Mostrando entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de marzo de 2026

LA DISCAPACIDAD Y LOS PERSONAJES DE NOVELA

Hace no mucho, en uno de los miles de vídeos que salen en la pantalla de inicio de Tiktok, me salió una autora. Vendía su novela como única, porque su personaje tenía una discapacidad. La verdad es que no me enteré de cuál, pero señalaba que los escritores nos olvidamos de ese colectivo a la hora de dibujar personajes de novela y ella lo había hecho.

A mí me pareció que no estaba en lo cierto, que había leído novelas donde aparece.

Me he puesto a pensar y a buscar y no he tardado mucho en dar con unos cuantos ejemplos.

Quasimodo  de Nuestra Señora de París (Victor Hugo). Empiezo por él porque es la novela que estoy leyendo en estos momentos. El personaje, deforme, sordo por soportar el constante sonido de las campanas, es el primero de los clásicos que me viene a la cabeza porque justo este momento estoy disfrutando como una enana de la novela. En este caso, su vida viene definida por su deformidad y su abandono.

Christopher Boone  de El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon). La discapacidad de este personaje se encuentra en el entorno del espectro autista, aunque no se menciona en la novela. Solo se dan indicios para pensar que así es.

Marie-Laure LeBlanc  de La luz que no puedes ver (Anthony Doerr). Ceguera. La discapacidad de la niña está incluso en el título de la novela, un drama que transcurre en la isla de Saint Malo durante la Segunda Guerra Mundial, una novela preciosa que leí y reseñé hace varios años en el blog.

Capitán Ahab de Moby Dick (Herman Melville). Le falta una pierna e incluso usa una prótesis hecha con hueso de ballena. La ballena blanca lo deja sin pierna y ese hecho marca al personaje y arrastra sus acciones en la novela.

Lennie Small de De ratones y hombres (John Steinbeck). El protagonista de esta novela tiene una discapacidad cognitiva, es un niño en un cuerpo enorme. Esta novela aún no la he leído, pero estos días hablaba con otro lector de ella y es posible que caiga pronto.

Clara de Heidi (Johanna Spyri). ¿Quién no recuerda que iba en una silla de ruedas?

Así que no, claro que no es cierto que no aparezca la discapacidad en personajes de novela, lo hace y, además, es un matiz que puede dar riqueza a un personaje. 

En mi próxima novela, lo pensé después de ver el vídeo, hay dos personajes con discapacidad. Uno de ellos, Ian Brennan, tiene una cojera y a Albert Moore la Primera Guerra Mundial lo dejó sin un brazo. Pero si de personajes "imperfectos" (entiéndase bien esto) se trata, algunos de los míos de otras novelas tienen cáncer o diabetes. 

Algo que entra dentro de lo normal cuando construyes un personaje que no es plano.

Así que no, no ha hecho algo único. Ha retratado un matiz más de la vida.

miércoles, 27 de julio de 2016

LA TRAMA, LOS PERSONAJES, EL ESCENARIO



Hace poco leía en un libro sobre escritura en el que se decía que la trama es la estructura de la narración, mientras que los personajes la sostienen como sólidas paredes. Sin ellos, sin unos fuertes y bien construidos, la novela se caería. Sin embargo, los personajes no flotan, se mueven en ambientes que el escritor tiene la misión de transmitir al lector.

Siempre que leo sobre narrativa intento comparar lo que aprendo con lo que he estado haciendo hasta ahora. De ese modo, detecto los errores que he ido cometiendo y trato de subsanarlos en las siguientes historias. O, por lo menos, paso el rato entretenida, porque lo cierto es que estos libros consiguen absorberme tanto o más que los de ficción.

Quizá en la novela que más me he esforzado en crear una ambientación potente ha sido en Brianda, porque quería transmitir un momento de la historia que es pasado y que el lector actual no puede "ver" solo al asomarse por la ventana. Pensé que si no describía los escenarios de la mejor manera que supiera -basándome además en ilustraciones de la época y textos del momento- al quien la leyera le costaría seguirme. Eso explica, tal vez, que tenga el doble de páginas -o incluso el triple- que alguna de mis otras novelas. No me quedo en contar una historia, sino que acompaño a los personajes por las calles de las dos ciudades de la novela: Toledo y Madrid. ¿Y si me pasé con la ambientación?

En el resto de los libros que he escrito, los escenarios en los que mis personajes se mueven me he dado cuenta de que no me he extendido tanto, aunque haya quien se haya pasado un rato buscando Grimiel en Google para visitarlo. No se echa de menos más esmero en los escenarios, porque a pesar de que no sean exhaustivos, están. Los personajes no flotan, posan sus pies en un salón, aunque no me entretenga en narrar todos los elementos que hay en el mueble bar. O, cuando los saco a la calle, no me dé por recitar todas las especies de árboles que pueblan un parque. No lo hago porque me aburro al leerlo. Y como dice mi amiga, la escritora Antonia J. Corrales, si yo me aburro con lo que he escrito, el lector lleva ya bostezando setenta páginas.

Concluyo que el escenario tiene mucha importancia, pero no tanta como los personajes o la trama, aunque a lo mejor estoy equivocada.

Este año he leído algunos libros que no me han satisfecho a mí, no a la mayoría de sus lectores. Hasta hace un rato, cuando mi cabeza se ha puesto a divagar sobre la trama, los escenarios y los personajes de las novelas -será el calor- no me he dado cuenta de por qué no me llegaron.

El puñetero escenario.

Una narración que se ahorra detalles puede resultar deficiente, pero una que te los multiplica hasta el infinito, a mí me agobia. Si intento recordar esas novelas me doy cuenta de que lo único que se ha quedado en mi cabeza es el escenario. Pero no recuerdo su sabor, su olor, el ambiente o las sensaciones que transmitía: recuerdo que me agobiaba leyendo. Se comía a los personajes por completo, no servía de marco para ellos sino que los absorbía en un abrazo de oso, estrangulando la trama hasta convertirla en algo insignificante y olvidable, porque en realidad se había puesto todo el peso en el escenario. Ni siquiera recuerdo a ninguno de los personajes de esas historias y me cuesta un poco saber de qué iban las novelas.

Esta tarde de calor, tengo que recordar dos cosas: que el escenario importa, que no me tengo que olvidar de él, pero que siempre en su justa medida. Si me paso, el lector solo recordará eso. Y quizá ese error ya lo he cometido una vez, quizá debería no repetirlo.