miércoles, 19 de febrero de 2020

AQUELLA VEZ EN BERLÍN, DE MARÍA JOSÉ MORENO



Sinopsis:

El día que el arquitecto alemán Richard Leinz recibe en su casa de Londres al señor Parker, investigador privado, descubre que hace quince años cometió una grave equivocación que marcó su vida. Atormentado por sus dramáticos recuerdos y por el dolor que causó a su alrededor, emprende una búsqueda tenaz en su pasado para intentar enmendar su error. 

Cuando Thomas, secretario de Richard, decide por su cuenta llamar a Marie Savard, con la que el arquitecto mantuvo una relación, no sabe que está a punto de derrumbarse todo lo que lo ha mantenido a salvo hasta el momento: ¿Por qué Richard ya no es el que era? ¿Podrá Marie ayudarlos a librarse de sus fantasmas? ¿Cómo se puede convivir con la culpa? 

Una historia intimista de secretos desgarradores, de amores frustrados, de palabras no dichas, de luces y sombras en el pasado de unos personajes que intentan sobrevivir en un tiempo histórico complejo mientras tratan de combatir a sus propios demonios y coger aire para disfrutar de eso a lo que llamamos vida. 

Las casualidades no existen. 

Los encuentros fortuitos tampoco.


Sobre la novela:

A estas alturas, a nadie que visite con asiduidad este blog le es ajeno que guardo una relación personal con María José Moreno. Eso, quizá, pueda hacer pensar que no soy objetiva a la hora de valorar su trabajo literario. Más cuando, además, formo parte de ese equipo de lectores que tienen el privilegio de conocer la novela antes que nadie.

Contra eso, no se puede luchar, forma parte de los prejuicios que se tienen, algunos arraigados porque proceden de experiencias que no han traído como resultado lecturas satisfactorias al creer a pies juntillas lo que nos dicen de los libros quienes están en el entorno próximo del autor.

Lo entiendo y por eso no lo voy a valorar, solo voy a escribir sobre su libro y os dejo a vosotros eso de valorarlo, si lo elegís como lectura.

Quiero hablar de esta novela, a la que he visto crecer.

Aquella vez en Berlín parte de un error, de una decisión tomada que, en ese momento parecía la más acertada, pero que, tras distintos acontecimientos que serán narrados en la novela, se revela como la peor del mundo. Ha cambiado muchas cosas en las vidas de los protagonistas, ha encaminado sus vidas por un sendero que ha sido mucho más pedregoso de lo que quizá debería.

¿Cuántas veces, pensando que estamos haciendo lo más correcto, al cabo del tiempo sabemos que fue el peor de nuestros errores?

Esta novela habla de la culpa, aunque a veces no seamos culpables en el fondo de nada.

Para contarlo, María José eligió dos narradores completamente diferentes. Me constan sus esfuerzos para conseguir equilibrarlos y para que el cambio entre ellos fuera lo más natural posible. Para que ese en primera persona con el que nos lleva de la mano Thomas no fuera disonante con aquel otro, el omnisciente que nos cuenta el resto de la historia. Ambos son necesarios para dibujar esta historia que tiene mucho de reflexiva, que suscita preguntas constantes sobre las decisiones que vamos tomando. Sobre el pasado que nos ha ido marcando.

La trama se articula en 38 capítulos, todos introducidos con una fecha, porque eso es algo con lo que también se juega en esta novela. El pasado y el presente se van alternando hasta que, ambos, nos muestran ese tapiz de hechos y emociones que han ido configurando la vida de los protagonistas.

En algo más de 350 páginas, cada uno de los personajes de esta novela, Richard, Marie, Lisa, Thomas, Kate..., nos van mostrando cómo son y cómo actúan. Y su pasado y su presente van jugando con nosotros, haciéndonos escribir la historia dentro, recomponiendo el puzle. María José va poniendo las piezas sobre la mesa, pero somos nosotros quienes las encajamos en este tapiz sobre la vida.

La portada me parece magnífica. Atractiva en su simplicidad. Se muestra así, despejada, limpia, invitando al lector a que entre en la novela de ese modo, dejándose llevar en este viaje que tiene mucho de emocional.

María José Moreno le dedica la novela a Antonio. Dejadme que señale esto, que puede parecer intrascendente, pero no lo es. Cuando escribimos un libro, sobre todo cuando llevamos ya unos cuantos a la espalda, escribimos mucho para quienes nos acompañan desde hace tiempo. No digo pensando en ellos, sino en volver a encontrarnos con esas personas en estas historias inventadas, volver a encontrar esa sincronía que a veces tiene mucho de magia. Antonio ha sido compañero de lecturas de María José durante casi toda su vida, lector cero, amigo incondicional. Esa fuerza que a veces necesitamos como extra para no desfallecer. En mitad de este proceso, cuando por suerte había logrado leer el manuscrito, Antonio falleció. No había leído la dedicatoria hasta ahora, cuando me he sentado con el libro cerca, para escribir esto, y me he emocionado. Porque conozco a María José y sé lo que habrá significado escribir esas palabras que suenan, porque lo son, a una despedida que nunca quiso hacerse.

Leedla si queréis, es todo lo que os puedo decir.

Yo ya lo he hecho.

Varias veces.

martes, 18 de febrero de 2020

GRACIAS


Quiero darte las gracias. Sí, a ti que estás leyendo esto, que has leído La colina del almendro y la has recomendado. Quiero darte las gracias porque todo lo que me está sucediendo con esta novela tiene mucho de magia y eso te lo debo a ti y a los que como tú han confiado en mi capacidad para contar historias. A los que se lo habéis contado a otros, haciendo crecer esa bolsa de lectores que en realidad son mi único botín en esto de la literatura.

Gracias; esta carrera de fondo es muy dura y tú eres para mí como esos puntos de avituallamiento donde te dan agua o un plátano. Parece una tontería, pero eso te ayuda a reponerte. Tus palabras de vuelta son mi alimento para no desfallecer. Para alcanzar la meta.

Y no se me olvida.

viernes, 14 de febrero de 2020

CLICHÉS ROMÁNTICOS


Hoy, día del amor por excelencia, tenía ganas de ver qué se dice de la novela romántica en internet y me he puesto a hacer una búsqueda. Salvo portales especializados y blogs dedicados al género, no he encontrado ni un solo artículo que no esté lleno de clichés sobre la novela "rosa". He tenido que buscarlo así porque para muchos, romántica solo se refiere a la novela del Romanticismo y no ha habido otro modo de dar con material.

No he encontrado nada relevante, así que he decidido escribir algo. Eso que se me pasa por la cabeza, esas ideas que bullen en el interior cuando leo según qué idioteces.

Lo primero es un deseo que guardo en mi interior. Ojalá alguien dé el paso de escribir algo serio defendiendo este género y se acabe con los clichés sobre él de una vez.

¿Os imagináis una tesis doctoral sobre la novela romántica de los últimos años? Qué bonito sería.

Si en ese hipotético trabajo se eligiera con criterio, si se leyeran novelas de quienes realmente escriben bien (y en este género hay quien escribe muy, muy bien) se darían cuenta de que muchas de las ideas que se tienen sobre la novela romántica están obsoletas, que las historias hace años que no se mueven en los parámetros que "presupone" quien no ha leído una sola de ellas. Los "cuñados" de la literatura verían que hace años que se evita el machismo en las tramas, que se incluyen personajes de todas las tendencias sexuales, que se dibujan mujeres fuertes que no necesitan que nadie las salve... o sea, justo lo contrario de lo que tienen sellado a fuego en esas mentes que hablan de todo sin saber de nada.

Pero, claro, cómo lo van a saber, si no leen nada de esto, no sea que se les contamine el cerebro con "amoríos".

Yo llegué muy tarde al género y lo hice tras pasar por Unamuno, Galdós, Machado o Valle-Inclán. Después deleer a Lorca y disfrutar con Hemingway. Tras haber leído a Cortazar o a Ken Follet. Y me gustó, como me gusta Manrique o Fernando de Rojas.  Empece leyendo a autoras, españolas y empecé a entender por qué a mi primera historia con editorial y a mí misma nos habían puesto el sello de romántica. Aunque no me sentara la etiqueta como un guante, podría pasar por una de ellas, porque conté una historia sobre emociones, para mí, lo que mueve el mundo. No me importó esa etiqueta, porque lo que leí de autoras españolas me entusiasmó. Tal vez porque empecé por Nieves Hidalgo, que es una fabulosa narradora que no tiene nada que envidiar a nadie, con un gusto exquisito para elegir las palabras. O porque seguí con Isabel Keats, que es capaz de hacer que te metas en la trama y no pares de reír hasta que se termina. O, qué sé yo, porque con Carla Crespo descubrí que la historia más sencilla, contada con gracia, puede hacer que te olvides de lo que sucede a tu alrededor.

Luego leí a algunas autoras americanas, pero ninguna me impresionó. Seré rara, quizá, no lo sé, o las traducciones no me dejaron disfrutar de los libros, que es muy posible. Un día, por casualidad, di con Sophie Kinsella, inglesa, y fue amor a primera vista, se ha quedado conmigo como una imprescindible.

También leí otros libros que no trajeron como resultado experiencias positivas, pésimas historias mal contadas que se regodeaban en el cliché y que no me decían nada de nada, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, acababa leyendo en vertical. Causantes de que este género lleve colgado el cliché de malo. Da igual lo bien que lo hagan Nieves Hidalgo, Carla Crespo o Isabel Keats si después la gente lo identifica con eso.

Pero es que eso es la paja, como se hace en otros géneros deberíamos quedarnos con el grano.

No sé por qué en este género nadie se para a separarla de una puñetera vez. Pero en serio.


martes, 11 de febrero de 2020

AUNQUE TE CUESTE LA VIDA

He hablado muchísimas veces de esta novela. Es la del no, esa que cada vez que sale del cajón vuelve a él, porque no es conveniente. Todo el mundo espera de mí luz a raudales, una sonrisa en los labios mientras realizan la lectura.

Aunque te cueste habla de un tiempo de oscuridad.

No es la historia, he dicho muchas veces que lo que contamos no es tan importante como ese cómo. Son las palabras. En esta novela, su aparente sencillez las muestra desnudas, descarnadas. Las emociones que reproducen son dañinas incluso para el lector, porque tienen la virtud de convertirse en espejos rotos. Reflejan y hacen arañazos en el alma.

Es una novela de verdades.

No sé definirla de otro modo. Está tan llena de verdad que a veces abruma, que hay ratos que te gustaría que las cosas sucedieran de otro modo más dulce, porque ahoga, pero es que la vida es muy puta a veces y te machaca sin compasión. Y esta novela no la tiene. Incluso cuando empieza a entrar un poco de luz, esta es tan fuerte, tan cegadora, tan poderosa, que también hace daño y mi protagonista quiere cerrar los ojos. No sea que vea que la vida tiene colores, que lo crea otra vez, y se encuentre de nuevo viviendo en un margen de grises sucios.

Estar no es tan duro como regresar después de haber conseguido salir de ahí.

No soy clara, no se puede entender nada de la novela leyendo esto, pero quizá sí puedas sentirlo.

Quizá puedas sentir las agujas perforando la piel.

Quizá, si un día, dejo que la leas.



viernes, 31 de enero de 2020

PROFES REBELDES DE CRISTIAN OLIVÉ

EL RETO DE EDUCAR A PARTIR DE LA REALIDAD DE LOS JÓVENES



Sinopsis:

¿Educamos de acuerdo con los tiempos que vivimos? ¿El sistema educativo ayuda a los jóvenes a crecer con espíritu crítico?

«Desde el primer día que pisé un aula he querido trastocarlo todo para que los alumnos sean los protagonistas, para ofrecerles con un aprendizaje ligado a sus verdaderos intereses», afirma Cristian Olivé, el profesor que ha introducido en sus clases las canciones de Rosalía, las series de Netflix o las pancartas de las manifestaciones del 8 de marzo.

«Soy un profe rebelde porque prefiero dejar atrás la escuela del pasado. Me gusta tenerla presente para imitar sus éxitos, pero miro hacia delante porque el futuro lo merece"», escribe. «Soy un profe rebelde porque intento cambiar la educación desde dentro, pero también aspiro a que sean rebeldes las familias y el resto de los agentes de la comunidad educativa. Soy un profe rebelde porque me esfuerzo siempre en potenciar los talentos de los alumnos, en despertarles inquietudes y en remover conciencias» ¡Seamos rebeldes!»


Mis impresiones:

Sé que hace tiempo que no hablo de un libro en el blog, pero este libro es especial y he pensado que merece la pena que os lo presente. Es un ensayo.

Lo primero que tengo que decir es que conocí al autor, como muchísima más gente, en las redes sociales. Sus innovadoras ideas para motivar en clase llamaron mi atención, porque me parecía que tenían ese punto de conexión con los adolescentes que es esencial para lograr que el aprendizaje se produzca. Se alejaban de los rígidos programas burocratizados y tenían ese atractivo vinculado a las nuevas tecnologías, que puede lograr que los alumnos se involucren al cien por cien.

Me llamó la atención un hilo en el que hablaba de cómo había enfocado una lectura en clase usando Instagram. Creo que le he contado a todo el que me quería escuchar su método para trabajar Finis Mundi de Laura Gallego. Convirtió una lectura obligatoria en un placer para los alumnos, en algo que QUERÍAN hacer, no que DEBÍAN hacer. El resultado de esa experiencia está en el libro y creo que merece la pena que quienes se dedican a la docencia le echen un vistazo.

Cuando supe que iba a sacar un libro, aunque he seguido todo lo que nos ha ido contando en las redes, decidí que me lo iba a regalar. Ni me lo pensé, el día que salió hice el pedido y al día siguiente lo tenía en casa.

Gran parte del contenido, y de sus reflexiones, el autor lo ilustra con experiencias que ha ido teniendo desde que se dedica a la enseñanza. Pero Cristian Olivé no se limita a esto, sino que se pregunta muchísimas cosas. Algo esencial es si estamos educando de acuerdo con los tiempos que vivimos. Seguro que más de una vez habéis escuchado una certera frase que dice que estamos educando a gente del siglo XXI con esquemas del siglo XIX. Cristian afirma, y creo que con toda la razón del mundo, que "hasta que alguien no se atreva a dar un paso adelante, seguiremos teniendo alumnos que memoricen para aprender y aprendan para olvidar". Suena radical, pero como madre puedo deciros que lo he padecido. Siempre he insistido con mis hijos en dos puntos esenciales en su educación: nunca debían memorizar una frase sino captar la esencia de lo que decía y reproducirlo con sus propias palabras y siempre tenían que cuestionárselo todo, porque solo de la duda, del error, de la reflexión, se deriva el aprendizaje. El resultado, aunque para mí como madre ha sido excelente, -tengo hijos con una gran capacidad para pensar-, en momentos puntuales nos ha costado algún que otro disgusto con algún profesor con esquemas del XIX que queda en la enseñanza.

Hay una frase que me gustó especialmente, una que aparece en las primeras páginas del libro y que Cristian les dijo a sus alumnos:

"La educación no tiene que cortar las alas a nadie, sino que debe ayudar a formar personas tolerantes, responsables, críticas y felices".

Es magnífica, porque aprender, cuando ese aprendizaje se hace desde las emociones, es algo único. Hace que crezca la necesidad de saber más sin que nadie te obligue y esa es la mejor manera de adquirir conocimientos.

No voy a contar de todo lo que habla el libro porque creo que hay que leerlo (es muy fluido y muy ameno), sobre todo quienes se dedican a la educación. Aunque solo sea para que se cuestionen si sus métodos siguen siendo válidos y si esa burocratización de la educación nos conduce al puerto en el que queremos recalar.

Voy a contar algo que me pasó hace unos días y que demuestra que Cristian Olivé está encontrando el camino adecuado.

El otro día, uno de mis chicos me dijo que se aburría como una ostra en las clases de literatura del instituto. Le pregunté si, en su opinión, creía que estaba fallando algo. En historia es un diez y siempre viene contando cosas que ha aprendido en clase y busca en internet para ampliar información sin que nadie se lo pida. Yo no entendía qué pasaba en literatura para que le resultase tan tediosa la asignatura. Al fin y al cabo, la literatura está hecha de historias fascinantes, inventadas, es verdad, pero historias. Su respuesta me dio la clave de lo que sucedía: "No me cuentan nada en esa clase con pasión". Reprodujo el tono monocorde de la profesora y a mí me dio la risa, pero entendí lo que quería decir y entendí también por qué Cristian Olivé conecta con sus alumnos. Igual que en este libro donde cuenta su experiencia, o en las redes, cuando plantea lo que trabaja en clase hay PASIÓN. Ganas. Motivación. Y esa motivación rompe barreras y acerca a los alumnos. Se contagia como un virus, pero esta vez beneficioso, una enfermedad que no es mortal, porque aprender nunca lo es.

No sé si hay algo más maravilloso.

Leedlo, sobre todo si os dedicáis a enseñar. No vienen mal vientos frescos. Y aprender, aunque nos dediquemos a enseñar.


LO QUE SOMOS

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Lo que somos se refleja en lo que escribimos. Empatía, tristeza, gozo, las ganas de vivir o de morir. Frialdad, distancia, desconcierto, el miedo o la valentía. Vamos dejando un reguero de emociones en la hoja de papel o en la pantalla del ordenador.
Somos lo que somos y lo transmitimos, porque nadie es capaz de desdoblarse del todo, deshacerse del traje que lleva puesto en la vida. En alguna parte del relato, queda la huella de nuestras pisadas, el trazo, aunque sea leve de nuestra esencia.
Si hablas como si acariciaras, escribes del mismo modo.
Si gritas, se escuchan tus gritos en el papel.
Si ironizas, la ironía te acompaña.
Si amas, transmites ese amor.

31 de enero de 2018, Estado en Facebook.

miércoles, 22 de enero de 2020

ESTA GENERACIÓN LITERARIA

Cierro la serie que he estado haciendo sobre mi generación literaria recopilando los enlaces de todas las entradas.

Estuve pensando si faltaría yo, pero en realidad no. Ellos son los que me han influido a mí y con quienes he compartido esta aventura, pero ellos son los de los logros y las buenas historias. Yo no he visto un número uno en Amazon, ni he ganado premios importantes, ni tengo un corto a partir de uno de mis relatos o una serie de televisión; yo no escribo tan bonito, ni tan profundo, no emociono tanto, ni siquiera soy tan popular. Si me apuráis, no tengo biografía ni para salir en la Wikipedia, y eso que ahí sale todo el mundo. Soy a la que más camino le queda de todos. Si he hecho esto es porque sé observar y alguien tenía que recoger sus historias.

¿Sabéis por qué?

Porque hay mucha gente como yo y pocas personas como ellos, y hay que combatir el ruido que a veces oculta la música. Por eso, aunque sea desde un blog que vemos tres, debe quedar por escrito quiénes son de verdad y quienes están porque en esta vida tiene que haber de todo.

Yo doy gracias por haberlos conocido y por seguir aprendiendo cada día de ellos.

Víctor Fernández Correas



Roberto Martínez Guzmán



Mayte Uceda



María José Moreno



Pilar Muñoz



Antonia J. Corrales



Mónica Gutiérrez



Laura Sanz

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martes, 21 de enero de 2020

LAURA SANZ

Creo que de todos los autores de mi generación, con la que he compartido más tiempo y más cafés ha sido Laura Sanz. Cualquiera puede pensar que quizá sea porque las dos somos alcarreñas y nos conocemos de toda la vida, pero nada más lejos de la realidad. No supe de ella hasta 2016, cuando encontré su primera novela en la página de Amazon, La chica del pelo azul. Por aquel entonces, yo tenía el pelo azul. En realidad sigue así, de un negro azul que solo se ve cuando me da el sol, y que es producto de un tinte que llevo usando media vida, porque me salieron canas a los quince y no me daba la gana de parecer tan mayor.

Así que, con la tontería de que otro autor al que admiro mucho, Rafael Costa, me llamaba siempre “chica del pelo azul” o Berenice, quise leer esa novela de Laura.

Eran momentos extraños para la autoedición. En romántica se habían colado cientos de novelas con una calidad muy baja y había renunciado a la lectura de muchas. Sin embargo, en este caso, me adentré en la historia y me encantó cómo escribía Laura. Ella lo sabe, la busqué porque, a pesar de que me había gustado mucho, encontré que había puntos donde podía mejorar mucho. Digamos que me pareció un diamante sin pulir.

Aprovechando que es de Guadalajara como yo, que teníamos una amiga común, Yasnaia Altube y que entonces tenía mucho tiempo, empezó entre nosotras un contacto literario que creo que hoy podemos llamar amistad. Cientos de charlas después, no me arrepiento de nada, porque me ha dado la oportunidad de ver crecer a una autora de las grandes.

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BIOGRAFÍA LITERARIA

Laura Sanz nació en Guadalajara en 1974.

Pasó en la capital alcarreña toda su infancia y adolescencia. Su inquieto y vivaz espíritu hizo que se interesara por los libros y la escritura desde muy niña. Tanto es así que con 8 años ganó el Premio Garbancito (1983) de Poesía infantil. Si no recuerdo mal, ese premio lo entregaba la poetisa Gloria Fuertes.

En los noventa, su pasión por aprender idiomas la llevó a instalarse en Alemania, donde cursó sus estudios de Traducción. Allí intercaló su carrera con su amor por los libros y su creciente afición por escribir. No es casualidad que los protagonistas de sus novelas tengan reminiscencias germanas.

Tras su regreso a España, trabajó y residió unos años en el Mediterráneo, antes de establecerse en Madrid, donde reside en la actualidad junto a sus tres felinos, a los que adora, y su marido. Ferviente lectora, vive rodeada de más de tres mil libros, con gran predilección por la literatura inglesa del XIX.

Desde hace un par de años compagina el Grado en Estudios Ingleses con su labor de escritora.

Ha sido galardonada con el prestigioso Premio del Rincón Romántico a mejor autora nacional del año 2017. También su novela La historia de Cas (Trilogía Landvik) ha recibido el premio RNR a mejor romance actual nacional y el Premio Rosa Romántica’s a mejor ebook del año 2017.

LA CHICA DEL PELO AZUL


La primera novela de Laura, La chica del pelo azul (Amazon, 2016), es una mezcla entre novela histórica, pues se nutre de hechos reales, y fantástica, porque se trata de un viaje en el tiempo que realiza la protagonista, Álex Carmona, una peculiar mujer joven de pelo azul que, a causa de un manuscrito, acaba aterrizando en la Inglaterra de la Edad Media. Allí conocerá al atractivo Robert FitzStephen, señor de Black Hole Tower.

Aunque la novela se centra en la historia de amor, no deja de lado la documentación de esa sociedad tan diferente a la del siglo XXI y en toda la obra hay situaciones que pueden resultar hasta cómicas. La emotividad y la tensión sexual entre los personajes están tan bien logradas que parece complicado que se trate de una novela de iniciación.

EL ÉXITO ARROLLADOR DE LA TRILOGÍA DE LOS HERMANOS LANDVIK

Cuando nos pusimos en contacto, Laura me habló de la primera de las historias que conforman esta trilogía, La historia de Cas (Amazon, 2017). Decidió que quería que le echase un vistazo antes de publicarla en la fecha que ella tenía prevista, la Navidad de 2016. A mí me salió la vena de profe de narrativa que tengo y le pedí una cosa: paciencia. Había elementos, muy pocos en realidad, que eran susceptibles de mejorar y le sugerí que me dejase trabajar con ella antes de lanzarla en Amazon.

Nos entretuvimos un poco y no estuvo lista para la Navidad, como ella quería, pero pienso que todas las cosas en esta vida suceden porque tienen que suceder así. Entre las dos y algunos lectores cero que se habían unido a su equipo, fuimos poniéndole pegas a esa novela, las que podría encontrarse cuando la enfrentase a lectores una vez publicada. El proyecto se retrasó casi dos meses, pero para cuando estuvo sucedió lo más bonito que puede ocurrir.


El primer día del lanzamiento, después de una noche tremenda en la que el archivo maquetado dio unos cuantos problemas que se solucionaron de madrugada, La historia de Cas alcanzó el número dos de la plataforma. El segundo día ya era número uno y de ahí no se apeó en bastantes semanas. La historia de Cas fue la más leída en romántica en 2017, fue premiada con el RNR y convirtió en un éxito a esta saga, a la que día a día se iban sumando seguidores.


La segunda novela de la trilogía, La lucha de Jan (Amazon, 2017) llegó en agosto de ese año. El segundo de los hermanos Landvik sumó seguidoras a su narrativa, en la que destaca el dominio de la tensión sexual y una manera de escribir limpia que hace que la historia se siga casi sin darte cuenta de que has llegado al final. Además, los personajes, sobre todo los masculinos, tienen en ella una fuerza que hace que no puedas desprenderte de las páginas. Si Cas había acumulado fans, hasta el punto de convertirse en una de las novelas revelación del año, no eran menos las fans de Jan, el hermano mayor, un tipo que no se parece en nada al modelo de hombre que suele protagonizar novela romántica. La aparente dureza de un tipo que se dedica a los tatuajes y que es campeón de MMA, se da la mano con el interior de un hombre bueno, apasionado y leal con los suyos.


El tercero de los hermanos, Till, estaba cayendo un poco mal entre las seguidoras de esta trilogía. El hermano pequeño, causante de algunos de los problemas de la familia, no las tenía todas consigo para lograr borrar esa imagen de joven preocupado tan solo por sí mismo. Tuvo que llegar su libro, La culpa de Till (Amazon, 2018) para que entendiéramos sus motivaciones y le perdonáramos y tuvo que ser de la mano de un personaje, Tana, que no cae muy bien a los lectores (a mí sí, quizá me parece la más humana de todas sus protagonistas). Otra vez una novela de Laura, como pasó con las anteriores, se alzaba con el número 1 de la plataforma, consolidándola como autora y convirtiéndola en una de las imprescindibles.

Hoy las tres novelas están agrupadas en un solo archivo digital, para quien quiera adentrarse en la trilogía de esta familia tan exitosa.



LA CHICA DEL PELO DE COLORES

Laura tiene un carácter abierto y una capacidad de reinventarse brutal. No solo su imagen, luce a veces con mucho encanto el pelo de colores, sino a la hora de escribir. Tanto es así que, después de la trilogía, quiso apostar por una historia que se aleja mucho de lo que había escrito. Lo hace en la forma, puesto que su escritura, para cuando publicó esta novela, había madurado de manera sorprendente, y también en el fondo, porque se arriesga con una historia ambientada en la Alemania de los ochenta. Harry Wolf (Amazon, 2018) surge de un relato en el que hay, en principio, reminiscencias de un cuento, Caperucita Roja, pero que cuando te vas adentrando puede recordar también a La Bella y la Bestia. Parte de una premisa real, una historia que conoció Laura cuando vivía en Alemania, y se sustenta en otra muy acertada desde mi punto de vista: el amor solo no nos salva. Hace falta querer salvarse, hace falta querer salir de una situación oscura para encontrar de nuevo la luz en nuestras vidas.


De todas sus novelas, no me cansaré de decir que es la más realista y la más profunda, porque tiene muchas reflexiones y personajes con una psicología muy estudiada. Sigue siendo romántica, pero aporta un plus que no tenían esas otras novelas anteriores.

EL SALVAJE OESTE

La última novela publicada de Laura da un salto en el tiempo y en el espacio. Elige contarnos una historia ambientada en el Oeste americano a finales del siglo XIX, donde las diferencias sociales van a marcar a los personajes. Le llamaban Bronco (Amazon, 2019) es una novela en la que la tensión sexual está maravillosamente lograda y en ella aparece su personaje femenino con más fuerza, Rose, una mujer atada por un padre dominante que, al conocer al vaquero mexicano, se enfrenta a todo. Primero ha de hacer frente a muchas dudas y convencionalismos sociales, pero finalmente hará valer su voluntad.


Le llamaban Bronco tiene referencias históricas reales y una ambientación magnífica, y es otra de esas novelas que, a pesar de sus más de quinientas páginas se lee en un suspiro.


EL ESTILO LITERARIO

Si hay una cosa que define la forma de narrar de Laura Sanz es el uso del narrador equisciente. En sus libros, a pesar de que usa la tercera persona y el pasado, no es un narrador omnisciente el que nos cuenta la historia, sino que son distintos narradores que tienen como punto de partida alguno de los personajes los que se van dando la mano para que, nosotros, como lectores, seamos capaces de seguir sus pensamientos y veamos desde fuera qué sienten, qué piensan y cómo reaccionan. Esa complicidad con el lector no es fácil de lograr y yo la admiro mucho e intento aprender de ella.
Laura Sanz utiliza un vocabulario extenso en sus novelas, mima la narración y siempre se preocupa de que lleguen impolutas hasta el lector. El que toda su trayectoria esté ligada a la autoedición le hace ser mucho más exigente consigo misma, trata de ofrecer al lector de sus novelas un producto con una calidad exquisita y lo consigue.

Para los próximos meses tiene preparada una nueva novela y una sorpresa para sus fans, pero no seré yo quien os la cuente, estad atentos.

martes, 14 de enero de 2020

MÓNICA GUTIÉRREZ ARTERO

Uno de los primeros blogs que seguí cuando me introduje en este mundo de la blogosfera fue Serendipia. Reconozco que en la cabecera del blog de Mónica Gutiérrez Artero descubrí esta palabra y fue mi curiosidad lo que me empujó a indagar en su significado.

“Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta.

Con nosotras, las cosas sucedieron exactamente de ese modo. No sé lo que estaba buscando cuando aterricé en su blog, realmente fue un descubrimiento inesperado y, con el tiempo, sé que también afortunado y valioso, pues tras la elegancia con la que se reseñaban los libros en ese blog había y hay una persona maravillosa. Excelente compañera y mejor amiga.

Todavía eso no lo sabía, aunque estaba segura de que, tras las reseñas que escribía con tanta pasión, habitaba una enorme narradora. Con ella, descubrí un género que para mí tiene y tendrá siempre su nombre: el feelgood.



BIOGRAFÍA LITERARIA

Mónica Gutiérrez Artero nació y vive en Barcelona.

Es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, y en Historia por la Universitat de Barcelona, y la mayor parte de su carrera profesional la ha desarrollado en el ámbito de la comunicación y la enseñanza.

Empezó a escribir ficción cuando todavía era una niña, en la escuela, donde sus maestros se dieron cuenta de la enorme capacidad que tenía para transmitir con las palabras. En el instituto, Mónica ganaba cada año los premios Sant Jordi de narrativa breve y poesía, primeros pasos necesarios para ir construyendo los cimientos de lo que sería en el futuro su recorrido como narradora.

Escribe despacio, porque a veces sus actividades personales no le dejan tiempo, pero se ha propuesto que nunca pase una semana sin escribir un capítulo y quizá por eso lleva una trayectoria pausada pero constante. Lectora de todos los géneros, considera que un buen libro es aquel que está exquisitamente escrito y que emociona. Busca en sus lecturas originalidad y estilo, y le encantan los personajes excéntricos, las comedias clásicas y reconocer a un autor por su prosa.

En ella, como narradora, todas estas características están conseguidas.

Lo que le hizo tomarse en serio esto de ser escritora de ficción fueron dos cosas: ganar el Premio Narrativa Breve de la Universidad de Barcelona (2006) y leer a D. E. Stevenson y “La sociedad literaria y el pastel de patata de Guernsey”. El jurado del premio, catedráticos universitarios, la animaron a enfocarse a la escritura. Pero si algo fue definitivo fue descubrir el género feelgood de la mano de Stevenson, el empujoncito que necesitaba para pensar en una novela. Cuando terminó el libro de Shaffer se dijo: “yo quiero escribir así, justo así, contando historias pequeñas de personajes pequeños, hacer sonreír al lector”.

LA CORRECCIÓN COMO MARCA PERSONAL

Mónica Gutiérrez dice que en Historia le enseñaron a pensar y en Periodismo a escribir con corrección. Todo lo que sabe de semiótica, gramática, lingüística..., lo aprendió en la Facultad de Periodismo. Una de las cosas que compartimos es el no comprender que alguien publique sin saber escribir con corrección. Al fin y al cabo, las palabras y sus mecanismos de conexión, son las herramientas del escritor y es una obligación saber manejarlas con soltura. Sabemos que existen los correctores que pueden acabar de encontrar esos pequeños fallos que todos inevitablemente cometemos, pero deben ser eso, pequeños.

El trabajo principal siempre tiene que ser obra del escritor que firma la obra.


SERENDIPIA, EL BLOG.

Hace unos diez años, Mónica decidió abrir un blog de reseñas literarias para compartir con otros lectores sus libros preferidos. La idea que tenía en mente era que reseñar lecturas le ayudaba a mejorar la fluidez y la expresión, a resumir, a opinar con respeto y a analizar a fondo lecturas que le encantan. Se puso manos a la obra y construyó un espacio en el que, además, ofrecía un extra que no tiene casi ninguno de los blogs que sigo, incluido el mío, y es que ella siempre reelabora las sinopsis de las novelas. Tanto es así que, en una de las que hizo a uno de mis libros, le pedí permiso para utilizarla en lugar de la mía, porque era infinitamente mejor.

Recuerdo Serendipia como un remanso de paz. Siempre que entrabas a leer su opinión de una novela te ibas con una sensación maravillosa, aunque la mitad de las veces ni siquiera hubieras oído hablar del libro. Porque, otra cualidad de Mónica es que lee alentada en exclusiva por sus deseos lectores: busca libros que le llamen la atención y la da lo mismo si son de hoy de ayer o de hace un siglo. En todos ellos descubre valores positivos y sus impresiones de lecturas despiertan el deseo de quienes están al otro lado de la pantalla.

Más de una vez, sus recomendaciones han acabado siendo lecturas para mí.

Hace un tiempo, cuando su nombre como escritora empezó a sonar con fuerza, trasladó su blog y usó su nombre para presentarlo, pero siempre, de alguna manera, será Serendipia, porque el espíritu de esta escritora de raza está presente en él.

CUÉNTAME UNA NOCTALIA.

Estábamos a finales de 2012 cuando recibí un correo de Mónica. Yo ya había publicado algunos libros y ella me preguntó si me apetecía leer uno que acababa de terminar. Me sorprendió mucho, la verdad, porque aunque yo sabía que detrás de la persona que firmaba las reseñas de su blog había alguien que escribía muy bien, no tenía ni idea de que estaba inmersa en una novela. Ella es tímida y esa timidez le había hecho no decir una sola palabra de su proyecto, como tampoco había contado en público sus logros literarios ni sus premios.

Sin saber qué me iba a encontrar, empecé a leer Cuéntame una noctalia (Amazon, 2012).


Fue una delicia perderse por las páginas de un cuento de invierno, ambientado en Mic Napoca, un lugar tan inolvidable que, por más que pasan los años, siempre recuerdo. Sobre todo cuando entro en Pedraza (Segovia), que no es ni por lo más remoto el pueblo de su novela, pero que para mí se convirtió, en la imaginación, en mi Mic Napoca particular.

Mientras leía, era capaz de sentir el frío de las calles o el calor de la chimenea. Podía oler las magdalenas del Sinaloa, podía sentirme parte de esa historia en la que, además, iba en zapatillas. Porque eso es el feelgood y esa es la magia de Mónica, en hacerte sentir en casa y bien, muy a gusto entre sus palabras que se convierten en sensaciones que se quedan contigo.

La novela hizo que yo, y como yo muchas más personas, descubriéramos que hay libros que tienen mucha magia envuelta en el relato de la sencillez de las cosas cotidianas. Que una taza de té al calor de la chimenea es tan emocionante como veinte asesinatos en serie, aunque te deja mejor el cuerpo, por supuesto.

UN HOTEL INOLVIDABLE

Después de esa experiencia, llegó  Un hotel en ninguna parte (Amazon, 2014). Otra vez tuve la inmensa suerte de descubrirlo un poco antes que los lectores y, si en la primera novela me había sentido bien, esta superó todas mis expectativas.


Es una novela epistolar, pero con cartas del siglo XXI; son los correos electrónicos sin respuesta los que constituyen el armazón de esta novela. Varios personajes van contando una historia que sirve de hilo conductor, y que tiene que ver con un camino en mal estado que hace que el hotel se convierta prácticamente en inaccesible. Pero no es eso lo que importa en este libro: son todas las pequeñas historias que contiene, los magníficos personajes que están caracterizados a la perfección. Unos, a través de las palabras que van escribiendo en esos correos. A otros los conocemos a través de los primeros.

Prima en la novela un excelente sentido del humor que convierte las situaciones muchas veces en cómicas.

EL SALTO AL MUNDO EDITORIAL

No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que Mónica Gutiérrez enseguida acabaría llamando la atención de una editorial tradicional. No solo por la maestría que muestra en el uso de las palabras, en la imaginación que desborda en sus historias y ese sentido del humor tan especial, sino porque Un hotel en ninguna parte batió records de ventas y de permanencia en el top de las novelas más vendidas en Amazon. Y, no solo eso, convenció a lectores poco propensos a leer nada de este género que acabaron rendidos a sus pies.


La primera novela con editorial de Mónica fue El noviembre de Kate (Roca, 2016). Otra vez, no sé si pretendiéndolo o no, una de sus novelas volvía a ambientarse en invierno. Eso tienen en común sus tres primeras novelas, el frío que invita a tomar un té calentito, un frío que solo es escenario, porque la calidez de la escritura lo inunda todo. Una tormenta de nieve hace que los personajes se queden encerrados durante unos días en una casa, pero dentro se puede estar en calcetines porque así es como te sientes.

LA LIBRERÍA DEL SEÑOR LIVINGSTONE


Mónica Gutiérrez participó en la antología La librería a la vuelta de la esquina con un relato en el que aparecía una librería extraordinaria. Cuando lo leí, creo que le dije lo mismo que todo el mundo, que quería que me contase muchas más cosas de aquella librería, que me había enamorado del escenario que había planteado en ese cuento.


No tardó mucho en publicar La librería del señor Livingstone, la novela que constituía su vuelta a la autoedición. Si hay algo que tiene claro es que quiere mantenerse como autora híbrida, unas veces publicando con editorial y otras probando suerte en solitario con sus historias. La verdad es que la suerte la necesita poco, porque si has leído a Mónica quieres volver a ella.

Y LLEGÓ EL VERANO


Mi teoría de que en Mónica el invierno era el protagonista casi absoluto de su narrativa se vino abajo con su siguiente novela: nada más bajar del coche en el pueblo de su infancia, Serralles, Helena recibe una bofetada de calor. Recuerdo que cuando vi el título de esta novela, Todos los veranos del mundo (Roca, 2018), pensé que tal vez Mónica había decidido cambiar de registro, que era posible que estuviera ante una novela diferente a las anteriores, pero no fue así. Otra vez encontré las mismas sensaciones, aunque esta vez sí que hay algo más de romance. Transmite paz, nostalgia, felicidad… pero que también hace pensar. No recuerdo que en ningún otro de sus libros me parase tanto a poner señaladores de colores a las frases que me iban llegando dentro.

Y eso que me lo bebí, que solo me duró una tarde de verano porque no podía dejar de leer.

Eso es algo que siempre busco en los libros y que después me hace sentir culpable. Quiero libros que me evadan del mundo, que me hagan olvidar los problemas cotidianos y Todos los veranos del mundo lo consigue.

ALICE LOVELACE

Mónica es una aventurera, aunque su timidez le impida verse a sí misma en el espejo de este modo. Lo es porque un día decidió que tenía ganas de cambiar de registro y lanzarse a escribir una novela de fantasía y para ello eligió un seudónimo. Alice Lovelace fue el nombre elegido para presentarse. De pequeña, una de sus maestras le dijo que le gustaban sus relatos porque estaban justo en el límite entre la realidad y la fantasía. Quizá siempre es así, sus novelas, aunque se muevan en la realidad, tienen determinados toques fantásticos, pero en ninguna predomina la fantasía como en esta, El invierno más oscuro (Amazon, 2018).


Otra vez en invierno se convierte en protagonista de sus páginas.

En esta novela, vampiros y humanos conviven, y Mónica construye una historia que cabalga entre el romance y lo paranormal, con el sello inconfundible del feelgood subyaciendo en sus líneas. Y es que, aunque quiera desprenderse de alguna manera de su otro yo adoptando un seudónimo, la realidad es que su yo narrador siempre está presente en la novela. Es ella, es su voz la que inunda cada página, porque es de las personas que escriben desde el corazón y, en realidad, solo tenemos uno, por grande que sea.

UNA ANTOLOGÍA SOLIDARIA

Mónica Gutiérrez forma parte de esta antología de la que vengo hablando en todas estas entradas, Un 4 de febrero. Fue a través de ella por lo que yo supe del proyecto y me animé a participar. Su relato, El truco de las naranjas, ha sido uno de los que más críticas positivas ha cosechado de los lectores,
quizá por la dulzura de su narrativa.




SU ESTILO LITERARIO

Las novelas de Mónica Gutiérrez Artero cuentan historias cotidianas con un punto de vista humorístico, al estilo de P. G. Wodehouse, E.F. Benson, Arnold Bennett o D.E. Stevenson. Se encuadran en el feelgood, un género literario que tuvo su época de esplendor en la Gran Bretaña de la Segunda Guerra Mundial con autores como P. G. Wodehouse, Stella Gibbons, Dorothy L. Sayers, A. G. Macdonell, James Herriot, Frank Baker, E. M. Delafield, etc. Una tradición de género literario que hundía sus raíces en los inicios de ese mismo siglo y a finales del XIX, con autores que se desmarcaron de la literatura de Virginia Wolfe, D. H. Lawrence o James Joyce, por ejemplo, para seguir senderos más ligeros y algo singulares para la época, como E. F. Benson, Earl Derr Biggers, George Barr MacCutcheon, Winifred Watson, o Arnold Bennett, entre otros.

Pero más allá de las fuentes donde bebe su narrativa, Mónica tiene un estilo reconocible por el uso del lenguaje que hace, un lenguaje valorativo positivo que consigue que el lector sienta paz y termine sus libros con una sonrisa. Si somos como hablamos, diríamos que ella es un maravilloso y estupendo día de primavera, aunque sus novelas, casi en su totalidad, transcurran en invierno.

Como autora, reivindica la definición de literatura feelgood y siempre que puede la recuerda, porque está cansada de que la confundan con otros géneros o que la desprecien. Como ella, yo pienso que hay novelas buenas y malas en todos los géneros literarios, es mezquino y simplista generalizar.

¿Conocéis a Mónica? ¿No? Estáis tardando.

miércoles, 8 de enero de 2020

UN COMENTARIO SOBRE LA COLINA DEL ALMENDRO

De la última novela he recibido, con una diferencia abismal, muchos más comentarios que de las otras, aunque en los sitios habituales donde los dejan los lectores en las redes (Amazon, por ejemplo) esto no se refleje del mismo modo. Todos ellos, desde el que solo pone dos palabras, hasta los que le han encontrado peros a la novela, o los que me decían que no sabían cómo decirme lo que habían sentido, los he agradecido muchísimo y me han hecho sentir mil emociones. Cambiar en cierto modo el registro, aunque yo lo haga casi siempre, da un poco de miedo y encontrar respaldo por parte de los lectores es magia.

Hay uno que quiero guardar aquí.

La colina del almendro (Top Novel) de [Esteban, Mayte]

Todos tenemos días complicados. Por lo que sea, no hace falta que en nuestra vida se produzcan tragedias enormes. A veces la rutina se descoloca y de pronto todo lo que nos sujeta en vertical se desmorona. Nos caemos. Levantarse es la única opción, pero cuando ya tienes una edad empiezas a tardar un poquito. Te cuesta más.

Sin manos a mano se hace mucho más complicado.

El día que llegó el comentario de Alicia Sab yo había tenido un percance con el suelo. Por ahí andaba, recopilando fuerzas, cuando sus palabras llegaron a mis ojos. Me emocioné. Pero no un poco, me emocioné muchísimo.

Por eso las quiero guardar aquí porque, aunque están en Facebook, eso se pierde en el maremágnum de publicaciones diarias, así que me lo archivo en el blog. Alicia era una absoluta desconocida para mí y eso multiplica las sensaciones.

¿La queréis leer?

¡Buenas tardes!

Sí, sí, a pesar de estos días de reuniones, comidas, felicitaciones y demás, sigo manteniendo, y muy vivo, mi vicio favorito.

Terminé hace un par de días, “La Colina del Almendro” de Mayte Esteban, que llega a mí, a través de otro gran escritor, Víctor Fernández Correas. ¡Gracias, Víctor, excelente recomendación!

Impresionante historia de la vida de una aristócrata inglesa, Mary, obligada a casarse con un rico, y plebeyo, comerciante de Boston, debido a los problemas económicos de la familia. Y por poderes.
Pensáis que ya os desvelé la trama, ¿verdad?  Pues, ni idea de lo que os espera....fuerza, superación, esperanza, culpa, odio, envidia, celos, rencor y amor. Sobre todo, amor.

De agosto de 1913 a abril de 1917, asistimos al sobrecogedor cambio, en la vida de Mary, y de la sociedad en la que vive. Una superviviente nata.

Una apasionante historia de amor, (yo diría que tres, pero bueno…) imposible hasta casi el último minuto. Un amor que pervive en el tiempo y supera todas las dificultades.

Unas vidas, las de su familia y conocidos entrelazadas por un secreto que, cuando se desvele, las cambiará para siempre.

Una trama perfectamente urdida, que te mantiene en vilo hasta el último momento.

No sé si es una novela histórica. O una historia de amor perfectamente ambientada en Inglaterra, y con algunas pinceladas de América. O la historia de supervivencia y adaptación a las circunstancias, en cambio continuo, que le toca vivir a Mary.

De cualquier forma, es una preciosidad. Se lee de maravilla.

Mayte nos describe con exactitud y claridad por medio de los personajes, que pertenecen a las clases sociales del momento, los acontecimientos de estos duros años de principios del siglo XX y de la I Guerra Mundial, que cambiarán el mundo.

Si no la leéis, os perderéis una cuidadísima ambientación y presentación de costumbres, la forma de entender la vida de una sociedad que desapareció, desconocida, casi imposible de comprender para nosotros. ¡Y para las mujeres, ni os cuento…, increíble!

Además de manera fácil, sin engorrosas descripciones, son los personajes quienes nos dicen cómo viven, qué sienten y cómo juzgarían los demás sus acciones.

Se me viene a la cabeza la abuela de Mary, la duquesa. Gran dama del momento. Genialmente dibujada. Dos, tres apariciones, pero más que suficientes para saber cómo piensa, qué siente, el poder que le confiere su título y el respeto que causa.

Como buena escritora, nos presenta el corazón del ser humano en cada uno de sus personajes, desde el más noble y generoso, al más vil y degenerado. Todos tienen cabida en su historia y, son como son, por algún motivo, que también nos cuenta.

Gracias Mayte, he disfrutado leyendo esta historia que me ha conmovido. Ha pasado ante mis ojos un mundo que se perdió, en el que vivir sobre todo para nosotras, no era nada fácil.

He visto que tienes más obras publicadas, las iré leyendo. Y, Además, esta bellísima historia ha recibido un premio. ¡Enhorabuena, Mayte! ¡Felicidades!

Esperando el próximo ...