jueves, 23 de marzo de 2017

CUMPLEAÑOS

A última hora de hoy me acuerdo de que estoy de cumpleaños doble. Por una parte, este blog, El espejo de la entrada, llega a sus nueve años de vida digital. Por él han pasado resúmenes de novelas, acontecimientos destacados de mi trayectoria literaria, relatos, reflexiones, noticias...

El otro cumpleaños es el de mi primera novela en Amazon, El medallón de la magia. Lleva cinco años en la plataforma. Ha cambiado varias veces de portada, la he subido varias veces (sí, a mí también me denunció algún cliente por dejarme tildes, algo que tiene guasa habiendo lo que hay) y me ha dado muchas alegrías y lecciones.


martes, 14 de marzo de 2017

LIBRERÍA MOLAR: MADRID. 17 DE MARZO DE 2017.

El viernes os espero. Será una tarde de besos y abrazos, de poder poner caras y recuperar sonrisas con las que me he cruzado en otro tiempo. Será el día de presentaros a mi última criatura, de entregárosla en manos a los que todavía no la conocéis y compartir impresiones con quienes sí la habéis leído.

No tengo que contaros que estaré nerviosa, porque seguro que os habéis dado cuenta.

Ni que decir que echaré de menos a mi padre, que estoy convencida de que, de poder estar, sería el primero en sentarse en primerísima fila.

Será el viernes 17, a las siete y media, con Mercedes Gallego como anfitriona y una preciosa librería como escenario.

Quedáis todos invitados.










viernes, 10 de marzo de 2017

EL LIBRO DE MEMORY DE PETINA GAPPAH



Sinopsis:

"La historia que me has pedido que te cuente no comienza con la conmovedora fealdad de la muerte de Lloyd. Comienza un día de agosto de hace mucho tiempo, cuando el sol me abrasaba la cara y yo tenía nueve años, y mi padre y mi madre me vendieron a un desconocido. Digo mi padre y mi madre, pero en realidad fue mi madre..."

La narradora de El libro de Memory es una mujer albina que languidece en la prisión de máxima seguridad de Chikurubi, en Harare, Zimbabue, donde está encarcelada por asesinato. Como parte de su apelación, su abogada le pide a Memory que escriba a una periodista americana interesada en su caso todo lo que sucedió tal y como ella lo recuerda. En su país la pena de muerte es preceptiva en casos de asesinato, y Memory escribe literalmente para salvar su vida. A medida que se despliega la narración de su vida, cuajada de un sorprendente sentido del humor, sabemos que ha sido juzgada y condenada por el asesinato de Lloyd Hendricks, su padre adoptivo. Pero, ¿quién era Lloyd Hendricks? ¿Por qué Memory no siente remordimientos por su muerte? Y, ¿sucedió todo tal y como ella lo recuerda?

Moviéndose entre las barriadas de los negros pobres y las zonas residenciales de los blancos ricos, entre pasado y presente, Memory va tejiendo un relato fascinante en el que se entrelazan el amor, la obsesión, la inevitabilidad del destino y las trampas de la memoria.

NOVELA FINALISTA DE LOS PREMIOS BAILEYS WOMEN’S PRIZE FOR FICTION Y PRIX FEMINA 2016.

Mis impresiones:

La primera noticia que tuve de este libro fue en el momento en el que lo tomé entre las manos. Lo siguiente que me dijeron es que era una historia dura, pero que estaba narrada con un tremendo sentido del humor, desdramatizando en todo momento la situación por la que pasa la protagonista.

Memory se nos presenta como una reclusa de la prisión de máxima seguridad wn Chikurubi, en Harare, Zimbabue. Es albina y está condenada a muerte por el asesinato de un blanco. La narración de esta historia corre a cargo de la misma protagonista, una primera persona que va contando, de manera desordenada, las circunstancias que la han llevado allí, a esperar una sentencia de muerte. Lo hace porque le han pedido que le cuente a una periodista americana su historia. Su abogada ha pensado que quizá eso, contar todo según ella lo recuerda, pueda ayudar en su apelación.

Escribe, como dice la sinopsis para salvar la vida.

La crudeza de la prisión está presente en esas líneas que va componiendo poco a poco, pero la visión de Memory siempre deja un poso de ironía que hace que tú, como lector, te encuentres en algún momento sonriendo ante lo que te cuenta, aunque si lo piensas un poco no tiene nada de gracioso.

Memory, como su nombre, bucea en la memoria, rescata los recuerdos de infancia de su barrio pobre, donde vivía con un padre muy especial y una madre que siempre estaba aquejada por terribles dolores de cabeza. Narra las carencias, pero del mismo modo pone una luz especial en los momentos felices, cuando se vestía con el traje de Navidad, los momentos en familia que para ella son su mejor tesoro. Recuerda a sus hermanas, habla también de un hermano que no conoció, porque murió antes de que ella naciera, y también de la pequeña, que se ahogó en un cubo. Notas en su narración que hay algo que le duele de manera especial, y es haber sido vendida por sus padres a un hombre, el mismo por el que la acusan de asesinato, un hombre blanco que se convierte en su mentor y que le da una educación diferente a la que le correspondería a ella.

La protagonista, además, como dije antes, es albina. En África, ser albino no es fácil, no solo porque la piel se llene de ampollas a la mínima que le de el sol (razón por la cual en esos momentos que recuerda de la infancia se queda mucho tiempo en casa) sino por las supersticiones ligadas a estas personas. Su condición de albina, sin embargo, supone una ventaja en la cárcel. El miedo de las demás a que las mire a los ojos le permite tener una celda para ella sola.

A pesar de que la narración es en primera persona, hay suficientes diálogos para que no se haga pesada. Además, el personaje principal, la manera en la que la conocemos, su ironía y su sentido del humor, junto con una narración muy buena, te obligan a avanzar. Lo que pasó con el hombre que la compró va a apareciendo solo con breves pinceladas de vez en cuando y eso empuja a seguir leyendo. Incluso todos los datos históricos que de vez en cuando salpican la narración tienen un buen tratamiento, que provoca que no se hagan pesados, como a veces sucede en algunas novelas.

Lo dije en alguna parte, el planteamiento, la persona narrativa, la misma exquisita narración me recordaron un poco al libro de Elena Ferrante, pero con la diferencia abismal de que Memory no me cae mal. A pesar de lo que haya hecho, en ella no detectas el rencor y la mala uva de la narradora de esa otra novela. La empatía es posible aquí y aunque no entiendas cientos de palabras que aparecen en el dialecto de la zona, da lo mismo, no interrumpen el sentido.

La historia está estructurada en tres partes que, aunque las titula como sus tres hogares en orden cronológico, no serán estos protagonistas exclusivos. Como digo, la narración no es ordenada y, sin embargo, sí tiene la capacidad de que el lector la ordene en su mente. Y la forma de expresarse, cuidada, pero sencilla, hace que la lectura sea fluida todo el tiempo, a pesar de las muchísimas frases que salpican la novela en otro idioma y de las que es posible prescindir de su significado.

Y al final, el giro.

Simplemente sorprendente.

Os la recomiendo, es una historia interesante, diferente y bien escrita, una delicia de libro que se me hubiera pasado por alto si no me lo hubieran puesto en la mano.

martes, 7 de marzo de 2017

VENDER UN REGALO, ESO TAN FEO...



¿Te has quitado de encima ese bote de colonia que cuando lo abres te provoca ganas de vomitar? ¿O ese adorno tan feo que por mucho que te paseas por la casa no le encuentras un lugar (donde se vea poco)?

Estás siguiendo una tendencia que se llama re-gifting, volver a regalar lo regalado. Lo que me pregunto es lo ético del asunto. 

Mientras me tomo un cola cao.

Me da igual que la London Bussines School diga que es una manera de asegurarse de que alguien va a disfrutar de eso que tú no quisiste. Yo no soy de Londres, a mí me parece una descortesía. Se supone que hay una persona te mandó con toda la ilusión del mundo una agenda con las hojas en blanco para que la usaras para anotar las ideas para tu siguiente best seller... ¿y vas y se la das a tu novia para que apunte las citas del médico?

Y lo llamas re-gifting para disimular, ¿no?

Queda más chulo, pero me sigue pareciendo tan cutre como si lo dices en castellano. Un regalo lleva siempre detrás un sentimiento y si tú te deshaces de él, ¿qué puede pensar la otra persona? Esa que puso todo su cariño en ti, que perdió su tiempo en pensar, que salió a la calle, buscó una tienda y usó su dinero para tener un detalle contigo.

Es que...

Claro, que a lo mejor no se entera, pero ¿y si llega a sus oídos? ¿Y si por una de esas puñeteras casualidades del destino acaba sabiéndolo?

Se puede incluso cargar una amistad.

Bueno, una amistad no, porque los amigos no discuten por chorradas como esta, por eso en la vida solo acabamos teniendo dos o tres.

Pero ¿y si vamos más allá? ¿Y si no regalamos un regalo, sino que lo vendemos? Uf... la cosa se complica. A mí esto ya si que me parece inmoral, a no ser que te estés muriendo de hambre. Entonces puedes vender hasta el felpudo de la vecina.

Todo viene a cuento porque he visto en las redes que alguien está vendiendo un regalo mío, un regalo sin apenas valor económico, pero en el que en su día puse mucha ilusión. Me ha recordado a todos esos blogs acumuladores de libros que hacen reseñas infumables. Eso sí, tienen miles de seguidores para asegurarse de que las editoriales les surtan de libros. Y después te encuentras que montan con ellos un mercadillo.

Qué feo.

Los regalos no se venden.

lunes, 6 de marzo de 2017

INCREÍBLE

Increíble. No se me ocurre otra palabra para resumir el sábado. Las felicitaciones de cumpleaños en Facebook, sumadas a las notificaciones de los post que compartieron que os regalaba dos de mis libros (por ser mi cumpleaños), hicieron que me tomase dos largas pausas de las redes. Durante bastantes horas cerré todo en todas partes, porque también quería disfrutar de los míos. Al fin y al cabo, era mi día.

Al volver... uf...

255 felicitaciones en mi muro, más otras tantas dispersas en los grupos. Algunas más en los post de los libros. Y el teléfono, Whatsapp, el correo,  Messenger, Twitter... Incluso, por si no tenía bastante, alguien se confundió y me mandó un mensaje que no era para mí. Luego intentó disimular, pero me he estado riendo un buen rato.

Si es que a veces vamos tan deprisa que nos confundimos...

Quise agradecerlas una a una y espero haberlo conseguido, aunque os prometo que no era nada sencillo. Entraban tan seguidas que llegó un momento en el que de verdad me hice un lío.

Sobre mi regalo, esto es parte de lo que recibí de vuelta. Sé que son tops gratis, pero también sé que se ponen cientos de libros gratis al día, así que creo que me lo voy a guardar, porque fue alucinante.


USA


USA


ALEMANIA

FRANCIA


FRANCIA

MÉXICO

MÉXICO

REINO UNIDO

ESPAÑA

ESPAÑA


Me faltó capturar Brasil y Canadá, lo vi a última hora, me entretuve y sabéis que esto es muy volátil, es cuestión de minutos el que se esfume.

Espero que alguna de las más de 700 descargas que se produjeron se convierta en una lectura. Que conozcáis a Alonso de Esteban y os saque una sonrisa, que paséis un buen rato lector con Brianda y que transformen vuestras horas en una buena experiencia lectora.

Y, si queréis, contádmelo.

Estaré encantada de escuchar.

viernes, 3 de marzo de 2017

4 DE MARZO

Este día es esencial en mi biografía. Un cuatro de marzo, un miércoles, a eso de las once y media de la mañana, decidí abrir los ojos a este mundo y quedarme para ver qué era lo que se cocía aquí. Puedo decir que tuve una infancia feliz, un padre y una madre que le lo pusieron fácil, a pesar de que, cuando era pequeña, era bastante inquieta y me metí en más de un lío.

Tengo una ceja partida con la culata de una escopeta de perdigones.

Perdí la cuenta de las veces que llegué a casa ensangrentada por algún tropiezo infantil.

Una vez llené la bañera de casa con renacuajos rescatados de una acequia.

Se me ocurrió que podía ser buena idea tener un murciélago de mascota (no lo es).

Escribí una novela que años después quemé en la estufa.

Terminé la infancia cantando en un disco, grabado en los estudios Sonoland, en Coslada, si no recuerdo mal, habiéndome subido a un escenario cientos de veces con mi hermana y mis amigas, pero no me gustó mucho la experiencia y abandoné el mundo de la farándula casi, casi nada más poner un pie en él.

Después fui una adolescente bastante buena.

Menos una tarde, que cogí los patines y se me olvidó la hora de volver a casa.

O tal vez otra que me caí de la bici y parecía que me había pasado un camión por encima.

Y otra, que me dio una ventolera mental y me escapé, pero tuve que volver porque solo a mí se me ocurre irme antes de comer. El hambre me trajo de vuelta.

Después reconduje mis pasos y me llevaron a la biblioteca. Y ahí me quedé. Descubrí que los libros abrían ante mis ojos un mundo de infinitas posibilidades, de mil aventuras que concluían al cerrar sus páginas y volvían a abrirse en cuanto tomaba otro entre mis manos. De ese tiempo tengo los recuerdos más felices, las charlas con escritores de verdad, de los que aparecen ahora en los libros de texto, que con sus palabras fomentaron en mí ese deseo infantil de convertirme en escritora. Seguí escribiendo, como la hacía desde pequeña, pero con el pudor suficiente como para guardarme para mí ese aprendizaje necesario que no necesita más que tu propia mirada cuando has dejado pasar el tiempo suficiente. Encontré que tenía que seguir practicando y lo hice.

Y después la vida me dio un bofetón.

Unos días antes de cumplir mis 18, una edad que no celebré en absoluto.

La muerte hizo una visita inesperada a mi vida y me costó muchísimo reponerme. Olvidar, eso nunca, eso sigue presente pase el tiempo que pase. Me refugié en los libros, en los que leía y en los de texto, y use las palabras que iban brotando dentro de mí como terapia, como una manera de expresar la rabia que sentía. La madurez llegó de pronto, sin un aviso, y desde ese instante cambié.

La universidad. Las salidas con amigos. El fin de carrera. El paro.

No encontré trabajo enseguida, todo eran empleos mal pagados y encontré más interesante cuidar de mis abuelos, ocuparme de sus citas médicas y de la intendencia diaria. Sin darme cuenta estaba regalándome un tiempo que ahora, desde la perspectiva del tiempo, desde la nostalgia que siento desde que se marcharon definitivamente, considero impagable. Quizá en ese momento no pareciera la mejor decisión, pero ahora creo que sí.

Luego lo dejé todo y me marché a Segovia.

Sin más equipaje que la ilusión de empezar una nueva vida con la persona que quería. Sin nadie alrededor, los dos solos en un mundo tan distinto al mío que reconozco que me costó un poco adaptarme. Encontré trabajo a los tres días, pero lo cambié por otro tres meses después y ahí sigo.

Nació mi hijo y me cambió de nuevo todo, pero era un cambio aceptado, soñado y jamás me oiréis decir gilipolleces como que perdí calidad de vida. No es cierto, me la llenó de luz con sus sonrisas, con cada paso de su aprendizaje que me fascinaba. Más tarde llegó mi niña y se completó esa familia soñada por cualquiera. 

Fui FELIZ.

Lo que buscamos todos en algún momento de la vida, la felicidad que ansiamos y que perseguimos, se vino a casa y ahí estuvo mucho tiempo. Pero es frágil, se rompe cuando menos lo esperas y a mí se me quebró un día de agosto a eso de las ocho y media de la tarde. En el portal de mi casa, cuando mi marido me abrazó y me dijo que mi padre tenía cáncer. No me lo había podido contar él, tuvo que delegar porque creo que es muy difícil decirle a quien más quieres que te vas.

El resto, lo que pasó desde entonces, se resume en una caída en picado hasta que esa historia terminó. En un tímido batir de alas que se habían replegado, pero que años después tuve listas para volar de nuevo. Ya no era FELIZ, se quedó en feliz, pero lo conseguí. Empecé a soñar de nuevo, a tener proyectos y solo entonces la escritura se puso en primer plano.

Y conseguí más de lo que en realidad estaba buscando.

Eso sí, no ha sido un camino de rosas, ha tenido baches y espinas, momentos duros, personas malvadas (por no decir muy hijas de puta, que queda feo) que se tomaron la libertad de meterse en mi vida y sembraron de oscuridad un camino que tendría que haber estado lleno de luz. Su toxicidad fue tal que me costó años librarme de su veneno. Pero el cáncer se trata con quimioterapia, la medicina fue casi tan dura como el tumor. Me dejó rendida.

Hoy cumplo 47 años y creo que puedo decir que ambas cosas las he dejado atrás, enfermedad y presunto remedio.

Y estoy dispuesta a conseguir el objetivo que me he marcado.

Ser FELIZ.

Que no es poco...