viernes, 23 de julio de 2021

LA LUZ DE LA PASIÓN DE NURIA LLOP

 



Sinopsis:

Si encuentras el amor verdadero, tarde o temprano lo reconoces, porque la luz de la pasión ni se finge ni puede ocultarse para siempre.

Pablo Ribera, un prestigioso médico de Madrid, ve truncado su futuro tras ser condenado por la Inquisición. Su única esperanza es conquistar a la mujer que ha sido el amor de su vida. Pero al salir de la cárcel descubre que esa mujer se ha casado y que él ha perdido su casa. Solo le queda una opción: instalarse en la que su madre comparte con dos inquilinas.

Lucía Garrido, una joven partera viuda, busca un esposo que le permita mantener su independencia y su oficio, y ve en el hijo de su casera al candidato perfecto. Ni siquiera le importa que siga enamorado de otra mujer. Sin embargo, Pablo considera descabellada la proposición de matrimonio y Lucía elabora un plan para convencerlo de aceptar sin tener que revelarle la verdad que subyace en su empeño de casarse con él.

El problema es que otras estrategias se fraguan bajo el mismo techo. Y que el plan de Lucía despierta en Pablo la necesidad de averiguar esa verdad que ella esconde. Una necesidad que surge del fuego que la deseable viuda enciende en él y que amenaza con dominar su voluntad de no dejarse atrapar en un matrimonio sin amor.

Una entretenida historia de enredos amorosos y pasiones irresistibles con un toque de intriga.


Mis impresiones:

Elegir una novela de Nuria Llop, la que sea, viene con garantía: vas a leer algo que está bien escrito, bien sustentado en una ambientación cuidada y con unos personajes que siempre tienen una gran personalidad.

Tras la increíble novela de Mayte Uceda me daba miedo abrir otro libro. Pensé, y con razón, que cuando te quedas con una resaca lectora importante, porque has dado con un libro grande, te va a costar no valorar el siguiente guiándote por las sensaciones del anterior. Por eso, antes de abrir uno nuevo, le di vueltas. Estamos en verano, hace calor (mucho) en mi habitación y las noches se hacen muy largas si no encuentro un libro que me mantenga atrapada entre sus páginas.

Mirando entre mis adquisiciones recientes, encontré La luz de la pasión. Mi madre, que se me adelantó cuando lo compré, ya lo había terminado y me dijo que le había gustado mucho, así que abrí sus páginas.

Desde el principio, me quedé atrapada entre ellas.

La magnífica ambientación en el Siglo de Oro, momento histórico que por razones personales conozco bien, me cautivó. Pero no fue solo eso, también los personajes. Pablo, con el peso a la espalda de haber sido acusado de herejía, encarcelado, torturado y castigado a no poder ejercer su profesión de médico; su madre, Jerónima, una viuda de carácter que no está dispuesta a permitir que su hijo se hunda; Gabriela, una joven melancólica que se ha ido a vivir a casa de Jerónima.

Y Lucía, la partera.

Es el personaje de la novela. 

Por mucho que Pablo Ribera sea el protagonista, la que me enamoró desde el minuto uno fue esa mujer decidida que dibuja Nuria, una mujer que sabe lo que quiere y que lucha por ello.

El sentido del humor, presente tanto en esta como en otras obras de la autora, hace que cada rato esboces una sonrisa. A veces, las escenas recuerdan a las obras teatrales de ese magnífico siglo donde la literatura brillo de manera deslumbrante, compensando todas las sombras de la brutal crisis económica, la miseria, la pobreza y la ruina de un Imperio que se desmoronaba sin remedio. 

Nuria Llop crea una novela que a ratos, cuando habla del proceso inquisitorial de Pablo, se vuelve dura, pero que se compensa con todos los momentos luminosos entre los protagonistas y por esas otras escenas en las que el humor aligera todo.

No he echado de menos nada, me ha gustado mucho ese final de enredo tan literario, me han gustado las referencias constantes al tiempo en el que transcurre, que no abruman al lector, algunas, de hecho, creo que pasarán desapercibidas a ojos poco expertos, pero que además no hacen sombra a lo que tiene que estar en un primer plano en una novela romántica: la trama amorosa.

Hay química entre los personajes.

Hay detalles preciosos en cuanto a la vestimenta.

El proceso inquisitorial.

El trabajo de partera.

El de médico...


Leedla, si os apetece una novela romántica, porque estoy segura de que no os vais a arrepentir. La luz de la pasión es una buena manera de conocer a Nuria Llop. Creo que es la tercera novela de una saga (los que me leen saben que yo lo del orden de las sagas lo llevo mal, empiezo por la que sea), pero no he echado de menos nada. Se lee perfectamente ella sola.


martes, 20 de julio de 2021

EL GUARDIÁN DE LA MAREA DE MAYTE UCEDA

 



Sinopsis:

Las Palmas, 1918. Marcela Riverol y su familia tratan de sobrevivir al hambre mientras se suceden los combates entre británicos y alemanes en aguas del archipiélago canario, bloqueado por los submarinos germanos. Hans Berger, teniente de la Marina alemana, es encontrado a la deriva y llevado malherido a casa de los Riverol. Marcela lo cuidará con la ayuda de Herminia, una anciana de pasado misterioso y con fama de bruja.

Cuando Hans debe volver a la guerra, el vínculo entre ambos será tan fuerte que cambiará sus vidas para siempre.

Una épica novela que narra el bloqueo que sufrió Canarias durante la Primera Guerra Mundial y el naufragio del Valbanera, el mayor siniestro naval español en tiempos de paz. Una historia de amor que cruza océanos y atraviesa la primera mitad del siglo XX.

Solo el amor es capaz de vencer al tiempo, el olvido y la guerra.


Mis impresiones:

Antes de empezar, diré que llevo años esperando esta novela. No es una frase hecha, literalmente llevo años sabiendo del proyecto de Mayte Uceda, porque más o menos coincidimos en el tiempo de escritura con el mismo tema de fondo, la Primera Guerra Mundial, y terminamos la redacción de nuestras novelas en fechas parecidas. Ambas comentamos la coincidencia de elección, otra más de las casualidades que nos unen (ejemplos son nuestro propio nombre, o que nuestras madres se llamen igual, aunque hay muchas más).

El caso es que la estaba esperando.

Por eso, en cuanto se publicó me hice con ella y la he ido leyendo con la calma y la atención que merecen los libros que esperas y que sabes, porque algo te lo lleva diciendo mucho tiempo, que te van a llegar.

El guardián de la marea narra la historia de Marcela Riverol y Hans Berger, una muchacha canaria y un submarinista alemán, una historia de amor que sirve de motor para ese paseo que supone esta novela por nuestra historia del siglo XX. A través de ellos, Mayte Uceda recrea la situación de las islas Canarias, centrándose en Las Palmas durante los años de la Primera Guerra Mundial. Narra un hecho olvidado, el bloqueo sufrido por las islas que hizo que esa guerra afectase en gran medida a sus habitantes. La neutralidad de España en el conflicto, para Canarias no fue sino papel mojado, pues sufrieron hambre y miseria, y con ellas la necesidad de buscar otros horizontes cuando la gripe que asoló el mundo, la bautizada por la prensa como "gripe española" hizo su aparición nada más acabar la guerra.

Es en ese contexto donde Mayte rescata otro hecho que tampoco es todo lo conocido que debería ser: el naufragio del Valbanera en 1919, un transatlántico que naufragó en las costas de la Habana y que constituye el peor desastre marítimo español en tiempo de paz, con casi 500 fallecidos. Un huracán impidió que llegase a puerto y este hecho lo enlaza la autora con los avatares de sus personajes. De este modo, Historia e historia, la real y la ficticia, se van dando la mano durante toda la novela. Y lo hace bien, sin agobiar con la información, dando los datos justos para situar al lector y, llegado el caso, despertar su curiosidad para que después indague sobre los hechos, pero sin perder de vista que esto es una novela y donde debe estar el foco es en ese nudo de la trama que es la historia de Marcela y Hans.

La novela recuerda a las grandes novelas de otro tiempo y, desde mi punto de vista, los personajes son tan potentes que quizá pudiéramos estar ante una de las grandes novelas de este año. Yo, sin duda, os la recomiendo.

La protagonista es Marcela. Es casi una niña cuando empieza la novela y a lo largo de sus páginas vamos a asistir al recorrido por toda su vida, una vida dura, pero en la que también caben momentos luminosos.

Hans tiene unos años más que Marcela y eso al principio hace que trate de mantenerse a distancia de ella, puesto que la ve, a ratos, como a una niña. Es un hombre de honor y a través de él Mayte juega a enseñarnos que la guerra es una cosa y las personas que participan en ella, sobre todo quienes no toman las decisiones importantes, son otra.

Otros personajes maravillosos son Herminia, la Maldiciones, una vieja "bruja" a la que acabaremos por tomar mucho cariño, Mili, una huérfana que adora a Marcela o sor Felipa, la monja del hospicio que las ha criado a ambas. Hay hombres en la novela, Thomas es uno de los personajes más entrañables, pero tengo la sensación de que esta es una novela de mujeres. Porque también están Rosita, Carmen o Elena.

Pero si hay algo que se quedará en el lector es esa ambientación que ha hecho tan bien Mayte Uceda. Las Palmas, La Habana o Santiago de Chile, los olores, los sabores, la miseria y la luz, cuando tenían que aparecer, lo hacían. Y uno se siente paseando por sus calles, frente a los edificios -algunos de los cuales siguen en pie-, y con el deseo de marcharse a las islas y poner los pies sobre ellas.

Mientras tanto, poned los ojos sobre esta novela.

No os vais a arrepentir.

La podéis conseguir aquí, y esta vez os recomiendo que lo hagáis en papel. Las grandes novelas se merecen ese formato.


lunes, 28 de junio de 2021

CASTELLANO, DE LORENZO SILVA

 



Ando estos días terminando la lectura de Castellano, el nuevo trabajo de Lorenzo Silva. Llegué a él con la impaciencia del tiempo que se te echa encima y las ganas de abordar un libro que te apetece. El Festival Internacional de Literatura en Español de Castilla y León (FILE) tenía programada una charla en Segovia capital el 27 de junio con la presencia del autor y pensé que el de los comuneros era un tema interesante sobre el que me apetecía aprender algo más. Además, escuchar a Silva es tan apasionante como leer sus libros y la cita era en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, un antiguo templo romántico rehabilitado que hoy en día es un museo y cuya sola visita ya merece la pena.

Y era domingo por la mañana.

Resultó todo un acierto. Y digo todo en el sentido de totalidad, una mañana luminosa en la que apetecía salir a esa calle que lleva año y pico vetada, un escenario impresionante, una charla interesante y amena, y la mejor compañía que uno pueda desear, que incluía a ese hijo que tengo que está siempre ansioso por aprender. El libro había llegado a mis manos días antes y decidí empezarlo para no llegar a ciegas a Segovia. Es uno de esos que de pronto encienden luces dentro de ti y suscitan pensamientos que te habían pasado por alto hasta ese momento.

Cuando lo empecé estaba leyendo -sigo en ello- una novela que me está decepcionando profundamente. No es el novelón del que hablaban ni mucho menos, así que no me importó aparcarla un tiempo para abordar este otro libro.

La verdad es que ha sido un acierto, no solo porque me está rebajando el amargor que deja leer un libro que no te está aportando nada y que te genera más dudas que emociones positivas, sino por otro hecho que no esperaba. 

En la faja, el libro tiene impresa una frase: "Un sueño de orgullo y libertad que marcó la identidad española". Es de eso, del concepto de identidad, de lo que habla Castellano sobre todo. De cómo se forja la identidad castellana y, por qué no, de cómo se siente. Es cierto que Lorenzo Silva hace un extenso trabajo de documentación para recrear cómo fueron los inicios y el desarrollo de la revuelta comunera, que presenta a sus principales protagonistas y las relaciones entre todos ellos. Lo hace en un tono que para mí no es novelado, sino más bien próximo al ensayo, aunque donde cabe cierta subjetividad -que se ve, por ejemplo, en el uso de ciertas expresiones coloquiales. Aborda la revuelta sin crear un relato al uso para quienes están acostumbrados a que se ficcione sobre el pasado y así el lector puede sentirse más bien en una conferencia como la del otro día, donde de una manera absolutamente amena se aborda la guerra de las comunidades.

Me recuerda un poco a algunas de mis clases de Historia en la facultad.

Pero hay otra parte en el libro, curiosamente la que a mí me ha llegado más, que no habla del pasado ni de la Historia con mayúscula, que tiene un enfoque de intrahistoria unamuniana, un relato a la sombra de los titulares de la prensa porque la materia que lo forma son los recuerdos del autor y cómo, en algún momento empezó a despertar en él la conciencia de ser castellano. De que sus antepasados lo fueron. De que, aunque no había necesitado nunca reafirmar ese origen, de alguna manera estaba ahí y apareció para como una revelación tranquila y en cierto modo, quizá, reflejo del carácter de las gentes de ese pedazo del mundo.

Yo soy castellana.

Nací en Guadalajara, aunque llevo la mitad de mi vida ya en Segovia. Soy castellana por nacimiento y por elección -por amor, como Juan Bravo, llegué a esta tierra- y, hasta el otro día, cuando mis ojos recorrían las líneas del relato de Lorenzo Silva, ni siquiera había pensado en lo que amo este paisaje colinas plateadas, grises alcores y cárdenas roquedas, cómo lo retrató Machado, mi poeta. Cómo me atrae la contradicción que son sus gentes, frías y secas en apariencia, pero de corazón cálido y alma generosa cuando las conoces. Cómo adoro sus ciudades llenas de historia impresa casi en cada casa y en cada muro que el tiempo no ha logrado doblegar. Soy castellana, como mis hijos y como mis antepasados y lo he sido siempre, aunque apenas haya reparado en ello.

Y no parece que sea a la única que le ha sucedido por lo que cuenta este libro.

No puedo decir mucho más porque aún no he terminado, porque me queda que mi hijo también se empape de sus páginas y los dos hablemos de él; me falta un poco para saber la dimensión de lo que me va a dejar en el alma, pero sí puedo afirmar que no estoy sintiéndome perdida o estafada en mis expectativas lectoras. Escribo esta pequeña reseña de un libro inconcluso porque me la ha pedido María Perbech, me ha dicho que le cuente para decidir si ella también lo lee (a veces me da miedo que confíe tanto en mi criterio). Escribo para decir que me está encantando saber de hechos históricos contados de este modo. Por ejemplo, ya nunca pasaré por la Iglesia del Corpus Christi, la antigua sinagoga segoviana, sin recordar lo leído en sus páginas.

En cuanto a los datos técnicos, los capítulos en los que es protagonista la voz del autor están escritos en primera persona, alternando presente y pasado cuando lo necesita. Los que se dedican a la historia de la revuelta comunera los escribe en presente y en tercera persona, elige el tiempo más delicado para narrar, pero uno que para mí tiene una fuerza inusitada y la capacidad de acercar al lector a los hechos. Te sitúa al lado de los personajes y te incluye, de alguna manera subjetiva, en la historia, haciéndote uno más de ella. 

El libro tiene 20 capítulos, prólogo y epílogo y una de las ediciones más cuidadas de las que he tenido entre mis manos en los últimos años. Es el volumen 1535 de la colección Áncora y Delfín de Destino y lo voy a guardar con cariño porque, además, lo tengo dedicado.

Todo un lujo.



martes, 15 de junio de 2021

PLANES DE VERANO

Todos los veranos, más o menos por estas fechas, entro en agencias de viajes virtuales para planificar mi verano. En realidad nunca voy de vacaciones, todos esos viajes solo son momentos de divertimento para unas tardes que en mi casa se hacen demasiado largas y calurosas, pero esto me entretiene muchísimo y alienta ese regalo que me hizo la vida: mi imaginación.

A mis viajes que nunca serán siempre les concedo todos los extras. Suites de súper lujo, un todo incluido que no se limita a las comidas, sino que se extiende en excursiones, saunas, spas y cualquier cosa loca que se me ocurra. No estaría bien ponerle límites a los sueños por algo tan mundano como el dinero, sobre todo cuando el dinero que manejo sencillamente no se gasta.

He visitado los lugares más maravillosos del planeta. Noruega. El mar Negro. Los acantilados de Dover. Las islas Hébridas. París. Nueva York. Roma...

En realidad, estos planes de verano solo son entrenamientos necesarios para otros viajes que no dejan de ser imaginarios, pero que acaban haciéndose reales de alguna manera. Por ejemplo, ese que hice a Londres, a la ciudad que fue a principios del siglo XX. O al Madrid del Siglo de Oro. O a la zona de Sanabria... 

Cada uno de esos viajes se convirtió en una novela, con ellos senté las bases de los escenarios por los que se moverían mis personajes. Es verdad que conozco Londres, aunque no la ciudad de ese tiempo. Es cierto que, salvo en este año de pandemia, no he estado más de un mes sin pisar Madrid, aunque no la de esa época. Es verdad que vivo en Castilla y León, y conozco de primera mano el paisaje y sus gentes, el medio rural y sus problemas. Aunque pudiera tirar solo de imaginación, al final siempre busco lo que también he vivido, porque sé que se siente más real.

En 2018, el verano empezó muy mal. Nada más arrancar junio, un imprevisto fastidió mis planes y la verdad es que no tenía ni ganas de nada. Sin embargo, si hay una cosa que he aprendido en estos años es que la escritura, como la lectura, tiene algo de terapéutico y sanador. Convierte los días abrasadores en agradables momentos de lluvia fina y rebeca y los inviernos fríos en momentos dulces al lado de la chimenea. Con esa idea, tratando de deshacerme de la incomodidad que aquel tropiezo había supuesto, pensé donde me apetecería viajar. 

Cerré los ojos y esto fue lo que vi.


Es Mykonos, una de las islas del Egeo. Hace muchos años, concretamente 29, estuve allí. Fue un viaje iniciático y siempre se me habían quedado ganas de volver. Ese verano, como casi todos mis veranos, el presupuesto real no daba para mucho más que un viaje corto, pero ese otro que se inventa historias estaba lleno a rebosar. Y aprovechando todo, eso que tiene de sanador escribir, que realmente conozco el lugar, que tenía tiempo y la necesidad de volver, aunque fuera de este modo, abrí un Word.



Con el faro de Armenistis superpuesto al perfil de la isla de Tinos en mente, el azul del cielo y del mar, y el blanco impoluto de las casas que se derraman por la colina, empecé a escribir. Y me vi en el puerto, rodeada de barquitas de colores, con el pelo alborotado por esa brisa furiosa que se empeña en obligarte a llevar chaqueta si quieres visitar Delos. Me vi entre sus callejuelas encaladas, salpicadas de flores. Me vi respirando ese aroma salado, silenciosa, mientras el sol se ponía y lo observaba desde la colina de los molinos.

Y me encontré con Elora y con Diego, y fueron ellos quienes me contaron su historia. 

Y yo os la contaré a vosotros, pero aún falta mucho para que pueda mostrarla, quizá llegue otra antes, seguro que llegará otra antes, pero quería presentároslos. Porque me encantó ese verano que empezó tan mal solo por el hecho de haberlo compartido con ellos.

Ojalá este, otros personajes me cuenten otra historia. Estaría encantada de viajar con ellos y de escucharla. 





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