Hoy mismo.
Dejando las razones a un lado, me quedo con las reflexiones, con el paseo para tranquilizarme, con el haberme concentrado en las pequeñas cosas que llenan mi día a día para poder volver a respirar bien.
Me he dado cuenta de que no he recurrido a los lugares de siempre para calmarme. Algunos ya no calman, al contrario, se han convertido en parte de la tormenta, y otros bastante tienen con lo que tienen. Así que he hecho la maniobra de la tortuga, me he metido en mi caparazón y ahí me he quedado, ordenando mi mundo, sacando brillo, limpiando el polvo, ordenando, cosiendo y tomando decisiones.
La verdad es que en mi caparazón se está bien.
Ojalá me pudiera quedar dentro para siempre.