jueves, 18 de julio de 2019

COMER Y AMAR, TODO ES EMPEZAR

Ya estamos a 18 de julio, así que termina la preventa de Comer y amar, todo es empezar, y podrá comenzar a descargarse en vuestros dispositivos desde multitud de plataformas. Puedo contar poco de esta historia porque es muy cortita y me cargaría esos minutos de lectura que espero que sean amenos para quienes se decidan a acompañarme, pero sí puedo abriros el apetito. (No, no os voy a dar la receta que incluye el libro porque lo interesante es que la descubráis vosotros).

Pero sí puedo contaros... por ejemplo... 

Que esta historia, transcurre en Grimiel, (veo en mi mente a tres personas sonriendo después de leer este nombre). Grimiel es un pueblo pequeño de Castilla, en el que hace mucho, mucho frío en invierno. Es un pueblo de esos bonitos, con una plaza antigua, casas de piedra y un bosque en los alrededores...


No es un relato de muchos personajes, la misma longitud del planteamiento no permitía que me fuera por las ramas, así que, con mucha pena, porque estoy segura de que podría haber contado muchísmas más cosas de haber tenido más libertad, lo dejé en tres personajes.


Carlos

El dueño del picadero de caballos, un joven que ha decidido montar un negocio por su cuenta que le permita vivir en su pueblo. 


Paola

 Su contrato en la farmacia se acaba y tiene que dejar Grimiel el irse a vivir a la ciudad cuando pase la Navidad.


Leyenda

La yegua de Paola, que además es su mejor amiga, y que de pronto se convierte en un problema para su nueva vida.

En medio de todo, la Navidad, una decisión, una receta de solomillo con pasas y arándanos (que está de morir de rico) y mi deseo: haceros pasar un tiempo de lectura agradable.

¿Me acompañáis en esta aventura?





¿Quién se anima a mandarme fotos de la receta?

martes, 9 de julio de 2019

RECETAS PARA EL CALOR DE UNA NOCHE

Hace una semana, HarperCollins Ibérica, dentro de la colección HQÑ, empezó a poner a la venta una serie de relatos románticos ideales para el verano. Nueve autoras -entre las que me encuentro- os vamos a ir presentando historias de amor aderezadas con comida. Lo que habéis leído: cada uno de los relatos tiene una receta que comparten los protagonistas y las instrucciones para preparala narradas. Son historias cortas, perfectas para leer en un ratito completas, y además han pensado en los lectores porque solo van a costar 0.99€ (menos en alguna plataforma, que cuenta con descuentos propios y costarán aún menos).




De momento solo estarán a la venta en digital, pero dependerá un poco de vosotros, de vuestra respuesta, que acaben formando parte de un volumen conjunto que, quizá, en algún momento pueda salir en papel.

Llevamos muchos meses preparando esto -ya se sabe, los tiempos editoriales son como las cosas de palacio, van despacio- y todas estamos muy ilusionadas, porque ha sido un reto. Una cosa es escribir lo que tú quieras y otra intentar amoldarte a lo que te proponen. En mi caso en concreto, el reto ha sido el espacio, condensar en las páginas que en otros proyectos no son más que el principio una historia completa. Las palabras límite también limitaban lo que quería contar y me han obligado a pensar mucho.

¡Bravo por los que escribís relatos con arte! Creo que es un género de lo más complicado.

El calendario de fechas de salida de los relatos os lo pongo, acompañado de una imagen de cada uno. Si queréis ver las portadas, todas en la misma línea, y leer las sinopsis pinchad en el título y os llevará hasta ellas. Todas las imágenes, incluida la que está más arriba, son cortesía de Carla Crespo, salvo la de Erika y la mía, que las he hecho yo. Estuve enredando con ellas y no sé dónde las he guardado.



Una influencer gastronómica viaja a un pequeño pueblo de la costa de EE.UU. para resolver un misterio, quién deja algunas noches en la playa una olla de deliciosa sopa de almejas para deleite de vecinos y turistas. 






Amelia es chef de un restaurante de París que tiene dos estrellas Michelín. Ansían una tercera, pero lo que flojea en la carta son los postres. Por eso, y porque necesita un pequeño descanso, se apunta a un curso de cocina en el Basque Culinary Center, donde conocerá a Eneko, el profesor de repostería. ¡Cómo es Eneko!
















Espero que los disfrutéis muchísimo, que nos hagáis un hueco cada semana y, entre lectura y lectura larga, os animéis a leer nuestros relatos. Y, por qué no, también a hacer las recetas tan fantásticas que os proponemos.

¡¡Felices lecturas de verano!!


lunes, 8 de julio de 2019

YA NO QUIERO ESCRIBIR

Hace unos años, cuando aterricé en este mundo de la publicación, tuve una conversación con mi padrino sobre esto de escribir. Es donde coincidimos, de hecho creo que tiene también mucho que ver con que yo lea, puesto que él fue quien me regaló mi primera novela, de la que me enamoré nada más leerla y que me sirvió de puente para los miles que han llegado detrás.

En esa conversación con mi padrino, cuyos detalles se han ido perdiendo en mi memoria, incluso las palabras exactas, solo me queda un pequeño retazo, un hilo mínimo del que llevo tirando mucho tiempo. Me preguntó algo así como por qué quería dedicarme a esto. Yo, ingenua, inocente, dulce y cándida le conteste:

Porque me hace feliz.

Entonces él, que escribe desde hace tanto que tampoco se acuerda, me contestó algo muy parecido a esto:

Has elegido entonces muy mal.

En ese momento, cuando mantuvimos esta conversación, yo era una recién llegada cargada de ilusión y con idea cero de lo que se cocinaba en este mundillo. A pesar de que crecí entre libros y escritores, a pesar de todas las lecturas que llevaba a la espalda, a pesar de que soy observadora hasta más no poder, aún no había vivido lo suficiente para valorar el alcance de sus palabras. Entendí que al escribir se sufre, porque eso sí lo sabía. Muchas han sido las veces que he fulminado historias porque no me convencían, muchos han sido los párrafos mil veces rehechos, las escenas repensadas, los detalles cambiados... Pero no era eso a lo que él se refería. Hay muchas, muchísimas cosas en este mundillo que hacen sufrir y pretender alcanzar algo tan etéreo e inabordable, tan esquivo y difícil como es la felicidad desde él es directamente absurdo.

En cuanto lo supe, en cuanto empecé a vivirlo en carne propia, quise escapar. Yo no he venido al mundo a sufrir por capricho, no soy idiota del todo -aunque haya quien me lo llame día sí y día también-, pero tengo la mala costumbre de ser seria y no dejar asuntos a medias. Por eso, encadenando historias, llevo aquí un montón de años haciendo equilibrios. Soy como esas bailarinas suspendidas en la punta de sus dedos. Aguanto con una sonrisa, pero estoy cansada. Muy cansada. Y me duelen muchísimo los pies.

Además, no sé mentir.

Al blanco le llamo blanco y al negro, negro. Eso no te convierte en popular, precisamente, sino en una temeraria que va por la vida rebasando los límites y tiene más posibilidades de estrellarse y no salir indemne de ello que nadie.

El caso es que este verano, en realidad es algo que llevo valorando desde finales del año pasado, ya no quiero escribir. Voy haciéndolo, la semana que viene publico un relato y en septiembre la que será mi última novela, pero no quiero escribir. Tengo tres novelas más terminadas, una del todo y dos a falta de retoques, pero no quiero escribir. Tengo otra más, a la que quizá dedicándole un mes podría ponerle un final, pero no quiero escribir.

Porque no soy feliz.

Así que, lo confieso, no quiero escribir, aunque mi alto sentido de la responsabilidad dejará terminadas todas las historias. No voy a empezar otras, y si las empiezo será como cuando era adolescente, que empezaba mil y no terminaba ni una. No será escribir, será llenar cuadernos con palabras. No será escribir, porque escribir no es una fiesta, ni algo que haga para enseñar en las redes y que todo el mundo diga: mira, fíjate que lista, que escribe libros. No. Estas muy equivocado si piensas que escribir es solo eso.

Escribir es desgarrarte por dentro, vaciarte y dejar salir los demonios que ni siquiera sabías que estaban. Escribir es ocultar la verdad bajo el velo de la ficción, o convertir mentiras en historias que parezcan reales, que latan y se sientan. Escribir es conseguir que el texto empuje al lector a no saltarse una palabra. No es una moda. No es un capricho. No es un juego. No es un negocio.

Escribir es aguantar que te digan que lo haces porque eres un ama de casa aburrida, o que te insistan en que tienes que dejar el género en el que tienes un nombre porque con eso no irás a ninguna parte. Escribir es ver que el mundo es más injusto de lo que te pareció solo al pensarlo. Escribir es recibir feedback de todos los colores y aguantarte las ganas de llorar o de salir corriendo. Escribir es mucho más que sentarse delante de un teclado que no tiene ya letras porque las has borrado con tantas palabras.

Escribir es tanto...

Y cuesta tanto. Y estoy tan cansada... que ya no quiero escribir.

No quiero escribir porque necesito ser feliz en esta etapa de mi vida.

martes, 25 de junio de 2019

LAS BATALLAS SILENCIADAS DE NIEVES MUÑOZ



Sinopsis:

SE PERDIERON MUCHAS VIDAS, PERO TAMBIÉN MUCHAS ALMAS QUEDARON EN SUSPENSO... 

Verdún, 1916. Irene Curie toma una decisión: acercarse lo más posible del frente con el petit curie, un invento de su madre, Marie Curie, que  ayudará a salvar muchas vidas. Es prácticamente una niña, pero su misión será enseñar radiología a los cirujanos en los hospitales de campaña. No le será fácil ganarse el respeto de los militares y de sus compañeras en el hospital de Barleduc. Cuando los alemanes bombardean Verdún, junto a la enfermera, Berthe, y una voluntaria, Shirley, se enfrentará al infierno de la batalla más cruenta y larga de la Gran Guerra. Ninguna de las tres regresará indemne.


Mis impresiones:

Sabéis que apenas hago reseñas ya, que no me tomo la molestia de registrar las lecturas que hago. Existen muchas razones, quizá  llega un momento en el que los refugios, los escondites, dejan de serlo o no te apetece guardar memoria de todo, porque sencillamente hay cosas que no te apetece recordar.

Pero hay excepciones. Hay días en los que sí quieres guardarte algo, porque ha sido tan alucinante la experiencia que merece la pena que su reflejo se quede en este espejo. Así, cuando un día, o una noche de insomnio, regreses, podrás escuchar a la que fuiste mientras hacías esa lectura, podrás sentir lo que sentiste al leer esa novela.

Hoy traigo una excepción.

Hoy hablo de una novela que acabo de cerrar y que resuena en mi mente aún, con el ruido de las bombas y los morteros de fondo. Veo en mi mente columnas de humo, árboles calcinados, cielos sucios preñados de nubes que enmarcan un aire que huele a almendras tostadas y a muerte. Puedo imaginar el sabor metálico de la sangre y, sin mucho esfuerzo, sentir bajo mis pies el barro. Huele a sucio, a sudor y a miedo, y dentro de mí flotan palabras que arañan, que hablan de una batalla que nunca debió tener lugar más allá de los límites de una novela.

Pero fue real.

Nieves ha sido capaz de hacer que me sienta dentro de ella, que sienta miedo, angustia, desesperación. Que quiera desertar como Sebastien, que me aferre al amor de mi hija para sacar fuerzas de donde no las hay como Emile, que atraviese la batalla sin importarme nada como la sorgina para estar al lado de mi hijo en su último momento.

Con una narrativa brutal, llena de descripciones precisas y preciosas, con metáforas magníficas, Nieves centra la historia en cuatro mujeres: Shirley, una aristócrata inglesa, VAD en esta guerra; Irene Curie, hija de Marie Curie, casi una niña; Claudine, una prostituta y Berthe, una enfermera francesa. Las cuatro sobreviven a la guerra pero, de alguna manera, las que fueron antes de la batalla se quedan en ella. Mueren las muchachas de antes de Verdún, su inocencia, su ilusión. Maduran, pero los sueños se quedan enterrados entre el barro donde murieron tantos hombres. Se calcinan como el bebé de Adrien.

Al final, queda una pregunta suspendida en mi mente. Intento hacer una reducción simple, el grupo de los buenos y el de los malos... y no puedo. No, porque quizá tendría que mover a los personajes dependiendo del momento de la novela de un bando a otro. Porque en esta novela no hay blancos ni negros, hay gris, mucho gris.

Excepto en el uso de las palabras.

Ahí es todo color.

Brillante y valiente, pero doloroso.

Es una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. Y la ha escrito Nieves, la misma que hace tres años, por lo menos, en unas fiestas de agosto, en la plaza, mientras la verbena seguía su curso, me contaba que estaba escribiendo una novela histórica y no sabía si iba a ser capaz. Vaya si lo ha sido.

Ya me gustaría a mí.

domingo, 16 de junio de 2019

NADA



Leí La historia interminable cuando era poco más que una niña y lo que más me costó imaginar de aquel mundo que Ende nos ponía delante fue la nada. Esa nada inmensa yo no podía imaginarla. No podía ser la negrura de la noche ni el blanco de las nubes. Tampoco, la verdad, la imaginaba como una espesa niebla que se lo comía todo. Era la ausencia absoluta y, para mi mente de niña, imposible de imaginar.

He crecido y sigo pensando en la nada, pero no en la de Ende, sino en la nada que te engulle a veces en la cotidianidad. Esa nada, para mí, es pasar un día sin que me aporte algo.

Sin escribir.

Sin leer.

Sin mantener una conversación interesante.

Sin recibir o dar un beso o un abrazo.

Eso es la nada.

En los dos últimos meses, quizá ya casi tres, me siento engullida por la nada. Sumado a distintos problemas de salud que no se solucionan, he tenido que afrontar pérdidas personales, algunas muy inesperadas. La debilidad de tener las defensas descontroladas me agota y no escribo lo que querría, no disfruto leyendo, no avanzo ni siento muescas de esas que me hacen sentir viva del todo. Me falta algo para seguir sintiéndome plena.

Esperaba el verano como una promesa de tiempo para ponerme en marcha, pero no sé si lo conseguiré. No solo necesito tiempo, sino también recargar las baterías. Encontrar la motivación, si no es posible en mí misma, en lo que me rodea. Pero pasan los días, me pierdo en rutinas que cada vez me llevan más tiempo aunque sean las mismas y la vida se me escapa sin darme cuenta. Creo que me hace falta un chispazo para reaccionar.

A ver si si encuentro el enchufe.

martes, 4 de junio de 2019

FRASES



"La vida es un breve parpadeo entre dos amaneceres."



lunes, 3 de junio de 2019

CAPÍTULOS DE LA VIDA DE UN ESCRITOR

No, hoy no voy a hablar de novelas. Voy a hablar de momentos, de los que pasamos cuando se nos ocurre convertirnos en novelistas y tenemos la fortuna de publicar y tropezar con lectores.

CAPÍTULO 1: La ilusión.

Se nos nota por todas partes. Tenemos la idea de una novela y hemos encontrado la manera de plasmarla en papel. Vamos avanzando, nos gusta, parece que funciona, así que hablamos de ello a las personas que tenemos a nuestro alrededor hasta volver tan locos a algunos que incluso nos echan el freno.

CAPÍTULO 2: La publicación.

Estamos como locos, el proceso de preparación del libro nos tiene abducidos. Hay dudas, si será la portada adecuada,si ha salido bien la sinopsis...

CAPÍTULO 3: El libro en tus manos.

Eso es el culmen, un placer solo comparable a verle la cara a tu hijo. Comparable, no igual.

CAPÍTULO 4: La primera crítica buena.

Se roza el cielo con los dedos. Los globos aerostáticos son menos ligeros que tú.

CAPÍTULO 5: La primera crítica mala.

Alicia, la del País de las Maravillas, lloró un poquito menos en su novela. Te sientes hundido porque no han comprendido tu arte.

CAPÍTULO 6: La primera página que te piratea.

Cabreo del 15 porque no entiendes por qué a ti, si tú no eres Ken Follet. Los hay que te dicen que debería darte igual, que de esto no vas a vivir y te hunden más. Están los que insisten en que denuncies y los que te abren los ojos porque eso no sirve de nada.

CAPÍTULO 7: La presentación.

La organizas ilusionadísimo en tu terreno, y la sala se pone hasta la bandera: tus primos, tus tíos, los vecinos y los compañeros de clase no te fallan. Vendes por encima de tus posibilidades y te vas a dormir en una nube que está por encima del globo aerostático.

CAPÍTULO 8: Nadie te reconoce por la calle.

Es triste, tú que creías que con ser escritor te convertirías en famoso y resulta que pasan los meses y no es cierto. Mucha red social, muchos fans virtuales, pero a la hora de la verdad ni tu vecina la de enfrente se ha enterado de que escribes libros.

CAPÍTULO 9: El primer informe de ventas.

Como te han mandado un montón de fotos por las redes sociales y en la librería de tu barrio han vendido por lo menos veinte ejemplares, has hecho un cálculo por encima y cuando llegué el recuento de royalties será la leche. Al final han sido pocos más que esos y un montón de los que se regalan a los blogs para promoción. Pero todo bien, aún puede suceder el milagro.

CAPÍTULO 10: La primera Feria de Madrid.

Te mueres de placer porque vas a escuchar tu nombre al lado de los grandes de la literatura actual. Es básicamente lo único que sucede. Eso y que se presentan varios blogueros con los libros que les regaló la editorial para que se los dediques.

Y tus familiares, claro. Si los tienes.


¿Alguien se ha pensado que esto es fácil? Porque no es verdad. Tengo muchos más capítulos, pero con diez hoy es suficiente. Los que vienen a continuación son un poquito más amargos. Las zancadillas, la gente que parecían compañeros pero te dan de lado cuando tienes un poco más de éxito que ellos, los que no te miran porque no les llegas a la suela de los zapatos, los que te ponen zancadillas anónimas...

Tengo material para una tesis doctoral.


domingo, 2 de junio de 2019

EL LENGUAJE SECRETO DE USAR EL MÓVIL

Leía un artículo de prensa, firmado por el actor Ricardo Gómez, en el que reflejaba una tremenda realidad que ha vivido a lo largo de la gira teatral que ha hecho esta última temporada: todas las funciones sin excepción han sido interrumpidas por algún teléfono móvil. O varios...



Cuando no ha sido una llamada inoportuna, entonces ha sido una alarma o el aviso de un mensaje entrante. O en otros casos, el espectador que consultaba quién sabe qué y molestaba la función con la inoportuna iluminación procedente de un punto del patio de butacas, rompiendo la concentración de actores y espectadores. Se preguntaba qué se puede hacer ante eso, ya que al parecer los constantes avisos antes de la función no han tenido ningún efecto en la torpe voluntad de unos espectadores, incapaces de pasar las dos horas de la función sin chequear redes sociales, mirar el correo electrónico o enviarle un emoticono a su amigo del alma.

Perdonadme la impertinencia que vendrá a continuación, pero es que me dedico a algo que se expone al público. Estoy acostumbrada a ser juzgada desde que me levanto hasta que me acuesto y, a veces, hasta me juzgan cuando estoy dormida.Cuando te juzgan tanto le das vueltas a todos los argumentos y acabas haciéndote preguntas. O buscando explicaciones. Si hay algo que no creo es que toda la gente sea tonta menos yo.

A lo que iba.

O bueno, no, me  voy a ir por las ramas de nuevo, que para eso este es mi blog, hoy es domingo y no son ni las ocho cuando escribo esto.

Allá por el siglo XVII, en una ciudad llamada Madrid, había dos corrales del comedias que lo petaban: el Corral del Príncipe y el Corral de la Cruz. El pueblo de Madrid entretenía sus días en ellos, puesto que había pocas más diversiones. Grandes como Lope de Vega estrenaban casi semanalmente sus obras y se exponían a la "crítica" feroz de un público que ni siquiera sabía escribir en muchísimas de las ocasiones, pero que tenía una cosa clara.

Transparente.

Meridiana.

Eran gentes que sabían, a la perfección, qué les producía un aburrimiento mortal y qué les gustaba hasta el punto de mantener una función más allá del par de semanas (tres a lo sumo, tampoco os creáis que eran en enquistar las obras en escena y tirarse años viendo lo mismo) que suponía ser un éxito.

¿Sabéis lo que hacían en el momento en el que una obra no llenaba su atención? Interrumpir. A veces con gritos. Otros se organizaban peleas en el patio. Había gente que se iba indignada a mitad del espectáculo. O, los más osados, practicaban el lanzamiento de verduras podridas, que significaba que aquello que se estaba poniendo sobre el escenario no era de su agrado y se lo hacían saber a los actores a su manera.

Eran muy directos en el lenguaje, ¿verdad?

No es como ahora, que somos todos muy educados, no nos vamos en medio de la función ni empezamos a gritar o tiramos de navaja en mitad de la obra. Y mucho menos nos ponemos a lanzar verduras. Que va. Nosotros, muy modernos, usamos un lenguaje secreto inconsciente que se apoya en esa extensión de nuestro cerebro que llevamos en la mano: el móvil (esta frase no es mía, la leí en alguna parte que soy incapaz de precisar, pero es buenísima y la uso). Y no lo hacemos solo en el teatro, sino también con los libros que leemos en la intimidad de nuestro dormitorio. O con las películas de la televisión o el cine. O con las charlas con amigos.

Se entiende mejor la vida con ejemplos, así que voy a poner un par de ellos.

Hace unas semanas estuve pasando el día haciendo lo que más ne gusta: moverme entre libros. Después, comí con un compañero de letras y, en el café, hablamos sobre proyectos. Nos despedimos cuando ya no había más remedio. En todas esas horas, solo usé el móvil una vez, para enviar un mensaje y advertir de que llegaría a casa un poco más tarde. No me acordé ni siquiera de hacer una sola foto, porque estaba tan a gusto viviendo que no eran necesarias. Ya se encargará mi memoria de conservar esos momentos que para mí son muy valiosos.

Hace unas semanas, tropecé con un libro que me encantó. Lo leí en una horas, estuve todo el tiempo buscando una excusa para dejarlo todo y ponerme a leer, y en ese proceso mi teléfono permaneció en silencio. Cuando volví a él tenía tropecientos mensajes que leí en resumen y de los que no me acuerdo, por supuesto. De ese día solo recuerdo las maravillosas sensaciones que me dejó el libro.

Bonito, ¿verdad?

Según lo cuento parece que yo soy perfecta e inmune a los teléfonos, pero no es cierto. Soy humana y voy llegando al meollo de la cuestión, a la razón última de esta entrada. Porque hay veces que estoy con gente tomando algo y, sin razón aparente, miro el móvil. Porque hay otras, en las que estoy leyendo un libro, echo un vistazo a la mesilla y al final acabo dejando la lectura por dar una vuelta innecesaria por Twitter. Porque la mayoría de las películas de la tele no consiguen que me olvide de él 20 minutos.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta de lo que eso significa.

Pues con el teatro pasa lo mismo, pienso que no es que la gente sea  maleducada, es que se aburre. Y si en una gira teatral siempre ha habido un teléfono que encendía su pantalla a partir de media función... igual hay que valorar que no nos están diciendo algo más.

Pero nos lo están diciendo con algo más limpio que unos tomates podridos.

Aunque, dejadme que os diga algo que creo firmemente, hay gente muy maleducada, incapaz también de entender nada. Y sí, esto en el teatro o en la vida o donde sea, está muy feo.

jueves, 23 de mayo de 2019

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2019

Este año también estaré en la Feria del Libro de Madrid. 

12 de junio
Caseta de Fnac (170.171) 
de 19:00 a 21:00 h.

Dos de mis compañeras de editorial estarán también, Claudia Velasco y Marisa Sicilia.


jueves, 2 de mayo de 2019

LA SUERTE DE LOS IDIOTAS DE ROBERTO MARTÍNEZ GUZMÁN



Sinopsis:

Lastrado por una última misión policial en Madrid que no acabó de la mejor manera posible, el policía Lucas Acevedo regresa a Galicia para poner en orden su cabeza. Cuando cree que lo ha conseguido, una noche conoce a una mujer que hará que se plantee abandonar la solitaria existencia que ha llevado hasta entonces. Sin embargo, pronto se complican sus planes. Mucha gente comienza a morir a su alrededor y, en el momento en que se da cuenta de que él también está en el punto de mira, se verá obligado a librar una batalla de la que no conseguirá salir indemne.

Sé que hace tiempo que no hago reseñas, pero iba a colgar mi opinión en el muro de Facebook sobre esta novela y he pensado que mejor la guardaba también en el blog.

Es una novela que me ha durado un suspiro y que os recomiendo.

La suerte de los idiotas  (si pulsas el título te lleva a la página de clmpre) empieza fuerte. Lucas Acevedo es un policía que trabaja infiltrado en grupos de narcotraficantes y ha visto demasiadas cosas que le han obligado a tomarse un respiro. En eso está cuando toma la decisión repentina, la de parar en el arcén e intervenir en un conflicto que no le compete, y que descoloca el retiro que está tomándose. Primero, porque se siente atraído por la mujer a la que ayuda; segundo, porque un hecho fortuito que sucede en los escasos minutos que transcurren entre su parada y la salida de ahí con la mujer en su coche rumbo al hospital, va a desencadenar una matanza en Vigo, una ciudad que de pronto se llena de cadáveres.

Roberto Martínez Guzmán plantea una novela de lectura ágil, en la que lo fácil es meterse en la trama y lo difícil abandonarla. Escrita en primera persona, desde el punto de vista de Lucas, no solo nos cuenta los hechos, sino que también salpica la narración de reflexiones. En unos puntuales flash back conoceremos su pasado y las razones de su excedencia y, al final, asistiremos a una resolución del conflicto condicionada por ese mismo pasado.

En cierto modo, la novela me ha recordado la obra de Buero Vallejo, no por la trama, que ni se le parece a ninguna de las de este autor, sino en ese final que no juzga los actos del protagonista, sino que deja al lector la tarea de plantearse si las decisiones que toma son buenas o malas. Deja ese poso de preguntas, lo que no quiere decir que el conflicto no se cierre.

Lo hace, aunque dejando la puerta abierta para que conozcamos aventuras de este policía. En la foto, Edward, su mejor amigo. Bueno, el de verdad no se deja fotografiar...