domingo, 15 de mayo de 2022

UNA ESTRELLA EN LA PIEL

Hace unos años, cuando empezó toda esta aventura de escribir, decidí hacerme un tatuaje. Era algo que tenía mucho que ver con haber cumplido un sueño de toda la vida, pero lo tuve que postergar porque me puse enferma. Nadie supo decirme entonces qué era lo que me pasaba -ahora ya lo sé-, pero por precaución el tatuaje se aplazó.

Me fui olvidando de él poco a poco, envuelta en la tormenta en la que se mezclaron novelas publicadas, premios, sueños cumplidos, zancadillas, amistad, insultos... La verdad es que han sido unos años en los que no ha faltado de nada.

Hace un par de meses gané el HQÑ. Sigo enferma, pero ya no importa, así que, quizá para celebrar que he vivido cosas increíbles estos años gracias a esta pasión que es escribir, me lo hice.

Este.




Simboliza la luz de un faro. Sabéis que en mis historias, en mis estados, en mis post, los faros siempre han estado ahí. Porque yo vivía esa tormenta y necesitaba su luz para no perderme del todo. En ese tatuaje significa también otra cosa: es una estrella. Las estrellas son las personas que se fueron y a las que echamos tantísimo de menos que necesitamos atraparlas aunque sea en unas líneas en la piel.

Es mi padre.

Él no ha podido acompañarme en nada de lo que ha sucedido este tiempo, lo he echado de menos con desesperación, pero de alguna manera también lo he tenido a mi lado porque no hay un solo día que no piense en él, en la suerte que tuve de tenerlo. Hay personas muy grandes y mi padre lo fue. 

Me ha parecido también una manera bonita de cerrar un círculo. Como esas novelas en las que acabas llegando al punto de partida, pero más grande, más fuerte, mejor. Yo no sé si he conseguido eso con esta aventura, solo sé que en mi viaje del héroe he madurado. He perdido, he ganado, he sufrido, he reído, he llorado y me quedo con quienes se han colado en mi corazón.

A lo mejor también acaban un día en mi piel.

lunes, 9 de mayo de 2022

LAS FÁBRICAS DE LUZ

Es como se llamó a las primeras centrales eléctricas que se instalaron en nuestro país a finales del siglo XIX. Normalmente las ubicaban aprovechando antiguos molinos a los que añadían maquinas de vapor, dinamos y calderas para incrementar la productividad.

No eran capaces de suministrar luz a lugares demasiado alejados de su ubicación y la forma de cobro a sus clientes era por bombilla instalada. Eso hizo que en algunos hogares se hiciera un agujero en el suelo para poder pasar la bombilla de una planta a otra.

Solo se encendían por la noche, al igual que el alumbrado de las ciudades.

Todo esto lo he aprendido hoy escribiendo un pequeño relato que ya va por las 25 páginas. Solo es un divertimento mientras hago de lectora cero de otras novelas y termino este curso que está siendo tan extraño.

También estoy leyendo el ensayo de Brandon Sanderson, Curso de escritura creativa. No me puedo permitir un curso de verdad, presencial, con alguien de su talla (incluso tampoco más bajito), así que me conformo con aprender de lo que leo. Hasta ahora me gusta lo que estoy encontrando. Incluso algunas verdades incómodas sobre esto de escribir que a veces nos negamos a nosotros mismos, pero que ahí están.

Pero no me quiero dispersar. Fábricas de luz. Me ha gustado tanto el término que uno de mis personajes se ha convertido en el dueño de una de ellas.

A veces escribir es pura magia. Sobre todo cuando lo haces sin pensar en nadie más que en ti mismo.




 

jueves, 5 de mayo de 2022

MÁS DE DOS MIL PALABRAS

No debería ser motivo de reflexión que alguien que escribe a diario escriba un día más de dos mil palabras, pero en mi caso supone algo tan extraordinario que necesito contarlo aquí, en este diario literario que abrí hace ya catorce años. 

Llevo mucho tiempo arrastrando a un cuerpo al que le ha dado por volverse lento y en ese esfuerzo ha habido que dejar de lado algunas cosas. 

Por ejemplo, escribir novelas.

Esto no significa que no escriba.

Escribo a diario. 

En redes, en cuadernos, ejercicios de todo tipo, corrijo y en todo ese proceso las palabras son necesarias... Pero hacía tiempo que no lograba avanzar en una novela, que cada momento de escritura se convertía en una cuesta arriba en la que he tenido que luchar.

Me sentía como cuando te arrastra la corriente y, por más que braceas, lo único que haces es cansarte más y más sin lograr llegar a ninguna parte.

Ayer me enfadé conmigo misma. 

Este bloqueo tiene nombre y sé las causas, me conozco lo suficiente como para identificar mis males sin necesidad de que nadie me dé un diagnóstico. Estaba braceando, peleando en una lucha desigual en la que tengo todas las de perder y lo peor es que en esa batalla me estaba perdiendo a mí misma. 

He dejado de luchar.

Quien quiera, que se quede.

Quien quiera, que se vaya.

Esto también sirve para las novelas que no fluyen.

Ayer decidí empezar algo nuevo, una historia bonita y sin pretensiones, una que no tenga mil tramas que se entrecrucen y esté en un momento histórico tan complicado como lejano.

Una en la que no tenga que lidiar con idiotas.

Como hice con la que escribí a mi madre, voy a disfrutar. Y si se queda en el cajón, pues no estará sola porque allí viven aún unas pocas historias.

Y si sale, pues ya veremos qué pasa.

Y esta entrada la estoy escribiendo mal a propósito, con trazas de copywriter, porque me hace mucha gracia que esto sea lo que se premie en estos momentos de la historia.

Ah, y he abierto un canal de Twitch.

No sé para qué, pero lo he hecho.



domingo, 24 de abril de 2022

SIN FECHA DE CADUCIDAD, X PREMIO INTERNACIONAL HQÑ

 Quiero recoger en el blog que ya ha salido a la venta la novela con la que he ganado el X Premio Internacional HQÑ. Ha sido muy extraño, se publicó ayer en digital, día del libro de 2022, y no consta en Amazon casi ninguna venta. Al menos, su descenso constante en el ranking da a entender que apenas se ha descargado, aunque en otros libros, con menos de las que me han llegado capturas me situé en el top.

No sé qué ha pasado y tampoco me preocupa mucho. Me parece raro, pero esto es ingobernable. Imprevisible. Extrañísimo. Y me lo quiero dejar en el blog porque aquí reúno todas las cosas que me han ido pasando en este camino.

No voy a dejar de hacerlo ahora que he llegado a la meta...

EDITO: Varios compañeros me han escrito para decirme que han detectado lo mismo que yo, que han debido tocar el algoritmo porque están pasando cosas muy extrañas con las listas y las ventas, una no correspondencia que no habíamos vistos desde 2011. Me quedo más tranquila aunque me parezca una putada.

Os dejo la sinopsis y la portada.




Una promesa. Un singular contrato. Una locura, pero tenía que intentarlo.

Héctor Martín tiene un serio problema y, después de agotar todas las vías que se le ocurren para solucionarlo, se encuentra que no tiene a quién acudir. Desesperado, se acuerda de Alba, la que fue su mejor amiga en la adolescencia. Alba firmó una promesa sin fecha de caducidad, pero tal vez ya no esté dispuesta a cumplirla porque hace mucho que sus vidas se separaron.

Alba S. Kent es la autora más exitosa de novelas de fantasía del momento. No atraviesa una buena racha, desde hace tiempo recibe correos de un tal Romeo que han pasado de la admiración más profunda hasta un tono tan preocupante que ha despertado muchos fantasmas del pasado.

¿Podrá Alba confiar en Héctor de nuevo después de lo que pasó entre ellos y con la amenaza de un acosador perturbando su ánimo?


El enlace de compra os lo dejo aquí.

jueves, 24 de marzo de 2022

¿PERO ESTAMOS TONTOS?

Esta tarde he sabido que la autora Jennifer L. Armentrout lleva unos días recibiendo insultos de "fans" porque ha escrito una escena que no les ha gustado.

¿En serio?

Siento decirlo, pero eso tiene un diagnóstico psiquiátrico y no es especialmente bueno. Y no me refiero a la autora, por supuesto, me refiero a esas personas que no son capaces de conjugar la pasión lectora con el equilibrio mental y con la educación necesaria para conducirse por la vida. La literatura es ficción pero, sobre todo, pertenece a sus autores. Si a ti como lector no te gusta un final, pasa a otro libro. Y si te desespera, abre un Word y te escribes tu final, el que te hubiera gustado a ti.

Punto.

Nadie te lo va a impedir y, lo más importante, no le haces daño a nadie.

Lo demás es de necesitar ayuda médica urgente, pero además insultar a la autora hasta obligarla a cerrar sus redes sociales es de ser mala persona.

Luego nos echamos las manos a la cabeza si una persona pública se suicida después de leer las barbaridades que dicen de ella en las redes, pero qué poquito le paramos los pies a quienes no dudan en escudarse en perfiles que la mayoría de las veces no tienen ni las narices de poner su nombre y su foto, no sea que alguien pueda saber, en la calle, que no son tan buenas personas como predican.

Por cierto, son los mismos que se ponen hastags solidarios a la mínima que encuentran la ocasión.

Lo dicho, para hacérselo mirar.

martes, 15 de marzo de 2022

CUIDAR, CUIDARSE.

Cuando no estoy bien, recurro a la memoria y retrocedo en el tiempo. Sin máquinas sofisticadas, sin alterar líneas temporales que perturben el futuro, viajó.

Al patio de la casa de mis abuelos. 

A las tardes escuchando sus historias. 

A la mejor tortilla de patatas que se haya preparado jamás. 

A la anciana más dulce y más buena del mundo, que era la tía María, la hermana de mi abuela. 

Tengo 20 años de nuevo y no quiero más vida que quedarme a su lado para siempre.

 Escuchándolos. Mimándolos. Regañándolos si se saltaban algunas normas estrictas con la comida (la abuela era diabética) o si el abuelo se me escapaba en un descuido a casa de alguna vecina. 

No quiero moverme de nuestras tardes bajo la parra, porque hoy sé que no me faltaba nada importante en esos momentos.  Me QUERÍAN. Sin fisuras, sin engaños, sin juzgarme nunca. Y yo los cuidaba, pero ellos también a mí. Como nadie lo ha hecho jamás y como no espero que sepa hacerlo ni siquiera yo misma.

Supongo que a los 20 tienes prisa. Quieres ser independiente. Viajar. Vivir. Se te queda pequeño el patio de tus abuelos. Por eso cometí la torpeza de batir las alas. Hubiera sido mejor que batiera huevos e igualarse su tortilla. 

Ahora, a mi edad, sé que ese era mi mundo. El más luminoso, donde cuidar y que te cuidasen se daban la mano de tal modo que nadie parecía más importante sujetando al otro.

Hoy ya no existen ellos tres salvo en mi corazón y mis recuerdos, pero en noches como esta los tengo. Solo me hace falta cerrar los ojos para volver a escuchar sus voces y sentir su amor inmenso.






lunes, 14 de marzo de 2022

AFÓNICA

¿Qué es lo peor que te puede pasar si decides dedicarte a grabar audiolibros? Quedarte afónica. Pues sí, señores, así de torpe soy.

El viernes por la tarde me empecé a poner tontorrona. No sabía precisar qué me pasaba, pero el caso es que notaba como si estuviera cayéndome hacia el abismo de un catarro de los épicos.

Por supuesto, no hice caso. Estaba pasando un fin de semana ansiado desde hacía muchos meses con mis amigas, así que una simple "sensación" no iba a fastidiarme mis días. 

Eso no lo consiguió, pero en el hotel hacía un calor de morirse y por la noche hubo que abrir la ventana de la habitación. Sé lo que me pasa si duermo con la ventana abierta antes del mes de junio. Prefiero pasar calor a acabar con dolor de garganta, pero no estaba sola y cuando hay otras personas siempre hay que llegar a acuerdos. Hay que ceder. Hay que ser persona y no un ser egoísta.

No lo fui, tiendo a poner por delante a los demás siempre y así me pasó: el sábado me levanté peor.

Tampoco era algo concreto, era solo un cansancio que por momentos crecía, pero la comida animada, las visitas a unas casas que se merecen una novela, el encontrarme uno de mis libros en un pueblo andaluz, las risas, los cafés... me hicieron obviar lo obvio: me estaba poniendo muy malita.

A pasos agigantados.

Esa noche, pedí que la ventana estuviera cerrada, pero a las cuatro de la mañana tuve que claudicar y que la abrieran. Era incuestionable que hacía un calor mortal, pero también era cierto que yo no estaba nada bien. Ahora sé que debería haber bajado a recepción y haberme hecho con otra habitación, pero siempre piensas que no será para tanto.

Pues mira, sí, lo era.

Por supuesto, me levanté el domingo hecha unos zorros. Justo lo mejor para hacerte 500 km. Volví a casa tan derechita a la cama que a las nueve de la noche estaba frita y no me he despertado hasta las siete de la mañana. El cansancio y la medicación me han tumbado.

Hoy lunes me he pasado la mañana leyendo, descansando en la cama porque quería acudir al trabajo y lo he hecho, pero me he quedado sin voz a mitad de la tarde. No me he planteado en ningún momento escaquearme, es online y no iba a contagiar a nadie, pero tampoco he contado con que acabaría peor de lo que he empezado la semana. He solventado las horas que quedaban a base de caramelos y haciendo clases prácticas, que se habla menos, pero aquí estoy ahora, sin lograr respirar y con ganas de meterme en la cama y no salir por lo menos hasta el martes... de la semana que viene.

Tampoco lo haré, mañana a las siete Ulises querrá salir a dar su paseo y no se lo voy a negar. 

No me voy a morir, lo tengo claro, pero la verdad es que me fastidia tener que renunciar a grabar y me temo que mañana por la tarde acabaré como hoy.

Salvo milagro.

Y yo no creo en los milagros.

Si algo me puede salir mal, me sale. Si digo algo y se puede malinterpretar aunque no sea mi intención, se malinterpreta. Si hay una posibilidad de ponerse mala por abrir una ventana de noche, ahí estoy yo. La primera.

miércoles, 9 de marzo de 2022

CAMBIO DE RUMBO

 Hace casi un mes que no publico nada. En este tiempo, el mundo y mi mundo se han vuelto locos casi al unísono, pero no en la misma dirección. Por fortuna, me ha tocado la mejor parte. Sé que lo bueno hay que conservarlo, porque si no, lo malo, con todo el dolor que provoca, lo infecta hasta hacerlo casi desaparecer hasta de la memoria. Por eso hice una entrada que publiqué en la que me guardaba mi premio, lo bonito de este tiempo, lo bonito de este invierno que estos días parece más largo y más frío que los anteriores. La otra, la que habla del horror de la guerra, de la desolación por no haber aprendido de la Historia, la que me salió a borbotones y me dejó sin aliento, se va a quedar en borrador. Conservo la esperanza de que dentro de un tiempo, no mucho, sea solo un mal recuerdo de unos días que nunca debieron suceder.

Hoy vengo para hablar de un cambio de rumbo.

Cuando llevas mucho tiempo con el viento en contra es necesario pararse a pensar si compensa o si sería mejor dejarse llevar y descansar un poco.

Hace unos días recuperé una novela que tengo por ahí, sin terminar (qué raro, ¿verdad? que yo tenga tropecientas novelas a medias) y encontré la motivación para ponerme con ella, para sumergirme en la trama, arreglar, retocar, terminar y vestirla guapa. 

La leí entera, tomé notas, retoqué fragmentos... Me ilusioné mucho con el trabajo planificado, pero he vuelto a abandonar. La motivación se ha esfumado y sin ella el esfuerzo se me hace muy cuesta arriba.

Pero la vida tiene multitud de caras, tantas que siempre se puede uno centrar en otra. Y como ese proyecto se ha caído de la agenda, he encontrado otro que me tiene enamorada. 

Hace unas semanas estuve hablando con una de las empresas más importantes de audiolibros para ver si llegábamos a un acuerdo con mis novelas autoeditadas. En realidad solo con dos, Brianda y Detrás del cristal. Después de unos correos recibí una respuesta diplomática, pero que era lo mismo que "no nos interesan". La verdad es que me da pena, porque me gustaría experimentar qué es eso de tener una de tus novelas en formato audio y, a día de hoy, por eso que me encontré, no lo veo factible para mí. Así que, recordé. 

He sido radio muchos años.

He sido voz de las ondas. 

Leo en voz alta muy bien y tengo un portátil y capacidad para aprender.

Ni corta ni perezosa, me dispuse a autoeditar mi sueño.

En realidad esa no es la palabra, porque esto no se va a publicar en ninguna parte, pero lo he conseguido. Ya tengo un relato, Oasis de arena, con su música de fondo y todo. Y ya estoy a punto de terminar Su chico de alquiler, la novela por la que empecé, básicamente porque era la más corta. En medio he grabado un relato que no era mío, y con él he aprendido a guardar los archivos con un poco más de orden (curiosamente es lo que más me cuesta, no leer o editar, sino guardarlos con nombres que me permitan recordar qué hay en cada fragmento). Y otro que sí es mío, pero que monté mal y tengo que reparar. 

Y mi proyecto del alma, donde vuelvo a mi maestro, a mi escritor. Al único.

Prefiero no contar de qué va, pero lo que sí sé es que no va a tener correspondencia en papel. Al menos esa es la idea. El destino será sonoro y la dirección que he puesto es el teléfono de mi madre, que se ha aficionado a mis audios y los espera cada noche. (Y me regaña si duran menos de quince minutos, pero ya le he dicho que no me presione, que me sobra el tiempo justo).

Estoy feliz con el micrófono que me he regalado para mi cumpleaños, eufórica por haber empezado a entender Audacity y las horas pasan sin darme cuenta. De verdad soy feliz como no lo he sido en la última década.

Esto tiene su cara B.

No escribo.

La verdad es que tres novelas en cuatro meses es un desgaste brutal para alguien como yo, que se implica a fondo en todo, que lo vive desde las emociones, no desde la racionalidad de pensar que esto es un negocio. Lo que les pasa a mis libros me pasa a mí, no sé separarlo, pero supongo que es el precio que tienen que pasar las personas creativas que llevan fuego en el alma. A veces me gustaría ser un frigorífico. Ser racional y saber ponerlas a la vista y que me diera igual todo, pero cada uno es como es. Y si fuera gélida, no sería yo.

No escribo y, de momento, no entra en mis planes hacerlo a corto plazo. En realidad esto es mentira, porque el proyecto lo tengo que escribir, pero me refiero a una novela como tal. Necesito paz y calma y sé que no la voy a lograr si sigo al ritmo que he llevado hasta ahora.

No quiero acabar en un río con piedras en los bolsillos...

Me estoy permitiendo otras cosas, como grabar, como explorar. La creatividad sigue. Y me estoy permitiendo usar números de teléfono que tenían telarañas. Ha resultado curioso las ganas que teníamos de hablar y a ninguno se nos había ocurrido dar el paso. Pienso hacerlo más. Quiero volver a ser la que era, la mujer feliz que siempre estaba ideando algo, porque no sabe estarse quieta.

Me quiero olvidar de lo feo que me ha pasado en estos años y de lo feo que está el mundo.

A ver si lo consigo.


martes, 15 de febrero de 2022

NOCHES COMO HOY



Hoy ha sido un día especial, un día en el que un premio ha marcado una muesca más en este juego literario del que no me gustaría despegarme nunca. De madrugada, con la resaca de una tarde increíble en la que había tanto a lo que atender que me era imposible llegar a todo, pienso.

En el camino.

En todos los pasos dados a lo largo de estos años, desde que decidí que al menos una vez en la vida se debe apostar por uno mismo. 

En todas las alegrías que llevo, que dan para pavimentar ese camino de baldosas amarillas que lleva hasta la ciudad Esmeralda.

En mirlos blancos.

En historias de largo recorrido.

En la ilusión de la primera presentación y los maravillosos recuerdos de la última.

En toda la gente bonita que he conocido en este tiempo.

En los lectores que me permiten contarles historias y me las devuelven con intereses.

Un premio es un reconocimiento público, pero también te obliga a pararte de madrugada a pensar en lo que te ha traído hasta aquí. Llevo un rato escuchando mis pensamientos, mientras de fondo la oigo esa tormenta artificial sin la que ya no soy capaz de dormir. Y me doy cuenta de que no han sido solo las cosas buenas que todos ponemos en primer plano. Esas son motivación para sentarte a escribir. Alas blancas que te acarician el alma con su suave tacto. Ángeles que te susurran las partes dulces de la historia, como si fueran esas musas de las que hablaban los griegos. 

Hay otras.

Las ganas de abandonar cada dos por tres.

El desaliento cuando no encuentras las palabras.

La soledad de muchos días. Y muchas, muchas noches. 

Las historias sin recorrido que al final tenían tanto que te ahogaron en medio del océano porque tú no dabas la talla.

Son las partes malas, las crueles, las que te hacen levantar del suelo, sacudir la tierra de las rodillas despellejadas y tirar de eso que tienes dentro. ¿Orgullo? No sé si es la palabra. Quizá se parece más al coraje, a la valentía mezclada con un poquito de rabia.

Fue un mes en el que mis rodillas acabaron magulladas, después de que me empujaran al suelo, cuando decidí que tenía que ponerme a prueba. La novela estaba escrita, reposada y corregida. La novela me gustaba.

Casi nadie supo de mi decisión, ni siquiera se la conté a los más íntimos porque cuando uno se pone a prueba no hacen falta testigos. Era yo la que necesitaba salir a flote con mis propios medios. Era yo la que quería saber si ese océano podía cruzarlo a nado y llegar viva al otro lado. Y me importaba muy poco si a los demás les parecía bien o mal que lo hiciera, y no quería testigos de mi esfuerzo o de si, al final, acababa engullida por el mar. 

No quería testigos porque para saber de qué estamos hechos la única persona que importa es uno mismo.

Una mañana de diciembre, me desperté y el mar ya no estaba. Quizá esa novela tan bonita para mi madre, que al final fue de todos, despejó el agua. Dejaron de importar muchas cosas a las que yo misma había concedido una importancia inmerecida y solo se quedó eso que me impulsa a mover los dedos por el teclado como si fuera un piano que reproduce la música de mi mente. Y llegó enero y su frío, pero yo ya no lo sentía igual. Y empezó febrero, y se me había olvidado que en el verano, cuando me hicieron sentir tan pequeña que el mar parecía inabordable, me había puesto a prueba.

Ni siquiera me acordaba de que se fallaba el premio esta semana.

Por eso, quizá, me ha sabido más dulce.

Por eso, hoy solo quiero pensar bonito.

Tengo experiencia para saber que las tormentas volverán, pero debo recordar también que pasan y que puedo con ellas.

Y otra cosa más.

Debo acordarme de una colección de personas muy especiales que no me han dejado sola ni un instante. Sin adjudicarse títulos, sin pretender lugares, han estado ahí. Conmigo. A un WhatsApp de distancia contestado al instante.


martes, 8 de febrero de 2022

TODO AL ROJO

Hay refranes que son muy sabios, que hablan de no poner todos los huevos en la misma cesta ni meter nada donde esté lo que da de comer.

A la que te despistes, te quedas solo.

O te arruinas.

Pero hay veces que apuestas. Se re va la cabeza y pones todas tus fichas en el mismo lugar, confiándole a la suerte tu destino. Si ganas, lo tendrás todo. Si pierdes...

A veces no se contempla perder.

A veces, cuando la vida brilla, un todo al rojo nos parece la opción perfecta. Solo cuando en un instante nos encontramos con las manos vacías vemos la dimensión de la apuesta.

El riesgo. 

La pérdida.

Y no sirven las lágrimas, porque nadie te puso una pistola en el pecho.

Fuiste tú quien se empeñó en que tu cielo no tenía límites. 







domingo, 30 de enero de 2022

LO QUE SE ESCAPÓ DE MIS MANOS, LO QUE QUEDA

Durante casi dos años he estado dándole vueltas a lo que este maldito virus me ha hecho perder. Hoy, barriendo la terraza, me he dado cuenta de algo de lo que no había sido consciente. No es un descubrimiento mío, para nada, pero me ha hecho tomar conciencia de lo despistada que he estado en los últimos 22 meses.

¿Qué ves en esta fotografía?

 


Lo inmediato, de hecho lo mismo que me ha llevado a este pensamiento, porque he visto algo parecido en la pared de mi terraza, es contestar: una mancha de humedad. Se puede precisar más, pero no es importante para comprender el pensamiento que ha brillado con luz propia y que me ha hecho valorar todo de otro modo.

En realidad, mucho más grande que una mancha de humedad, en esa fotografía hay una pared. Incluso, si me apuras, una ventana por la que entra la luz. La mancha no ocupa toda la superficie, pero sí toda nuestra atención. Es como si su poder pernicioso lo ensombreciera todo y nuestra mente fuera incapaz de darse cuenta de que hay muchas cosas más.

Yo he estado así en los últimos meses.

Tan obcecada por lo que este virus me ha hecho perder -las oportunidades, un principio prometedor, la promesa de muchas sonrisas y un montón de cariño- que no he visto la pared. Todo lo que había alrededor de esa mancha. 

Y sí, he perdido mucho, pero queda una inmensa pared en la que he encontrado a alguien que me estaba esperando sin saberlo. Alguien que ha tenido la inmensa paciencia de sentarse durante 22 meses a que me diera cuenta de que perder y ganar son antónimos, sí, pero siempre que se pierde algo, también se gana otra cosa, porque forman parte de un todo que tiene que estar equilibrado para que el mundo funcione.

En los últimos 22 meses, alguien estaba ahí, día a día, preocupándose por mí, alentando los sueños que se libraron de focalizarse en esa mancha.

Alguien que me escucha.

Alguien que me respeta.

Alguien que me quiere.

Alguien que siempre va a estar a mi lado por muy feas que se pongan las cosas.

Alguien a quien le importo.

Ni siquiera era capaz de ver lo que tenía tan cerca, perdida en un duelo absurdo, porque en realidad solo habían muerto unos sueños y de esos hay muchos. Se levantan en un instante, se construyen sin problemas. Se modelan a medida y nos sirven de nuevo. Porque, mientras estemos vivos, son tan infinitos como tu imaginación.

Esa persona, era yo misma.

Aunque haya perdido oportunidades, un principio prometedor, la promesa de muchas sonrisas y un montón de cariño, me tengo a mí y tengo paz. Serenidad para aceptar lo que no sale bien y paciencia para limpiar la pared de manchas.

Si he sabido esperarme, sabré continuar conmigo.

miércoles, 12 de enero de 2022

TUS PRIMERAS VECES CONMIGO



Cuando apenas hace un mes que salió a la venta Con suerte... en Navidad (suerte la mía por lo bien que la habéis recibido), vengo a presentaros Tus primeras veces conmigo, una novela romántica contemporánea que saldrá en febrero (el día 9) y que tiene los dos protagonistas más bonitos que he creado nunca.

Si Diego es un encanto, un personaje que va cambiando a lo largo de la novela hasta que al final te lo quieres quedar para ti para siempre, no os cuento cómo es Elora. Es preciosa, por dentro, por fuera, por los lados, en el corazón, en sus emociones... 

Elora es auténtica.

No es nada egoísta, aunque cuando tiene que ponerse ella en primer lugar, sobre todo para seguir adelante respirando de manera regular, lo hace.

Elora es una buena persona, muy lejos del modelo de chica que "triunfa" con los hombres, porque su atractivo está mucho más allá de una fachada atrayente o una personalidad aventurera. Elora es magia cuando te mira, es la bondad personificada, es valiente y luchadora, aunque no lleve armaduras encima ni parezca una guerrera. A Elora hay que mirarla para verla. 

Justo lo contrario que le pasa a Victoria. La ves primero, porque es eso que todos los hombres persiguen: sensual, atractiva... Pero cuando la miras... Entonces todo cambia. Porque si de cerca Elora gana, Victoria, a tu lado, lo acaba perdiendo todo. Y lo complica. Y pone a algunos personajes, como Ángel, de frente contra sus propios miedos. O inseguridades. O defectos.

Y luego está Alicia, o Bárbara. En esta novela vamos a conocer una de sus facetas, pero me guardo en el bolsillo la posibilidad de, cuando me apetezca, presentarla del todo. Porque sé que tiene tantas cosas que contar que no procedían en una novela donde su papel tenía que ser solo secundario.

A Diego y Elora me los he llevado a Mykonos, una pequeña isla del Egeo de la que me enamoré cuando tenía 22 años y a la que no he podido volver aún. Por eso, porque el deseo anidaba en mí desde hace mucho, escribí una historia que me permitiera soñar en alto con ella. Con su blanco y azul, con esa luz tan especial que hace que te enamores de ella nada más bajar del ferry.

Con sus faros, esos que usa para no volver a perderse nunca más.

Los faros que me presentó Elora y que ahora forman parte de mí misma y, si nada se tuerce, pronto también de mi piel.



Hay un tema por ahí que estaba de actualidad cuando la escribí, y que, curiosamente, en este principio de 2022 ha vuelto a saltar a la prensa, pero tenéis que descubrirlo porque si lo cuento es un spoiler de la novela.

Tus primeras veces conmigo saldrá en papel y en digital, bajo el sello HQN, y estoy muy contenta de poder volver a las librerías. Espero que este año, ya sí, podamos vernos en alguna de ellas.

Por cierto, el diario de los deseos volvió a hacer magia. Con ella también. Espero que con vosotros se cumpla.

jueves, 6 de enero de 2022

REBAJAS DE ENERO

Una comedia con el maltrato de fondo, una chica que alquila a un chico para tapar una mentira, una madre que pierde a su hijo y una hija que pierde a su padre. Y, como final, un libro que ayuda a entender qué nos pasa por la cabeza a los escritores cuando escribimos una novela. Todas juntas, 4,45€. Cada una por separado, 0,89€.

Pueden ser para ti o recuerda que es muy fácil hacer un regalo desde la página de Amazon.

Detrás del cristal: https://amzn.to/3G22BCn
Su chico de alquiler: https://amzn.to/3ESlN45
Oasis de arena: https://amzn.to/3pTJFA4
La arquitectura de los sueños: https://amzn.to/3qRkDAN
La arena del reloj: https://amzn.to/3zpYcGO