lunes, 13 de septiembre de 2010

TEMPUS FUGIT. LADRONES DE ALMAS.

Javier Ruescas.


Leerse este libro justo después de la maravillosa novela de María Dueñas no fue buena idea. No sólo porque dí un salto de gigante entre realidad y ficción, entre literatura adulta y madura y un buen intento juvenil, sino porque me pasé el tiempo disculpando al autor por su edad.

Javier Ruescas es un autor joven y prometedor, uno de esos chicos raros en estos tiempos que ha cambiado el botellón por el teclado de un ordenador, en el que vuelca sus sueños y los moldea convirtiéndolos en una novela. Y que además tiene la suerte de publicar. Pero a mí no me convence todavía. Hay que madurar, la vida te tiene que pasar un poco más por encima para que salga lo mejor de ti.

La sensación al leer este libro fue la de estar viendo un capítulo de una serie de dibujos, tipo Código Lyoko, o algo así. Pura fantasía, historia de acción pero contada con los recursos mínimos. Y claro, ahí llegaba la disculpa de la edad. Tú, con quince años, me decía, te inventaste una distopía. ¡Reflexionaba sobre la necesidad de cuidar el planeta en el 85!

Pero esa historia que escribí entonces estaba mal construida, era pobre porque yo era todavía muy poco madura para tratar los temas importantes con un mínimo rigor. Había que ser condescendiente porque era una primera historia, fantasía pura imposible de ver impresa.

Y he ahí mi error.

Porque, al parecer, se imprime. Con retoques de adultos por todas partes pero que han sido incapaces de darse cuenta de que hay un par de incoherencias, repeticiones que después pretenden que sean una sorpresa... y, lo más grave, pasa de puntillas sobre el temas que dan para mucho una vez que son lanzadas, con reflexiones bastante manidas, que ni siquiera se salvan porque tengan un estilo maravilloso. Más allá de eso, la documentación sobre el XVIII es tan escasa como que, de repente, parece que está situado en plena Edad Media.

A veces me avergüenza un poco Su chico de alquiler, porque me parece que es demasiado corta, una novela que escribí demasiado pronto, y a la que no le di alguna que otra vuelta más que necesitaba antes de ser publicada. Y, sin embargo, creo que es mucho más digna porque no es tramposa. Habla de un mundo reconocible, trata temas superficialmente pero sin tratar de engañar a nadie. Después de esta lectura, me siento más orgullosa de ella. Es mía de principio a fin.

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

María Dueñas.


Los libros que aparecen en los estantes de superventas de los centros comerciales me provocan cierta desconfianza. He visto como, al día siguiente de salir a la venta, hay libros que ya son número uno. ¿Quién se los ha leído y ha hecho la crítica? ¿Cómo sabemos si son buenos si no ha habido tiempo para que reposen en la mente de los lectores? Fácil. Las distribuidoras (quienes realmente ganan pasta en esto del mundo editorial) se dedican a mandar cientos de ejemplares, o miles, atendiendo a criterios diversos: el nombre del autor, la oportunidad del libro, el tema de moda... Una vez introducidos en el mercado se cuentan como ventas, da igual si al día siguiente de su recepción, el gestor de turno decida devolverlos. Las listas de devoluciones, de momento, parece que son alto secreto. Por eso he tardado tanto en leer este libro. Creía que era uno más de esos libros que quieren que se vendan. O de esos que la gente compra para que los demás piensen que leen si los ven en sus estanterías. Tipo premio Planeta.

Me equivoqué, lo reconozco. El tiempo entre costuras es una novela con mayúsculas, un relato que te engancha, te arrastra y te obliga a leer sin descanso. Me ha pasado algo curioso. Cuando me quedaban cien páginas comencé a obligarme a leer más despacio, me salté momentos en los que me habría podido sumergir en la historia de Sira Quiroga, todo por prolongar en el tiempo el placer de seguir descubriendo este libro increíble. Justo lo contrario que me pasó con Un mundo sin fin, de Ken Follet; prácticamente me estaba obligando a leerlo, sólo porque Los pilares de la Tierra me pareció maravilloso. Hasta que me di cuenta de que nadie me ponía una pistola en el pecho y que si quería podía abandonar. Y lo hice.

No voy a adelantar nada del argumento porque a mí no me gusta que me cuenten mucho de un libro antes de leerlo. Sólo hablaré de sensaciones. Mientras lo leía he notado como el personaje de la protagonista crecía. Y eso me ha gustado. Al principio parece una pobre chica que se deja arrastrar por las circunstancias y, poco a poco, aprende a tomar las riendas de su destino. Me ha gustado cómo está todo ambientado, lo fácil que resulta imaginar los escenarios en los que transcurre la novela y el tratamiento del período histórico. Leí Invierno en Madrid y, a lo mejor es porque el autor no es español, pero no me enteré de la mitad. Claro, que puede ser por eso o porque yo sea muy tonta, que no lo descarto.