domingo, 14 de octubre de 2018

ESE MONTÓN

Por razones X, este mes no puedo sumar más gastos a los que ya tengo. Por eso, aprovechando que tengo la opción Prime en mi cuenta de Amazon, estoy leyendo tirando de esos libros de romántica que están en Prime Reading.

Me siento muy decepcionada.

Desde sinopsis "aceptables", portadas chulas y valoraciones altas, he llegado a libros infumables. No exijo que los libros sean dignos del Nobel, solo que se puedan leer. Que estén medianamente bien escritos. Si me gusta su trama, al final, es subjetivo, pero esto no. Esto es perfectamente objetivable. Ha sido muy triste lo que me he encontrado. Mucho porque de verdad esperaba descubrir talentos. Y por algo más ...

Dos de mis libros están en este montón de Prime Reading, corriendo el riesgo de dar la misma pésima imagen.

He revisado los comentarios de las novelas que he intentado leer y la mayoría las inflan. Es imposible que nadie valore mal o se haya dado cuenta de que en algunos se cambia el nombre de los personajes, se desconoce el uso correcto del imperativo, los tiempos verbales cambian a placer sin seguir ninguna lógica y las tramas no se sostienen. Por no hablar de la escritura, que para mí no es que no brille, es que ni siquiera los puntos y las comas están bien puestos y resulta difícil de seguir. Insisto...

Dos de mis libros están en este montón con el riesgo de ser valoradas igual.

¿Sabéis? Me siento muy frustrada. Me pregunto si yo lo hago tan mal y no soy consciente de ello por un exceso de ego. (Conozco egos que no son conscientes de sus limitaciones.) Si los demás pensarán que mis comentarios son de mentira y mis libros igual de infumables que a mí me han parecido otros. Esta misma semana un lector me decía que se le había hecho imposible leerme porque escribo en presente.

No lo sé .

Tengo que reconocer que algunos libros, pocos, sí me han gustado. Jodidamente especial. Los de Isabel Keats, el de Kate Danon, Marisa Sicilia... y también me quedan muchos por empezar, alguno más se salvará, pero la media es deprimente.

No me gusta. La autoedición está dando pasos atrás, después de que hace años le quitásemos el sambenito de ser algo deleznable. Valorar bien algo que no lo merece nos perjudica a todos, tanto a los lectores como a los que trabajan lo que escriben y estamos siendo irresponsables. Yo no valoro nada, pero tampoco mal cuando no me gusta y eso me hace cómplice de esta mentira. Yo pensé que al borrar del mapa a los estafadores de la romántica habíamos ganado algo, pero ya era tarde. Salieron tantos imitadores al amparo del éxito fácil que esto ha caído en picado. Y llegarán más.

Me lo estoy temiendo.


sábado, 13 de octubre de 2018

ESTOS DÍAS, RECUERDO OTRA RIADA

El 9 de agosto de 1995 es una fecha que tengo grabada en la mente, porque estuve en peligro durante unas cuantas horas. En todo ese tiempo cometí un montón de imprudencias.

Estaba en Pastrana (Guadalajara), trabajando.

Eran más o menos las ocho de la tarde cuando subí a la planta de arriba de la Hospedería Real de Pastrana para cerrar las ventanas. En ese tiempo yo estaba haciendo prácticas en la recepción del hotel y me di cuenta de que el cielo se oscurecía mucho para ser una tarde de agosto a esas horas. Oí que las contraventanas daban golpes y subí a cerrarlas, sobre todo para que no se rompiera ninguna. Estaba enamorada de ese edificio recién rehabilitado. Al llegar arriba, el viento era tan fuerte que me costó muchísimo empujarlas y cerrarlas, pero no detecté nada más que eso, un viento intenso y el olor de la tierra mojada.

Pensé que se aproximaba una tormenta de verano.

Una más.

Mi hora de salida estaba próxima, así que, en cuanto llegó, cogí mi coche, un Volkswagen Passat, y con una compañera puse rumbo a Guadalajara. Para llegar a la carretera principal teníamos que atravesar un camino, porque la carretera de acceso a la Hospedería aún estaba en obras, y en camino atravesaba también un pequeño arroyo. Apenas caía agua entonces, gotas nada más, pero cuando llegué a Pastrana (está al lado, tres o cuatro kilómetros desde donde yo inicié el viaje) llovía tanto que decidí no seguir. Me fui a la Plaza de la Hora, porque está en una zona que es casi imposible que se inunde. Mi plan A era esperar a que dejase de jarrear y después seguir camino. A la media hora, viendo que era imposible, pasé al plan B. Una amiga de mis padres tenía una taberna en la plaza. Desde el coche veía que estaba abierta, así que le dije a mi compañera que le pediríamos a Angelines que nos acogiera. Al menos hasta que lo peor pasara.

Abrí la puerta para salir del coche.

La cerré al medio segundo.

Caía agua con tanta potencia que solo ese gesto hizo que me empapase, y eso que no salí del coche. Estuvimos un buen rato más esperando. No sé cuánto. Al final, mi compañera pensó que era mejor que nos volviéramos al hotel. Al menos ahí podríamos pasar la noche. Las dos pensamos que no podríamos volver a Guadalajara con la que estaba cayendo.

Salí de la plaza y rehíce el camino, y ese fue mi primer error. El agua que había acumulada en la carretera era tanta que no sabía por dónde iba, pero tampoco me atrevía a dar la vuelta. Era una locura haber vuelto, solo se me ocurrió seguir. Me guie por el guardar rail, que me iba marcando el rumbo.

Cuando llegué al cruce, entré en el camino de tierra.

Hoy sé que no debí hacer eso, que fue una imprudencia de las que no se deben cometer dos veces en la vida porque es probable que la suerte no te vuelva a sonreír. Crucé al arroyo. Ya sé que es lo que no debe hacerse, pero lo hice y lo salvé, y pude continuar hasta el hotel. Cuando llegué, parecía que había estado conduciendo un año seguido. El lateral del coche, azul oscuro, era marrón. Estaba cubierto de barro.

El personaje que era director del hotel entonces se burló de nosotras. Le parecía que habían caído un par de gotas, que éramos unas exageradas…

El caso es que, a pesar de que este señor era imbécil, nos dejó que ocuparamos una de las habitaciones. Llamé a mis padres para decirles que no volvía y, después de cenar, nos fuimos a dormir.

Por la mañana, al despertar, encendí la TV. Puse la CCN y allí, la primera noticia, era de Guadalajara. En un pueblo cercano, Yebra, se había roto un muro y la gente que se refugiaba en un local había recibido el impacto de miles de litros de agua. Volvían de un entierro. Si no recuerdo mal, 7 personas fallecieron, a las que hubo que sumar otras tres que perdieron la vida en sus coches, en la carretera.
Si me habían temblado las piernas al bajar del coche la noche anterior, en ese momento volvieron a hacerlo con mayor intensidad. Fue cuando me di cuenta de que había estado en peligro de verdad.

Cuando bajé a recepción, el hotel estaba lleno de periodistas. Para todos fue una suerte que nosotras nos hubiéramos vuelto, porque esa mañana hubo muchísimo trabajo extra. También fue una suerte para mí, porque no me dio tiempo a pensar. Con tanto trabajo, logré evitar la sensación que me invadía.

Esa que volvió cuando tuve que coger el coche de nuevo.

Ahora quiero contar algo más. El coche, que vendimos en septiembre de 2011, se marchó todavía con barro. Cada vez que le hacíamos una reparación salían de alguna parte restos de esa tarde noche. Casi 20 años después, los restos de aquella imprudencia seguían en sus entrañas.

No he dicho nada estos días sobre lo que pasó en Mallorca. Yo sé que cuando te pasa algo asó en primera persona, no sabes nunca cómo vas a reaccionar. Puede que lo hagas bien. Puede que te la juegues como yo y tengas la suerte de cara. O puede que no lo consigas.

Me estremezco cada vez que veo una riada, barro, lluvia… Se me escapan las lágrimas y revivo esa sensación de temblor cuando bajé del coche. Y me cuesta unos días de visionar esa película que está en mis recuerdos.

Lo confieso, estos días he llorado. Y no he sabido qué decir. Un "lo siento" no definía lo que siento.

jueves, 11 de octubre de 2018

EN LA SALA DE ESPERA

Se me ha olvidado el kindle y estoy en la sala de espera del dentista. Como me aburro, observo. Me he enterado de que el nieto de una señora es la sexta generación del negocio familiar, que el lunes le sacan el último diente para ponerle dentadura postiza y que, gracias a Dios, a ella no le duele nada.

No sé a quién se lo cuenta, el resto de la gente está en silencio. Todos estamos abducidos por los móviles. Echo un vistazo y veo a uno revisando Instagram. Hay otra mandando mensajes de manera frenética y dos niños jugando. La pila de revistas espera a que alguien le muestre atención,  pero por lo nuevas que están me temo que no consiguen mucha.

Qué distintos somos a los que éramos hace solo una década.

Qué poco queda de aquello que fuimos.

Solo la señora mayor continúa aferrada a viejas costumbres. Acaba de abrir una revista.

martes, 9 de octubre de 2018

NO LO MATES, POR FAVOR (HARTA DEL BUENISMO)

Estaba deambulando por las opiniones de Amazon y he tropezado con una negativa -en una historia que no es mía, aclaremos el tema- en la que la comentarista se queja de la muerte de uno de los personajes principales. Esa es su razón de peso para tirar todo el trabajo de la novela, porque no le ha parecido bien que un personaje se muera. Le ha plantado un comentario negativo:

"Se merecía otro final".

(Porque tú lo digas, añade mi yo más borde).

Hasta donde yo tengo entendido, el final de las novelas, como el principio y todo lo que va en medio, a menos que seas un estafador de la narrativa y le pidas a alguien que te escriba el esquema de la novela, lo decide el autor. Es el único responsable del final de los personajes, tiene que serlo porque es SU HISTORIA. Tú, como lector, puedes valorar si te ha gustado más o menos, si te ha hecho sentir algo o te has aburrido como una almeja, si domina la técnica o es mejor que se dedique a recoger percebes que parece más sencillo (se ve que me apetece marisco, vaya ejemplos). Pero la historia es del autor.

Suya.

Del todo.

No vale que tú, como lector, la "hubieras escrito de otra manera" o "le hubieras sacado más partido". No vale porque eso no es una opinión que sirva a nadie más que a ti mismo. Y como no le sirve a nadie, no sé para qué corres a compartirla. Repito, por si alguien no se entera, no estoy hablando de una novela mía, no es a mí a quien le han puesto eso en estos días. Otras veces sí, pero no ha sido la que he visto hoy.

Solo quiero decirte una cosa, comentarista vacío: hazlo si eres capaz, ponte, escribe, súbelo a una plataforma y exponte a  qué opinen de lo que has escrito. Quizá no se te ocurra jamás volver a decirle a nadie qué tiene que hacer con sus personajes.

Dicho esto, estoy harta del buenismo y del acomodo al gusto de los lectores para tenerlos contentos. ¿Qué pasa si quiero matar a un personaje, entre otras cosas porque mi historia, repito MI HISTORIA, gira en torno a eso? Que no la quieres leer porque eres demasiado cobarde para sufrir un poco con un libro, NO LA LEAS, pero deja que cada uno se exprese como quiera y deja de decirle a los autores qué es lo que tienen que escribir.

Y si tanto sabes, ya te lo he dicho. Ponte. Ya verás como eso de darle alma a los personajes es más complicado que escribir una redacción mediocre de colegio en la que cuentes que estás escribiendo la maravilla del siglo.

Está el espejo antipático, pero es que me empieza a dar todo igual.

sábado, 6 de octubre de 2018

CUANDO SOÑABA CON CONOCER A FEDERICO MOCCIA



Pues sí, hace unos años soñaba eso, un poco antes de autopublicarme por primera vez.

No me acuerdo de cuándo llegó a mis manos la primera novela que leí de él, A tres metros sobre el cielo, pero sí recuerdo que fue a través de la revista de Círculo de Lectores. Podría intentar mirar el año de edición, pero da la casualidad de que este libro se lo presté a alguien y, como tengo menos memoria que un pez, no me acuerdo de quién es esa persona. Ni me lo ha devuelto ni se lo puedo pedir, porque ¿a quién se lo pides si no sabes a quién se lo dejaste?

El caso es que cuando leí la novela me encantaron dos cosas que encima no tienen nada que ver con la trama de la novela.

La primera fue la historia que rodeaba a ese libro. Supe que Federico Moccia había escrito el libro y, tras intentar que se lo publicasen sin éxito, se autoeditó. Más de una década después, tras circular copias por Roma de esa pequeña edición que hizo él, la novela se volvió a reeditar, esta vez por una editorial y con un éxito tal que al cabo del tiempo acabó convertida en una película.

Por cierto, me gusta INFINITAMENTE MÁS la película italiana, versión original en italiano, que la de Mario Casas. Pero INFINITAMENTE.

A lo que iba. Esa historia me fascinó, porque era como esos sueños locos que tienes de vez en cuando y que se cumplen a lo grande. Desde un principio confuso, ir ascendiendo hasta tocar el cielo, casi mejor que el título de la novela. "¿No sería genial que a mí me pasara eso?", pensé. Bueno, no sé si pensé esa frase en concreto, pero la verdad es que era una historia que abría paso a soñar. Y yo soñaba con que alguien más que mi círculo próximo (mi hermana y mis alumnas adolescentes) se leyera mis historias.

La segunda cosa que me encantó de la novela fue el tiempo verbal: en presente y en tercera persona. Si me habéis leído, sabéis que dos de las novelas que tengo publicadas están escritas en presente y en tercera persona. Tengo otra más escrita así sin publicar. No es nada habitual, de hecho choca un poco encontrarse novelas escritas de este modo, porque os aseguro que es una de las formas de narrar que son más exigentes con el autor. Solo los locos lo eligen, porque te arriesgas a que muchos lectores ya empiecen a ponerle pegas a la novela desde la primera línea.

¿Por qué me fascinó un tiempo verbal?

(Bueno, una vez me enamoré como una idiota del chico más feo de mi clase del instituto que encima no me hacía ni caso, siempre me fascinan cosas muy raras, así que podría ser una de esas excentricidades mías. Pero no, no era por eso.)

Era por Su chico de alquiler.

Vete tú a saber por qué, elegí ese tiempo verbal para esta novela. No lo hice en la versión del cuaderno azul de cuadros que escribí cuando tenía 19 años, sino la segunda, cuando lo pasé al ordenador tiempo después. De pronto, cuando empecé a copiarla, me apeteció más que sucediera en presente y cambié el pasado de esa primera versión de mi cuaderno a esta manera de narrar que a mí me parecía que acercaba mucho la historia al lector. No me había encontrado muchas novelas en ese tiempo verbal, pero sí había leído técnicas narrativas en mi libro de COU y quise probarme. Cuando encontré que A tres metros sobre el cielo estaba escrita así, me encantó.

"Otro trastornado como yo", pensé.

Y también tenía otra cosa en común con mi pequeña novela. Y no, no es la moto, porque la de Javier es un desastre. Y no es el prota, porque el mío el pobre es el anti protagonista de novela romántica. Y no es la chica, porque a Babi le falta el carácter que le sobra a Paula. No, lo que tenían en común era que yo tenía una copia de la novela impresa que iba de mano en mano -aunque siempre regresaba a mí- y todas me decían lo mismo, que la historia era muy loca, pero que se lo habían pasado genial leyéndola.

Por eso, cuando la autoedité, me concedí soñar lo que me diera la gana. Y no me dio por soñar con que la gente consideraba que yo soy escritora, que me daban premios o vendía libros digitales como churros -que fue lo que pasó al cabo de unos años-, sino que, por una de esas casualidades del destino, acababa conociendo a Federico Moccia. No sé qué me imaginaba que podría hablar yo con este hombre, que ni siquiera hablamos el mismo idioma, pero el caso es que soñaba.

En estos años que han pasado desde esto, me han pasado millón y medio de cosas. He conocido a muchísimos escritores: buenos, malos, regulares... Premios Planeta, Nadal, superventas y autoeditados. He asistido a la Feria del Libro de Madrid como autora, pero nunca he coincidido con Federico Moccia.

¿Se me ha pasado? Regular. Me gustaría, pero creo que a día de hoy no sabría de qué hablar con él. Tendría muchas menos pregunta que tenía la loca que era yo cuando cayó en mis manos esa primera novela suya.

Y esto es todo. Después de meses sin apenas pasar por aquí, hoy me apetecía publicar esto.

lunes, 1 de octubre de 2018

ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS EN PRIME READING

¿Quieres leer GRATIS y de manera LEGAL esta novela? Puedes hacerlo si tienes el programa PRIME de Amazon.


Esta casilla está a la derecha de la pantalla de la novela en Amazon en el ordenador, solo hay que pulsar para que se nos descargue en el kindle.

A partir de ese momento, podremos tenerlo hasta que lo leamos. El programa PRIME permite tener varios libros a la vez en préstamo. A medida que los vayamos leyendo, tendremos que ir devolviéndolos, porque hay un número limitado de libros que se pueden tener descargados a la vez.

Este es el enlace para llegar a la novela.

Si tienes UNLIMITED, también lo puedes descargar. Para mí es más ventajoso, porque con este sistema cobro por página, mientras que del otro modo Amazon paga un precio fijo, independientemente de si se lee o no.

¿Por qué quiero que lo descarguéis? Lo primero, porque me gustaría que leyerais esta novela. Lo segundo, porque cuando se descarga, se vuelve visible. Nunca ha tenido esa oportunidad en digital y es una pena, porque creo que es una novela muy válida. Seguro que pensaréis que lo digo porque es mía. Un poco sí, pero también quiero reivindicarla porque creo en ella.







Espero que le deis una oportunidad de llegar a más lectores. Es mi última novela.

Por cierto, la primera, Su chico de alquiler, que comparte personajes con esta, también está en el programa, así que también está GRATIS.



viernes, 17 de agosto de 2018

HA SIDO UN PLACER

Han sido diez años y medio los que ha estado activo este blog, pero ha llegado el momento de despedirse. No sé si será definitivo el adiós o solo temporal, no sé, porque la vida puede dar muchas vueltas en tan solo cinco minutos -llevo todo el verano experimentándolo-, pero a día de hoy siento que debo decirle adiós.

No me hubiera gustado escribir esto nunca, pero a veces no hay más remedio que tomar decisiones que no nos hacen felices. Sin embargo, si el camino por el que transitas no lleva a encontrar la paz y la calma para vivir, se hace necesario buscar alternativas. Este espacio pequeñito ha sido mi refugio, pero también es donde más echo de menos lo que me falta, así que se impone el sentido común. Supongo que sabré encontrar otro refugio pronto.

Un buen libro.

Una copa de vino.

Escuchar música.

Un largo paseo.

Un viaje.

Un café a solas.

Sentarme a tomar el sol.

Un bombón de chocolate blanco.

Un largo baño...

Seguro que, si sigo pensando, se me ocurren muchas más cosas.

También escribiré, las novelas siempre han sido también un poco como el espejo, un sitio donde te miras, pero con la diferencia enorme de que en ellas puedes corregir la vida, lo que no te gusta, lo que no sale bien... Y escribir el final perfecto para todas las historias. Ese que cierra el círculo y te deja con una sonrisa.

Gracias por acompañarme.

Ha sido un placer.

viernes, 10 de agosto de 2018

ADIÓS, AMIGO.

Me ha costado horas romper a llorar, convencerme de que la última conversación escrita será la última, por más que lo supiera, por más que evitase cualquier contacto en los últimos dos meses más allá de los post.

No se me da bien decir adiós, pero sí el respeto hacia el otro y sus decisiones. Era la tuya y sé que no ha tenido que ser fácil. Solo espero que ahora estés en paz, que hayas conseguido esta meta que seguro que era una de las más importantes que te has puesto en la vida.

Pienso en tu hija y te digo que esta mañana mi hijo, ese que nació el mismo día del mes, me ha dicho que no me perdonaría nunca que me fuera. Pienso en mí misma, en lo que extraño a mi padre a pesar de los años pasados, y sé que yo tampoco se lo he perdonado. Me pienso como adulta y como tu amiga, y entonces todo cambia. Yo sé que sabías lo que hacías y por qué, y no soy nadie para cuestionarlo, por más que me duela el alma ahora mismo.

Gracias por todo, por el verano de 2015 cuando me salvaste de la tormenta. Gracias por los consejos, por las risas, por aquel día en la presentación de María José. Gracias por el universo que has creado, por los afectos, por el cariño, por la comprensión, por preocuparte cuando no tenías por qué hacerlo. Gracias por ser tú, gracias a la vida por permitirme conocerte. En las redes y en persona.

Adiós, poeta.

Adiós, Enrique.

Adiós, amigo.

miércoles, 8 de agosto de 2018

¿Y SI LO QUE ESCRIBO NO SON LIBROS?



Hoy he leído un par de veces un artículo que se ha publicado en EL PAÍS que podéis ver pinchando en su título, "No, tu historia no da para un libro".

Os recomiendo su lectura, es corto y explica que no cualquier cosa que se escribe o que se piensa puede convertirse en un libro. Con argumentos fáciles y comprensibles, para que no le queden dudas a nadie.

No puedo estar más de acuerdo con lo que dice.

En los últimos años han caído en mis manos muchas historias que no eran libros, pero venían disfrazadas de libros. Historias que rechinaban constantemente en mi mente porque no me encajaban las piezas. Por más que trataba de escuchar su música, no la encontraba. Lo que se escuchaba era como oír a un gato mientras lo están maltratando. Igual se me ha ido un poco la mano con el símil, pero es para que se me entienda. Como lectora no he tenido ninguna duda de que eso no era un libro.

Entonces, mientras leía este artículo por segunda vez, me he puesto a pensar en mí como narradora. Me he mirado al espejo, intentando ser sincera del todo.

A mí no me enseñaron a escribir historias, solo se me ocurrió hacerlo porque sí. Sin pedir permiso a nadie, con la soberbia de pensar que sería capaz solo porque llevaba años leyendo y practicando. Sé que me he puesto a prueba muchas veces y las he pasado (concursos de varios niveles, publicación editorial, ventas...) pero...

Sigo dudando. He dudado hoy, mientras leía. Y ayer, mientras pensaba en la historia que acabo de terminar, la que me obligo a no tocar estos días para después poder verla con perspectiva. ¿Y si lo que escribo no son libros? ¿Y si no tiene la suficiente entidad y no soy capaz de verlo? ¿Y si lo que veo en otros está también en mí y la propia ceguera de estar tan cerca de la historia me impide ser objetiva? ¿No sería mejor dejarlo ya?

Todas y cada una de las veces que escribo, siento lo mismo. Siento pánico por haber tenido la soberbia -otra vez- de tratar de contar algo y pretender que otros la lean. Que otros la publiquen, que otros paguen por ella. Siento terror porque quizá me estoy equivocando, porque han tantas historias que no son libros que no se por qué las mías si lo van a ser.

A ver, ¿por qué?

Ni siquiera creo que sea inseguridad, creo que se trata de tener los pies amarrados a la tierra, saber que para que algo sea literatura tiene que llevar más que palabras unas detrás de otras, hiladas con una trama. Le hace falta ritmo, figuras literarias, transmitir emociones, tocar al lector, llevarle a la historia y que no salga de ella hasta que cierre la última página. Que se quede con tus personajes y los sienta como si estuvieran vivos, que los recuerde después de un tiempo como si la novela la hubiera leído el día de antes.

Esto solo está al alcance de unos pocos.

Os lo digo aquí, que somos cuatro, en este rincón tan mío: cada vez me siento más pequeña. Cuando leo cosas como este artículo, sé que no quiero contribuir al ruido que oculte a los libros que de verdad valgan la pena.

Tengo cuatro novelas terminadas ahora mismo y tres más bastante avanzadas. En mis cajones. Ahí siempre tendrán sitio, puede que no me gane el privilegio de ser una escritora de verdad, pero tengo que escribir. Esto no es soberbia.

Esto es necesidad del alma.






martes, 7 de agosto de 2018

CARTA DEL FUTURO




7 de Agosto de 2018.
De Mayte Esteban.

Para Mayte Esteban.
7 de agosto de 1980.

Hola, Mayte:

Te estarás preguntando quién te escribe con tu mismo nombre, quién es la persona que le ha puesto dos fechas tan dispares una la carta. No estoy loca, soy yo, tu yo del futuro, y vengo a contarte algunas cosas.

Ahora mismo tienes diez años y un sueño que no le has contado a nadie, pero yo lo sé porque fue el mío. Ya te he dicho que soy tú pero con bastantes más años a la espalda, algunas canas disimuladas por un tinte y arruguitas en el rostro y en el alma. Nada importante, nada que no haya sido producto de que he vivido en todos estos años.

Sé que sueñas con escribir,  con convertirte en escritora, de hecho sé que hace poco terminaste una novela. Es muy tierna, pero aún tienes que darte tiempo. No te preocupes porque lo vas a conseguir. Practica mucho antes de enseñarle a nadie tus progresos, fíjate en los errores y lee todo lo que caiga en tus manos porque sé que aprenderás. Confío en ti y en tus posibilidades. Sé que eres lista y que vas a ser capaz de sacar provecho a cada libro que leas.

Aunque no hace falta que te lo diga, sigue yendo a la biblioteca. En ella vivirás la mejor etapa de tu vida, no solo porque está llena de mundos por descubrir, sino porque también en ella vas a conocer a algunas de las personas más importantes de tu vida, las que te marcarán el sendero. Y también el corazón. Las bibliotecas pueden hacer que te enamores muchas veces, que vivas peligros, aventuras, desafíos… pero no son peligrosas.

En cuanto cierres el libro volverás a estar a salvo.

A la que eres ahora no le hace falta que nadie la salve, pero habrá momentos en el futuro que lo necesitarás, y los libros son los mejores rescatando personas en apuros.

Hazme caso, lo he vivido.

Nadie te lo dice mucho, pero eres muy bonita. Sé que no me estás creyendo, porque ahora mismo no te ves así. Tienes el pelo tan corto como un chico, llevas siempre vaqueros y camisetas sin ninguna gracia, cualquiera que no te conozca juraría que eres un niño y no una niña. Tienes las rodillas llenas de costras y en la frente los restos de la herida que te dejó Raúl el otro día al tirarte una piedra. Tampoco te preocupes mucho por eso, solo está intentando llamar tu atención y dejará de pegarte en breve. No pasa nada por esas cicatrices, igual que esas heridas se curarán y desaparecerán, tú dejarás de parecer un niño un día y te convertirás en una chica preciosa. Da igual cómo seas por fuera, sé que por dentro tienes un corazón enorme que siempre se preocupa por los demás, aunque a veces lo demuestres un poco a lo bruto.

No te diré que moderes eso, en un futuro que no te contaré, para no asustarte mucho, el ser tan borrica de pequeña te salvará de un momento duro. Acuérdate de lo que te digo cuando llegue, no te paralices y pelea como sabes. Saldrás victoriosa. Al menos en lo físico, porque otras heridas se quedarán contigo. Pero tampoco te agobies, el tiempo es tan mágico como los libros de la biblioteca y te curará de eso.

El tiempo y la paciencia, que dicen que es la madre de la ciencia, pero que yo creo que es el arma de los héroes.

Estudia un poco más. Eres muy vaga y mientras no entiendas que con dedicarle unos minutos mejorarás un abismo, seguirás siendo del montón de la clase. Cuando por fin decidas hacerme caso, te prometo que serás la mejor. Está todo dentro de ti, aunque ahora mismo no lo veas y pienses que solo soy una señora pesada que viene del futuro a zumbar en tu cabeza y a contarte cosas raras.

Te vas a enamorar muchas veces en tu vida. Muchísimas, porque tu corazón es enorme, pero habrá una especial. No la dejes pasar, por mucho ruido que haya, por muy difícil que parezca. Funcionará y serás muy feliz, tendrás eso otro que tú y yo sabemos que deseas. No te voy a decir cuándo llegará, te tocará a ti averiguarlo. Por el camino seguro que piensas que te habrán roto el corazón algunas veces, pero no está roto, solo está entrenando, solo está viendo el lado oscuro para que cuando llegue la luz la disfrutes mucho más.

Porque habrá luz, tanta que te parecerá que nunca ha habido sombras.

No todo lo que va a pasar en estos años será bonito, también sucederán cosas muy tristes. Ahí sí que se te romperá el corazón, pero no te las voy a contar porque todo tiene su momento y no es este. Para cuando llegue, que lo sabrás, procura solo recordar esto: da gracias por lo vivido. Nunca te hundas en lo que se acaba, piensa en todo lo que tuviste mientras duró y analiza las cosas buenas que eso te dio.

En todo hay algo que rescatar y me consta que serás experta en construir fuertes con los restos de cada naufragio.

¿Te acuerdas de Víctor, verdad? Es ese niño de gafas con el que vas a clase. El empollón, como le llaman muchos, para meterse con él. Víctor sigue siendo mi amigo y se ha convertido en un hombre muy especial. Por si no te has dado cuenta todavía de lo que vale, ve fijándote en él en estos años que tienes por delante. Nunca te va a fallar, siempre estará cuando necesites hablar con él y seguirá riéndose de todas las tonterías que digas, como hace siempre. Víctor nunca se olvidará de tus cumpleaños y jamás hará nada solo por compromiso, sino porque es como tú. No dejes que se vaya lejos demasiado tiempo, no hay dos personas así.

De lo que suceda de aquí en adelante no sé nada. Tendría que llegarme una carta de mi yo futura. Si pasara eso, prometo escribirte, pero solo si lo que contiene es importante para que no tengas demasiado miedo. Ese va a ser tu único enemigo, el miedo a no estar a la altura de las personas que quieres. Pero sabes una cosa, le pregunté a papá y me dijo que sí, que siempre ha estado orgulloso de mí.

De nosotras.

Así que por eso, ni te preocupes.

Te quiero mucho, princesa (alguien te llamará princesa alguna vez y no seré solo yo)
Mayte