miércoles, 19 de abril de 2017

LA PEQUEÑA PANADERÍA DE LA ISLA DE JENNY COLGAN



Sinopsis:

Tras el desastroso final de su última relación amorosa, Polly Waterford se traslada a un balneario en una remota isla frente a las costas de Cornualles, donde se instala en un piso pequeño y solitario situado encima de una tienda abandonada.

Para distraerse de sus problemas, Polly se concentra en su afición favorita: amasar y hornear pan. Pero su relajante pasatiempo de fin de semana no tarda en convertirse en una pasión. A medida que vuelca sus emociones en amasar y golpear la masa, cada hogaza resulta mejor que la anterior. 

Entusiasmada, Polly empieza a incorporar nueces, olivas o semillas a la masa, además de la miel que le proporciona un apuesto apicultor del lugar. Recurriendo a reservas de determinación y creatividad que ignoraba que poseía, Polly maravilla a los habitantes del pueblo y a los visitantes con las maravillas que salen de su horno, y de paso descubre una vida nueva y brillante allí donde jamás esperaba encontrarla.

Mis impresiones:

¿A que no adivináis por que elegí leer esta novela?

Venga, os doy un momentito para pensar...

Vale, lo confieso, fue por el faro. Sé que la mayoría de los que pasáis por el blog conocéis mi debilidad por los faros, así que no ha sido tan complicado después de ver la portada. Por cierto, antes de que se me olvide, ya tengo unos cuantos guardados aquí. Los voy cazando de aquí y de allá, lamentablemente ninguna foto es mía, pero me gusta reunirlos y mirarlos cuando no tengo sueño. Alguna vez escribiré una historia en la que haya un faro...

Pero vamos a la novela. Tiene la peor sinopsis que he leído en años (y mira que las hay malas). No solo porque miente (no hay balneario en la novela), sino porque destaca cosas absurdas de la historia, impidiendo que te hagas una idea de lo que te vas a encontrar en ella. He estado tentada de no ponerla, de hacerla de nuevo, pero no me ha dado la gana. Escribir una sinopsis es un trabajo que tiene que tomarse la editorial en este caso y no hacer chapuzas de este calibre.

Y otra cosa más, la redacción de la sinopsis es pésima. "Polly maravilla a los habitantes del pueblo y a los visitantes con las maravillas que salen de su horno..." Esto lo destaco porque es una de las cosas que llaman mucho la atención de esta novela. Creo que no es culpa de la autora, sino de que la traducción no es buena. O a lo mejor sí, a lo mejor han traducido bien el sentido de las palabras, pero desde luego no brilla. Las repeticiones de palabras están por todas partes, tanto que en algunas ocasiones a mí me han resultado molestas. Lo raro es que no es todo el tiempo, es como si a ratos se hubiera hecho la traducción con mimo y otros... otros con prisa.

Esto solo es una idea, igual muy loca, pero creo que las traducciones debería revisarlas otra persona que tenga un pelín de arte escribiendo. Que sí, que se mantenga lo dicho por el autor, faltaría más, pero que no lo desluzcan como tengo la sensación de que le ha pasado a este libro.

Y ya, la última cosa negativa que voy a destacar: el faro casi no tiene importancia en la historia. Sale, eso es verdad, pero tan de pasada que no entiendo por qué ocupa la portada. Lo lógico sería que fuera una panadería...

Esta novela, contada en pasado por un narrador omnisciente, empieza con el desastre personal de Polly, la protagonista. Después de una pequeña introducción que nos sitúa en un futuro que aún no ha llegado, con una Polly anciana, volvemos al pasado, concretamente a 2014. Polly y su pareja, Chris, han fracasado en todo. No solo se ha ido al garete su relación, sino también la empresa que montaron juntos. Aunque Polly ha hecho todo lo posible por reflotar la empresa, la crisis y, sobre todo, lo desastre que resulta ser Chris, acaban por llevarse todos sus sueños por delante. Unos amables señores del banco vienen a comunicarles que están en bancarrota y que firmen unos papeles, esos que ratifican que todo el mundo en el que han construido hasta ese momento se ha hecho añicos.

Lo han perdido todo.

Chris, de manera unilateral, decide que se den un tiempo. Polly, derrotada, empieza a buscar dónde vivir. Su amiga Kerensa le ofrece su sofá, pero ella no quiere ser una carga para nadie. Dando millones de vueltas consigue un pequeño apartamento en Mount Polbearne, a una hora de su ciudad. Un apartamento desastroso en una isla mareal perdida en el culo del mundo.

Polly cree que no se puede caer más bajo, pero se queda. No tiene dinero para más. Cuando está metiendo las cosas en casa conoce a un grupo de cinco pescadores que la ayudan, y que con el tiempo serán muy importantes, para ella. Aunque aún no lo sepa.

Sola, aterida de frío, pasa la primera noche en una casa que está medio en ruinas, donde además le han dicho que hay fantasmas. Y por los ruidos que escucha la primera noche, igual hasta resulta ser verdad. Se despierta en medio de la madrugada cuando escucha unos golpes en la planta baja... que al final resultan proceder de una cría de frailecillo, un pájaro que se ha estrellado contra un cristal, rompiéndolo y rompiéndose un ala.



A partir de ese día, Polly se hará amiga de Neil, el pájaro al que jura no poner nombre (pero no lo puede evitar), encontrará consuelo en hornear pan y, poco a poco, se integrará en una comunidad pequeña donde conseguirá la paz que ha estado buscando. Donde conocerá a dos hombres que marcarán su vida. Donde pondrá en marcha primero un negocio clandestino de pan (en realidad no es un negocio, es que hacer pan relaja a Polly y el pan del obrador de la señora Marne es horroroso) y después acaba logrando que esa pequeña isla olvidada se convierta en destino turístico.

Podría estar dos horas contando cosas, porque pasan muchisimas en esta novela, incluso creo que demasiadas.

Hay escenas en las que te ríes, otras que emocionan (aunque la verdad es que a mí no me ha llegado a tocar tanto como para que se me escapase una lágrima), tiene el típico humor inglés que a veces cuesta pillar, pero resulta muy agradable su lectura. Yo no diría que es imprescindible, pero tampoco lo calificaría como lectura de domingo. No es feelgood, por algunos detalles de la trama, pero sí tienen de este género los paisajes maravillosos.

¿Ya os he dicho que transcurre en una isla mareal?


La isla a la que se traslada Polly, situada en la novela en Cornualles, tiene una carretera que se inunda cuando sube la marea, dejando a los vecinos que habitan la isla aislados en ella. El paisaje de la novela, los lugares que dibuja, son maravillosos, fáciles de recrear en la mente y que le dan un extra a la historia.

¿La recomiendo? A mí me ha entretenido mucho y, además, me ha devuelto a la vida útil lectora, así que algo tendrá. Hace tiempo que no escribo reseñas porque, por cuestiones personales, llevo tiempo sin leer. Sin ser capaz de centrar mi cabeza en la ficción, así que aunque solo fuera por eso (y por Neil, el frailecillo, que me ha enamorado), tenía que subir la reseña, aunque en realidad, si tuviera que puntuarla, le pondría solo un tres y medio (sobre cinco).

¿Os apetece?

¡Se me olvidaba! Al final del libro vienen las recetas del pan que prepara Polly. Seguro que en algún domingo aburrido de lluvia, acabo haciendo pan.



jueves, 13 de abril de 2017

¿Y SI LA CHICA IMPERFECTA ES LA MÁS PERFECTA PARA TI?

Lee GRATIS las primeras páginas.

Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


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Y si quieres saber más de estos personajes, cómo se conocieron...

Paula no tiene novio ni le interesa el tema de momento. Es feliz con sus amigas del instituto y con Ana, su compañera de universidad. Una mañana recibe una llamada de teléfono: su padre quiere que acompañe a sus hermanas pequeñas de compras. A Paula el encargo no le hace gracia y se inventa una cita que su padre confunde con una relación formal. A partir de ahí, los líos están asegurados, porque para tapar su mentira, Paula alquila a un chico en una agencia de contactos. Lo que no sabe ella es que ese chico no será exactamente un desconocido.

miércoles, 12 de abril de 2017

ALGUNAS MADRUGADAS


Una madrugada cualquiera, una de esas de luna en el cielo y aspecto calmado, el suelo se tambalea, te despiertas y te das cuenta de que en unos minutos tu mundo se ha descolocado.

De pronto, ya no puedes seguir por el mismo camino que llevabas transitando años.

Las ganas, las fuerzas, ya no están.

Sé que es posible que cuando todo se calme de nuevo vuelvan; que las ideas locas ronden de nuevo por mi mente y me entren unas ganas tremendas de escribir ficción, pero hoy por hoy creo que es un capítulo que ha entrado en una pausa indefinida. Eso no significa que vaya a dejar de daros el tostón, me quedan dos novelas terminadas en el cajón y un proyecto de no ficción que quiero que vea la luz este año.

Pero no hay planes de mucho más.

No me apetece terminar ninguna de las otras novelas que tengo a medias, ni empezar con algunas ideas que tengo solo esbozadas.

Me dicen que no tenga prisa, que hay momentos y momentos, que este es probablemente uno de los más complicados a los que me he tenido que enfrentar porque supone un cambio total de vida.

Como cuando me marché a vivir a Segovia.

Como cuando nacieron mis hijos.

Como cuando me desesperé viendo que mi padre se moría sin que pudiera hacer nada.

Pero yo sé que hay mucho más que un momento delicado. Son las sensaciones que tengo. Es sentir que eso que te han inculcado desde pequeño, que el esfuerzo tiene recompensa no es verdad, porque las trampas están a la orden del día. Ah, y el puñetero karma, que no funciona, porque si funcionase, las personas buenas no lo pasarían tan mal.

Hoy me siento muy cansada.

Tengo que encontrar algo que me emocione, algo que me llene de vida. Necesito tranquilidad, la paz que da el sentirte arropada por el amor de las personas a las que les importas de verdad, las que te permiten equivocarte y ser tú siempre. Las que no te chantajean, ni te presionan, ni te buscan solo cuando les sobra tiempo o no tienen otra cosa que hacer.

Igual no estoy muy optimista, pero la vida no invita a ello.

domingo, 9 de abril de 2017

ABRIMOS UN CAMINO

A los primeros que se nos ocurrió publicar libros por nuestra cuenta en Amazon se nos denominó Generación Kindle. No sé si una generación literaria se puede articular alrededor de un hilo tan débil: no existen puntos en común, ni edades parecidas, ni circunstancias comunes. No tenemos las mismas preocupaciones vitales, ni siquiera entendemos la literatura del mismo modo. 

Lo único en común fue abrir un camino nuevo para llegar a los lectores.

Hace mucho que no leía sobre esto, sobre la Generación Kindle, pero a raíz de un relato en un blog se me ha ocurrido buscar en Google y aparece una entrada en la Wikipedia. No deja muy claro sobre quienes formaron parte de esto, quizá porque fue tanta gente que nadie se ha atrevido a dar nombres. Seguro que porque siempre habría alguien que se sentiría molesto porque lo dejasen fuera. O porque cada uno ha seguido una trayectoria diferente. 

Solo quería dejar constancia de que estuve allí desde el principio. No con una, con tres novelas en 2012.


martes, 4 de abril de 2017

PROS Y CONTRAS

Hace unos días, regalé la primera novela que publiqué en Amazon en marzo de 2012, en aquellos tiempos remotos del principio de la autoedición en esta plataforma, cuando formaba parte de lo que se llamó Generación Kindle. Era El medallón de la magia, junto con la otra que completa esta historia, Brianda, fueron objeto de un regalo.Un regalo mío a quien se quisiera acercar a ellas, porque era mi cumpleaños y me apetecía tener un detalle con los lectores, celebrarlo de este modo. Eso no es, como no me canso de leer por ahí, un "autopirateo", palabreja tonta donde las haya, ni tampoco es un modo de aumentar mi vanidad, como tuvimos que escucharle Mercedes Gallego y yo a un personaje que nos acusaba de perjudicar al sector editorial por regalar nuestras obras.

Eran un simple regalo.

Porque puedo hacerlo y porque quiero.

Así de sencillo.

Regalar una novela tiene sus pros y sus contras. El pro es que vas a encontrar lectores. Algunos, la inmensa mayoría, se la descargarán y jamás van a abrirla. Tenemos -todos- cierta tendencia a acumular las cosas que nos dan gratis. Si no, miraos las manos cuando salís de cualquier Feria. Volvemos cargados con una bolsa con los objetos más variopintos que, en la mayoría de las ocasiones, acaban en el cubo de la basura. Pero hay otro pro y es tropezar con alguien que sí se anime a abrir sus páginas, que se encuentre cómodo entre ellas y llegue hasta el final y, entonces, habrás encontrado un lector.

Así, de este modo, yo llegué a una lectora que en este mes se ha leído cinco de mis siete novelas. Para mí eso ya es objetivo cumplido, una maravilla porque esta novela ha reclutado lectores y son más difíciles de encontrar que las setas en un tórrido mes de verano.

El contra es que, inevitablemente, los piratas hacen su agosto. Al día siguiente de la promoción, varias páginas ofertaban gratis mis libros, algo contra lo que ya me niego a luchar, porque no es a mí a quien corresponde, sino a las personas que deberían legislar esto, perseguir a los que se lucran del trabajo de otras personas. Y uno más: los comentarios negativos.

Me llegó uno para El medallón de la magia.

Ante la estupidez del argumento empleé mi derecho, porque lo tengo, de puntualizar. Nunca, jamás, voy a entrar a decirle a un lector nada si no le ha gustado la historia, pero si su comentario negativo no tiene esa justificación o alguna de peso, sí voy a hablar. Porque me parece sumamente injusto que tenga que mantenerme callada ante la estupidez de otro y porque creo que defender mi trabajo también es mi misión, más en un caso como este que se trata de una novela que no tiene una editorial detrás.

Veréis, la crítica era... ¿absurda? Si hay algo contra lo que peleo cada día en el trabajo es con la capacidad para emitir juicios razonados que se sostengan, para enseñar a leer y a no decir idioteces. ¿Por qué no debería poder decirle a alguien que se equivoca cuando está tirando por tierra mi trabajo? Insisto, no era una apreciación subjetiva, no era ni siquiera como la otra crítica negativa que tiene esta novela que estaba justificada y a mí me ayudó muchísimo como autora. Ni siquiera como un matiz de una que tiene Brianda, en la que la lectora dice que quizá la portada no anima a leer la historia, y eso es algo que me planteo valorar porque quizá lleve hasta razón.

No. Era otra cosa.

Valoraba como algo negativo que es infantil. Una novela que lleva desde marzo de 2012 sin cambiar de categoría en Amazon: está en infantil. Por que lo es y eso, que ya está en el envoltorio de la novela misma, no creo que pueda juzgarse como algo negativo.

¿A qué viene eso en la crítica? ¿La persona que lo ha descargado no sabe leer? Y no me vale el argumento de que ha pagado por ella y, por lo tanto, tiene derecho a decir lo que le dé la gana porque me apuesto lo que queráis a que no lo ha hecho: se la regalé yo poniéndola gratis. Esta novela llevaba meses sin tener un comentario, este llegó justo tras regalarla, así que no se trata de una compra.

Dos y dos, de toda la vida, son cuatro.

Pero bueno, es que también se puso número 1 de descargas gratis, que ya me diréis qué mérito tiene eso salvo el que yo me divirtiera un rato mirándolo. Y hasta eso, según está el panorama hoy en día, genera piques tontos en mucha gente que te rebotan de las maneras más variopintas. Supongo que ese comentario buscaba más perjudicar mi reputación como autora que valorar de verdad esta novela.

Pero es que, además, esta obra, a pesar de ser infantil, tiene mil cosas escondidas entre el texto que, quizá, una persona que no es capaz de fijarse en la catalogación tan obvia que tiene, habrá pasado por alto. No se habrá dado cuenta de que, insertadas en la narración, hay referencias históricas. No son profundas porque es un libro infantil, lo he dicho mil veces, se lo escribí a mi hijo cuando era pequeño. Aparecen personajes históricos como Velázquez o Quevedo mencionados, libros como El Quijote, reflexiones sobre la inutilidad de las guerras, lugares emblemáticos del Siglo de Oro como Zocodover en Toledo o la iglesia de San Ginés en Madrid. Juego con unos versos acrósticos y presento un tribunal que jamás debería de haber existido, que condicionó la vida de miles de personas en la época: la Inquisición. Todo, insisto, de manera sutil, una excusa para poder hablarle a mi hijo de todo ello y que empezase a aprender, todo aderezado de tal manera, envuelto en una historia sencilla que un niño pudiera seguir con soltura, sin perderse en esa otra historia que está en la superficie, la de Amanda y Alonso, un soldado tan peculiar que hasta me lo han copiado en una serie de muchísimo éxito. Bueno, no creo que lo hayan copiado, creo más bien que llegamos a la misma conclusión, solo que yo lo hice muchos años antes.

Y lo publiqué.

Esta novela iba bien cuando la puse a la venta, a pesar de que no cumplía el perfil para resultar un éxito en la plataforma, pero también tuvo su tropezón inicial con una reseña cobarde y maliciosa que frenó las ventas sin decir nada de nada de ella, con una indirecta que significaba: oye, no la leáis que es una mierda, y que poco consiguió en el mundo real porque, en paralelo, estaban sucediendo otras cosas mágicas, el montón de veces que ha sido elegido por profesores de instituto como lectura para los primeros cursos de la ESO.

Fíjate tú por dónde...

Me apetecía contar esto, reivindicar lo que es mío, dejar claro que podéis decir lo que queráis de una novela que escriba: que no os ha conmovido, que no la recordaréis, que no os ha dicho nada, que no es buena... pero en ningún momento me voy a quedar callada cuando critiquéis algo sin sentido que forme parte de su misma esencia.

Porque es mía y porque yo la defenderé.

Sé que hay gente que no admite que el autor se explique, que diga lo que pretendió, pero me da lo mismo. Soy una escritora de la calle y esta novela, como otras tres que tengo, solo me tiene a mí.