tener un arma en las manos para defenderte de ello, es más que suficiente.

Sé que no estoy siendo clara con lo que me sucede, pero permitid que no lo sea, que esta entrada sea solo un grito silencioso de victoria en mi casa virtual, en mi refugio de palabras, el aliento que a veces se necesita para poder seguir respirando.

Voy a poder con esto, va a funcionar. Lo deseo con todas mis fuerzas y voy a poner todo mi empeño en que no se me olvide tomar la medicina ni una sola vez. Ya está bien de dolor, ya lo necesitaba, ya necesitaba que esto se enderezase, porque sé que sin esto, lo que viene, que es mucho y muy bueno, lo voy a disfrutar mucho más.

Y quizá, solo quizá, pueda volver a sentarme a escribir en estas tardes calurosas de verano con un café helado al lado del portátil, quizá pueda contar esa historia que tengo a medias o, si me animo, empezar esa otra que está solo dentro de mí y que no se parece a nada de lo que he hecho hasta ahora.

Quizá...