miércoles, 25 de septiembre de 2013

JUGANDO CON LAS PALABRAS

Ya está.
Acabas de terminar tu novela.
Has pasado tiempo y tiempo escribiendo y corrigiendo.
Observas que no haya fallos tontos que afeen el resultado.
Registras el manuscrito, da igual si es por los cauces tradicionales o a través de internet.
Agarras el toro por los cuernos te lanzas a publicar.
Quieres que todo esté bien y maquetas la novela con esmero aún a riesgo de tu salud mental.
Ultimas los detalles del texto.
Escoges una portada llamativa.
Das al botón de publicar en Amazon mientras te tiemblan las piernas.
Empiezas a vender muchísimo… ¡bien!
Miras los rankings cada cinco minutos y no te crees lo que está pasando.
Oh, Dios, correos de editoriales interesándose por ti.
Nunca lo habías pensado pero firmas un contrato.
Inventas estrategias de marketing aunque no tienes ni puñetera idea.
Observas que de pronto la novela se empieza a volver invisible y lo que funcionaba deja de hacerlo.
Sigues peleando, aunque no haya muchos resultados.
Hoy ya estás cansado y te das vacaciones.
Abres un archivo nuevo y empiezas otra novela.
Guardas copias a cada rato.
Obvias lo anterior, es tiempo de volver a empezar.