Llegué a la blogosfera en 2008 y, aunque los dos primeros años fueron de tanteo, de visitas intermitentes y entradas de vez en cuando, encontré fascinante este mundo.
Poco a poco, fui conociendo otras personas que estaban decorando este universo nuevo y los blogs que más me atrajeron fueron aquellos que sumaban a mis intereses: los libros. Encontrarme con el de Laky fue providencial, porque no solo me permitía echar un vistazo más allá de la sinopsis a libros que quería leer, sino que abría una puerta a quienes, como yo, estaban intentando dar a conocer su trabajo literario.
En su blog apareció una de las primeras reseñas de La arena del reloj y de ahí salieron otros contactos, otros blogueros que se sumaron a la comunidad literaria.
Hoy, todos los que estuvimos ahí, tenemos una tristeza pegada en las entrañas, una suerte de nostalgia que se mezcla con la rabia, porque hay despedidas que llegan demasiado pronto, sin tiempo para hacerse a la idea. Y porque, a pesar de que en este tiempo he podido conocer a muchas de las personas que estaban detrás de la pantalla, algunas se me quedaron por el camino y ella era una de ellas.
Laky, donde estés, te mando un gracias de corazón.
Hiciste algo bonito y es por eso que muchos te recordaremos.
Ojalá exista un cielo lleno de escritores, donde puedas seguir dialogando con ellos.