sábado, 20 de enero de 2018

MAPAS EN LA NOVELA

Seguro que habéis escuchado mil veces eso de si tú eres escritor de brújula o de mapa. Yo... tengo mis dudas. Soy de brújula porque a veces les concedo a los personajes el capricho de meterme en embolados, pero soy de mapa porque, aunque me despiste a menudo, no quiero perderme.

Esto no ha sido siempre así, creo que hubo un tiempo que era de instinto puro y duro, que ni brújula ni mapa, hasta el punto de que no podía entender cuando alguien te decía: me queda un capítulo. Me parecía magia absoluta saber eso.

Pero estoy cambiada, he aprendido tantas cosas en estos últimos años que, si no me hiciera con mapas, sé que no sería capaz de terminar ni una sola historia. Claro, que estoy pensando que me licencié en geografía y en esta carrera eran esenciales los mapas. Tal vez por eso acabo trazando mapas de colores para escribir una novela.


Cuando hablo de mapas no me refiero solo a los típicos que sitúan una ciudad, sus carreteras, sus ríos e hitos principales. No. También me refiero a otros. Esos que trazábamos en la geografía del tiempo con las relaciones familiares, los años de nacimiento y las defunciones me sirven para encajar las vidas de todos los personajes; o esos otros planos de ciudades en los que anoto dónde vive cada personaje y los tiempos que le llevaría realizar un recorrido a pie, en coche o en bicicleta desde sus casas hasta sus lugares de trabajo.

También, me da por hacer mapas como el de arriba, un croquis que señala las relaciones familiares y profesionales entre los distintos personajes de mi historia.

Mi cuaderno de notas es un caos de mapas, no sé si porque soy geógrafa y me fascinan o porque, en esta vida, sin un plano y una brújula siempre te acabas perdiendo.

PD: Uno de mis profesores de la Facultad, al leer uno de mis trabajos (Comentario sobre el Atlas de la Ciudad de Madrid) me dijo algo premonitorio: "Dedíquese a escribir, el suyo es el trabajo más ameno que he leído nunca." Eran como cien comentarios a mapas en los que tenía que señalar si tenían todos los elementos, si usaban bien los colores, si la escala era adecuada... Nada para lucirse, desde luego, pero me las arreglé para que cada comentario fuera único y no repitiera un simple patrón.
En ese momento pensé que mi profesor tenía que dormir más, pero llevaba razón, estoy hecha para escribir. Aunque después lo acabe llenando todo de mapas, para que se note lo que soy de verdad.

viernes, 19 de enero de 2018

HOY HABLAMOS CON SANDRA BRUNA (AGENTE LITERARIO)

Después de diez años asomándome al espejo y tratando temas relacionados con la literatura, me he dado cuenta de que no he dado voz a personas que estoy segura de que tienen algo muy interesante que aportar. Nunca, por ejemplo, he hablado con un agente literario. Es una figura que conozco, pero no en primera persona. A pesar de llevar tres novelas publicadas con dos grandes editoriales, mi acceso a ellas no fue por el camino tradicional: una me vino a buscar a mi casa y arribé en la otra a través de un premio literario. Quizá por eso, siempre he visto de lejos la figura del agente o la agencia literaria y no me he parado a valorar su importancia. 

No lo he valorado porque mi camino ha sido un sendero un tanto alternativo.

He decidido que quiero saber un poco más, porque quizá se abran ante mis ojos nuevas posibilidades que no he contemplado. O, dado que sois muchos los escritores que visitáis este espacio, tal vez os pase a vosotros.

He buscado en la red agencias literarias y la verdad es que hay muchas, pero me he decidido a preguntar a Sandra Bruna. Sé que me funcionan bien las corazonadas y la verdad es que esta vez no ha sido distinto. Le he propuesto un cuestionario para ponerlo en común con vosotros, y muy amablemente se ha prestado a ello.

Sandra Bruna, para los que no la conocéis, lleva casi tres décadas en este oficio, pero como veremos en la entrevista su trabajo es mucho más complejo e interesante que el mero hecho de servir de puente entre el autor y la editorial. Si después de leer la entrevista queréis saber un poco más, podéis encontrar su agencia pinchando en el enlace. A ella os la presento en esta imagen, rodeada de libros, una de sus grandes pasiones.






Mayte Esteban: Lo primero, Sandra, es darte la bienvenida a mi blog. Muchas gracias por aceptar el reto de atravesar el espejo conmigo. Quiero comenzar preguntando lo más obvio. ¿Qué es un agente literario?

Sandra Bruna: Antes que nada es un placer colaborar contigo y te felicito por tu buen trabajo como Bloggera y como escritora. Cada vez necesitamos mejores profesionales en el sector, así que felicidades.

La definición de agente literario convencional es la persona que media entre autor y editor. Sin embargo el trabajo de agente ha cambiado mucho desde que empezaron las primeras agencias y creo que esta definición es la esencia pero, a la práctica, es otra muy distinta, al menos en mi caso, ya que no sólo mediamos, sino que acompañamos al escritor de principio a fin con tareas que antes nadie hubiera dicho que eran de la agente, pero que por mi experiencia en estos 27 años de carrera, ahora es, en muchos casos, casi imprescindible que el agente intervenga.

ME: Antes, al introducir el tema, he contado que mi llegada al mundo editorial ha sido un poco inusual, pero también he observado que en los últimos años, con el acceso que tenemos todos a internet, muchas barreras que antes existían con las editoriales se han ido cayendo. Podemos llegar a ellas casi directamente. ¿Por qué sigue siendo necesaria esta figura del agente o la agencia?

SB: Yo soy partidaria de que hay autores que no necesitan agente, depende de cada caso, porque hay autores que son de un solo libro, o porque su carrera literaria es paralela a otras. Pero, en cambio, creo que hay autores a los que les es muy necesario tener alguien al lado para dirigir su carrera, porque no sólo es escoger el mejor editor para cada novela, sino saber dónde quieres ir, dónde quieres llegar, y hacer una buena estrategia que para cada autor es diferente. Y es diferente para lengua española y después para cada país donde creemos que esa novela puede viajar, ya que una de las funciones esenciales que la agente hace es poder exportar las novelas a otras lenguas, y aquí sí que creo que es vital nuestra aportación, pero siempre interviniendo desde la publicación castellana. No vale yo me hago lo de aquí y tú te encargas de lo de fuera, porque la estrategia es un paquete general, que debe estar bien estructurada  desde el inicio. Y para eso creo que hay que estar en manos de profesionales y, cuando un autor quiere profesionalizar su carrera, la mayoría de veces, un agente es necesario.

ME: Mira, en eso no había pensado, no se me había ocurrido que para exportar nuestras novelas es muy útil tener un agente. Esa es una de vuestras funciones que realmente desconocía por completo. Nos puedes contar, en rasgos generales, cómo trabaja un agente literario. ¿Es solo un intermediario entre la editorial y el autor o también se implica de alguna manera en el proceso de creación de la obra? Se me ocurre preguntar si hace sugerencias para mejorar el texto o para adaptarlo al mercado o si solo se limita a buscarle una editorial donde encaje.

SB: Esto es lo que quería decir en la primera pregunta. Hay agentes que se limitan a esto, pero yo he visto que mi modelo de agencia no va por ahí y nosotros no sólo nos implicamos en el texto, en ayudar y acompañar, sino después también nos implicamos  en ayudar a la editorial a promocionar y a vender.

Quizás mi agencia es atípica, pero nunca me ha gustado ser sólo un punto de conexión, porque los libros hay que vivirlos con el autor para después venderlos, pero eso ya es muy personal.

ME: Pues ese es otro enfoque muy interesante, porque sé por experiencia que hay veces que te puedes sentir un poco perdido. Acompañar me parece esencial. Voy viendo cuáles son los beneficios para el autor al trabajar con una agencia con respecto a hacerlo sin ella, pero seguro que hay algo que se me escapa.

SB: El autor que quiere profesionalizarse creo que tiene muchos beneficios con un buen agente al lado. No sólo porque no está solo con su libro, sino porque hay un trabajo burocrático que el autor debe olvidar para dedicarse a escribir, y por lo que comentaba de hacer una buena estrategia editorial, que es distinta y cambiante, y para eso hay que estar remando juntos con alguien que es de tu equipo. Porque el editor al que no vendes puede dejar de serlo, en cambio el agente intentará hasta al final, si ha confiado en ese autor, llegar dónde ambos habíamos planeado, porque las ventas no dependen siempre de la calidad de la novela ni del autor.

ME: Ahora voy a hacer una pregunta un poco incómoda. Charlando con autores, me han contado que muchas veces el trabajo con sus agentes no ha sido del todo satisfactorio. ¿Por qué tienen mala prensa? ¿Hay mucho intrusismo? ¿Hay mucha gente sin aval haciéndose pasar por quienes no son?

SB: No es una pregunta incomoda. Los autores que no están satisfechos con sus agentes deben cambiar de agente o no tenerlo. Yo creo que no es cuestión de mala prensa, sino de que cada autor debe saber lo que quiere y porqué lo quiere, igual que el agente, y si ambos quieren lo mismo, la cosa normalmente funciona. No creo que haya gente haciéndose pasar por lo que no es, pero sí que es cierto que ser agente no es nada fácil. Creo que si yo no llevase 27 años en esta profesión, cambiaría ahora mismo y haría otra cosa, porque desde fuera puedes verlo sencillo, sin mucha inversión, y que se puede hacer incluso desde casa y no digo que no sea así cuando uno empieza, pero si te dedicas a ello y creces profesionalmente es un oficio complejo y de mucha dedicación, que no todo el mundo está dispuesto a hacer y por eso quizás hay malos entendidos. Además, un valor fundamental para ser un buen agente es la honestidad a pesar que a veces tengas que decir cosas que no son fáciles de trasmitir como que una novela no funciona, que hay que esforzarse más o que no se encuentra editor para una novela que todos consideramos buena en casa, pero fuera no, para ponerte algún ejemplo. Para que la relación agente-autor funcione tiene que haber confianza.

ME: Y pensando en la inexistencia de avales, ¿qué piensas de todo este fenómeno de la autoedición? ¿Crees que es una moda que pasará y que los autores acabarán volviendo a buscar un hueco en las editoriales tradicionales? ¿En qué medida crees que está afectando al mercado literario?

SB: Ha sido un fenómeno y han salido autores autopublicados que han acabado en grandes editoriales. Yo abrí una línea de autoedición llamada SB&BOOKS en su momento, bajo el paraguas de la agencia, para publicar en ebook, y descubrimos nuevas voces que han pasado al papel, y que estamos muy contentos de poder representar, pero hemos detectado que la venta de ebook es tan mínima, en la mayoría de los casos, que no podemos vender gato por liebre y el modelo de negocio como lo teníamos concebido no puede seguir. Por eso creo que nunca se ha visto afectado el canal tradicional y por suerte el papel sobrevive bien.

ME: (Yo, que tengo lector digital desde hace ocho años, he vuelto al papel como lectora. No sé si es romanticismo, pero cada vez me llama más tener un libro entre las manos y no un dispositivo.)

Como te he dicho al principio, a pesar de llevar años publicando no tengo ni he tenido agente, así que tengo algunas preguntas técnicas. Por ejemplo, ¿se pueden contratar vuestros servicios por una sola obra o va vinculado a la actividad literaria del autor durante un tiempo determinado? ¿Cuánto tiempo suele ser? ¿Tardáis mucho en darle una respuesta respecto a una obra que os mande?

SB: Cada agencia tiene sus condiciones. Es mejor consultar con quien te interese.

ME: Entiendo. Me preguntaba si había una especie de modelo, como los contratos editoriales que, aunque tienen matices de una editorial a otra -incluso de una obra a otra-, siguen un patrón más o menos general. Y ya la última pregunta. ¿Cómo me convencerías de que necesito contratar tus servicios como autora? A mí o a cualquiera de los escritores que pasan por el blog.

SB: El que tiene que estar convencido es el autor, y el agente debe valorar si ese autor necesita los servicios de un agente, como ya he comentado antes, no todos los autores creo que necesite agente. En mi caso, es muy importante tener claras las cosas y, por tanto, yo no quiero convencer a nadie de nada de lo que uno mismo no crea o sienta. Sin embargo, el servicio de una agencia es muy valioso en muchos aspectos cuando hay respeto, confianza y fidelidad por ambas partes.

ME: Me gustan estas tres palabras, creo que apoyarse en ellas es la mejor manera de que salgan bien las cosas. Ha sido un placer charlar un rato contigo y conocer un poco más tu trabajo, Sandra. Te deseo que sigas teniendo mucho éxito con todo lo que te propongas.


En la imagen que adjunto en el blog, que amablemente me ha cedido la agencia, Sandra Bruna lleva una camiseta de una campaña solidaria en la que llevan inmersos cinco años: La literatura alimenta. Su objetivo es conseguir recaudar dinero para becas en comedores escolares, para aquellos niños que se encuentran en situación de pobreza y que no reciben una alimentación adecuada. Es el quinto año que se unen a la campaña de Educo. Si quieres saber más acerca de esto, pincha aquí.


jueves, 11 de enero de 2018

PLANIFICAR EL TIEMPO DE UNA NOVELA

Estaba pensando esta mañana, mientras daba resbalones con la nieve del pinar, en lo mucho que ha cambiado mi manera de trabajar en los últimos años. No solo porque he modificado los horarios -escribía después de comer, que era cuando los niños se dormían la siesta y me dejaban-, era capaz de hacerlo aunque estuviera la televisión puesta y hubiera un escándalo de mil demonios, y nunca me molestaba dejar frases a medias.

Un vez deje a unos personajes en un camino polvoriento, a punto de ser asaltados por tres rufianes y me dio lo mismo que pasara un año entero hasta que decidí terminar la escena.

No planificaba nada, simplemente me sentaba y escribía, siguiendo el instinto de la lectora que siempre he sido. Era todo caótico y mágico, porque de aquel desastre fui capaz de sacar de mí varias novelas y muchos relatos que incluso se llevaron premios.

Insensatos jurados que pensaban de mí cosas buenas...

El caso es que desde hace unos años eso se ha dado la vuelta del todo.

Para escribir necesito silencio absoluto, nada a mi alrededor que perturbe la paz que me permita no dejarme frases a medias ni personajes esperando durante un año en un camino para que los rescate. No puedo soportar la televisión puesta y me cuesta muchísimo concentrarme si hay alguien más en el mismo espacio que yo. Si contamos con que no tengo un lugar para escribir -eso de un despacho con tus cosas, una mesa y una silla para mi no existe, escribo con el portátil sobre las piernas en cualquier lugar-, muchas veces me encuentro con días y días en los que no puedo avanzar.

No hay paz.

En ese contexto de pausas constantes, no puedo exigir a mi familia que me deje la casa para mí sola, he tenido que agarrarme a la planificación. Sobre todo para no verme obligada a releer novelas enteras para ver por dónde iba.

Creedme,cuando llevas 150.000 palabras es una tarea titánica.

Mi modelo de planificación pasa por un cuaderno. En él trazo un calendario, a veces del año que necesito por la misma trama de la novela y otras uno cualquiera. Solo necesito apoyarme en él, situar en un tiempo las escenas para estar segura, por ejemplo, de que no mando a nadie al instituto un domingo -que me pasó en un borrador-, o para no hablar de una tarde fría si por el transcurrir de la novela resulta que hemos llegado al mes de agosto.







Los calendarios tienen notas. Sobre lo que sucede, sobre el tiempo que abarca un capítulo o el día en el que transcurre una escena. A veces escribo quién interviene en cada una y algún dato significativo que no debe pasarme por alto.

¿He dicho planificar?

En realidad, el tiempo no lo planifico, sino que lo fijo en estos calendarios y en esas notas a posteriori, pero no sabía cómo titular la entrada. Lo hago después, me preocupo de dejar esto claro en mis notas, como en otras notas del cuaderno -lo hago a mano- que lleva todos los apuntes de la novela. Las fichas de los personajes, donde apunto a grandes rasgos cómo los imagino -está por la primera vez que use la foto de alguien, pero todo se andará-, lo que sucede en cada capítulo, el esquema previo, el armazón de la novela que a veces no ha sido más que una palabra que definía cada capítulo.

Y vosotros, ¿hacéis algo así? ¿Sois ordenados? ¿Sois un caos? ¿Sois felices escribiendo?

miércoles, 10 de enero de 2018

TODAS LAS HISTORIAS ESTÁN CONTADAS



Desde hace mucho tiempo, todas las historias están contadas. Quizá por eso, porque sorprender cuando has leído tanto te parece una quimera, porque sabes que por mucho que te esfuerces no vas a descubrir la pólvora -que ya está más que descubierta- hace tiempo que perdí las ganas.

La pasión.

La ilusión.

El empuje que a menudo me hacía soñar, perseguir los sueños y cumplirlos.

Y he ido dejando poco a poco de aporrear el teclado y de buscar esos finales que tanto me cuestan, concentrándome en dos cosas: este blog, donde escribo textos cortos que calman la ansiedad por las palabras y la lectura, los libros en los que me pierdo.

Así he estado un tiempo.

Pero ha llegado un momento en el que me he dado cuenta también de dos cosas (pienso las cosas a pares): la primera es que, por mucho que las historias estén contadas, siempre existe la posibilidad de hacerlo de otra manera. La mía, mi manera de narrar, es solo mía. Tiene mi ritmo, mis pausas, mi sintaxis a veces desordenada. Las frases cortas que de pronto rompen el ritmo de unas oraciones más largas. Mis pausas y lo que cuento sin escribir, porque flota entre las líneas, para que los que saben leer lo encuentren y los que no tampoco se vuelvan locos. La que soy cuando en lugar de hablar, escribo.

La segunda, que si no encuentro esa historia que me apetece leer, puedo escribirla. Hay personas que no son capaces, pero yo sí. Mejor o peor, pero puedo hacerlo.

Así que, la conclusión es que, aunque todas las historias estén contadas, no tengo más remedio que contar las mías. Porque nadie lo hará igual y porque hay alguien que me espera.

Yo misma.






lunes, 8 de enero de 2018

ENHEDUANNA, LA PRIMERA POETISA.



Cuentan de ella que fue una princesa, la hija de Sargón I de Acad, y que nació allá por el 2285 a. C. en Mesopotamia, en lo que hoy se conoce como Irak.

Enheduanna, la bella sacerdotisa de la luna del cielo, de la que no estamos seguros ni de que este fuera su verdadero nombre, sí es la primera mujer de la que se tiene constancia de que escribió poesía. Cuenta Eduardo Galeano que le cantaba a la luna, la diosa Inhanna, su protectora, y que para ella la escritura era como concebir el mundo, como un parto con el que se daba la vida.

Un principio para el mundo. El punto de inicio de todo.

Dicen que esculpía himnos en cuneiforme, en tablillas de barro que transformaba en peticiones a los dioses para que favorecieran las campañas militares de su padre y que el hecho de que ella firmase sus himnos es señal de la alta estima en la que se tenía a las mujeres en aquella época tan lejana.

¡Cuántos tiempo ha pasado desde que Enheduanna pisó por última vez este mundo! Y, sin embargo, los sentimientos siguen siendo los mismos porque no podemos escapar a lo humanos que somos, por mucho que el tiempo no se pare. La princesa, la mujer, ha sido casi olvidada. No conocemos su aspecto, nada quedó registrado de cómo era, pero sí sabemos de la poetisa, de sus emociones, que permanecen esculpidas en el barro de aquellas antiguas tablillas.

Es la primera escritora de la que tenemos constancia, aunque haya quedado sepultada bajo toneladas de nombres de escritores -casi todos hombres- que llegaron después y haya hecho falta excavar para rescatarla del olvido. Yo la encontré por casualidad en una enciclopedia antigua y he querido dejarle un pequeño hueco el blog.

Porque las pioneras siempre se merecen un respeto.

Los pocos datos que he encontrado de ella son de la enciclopedia del estudiante de Santillana impresa en 2005 y la Wikipedia.



Algunos de sus títulos:

Exaltación de Inanna
Himno a Nanna
Los himnos del templo

domingo, 7 de enero de 2018

HISTORIAS DEL TEATRO



Acaba de empezar el siglo XVI y el gremio de artesanos de Madrid prepara la fiesta del Corpus con una representación. Ellos mismos, esos que en sus horas de trabajo se dedican a labrar los metales o a curtir pieles, durante unas horas se convertirán en actores. No habrá decorado, no habrá un escenario fijo: tan solo el humilde carro que después se usará en la procesión, con la pared de la iglesia al fondo.

Ni siquiera sabrán esos artesanos, aficionados a entretener a sus congéneres, que están sentando las bases del teatro que en un siglo será el mayor espectáculo del que disponga la capital. Pero han dado un paso de gigante, ha sido tal su éxito que, a mediados de siglo, ya existirán espacios donde se cobrará una entrada para verlos contar historias sobre un rudimentario tablado: los corrales de comedias. En ellos, el público se separará por clase social, puesto que los pudientes, incluido el rey, tendrán reservados los corredores de las plantas. Y por sexos: las mujeres al fondo, en la cazuela, y los hombres en el centro del patio. Ellas son espectadoras de segunda y tampoco tienen presencia en la escena. De hecho, los papeles femeninos hasta la segunda mitad del siglo los representarán hombres disfrazados...

Un escritor puede contar las cosas tal como sucedieron o darle una vuelta. A veces, solo con esto, aparecen historias inolvidables. La ficción, ante todo, es ficción. O debería serlo…

Hoy me he acordado de esta maravillosa película: Shakespeare in love.

viernes, 5 de enero de 2018

BASTA CON VIVIR DE CARMEN AMORAGA



Sinopsis:

Pepa es una mujer madura en quiebra emocional. Siente que ha malgastado su vida y culpa al mundo de su aparente desgracia. Sola, enfadada y amargada, siente como una herida la felicidad del resto, y para protegerse del dolor no encuentra otra forma que vivir dentro de una coraza que oculta sus verdaderos sentimientos.

Durante unas vacaciones forzosas, Pepa se ve obligada a reflexionar y a tomar consciencia de los errores que la han llevado a estar donde está. Justo cuando comienza a reconciliarse con sus recuerdos, empieza a observar a una chica embarazada que toma el sol a diario en un banco de la misma plaza en la que Pepa pasea a su perro. Esa joven es Crina, que vive una tragedia ante los ojos impasibles de una sociedad que no quiere verla.

Crina llegó a España engañada por su propia pareja, que la vendió a una red de trata de blancas, y ahora esa red planea vender al bebé que espera. Pepa, inmersa en el proceso de rehabilitación de su invalidez emocional, es la única persona que puede ver más allá de lo que se ve, y decide volcarse en ayudar a esa desconocida.

Mis impresiones:

Esta novela ha sido el regalo que he recibido estas navidades. Me lo ha hecho Margalida Ramon, a quien conozco a través del blog desde hace al menos siete años y la verdad es que fue toda una sorpresa encontrarme con el paquete en casa, una felicitación de Navidad que llegó tarde, acompañada de un libro que me apetecía leer. Había caído en mis manos el principio a través de un tuit y me gustó cómo empezaba. Lo comenté y Marga ha hecho que mi deseo se cumpla.

Basta con vivir es una novela que está escrita en presente. Los capítulos cuentan por separado las historias de los dos personajes que se mencionan en la sinopsis, Pepa y Crina, presentándonos dos vidas completamente distintas. Pepa es una mujer hermética y malhumorada a la que una serie de disgustos encadenados le rompieron el corazón y no ha hecho ningún esfuerzo en salir de la coraza en la que se protege del mundo, sino que se ha pasado la vida quejándose de su suerte y culpando a los demás. Crina era una joven estudiante de medicina que llegó a España engañada por el que ella creía que era su novio. De un día para otro, su vida feliz se convierte en el infierno de verse convertida en una prostituta. Cuando ambas coinciden, Crina está embarazada, al cuidado de unas personas que la mantienen en un piso hasta que dé a luz, momento en el que le quitarán a su hijo.

Es una novela lenta. Esto, que lo he contado porque aparece en la sinopsis y no desvelo nada, podría resumir las 250 primeras páginas de una novela de poco más de 300. No se trata de un libro en el que predomine la acción, sino que se basa en las emociones, sobre todo las de Pepa, que es la verdadera protagonista del libro. Asistimos a su renacer como persona, nos cuenta cómo se ha ido autodestruyendo durante toda la vida y cómo, en un momento dado, decide darse una oportunidad y salir del círculo vicioso en el que lleva años dando vueltas a lo que no pudo ser en el pasado.

La escritura tiene algunos párrafos brillantes, otros se recrea en la lengua coloquial, usando recursos que en algún momento me han recordado a la forma en la que está narrada Patria, ese lenguaje que transcribe los pensamientos del personajes. Esto aporta fluidez y hace que resulte menos denso el libro, que como digo está hecho de emociones, recuerdos, fragmentos de unas vidas contadas a saltos. Los demonios de Pepa se exponen ante nosotros y, a través de lo que se nos cuenta, vamos reconstruyendo a esa mujer rota que, cuando conoce a Crina a través del panadero, un jubilado que camina con un andador, encuentra el camino para recomponerse. En algún momento, su amiga Paqui le dice que de todas las actividades a las que se ha apuntado, la que más le gusta es el voluntariado. Porque ayudar a los demás, en el fondo, es muy egoísta. Lo hace porque es la manera se sentirse bien con uno mismo.

Y parte de esto puede ser lo que le sucede a Pepa al ayudar a Crina. Ese corazón roto con el que ha vivido tantos años se empieza a reconstruir al poner la tragedia de otro ante sus ojos, la de Crina, la de una mujer joven que está aterrada porque le van a quitar a su bebé. Eso sí que es grande, y no que te deje en plena juventud tu novio Ramón -al perro que tiene le ha puesto ese nombre-, o que tengas cáncer, o que tu padre se muera, o que tus amigas, las muy hijas de puta decidan todas tener sus hijos a la vez ahora que tú no puedes. Y te quedes sola y perdida, sin ganas de vivir.

La parte final de la novela tiene un ritmo más acelerado, porque pasan más cosas y la historia da un par de giros muy interesantes.

Lo que menos me ha gustado ha sido lo largas que son algunas frases, secuencias infinitas de oraciones subordinadas aunque responden a la perfección a esa intencionalidad coloquial. A mí me agotaban.

Es una novela interesante que recomiendo.

martes, 2 de enero de 2018

HAY ESPERANZA


Era 28 de diciembre, pero los alumnos de segundo de Bachillerato del IES Hoces del Duratón no gastaron una broma, sino que hicieron algo excepcional. Ya había sido original que organizasen hace unas semanas un torneo de fútbol sala para ayudar a la financiación de su viaje de fin de estudios a Mallorca, pero no se han quedado ahí. Han seguido ideando para que no sean las típicas papeletas –que también las han hecho- las que les ayuden a lograr el objetivo.

El 28, organizaron un concierto muy personal, puesto que no se trataba de ningún artista conocido, sino que fueron ellos mismos los que se atrevieron a subirse a un escenario. Y, doy fe de primera mano, porque en el pasado lo hice, que no es nada sencillo tomar la decisión de exponerte frente a la gente que te conoce, con los focos en la cara y toda la atención para ti. Hay que ser muy valiente.
Parte de la recaudación será para ellos, para su viaje, y otra parte se la donaron a la Asociación de Alzheimer y otras Demencias de Cantalejo.

Algunos de estos chicos llevan tomando clases de música desde que eran muy pequeños y pensaron que podía ser buena idea organizar este concierto. Pasarlo bien a la vez que sacaban algo de dinero, contribuir a una causa social que es importante y la verdad es que creo que el resultado fue muy bueno.

Yo estuve allí, sentada en las filas de detrás.



El concierto lo presentaron Raúl y Sandra Casla, y lo primero que hicieron fue dar paso a Esther Muñoz, la secretaria de la Asociación, para que hiciera una introducción sobre la enfermedad. La pillaron con el pie cambiado porque no se imaginaba que tuviera que salir al escenario, me lo contó a la salida, y casi estoy por afirmar que fue la que estuvo más nerviosa de todos. Agradeció a los chicos que se hubieran ofrecido y contó que cuando se lo dijeron no salían en la Asociación de su estupor porque se les hubiera ocurrido. Nos contó que llevan poco tiempo y necesitan algunos empujones, así que cualquiera causa como esta les viene fenomenal.



Lo primero que hicieron fue proyectar un pequeño documental que hablaba de la enfermedad.
La verdad es que hay que tomar conciencia de ella, porque es tan dura que no solo enferman las personas que la padecen, sino que sus familiares acaban sufriendo el mal del cuidador. Por eso son tan necesarias estas asociaciones, para que por lo menos den un respiro a las familias y, también, para asesorarlas legalmente. El Alzheimer incapacita y a veces es necesario tomar medidas legales cuyos trámites no todo el mundo conoce. Esa guía es necesaria y, sobre todo, un alivio para quienes ya están sufriendo por ver cómo las personas que quieren se deterioran día a día. La Asociación está abierta a la inscripción de nuevos socios.

Una vez terminada esta introducción, empezó la música. Cuatro de los alumnos de Segundo de Bachillerato fueron los protagonistas de este evento:

Samuel San Antolín cantó desde canciones clásicas hasta contemporáneas, incluso se atrevió a cantar una al piano que él mismo tocaba: Comiéndote a besos, de Rozalén. Nos dijo que era la primera vez que hacía eso en público y yo le digo que puede repetir. Pregunté por ahí y esta fue la canción que más gustó de las que interpretó, tal vez porque todos la conocían.



Vanesa Muñoz se dedicó al género que más le gusta, el flamenco, y su repertorio fue muy variado, versionando canciones de Manuel Carrasco y Antonio Orozco entre otras. En algunas de ellas la acompañaba a la guitarra su profesor de la escuela de música.



Celia Pastor actuó al piano, instrumento que toca desde que tenía 6 años y al que se quiere dedicar. Ha adquirido ya un enorme dominio de la técnica. Tanto que la última de las canciones que cantó Samuel ella la interpretó al piano. Para mí fue uno de los momentos más bonitos y creo que es una pena que no se les ocurriera hacer alguna canción los tres juntos, ellos dos y Vanesa, porque hubiera quedado muy chulo.



Elena de Francisco tocó la dulzaina, poniendo el toque autóctono a la noche, con temas del cancionero de Agapito Marazuela. Y seguro que a alguien le sorprende, pero a mí me emocionó –y eso que no soy ni de Segovia-. Me emocionó porque Elena, que estaba nerviosísima, casi tanto como Esther, una vez que se puso a tocar, acompañada por su hermano y su primo, disfrutó como una enana. Desde donde yo estaba veía cómo le brillaban los ojos y lo que estaba disfrutando encima del escenario.


Creo que este será un recuerdo impagable para todos ellos y tengo la sensación de que puede inaugurar una tradición. Y lo que me parece más importante: creo que es esperanza. Esperanza en las nuevas generaciones, en gente que quiere hacer cosas en lugar de destruirlas, en chicos que, sin dejar de ser uno más en su tiempo, sin abandonar el teléfono móvil –ninguno lo suelta-, además son capaces de emplear horas y horas en llegar al dominio de un instrumento o a cantar sintiendo la música. Les queda por aprender, pero eso el otro día no importó, porque la idea era pasarlo bien, hacérselo pasar bien a las personas que allí estábamos y sacar algo de dinero para su viaje.

Estoy segura de que esto quedará como un recuerdo inolvidable, como todos los que atesoren cuando lleguen a Mallorca.

(Nota: como alguno se os ocurra hacer balconing nos presentaremos allí todas las madres, así que procurad evitarlo como sea).

(Nota 2: seguid pensando en cosas interesantes, un mercadillo de segunda mano, por ejemplo).


(Nota 3: gracias a Samuel y a Carmen que me han dejado las fotos para esta entrada. Yo no hice, estaba disfrutando de su actuación).

lunes, 1 de enero de 2018

AL ABRIGO DEL MAR DE BEATRIZ MANRIQUE




Sinopsis:

Astrid Sell es una joven educada en un entorno refinado y acomodado. Una dama con clase que entiende lo que se espera de ella conforme a su posición.

Román Guirao es un joven humilde que trabaja desde su niñez en la taberna familiar. Un hombre que sabe que las mujeres como Astrid están vedadas a los hombres como él.

El periodo estival, un paseo por la costa de Mojácar y el vuelo de un sombrero provocarán el encuentro de estos dos jóvenes cuyo amor deberá enfrentar sus diferencias sociales así como diversas adversidades que pondrán a prueba la veracidad, la lealtad y la fortaleza de sus sentimientos.

Una novela enmarcada en la sociedad almeriense de la última década del siglo XIX, cuya riqueza derivada de la minería, se convertirá en el escenario de la historia de dos personas con unos orígenes tan alejados como diferentes.


Mis impresiones:

Sabía que quería leer este libro desde que me enteré de que Beatriz Manrique publicaría de nuevo este año. Este verano he leído otras dos novelas suyas y, tanto a mí como a mi madre, nos encantaron, así que lo estaba esperando.

Si no habéis leído a Beatriz, os la recomiendo. Escribe historias muy bonitas, ambientadas a finales del siglo XIX y muy bien documentadas. Al final del libro, en realidad lo hace en todas sus novelas, tiene un anexo donde nos explica sus fuentes y algunas curiosidades, en este caso sobre la zona de Almería y las minas. Es un extra para saber de la época y a mí me acaba gustando también un montón porque aprendo cosas, como, por ejemplo, a quién le debemos el proceso de vulcanización del caucho y qué utilidad se le dio. Yo a este señor, Goodyear, solo lo asociaba con unas ruedas que les ponen a los F1.

Leedlo y sabréis de qué estoy hablando. Es algo que hoy en día es de uso cotidiano.

Al abrigo del mar es una historia de amor entre dos personas de diferente clase social. Ella es apenas una niña de 17 el verano en el que se conocen y él un joven de poco más de veinte. Astrid Sell, la mayor de cuatro hermanos de procedencia noruega y familia adinerada, se fija un día en la playa en Román Guirao, un joven pescador sin recursos. Y él de ella. Cada día, en sus paseos con Elsa, la niñera que cuida de ella y sus hermanos, Astrid tratará de disimular un interés que él, por su parte, no esconde. El ímpetu de la juventud, la adolescencia irreflexiva, acabarán haciendo que encuentren una manera de citarse en una cala cada madrugada y allí se enamoren. Al abrigo del mar...

Ha sido un placer su lectura. El narrador omnisciente cuenta la historia desde todos los ángulos posibles, haciendo saltos temporales del presente al pasado, y eso hará que podamos ir comprendiendo las razones del comportamiento de cada uno: puede que entre ellos haya algunos desencuentros, pero el lector siempre sabe que se aman por encima de todo. Bueno, de casi todo, porque hay una cosa que no contaré porque haría un spoiler.

Os la recomiendo si os gustan las novelas que, además de contar una historia, nos enseñan otro tiempo. Me ha gustado saber más sobre la zona de Mojacar y Almería a finales del XIX  y de los Cafés donde se ofrecían espectáculos musicales en el época.

Por cierto, feliz año.


sábado, 30 de diciembre de 2017

¿HAS VISTO CÓMO LLUEVEN LAS FLORES? ANA MARÍA DRAGHIA



Sinopsis:

Hay preguntas que solo se pueden contestar olvidando el pasado.

Elsa siempre quiso conseguir tres cosas: ser fotógrafa, ser libre y ser feliz junto a Hugo, su prometido, pero una vez alcanzadas, su pequeño universo va a dar un giro de ciento ochenta grados. Al verse involucrada en un traumático accidente de tráfico en el que le salvará la vida a Jordi Balaguer, un cirujano que acaba entrando en coma, se encontrará unida a su vida de manera irrefrenable. La necesidad de saber quién es y de ayudarle a recuperarse la llevarán a desentrañar una historia que la acompañará hasta el final.

Pese a la crisis personal y profesional en la que se verá a partir de ese momento, la intensidad de los recuerdos y las circunstancias presentes ayudarán a Elsa y a Hugo a preservar su relación durante un breve lapso de tiempo, que se verá truncado cuando, varios meses después del accidente, Elsa se encuentre cara a cara con Jordi. A partir de ese momento, nada volverá a ser como fue.

Mis impresiones:

Este es otro de esos libros que llevaba tiempo viendo que se iba a publicar y lo compré el mismo día que salió. Me gusta cómo escribe Ana Draghia, la descubrí cuando formé parte del jurado del IV Premio Digital HQÑ y su novela Tan nosotros quedó entre las finalistas. Quería saber cómo ha evolucionado como narradora y, sobre todo, me intrigaba cuál era la historia que se escondía detrás de la sinopsis y de este título tan chulo.

El detonante de la historia es un accidente de tráfico. Elsa lo presencia, ve cómo el coche de Jordi, al que no conoce de nada, patina y él pierde el control, acabando en el lago. Ella no lo piensa, sale corriendo y se tira al agua para rescatarlo. Con dificultades lo consigue y eso le salva la vida, pero acaba en coma. Elsa queda tocada por el incidente y solo encuentra paz a su lado, así que se pasará mucho tiempo visitando al enfermo en el hospital, hablándole aunque esté segura de que no puede escucharla.

Pero Elsa no está sola. Hace ocho años que tiene un novio, Hugo, con el que tiene previsto casarse y al que no harán gracia esas visitas, que por más que se esfuerza no logra entender.

Esta es una novela de personajes, de sentimientos, de decisiones que se presentan en momentos de la vida y que, cuando se toman, lo cambian todo. Para mí ha tenido algo que solo son capaces de lograr algunas novelas, y es llevarme a mi propia historia. No digo que me haya pasado nunca lo que a los personajes -nunca he rescatado a nadie de un lago, más que nada porque no sé bucear y ni lo intentaría-, pero sí me he visto en momentos así. Coger un camino significaba dejar otro y, para estar segura, debía encontrar paz y serenidad, la misma que en el fondo esta buscando Elsa.

No puedo contaros mucho más, porque es una de esas historias que es necesario leer. Es sencilla en el planteamiento, pero tiene la complejidad de unos personajes llenos de matices. Ana María Draghia escribe muy bien y estoy segura de que le queda mucho camino por recorrer, que tiene que contarnos todavía muchas historias.