Alberto Méndez.
Me leí el libro en una tarde de tormenta y creo que entre la climatología y la historia salí a la calle un poco deprimida. Los Girasoles ciegos habla de un tiempo oscuro de nuestra historia, repite acontecimientos que conocemos, describe un Madrid de posguerra triste y sombrío, y no deja casi ningún hueco a la esperanza. Lo mejor del libro es la prosa, poesía casi en algunos momentos, y lo peor que consintieran convertir esto en una película. Alguien dirá: ya la he visto; y jamás se tomará la molestia de abrir el libro sin saber que se está perdiendo la esencia de lo que escribió su autor.
Mi padre nació el mismo año que Alberto Méndez, lo deduzco por la edad que tenían ambos después de su muerte, y al leer este libro y recordar el suyo encuentro que la posguerra fue muy diferente para quienes la vivieron en el campo y quienes pasaron esta etapa en una ciudad como Madrid. Para mi padre hubo menos secuelas porque las noticias siempre llegaban tarde y mal, casi lo mismo que las oportunidades.
MAYTE ESTEBAN. Escritora. Abrí paso en España al mundo de la autoedición. Hoy publico con HarperCollins.
domingo, 22 de agosto de 2010
EL BESO DEL HIGHLANDER
Karen Marie Moning
De vez en cuando hay que leer cosas ligeras, y este es uno de esos libros que, después de unos días, olvidas con facilidad. No obstante, una reflexión surge en mí después de su lectura. La intención de la autora, contar un viaje en el tiempo, está documentada con una bibliografía que aparece en las últimas páginas y parece que se planteó un relato serio; al final, lo que te queda del libro, es que es una de esas novelas romántico-eróticas de lo más mediocre. Y mi reflexión tiene que ver con la escasa docena de páginas de este tipo que te encuentras en el libro. Después de caminar siguiendo su lenguaje fluido y más o menos moderado, nos encontramos con las típicas y tópicas (y por qué no, vulgares hasta lo insoportable) descripciones de los encuentros sexuales de los protagonistas. Esto me lleva de nuevo a ese lugar extraño que es una editorial, donde unos señores (o señoras) deciden lo que debe gustarnos. Si soy sincera, esas páginas-pegote no sólo no me gustan nada, sino que me parece que encima entorpecen la trama y me las salto. Claro, que estoy segura de que habrá quien no se lea nada más… Al final, después de leer estos libros, siempre pienso en una peli que vi hace tiempo, una en la que la autora de estas novelas era en realidad un chico que se ganaba la vida con ello, pero en los libros ponían la foto de una mujer madura porque, al parecer, vende más. Mentiras editoriales que cada vez que convencen más de que, en cuestión de caminos, las pistas forestales siempre son más difíciles pero mucho más placenteras para los sentidos que las autovías.
De vez en cuando hay que leer cosas ligeras, y este es uno de esos libros que, después de unos días, olvidas con facilidad. No obstante, una reflexión surge en mí después de su lectura. La intención de la autora, contar un viaje en el tiempo, está documentada con una bibliografía que aparece en las últimas páginas y parece que se planteó un relato serio; al final, lo que te queda del libro, es que es una de esas novelas romántico-eróticas de lo más mediocre. Y mi reflexión tiene que ver con la escasa docena de páginas de este tipo que te encuentras en el libro. Después de caminar siguiendo su lenguaje fluido y más o menos moderado, nos encontramos con las típicas y tópicas (y por qué no, vulgares hasta lo insoportable) descripciones de los encuentros sexuales de los protagonistas. Esto me lleva de nuevo a ese lugar extraño que es una editorial, donde unos señores (o señoras) deciden lo que debe gustarnos. Si soy sincera, esas páginas-pegote no sólo no me gustan nada, sino que me parece que encima entorpecen la trama y me las salto. Claro, que estoy segura de que habrá quien no se lea nada más… Al final, después de leer estos libros, siempre pienso en una peli que vi hace tiempo, una en la que la autora de estas novelas era en realidad un chico que se ganaba la vida con ello, pero en los libros ponían la foto de una mujer madura porque, al parecer, vende más. Mentiras editoriales que cada vez que convencen más de que, en cuestión de caminos, las pistas forestales siempre son más difíciles pero mucho más placenteras para los sentidos que las autovías.
domingo, 15 de agosto de 2010
LIBROS Y MÁS LIBROS
Esta semana me he leído otro libro y estoy terminando ya el siguiente. Se nota que es verano. No he escrito nada sobre ellos pero adelanto que uno es absolutamente superficial y el otro bastante profundo. Siempre ahí, sin término medio.
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