sábado, 6 de julio de 2024

LIBROS PARA MÍ

Creo que uno de los privilegios que tenemos las personas que somos capaces de escribir, es escribirnos el libro que queremos leer. Ese que, aunque sea impublicable, se puede quedar a vivir en el disco duro de nuestro ordenador y en nuestro corazón, al que podemos acudir cuando queramos sin ese cosquilleo de inquietud que a veces te asalta cuando lo expones.

Yo tengo escritos libros para mí.

Es verdad que alguno lo he compartido con otra persona, pero la mayoría de esos textos son privados y los guardo solo por el placer de tenerlos. Algún día, si me animo, quizá los suba a una de esas plataformas que los transforman en libros físicos, para que también ocupen un lugar en mis estanterías reales.

Hay uno que tiene un título que puede que suene a quienes atraviesan este blog: El espejo de la entrada. Son relatos de aprendizaje, algunos de ellos bastante desastrosos, pero necesarios para poder llegar a abordar esas otras novelas de más de cien mil palabras y un centenar de personajes.

Pero si hay uno al que tengo un cariño especial es a Machado y yo, una especie de algo impublicable del que me he acordado ahora leyendo un tuit, que me sirve de excusa para pensar en voz alta.

Hace mucho que no escribo solo para mí, creo que a lo mejor este verano que empieza podría ser un momento excelente para retomar esa buenísima costumbre.

4 comentarios:

  1. ¡Qué bonito! Y cuando pasa el tiempo y los vuelves a leer, seguro que tienes que notar los cambios, tanto de escritura como de persona, ¿no? ¿Sientes, a veces, la necesidad de retomarlos, de retocarlos? Tengo que admitir que ahora siento curiosidad por esos textos, sobre todo, por el que tiene el mismo título que tu blog. Y el de Machado, también.
    Besotes!!
    Besotes!!!

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    1. Es curioso cómo, cada historia, te ancla en un momento de la tuya propia. Hay veces que recuerdo lo que estaba haciendo mientras escribía tal o cual frase, o en quién estaba pensando mientras construía un párrafo. Cómo me sentía con respecto a determinadas historias y cómo el tiempo las ha ido diluyendo hasta que se han desvanecido. Nosotros cambiamos y solo cuando dejamos nuestras huellas en alguna parte y las miramos después, somos capaces de percibir esa transformación.
      Cuando detecto que algo que dolía y que se quedó por ahí, y siento que ya ni araña, suelo pensar que es como cuando el mar lame la orilla y se lleva las huellas que dejas al caminar.
      Casi he escrito una entrada de blog en vez de una respuesta...
      Un beso, Margari.

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    2. Y encima no te he contestado, jajaja. El espejo de la entrada son relatos cuya única conexión entre sí es que los escribí yo. Son muy malos, te lo aseguro, irrescatables, pero son esos escalones necesarios que hay que subir antes de publicar. La historia con Machado es muy bonita. Rara, pero bonita. Quizá daría para un blog, pero no para una novela.

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    3. Los recuerdos suelen ser curiosos y caprichosos. Hay cosas que te recuerdan determinados momentos, o determinadas sensaciones. A veces hasta los olores te llevan a momentos del pasado.
      Me guardo esta frase que has escrito, que me ha encantado. Como se nota que eres escritora. "Cuando detecto que algo que dolía y que se quedó por ahí, y siento que ya ni araña, suelo pensar que es como cuando el mar lame la orilla y se lleva las huellas que dejas al caminar."
      Y no serán tan malos. Menos buenos que los de ahora, pero como bien dices, necesarios para llegar hasta donde estás llegando y para seguir subiendo, que te queda camino.
      ¿Te animarás a publicar la de Machado?

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