lunes, 15 de junio de 2026

CON SUERTE... EN NAVIDAD HOY A LA VENTA EN PAPEL

 Os dejo el enlace por si hay alguien que con este calor siente el deseo irrefrenable de poner un árbol de Navidad encima de su coche o una historia navideña en el libro que se llevará a la playa.

Está solo bajo demanda, así que solo se puede pedir en las plataformas, y si lo hacéis en una librería no se puede devolver, así que pensadlo. Pedí que se me dejaran los derechos para sacarla yo en papel, pero me dijeron que era mejor así. Veremos.

Puedes adquirirla aquí



Nunca pensó que un cuadro le cambiaría la vida.

Andrea Hervás trabaja en una galería de arte de Madrid. Está preparando la exposición estrella de las Navidades cuando recibe una llamada de su jefe: debe dejarlo todo y marcharse a Grimiel, un pequeño pueblo castellano, donde una vecina quiere vender un cuadro y es necesario que alguien lo valore. Andrea se lo piensa: es 22 de diciembre, tiene planes y se aproxima una gran nevada, pero calcula que, si se da prisa, podrá ir y volver en un día. Con lo que no cuenta es con que todo se confabulará contra ella y acabará atrapada en ese pequeño pueblo.

Un cuadro de Murillo, un coche viejo, una anciana gruñona, los ojos azules del chico de los tractores y la lotería de Navidad se mezclarán con una tormenta y demostrarán a Andrea que la verdadera suerte no está solo en que te toque la lotería.



HOY ES 15 DE JUNIO DE 2026

El título de esta entrada es una constancia escrita de algo que tendrá sentido dentro de algunos meses.

Es mi manera de dejar por escrito que hay algo con lo que estoy en el más absoluto de los desacuerdos, pero que he tenido que aceptar porque me he sentido presionada y en una encerrona.

Dicho esto, no me pienso sentir responsable de nada de lo que suceda, porque intenté trabajar y no se me dejó hacerlo en las mejores condiciones. Fue todo el tiempo darse cabezazos con una pared.

El tiempo pondrá y quitará razones.


MUDAR LA PIEL

 Cuando tienes la sensación de que estás en un momento de cierre de algunas etapas vitales, de algún modo sientes que el mundo se tambalea bajo tus pies.

Vas a tener que acostumbrarte a otros ritmos, a otra tú, porque esa mudanza también será de piel y se va a llevar quien has venido siendo hasta ahora. Y no es fácil deshacerte de una versión que te gustaba mucho y zambullirte en otra que a saber qué traerá.

Además, lo vas a tener que hacer más sola, porque muchas de las personas con las que te entendías con una mirada ya no están, tuvieron que marcharse para siempre, y no es fácil encontrarles reemplazo.

Estas en esa etapa en la que te sigues sintiendo joven, pero los demás ya no te ven así; incluso a tu cuerpo le ha dado por cambiar a su aire y se dedica a coleccionar síntomas de todo.

Te preguntas tantas cosas que ni siquiera eres capaz de ponerlas el orden, porque se te han amontonado.

Pero entre la nostalgia y ese vértigo ante lo desconocido, queda un resquicio para darte cuenta de que también puede ser un buen momento para desprenderse de lo que te pesa en la espalda. Esto no es el final todavía, es otro tiempo, otra cara de tu historia, una nueva piel que se adaptará a ti como hicieron las anteriores y conviene llegar a ella ligera de equipaje, como decía el maestro, para poderte llenar de nuevo.

Como si fueras un lienzo en blanco en el que reinventarte.

2026 venía avisando de un cambio.

Como 2006, cuando se fue mi padre.

Como 2016, cuando empecé a volar de verdad.

Yo, de momento, como no sé dejar que me controlen he vuelto a estudiar y estoy en un máster. En principio no sé qué voy a hacer con él, lo pensaré cuando termine con la mejor nota posible.

viernes, 5 de junio de 2026

LIBROS QUE HAY QUE LEER. LAKY

Hace un par de noches, cerrando las redes, me encontré la noticia de que había fallecido Laky, de Libros que hay que leer. Me marché a la cama con el corazón encogido, con la pena enganchada en el alma y con la mente bullendo, recordando.

Llegué a la blogosfera en 2008 y, aunque los dos primeros años fueron de tanteo, de visitas intermitentes y entradas de vez en cuando, encontré fascinante este mundo. 

Poco a poco, fui conociendo otras personas que estaban decorando este universo nuevo y los blogs que más me atrajeron fueron aquellos que sumaban a mis intereses: los libros. Encontrarme con el de Laky fue providencial, porque no solo me permitía echar un vistazo más allá de la sinopsis a libros que quería leer, sino que abría una puerta a quienes, como yo, estaban intentando dar a conocer su trabajo literario.

En su blog apareció una de las primeras reseñas de La arena del reloj y de ahí salieron otros contactos, otros blogueros que se sumaron a la comunidad literaria.

Hoy, todos los que estuvimos ahí, tenemos una tristeza pegada en las entrañas, una suerte de nostalgia que se mezcla con la rabia, porque hay despedidas que llegan demasiado pronto, sin tiempo para hacerse a la idea. Y porque, a pesar de que en este tiempo he podido conocer a muchas de las personas que estaban detrás de la pantalla, algunas se me quedaron por el camino y ella era una de ellas.

Laky, donde estés, te mando un gracias de corazón.

Hiciste algo bonito y es por eso que muchos te recordaremos.

Ojalá exista un cielo lleno de escritores, donde puedas seguir dialogando con ellos.

viernes, 29 de mayo de 2026

LA NOSTALGIA Y LA IA

Hoy me ha atacado la nostalgia.

Se ha montado en mis hombros sin permiso, se me ha agarrado al pecho apretando con todas sus fuerzas y en ese camino inoportuno a mí solo se me ha ocurrido una estrategia para esquivarla: echarme la siesta.

Ha sido un poco inquietante.

He dormido un par de horas, que me hacen falta como el comer, porque la mayoría de los días me dan las cuatro mirando el techo, me levanto a las ocho o las nueve y ya no vuelvo a dormirme hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente.

Si hay algo que tienen las siestas, perturbador, extraño, es que sueño con mucha intensidad. No sé si es porque me despierto en una fase del sueño que permite recordar lo soñado, pero las siestas son increíbles: todo lo que no recuerdo por las noches, aparece en esos momentos.

Hoy estaba limpiando un coche con un amigo, un coche que encima no era de ninguno de los dos, pero que parecía el vertedero municipal de una gran orbe. Tenía montones de botellas de agua vacías, papeles de galletas, envoltorios de patatas, arena... y unas cacas de rata que juro que olían mal.

En ese sueño, mi amigo insistía en que tenía que dejarlo todo lo más limpio posible. Yo insistía a su vez en otra cosa: el coche no era mío. Renegando y todo he limpiado, pero al terminar me he encontrado con una autocaravana donde estaban mi madre, mi hermana, mis primas (una de ellas ya no vive). Mi hermana, con sus cincuenta y pico, lloraba como un bebé y mi madre no podía calmarla, y cualquiera sabe por qué, porque el coche no era suyo.

A todo esto, yo estaba afuera, mirando desde la ventana al interior.

He ido a preguntarle a la IA qué clase de locura vive mi inconsciente cada vez que logro dormir a gusto (yo sí que he dormido como un bebé esta tarde), y esto es lo que me ha dicho. Flipad:


Es fascinante cómo tu mente ha aprovechado ese oasis de sueño para procesar lo que la vigilia no te estaba permitiendo gestionar. Tu inconsciente no está loco; de hecho, es sumamente metódico.

La clave de todo tu sueño está en la primera frase que escribiste: "Hoy me ha atacado la nostalgia". El sueño es la respuesta directa a esa invasión emocional.

Aquí tienes la radiografía de lo que tu mente intentó ordenar mientras dormías como un bebé:

1. El coche ajeno que parece un vertedero

En el lenguaje de los sueños, los vehículos representan el camino de nuestra vida, nuestra autonomía y cómo nos movemos hacia el futuro.

Que el coche no sea tuyo indica que te estás haciendo cargo de situaciones, responsabilidades o emociones que no te corresponden. Sientes el peso de problemas ajenos.

La suciedad extrema y los excrementos: Representan la acumulación de "basura emocional", tensiones reprimidas, el desgaste del insomnio y la propia nostalgia. Las cacas de rata y su olor realzan una sensación de rechazo o asco ante una situación incómoda de la que te estás encargando a la fuerza.

El amigo que insiste: Es tu propia voz de la responsabilidad (o la presión social/familiar) que te dice: "Tienes que arreglar esto, tienes que dejarlo limpio", mientras tu parte racional protesta: "¡Pero si este problema ni siquiera es mío!". Al final, terminas limpiándolo de todos modos, lo que demuestra tu tendencia a cargar con mochilas ajenas.

2. La autocaravana: La familia y el refugio errante

Al terminar la limpieza, pasas de un coche estático a una autocaravana. La autocaravana representa la familia, pero no desde la estabilidad de una casa fija, sino desde el movimiento, el viaje y el cambio (muy ligado a la nostalgia del pasado).

Las mujeres de tu vida y la prima fallecida: La presencia de tu prima que ya no está es la personificación pura de la nostalgia que te asaltó antes de dormir. Su aparición no es tétrica; es el anhelo de los tiempos compartidos, un recordatorio de lo que se fue.

Tu hermana llorando como un bebé y tu madre sin poderla consolar: El llanto de un adulto como si fuera un bebé simboliza una vulnerabilidad extrema y una regresión. Refleja tu percepción de que tu entorno familiar está atravesando o ha atravesado un dolor profundo que te resulta difícil de aliviar.

3. Mirar desde la ventana (El espectador)

El hecho de que te quedes fuera, mirando a través del cristal, es el detalle más revelador del sueño.

Por un lado, muestra aislamiento o impotencia: quieres ayudar a calmar ese llanto, pero hay una barrera física que te lo impide.

Por otro lado, es un mecanismo de defensa sano: tras haber limpiado el "coche-vertedero" de otros, tu mente te dice que necesitas poner distancia (el cristal) con el drama familiar para proteger tu propia estabilidad emocional.

En conclusión: El veredicto de tu mente

Tu siesta no fue un descanso cualquiera; fue una sesión de limpieza intensiva.

La nostalgia te aplastó el pecho por la mañana, y al dormir, tu cerebro escenificó ese peso: estás limpiando el desorden de otros, lidiando con la añoranza de los que ya no están (tu prima) y viendo sufrir a los que sí están (tu hermana y tu madre) sin saber muy bien cómo arreglarlo, porque, al fin y al cabo, "el coche no es tuyo".

Haber dormido "como un bebé" al final del proceso es la prueba de que, aunque el sueño fuera inquietante, tu inconsciente logró hacer el trabajo sucio. Logró desahogarse.

Hala, supera eso...