viernes, 14 de febrero de 2020

CLICHÉS ROMÁNTICOS


Hoy, día del amor por excelencia, tenía ganas de ver qué se dice de la novela romántica en internet y me he puesto a hacer una búsqueda. Salvo portales especializados y blogs dedicados al género, no he encontrado ni un solo artículo que no esté lleno de clichés sobre la novela "rosa". He tenido que buscarlo así porque para muchos, romántica solo se refiere a la novela del Romanticismo y no ha habido otro modo de dar con material.

No he encontrado nada relevante, así que he decidido escribir algo. Eso que se me pasa por la cabeza, esas ideas que bullen en el interior cuando leo según qué idioteces.

Lo primero es un deseo que guardo en mi interior. Ojalá alguien dé el paso de escribir algo serio defendiendo este género y se acabe con los clichés sobre él de una vez.

¿Os imagináis una tesis doctoral sobre la novela romántica de los últimos años? Qué bonito sería.

Si en ese hipotético trabajo se eligiera con criterio, si se leyeran novelas de quienes realmente escriben bien (y en este género hay quien escribe muy, muy bien) se darían cuenta de que muchas de las ideas que se tienen sobre la novela romántica están obsoletas, que las historias hace años que no se mueven en los parámetros que "presupone" quien no ha leído una sola de ellas. Los "cuñados" de la literatura verían que hace años que se evita el machismo en las tramas, que se incluyen personajes de todas las tendencias sexuales, que se dibujan mujeres fuertes que no necesitan que nadie las salve... o sea, justo lo contrario de lo que tienen sellado a fuego en esas mentes que hablan de todo sin saber de nada.

Pero, claro, cómo lo van a saber, si no leen nada de esto, no sea que se les contamine el cerebro con "amoríos".

Yo llegué muy tarde al género y lo hice tras pasar por Unamuno, Galdós, Machado o Valle-Inclán. Después deleer a Lorca y disfrutar con Hemingway. Tras haber leído a Cortazar o a Ken Follet. Y me gustó, como me gusta Manrique o Fernando de Rojas.  Empece leyendo a autoras, españolas y empecé a entender por qué a mi primera historia con editorial y a mí misma nos habían puesto el sello de romántica. Aunque no me sentara la etiqueta como un guante, podría pasar por una de ellas, porque conté una historia sobre emociones, para mí, lo que mueve el mundo. No me importó esa etiqueta, porque lo que leí de autoras españolas me entusiasmó. Tal vez porque empecé por Nieves Hidalgo, que es una fabulosa narradora que no tiene nada que envidiar a nadie, con un gusto exquisito para elegir las palabras. O porque seguí con Isabel Keats, que es capaz de hacer que te metas en la trama y no pares de reír hasta que se termina. O, qué sé yo, porque con Carla Crespo descubrí que la historia más sencilla, contada con gracia, puede hacer que te olvides de lo que sucede a tu alrededor.

Luego leí a algunas autoras americanas, pero ninguna me impresionó. Seré rara, quizá, no lo sé, o las traducciones no me dejaron disfrutar de los libros, que es muy posible. Un día, por casualidad, di con Sophie Kinsella, inglesa, y fue amor a primera vista, se ha quedado conmigo como una imprescindible.

También leí otros libros que no trajeron como resultado experiencias positivas, pésimas historias mal contadas que se regodeaban en el cliché y que no me decían nada de nada, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, acababa leyendo en vertical. Causantes de que este género lleve colgado el cliché de malo. Da igual lo bien que lo hagan Nieves Hidalgo, Carla Crespo o Isabel Keats si después la gente lo identifica con eso.

Pero es que eso es la paja, como se hace en otros géneros deberíamos quedarnos con el grano.

No sé por qué en este género nadie se para a separarla de una puñetera vez. Pero en serio.