domingo, 3 de julio de 2011

EL VIAJE A LA FELICIDAD. EDUARDO PUNSET.

Yo sé que hay gente que se rinde con estos libros cuando llegan a la primera ameba, pero a mí me encanta como escribe Eduardo Punset, no lo puedo remediar. Adquirí mi ejemplar de El viaje a la felicidad en la nueva edición de bolsillo, a un precio muy interesante, y he estado leyéndolo, disfrutándolo más bien, durante un par de semanas, alternándolo con otros libros.

Siempre digo que no hago reseñas, sino impresiones, lo que cada novela, ensayo, cuento o poema me aportan. No busco objetividad pero sí que me impongo emitir juicios con respeto. Por eso, sobre todo con libros como éste, no resumo, sino que elijo un pasaje, algo que me haya movido a reflexionar. Me gusta especialmente este párrafo:

"El placer, el bienestar y la felicidad residen en el proceso de búsqueda y no tanto en la consecución del bien deseado. (...) La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad"

Muchas veces se nos olvida que estamos viviendo. Ponemos nuestra mirada en el futuro, en las metas que nos marcamos, sin darnos cuenta de que se nos pasa la vida sin disfrutarla. Mi padre, un hombre muy especial, siempre nos decía, cuando nos íbamos de viaje, que no se nos olvidara parar muchas veces por el camino: "el viaje también son vacaciones", sentenciaba con toda la sabiduría que acumuló en su vida. Y llevaba razón. Hay que sentirse vivo en cada momento y no reservarse para esos momentos que pensamos de antemano que serán dichosos. Nos perdemos muchas cosas y puede que cuando lleguemos al objetivo ese no nos haga tan felices.

Otro momento del libro que me ha encantado es cuando habla del arte como camino para alejarnos nuestras propias limitaciones. Los libros, la música, contemplar una escultura... pueden convertirse en una manera de viajar a la felicidad, porque nos permiten regresar sin peligro y sin efectos secundarios. A lo mejor por eso me gusta tanto leer. Se vive, se siente, casi cualquier cosa y siempre sin peligro. Por muchos fantasmas que vivan en un libro, al cerrarlo se van a quedar ahí.

La última reflexión que quiero destacar es una que ha venido a mi cabeza muchas veces esta semana. Punset nos recuerda que hace apenas un siglo, la esperanza de vida del ser humano estaba en torno a los treinta años, el tiempo justo para reproducirse. Hoy, duplicada con mucho esa cifra, nos enfrentamos a un montón de tiempo que no sabemos todavía gestionar. He pensado en mi abuela, y en los últimos años en los que ha esperado pacientemente, sentada en su sillón, la llegada del último día.