lunes, 2 de marzo de 2026

LOS AMORES PARALELOS DE MAYTE UCEDA

 


Sinopsis:

Dos hermanas. Un país dividido. Un amor imposible.

Estefanía y Selina, hijas de una familia acomodada de Oviedo, viven sus días entre las imágenes religiosas del taller familiar y los sueños de un matrimonio ideal. Pero en la Asturias de los años treinta, el amor nunca es solo amor: es clase, es política, es destino.

Fani se enamora de un guardia civil. Lina, de un joven minero comprometido con la lucha obrera. Entre el incienso y la dinamita, sus elecciones marcarán el rumbo de sus vidas y el de toda una familia. La revolución estalla, la tragedia golpea y el rencor levanta muros incluso entre hermanas.

Una historia inolvidable sobre la fuerza de los lazos familiares, el coraje femenino y la memoria que nunca muere.


Mis impresiones:

Hay novelas en las que te sumerges sabiendo que estás en buenas manos. Conozco las de Mayte Uceda desde el principio, sé lo que esta asturiana de Cudillero es capaz de hacer con las palabras `por las veces que me he rendido a sus historias. Sé que se pasa meses sumergida en montañas de documentación y que reflexiona cada párrafo para ofrecernos, a sus lectores, la mejor versión de sí misma.

Cuando me adentré en Los amores paralelos, entré, por tanto, con prejuicios.

Positivos, por supuesto, pero al fin y al cabo, seguían siendo prejuicios.

O quizá no sea la palabra, sino que la intuición me decía que iba a ser, como así ha sido, una gran novela en la línea de las anteriores.

Da igual el párrafo que elijas, el diálogo que destaques de la novela, Mayte los hace bellos y verosímiles, consigue que sientas el duro trabajo de la mina y el ambiente refinado del taller de imágenes religiosas de Xabier Arnau, que te veas paseando por Oviedo o por los prados donde tienen su hogar Nel, Antón y Yago, con Lobo siguiéndoles los talones.

La novela, con esa elección de trama -una hermana enamorada de un minero y la otra de un Guardia Civil-, narra la polarización social de la Segunda República, la lucha de los obreros por mejorar sus condiciones de vida y la de la burguesía por mantenerse en el que es su modo de vida. Mayte intenta ofrecer el punto de vista de todos los personajes, y para ello, aunque el prólogo esté narrado por uno de ellos, Lina, el resto está dirigido por un narrador omnisciente. El hecho de que haya elegido a dos hermanas enfrentadas no es casual, en la guerra civil que siguió a las revueltas en la cuenca minera asturiana en los años 30 son hermanos los que se enfrentan, familias que se dividen y que tardarán muchos años en aparcar sus diferencias.

Si es que lo hacen en algún momento.

No hay que elegir un personaje favorito cuando lees, faltaría más, pero en esta novela a mí me ha gustado mucho Nel, el pequeño de los hermanos mineros. La historia entre él y el padre de Lina me ha parecido un guiño al poder de unión que tiene el arte. Xabier Arnau encuentra en ese pequeño el aprendiz que está buscando y le importa muy poco que pertenezca a un mundo completamente diferente al suyo. A través del arte, dos personas que proceden de mundos antagónicos, dejan las diferencias y se concentran en la belleza. El arte aparece como un elemento que humaniza a las personas por encima de sus ideas. 

La novela da para hablar de ella durante mucho tiempo, pero es complicadísimo hacerlo sin que se te escape nada, así que lo mejor será que sea el propio libro quien os hable de lo que sucede. Siempre he recomendado a Mayte y voy a seguir haciéndolo después de esta novela. 

Creo que es una enorme autora a la que merece la pena conocer.




sábado, 28 de febrero de 2026

SEGUNDO CERTAMEN DE RELATO ROMÁNTICO MAYTE ESTEBAN


Pues ya están aquí las bases del segundo Certamen de Relato Romántico Mayte Esteban
Podéis consultarlas en la web escritores.org en el siguiente


Convocan: Ayuntamiento de Sepúlveda, Asociación Pueblos Globales y Fundación Caja Rural de Segovia (Cajaviva).

Objetivo: Fomentar la creación literaria y la cultura en entornos rurales.Requisitos principales:Género: Relato romántico (obligatorio final feliz; si no, se considera solo de amor y queda excluido).

Ambientación: Obligatoria en Sepúlveda (Segovia).

Extensión: Máximo 1.500 palabras.

Idioma: Castellano.

Requisitos: Original e inédito (no publicado ni total ni parcialmente, incluido internet; no premiado ni pendiente de otros concursos).

Participantes: Mayores de 18 años residentes en territorio español (cualquier nacionalidad).

Formato y envío:Tipografía: Times New Roman 12, interlineado 1,5.

Dos archivos Word o PDF (sin imágenes ni adornos):Relato (sin firma, nombrado solo con el título).
Datos personales (nombre, apellidos, dirección, teléfono, email) → nombrado “Datos personales + título”.

Envío por email a: certamendesepulveda@gmail.com (mailto:certamendesepulveda@gmail.com)
Asunto: “II Certamen de relato romántico Mayte Esteban. Sepúlveda”.

Plazos:

Apertura: 1 de marzo de 2026.
Cierre: 15 de abril de 2026 (no se aceptan fuera de plazo).

Premio:300 euros (único).

Entrega en ceremonia en octubre 2026 en Sepúlveda, presidida por la escritora Mayte Esteban (imprescindible asistencia del ganador/a).

El Jurado puede declararlo desierto si no hay calidad suficiente.

Más info y consultas: certamendesepulveda@gmail.com o teléfono 680 279 370.

Bases completas en escritores.org.

¡Anímate a escribir un romance ambientado en la preciosa Sepúlveda y participar!

 

DE LAS REVISTAS DE GUERRA A ILLUSTRATED TIMES

Estoy deseando que os adentréis en el mundo de Los cerezos de Central Park. Si en La colina del almendro los acontecimientos reales se mezclan con la ficción, esta novela no iba a ser menos. He intentado que la documentación no cargue mucho el texto, porque creo que eso hace perder un poco de vista la trama principal, así que, como existe el blog, voy a empezar a contar cositas aquí.

Os hablo de las revistas de guerra.

En los primeros años 20, la guerra en Europa había terminado, aunque todavía quedara tiempo para que sus habitantes se recuperasen del tremendo mazazo que supuso la Primera Guerra Mundial.

Durante el conflicto, para cubrir el vacío de información y alentar a la población para que no desfalleciera, nacieron las revistas de guerra, publicaciones como The Illustrated War News. Supusieron casi el único camino para entender el caos que se extendía por el mundo. Vivieron su momento de mayor intensidad en los años más duros de la guerra, llenando los quioscos de diagramas de artillería y rostros de generales, intentando explicar lo que estaba pasando a miles de kilómetros.

Para 1922, esas publicaciones ya no tenían sentido. Tras el armisticio, las revistas de guerra se enfrentaron a una pregunta incómoda: ¿qué se publica cuando acaba su razón de ser? El público, agotado por años de propaganda y luto, ya no buscaba la glorificación del héroe, sino otra cosa: reconstrucción, modernidad, belleza y, sobre todo, una forma de olvidar el dolor.

Los editores más sagaces, como Bruce Ingram al frente de The Illustrated London News, entendieron el cambio de tendencia. El camino era claro: menos épica bélica y más cultura y vida. Había que aprender a mirar el mundo con ojos nuevos. The Illustrated War News, que había sido un suplemento de guerra de The Illustrated London News, dejó de publicarse en 1918, y la casa matriz giró hacia temas más amplios y cotidianos.

Es en este escenario de reinvención donde nace, en mi imaginación y en mi novela, Illustrated Times.

Esta revista es hija de la guerra, la publicación de Edward Reynolds, que tiene que ver con la resolución de La colina del almendro y que, en Los cerezos de Central Park, ha perdido su sentido (y algo más que sería un spoiler). Ya no puede vivir del pasado, así que tocará tomar decisiones sobre ella.

Cuento todo esto porque para mí Illustrated Times, mi revista imaginaria, me ayudó a entender cómo cambiaron las revistas reales tras la Gran Guerra y me permitió desarrollar una mínima parte de la trama de algunos de mis protagonistas.


miércoles, 18 de febrero de 2026

MEMORIA Y DESMEMORIA DE UN MIÉRCOLES DE LLUVIA

Una de las virtudes de la desmemoria es que te protege de los recuerdos asociados a una fecha. Buenos o malos, se pierden en el enjambre de datos que pueblan este extraño paraje de la mente donde el orden no es el rey.

Yo, 56 años casi, soy el vivo reflejo de esta aseveración. 

Mi madre, 80, tiene una CPU de las que ya no se fabrican, un cerebro ordenado, capaz de registrar efemérides infinitas ante tu pasmo o el del neurólogo de turno. Ni un ictus hace año y medio ha logrado hacer mella en su extraordinaria memoria. Se acuerda de todo con una precisión tan increíble que me pregunto dónde hubiera llegado si hubiera estudiado.

Al infinito, supongo.

Pero hoy su memoria, para mí, ha sido una condena:

«Hoy hace 11 años que murió Antonio».

Lo ha dicho sin pestañear, en su ejercicio diario de gimnasia mental que también se acuerda de lo malo, y la noticia me ha sacudido, como un mazazo interno, con la misma fuerza que un miércoles de hace 11 años. He vuelto a sentirme una niña perdida y, casi al momento, he retrocedido más años aún, hasta un día de mediados de julio de 2006 cuando, sentados en un banco del tanatorio de Guadalajara, Antonio me dijo:

 «Tu padre ha muerto, pero yo estoy aquí para cuidar de ti».

No tenía por qué, yo tenía 36 años, una vida armada, hijos, marido, una casa, trabajo..., pero acababa de morir mi padre y supo ver que era una niña perdida que se acababa de quedar huérfana. Y quiso convertirse en mi padre. 

Cumplió con creces la promesa.

Hoy, mi madre, con su memoria de elefante ha entrado en la cacharrería que son mis recuerdos y los ha puesto del revés. Estoy extrañando a Antonio, llorándolo como si se hubiera ido esta mañana. Porque recuerdo que la vida me dio un padre extraordinario, pero después me regaló otro que no le andaba lejos y ya hace mucho que no tengo a ninguno de los dos.

Y así me pasa, que vivo naufragando todo el tiempo, buscando volver a una casa que no existe y a unos brazos que me abracen y me convenzan de que todo estará bien. Añorando la tranquilidad de un puerto seguro al que amarrarme en las tormentas que no dejan de azotarme.

Así estoy, poniendo faros por las noches, porque las anclas se me perdieron y las echo muchísimo de menos.

Hoy, mucho más. 



domingo, 8 de febrero de 2026

LA LECTORA DE BÉCQUER

 El año pasado, Carlos Parrilla me hizo llegar esta reseña de La lectora de Bécquer. Me pareció que me había entendido a la perfección y la guardé para convencerme, en esos momentos donde me atacase el impostor, que esto es lo que sé hace.

El otro día, la borré sin querer.

Me ha costado acordarme por qué medio la había recibido y, al final, respiré aliviada al saber que estaba en un buzón de una red social. Para que no se me vuelva a perder, me la traigo al blog, a mi espacio.

Aquí está más segura.

Me encantan las conexiones (más que obvias) que encontró con La Regenta. No todo el mundo las ha visto, pero me temo que cuanto más obvios somos, menos nos ven. ¿No os ha pasado que tardasteis en daros cuenta que Zafón le hace un homenaje a Nuestra Señora de París en La sombra del viento?

Yo tampoco lo vi, me lo ha contado mi hijo.

Aquí dejo la reseña de Carlos.

La Lectora tiene todo lo que valoro en una novela, de no haber sido así, se hubiera quedado en el montón de las empezadas y nunca terminadas. El tiempo de lectura es demasiado valioso para derrocharlo, así que el haber devorado sus casi 500 páginas en 3 días ya es toda una declaración (y mi récord absoluto de velocidad).

La novela “sube”. Empieza muy bien – fondo y forma- y va ganando altura a medida que la trama avanza y los personajes adquieren profundidad.

La ciudad de Segovia pasa de ser un marco, un escenario, a convertirse en un personaje fundamental, pero no por la localización concreta -muy cuidada sin ser abrumadora- de sus calles, iglesias o fiestas sino por esa mezcla única de ciudad tradicional, pequeña y maledicente (la “muralla mental” que comentan algunos abulenses), con la viveza de los cadetes que la sazonan de juventud y alegría. La separación de barrios y clases bajo el poder opresivo de la decencia y el “qué dirán” aparece magníficamente reflejado.

La trama comienza con los ingredientes aparentemente “bizantinos” de una pareja que va a luchar por su amor superando los obstáculos, sin embargo, avanza por un camino que no me esperaba: los protagonistas no son conscientes de su amor más que de una forma imprecisa, instintiva, en forma de añoranza o incluso de frustración -¿resignación?- más que de deseo. Serán los acontecimientos los que desencadenen la historia, como si ambos conservaran unas brasas casi apagadas y hubieran necesitado el viento de Segovia para avivarlas, sin que ninguno de los dos hubiera intentado nunca soplar sobre ellas. Se hace esperar (pag. 303) pero finalmente ¡arde!

La novela tiene elementos no sólo románticos (si es que se puede hablar de un prototipo), también hay una parte de violencia, sangre, tensión, finales “folletinescos” que te dejan con el misterio abierto (caps. 30, 35), golpes de efecto teatrales (acueducto, cartero, pañuelo perdido), incluso retazos de humor: “Alfonso XIII les parecía cualquier cosa menos guapo” (p. 315) o cuando se ofrece una torrija o un libro, a elegir.  (p. 50). Lo tiene todo.

Las referencias literarias aparecen en varios lugares, la Regenta planea por toda la novela; por ejemplo, en la pag. 352, con la repugnancia con que una chiquilla recuerda el contacto con un hombre frente a la famosa última escena de la obra de Clarín.

Pero más allá de la trama principal, una buena novela se descubre en las subtramas, en los personajes secundarios. La historia de Jimena y Germán crea una base de cordialidad que amortigua el dramatismo de algunas escenas, del mismo modo que al empezar la novela, (pag. 13) aparece un párrafo estremecedor: el padre de la protagonista pierde la fe después de un espantoso drama personal, sin embargo, se preocupa por que su hija la conserve, de algún modo “añora” la fe que ha perdido. Sólo ese párrafo sería ya el argumento de una novela. Y como éste, muchos más.

Me gustan las historias de mujeres fuertes, resueltas, por eso me angustiaba la sumisión de Ana (y de Mateo), incluso hubiera agradecido un desenlace “rebelde” con una fuga o un duelo, en lugar de una solución guiada por los acontecimientos ajenos a su voluntad. No cabe duda, sin embargo, de que los protagonistas están a la altura y saben aprovechar esos factores. Diría que Ana solo toma la iniciativa al final de la novela (pg. 461) para besar a Mateo sin importarle, por primera vez, que puede pasar si alguien los descubre. Me hubiera gustado que esa Ana despertara antes, aunque el ambiente opresivo y cerrado de la pequeña sociedad justifica su actitud.

Los personajes van evolucionando con la novela, ganando profundidad. La nobleza de Mateo se resume en una sola frase. Creyendo inalcanzable a Ana, ya casada, le pregunta únicamente: “¿Te trata bien, al menos? (P. 305)”. No cabe un retrato más sencillo, de un solo trazo, ni al mismo tiempo más hondo.

Hasta los personajes aparentemente negativos se redimen, confiando en que detrás del egoísmo, la ambición o la envidia siempre queda un poso de bondad y nobleza, aunque sea con el catalizador de la tragedia y el dolor. Ese giro de los últimos capítulos me parece maravilloso.

Me crea cierta confusión un trasfondo que parece contradecirse: durante buena parte de la novela se diría que la “nobleza de estirpe” de Ana es superior, incluso biológicamente, a la de los nuevos ricos de la fábrica de luz (p. ej. Pag. 184), en contra del modelo más “moderno” que contrapone al hidalgo ocioso frente al que se ennoblece con su trabajo. Sin embargo, la declaración de Laura (pag. 376) invierte ese planteamiento. ¡Perfecto!

Los personajes y hechos reales que refleja la novela le dan verosimilitud y consistencia, pero de forma muy equilibrada, sin caer en el detallismo. Un gran acierto.

Como única crítica, me atrevo a cuestionar el título de la novela, ya que las referencias a Bécquer son escasas y quizá sin la entidad suficiente para aparecer en el título de una obra que tiene tantos ingredientes principales. Puede suponer una distorsión del verdadero espíritu de la novela.

Finalmente ¿quién dijo que la literatura romántica es un género menor?

“Ana y su vestido azul destacaban luminosos en aquel grupo de tristes comadres arropadas en gris” (172).

“No podía saber si ese hombre, después de tanto tiempo, sería otro y no el muchacho que creció con ella, cómplice de sus juegos de niña, el dueño de unos sentimientos adolescentes que no habían logrado borrar el tiempo y la vida” (232).

“Si había hambre, el hambre era voraz. Si hacía frío, era del que congelaba las entrañas. Si existía la soledad, era de esa que grita sin voz por las noches” (244).

“Lo había hecho, pero no era su deslealtad lo que más la alteraba. El beso había sido la confirmación definitiva, la ratificación de años de errores. Había ido tapando los agujeros de su corazón, afirmándose que hacía lo correcto con mentiras, parches piadosos que solo sirvieron para ir salvando los días uno a uno” (309).

“Sólo se oían los cascos de los caballos que arrastraban el coche por la calle Real. El sonido rítmico de sus pisadas parecía un reloj descontando segundos hacia esa caída a la que estaba abocada la familia” (406).

Esto es literatura.

Gracias, Carlos. Dicho por un enorme escritor como tú, es todo un honor.