martes, 6 de junio de 2017

EL INMENSO PODER DEL BOCA OREJA



Ayer me llegaba a mi correo un post del blog de Abel Amutxategi, Cómo escribir un libro, al que llevo suscrita tanto que ya ni me acuerdo de cuándo lo hice. Se titula 12 formas de ayudar GRATIS a tu autor favorito, y como él lo cuenta de maravilla, pinchando en el enlace veréis las que propone.

Después, volved, que quiero contaros yo algo.

¿Ya está?

Bien ahora os digo  yo. Ayer, cuando leí el post, me di cuenta de que llevo años haciendo esto, no solo con autores consagrados, sino con muchos que he ido conociendo a través de las redes, que me han gustado y no he dudado un instante en recomendar. Lo he hecho a través del blog, en Facebook, en Twitter, de viva voz... porque soy una cansina con las cosas que me gustan y, por qué no, porque también me apetecía compartir impresiones con otras personas sobre estos libros, y esa es una buena manera de hacerlo.

Incluso a los que han publicado con editorial los he ayudado "recolocando" sus libros en las librerías, algo que algún día me va a causar un disgusto.

Y, aún más allá, a veces he buscado en los ordenadores que hay en las grandes cadenas de venta de artículos informáticos los perfiles de las novelas y los he dejado abiertos, bien visibles. Yo que sé, igual el siguiente que tocase el ordenador se podría fijar en ellos...

Como autora, hay personas que han hecho conmigo algo así. Me han dedicado espacio en sus blogs, me hicieron entrevistas, han recomendado mis libros en sus perfiles... Y sé que eso ha sido esencial para que yo, a día de hoy, tenga tres novelas publicadas con editorial. Sin eso, sería todavía más desconocida. Una persona, a la que creo que le debo el principio y se lo tengo que reconocer, es Tatty, de El Universo de los libros, que me abrió las puertas cuando todas estaban cerradas. A ella se sumó Mónica, después Marga y un largo etcétera de blogs.

Todas ellas contribuyeron al boca oreja, que tiene un poder inmenso de convocatoria. Es más poderoso que cualquier campaña de marketing orquestada, porque siempre suele haber detrás de él un producto que tiene calidad suficiente como para que alguien arriesgue el valor de su palabra recomendándolo.

Espera, ¿qué acabo de decir?

Me temo que aquí hay un punto que debo matizar.

Cuando empecé a publicar en Amazon los autores independientes nos organizamos para publicitarnos entre nosotros. La plataforma era nueva, el fenómeno estaba en pañales y se hacía necesaria una difusión importante y conjunta para crear el ruido suficiente y que nos prestasen atención. Organizamos una lista con los libros que teníamos en la plataforma y la compartimos, para que cada uno pegase, por turnos, los tuits en su perfil. Los demás solo tendrían que retuitearlo y el ruido estaba asegurado. Al principio éramos un número razonable de autores, una docena aproximadamente, pero pronto se empezó a unir mucha más gente atraída por la posible repercusión de la estrategia. (Para quienes no tienen memoria, que los hay, sí, yo estuve desde el primer día en eso que se llamó Generación Kindle). La verdad es que funcionó, Amazon en pocos meses pasó de ser una página más a una de las más recomendadas en las redes. Nosotros, pasamos de desconocidos totales a autores que se buscaban la vida con bastante ingenio y sin apoyo editorial. Ganamos, pero también ganó Amazon.

Y mucho más que nosotros.

En ese momento, yo creo que algo no estaba bien planteado; se recomendó sin leer, solo por el apoyo recíproco, incumpliendo una premisa que desde el principio debía de haber sido básica. Yo, que encima era de las pocas que habían leído a muchos de ellos, salí bastante escaldada de esto, no creáis, y no solo porque no conseguí muchos lectores entre esos escritores, sino por otros fenómenos que se dieron en paralelo.

Llevo un imán de neodimio que atrae idiotas insertado en lo más profundo de mi organismo.

El primer día que me tocó tuitear tropecientas novelas (ya os digo que enseguida se enganchó mucha gente) lo hice religiosamente, pero tuve que aguantar a una pedante en Twitter que me atacó por usar este sistema (y eso que a la pedante le vino de maravilla porque favorecía a una persona de su entorno, pero ya sabéis que Twitter tiene el mayor número de imbéciles por bit cuadrado). Me llevé un disgusto de la leche, porque yo en ese momento era más pava que ahora y era incapaz de mandar a la mierda a nadie, por mucho que se lo mereciera.

Aguanté casi un año siendo generosa con personas que en muchos casos no lo estaban siendo conmigo (la persona a la que más tuits le puse en esas fechas no me puso ni uno solo a mí y eso que se declaraba en privado -en público no- mi mejor amigo escritor). Un día, después de aguantar a otro individuo que no sé por qué motivos recomendó a todo el mundo que me bloqueasen en todas las redes (un tipo infernal, recuerdo que se llamaba Dante) decidí zanjar el asunto y cambiar la estrategia.

Justo como hicieron conmigo, dejé de recomendar porque sí. Total, si ya me habían puesto a caer de un burro, era mejor que al menos fuera honesta conmigo misma.

Empecé a recomendar solo los libros que había leído y me habían gustado, que por otro lado eran un montón, porque soy de esa clase de escritores en extinción que leen muchísimo.

Desde entonces, las personas que me siguen saben que cuando recomiendo un libro lo hago convencida de lo que estoy diciendo, que si tuiteo algo, es porque creo en ello. Que lo hago porque quiero y no porque deba nada a nadie.

Y hablando de deber, fijaos hasta donde llega lo tonta que soy que en el último caso que he vivido de desequilibrio tuiteril (cómo me gusta inventarme palabras) este ha ido de tres o cuatro tuits al día en mi cuenta para una novela y tres tuits (tres) de ese autor entre mis dos últimas novelas para mí. Si hiciera cuentas, no compensaría, pero el caso es que a mí las novelas me gustaron y me da igual lo que hagan los demás. No los pongo para que me los pongan, de hecho los pongo incluso cuando a mí se me ignora.

No se trata de personas, se trata de novelas.

Si te tuitean por cómo eres y no por cómo escribes, vamos mal.

Por cierto, mientras estaba redactando esto, se me ha ocurrido otro post: cómo perjudicar a tu autor favorito. Igual hasta un día lo escribo.

O no, este año no ando muy bien de tiempo. 

15 comentarios:

  1. Buena reflexión.
    A mi me afearon que recomendase libros de autores amigos, pero no es cierto, si no me gustan, no digo nada.
    También sienta mal las estrellas en Amazon, pero doy cinco si me ha gustado mucho, aunque no sea una obra maestra.
    A quien no le guste, que no lo lea.
    Besitos.

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  2. Uf... las estrellitas. Claro que no escribimos obras maestras como para ponernos cinco estrellas, pero nadie. Al menos yo, desde que leo, todavía no he sentido que haya leído un libro de esos brutales que se merezcan el diez. Muy cerca, pues claro, pero nada más.

    Sin embargo, en Amazon, hay panfletos llenos de faltas de ortografía, de coherencia, de sintaxis y hasta de sentido común valorados muy bien. En ese contexto, cinco estrellas se las doy ya a un libro que esté bien escrito, sin faltas, que me cuente una historia coherente y que me llegue.

    Yo las quitaría, lo llevo diciendo mucho tiempo, incluso no veo sensato que estén puestas en las reseñas de los blogs porque es injusto valorar una novela por tu opinión personal con algo que no es subjetivo como un número. La opinión de un blos es siempre subjetiva porque es la opinión de una única persona (dos o tres a lo sumo en algunos casos) y no debería sentar cátedra.

    Ay, lo de que comentes a los amigos... vamos a ver, estamos en un mundo global donde acabas conociendo a la gente de manera virtual, si no es un día, al siguiente. Normal que te acerques a quien te gusta como escritor antes que a una persona que no te gusta, ¿no?

    A mí me han llegado a preguntar por qué no he hecho tal o cual reseña. Siempre lo digo, si no me gusta, no la hago; si no tengo tiempo o la vida me atropella de pronto y no me apetece escribir, se me pasa. Insisto: no le debo nada a nadie, si me pusiera a hacer cuentas creo que todavía me deben mucho más a mí.

    Un beso

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  3. Hola Maite! Tienes mucha razón y te honra que seas fiel a ti misma, yo leo por placer ,si un libro no me gusta prefiero dejarlo o poniendome mala he puesto 1 estrella. Se trata de ser coherente pero los rt o spam estan a la orden del día. A veces es mejor estar tranquila que quedar bien , total, no duermo con mis libros , me encantaría que hicieras ese otro post , hay gente que le llama trolls ,no? ufff besitos preciosa

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    1. Igual que existió una burbuja inmobiliaria, ahora tenemos una burbuja literaria. Acabar con la economía de un país por la especulación de unos pocos es trágico, pero con la cultura es un golpe mortal a lo que somos.

      Un beso

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  4. A mí también me han criticado en Twitter por recomendar obras de amigos escritores. Pero las había leído y me gustaron mucho. Si no me gustan no digo nada -si el autor es amigo o conocido- para no perjudicarle. Porque yo no soy nadie para sentar cátedra sobre lo que es bueno o lo que no. Es sólo una opinión: la mía, subjetiva y personal. Pero si no me gusta prefiero no decir nada. Si es autor extranjero o desconocido a veces sí digo que no me ha gustado, pero sin "ponerla verde", que tampoco me considero capacitada para hacer de crítica literaria.
    Y sobre las estrellas... uf.. las odio. Cada vez que tengo que opinar en Amazon o Goodreads y las veo me entran todos los males. En los últimos años las pongo en función a si me parece una gran obra y está muy bien escrita, estructurada y desarrollada. No sé si lo hago bien, pero es la que me parece mejor dentro las opciones que barajo.
    Lo que nunca he hecho es recomendar un libro que no he leído. Pero el peloteo tampoco me va. Cuando lo RT o lo recomiendo es porque me gusta mucho o muchísimo. Y me ha costado más de un disgusto, pero ya me da igual.
    (Igual piensan que los autores me regalan el libro o que gano algo recomebdándolo, qué sé yo. Pero nada de eso. Sólo Dos autores me regalaron una novela suya que yo ya había leído en ebook y pagado, claro. Y ya estaban reseñadas.).
    Conclusión: que vuestro mundo se ha vuelto muy complicado, a mi juicio.
    Me ha encantado la entrada, Mayte. ¡Besos!

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    1. Complicado es poco Ágata. Y ahora piensa dónde estoy yo: en ambos lados. Llevo aquí tanto tiempo que no me pienso bajar del blog solo porque haya acabado escribiendo. Así que seguirá siendo todavía más difícil, porque no me voy a lo facilito de comentar una faldita o un maquillaje mono intentando hacer chistes.

      Yo hago lo que tú, si me gusta un libro opino, si no, suelo no decir nada. Ya apenas comento en Amazon y Goodreads es una página que me tengo absolutamente prohibida. No me interesa en absoluto.

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    2. No me puedo imaginar estar en tu posición, en ambos lados. Doblemente complicado. Con lo nerviosa que soy creo que me daría un "apechusque". Pero haces muy bien, hay que ser natural, uno mismo, y a quien le gustes bien y a quien no, que no te lea. Pero nunca hay que perder nuestra esencia, ésa que nos hace únicos. Un besín.

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  5. En cuántas cosas estoy de acuerdo contigo, lo de Twitter y su número de "sentadores de cátedra" asusta. Y lo de las estrellas... las quité de mi blog por eso mismo, porque no me parece justo y es muy subjetivo.
    Y lo de los medios de descomunicación están en otro mundo. Por último tan fácil es ayudar como destruir. Y eso sí que no me gusta.
    Un abrazo

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    1. Lo curioso es cuando hay gente que se empeña en ayudarte como si le fuera la vida en ello y después te "desayudan" con la misma soltura. Es que no puedo evitar lo de inventarme palabras, jajaja.

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  6. Por eso me fío de ti, porque sé que eres sincera, que eres honesta. Porque sé que cuando hablas bien de un libro, no es por quedar bien, es porque te ha gustado. Pero en este mundo de las redes sociales en el que estamos metidas, nos vamos a encontrar de todo. Y con gente que le va a dar igual perjudicar a otro si ellos salen beneficiados.
    Y lo de las estrellitas, me desquicia. Las estoy usando ahora en goodreads y es un martirio. En mi blog nunca las he usado. Que lo único que quiero dar es mi opinión, no sentar cátedra. Y compartir impresiones.
    Besotes!!!
    PD: Si no me doy cuenta y publicas ese post sobre cómo perjudicar a tu autor favorito, me avisas...
    Más besotes!!!

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    1. ¡Eso es! La palabra clave es compartir y parece que en esto, casi como en todo, solo vale el competir. Ojo, que no creo que un poco de competencia no sea bueno, porque es motivador, pero hay quien llega a unos límites que no son normales.

      Voy a madurar lo del post, me han dicho que no dé ideas.

      Un beso

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  7. Haces muy bien, Mayte. Yo, que llegué a Amazon mucho más tarde que tú y no estuve en ese grupo del que hablas, siempre me he guiado por la misma máxima: recomendar solo los libros que he leído y que me gusten. Y sobre las controvertidas estrellas, solo doy cuatro o cinco. Si un libro no me gusta, calladita estoy más guapa, jajaja. ¡Abrazos!

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    1. Si es que los libros que no valen se mueren ellos solitos, no hace falta matarlos!

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  8. Buenas, te felicito por el post. mi primera novela solo lleva cuatro meses publicada y en las redes soy igual de novel. Pero en este corto espacio de tiempo he podido comprobar la rivalidad tan exagerada que hay.

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    1. Es brutal. Es algo que no viví así cuando empecé y no lo consigo entender. En lugar de gastar el tiempo en aprender, en mejorar, lo que hacen es intentar derribar al rival con el arma que sea. Esto es malo para la literatura, pero es también un reflejo de la sociedad que hemos construido. Muy triste y muy lamentable.

      Besos y suerte en tu carrera.

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