domingo, 5 de junio de 2022

BLOQUEO LECTOR




A veces pasa. A veces das con ese libro mágico que no te permite pensar en otra cosa que no sea encontrar un momento para sentarte y leer.

Cuando has conocido esa sensación, cuando alguna vez has dado con EL LIBRO, con ese que te conecta de un modo especial a una historia que no es más que letras sobre blanco, pero que toma forma en tu interior de un modo que te parece más real que la vida misma, la persigues. Y lo haces porque es una de las sensaciones más poderosas de la vida.

Tú.

Una historia.

Una aventura.

Un mundo inventado por otro que puedes completar tú, poniendo cara y voz a los personajes, añadiéndoles matices que los convierten en tan reales que casi los sientes respirar entre las páginas.

¿Lo has vivido? Porque solo si lo has vivido entenderás de lo que te estoy hablando. Quizá eres de los que, persiguiendo esa sensación se pasan horas perdidos en librerías y vuelven a casa de las Ferias con bolsas que pesan mucho. Si no, tal vez hagas como gente que conozco, que te mira raro cada vez que tus pies te conducen a cuanta librería encuentras en tu camino.

Pero otras veces...

Otras veces te equivocas.

Suele pasar cuando te dejas llevar por grandes campañas de marketing, cuando te seduce un título de esos que se piensan solo para seducir y te engaña la torre de doscientos ejemplares o las cincuenta mil reseñas en Instagram diciendo que es mejor que la mejor de las novelas. No digo que siempre suceda, pero la verdad es que me ha pasado ya varias veces y entonces...

La magia se esfuma.

La lectura se convierte en una cuesta arriba insoportable, porque aún no he aprendido a decir no del todo a los libros en los que me gasto 20 euros que precisamente no me sobran. Además, aparece un efecto secundario que no le deseo a ningún lector: el bloqueo. Empiezas a tenerle miedo a las novelas que lee todo el mundo y que elogian hasta el infinito. No encuentras nada interesante. Te pasas semanas preguntándote si es verdad que con los libros se puede sentir esa conexión o te lo has imaginado.

Tengo dos soluciones para solventar este problema cuando me lo encuentro. Son personales, quizá solo me sirven a mí, pero ayudan a que ese tiempo oscuro en el que no te satisface nada se pase cuanto antes.

El primero, releer. Buscar un libro con esa magia, de esos que ya sabes que no te van a fallar porque llevas tantas relecturas que confías en él.

El segundo, escribir. Es lo que más agradezco a los bloqueos lectores. Me enfado tanto que me entran ganas de contarme una historia que no me aburra y me posee una fiebre que hace que hasta aumente mi capacidad mecanográfica y casi logro que las manos vayan a la misma velocidad que mi cerebro.

Estoy inmersa en un bloqueo lector, he descartado muchos libros estos días, quizá más de veinte, y he aparcado algunos que no quiero leer con este estado mental porque tengo la sensación de que, si lo leo ahora, me equivocaré. Pero también he empezado una novela. Más o menos llevo una tercera parte. Igual no la termino, igual se acaban las ganas cuando se termine mi bloqueo lector, pero mientras tanto, lo sorteo así.

Cualquier cosa me vale menos no vivir entre palabras.