miércoles, 19 de abril de 2017

LA PEQUEÑA PANADERÍA DE LA ISLA DE JENNY COLGAN



Sinopsis:

Tras el desastroso final de su última relación amorosa, Polly Waterford se traslada a un balneario en una remota isla frente a las costas de Cornualles, donde se instala en un piso pequeño y solitario situado encima de una tienda abandonada.

Para distraerse de sus problemas, Polly se concentra en su afición favorita: amasar y hornear pan. Pero su relajante pasatiempo de fin de semana no tarda en convertirse en una pasión. A medida que vuelca sus emociones en amasar y golpear la masa, cada hogaza resulta mejor que la anterior. 

Entusiasmada, Polly empieza a incorporar nueces, olivas o semillas a la masa, además de la miel que le proporciona un apuesto apicultor del lugar. Recurriendo a reservas de determinación y creatividad que ignoraba que poseía, Polly maravilla a los habitantes del pueblo y a los visitantes con las maravillas que salen de su horno, y de paso descubre una vida nueva y brillante allí donde jamás esperaba encontrarla.

Mis impresiones:

¿A que no adivináis por que elegí leer esta novela?

Venga, os doy un momentito para pensar...

Vale, lo confieso, fue por el faro. Sé que la mayoría de los que pasáis por el blog conocéis mi debilidad por los faros, así que no ha sido tan complicado después de ver la portada. Por cierto, antes de que se me olvide, ya tengo unos cuantos guardados aquí. Los voy cazando de aquí y de allá, lamentablemente ninguna foto es mía, pero me gusta reunirlos y mirarlos cuando no tengo sueño. Alguna vez escribiré una historia en la que haya un faro...

Pero vamos a la novela. Tiene la peor sinopsis que he leído en años (y mira que las hay malas). No solo porque miente (no hay balneario en la novela), sino porque destaca cosas absurdas de la historia, impidiendo que te hagas una idea de lo que te vas a encontrar en ella. He estado tentada de no ponerla, de hacerla de nuevo, pero no me ha dado la gana. Escribir una sinopsis es un trabajo que tiene que tomarse la editorial en este caso y no hacer chapuzas de este calibre.

Y otra cosa más, la redacción de la sinopsis es pésima. "Polly maravilla a los habitantes del pueblo y a los visitantes con las maravillas que salen de su horno..." Esto lo destaco porque es una de las cosas que llaman mucho la atención de esta novela. Creo que no es culpa de la autora, sino de que la traducción no es buena. O a lo mejor sí, a lo mejor han traducido bien el sentido de las palabras, pero desde luego no brilla. Las repeticiones de palabras están por todas partes, tanto que en algunas ocasiones a mí me han resultado molestas. Lo raro es que no es todo el tiempo, es como si a ratos se hubiera hecho la traducción con mimo y otros... otros con prisa.

Esto solo es una idea, igual muy loca, pero creo que las traducciones debería revisarlas otra persona que tenga un pelín de arte escribiendo. Que sí, que se mantenga lo dicho por el autor, faltaría más, pero que no lo desluzcan como tengo la sensación de que le ha pasado a este libro.

Y ya, la última cosa negativa que voy a destacar: el faro casi no tiene importancia en la historia. Sale, eso es verdad, pero tan de pasada que no entiendo por qué ocupa la portada. Lo lógico sería que fuera una panadería...

Esta novela, contada en pasado por un narrador omnisciente, empieza con el desastre personal de Polly, la protagonista. Después de una pequeña introducción que nos sitúa en un futuro que aún no ha llegado, con una Polly anciana, volvemos al pasado, concretamente a 2014. Polly y su pareja, Chris, han fracasado en todo. No solo se ha ido al garete su relación, sino también la empresa que montaron juntos. Aunque Polly ha hecho todo lo posible por reflotar la empresa, la crisis y, sobre todo, lo desastre que resulta ser Chris, acaban por llevarse todos sus sueños por delante. Unos amables señores del banco vienen a comunicarles que están en bancarrota y que firmen unos papeles, esos que ratifican que todo el mundo en el que han construido hasta ese momento se ha hecho añicos.

Lo han perdido todo.

Chris, de manera unilateral, decide que se den un tiempo. Polly, derrotada, empieza a buscar dónde vivir. Su amiga Kerensa le ofrece su sofá, pero ella no quiere ser una carga para nadie. Dando millones de vueltas consigue un pequeño apartamento en Mount Polbearne, a una hora de su ciudad. Un apartamento desastroso en una isla mareal perdida en el culo del mundo.

Polly cree que no se puede caer más bajo, pero se queda. No tiene dinero para más. Cuando está metiendo las cosas en casa conoce a un grupo de cinco pescadores que la ayudan, y que con el tiempo serán muy importantes, para ella. Aunque aún no lo sepa.

Sola, aterida de frío, pasa la primera noche en una casa que está medio en ruinas, donde además le han dicho que hay fantasmas. Y por los ruidos que escucha la primera noche, igual hasta resulta ser verdad. Se despierta en medio de la madrugada cuando escucha unos golpes en la planta baja... que al final resultan proceder de una cría de frailecillo, un pájaro que se ha estrellado contra un cristal, rompiéndolo y rompiéndose un ala.



A partir de ese día, Polly se hará amiga de Neil, el pájaro al que jura no poner nombre (pero no lo puede evitar), encontrará consuelo en hornear pan y, poco a poco, se integrará en una comunidad pequeña donde conseguirá la paz que ha estado buscando. Donde conocerá a dos hombres que marcarán su vida. Donde pondrá en marcha primero un negocio clandestino de pan (en realidad no es un negocio, es que hacer pan relaja a Polly y el pan del obrador de la señora Marne es horroroso) y después acaba logrando que esa pequeña isla olvidada se convierta en destino turístico.

Podría estar dos horas contando cosas, porque pasan muchisimas en esta novela, incluso creo que demasiadas.

Hay escenas en las que te ríes, otras que emocionan (aunque la verdad es que a mí no me ha llegado a tocar tanto como para que se me escapase una lágrima), tiene el típico humor inglés que a veces cuesta pillar, pero resulta muy agradable su lectura. Yo no diría que es imprescindible, pero tampoco lo calificaría como lectura de domingo. No es feelgood, por algunos detalles de la trama, pero sí tienen de este género los paisajes maravillosos.

¿Ya os he dicho que transcurre en una isla mareal?


La isla a la que se traslada Polly, situada en la novela en Cornualles, tiene una carretera que se inunda cuando sube la marea, dejando a los vecinos que habitan la isla aislados en ella. El paisaje de la novela, los lugares que dibuja, son maravillosos, fáciles de recrear en la mente y que le dan un extra a la historia.

¿La recomiendo? A mí me ha entretenido mucho y, además, me ha devuelto a la vida útil lectora, así que algo tendrá. Hace tiempo que no escribo reseñas porque, por cuestiones personales, llevo tiempo sin leer. Sin ser capaz de centrar mi cabeza en la ficción, así que aunque solo fuera por eso (y por Neil, el frailecillo, que me ha enamorado), tenía que subir la reseña, aunque en realidad, si tuviera que puntuarla, le pondría solo un tres y medio (sobre cinco).

¿Os apetece?

¡Se me olvidaba! Al final del libro vienen las recetas del pan que prepara Polly. Seguro que en algún domingo aburrido de lluvia, acabo haciendo pan.



jueves, 13 de abril de 2017

¿Y SI LA CHICA IMPERFECTA ES LA MÁS PERFECTA PARA TI?

Lee GRATIS las primeras páginas.

Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


.



Y si quieres saber más de estos personajes, cómo se conocieron...

Paula no tiene novio ni le interesa el tema de momento. Es feliz con sus amigas del instituto y con Ana, su compañera de universidad. Una mañana recibe una llamada de teléfono: su padre quiere que acompañe a sus hermanas pequeñas de compras. A Paula el encargo no le hace gracia y se inventa una cita que su padre confunde con una relación formal. A partir de ahí, los líos están asegurados, porque para tapar su mentira, Paula alquila a un chico en una agencia de contactos. Lo que no sabe ella es que ese chico no será exactamente un desconocido.

miércoles, 12 de abril de 2017

ALGUNAS MADRUGADAS


Una madrugada cualquiera, una de esas de luna en el cielo y aspecto calmado, el suelo se tambalea, te despiertas y te das cuenta de que en unos minutos tu mundo se ha descolocado.

De pronto, ya no puedes seguir por el mismo camino que llevabas transitando años.

Las ganas, las fuerzas, ya no están.

Sé que es posible que cuando todo se calme de nuevo vuelvan; que las ideas locas ronden de nuevo por mi mente y me entren unas ganas tremendas de escribir ficción, pero hoy por hoy creo que es un capítulo que ha entrado en una pausa indefinida. Eso no significa que vaya a dejar de daros el tostón, me quedan dos novelas terminadas en el cajón y un proyecto de no ficción que quiero que vea la luz este año.

Pero no hay planes de mucho más.

No me apetece terminar ninguna de las otras novelas que tengo a medias, ni empezar con algunas ideas que tengo solo esbozadas.

Me dicen que no tenga prisa, que hay momentos y momentos, que este es probablemente uno de los más complicados a los que me he tenido que enfrentar porque supone un cambio total de vida.

Como cuando me marché a vivir a Segovia.

Como cuando nacieron mis hijos.

Como cuando me desesperé viendo que mi padre se moría sin que pudiera hacer nada.

Pero yo sé que hay mucho más que un momento delicado. Son las sensaciones que tengo. Es sentir que eso que te han inculcado desde pequeño, que el esfuerzo tiene recompensa no es verdad, porque las trampas están a la orden del día. Ah, y el puñetero karma, que no funciona, porque si funcionase, las personas buenas no lo pasarían tan mal.

Hoy me siento muy cansada.

Tengo que encontrar algo que me emocione, algo que me llene de vida. Necesito tranquilidad, la paz que da el sentirte arropada por el amor de las personas a las que les importas de verdad, las que te permiten equivocarte y ser tú siempre. Las que no te chantajean, ni te presionan, ni te buscan solo cuando les sobra tiempo o no tienen otra cosa que hacer.

Igual no estoy muy optimista, pero la vida no invita a ello.

domingo, 9 de abril de 2017

ABRIMOS UN CAMINO

A los primeros que se nos ocurrió publicar libros por nuestra cuenta en Amazon se nos denominó Generación Kindle. No sé si una generación literaria se puede articular alrededor de un hilo tan débil: no existen puntos en común, ni edades parecidas, ni circunstancias comunes. No tenemos las mismas preocupaciones vitales, ni siquiera entendemos la literatura del mismo modo. 

Lo único en común fue abrir un camino nuevo para llegar a los lectores.

Hace mucho que no leía sobre esto, sobre la Generación Kindle, pero a raíz de un relato en un blog se me ha ocurrido buscar en Google y aparece una entrada en la Wikipedia. No deja muy claro sobre quienes formaron parte de esto, quizá porque fue tanta gente que nadie se ha atrevido a dar nombres. Seguro que porque siempre habría alguien que se sentiría molesto porque lo dejasen fuera. O porque cada uno ha seguido una trayectoria diferente. 

Solo quería dejar constancia de que estuve allí desde el principio. No con una, con tres novelas en 2012.


martes, 4 de abril de 2017

PROS Y CONTRAS

Hace unos días, regalé la primera novela que publiqué en Amazon en marzo de 2012, en aquellos tiempos remotos del principio de la autoedición en esta plataforma, cuando formaba parte de lo que se llamó Generación Kindle. Era El medallón de la magia, junto con la otra que completa esta historia, Brianda, fueron objeto de un regalo.Un regalo mío a quien se quisiera acercar a ellas, porque era mi cumpleaños y me apetecía tener un detalle con los lectores, celebrarlo de este modo. Eso no es, como no me canso de leer por ahí, un "autopirateo", palabreja tonta donde las haya, ni tampoco es un modo de aumentar mi vanidad, como tuvimos que escucharle Mercedes Gallego y yo a un personaje que nos acusaba de perjudicar al sector editorial por regalar nuestras obras.

Eran un simple regalo.

Porque puedo hacerlo y porque quiero.

Así de sencillo.

Regalar una novela tiene sus pros y sus contras. El pro es que vas a encontrar lectores. Algunos, la inmensa mayoría, se la descargarán y jamás van a abrirla. Tenemos -todos- cierta tendencia a acumular las cosas que nos dan gratis. Si no, miraos las manos cuando salís de cualquier Feria. Volvemos cargados con una bolsa con los objetos más variopintos que, en la mayoría de las ocasiones, acaban en el cubo de la basura. Pero hay otro pro y es tropezar con alguien que sí se anime a abrir sus páginas, que se encuentre cómodo entre ellas y llegue hasta el final y, entonces, habrás encontrado un lector.

Así, de este modo, yo llegué a una lectora que en este mes se ha leído cinco de mis siete novelas. Para mí eso ya es objetivo cumplido, una maravilla porque esta novela ha reclutado lectores y son más difíciles de encontrar que las setas en un tórrido mes de verano.

El contra es que, inevitablemente, los piratas hacen su agosto. Al día siguiente de la promoción, varias páginas ofertaban gratis mis libros, algo contra lo que ya me niego a luchar, porque no es a mí a quien corresponde, sino a las personas que deberían legislar esto, perseguir a los que se lucran del trabajo de otras personas. Y uno más: los comentarios negativos.

Me llegó uno para El medallón de la magia.

Ante la estupidez del argumento empleé mi derecho, porque lo tengo, de puntualizar. Nunca, jamás, voy a entrar a decirle a un lector nada si no le ha gustado la historia, pero si su comentario negativo no tiene esa justificación o alguna de peso, sí voy a hablar. Porque me parece sumamente injusto que tenga que mantenerme callada ante la estupidez de otro y porque creo que defender mi trabajo también es mi misión, más en un caso como este que se trata de una novela que no tiene una editorial detrás.

Veréis, la crítica era... ¿absurda? Si hay algo contra lo que peleo cada día en el trabajo es con la capacidad para emitir juicios razonados que se sostengan, para enseñar a leer y a no decir idioteces. ¿Por qué no debería poder decirle a alguien que se equivoca cuando está tirando por tierra mi trabajo? Insisto, no era una apreciación subjetiva, no era ni siquiera como la otra crítica negativa que tiene esta novela que estaba justificada y a mí me ayudó muchísimo como autora. Ni siquiera como un matiz de una que tiene Brianda, en la que la lectora dice que quizá la portada no anima a leer la historia, y eso es algo que me planteo valorar porque quizá lleve hasta razón.

No. Era otra cosa.

Valoraba como algo negativo que es infantil. Una novela que lleva desde marzo de 2012 sin cambiar de categoría en Amazon: está en infantil. Por que lo es y eso, que ya está en el envoltorio de la novela misma, no creo que pueda juzgarse como algo negativo.

¿A qué viene eso en la crítica? ¿La persona que lo ha descargado no sabe leer? Y no me vale el argumento de que ha pagado por ella y, por lo tanto, tiene derecho a decir lo que le dé la gana porque me apuesto lo que queráis a que no lo ha hecho: se la regalé yo poniéndola gratis. Esta novela llevaba meses sin tener un comentario, este llegó justo tras regalarla, así que no se trata de una compra.

Dos y dos, de toda la vida, son cuatro.

Pero bueno, es que también se puso número 1 de descargas gratis, que ya me diréis qué mérito tiene eso salvo el que yo me divirtiera un rato mirándolo. Y hasta eso, según está el panorama hoy en día, genera piques tontos en mucha gente que te rebotan de las maneras más variopintas. Supongo que ese comentario buscaba más perjudicar mi reputación como autora que valorar de verdad esta novela.

Pero es que, además, esta obra, a pesar de ser infantil, tiene mil cosas escondidas entre el texto que, quizá, una persona que no es capaz de fijarse en la catalogación tan obvia que tiene, habrá pasado por alto. No se habrá dado cuenta de que, insertadas en la narración, hay referencias históricas. No son profundas porque es un libro infantil, lo he dicho mil veces, se lo escribí a mi hijo cuando era pequeño. Aparecen personajes históricos como Velázquez o Quevedo mencionados, libros como El Quijote, reflexiones sobre la inutilidad de las guerras, lugares emblemáticos del Siglo de Oro como Zocodover en Toledo o la iglesia de San Ginés en Madrid. Juego con unos versos acrósticos y presento un tribunal que jamás debería de haber existido, que condicionó la vida de miles de personas en la época: la Inquisición. Todo, insisto, de manera sutil, una excusa para poder hablarle a mi hijo de todo ello y que empezase a aprender, todo aderezado de tal manera, envuelto en una historia sencilla que un niño pudiera seguir con soltura, sin perderse en esa otra historia que está en la superficie, la de Amanda y Alonso, un soldado tan peculiar que hasta me lo han copiado en una serie de muchísimo éxito. Bueno, no creo que lo hayan copiado, creo más bien que llegamos a la misma conclusión, solo que yo lo hice muchos años antes.

Y lo publiqué.

Esta novela iba bien cuando la puse a la venta, a pesar de que no cumplía el perfil para resultar un éxito en la plataforma, pero también tuvo su tropezón inicial con una reseña cobarde y maliciosa que frenó las ventas sin decir nada de nada de ella, con una indirecta que significaba: oye, no la leáis que es una mierda, y que poco consiguió en el mundo real porque, en paralelo, estaban sucediendo otras cosas mágicas, el montón de veces que ha sido elegido por profesores de instituto como lectura para los primeros cursos de la ESO.

Fíjate tú por dónde...

Me apetecía contar esto, reivindicar lo que es mío, dejar claro que podéis decir lo que queráis de una novela que escriba: que no os ha conmovido, que no la recordaréis, que no os ha dicho nada, que no es buena... pero en ningún momento me voy a quedar callada cuando critiquéis algo sin sentido que forme parte de su misma esencia.

Porque es mía y porque yo la defenderé.

Sé que hay gente que no admite que el autor se explique, que diga lo que pretendió, pero me da lo mismo. Soy una escritora de la calle y esta novela, como otras tres que tengo, solo me tiene a mí.

jueves, 23 de marzo de 2017

CUMPLEAÑOS

A última hora de hoy me acuerdo de que estoy de cumpleaños doble. Por una parte, este blog, El espejo de la entrada, llega a sus nueve años de vida digital. Por él han pasado resúmenes de novelas, acontecimientos destacados de mi trayectoria literaria, relatos, reflexiones, noticias...

El otro cumpleaños es el de mi primera novela en Amazon, El medallón de la magia. Lleva cinco años en la plataforma. Ha cambiado varias veces de portada, la he subido varias veces (sí, a mí también me denunció algún cliente por dejarme tildes, algo que tiene guasa habiendo lo que hay) y me ha dado muchas alegrías y lecciones.


martes, 14 de marzo de 2017

LIBRERÍA MOLAR: MADRID. 17 DE MARZO DE 2017.

El viernes os espero. Será una tarde de besos y abrazos, de poder poner caras y recuperar sonrisas con las que me he cruzado en otro tiempo. Será el día de presentaros a mi última criatura, de entregárosla en manos a los que todavía no la conocéis y compartir impresiones con quienes sí la habéis leído.

No tengo que contaros que estaré nerviosa, porque seguro que os habéis dado cuenta.

Ni que decir que echaré de menos a mi padre, que estoy convencida de que, de poder estar, sería el primero en sentarse en primerísima fila.

Será el viernes 17, a las siete y media, con Mercedes Gallego como anfitriona y una preciosa librería como escenario.

Quedáis todos invitados.










viernes, 10 de marzo de 2017

EL LIBRO DE MEMORY DE PETINA GAPPAH



Sinopsis:

"La historia que me has pedido que te cuente no comienza con la conmovedora fealdad de la muerte de Lloyd. Comienza un día de agosto de hace mucho tiempo, cuando el sol me abrasaba la cara y yo tenía nueve años, y mi padre y mi madre me vendieron a un desconocido. Digo mi padre y mi madre, pero en realidad fue mi madre..."

La narradora de El libro de Memory es una mujer albina que languidece en la prisión de máxima seguridad de Chikurubi, en Harare, Zimbabue, donde está encarcelada por asesinato. Como parte de su apelación, su abogada le pide a Memory que escriba a una periodista americana interesada en su caso todo lo que sucedió tal y como ella lo recuerda. En su país la pena de muerte es preceptiva en casos de asesinato, y Memory escribe literalmente para salvar su vida. A medida que se despliega la narración de su vida, cuajada de un sorprendente sentido del humor, sabemos que ha sido juzgada y condenada por el asesinato de Lloyd Hendricks, su padre adoptivo. Pero, ¿quién era Lloyd Hendricks? ¿Por qué Memory no siente remordimientos por su muerte? Y, ¿sucedió todo tal y como ella lo recuerda?

Moviéndose entre las barriadas de los negros pobres y las zonas residenciales de los blancos ricos, entre pasado y presente, Memory va tejiendo un relato fascinante en el que se entrelazan el amor, la obsesión, la inevitabilidad del destino y las trampas de la memoria.

NOVELA FINALISTA DE LOS PREMIOS BAILEYS WOMEN’S PRIZE FOR FICTION Y PRIX FEMINA 2016.

Mis impresiones:

La primera noticia que tuve de este libro fue en el momento en el que lo tomé entre las manos. Lo siguiente que me dijeron es que era una historia dura, pero que estaba narrada con un tremendo sentido del humor, desdramatizando en todo momento la situación por la que pasa la protagonista.

Memory se nos presenta como una reclusa de la prisión de máxima seguridad wn Chikurubi, en Harare, Zimbabue. Es albina y está condenada a muerte por el asesinato de un blanco. La narración de esta historia corre a cargo de la misma protagonista, una primera persona que va contando, de manera desordenada, las circunstancias que la han llevado allí, a esperar una sentencia de muerte. Lo hace porque le han pedido que le cuente a una periodista americana su historia. Su abogada ha pensado que quizá eso, contar todo según ella lo recuerda, pueda ayudar en su apelación.

Escribe, como dice la sinopsis para salvar la vida.

La crudeza de la prisión está presente en esas líneas que va componiendo poco a poco, pero la visión de Memory siempre deja un poso de ironía que hace que tú, como lector, te encuentres en algún momento sonriendo ante lo que te cuenta, aunque si lo piensas un poco no tiene nada de gracioso.

Memory, como su nombre, bucea en la memoria, rescata los recuerdos de infancia de su barrio pobre, donde vivía con un padre muy especial y una madre que siempre estaba aquejada por terribles dolores de cabeza. Narra las carencias, pero del mismo modo pone una luz especial en los momentos felices, cuando se vestía con el traje de Navidad, los momentos en familia que para ella son su mejor tesoro. Recuerda a sus hermanas, habla también de un hermano que no conoció, porque murió antes de que ella naciera, y también de la pequeña, que se ahogó en un cubo. Notas en su narración que hay algo que le duele de manera especial, y es haber sido vendida por sus padres a un hombre, el mismo por el que la acusan de asesinato, un hombre blanco que se convierte en su mentor y que le da una educación diferente a la que le correspondería a ella.

La protagonista, además, como dije antes, es albina. En África, ser albino no es fácil, no solo porque la piel se llene de ampollas a la mínima que le de el sol (razón por la cual en esos momentos que recuerda de la infancia se queda mucho tiempo en casa) sino por las supersticiones ligadas a estas personas. Su condición de albina, sin embargo, supone una ventaja en la cárcel. El miedo de las demás a que las mire a los ojos le permite tener una celda para ella sola.

A pesar de que la narración es en primera persona, hay suficientes diálogos para que no se haga pesada. Además, el personaje principal, la manera en la que la conocemos, su ironía y su sentido del humor, junto con una narración muy buena, te obligan a avanzar. Lo que pasó con el hombre que la compró va a apareciendo solo con breves pinceladas de vez en cuando y eso empuja a seguir leyendo. Incluso todos los datos históricos que de vez en cuando salpican la narración tienen un buen tratamiento, que provoca que no se hagan pesados, como a veces sucede en algunas novelas.

Lo dije en alguna parte, el planteamiento, la persona narrativa, la misma exquisita narración me recordaron un poco al libro de Elena Ferrante, pero con la diferencia abismal de que Memory no me cae mal. A pesar de lo que haya hecho, en ella no detectas el rencor y la mala uva de la narradora de esa otra novela. La empatía es posible aquí y aunque no entiendas cientos de palabras que aparecen en el dialecto de la zona, da lo mismo, no interrumpen el sentido.

La historia está estructurada en tres partes que, aunque las titula como sus tres hogares en orden cronológico, no serán estos protagonistas exclusivos. Como digo, la narración no es ordenada y, sin embargo, sí tiene la capacidad de que el lector la ordene en su mente. Y la forma de expresarse, cuidada, pero sencilla, hace que la lectura sea fluida todo el tiempo, a pesar de las muchísimas frases que salpican la novela en otro idioma y de las que es posible prescindir de su significado.

Y al final, el giro.

Simplemente sorprendente.

Os la recomiendo, es una historia interesante, diferente y bien escrita, una delicia de libro que se me hubiera pasado por alto si no me lo hubieran puesto en la mano.

martes, 7 de marzo de 2017

VENDER UN REGALO, ESO TAN FEO...



¿Te has quitado de encima ese bote de colonia que cuando lo abres te provoca ganas de vomitar? ¿O ese adorno tan feo que por mucho que te paseas por la casa no le encuentras un lugar (donde se vea poco)?

Estás siguiendo una tendencia que se llama re-gifting, volver a regalar lo regalado. Lo que me pregunto es lo ético del asunto. 

Mientras me tomo un cola cao.

Me da igual que la London Bussines School diga que es una manera de asegurarse de que alguien va a disfrutar de eso que tú no quisiste. Yo no soy de Londres, a mí me parece una descortesía. Se supone que hay una persona te mandó con toda la ilusión del mundo una agenda con las hojas en blanco para que la usaras para anotar las ideas para tu siguiente best seller... ¿y vas y se la das a tu novia para que apunte las citas del médico?

Y lo llamas re-gifting para disimular, ¿no?

Queda más chulo, pero me sigue pareciendo tan cutre como si lo dices en castellano. Un regalo lleva siempre detrás un sentimiento y si tú te deshaces de él, ¿qué puede pensar la otra persona? Esa que puso todo su cariño en ti, que perdió su tiempo en pensar, que salió a la calle, buscó una tienda y usó su dinero para tener un detalle contigo.

Es que...

Claro, que a lo mejor no se entera, pero ¿y si llega a sus oídos? ¿Y si por una de esas puñeteras casualidades del destino acaba sabiéndolo?

Se puede incluso cargar una amistad.

Bueno, una amistad no, porque los amigos no discuten por chorradas como esta, por eso en la vida solo acabamos teniendo dos o tres.

Pero ¿y si vamos más allá? ¿Y si no regalamos un regalo, sino que lo vendemos? Uf... la cosa se complica. A mí esto ya si que me parece inmoral, a no ser que te estés muriendo de hambre. Entonces puedes vender hasta el felpudo de la vecina.

Todo viene a cuento porque he visto en las redes que alguien está vendiendo un regalo mío, un regalo sin apenas valor económico, pero en el que en su día puse mucha ilusión. Me ha recordado a todos esos blogs acumuladores de libros que hacen reseñas infumables. Eso sí, tienen miles de seguidores para asegurarse de que las editoriales les surtan de libros. Y después te encuentras que montan con ellos un mercadillo.

Qué feo.

Los regalos no se venden.

lunes, 6 de marzo de 2017

INCREÍBLE

Increíble. No se me ocurre otra palabra para resumir el sábado. Las felicitaciones de cumpleaños en Facebook, sumadas a las notificaciones de los post que compartieron que os regalaba dos de mis libros (por ser mi cumpleaños), hicieron que me tomase dos largas pausas de las redes. Durante bastantes horas cerré todo en todas partes, porque también quería disfrutar de los míos. Al fin y al cabo, era mi día.

Al volver... uf...

255 felicitaciones en mi muro, más otras tantas dispersas en los grupos. Algunas más en los post de los libros. Y el teléfono, Whatsapp, el correo,  Messenger, Twitter... Incluso, por si no tenía bastante, alguien se confundió y me mandó un mensaje que no era para mí. Luego intentó disimular, pero me he estado riendo un buen rato.

Si es que a veces vamos tan deprisa que nos confundimos...

Quise agradecerlas una a una y espero haberlo conseguido, aunque os prometo que no era nada sencillo. Entraban tan seguidas que llegó un momento en el que de verdad me hice un lío.

Sobre mi regalo, esto es parte de lo que recibí de vuelta. Sé que son tops gratis, pero también sé que se ponen cientos de libros gratis al día, así que creo que me lo voy a guardar, porque fue alucinante.


USA


USA


ALEMANIA

FRANCIA


FRANCIA

MÉXICO

MÉXICO

REINO UNIDO

ESPAÑA

ESPAÑA


Me faltó capturar Brasil y Canadá, lo vi a última hora, me entretuve y sabéis que esto es muy volátil, es cuestión de minutos el que se esfume.

Espero que alguna de las más de 700 descargas que se produjeron se convierta en una lectura. Que conozcáis a Alonso de Esteban y os saque una sonrisa, que paséis un buen rato lector con Brianda y que transformen vuestras horas en una buena experiencia lectora.

Y, si queréis, contádmelo.

Estaré encantada de escuchar.

viernes, 3 de marzo de 2017

4 DE MARZO

Este día es esencial en mi biografía. Un cuatro de marzo, un miércoles, a eso de las once y media de la mañana, decidí abrir los ojos a este mundo y quedarme para ver qué era lo que se cocía aquí. Puedo decir que tuve una infancia feliz, un padre y una madre que le lo pusieron fácil, a pesar de que, cuando era pequeña, era bastante inquieta y me metí en más de un lío.

Tengo una ceja partida con la culata de una escopeta de perdigones.

Perdí la cuenta de las veces que llegué a casa ensangrentada por algún tropiezo infantil.

Una vez llené la bañera de casa con renacuajos rescatados de una acequia.

Se me ocurrió que podía ser buena idea tener un murciélago de mascota (no lo es).

Escribí una novela que años después quemé en la estufa.

Terminé la infancia cantando en un disco, grabado en los estudios Sonoland, en Coslada, si no recuerdo mal, habiéndome subido a un escenario cientos de veces con mi hermana y mis amigas, pero no me gustó mucho la experiencia y abandoné el mundo de la farándula casi, casi nada más poner un pie en él.

Después fui una adolescente bastante buena.

Menos una tarde, que cogí los patines y se me olvidó la hora de volver a casa.

O tal vez otra que me caí de la bici y parecía que me había pasado un camión por encima.

Y otra, que me dio una ventolera mental y me escapé, pero tuve que volver porque solo a mí se me ocurre irme antes de comer. El hambre me trajo de vuelta.

Después reconduje mis pasos y me llevaron a la biblioteca. Y ahí me quedé. Descubrí que los libros abrían ante mis ojos un mundo de infinitas posibilidades, de mil aventuras que concluían al cerrar sus páginas y volvían a abrirse en cuanto tomaba otro entre mis manos. De ese tiempo tengo los recuerdos más felices, las charlas con escritores de verdad, de los que aparecen ahora en los libros de texto, que con sus palabras fomentaron en mí ese deseo infantil de convertirme en escritora. Seguí escribiendo, como la hacía desde pequeña, pero con el pudor suficiente como para guardarme para mí ese aprendizaje necesario que no necesita más que tu propia mirada cuando has dejado pasar el tiempo suficiente. Encontré que tenía que seguir practicando y lo hice.

Y después la vida me dio un bofetón.

Unos días antes de cumplir mis 18, una edad que no celebré en absoluto.

La muerte hizo una visita inesperada a mi vida y me costó muchísimo reponerme. Olvidar, eso nunca, eso sigue presente pase el tiempo que pase. Me refugié en los libros, en los que leía y en los de texto, y use las palabras que iban brotando dentro de mí como terapia, como una manera de expresar la rabia que sentía. La madurez llegó de pronto, sin un aviso, y desde ese instante cambié.

La universidad. Las salidas con amigos. El fin de carrera. El paro.

No encontré trabajo enseguida, todo eran empleos mal pagados y encontré más interesante cuidar de mis abuelos, ocuparme de sus citas médicas y de la intendencia diaria. Sin darme cuenta estaba regalándome un tiempo que ahora, desde la perspectiva del tiempo, desde la nostalgia que siento desde que se marcharon definitivamente, considero impagable. Quizá en ese momento no pareciera la mejor decisión, pero ahora creo que sí.

Luego lo dejé todo y me marché a Segovia.

Sin más equipaje que la ilusión de empezar una nueva vida con la persona que quería. Sin nadie alrededor, los dos solos en un mundo tan distinto al mío que reconozco que me costó un poco adaptarme. Encontré trabajo a los tres días, pero lo cambié por otro tres meses después y ahí sigo.

Nació mi hijo y me cambió de nuevo todo, pero era un cambio aceptado, soñado y jamás me oiréis decir gilipolleces como que perdí calidad de vida. No es cierto, me la llenó de luz con sus sonrisas, con cada paso de su aprendizaje que me fascinaba. Más tarde llegó mi niña y se completó esa familia soñada por cualquiera. 

Fui FELIZ.

Lo que buscamos todos en algún momento de la vida, la felicidad que ansiamos y que perseguimos, se vino a casa y ahí estuvo mucho tiempo. Pero es frágil, se rompe cuando menos lo esperas y a mí se me quebró un día de agosto a eso de las ocho y media de la tarde. En el portal de mi casa, cuando mi marido me abrazó y me dijo que mi padre tenía cáncer. No me lo había podido contar él, tuvo que delegar porque creo que es muy difícil decirle a quien más quieres que te vas.

El resto, lo que pasó desde entonces, se resume en una caída en picado hasta que esa historia terminó. En un tímido batir de alas que se habían replegado, pero que años después tuve listas para volar de nuevo. Ya no era FELIZ, se quedó en feliz, pero lo conseguí. Empecé a soñar de nuevo, a tener proyectos y solo entonces la escritura se puso en primer plano.

Y conseguí más de lo que en realidad estaba buscando.

Eso sí, no ha sido un camino de rosas, ha tenido baches y espinas, momentos duros, personas malvadas (por no decir muy hijas de puta, que queda feo) que se tomaron la libertad de meterse en mi vida y sembraron de oscuridad un camino que tendría que haber estado lleno de luz. Su toxicidad fue tal que me costó años librarme de su veneno. Pero el cáncer se trata con quimioterapia, la medicina fue casi tan dura como el tumor. Me dejó rendida.

Hoy cumplo 47 años y creo que puedo decir que ambas cosas las he dejado atrás, enfermedad y presunto remedio.

Y estoy dispuesta a conseguir el objetivo que me he marcado.

Ser FELIZ.

Que no es poco...

martes, 28 de febrero de 2017

LA CIUDAD TRAS LA PENUMBRA DE JAVIER NUÑEZ



Sinopsis:

Cuando despertó, Ricardo Herrero no reconoció la cama en la que había dormido. En el armario había ropa de hombre, pero no era suya. Trató de recordar cómo había acabado allí y, para su sorpresa, se percató de que había olvidado todo su pasado. Lo más extraño, sin embargo, fue salir a la calle para preguntar en qué ciudad estaba y que nadie le ayudase. La gente le ignoraba de una manera abiertamente deliberada. Entonces, una voz habló a su espalda. Cuando se volvió encontró a una chica jovial de unos veinte años que vestía un chándal rosa chicle y calzaba zapatillas de Barbie. 
"—¿Dónde estamos? —le preguntó 
Ella se encogió de hombros.
—¿Cómo es posible que no lo sepas?
—Tampoco me parece que tenga demasiada importancia."
En ese momento no tenía forma de saberlo, pero La Ciudad y aquella chica iban a cambiar su vida de un modo definitivo y para siempre.

Mis impresiones:

No es la primera vez que leo algo de Javier Nuñez. Hace unos meses leí un relato de terror y, aunque no se trata de mi género favorito, reconocí en él que sabe mantener el pulso y la tensión de la historia, además de que maneja el lenguaje a la perfección. Tenía ganas de ver cómo se manejaba en un relato más largo y he llegado a esta novela, la última que ha publicado en Amazon y que puedes conseguir aquí.

Así que en la última semana he leído la novela, La ciudad tras la penumbra, una historia que no sé cómo catalogar. Está en ciencia ficción, fantasía y terror, pero no sé si es exactamente solo eso. La novela plantea un dilema. Ricardo, un joven, despierta un día en una cama que no es la suya, en un apartamento que no reconoce, en una ciudad extraña que tiene una particularidad: todos sus habitantes parecen ignorarle. ¿Todos? No. Hay una muchacha, una joven en torno a los veinte años, Leticia, jovial y alegre, que sí le sonríe y no esquiva sus preguntas, pero que tampoco le ayuda mucho porque no tiene ninguna respuesta para ellas. Parece una niña pequeña, vestida con ropas infantiles y que pinta dibujos de niño, atrapada en el cuerpo de una mujer.

Ricardo, desorientado por no poder recordar nada de su pasado, pero a la vez estando seguro de que no pertenece a ese lugar, trata en vano de escapar de la ciudad extraña en la que se encuentra y a la que no sabe cómo ha podido llegar. En la primera parte de la novela, narrada en tercera persona, todo son preguntas sin respuesta, sucesos cada vez más extraños a los que Ricardo trata de aportar algo de luz sin conseguirlo. El lector, mientras, se pregunta con él qué pasa, y es en la segunda parte cuando averiguamos qué ha sucedido. Entonces, con él, también llegan las dudas sobre si aquello que ha vivido es real, las implicaciones que tiene y la necesidad de seguir aclarando dudas para no volverse loco.

Del resto, mejor no cuento nada porque sería todo un spoiler y ya sabéis que no lo hago. Inciso: una reseña no es un examen para ver si os habéis leído el libro, que leo por ahí algunas que son para dar a quien las escribe por destripador de novelas. Bien está contar algo, pero todo, todo, todo, no, que esto no es un examen de secundaria...

Sigo.

Lo que sí os diré es que la historia es interesante, está muy bien escrita (¡gracias, aún queda gente autoeditándose que merece la pena!) y te hace pensar. Plantearte cuestiones que la ciencia no puede resolver y que solo podemos ficcionar a partir de la imaginación. Desde cero completamente, Javier Nuñez crea un mundo, una explicación para un hecho médico que, a día de hoy, sigue siendo un interrogante y lo convierte en una novela que ha logrado, al menos conmigo, mantener la atención durante todo el tiempo de la lectura.

Los personajes principales de esta historia giran todos en torno a Ricardo Herrero. Sara, su novia, Leticia, la muchacha que encuentra en esa ciudad, sus padres, Luis y Amalia. Frente a estos secundarios de primer orden, existen otros personajes de los que se sirve para conducir la trama: el conductor del autobús, la anciana del bosque, la enfermera, el doctor, los extraños ciudadanos de ese lugar sin nombre cuyo final no se atisba en el horizonte... Todos ellos están perfectamente descritos, no cuesta nada imaginarlos, así como la ciudad.

Os animo a que os sumerjáis en esta historia. Es distinta a lo que había leído hasta ahora y explorar siempre es bueno.

Abre la mente.




sábado, 25 de febrero de 2017

DETRÁS DEL CRISTAL



Se ha vuelto a agotar en Amazon. Esta información es irrelevante, pero es para recordarme a mi misma que las cosas no las sueño, que suceden. Que la novela se vende y se publica que ya no está disponible.

Es que me da rabia cuando me dicen lo contrario.

Todavía la podéis conseguir en digital en la misma página, tan solo por 1,89€. Si os fijáis, es mucho más barata que la inmensa mayoría de las novelas que están en Amazon. Salvo a media docena de lectores, y un par de trolls, ha gustado bastante, así que quizá hasta sea una apuesta bastante segura.

No van a ponerla en un kindle flash (no lo creo, no le han hecho ni un guiño desde que se publicó), tampoco os llegará en un correo masivo a casa, así que me queda contarlo a mí. Intentar que le deis una oportunidad, aunque haya quien dice que al autor es a quien menos caso hay que hacer en estas ocasiones.

Ya, pero es que yo no tengo a nadie que lo haga por mí, así que me toca.

Además, no me da pudor porque esta novela es bastante bonita.

Tierna y dura a la vez. Triste en el fondo, pero hay ratos en los que te puedes estar riendo a carcajadas.

Y es romántica, pero no rosa. No le pongáis ese adjetivo despectivo, esa etiqueta con la que hay quien cree que se distingue este subgénero de novela del movimiento literario del XIX. Ni le queda bien, ni es el suyo.

Os dejo el enlace. Bueno, más bien el principio. Para que decidáis por vosotros mismos.


martes, 21 de febrero de 2017

GANADORES DEL SORTEO DE SU CHICO DE ALQUILER

Ya tengo los números ganadores del sorteo de dos ejemplares en papel de Su chico de alquiler. Las ganadoras, poneos en contacto conmigo para que os lo envíe. Podéis consultar la lista de participantes en el siguiente enlace:


Muchísimas gracias por participar y por vuestra paciencia por el desastre que soy haciendo sorteos.

Laura Sanz

María








lunes, 20 de febrero de 2017

LECTURAS SEMANALES

Esta semana me he embarcado en un reto personal, leer a autoras americanas clásicas de literatura romántica, de las que llevan vendidos millones de ejemplares de sus novelas y han sido traducidas a varios idiomas. Lo he hecho porque no tengo ni la más remota idea de qué escribían, ya que mis lecturas, las que llevo a las espaldas y constituyen mi bagaje lector, no tienen nada que ver con esto.

Lo he dicho un millón de veces, soy más de la generación del 98 que de los best-seller actuales, me motiva más un libro de García Márquez que leer las últimas novedades editoriales, y creo que si he aterrizado en un género como la romántica ha sido por casualidad. No "cumplo" muchas veces expectativas porque en realidad no son las mías como lectora y, de manera inconsciente, o quizá más consciente de lo que parece, me aparto de lo típico.

Es por eso por lo que decidí echar un vistazo a la biblioteca de mi madre y saquearla, trayéndome los libros de romántica que encontré.

Ya he leído dos.

El primero de ellos era de Nora Roberts: Turno de noche. Me ha dejado indiferente. No he conseguido creerme la trama, sentir miedo cuando la protagonista está siendo acosada por uno de sus oyentes o notar la química de los personajes protagonistas, la locutora y el policía, cuando se enamoran. La escritura es plana y tampoco he sacado nada de ella.

Me ha hecho sentirme un fracaso como lectora de romántica.

El segundo ha sido El fantasma de Danielle Steel. De este tengo mejores noticias, sí me ha gustado cómo cuenta la historia, aunque la estructura no me haya convencido en absoluto. Al menos no era plana, por lo menos ha habido momentos en los que me encontraba a gusto leyendo. Sin embargo, la historia romántica de Charlie, el arquitecto protagonista, tardaba un siglo en arrancar. Se entretiene mucho en los prolegómenos de su ruptura con Carole y me lo cuenta todo tantísimas veces que las cien primeras páginas de la novela se hubieran podido resumir en tres y no hubiera pasado absolutamente nada. Luego está la otra historia, la de Sarah Ferguson, que Charlie va leyendo en sus diarios. Creo que podría haber funcionado como novela independiente, interrumpe demasiado la otra trama porque no lo hace en pequeños fragmentos sino en capítulos enteros que te sacan de la primera historia. Para cuando regresa a la de Charlie ya ni te acuerdas de por dónde iba a su vida. Es verdad que sin la historia de Sarah la de Charlie se queda muy coja, eso tengo que reconocerlo, pero también sé que menos es más, y que menos páginas habrían conseguido un mejor resultado, o que los fragmentos del diario de Sarah, interrumpidos más a menudo por la historia del arquitecto, para mí tendrían más interés. O incluso, si me apuráis, que la historia de Sarah, por sí misma, ya tendría entidad para ser una novela sin necesidad de contar la de Charlie.

Lo cerré ayer con una sensación ambivalente.

Tengo dos más, dos novelas que leer esta semana para ver qué me estoy perdiendo.

Espero tener mejores noticias.

Por otro lado, intenté leer una novela romántica de las que se pueden descargar gratis en Amazon. Más de lo mismo. Portada chula, sinopsis medio atractiva, pero un completo desastre. No tiene nada que indique que eso, pasando por un mínimo filtro, pudiera estar publicado. Lo que sí tiene es unas faltas de ortografía como camiones, de las que te sangran los ojos cuando las ves. Y se repetían de manera recurrente. No era un fallo puntual, era un problema más serio.

Me juré que no iba ni a intentar volver a leer esas novelas, pero me sigue quedando la esperanza de que todavía puede existir algo bueno por ahí. Aunque tendré que buscar entre lo escondido, lo visible, de momento, no tiene pinta de mejorar el terrible panorama en el que estamos.

DOCUMENTARSE AL ESCRIBIR. ESO...

Escribir historias es un proceso complejo que no solo consiste en sentarse a poner en palabras las ideas que bullen por la cabeza. Necesita un mínimo de planificación para que todo el esfuerzo llegue a buen puerto, para que lo que contamos tenga pulso, ritmo, mantenga el interés y el lector continúe hasta la última línea.

Hace falta el dominio mínimo de la técnica, conocer el vocabulario de nuestro idioma, las acepciones precisas de las palabras para no encontrarnos con las burradas que a veces aparecen en los textos.

Las palabras significan lo que significan, no lo que a nosotros nos apetezca.

Existe otra fase, la documentación para que los escenarios donde movemos a los personajes se correspondan con algo, al menos, verosímil. Y, además, un conocimiento del ser humano básico, que nos permita crear seres inexistentes, pero cuyo corazón lata y que tengan un comportamiento acorde con la realidad.

Verosímil, esa palabrota de la que parece que algunos no han escuchado hablar en su vida.

No me vale, ni a nadie debería valerle, que algo venga bien en la historia para mostrarlo como una verdad absoluta donde sostener una trama, es necesaria una mínima base de realidad para que un personaje no tenga comportamientos absurdos. Y para que esa trama no se caiga cuando una persona con un mínimo de inteligencia se acerque a ella.

A esto es a lo que voy a referirme hoy en este post.

Veréis, cuando planteo una historia, busco situaciones excepcionales en las que colocar a personas normales para, a través de la novela, ver cómo salen de ellas. Sé que muchas veces me arriesgo a que no se entienda muy bien por qué los meto en semejantes líos, pero me apetece salirme del carril (que conozco más de lo que os imagináis) porque estoy muy cansada de los estereotipos.

La chica buena, amable, generosa, abnegada y que actúa como salvadora del malote que en el fondo no lo es tanto, que solo se cubre en una apariencia para protegerse de un pasado tumultuoso.

Dejemos los tópicos para los secundarios, que al fin y al cabo solo son apoyos para los personajes principales. Hagámonos todos el favor de ser menos simples.

Cuando me pongo a crear un personaje que difiera de este comportamiento manido y recurrente, tengo trabajo extra que lleva su tiempo: documentarme. Leer mucho sobre personas de verdad, preguntar a expertos (psicólogos, psiquiatras) o buscar en toda la información que gracias a las nuevas tecnologías tenemos a nuestra disposición en la red. No escribo nada porque sí, porque venga bien es más, cuando alguna vez meto la pata (soy humana), también cuento con lectores cero expertos en la materia que me dicen "esto no" y tengo una facilidad pasmosa para darle a la tecla de suprimir y empezar de nuevo.

No presento nada a los lectores que no haya pasado mil filtros. Quizá por eso no publico de semana en semana, sino de año en año.

Por eso me molesta, y mucho, cuando encuentro un libro en el que los protagonistas no tienen un comportamiento que se ajuste a nada coherente. Puedes hacerlos víctimas de alguna patología, pero tienes que informarte de cómo funciona esta para no decir alguna salvajada, por mucho que después tus fans te aplaudan por ello porque les ha parecido divino de la muerte que un hombre con un trastorno por estrés postraumático, por ejemplo, se recupere de él en diez segundos al ver a una mujer que ha descubierto, casi solo con mirarla, que es el amor de su vida. Y eso que un psiquiatra no ha podido ni sacarle media docena de palabras.

¡Venga ya!

¿Eso es lo que queremos los lectores de romántica? ¿Ese es el camino para que se recupere el respeto por un género que lo está perdiendo a pasos agigantados? Porque, permitidme que os lo diga, no nos lo tienen. Ni a los lectores ni a los que escribimos. Desde fuera se nos ve, a nosotras, las escritoras, como marujas aburridas que no saben hacer otra cosa. A las lectoras, porque se identifica el género solo con mujeres, como personas sin ningún criterio que consumen lo que les echen (igual de feo que suena te lo dicen), siempre y cuando haya mucha "química". Y lo pongo entre comillas porque esa química, desde 2012, solo es mucho sexo. Saturar las novelas de escenas que ni siquiera vienen a cuento para satisfacer una moda que está haciendo más daño que favor.

Es verdad que vende, pero... el precio es muy alto.

No estoy diciendo que yo lo haga bien, al contrario, creo que todavía tengo que aprender millones de cosas, pero también creo que estoy entrando en una fase de desmotivación que va casi tan rápido como la falta de respeto por el género. Porque el esfuerzo, la constancia, la coherencia, la verosimilitud, la paciencia, las revisiones, el documentarse... parece que tienen menos valor que el publicar y publicar, el decir tontadas en poco más de cien folios y lanzarlas con portadas molonas (de piernas o espaldas) que es lo que vende.

Y si llega alguien, como yo, y dice que este no es el camino, que nos respetemos un poco, que nos fijemos en lo bueno que hay, que lo hay y mucho, entonces eres la oveja negra a la que atacar con comentarios negativos incluso antes de que se publiquen las novelas. Incluso teniendo el valor de, sin haber leído más que algunas páginas (o ninguna, lo repito) juzgarlas con una dureza que no detecto en cosas que dan grima.


viernes, 17 de febrero de 2017

ESE VACÍO...



Llevo días sin escribir. Lo he intentado. Cada mañana, en mi paseo con el que inauguro el día, he ido poniendo ideas en orden, trazando un sendero por el que transitar que se dibujaba al ritmo de mis pasos. He ido decidiendo, entre mis pinos, a cuál de las historias empezadas iba a ponerle todos los sentidos. Mientras mis pies se iban hundiendo en la arena, planificaba escenas y decidía diálogos que, una vez en casa, delante del ordenador, se escapaban de mi mente.

Toda la lucidez del paseo se volvía niebla cuando me sentaba delante del teclado.

Por eso, y quizá porque estos días han sido un poco fuera de lo común, al final he optado por ni siquiera intentarlo. He dejado de manera voluntaria que pasen las horas sin dejar constancia de ellas en las palabras entre las que me entretengo.

Un descanso.

Un respiro después de un año en el que he parido dos novelas y cuatro relatos.

Parece lo lógico, darse tiempo cuando uno ha hecho un esfuerzo enorme para recobrar el aliento, pero no sé si es buen síntoma. Escribir es como correr, hay que entrenar cada día porque, si no, se pierde la forma, se te escapa la lucidez a una velocidad muy superior a la que empleaste para llegar a ella. El pulso se torna errático y las palabras no encuentran el acomodo perfecto en las frases.

Y empieza el miedo.

Miedo a no ser capaz, miedo a que todo haya sido solo una etapa vital de las que superas. Miedo al tiempo oscuro entre unas y otras en el que no sabes ni lo que quieres ser. Miedo a que no aparezca algo que te llene y vacío al despedirte de lo que lo había hecho tanto tiempo.

O, tal vez, solo sea que estoy exhausta, que llevo tanto tiempo intentando rendir por encima de mi misma que he llegado a un punto en el que se impone que descanse, que me dé una tregua. Hasta que, sin forzarla, la musa vuelva a soplar con fuerza en mi oído y me invite, de nuevo, a esa fiesta interior que se desboca cuando ella me habla.

Habrá que sentarse entre los pinos, relajarse y esperar.

El tiempo acaba hablando, igual que las musas.

Siempre.

jueves, 16 de febrero de 2017

PARTICIPANTES EN EL SORTEO DE SU CHICO DE ALQUILER EN PAPEL

Reedito esta entrada completa porque yo creo que hoy me he levantado con el pie izquierdo, me he dado un golpe en la cabeza y no reacciono. Os cuento qué ha pasado con este sorteo porque tiene tela.

Tengo configurado el blog de manera que los comentarios de más de catorce días los tenga que moderar. Es así porque las entradas antiguas se me llenaban de spam y de ese modo puedo verlo antes de que se publique. Tiene una pega, si no miro la bandeja de comentarios sin moderar, no me entero de que algunos se quedan ahí que no son basura.

Ya me parecía a mí que participaba poca gente en el sorteo, pero bueno, a veces pasa que no consigues la difusión de una entrada del blog y, si soy sincera, este blog mío tiene un tráfico tan moderado que hasta podía ser.

Pues no, no era. Algunos comentarios estaban ahí, esperando a que yo me diera cuenta de que los tenía ocultos. Ha tenido que venir María José Moreno (gracias, eres lo más) a decirme que ella recordaba haberse apuntado, que mirase a ver si los tenía que moderar.

Cuando lo he visto quería que la tierra me tragase.

Como todo ha sido un desabarajuste, amplío el plazo hasta este viernes para apuntarse al sorteo aquí

El reparto de números queda va así iré editando la entrada si hay nuevos participantes:

Almudena, del 1 al 6.

Agatha, del 7 al 12.

Carmen, del 13 al 18.

María, del 19 al 24.

Laura Sanz, del 25 al 30.

Mari, del 31 al 36.

Maribel Lirio del 37 al 43

María José Moreno del 44 al 50

Madre desesperada del 51 al 57

Mar Jurado del 58 al 64

Mayte Uceda del 65 al 71

Fina del 72 al 78

Laura Comella del 79 al 84

Margalida Ramon del 85 al 89


No sé si me voy a volver a meter en el lío de organizar un sorteo. Bueno, quizá sí, nos reiremos un poco porque, estoy segura, no sabré hacerlo bien a la primera. 

lunes, 13 de febrero de 2017

ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS




Fecha de salida en papel: 15 de febrero.
Formato: bolsillo.
Precio: 7,95€

Sinopsis:

Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.

Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


Nunca os he pedido un favor, pero esta vez me atrevo. En este blog hace tiempo que estamos como en casa, así que os considero parte de mi familia digital. Sé que muchos tenéis pensado comprar el libro en papel, porque me lo habéis ido contando. Lo entiendo, porque el precio es más que atractivo. Os voy a pedir una cosa. Si de verdad lo tenéis pensado, hacedlo cuanto antes. Los libros duran cada vez menos como novedades, tienen un tiempo muy corto de estancia en las librerías. Enseguida vienen otros que deben ocupar ese espacio y si tienen suerte se quedan un tiempo en la tienda, pero en muchos casos se devuelven y se marchitan esperando no se sabe qué en los almacenes.

Por eso os pido este favor, que si tenéis decidido que lo queréis en papel, no esperéis al verano. Ni siquiera a mayo, porque quizá ya no esté en muchos lugares.

Y ya que nos ponemos, si os gusta, quizá no venga mal que lo comentéis. O que se lo comentéis a vuestra vecina. O que se lo regaléis a alguien por su cumpleaños...

Voy dando ideas.

Por cierto, yo hoy he recibido el primero del mío. Espero que me dé suerte.


Si lo queréis en versión digital, aquí se puede conseguir. 2,84€. Más barato imposible.

sábado, 4 de febrero de 2017

LA HISTORIA DE CAS DE LAURA SANZ



Sinopsis:

De manera accidental, Eli, una chica de clase alta, familia acomodada y portada de revistas, conocerá a Cas, un hombre que no pertenece a su mundo y que no la tratará con guantes de terciopelo, algo a lo que ella está acostumbrada. A pesar de sus diferencias comenzarán una aventura fugaz que pronto se convertirá en algo más. Pero la realidad, las mentiras, algunas malas decisiones y un turbio asunto en el que se verán envueltos lo complicarán todo.

Mis impresiones:

He esperado unos días para hacer esta reseña y no porque no haya leído la novela: al contrario, la leí hace unos días, antes de que Laura Sanz la publicase y, mientras lo hacía, sabía que acabaría aterrizando en el blog. Los que me seguís, sabéis que no hace mucho leí la primera novela de Laura, La chica del pelo azul, una novela de fantasía que plantea un viaje en el tiempo. Me gustó mucho cómo la autora se movía entre las palabras, y me planteé no perderla de vista.

Luego empezó la sucesión de serendipias. Una amiga común. Laura que conoce a mi madre (yo aún no la conozco a ella). Las dos nacimos en Guadalajara...

Yo qué sé, el caso es que acabé leyendo el borrador y sumergiéndome de lleno en esta historia en la que, como bien ha dicho alguien "ni el tipo duro es tan duro, ni la chica frágil es tan frágil". 

Cas es mecánico de motos de una isla. Eli es una asidua de las revistas del corazón, de vacaciones con sus amigas. Viven en dos mundos separados por millones de prejuicios, pero una mala maniobra al aparcar los pone frente a frente y se desata algo insospechado entre los dos. Primero, probablemente, solo se trata de curiosidad. Después, quizá sorpresa por lo que ambos son capaces de sentir por alguien que es casi un desconocido. La novela cuenta una historia de amor con sus vaivenes, con secretos que no se cuentan porque es posible que su romance no llegue a más que un rollo de verano, pero ambos acabarán superados por sus sentimientos.

Alrededor de los protagonistas, más personajes: las amigas de Eli, sus insoportables padres, ese novio, Lalo, que no hay por dónde cogerlo y los hermanos de Cas: Jan y Till, para los que Laura se reserva dos novelas más que nos ha prometido para los próximos meses.

No os voy a contar más de la novela, no procede; solo os diré que es romántica, que no es empalagosa, que asume el riesgo de una protagonista no demasiado convencional (ya sabéis, a mí me gusta el riesgo) y que cumple con creces con lo que promete.

Y ahora os cuento algo más.

Una sorpresa para mí.

Al principio de la novela, en esa página que nos reservamos para las dedicatorias o los agradecimientos, mi nombre.

Me emocionó, no creo merecerme ese honor que hasta ahora no me había concedido nadie. Solo estuve ahí los últimos días, aportando algo no es más que apoyo para no salir flotando o caerte de golpe cuando te sucede lo que le ha pasado a Laura con esta novela: ponerte en el número uno de Amazon al día siguiente de publicarla. Y ahí sigue, una semana después, con mayoría de excelentes opiniones (y alguna, como es normal, un poco regular, pero no le podemos gustar a todo el mundo. Incluso a veces nos ponen pegas que no tiene el libro, pero son gajes del oficio y cosas de estar arriba).

Le deseo lo mejor con esta novela, que siga dándole tanto como esta primera semana. Sé que cuando suceden cosas así, sientes que te crecen alas...

viernes, 3 de febrero de 2017

UN MONSTRUO VIENE A VERME DE PATRICK NESS



Sinopsis (extraída de Amazon):

Siete minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el arduo e incansable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, antiguo... Y quiere lo más peligroso de todo: la verdad.

Maliciosa, divertida y conmovedora, Un monstruo viene a verme nos habla de nuestra dificultad para aceptar la pérdida y de los lazos frágiles pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida.

Mis impresiones:

Este libro no es mío, es un préstamo. Un regalo de otra persona que, al final, he leído yo primero. Supongo que como mucha gente, llegué a tener conciencia de él a través de la película de Bayona (película que no he visto, por cierto). Ha sido una lectura intensa, de esas que despiertan tantas emociones que yo, la que no llora con los libros, se ha descubierto con lagrimones por la cara, quizá porque todos alguna vez nos vemos en la tesitura de vencer al monstruo y no resulta complicado empatizar con Conor, el pequeño protagonista de la historia.

El libro que tengo en mis manos tiene un prólogo del director de cine, un prólogo bellísimo del que algunas frases danzaron mucho rato en mi cabeza.




Un monstruo viene a verme, además de una película, tiene otra historia a su alrededor, una que a mí me sorprendió porque tampoco conocía. Vale, lo pone en la portada, pero hasta que lo leí las palabras de Patrick Ness dentro, no fui consciente de a qué se refería. Esta novela está basada en una idea de otra autora, Siobhan Down, de la que tampoco sabía nada. Como se puede comprobar, mientras leía este libro casi todo era nuevo para mí. Siobhan murió cuando tenía los personajes, el inicio de la novela, pero no le dio tiempo a escribir la que habría sido la quinta de su historial. Patrick Ness recibió el encargo de completar esa novela, pero dudó, porque no sabía si estaría a la altura. No era cuestión de imitar su voz y no lo intentó: solo pensó en escribir algo que a ella le hubiera gustado leer.

(Aquí hago un inciso. Este verano escribí otra de esas novelas que siento impublicables y esto que os cuento me la devolvió a la mente, porque es casi la misma premisa.)

La historia de la novela es sencilla: un tejo, transformado en un árbol monstruoso que cobra vida, le va contando historias a un niño, que no está pasando por su mejor momento. Todas parecen incoherentes a ojos de Conor, historias en las que nada sucede de acuerdo a la lógica y que siempre le acaban enfadando. Sin embargo, a Conor el monstruo no parece darle tanto miedo como la pesadilla que lo persigue desde hace meses y busca refugio en él, es quien acaba convocando su presencia, quizá para no sentirse tan solo. Porque hay algo que le está haciendo crecer a marchas forzadas, su madre está enferma de cáncer y las cosas no pintan nada bien. Él se siente mal, no solo en casa, no solo por la relación que tiene con su abuela o con su padre, figuras por las que no siente tanto apego como por su madre, sino en el colegio, donde no soporta dos cosas: la lástima que demuestran, sobre todo los adultos, y el acoso de Harry y sus amigos.

Sin embargo, la aparente sencillez argumental de esta historia se vuelve de una profundidad emotiva por la manera de estar narrada. Conor no tiene miedo al monstruo que viene a verle cada noche a la misma hora, tiene miedo a su propia pesadilla, una pesadilla de la que no saldrá si no es afrontándola.

Un apunte solo: yo no veía una película mientras leía. Me pasa a veces, que hay libros que son tan visuales, que tienen tantos elementos en los que apoyar la imaginación que encuentro una secuencia de imágenes en mi mente lista para darle la forma de un film. Pues en este caso, no. Quiero ver la película de Bayona porque me resulta curioso cómo ha podido transmitir todo lo que transmiten (vale, me repito, pero llevo un rato pensando en un sinónimo y no me sale) los diálogos entre Conor y el tejo, o con su abuela, o con su madre. Quiero ver si es algo más que efectos especiales (creo que sí, por lo que me han contado).

Pero eso ya será dentro de unos años, cuando la pongan en la tele.

A mí lo de ir al cine me queda muy lejos.

miércoles, 1 de febrero de 2017

MICROMADRUGADA



Siempre digo que la peor manera de acabar una historia es dejarla en puntos suspensivos. Colgando del último, aferrada a él, se queda la esperanza. La de que un día esa persona regrese y nos volvamos a sentir arropados en aquella historia que nos llenó tanto. Pero no te engañes, con esa secuencia imperfecta, con ese final que no sabes si lo ha sido, se marchan también la felicidad completa, las risas tontas, los besos en el pelo y las dichas compartidas.

Los planes.
El futuro.
Los sueños.
Los deseos.

No te engañes.

La vida no es una novela que se pueda reescribir para que todo encaje. La vida fue y los días dulces se marcharon. Se fueron incluso las tormentas y ya no queda nada.
Ese abrigo verde colgado del perchero de unos puntos que, en el final de una historia, nunca deberían ser suspensivos.

Por el bien de tu corazón.

domingo, 29 de enero de 2017

HARRY POTTER Y EL LEGADO MALDITO

Basada en una historia de J.K.Rowling. John Tiffany y Jack Thorne.



Sinopsis:

Ser Harry Potter nunca ha sido tarea fácil, menos aún desde que se ha convertido en un atareadísimo empleado del Ministerio de Magia, un hombre casado y padre de tres hijos. Y si Harry planta cara a un pasado que se resiste a quedar atrás, su hijo menor, Albus Severus, ha de luchar contra el peso de una herencia familiar de la que él nunca ha querido saber nada. Cuando el destino conecte el pasado con el presente, padre e hijo deberán afrontar una verdad muy incómoda: a veces, la oscuridad surge de los lugares más insospechados.

Mis impresiones:

Siempre digo que en el blog solo aparecen los libros que me gustan muchísimo, pero hoy voy a hacer una excepción a medias. No puedo decir que no me haya gustado, volver al universo Potter es algo que me apetecía, pero me ha descolocado bastante. No sé si encaja en esa norma propia de solo poner lo que recomiendo sin pensar a quienes me quieran escuchar.

¿Y por qué entonces está aquí?

Pues porque creo que necesito poner en palabras escritas las sensaciones contradictorias que he tenido con esta obra. Tal vez para, yo misma, entender.

Empiezo por la sinopsis. Con las palabras que aparecen en ella, desde luego no se hace ningún spoiler de lo que sucederá en el escenario, aunque tampoco imaginé de qué iba. No he leído una sola reseña antes de ponerme con el libro, porque no quería condicionarme. La sensación al leer esa sinopsis fue que la historia giraría en torno a Harry y su hijo Albus, pero... no necesité leer muchas páginas para darme cuenta de que Harry no pasa de ser un secundario en todo esto. Los verdaderos protagonistas serán Albus, su hijo, y Scorpius, el hijo de Draco Malfoy, un par de marginados que acaban convirtiéndose en los mejores amigos, algo curioso teniendo en cuenta la pésima relación de sus padres cuando estuvieron en Hogwarts.

No quiero desvelar la historia, es mejor que la conozcáis por vuestra cuenta, que decidáis si os gusta o no. La trama juega con viajes al pasado y cómo, el alterar pequeños detalles, altera el presente de manera inevitable. Juega con la posibilidad de que Voldemort pudiera retornar y pusiera de nuevo en peligro el mundo de la magia.

Lo que me ha resultado difícil de entender ha sido la evolución de los personajes. Ron es idiota; ya era un poco bobo de adolescente, pero lo de adulto es de traca. Harry ha perdido su chispa. A Hermione, tampoco la reconozco y lo de Draco, pues mira, eso sí me gusta, porque tengo la sensación de que su evolución está justificada en la obra, aunque es como un doble salto mortal. Lo que quiero decir es que no los he reconocido.

A lo mejor al madurar no nos parecemos en absoluto a los adolescentes que fuimos, es posible.

La parte "técnica" es quizá la que menos me ha convencido. El discurso, sobre todo al principio, me parecía demasiado inconexo. Creo que a los fans muy fans o a quienes se han leído los libros hace poco no les pasará, pero yo hace años que no vuelvo a ningún libro de la saga. Se dan cosas por supuestas que a mí creo que se me han olvidado.

Luego llegamos a que esto es una obra de teatro. A mí me gusta leer teatro, de hecho me gusta tanto que mis primeras obras (de esas que tengo en cajones) eran obras de teatro. Una de ellas incluso la ensayamos en el instituto. El teatro tiene sus reglas para ser escrito y en esta obra algunas caen fulminadas (no sé si por algún hechizo).

La primera, las acotaciones. Al principio de la obra las hay, pero a medida que avanzamos se van haciendo cada vez menos frecuentes y las que aparecen, las que no lo hacen entre paréntesis, no son acotaciones teatrales, son otra cosa. Más literarias.

Voy a hacer un spoiler, no leáis si os ponen de los nervios, pero lo necesito como ejemplo:

En la página 28, hacia el final, hay una acotación que es absolutamente literaria:

"Se produce un silencio. Un silencio total y profundo. Un silencio que se agazapa y se retuerce, herido en su seno."

Ahí me imaginé a mi misma como directora de escena (ya sabéis que tengo mucha imaginación), dando instrucciones a los actores y a los técnicos de sonido: "Quiero un silencio total y profundo, uno que se agazapa y se retuerce, herido en su seno). Y me da la risa. Absoluto silencio, ¿no? Esto es teatro, no es novela, tampoco estamos en el género lírico, que yo sepa. No es necesario este tipo de frases, a menos que seas Valle Inclán y esto se llame Luces de Bohemia, pero no es el caso.

Hay otras zonas de la obra similares y muchas más en las que, si fuera la directora, echaría de menos acotaciones mucho más concretas. No sé si está escrito así para captar lectores que no están acostumbrados al teatro, si está publicada para aprovechar el tirón de la saga y prepararnos para la película (porque creo que acabará habiendo película).

En cualquier caso, algo muy bueno tiene: mi hijo se la leyó en día y medio sin obligarlo. Eso ya es un logro por el que merece estar aquí, porque aunque no me haya convencido del todo, sí me admira el tirón que tiene y la capacidad de conseguir que los chicos lean.

miércoles, 25 de enero de 2017

UN PEQUEÑO ANTICIPO...



Dentro de unas horas, cuando llegue la media noche, Entre puntos suspensivos estará disponible para su lectura digital. También lo estará para que podáis hacer una valoración de la novela, así que llegaré a esa otra etapa en esto de la escritura: el momento en el que sube el telón, los focos se posan en tu rostro y empieza el espectáculo. Para mí es un momento de nervios, no sé si encontraré silencio y plena atención del público, o los silbidos llenarán la sala incluso antes de que pueda pronunciar las primeras palabras.

(Lo digo por lo del otro día, igual no me dejan ni empezar antes de decir qué les parece)

Hace cuatro años que vengo publicando a principio de año y este es el primero en el que estoy sorprendida del montón de novedades que se presentan. Ganarse la atención de los lectores está quizá más complicado que nunca, pero no voy a dejar de intentarlo.

Porque quiero contaros una historia.

Porque me apetece que, mientras la leáis, vuestros problemas personales se hagan humo y solo os preocupéis de seguir lo que les pasa a Paula y a Javier. Le decía a una amiga que mis objetivos con esta novela son tres: entretener, hacer reír y emocionaros un poquito.

Espero conseguir alguno.

Os dejo con la primera escena de la novela. Para ir abriendo boca:


Capítulo 1
«Lo más valioso no es lo que tengo, sino a quién tengo.»
Anónimo

La puerta del despacho del inspector Muñoz se abre de golpe, alentando a una ráfaga de aire que hace que los papeles que reposan desordenados en su mesa salgan volando y aterricen en el suelo. El inspector, treinta y dos, pelo muy corto, ojos negros y brazos tan musculados que tiene que mandar que le hagan las camisas de encargo, se pone furioso. Tiene advertidos a todos en la comisaría que, antes de poner un pie en sus dominios, al menos se tomen la molestia de llamar con educación. Está a punto de gritar a quien ha osado entrar así; sin embargo, su primera intención muta al ver a la mujer que se acaba de sentar frente a él, sin haber sido invitada.
            —¿Vas a seguir mirándome con cara de idiota? —le pregunta ella.
Javier Muñoz espanta el desconcierto, deja de lado el comentario mental que ha hecho sobre lo que opina de lo bien que le queda el vestido que lleva y se cuelga la placa de manera imaginaria, recuperando el aplomo que ha volado con sus papeles. O más bien con la visión de quien tiene delante. Desde luego no es alguien a quien esperase en su despacho esta mañana.
            —Ya veo que has aprendido a llamar antes de entrar.
Lo dice con ironía, con intención de molestar a la visitante que ha provocado que los documentos del caso que estaba revisando se hayan mezclado por el suelo. Es uno que está a punto de prescribir, al que quiere echar un último vistazo antes de darle carpetazo. Ahora, cuando ella se vaya, tendrá que volver al principio. Es lo que esta mujer provoca siempre, desorden en su vida. Altera lo que creía listo para dejar en la estantería de los asuntos terminados y le obliga a regresar a un pasado del que nunca se ha deshecho del todo.
Con aparente tranquilidad, escondiendo de sus ojos la tormenta que se está formando en su cabeza, Javier empieza a colocar las hojas dispersas y se agacha para recoger del suelo las que han acabado allí. Cuando lo hace, desde debajo de la mesa, mira los zapatos de su visitante, las medias que realzan la perfección de sus largas piernas y observa perplejo cómo se levanta y sale del despacho. Unos toques impacientes en el cristal de la puerta le ponen en alerta y se levanta demasiado rápido, tanto que no puede evitar darse un golpe con el tablero de la mesa.
—¿Puedo pasar? —grita ella, desde fuera del despacho, tan fuerte que media comisaría tiene que estar mirándola.
            —¡Quieres no armar escándalo! —replica él, levantándose mientras se frota la cabeza.
Javier abre. A la vez que la deja entrar, lanza una mirada reprobatoria al exterior del despacho que provoca una reacción inmediata en sus compañeros de trabajo. Todos se apresuran a parecer muy ocupados. Después, cierra con cuidado, intentando retomar el control de la situación.
           —Me puedo sentar, ¿verdad? —pregunta la mujer. El tono está cargado de la misma ironía que minutos antes ha empleado él con ella.
           —¿Qué quieres, Paula? Me imagino que esta no es una visita de cortesía.
Con un gesto le indica la silla.
           —No —dice ella—. No es una visita de cortesía. Necesito tu ayuda.
Javier se apoya en el borde de la mesa, de pie, buscando una posición que la intimide. O, quizá, una en la que no acabe siendo él intimidado por ese vendaval que tiene delante. Se cruza de brazos y la mira a los ojos, intentando averiguar qué clase de ayuda puede necesitar Paula para haber aterrizado en su despacho.
          —¿Has matado a alguien? —le pregunta.
          —Eres idiota, idiota perdido. No estoy de broma.
          —No me digas más; has cambiado de idea y me vas a dejar a Valeria todos los fines de semana. Los necesitas para irte de viaje con ese novio italiano que tienes ahora. ¿Cómo se llamaba? ¡Andrea! Sí, bonito nombre para un tío…
         Paula se impacienta y además no cree que sea momento para meter a su hija en la conversación, ni tampoco a su pareja.
          —¿Ya?
          —¿Ya, qué?
          —Que si ya has dicho la tontería de turno y me vas a dejar hablar.
          —Habla.
         —Mi padre ha desaparecido.

Para saber más.... Entre puntos suspensivos