lunes, 7 de agosto de 2017

ESCRIBIR BAJO SEUDÓNIMO

No sé si alguna vez lo he dicho, pero escribo bajo un seudónimo. No fue intencionado, la realidad es que vivo bajo un seudónimo desde que nací, pero no lo sabía. Ni siquiera me lo había planteado hasta que fui a registrar mi primera novela en Cultura, en Segovia. La funcionaria que me atendió me dijo que tenía que volver a poner una portada en la novela con mi nombre real y debajo de él el seudónimo, ya que Mayte Esteban lo era.

Vale, yo sabía que no es mi nombre, no soy tonta, pero no se me pasó por la cabeza que poniendo mi diminutivo en lugar de mi nombre del DNI estaba usando un seudónimo.

Hoy me he puesto a pensar por qué se usan los seudónimos (cuando se hace de manera consciente, claro, lo mío no vale). Lo más frecuente es que una persona que firma con un alias lo haga para mantener su identidad a salvo, oculta a los demás. Pero ¿por qué? Buceando por la red he encontrado estas curiosas historias de autores que firmaron sus obras bajo un seudónimo.

Lewis Carol, autor de Alicia en el País de las Maravillas, se llamaba en realidad Charles Lutwidge Dodgson, un nombre infinitamente más largo y difícil de recordar pero, sobre todo, su nombre real, por el que era conocido en su círculo social y con el que firmaba sesudos artículos matemáticos, entre otros. Quizá eso hizo que tratase de separar su lado serio con el del escritor que firmó una obra mágica, loca, a ratos incoherente y con muy poco de científico en ella. Esa, se especula, podría ser la razón para ocultar su verdadera identidad.



Una autora que firmó con seudónimo fue la mismísima Jane Austen. Al principio, ni siquiera usó un nombre, tan solo un escueto "By a Lady". ¿Timidez? ¿Prejuicios sociales de la época? Quizá un poco de todo, porque si hay un sexo en el que el uso de seudónimo muchas veces se ha convertido en necesidad es en el femenino.


En España también tenemos casos de seudónimos famosos que escondían a una mujer. Uno de los primeros fue Fernán Caballero, alias empleado por Cecilia Böhl de Faber y Larrea para publicar sus obras. A ella las que la obligaron fueron las circunstancias: su padre le prohibió expresamente escribir en casa. Y eso que su madre era escritora… El machismo imperante en la sociedad del XIX también afectó a las archifamosas hermanas Brontë, que tuvieron que usar, las tres, seudónimos masculinos para publicar.


Pero a veces, alguna, sucede lo contrario. Yasmina Khadra es el seudónimo femenino del escritor argelino Mohammed Moulessehoul. Después de publicar con su nombre real, decidió usar un alias por motivos políticos. Quería expresarse con mayor libertad sobre la situación de su país y por eso usó un nombre distinto, tan distinto que es de mujer.


Otro caso más reciente, y por duplicado, es el de J.K. Rowling. Su editorial le aconsejó “ocultar” con las iniciales de su nombre su condición de mujer, porque le aseguraron que no tendría ninguna oportunidad como autora de fantasía, subgénero donde los que triunfan son los hombres. Vamos, un resbalón de libro el de sus editores. No hace falta que recuerde que es la escritora mejor pagada en la actualidad, puesto que la saga de Harry Potter la ha hecho mundialmente famosa, y me da la sensación de que desde el primer libro supimos que era mujer. Y nos dio exactamente lo mismo. Pero decía que su caso era por duplicado, puesto que hace unos años publicó una novela para adultos que recibió muy malas críticas (era normalita tirando a aburrida, nada que ver con el mundo mágico). Pensando que quizá su popularidad había jugado en contra, la siguiente vez publicó bajo el seudónimo de Robert Galbraith. Tampoco la novela era una maravilla, pero la crítica no se cebó con ella. Al final, el hecho de que un absoluto novato tuviera el mismo agente que la famosísima autora hizo saltar las alarmas y acabó teniendo que confesar que ella era la autora de la novela de Galbraith. Vaya, que el tal Robert no existía, salvo como un seudónimo de la famosa escritora británica.


Yendo a lo próximo, en los últimos años he conocido algún caso en el que se usaba un seudónimo porque se pretendía que la familia no se enterase de su faceta literaria. Ya sé que esto va un poco en contra del ego del escritor, que parece que siempre quiere ser reconocido, pero hay determinados géneros, como la literatura erótica (hace unos años más que ahora) que era complicado confesar que se escribían. Creo que pesa más esto que la familia.

Algunas personas de la mía, después de ocho libros todavía no saben que escribo…

Separar dos facetas distintas, deshacerse de una fama mundial que puede ser perjudicial cuando decides abordar otro subgénero, liberarse de trabas sociales y del machismo de una época pueden ser razones de peso para publicar bajo seudónimo. O esconderse.

¿Se os ocurre alguna razón más para publicar con seudónimo?


viernes, 4 de agosto de 2017

LA HUELLA DE NADA



Hay veces que lo no vivido influye en ti casi del mismo modo que la realidad. No te pasa nada y, sin embargo, es eso lo que te cambia, moldea un nuevo tú que siente la vida de otro modo, se altera  y se recoloca tu mundo inmediato como si hubiera habido en él un auténtico cataclismo.

Porque a veces, nada es todo, quizá porque ambas palabras tienen las mismas cuatro letras. Quizá, porque eso que no te pasó te ha salvado o ha sido tu mayor condena.

Una vez, tú no me sucediste. Todo parecía indicar que así sería, todo estaba listo para que nuestras líneas vitales se cruzasen, pero no pasó. Se cruzó un cambio de planes, después el descubrimiento de una verdad oculta, luego la sensación de que dar pasos adelante a veces es retroceder... y nos desvanecimos.

Dejamos de existir para el otro.

La rutina siguió su ritmo y nuestras líneas, que habían ido convergiendo hasta ese instante, iniciaron un camino de separación. Hasta que nos perdimos. Nunca te he olvidado. A pesar de todo en nuestro caso fue nada, me dejaste tu huella impresa en el alma.

La huella de nada.

4 agosto 2017

martes, 1 de agosto de 2017

TRES MINUTOS DE COLOR DE PERE CERVANTES



Sinopsis:

Tres minutos de color la estéril lucha contra el tiempo y la muerte cobra un significado muy distinto. 

Coque Brox, el protagonista de la historia, es un inspector de policía de mediana edad, separado, parco en palabras, amante de todo aquello que conserve su esencia y acromatópsico, o lo que es lo mismo, percibe la vida en blanco y negro. Herido de por vida tras sufrir una pérdida irreparable, solo le alienta la lucha por recuperar el cariño de su hija adolescente. En una Barcelona en caída libre, cuyos locales de diseño no logran acallar la apremiante nostalgia de sus habitantes, investigará la violenta desaparición de Palma, amigo y compañero de profesión. Durante el tiempo que duren las pesquisas se las verá y deseará para mantener engañado a un suspicaz comisario que no lo quiere en la investigación, sufrirá los persistentes intentos de suicidio de su exmujer, y conocerá muy de cerca qué es una ECM (experiencia cercana a la muerte). Lejos de las clásicas novelas de procedimiento policial, el inspector Coque Brox se verá obligado a visitar un terreno verdaderamente desconocido para él y para el resto de los mortales. Lo que un descreído como él nunca imaginaría es que hay lugares sobrenaturales que albergan la verdad, aunque el camino que conduce a ellos todavía siga siendo un misterio. Y como dijo Jorge Luís Borges: «Lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador».

Tres minutos de color explora una cuestión para todos inevitable: ¿qué hay después de la muerte? No es una novela escrita solo para que te guste, sí lo es para que te estremezca, te haga dudar y reflexiones. 


Mis impresiones:

Hay libros que llegan a ti por caminos especiales. Este es uno de ellos.

Tengo dos amigas con las que comparto un chat. No me acuerdo de cuándo lo abrimos, ni quién de las tres lo hizo (¿María José tal vez?), pero el caso es que desde hace años se ha convertido en algo especial en mi vida. En él intercambiados impresiones sobre lecturas y escritura, ya que las tres compartimos esas dos pasiones. Nos recomendamos libros porque, aunque lo que reflejamos al escribir sea muy diferente, leemos parecido.

Somos  distintas, pero perfectamente compatibles.

Mis dos amigas se llaman María José Moreno y Pilar Muñoz, seguro que os suenan, porque son dos excelentes escritoras cordobesas. María José Moreno es psiquiatra, autora de La Trilogía del Mal y Bajo los tilos y Pilar Muñoz, psicóloga, acaba de publicar Un café a las seis, una obra de corte intimista y tiene otras dos novelas contemporáneas, Los colores de una vida gris y ¿A qué llamas tú amor?, así como un libro de relatos.

Además de cuidar de mi salud mental (es broma), como os he dicho asesoras literarias de primera. Hace un tiempo, María José nos habló en el chat de esta novela de Pere Cervantes y Pilar enseguida mostró interés por ella, porque ya había leído La mirada de Chapman y le había gustado mucho. Ambas son más de novela negra que yo (aunque también la leo) y estaban entusiasmadas. Como me encontraba en plena recta final del curso no presté demasiada atención al libro, hasta que Pilar lo leyó y nos contó que le había durado solo dos días entre las manos. Me dejó un mensaje:

"Mayte, te va a gustar".

Me picó la curiosidad, lo anoté, pero no me dio tiempo ni a ir a la librería, porque al poco llegó la cartera con un paquete. En su interior, un libro: Tres minutos de color.

Como voy a ir a Córdoba a finales de agosto, me quise dar prisa en leerlo, para poder comentarlo cuando las vea. Y así fue como esta novela llegó a mí y se coló en mis lecturas, dejando atrás esa pila de libros que siempre tengo en mi mesilla.

Lo hizo, estoy convencida, en un buen momento.

Pero, ¿qué es Tres minutos de color? Es una novela dividida en tres partes de distinta longitud, en las que un narrador omnisciente, en pasado, nos plantea una trama que en principio no deja de ser la de una novela negra. Sin embargo, casi desde el principio, varios sucesos extraordinarios les ocurren a los personajes secundarios, Oliver y Nadia, que hacen que se planteen una cuestión que quizá todos nos hemos hecho en algún momento: ¿hay vida después de la muerte? A Nadia, un paciente, Antonio Carrascosa, que le cuenta una experiencia cercana a la muerte le hace plantearse toda su formación científica, si no será cierto que somos algo más que química que cesa en el instante en el que respiramos por última vez.

La verdad es que conjugar una trama de novela negra con un tema así es delicado, porque puedes correr el riesgo de que al final todo se resuelva por obra y gracia del deus ex maquina, pero no es el caso de esta historia. Al final, todas las piezas que el autor ha ido diseminando a lo largo de la trama acaban encajando.

Un planteamiento clásico encuadra esta historia en una primera y una tercera partes que no se salen de lo que es una novela negra, y es a segunda parte, la esencia de esta novela, la que rompe moldes y arriesga con algo que es completamente innovador (en un género que hay tanto escrito que innovar se está convirtiendo casi imposible). Sin embargo, es esa segunda parte la que le da una potencia inusitada a esta historia, la que la hace especial y la vuelve reflexiva y profunda.

 Es la que más me ha mantenido enganchada.

A lo largo de 350 páginas, Pere Cervantes nos muestra una colección de personajes desencantados de la vida, que se mueven en la Barcelona de 2005. La unidad de Desaparecidos de la Policía está a punto de extinguirse en Barcelona, cuando los Mossos de Escuadra tengan plenas competencias en la ciudad. Coque Brox, el protagonista, no sabe qué será de él, pero lo que sí tiene claro es que quiere resolver una desaparición que no le deja en paz: la de su compañero Palma. Su situación personal no es la mejor: con una hija adolescente esquiva, una exmujer suicida y una pérdida irreparable a sus espaldas, Coque además tiene que lidiar con una acromatopsia que le hace ver el mundo en blanco y negro.

Tanto él como Nadia, la neurocirujana, o el mismo Oliver, el forense compañero de piso de Brox son seres solitarios. O el Aspas, un personaje muy particular que me encantó. O Rodri, el dueño de la taberna. O Marga, que no tiene ganas de vivir porque hay pérdidas en la vida que te las quitan y te impiden ver que sigue siendo en color.

Si ha habido algo que he sentido en esta novela, que se mastica, es la soledad de todos los personajes.

Me ha gustado la ambientación, esa sensación de estar pisando una Barcelona que quizá hasta se parezca a la que recuerdo (mi última visita se remonta a 2007). Un homenaje a la ciudad, que creo que de algún modo lo hacemos todos los que escribimos con los sitios que amamos.

Sobre el final, creo que no me ha sorprendido nada y me ha sorprendido que no me sorprendiera. A ver si me explico, que en lugar de una frase parece que he escrito un trabalenguas. Es un final fantástico y me parece que encaja a la perfección. Si esto fuera un puzle, podría pasar la mano por encima y no se notaría la diferencia entre una pieza y otra porque está tan bien tramada que resultaría suave y liso como tocar el cristal de una ventana. Pero pude anticiparme, pude saber dónde iban las piezas mucho antes de terminar la lectura. Mi mente se iba adelantando, planteando hipótesis y todas las cumplía. Por eso digo que no me sorprendió, porque si hubiera tenido que escribir el final, quizá las hubiera puesto todas en el mismo sitio que Pere Cervantes.

Eso me ha encantado. Es notorio lo torpe que soy para anticiparme cuando se trata de una novela negra.

Hay quien valora de manera muy positiva los finales sorprendentes. Yo prefiero los que pide cada historia y esta tiene el que mi cuerpo me pedía, así que no puedo decir nada más que me quito el sombrero.

Sobre la narrativa, no había leído a Pere Cervantes, así que no sé mucho de cómo escribía antes de este libro. Pero respecto a este, me han entrado ganas de subrayar frases, he compartido alguna en Twitter y alguna ha ido a parar a mi agenda de frases. Eso es una de mis buenas señales. Otra, que la prosa me iba gustando cada vez más a medida que avanzaba. Al principio no la noté tan envolvente como al final.

Antes de terminar la lectura ya sabía que le iba a poner un pero: la portada. No me llama nada la atención, ni el tipo de letra, ni el dibujo, ni entendía qué me estaba tratando de contar. Después de leída la novela, igual que pienso que el título es perfecto, la portada la entiendo, pero sigue sin convencerme mucho. Pero es lo de menos. Olvidaos de portadas y leed.

Merece la pena.




miércoles, 26 de julio de 2017

SIGO LEYENDO...



Después de una racha de éxitos lectores, en los que pensaba que había superado el bache, ha llegado la cruz. Las tres últimas novelas que he leído no me han gustado.

Pasa, a mí cada vez más. Por eso, cuando esto sucede, me refugio en algún clásico, algún libro de esos que sé que no me van a fallar, lo releo y recupero las ganas de envolverme de nuevo en las páginas de un libro.

Mi salvadora, esta vez, ha sido Orgullo y prejuicio, un ejemplar en papel que conseguí en Amazon por el sorprendente precio de 2,80€ (en papel). Sé que hay uno en casa de mi madre, me lo confirmó esta semana, pero también hay 150 kilómetros de distancia con mi casa y me iba a costar más el combustible, así que me hice con él.

La novela, como siempre, me tiene con el boli en la mano, anotando frases en mi libreta.

Sobre los fracasos lectores, os diré que me dejaron fría. No encontré nada en la narrativa que hiciera sospechar que esas historias deberían estar publicadas. Os diré también que algunas eran novelas publicadas con editorial y otras autoeditadas, así que de aquí tampoco puedo sacar más conclusión que la frase que lleva muchos días rondándome la cabeza, una que le oí a Avelina Lesper, crítica de arte mexicana. Ella hablaba de arte, o de eso que pretenden vendernos como arte, aunque yo se lo aplico a la literatura, porque la reflexión le queda como anillo al dedo:

"El mercado se ha comido a la inteligencia en el mundo del arte".

Puede que la frase no sea literal, estaba desayunando cuando vi el vídeo por segunda vez y me impactó aún más escuchar una verdad tan rotunda. A mí tampoco me parece arte cuando me presentan una mesa llena de desperdicios con un cartelito que dice: 10.000€. No me provoca más que una emoción, el cabreo de saber que habrá alguien que será capaz de confundir eso con arte. Que se confundan las señoras de la limpieza y lo retiren pensando que es basura no me enfada, me demuestra que son más inteligentes que muchos que se creen listísimos.

Avelina Lesper decía que el arte debe provocar emociones y que para serlo no debe necesitar una explicación retórica, que debe entenderse sin guías. Y yo lo creo. Además, lo siento. Lo he escrito más de una vez, aquí, en el espejo, que cuando entro en el Museo del Prado o en el British Museum me da un poco de vergüenza que alguien se fije en mí porque no puedo controlar las emociones y alguna vez he llorado.

Pues con la literatura pasa lo mismo. Me tiene que llegar alguna emoción de lo que leo, tienen que traspasar las páginas y rozarme la piel, activar resortes internos que me conmuevan. Con estos libros, los resortes que se activaban eran los de la estupefacción por lo que tenía entre manos, porque creo que seguro que hay alguien que confunde eso con la literatura. Porque creo que la literatura la han convertido en un mercado (perdón, un mercadillo) donde se venden imitaciones y todo el mundo parece tan contento con ellas. Se cuelgan un libro cutre al hombro, como quien se cuelga un bolso comprado en el suelo de una calle, y pretenden hacerse pasar por lectores.

Estoy triste, pero sigo leyendo.

Por cierto, también leí otra frase, de Pérez-Reverte en su carta a un joven escritor (la leí, aunque ya no sea tan joven): "Escribe cuando tengas algo que contar." Pues eso, que como no tengo nada que contar, nada que no esté ya en el mercadillo, mientras llega esa historia, no escribo.

Sigo leyendo...

Creo que esta vez he elegido mejor, ya os contaré si eso...

sábado, 15 de julio de 2017

LA CHICA DE LAS FOTOS, 0,94€



No sé cuánto tiempo durará la oferta, porque de hecho no tenía conciencia de que este mes La chica de las fotos fuera a estar de oferta, pero el caso es que esta mañana la he encontrado en Amazon a 0,94€ en el formato digital. Pulsa el enlace para llegar a ella.



Si eres de papel, por menos de ocho euros la tienes en casa. Pero si la quieres en este formato, date prisa: queda un ejemplar. Justo al pulsar ese enlace la puedes encontrar.



¿Por qué os la recomiendo?

En primer lugar, porque está bien escrita. Eso para mí es esencial, así que cuando escribo una novela pongo mucho trabajo y mucho esfuerzo en que el resultado esté muy trabajado. Sí, no os fiéis de un comentario que tengo en el .com de Amazon: trabajé y mucho la novela. Tanto que quedé finalista en un certámen al que se presentaron más de 400 novelas, y no gané porque tuve la mala suerte de que Mayelen Fouler se presentara al mismo con En Tierra de Fuego, una novela preciosa que se llevó ese premio con todas las de la ley.

También os la recomiendo.

En segundo lugar, porque cuenta una historia de amor con un trasfondo interesante: el mundo del cine, la prensa del corazón, los montajes, los robados...y las mentiras que nos venden. Al final, quien las protagoniza es el último que se entera, igual que pasa en lugares pequeños, en lugares como Grimiel, el pueblecito de la novela.

Por cierto, Grimiel no existe, aunque se parece mucho a algún pueblo que conozco.

En tercer lugar, por los personajes. Sobre todo alguno que parece una cosa al empezar, pero que acaba demostrando que la imagen que damos muchas veces no se corresponde en absoluto con la realidad.

Y, por cierto, los secundarios no acaban siendo los protagonistas al final. Quizá es que al principio no se nos ha escapado que alguno de ellos es quien ha provocado, de alguna manera, que Lucía y Alberto acaben en Grimiel, que este conozca a Rocío, que la boda se vaya al garete...

No os cuento más.

Por menos de un euro podréis descubrirlo por vosotros mismos.

viernes, 14 de julio de 2017

EL INESPERADO PLAN DE LA ESCRITORA SIN NOMBRE DE ALICE BASSO


Portada de la edición de Círculo de Lectores, que es la que he leído yo.


Portada de la edición normal (mexicana).


Sinopsis:

Ponerse en la piel de otro puede considerarse un don preciado... O una carga insoportable. Gracias a su empatía, Silvana había conseguido trabajar en una editorial de Turín como negro literario, un oficio desconocido para el gran público que la había llevado a escribir grandes éxitos comerciales por encargo. No le molesta, ni siquiera le importa.
Es su trabajo.
Incluso cuando un sagaz comisario le pise los talones, involucrándola en una desaparición, Silvana demostrará su poderosa capacidad de filtrarse en la mente ajena.


Mis impresiones:

Reconozco que vi en la portada la palabra escritora y ya me paré. Después leí que se trataba de un negro literario e hice el pedido de Círculo sin mirar más allá. ¿Por qué? Pues porque igual que hay niñas que sueñan con ser princesas o con trabajar en Zara, u otras más listas que prefieren hacerlo con ser neurocientíficas, yo soñaba con escribir y, cuando crecí un poco, no me dio por pensar en fama o focos encima de mi cabeza. ¡Qué va! Yo quería ser negro literario. De hecho, durante un tiempo todas mis búsquedas en internet se centraban en encontrar un lugar donde quisieran contratarme como tal.

Así, sin currículo ni nada.

No se me ocurrió que ser negro literario tiene que mantenerse en secreto. ¿Cómo vas a poner un anuncio en la red? Bueno, ahora hay de todo, pero cuando yo estaba obsesionada con buscarme la vida con esto estábamos todavía en el siglo XX e internet iba a pedales.

No encontré ni una sola oferta de empleo.

El caso es que la novela me interesó desde antes de saber más de ella y la compré. Me llegó a casa a la vez que Patria y me decanté por esta. La dejé en la mesilla y ahí se ha pasado varios meses, porque más libros se le han ido colando.

Y porque tenía miedo.

De verdad, pensaba que tal vez me había precipitado y no me iba a gustar y postergaba el momento a propósito. Al final, cuando al fin he decidido cogerla, no me ha durado nada entre las manos. Ha cubierto todas mis expectativas y voy a darle un lugar especial en mis recuerdos lectores.

Voy a intentar decir por qué.

Primero, por la trama. Mezcla una historia propia de una novela policíaca con multitud de referencias literarias (Pepe Carvalho, el mítico detective creado por Manuel Vázquez Montalbán se cuela entre sus páginas).

Segundo, el personaje protagonista, Silvana Sarca, Vani. Me ha encantado la manera de caracterizarla, a través de su extravagante manera de vestir y, sobre todo, de su forma de expresarse, entre cínica, irónica, descreída... Tiene un pasado que pesa mucho, pero la manera de contarlo es tan divertida que aporta ligereza en la novela. Me he reído un montón de veces con ella.

Tercero, porque el verano pasado escribí una novela donde el protagonista es un negro literario. Vale, como yo al final no conseguí escribir para otros, pensé que era una buena idea inventar una historia en la que uno de mis personajes lo consiguiera. Me salió más atormentado que esta y menos atractivo, pero está en fase de borrador, así que aún tiene arreglo. Creo. Si algún día me apetece volver a él.

Cuarto, por la historia de amor. Que no lo es, en realidad, que es solo una excusa de esas que nos valemos los juntaletras para ganarnos a algunos lectores y después contarles lo que nos da la gana. Riccardo Randi será su oponente en esta parte de la novela, un escritor muy atractivo, autor del libro más vendido Más recta que la cuerda de una guitarra, el libro más bello del mundo, ¿Autor? Bueno, sí, de las frases, del sabor de las palabras, pero de poco más, porque fue Vani quien encontró el hilo conductor, organizó la historia y convirtió unas cuartillas dispersas en un bestseller. Él se lo pagó no dándole ni siquiera las gracias, ni siquiera regalándole un ejemplar dedicado del libro... Sin embargo, algo sucede cuando se vuelven a ver. Y bueno... que de esto mejor no cuento más, porque tiene miga. Y no todo es rosa, no os asustéis.

Quinto, por el comisario Berganza, que es como todos los comisarios de todas las malas novelas negras. Incluso va vestido con la típica gabardina, pero al final creo que el homenaje que estaba haciendo la autora a este arquetipo acaba dando como resultado un personaje entrañable.

Sexto, por los dos cambios de giro. Me encontré pensando: "pero qué buena idea", más como escritora que como lectora, porque no me los esperaba en absoluto. El segundo un poco más, pero el primero no. Me pilló totalmente descolocada. Volvía de Valladolid en el coche, leyendo, como siempre (debo de ser de las pocas personas que se marean en el asiento de detrás siempre y en el de delante puedo leer horas seguidas) y cerré el libro, para saborear un rato, mientras miraba el paisaje, aquella fantástica idea para hacer que todo lo que había contado Alice Basso hasta el momento sufriera un cataclismo.

Séptimo, por el final. Me ha parecido muy acertado. No voy a explicar nada de esto. Entendedlo, es el final. Se llama Deus ex maquina. No digo más... pero estoy diciendo mucho, como en realidad nos lo dice la autora cuando pone este título.

Octavo, por el epílogo. A mí no me hacen falta los epílogos. A veces, sobre todo en la novela romántica, donde se abusa de ellos, no me dicen absolutamente nada. Te cuentan lo que fue de los personajes unos años después y se limitan a un fueron felices, comieron perdices y tuvieron varios hijos. ¿De verdad es imprescindible que me cuenten esto? Yo creo que o hay algo más, o ¿para qué? Bueno, pues en este caso hay un algo más que me ha gustado. Y no me lo he saltado. No he leído en vertical. Nada de eso. Hubiera seguido leyendo un rato más.

Noveno, la división de la novela en capítulos no demasiado extensos y un epílogo. No hay prólogo, no hay un número redondo. Es un poco caótico y bastante poco rígido. Me ha gustado que haya usado las palabras justas que necesitaba, los capítulos que le hacían falta. Ni más ni menos. Ah, y los ha titulado todos.

Décimo, el sentido del humor. Me he reído un montón de veces.

Conclusión: me ha fastidiado mucho que la novela use una protagonista que se dedica a lo mismo que la de la mía, porque encima lo ha hecho mucho mejor de lo que lo haría yo en cientos de miles de años.

Es un homenaje a la literatura, un juego de espejos con lo mejor y lo peor de la construcción de novelas y los sótanos del mundo editorial. Juega con tópicos, arquetipos, compone a la vez que descompone y todo a través de la mirada de una escritora muy particular.

No tengo ni idea de si está en tiendas, no me he fijado. Tendré que mirar con más atención.

domingo, 9 de julio de 2017

BUSCANDO A AUDREY, DE SOPHIE KINSELLA.



Sinopsis:

Desde que sufrió un terrible episodio de acoso en la escuela, Audrey, de catorce años, se niega a dar un paso fuera de su hogar o a relacionarse con nadie que no sea de su familia. Las gafas oscuras y la capucha de la sudadera se han convertido en sus mejores aliadas. Hasta que conoce a Linus, un compañero de videojuegos de su hermano mayor y experimenta una fuerte conexión que despierta en Audrey el intenso deseo de salir de su caparazón… Un largo viaje acaba de empezar. Por suerte para ella, Audrey no tendrá que emprenderlo en solitario. Cuenta con la inteligencia de su psicoterapeuta, con el cariño de su familia, con el ingenio y el humor de Linus. Pero, por encima de todo, cuenta consigo misma.


Mis impresiones:


No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar cuando empecé a leer esta novela. Estoy tan acostumbrada a reír con Sophie Kinsella, que incluso a pesar de la sinopsis esperaba hacerlo. Y no es que no me haya reído, que sí, pero la novela me ha dejado un poco descolocada.

A ver si me explico mejor, porque me temo que nadie se está enterando de lo que estoy tratando de contar. Rebobino…

Soy fan de Sophie Kinsella. Cada vez que la vida me hace una putada, me voy a la estantería y releo alguno de sus libros. Al cabo de un rato de empezar la lectura, como si fuera magia, me encuentro riéndome como una idiota de las tonterías que les pasan a sus personajes. Casi todos tienen un componente surrealista que me encanta, ese humor inglés que a veces es un poco extraño, pero que cuando le pillas el punto te tiene con una sonrisa boba entre los labios.

Tengo tres mega favoritos:

Tengo tu número.

No me lo puedo creer (malísima traducción de Can you keep a secret, mucho más acorde con la historia).

La reina de la casa (la reina de las novelas de esta mujer para mí, hay veces que no necesito ni abrir la novela para reírme con algunas frases que recuerdo).

Loca por las compras no me gustó especialmente, no sé por qué, igual porque comprar no es mi actividad favorita y no le pillo el punto. Por eso tengo muchos de ellos ahí, en los pendientes. Cualquier día me los compraré e iré renovando repertorio.


Buscando a Audrey fue una compra para tener más donde elegir en la estantería en un momento de esos tontos en los que la risa es la mejor terapia. Solo que no me fijé mucho en la sinopsis, solo leí el nombre de una autora en la que confío a ciegas y me lo regalé sin más.

Ha sido una sorpresa mayúscula.

Entre esos personajes tan estrambóticos que ella dibuja siempre se cuela una historia de acoso escolar. Arranca en un momento divertidísimo, cuando la madre de Audrey amenaza con tirar por la ventana el portátil de su hijo mayor, Frank. La madre, asidua lectora de Daily Mail, está obsesionada con que su hijo juega demasiado LOC un videojuego. Está dispuesta a acabar con eso que ella considera una adicción. Son esos momentos en los que, a través de los diálogos, vamos conociendo el carácter de los personajes: Frank, un adolescente que siempre tiene la palabra justa (Audrey dice que podría ser abogado de mayor), Chris, el padre, que va a un poco a remolque de Anne, una mujer que está un poco de los nervios, obsesionada con ser buena madre. Y Félix, el pequeñajo de la familia, de cuatro años, un muñeco feliz de pelo rubio algodonoso al que Audrey envidia porque no tiene preocupaciones en la vida.

Y ella, claro, que se oculta tras unas gafas de sol, porque no puede soportar la luz del mundo después de lo que le ha pasado.

Entonces, la novela da un salto atrás en el tiempo y nos cuenta cómo han llegado a esta situación, para que la madre quiera tirar el ordenador de Frank por la ventana. No ha pensado ni siquiera en que cuesta una pasta. Poco a poco la autora, a través de situaciones a veces un poco surrealistas, nos irá acercando a lo que le ha pasado a Audrey.

Y entonces viene lo que no es gracioso.

Ha sabido ponerse en la piel de una adolescente acosada, o al menos mostrarnos sus emociones que en algunos momentos me han resultado muy realistas.

"Me estoy perdiendo tantas risas... A veces me hago ilusiones de estar acumulando una buena provisión de risas perdidas que, cuando me recupere, saldrán todas en un estallido y me dará un enorme ataque de risa que me durará veinticuatro horas seguidas."

No sé cómo explicar todo lo que he sentido con esta novela. He visto a Audrey subir y bajar en esa gráfica confusa que es la recuperación de alguien que está metido en una depresión. Me ha encantado el personaje de Linus, el amigo de Frank, que acaba convirtiéndose en alguien muy especial para Audrey y es un pilar esencial en el inicio de su recuperación. La historia de amor entre estos dos personajes adolescentes es muy tierna ("Me encantas tú".) Y me ha parecido muy acertado el que no fuera todo de color rosa, que la autora no haya tirado de azúcar sino de realidad para retratar esto. El momento con Izzi, una de las acosadoras, la actitud de sus padres queriendo convertirla en víctima principal... 

En ningún momento nos especifica qué es lo que le hicieron a Audrey. Solo hay vaguedades y no estoy segura de por qué ha hecho esto, si se ha saltado esta parte para que la novela no pierda esa parte de humor o porque no ha sabido cómo abordarlo. En serio, no he llegado a ninguna conclusión.

Es dura, es loca, imaginativa pero con los pies pegados a la realidad, por mucho que la maquille de buen humor y le ponga unas gafas oscuras para que no haga tanto daño.

Me ha parecido original ese tratamiento de documental, cuando a Audrey le dan la cámara para que grabe todo lo que le rodea. 

No la leáis si no estáis en un buen momento, esta no es como las otras, no escojáis esta novela si esperáis que sea solo para reír un rato y no pensar mucho en la vida, porque os vais a equivocar. Pero si no le tenéis miedo a la realidad.


sábado, 8 de julio de 2017

CEMENTERIO DE LIBROS

"Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados"

Así empezaba La sombra del viento, el libro de Zafón que se convirtió en uno de los libros en español más traducidos de todos los tiempos. En este mágico lugar, escondido en una oscura calle de Barcelona (hice la ruta en 2007 y la guía nos llevó a una puerta donde podría estar la ubicación de ese cementerio) se encuentran recogidos todos aquellos libros que han sido extraviados u olvidados por sus dueños a lo largo de la historia de la humanidad. Allí están, a la espera de que alguien que los lea, los disfrute y los rescate de su olvido.

Esta mañana, hablando con mi amiga escritora, María José Moreno, ha dicho que Amazon se parece cada vez más a un cementerio de libros. Lo más triste es que tengo que darle la razón. Yo misma tengo unos cuantos cadáveres en ese cementerio.

Ocho, para ser precisos.

Espero que algún loco los rescate del olvido, que es la última de las muertes.



jueves, 6 de julio de 2017

UN CAFÉ A LAS SEIS DE PILAR MUÑOZ



Sinopsis:

«No menosprecies el poder de la imaginación, también puede destruirte». Raquel se dispone a acudir a una cita de compañeros de promoción organizada por su amiga Lourdes después de 25 años, aunque en el fondo siente que no debería ir; una parte del pasado, que no la ha dejado vivir en paz, podría estar esperándola en el hotel donde tendrá lugar la celebración. Ansía ese encuentro tanto como lo teme. Porque aquello de lo que ha estado alimentándose a lo largo de su vida podría dejar de ser real. O atraparla para siempre. Unas veces, no podemos huir del pasado. Otras, no deseamos escapar de él.

«Un café a las seis» es una historia intensa, emotiva, reflexiva, visceral. Una historia escrita con el corazón. De las que te hacen sentir.


Sobre Un café a las seis:

Había escrito una entrada muy currada y muy profesional, una reseña de las mías, de las que incitan a leer, pero Pilar Muñoz me ha hecho cambiar de idea con una foto que ha publicado en Facebook. Es una fotografía con la portada del libro, un "gracias por todo" y los nombres del equipo fijo de lectores cero que nos prestamos apoyo mutuo cada vez que publicamos un trabajo.

Ya lo sabéis, he sido lectora cero.

Quizá eso me convierta en alguien poco objetivo a la hora de recomendaros la lectura de esta novela, pero lo voy a hacer porque creo en ella y porque quienes se asoman a mi espejo saben que si no creo absolutamente en algo, no lo digo. Mis compromisos en este mundo de la escritura los deshice hace muchos años. Conmigo tampoco los tiene nadie, solo quien crea en mí y tenga ganas de contarlo. Como yo, en este caso, creo en la novela que nos trae Pilar.

Esta historia partió de un relato que permanece inédito, un relato que tras escribirlo se le quedó corto. Ella tenía ganas de contar muchas más cosas, así que poco a poco fue madurando la idea y un día se lanzó a la piscina. Es un perfecto ejemplo de lo que algunos autores decimos, que muchas veces los personajes reclaman su espacio y no nos dejan tranquilos hasta que contamos la historia que nos susurran.

Pues con Raquel le pasó esto. Le pidió más páginas, más atención, y ella se la dio. De relato pasó a novela y es lo que ahora nos presenta. Desde hoy está en Amazon, lista para que la descarguéis y además participa en el concurso de este verano. La verdad es que esto le da un punto un poco más divertido a la aventura, aunque añade un extra de dificultad. No en vano, en cada concurso que ha organizando la plataforma se apuntan miles de novelas y atinar con las que tienen calidad es casi tan complicado como dar con una aguja en un pajar.

Os hago de imán, que así las agujas se encuentran enseguida, y os digo que esta novela se disfruta muchísimo, dura un suspiro y deja un excelente sabor de boca. Y no tengo miedo a comprometer mi palabra porque estoy segura de lo que digo. Ya lo veréis vosotros si os decidís a leerla.

Un café a las seis cuenta el reencuentro de Raquel con un antiguo amor tras muchos años en los que no supieron nada el uno del otro. Conoceremos el presente de la protagonista y también, a través de esa reunión de compañeros de clase, su pasado, la historia que marcó su vida y que no ha conseguido olvidar. No creo que sea necesario contar mucho más porque como os digo es una novela corta. Solo os adelanto algo que los que conocéis a Pilar no necesitáis que os recuerde: está tan bien escrita, te arrastra tanto, que es posible que os pase como a mí, que en una tarde os veáis en las últimas páginas, preguntándoos cómo demonios ha hecho para teneros delante del kindle, o del libro, sin hacerle caso al mundo.

Yo tardé en leerla un solo día. Como autora siempre tengo una sensación ambivalente con esto, puesto que me lleva mucho tramar la historia, escribir el primer borrador, destrozarlo para darle la forma definitiva que quiero y, después de todo esto, que me lleva meses, corrijo hasta la extenuación. Y el lector, en una tarde, llega y se merienda mi trabajo. Pero también es mágico conseguir que alguien no quiera dejar de leer lo que tú has escrito, ¿no?

Lo dicho, que os la recomiendo, que es ahora el momento de hacerse con ella y hacerle un hueco. Os la vais a beber.




miércoles, 5 de julio de 2017

SÍ, PARA TI...



Es probable que no tenga mucho que ofrecerte. Quizá un sitio en mi corazón, uno que no habrás de compartir con nadie porque te lo cedo entero si te acurrucas a mi lado y me susurras historias bonitas por las noches. Ahora que lo pienso, tengo para ti un hombro en el que descansar cuando lleguemos rendidos del trabajo. Y mis manos, que esperaran impacientes un roce de las tuyas. Mis ojos también te los prestaría para que veas el mundo con mis colores, pero como no funcionan bien, he aprendido a pintar con palabras. Y lo he hecho para ti. Sí, para ti.