Jueves otra vez, y os adelanto algo más de El medallón de la magia. Creo que esta es una de las historias relacionadas con ella que más me gustó inventar.
Álex, mi hijo, tiene una mancha desde que era un bebé. Nació sin ella, o al menos yo no me fijé en que hubiera nada especial en él cuando me lo dieron. Poco a poco empezó a notársele una zona un poco más oscura en el lado derecho del cuello y en su interior, con el tiempo, empezaron a salir lunares. No me pareció normal, un día eran cinco y a la semana siguiente doce, así que le llevé a su pediatra, que inmediatamente me mandó al dermatólogo donde le diagnosticaron un nevus spilus, una lesión cutánea que se considera habitualmente benigna, aunque se han descrito cambios malignos, por lo que hay que vigilarla anualmente.
Me ha salido un niño aprensivo, así que para que no lo identificase como un problema serio, inventé una historia: no era nada malo, sólo una marca que le señala como alguien muy especial. Amanda, la protagonista femenina de El medallón de la magia, como Álex, tiene también sus marcas en el cuello. Intentaba que su "tatuaje natural" fuera para él algo distinto a una enfermedad.
Ahí os dejo una foto de la mancha real. La imaginaria, la de Amanda, protagoniza la portada del libro, que os mostraré muy pronto.
MAYTE ESTEBAN. Escritora. Abrí paso en España al mundo de la autoedición. Hoy publico con HarperCollins.
jueves, 26 de enero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
REGÁLALE NIVARIA.
Dentro de poco llegará el día de los enamorados. Para celebrarlo, desde la página de Nivaria, la novela de Óscar R. Arteaga, te hacen una propuesta: regálale un libro a tu pareja. Y, ¿por qué no éste? Nivaria está llena de sentimientos, de sueños, de viajes y de amor.
Para que el regalo sea todavía más especial puedes conseguir el libro dedicado personalmente por Óscar, con un empaquetado especial y un detalle romántico. Y por si te parece poco, sin gastos de envío hasta el día 14.
Os dejo el enlace de la página donde se dan todos los detalles. Yo os recomendé ya Nivaria y lo seguiré haciendo.
Me encantó.
Para que el regalo sea todavía más especial puedes conseguir el libro dedicado personalmente por Óscar, con un empaquetado especial y un detalle romántico. Y por si te parece poco, sin gastos de envío hasta el día 14.
Os dejo el enlace de la página donde se dan todos los detalles. Yo os recomendé ya Nivaria y lo seguiré haciendo.
Me encantó.
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Nivaria,
óscar r. arteaga
martes, 24 de enero de 2012
PREMIO BLOGUERO
Hace tiempo que no recibía un premio de estos. Esta vez es éste:
2. ¿Qué lugar del mundo te gustaría visitar y no conoces?
Nueva York y México D.F. ¿Por qué? Pues porque ya he estado en París, en Londres y en Atenas, que también me apetecían. Pero se va a quedar en un deseo, me temo.
3. Haz un menú con tu comida favorita, 1º plato, 2º y postre.
Me encanta comer (ojala no), así que prefiero que me sorprendan a pensar. Hoy todavía no sé qué comeremos, improvisaré, como casi todos los días.
4. Si al trabajo se refiere. ¿Cuál sería tu trabajo perfecto o profesión sin pensar en salarios?
Escribir, escribir, escribir.
5. ¿Recuerdas cuándo y por qué reíste la última vez? Cuéntalo si lo recuerdas.
Me río mucho en los cafés con mis amigas. Acabo de venir de reír un rato.
Tengo que entregarle el testigo a cinco blogs, cinco sólo, que considere que se lo merecen. ¡Uf! Bueno, Me he puesto y me han salido seis, espero que quien organizó el premio me perdone haberme pasado.
Hojeando mundos
Yo soy bibliófila
Mundo paralelo
O Meu Cartafol
Reseñando que es gerundio y......
Libros, exposiciones, excursiones.
Se lo tengo que agradecer a Dácil, del Blog de una madre desesperada. Gracias, guapa. Con todo el trabajo que tienes ahora y lo poco que te deja dormir Iván, aún buscas un hueco para repartir alegría. A mí me alegran estas cosas, por lo menos.
Tengo que responder a unas preguntitas. Allá voy:
1. Elige un momento de tu vida muy importante, sólo uno.
El día que nació Aitana. Me sentía muy bien después del parto y sentí que mi familia estaba completa.
2. ¿Qué lugar del mundo te gustaría visitar y no conoces?
Nueva York y México D.F. ¿Por qué? Pues porque ya he estado en París, en Londres y en Atenas, que también me apetecían. Pero se va a quedar en un deseo, me temo.
3. Haz un menú con tu comida favorita, 1º plato, 2º y postre.
Me encanta comer (ojala no), así que prefiero que me sorprendan a pensar. Hoy todavía no sé qué comeremos, improvisaré, como casi todos los días.
4. Si al trabajo se refiere. ¿Cuál sería tu trabajo perfecto o profesión sin pensar en salarios?
Escribir, escribir, escribir.
5. ¿Recuerdas cuándo y por qué reíste la última vez? Cuéntalo si lo recuerdas.
Me río mucho en los cafés con mis amigas. Acabo de venir de reír un rato.
Tengo que entregarle el testigo a cinco blogs, cinco sólo, que considere que se lo merecen. ¡Uf! Bueno, Me he puesto y me han salido seis, espero que quien organizó el premio me perdone haberme pasado.
Hojeando mundos
Yo soy bibliófila
Mundo paralelo
O Meu Cartafol
Reseñando que es gerundio y......
Libros, exposiciones, excursiones.
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premios
lunes, 23 de enero de 2012
LOS CUENTOS DE PEP BRUNO
Esta semana hemos recuperado una buena costumbre, la de tomar prestados libros de la biblioteca. En realidad la costumbre la habíamos perdido porque donde vivo no funciona demasiado bien, por eso hace mucho que mis hijos tienen el carné de la biblioteca de Cabanillas del Campo, donde vive su abuela, que sí es un ejemplo de cómo tienen que funcionar estos lugares. Es una biblioteca viva. Es en el verano cuando suelen ir casi todas las mañanas, cuando se quedan unos días en la casa de mi madre, a buscar sus lecturas. Pero esta semana, coincidiendo con una visita que le hemos hecho, ha sido la abuela quien les ha traído tres cuentos.
Los tres sirvieron para que Aitana tuviera su dosis de palabras nocturnas, antes de ir a dormir.
Todos son de Pep Bruno: La casa de mi abuela, La noche de los cambios y Pétala. Cada uno de estos cuentos breves está acompañado de unas ilustraciones preciosas. En el caso de La noche de los cambios son de Lucie Müllerova, La casa de mi abuela ha sido ilustrado por Matteo Gubellini y Pétala por Luciano Lozano.
¿Qué se puede contar de un cuento que se resuelve en pocas líneas? Poco sin destriparlo, así que hablaré de las risas de Aitana con La noche de los cambios, sobre todo cuando descubrió donde estaban las 37 ovejas, o de lo que le gustó en Pétala que la lluvia y la sonrisa del sol formaran el arco iris. Probad, vosotros que sé que tenéis niños, a contarles algún cuento de Pep. Les van a encantar. Estos tres son de OQO Editora.
Si queréis saber más sobre este autor, pinchad aquí.
Los tres sirvieron para que Aitana tuviera su dosis de palabras nocturnas, antes de ir a dormir.
Todos son de Pep Bruno: La casa de mi abuela, La noche de los cambios y Pétala. Cada uno de estos cuentos breves está acompañado de unas ilustraciones preciosas. En el caso de La noche de los cambios son de Lucie Müllerova, La casa de mi abuela ha sido ilustrado por Matteo Gubellini y Pétala por Luciano Lozano.
¿Qué se puede contar de un cuento que se resuelve en pocas líneas? Poco sin destriparlo, así que hablaré de las risas de Aitana con La noche de los cambios, sobre todo cuando descubrió donde estaban las 37 ovejas, o de lo que le gustó en Pétala que la lluvia y la sonrisa del sol formaran el arco iris. Probad, vosotros que sé que tenéis niños, a contarles algún cuento de Pep. Les van a encantar. Estos tres son de OQO Editora.
Si queréis saber más sobre este autor, pinchad aquí.
sábado, 21 de enero de 2012
HE VENDIDO UN LIBRO...
Emocionada estoy. No me lo podía creer cuando abrí mi correo y me encontré con el email de confirmación de "ganancias de creador". Ya, ya sé lo que pensáis. ¡Vaya cosa! ¡Un libro! Bueno, tiene sus matices y su explicación.
El miércoles vendí un libro en papel a través de la página donde lo publiqué. Los beneficios no los cobraré en la vida, son ridículos, pero es la primera vez que vendo un ejemplar de La arena del reloj a través de ellos. Ha ocurrido unas cuantas veces con Su chico de alquiler, pero éste estaba virgen en ese aspecto.
Los otros ejemplares que circulan en papel sé casi, uno por uno, quién los tiene. Incluso la mayoría están firmados por mí, con una dedicatoria personal e intransferible. Los otros libros, los electrónicos, están en descarga gratuita desde hace mucho, casi el mismo tiempo que hace que en esta página anularon el contador de descargas. No tengo ni idea de los que circulan por ahí en este formato y, sinceramente, no me preocupa. Creo que no significa nada. Una descarga no equivale a una lectura, ni siquiera se puede saber si todas fueron hechas por la misma mano...
Mi emoción tiene que ver con dos cosas: la persona que se lo ha comprado, Román, un compañero escritor que al que podéis leer en su blog El tiempo de Román y el hecho de que, desde que empezó 2012, La arena del reloj parece que ha adquirido vida propia. Me devuelve comentarios que a veces me tocan. No sé si me asusta casi más que me gusta, la verdad. Nunca he pretendido insistirle demasiado a nadie que lo lea, y si existen tantas personas que lo tienen en papel es porque lo han pedido y no he tenido inconveniente en hacer de intermediaria. Lo que me resulta curioso es que, justo ahora que he logrado decidirme a publicar el último libro, empiece éste su camino "virtual". He optado, con todas las precauciones del mundo, seguir ciertos consejos y darle una última oportunidad, brindándole por lo menos el mismo apoyo que a los libros de otros autores. Es mío, ¿no? Supongo que es lo que debería haber hecho desde el principio.
Los que frecuentáis el espejo sabéis que se pueden descargar gratis mis dos primeras novelas, pero por si alguno no se ha enterado, os dejo el enlace de Érase una vez… mi tienda virtual. Seguro que queda algún despistado. Ahí veréis que también se pueden comprar en papel.
Otra cosa más.
Como ya os he repetido, una de las cosas más emocionantes que me han pasado en todo este follón de publicar libros y dejarlos sueltos por ahí para que la gente que quiera se los lea, son las palabras que me llegan de vuelta. En mi caso, aunque hay reseñas, los comentarios más increíbles han llegado en privado, a través de mi correo electrónico. La mayoría de las veces no eran de las personas que quizá yo esperaba, porque tengo con ellas una relación algo más estrecha, sino de gente desconocida. Debe ser cierto en mi caso que las cosas en mi vida jamás suceden como cabría esperar, pero esta imprevisión que siempre me acompaña tiene su gracia. Nunca sé lo que puedo esperar, nunca sé cuándo la vida me va a sorprender. Supongo que cuando llegue algo de alguien que espero que llegue (ya me he liado con la frase) me caeré del susto.
Entre todo, creo que destaca este pequeño relato de Sandra Molina. Me devolvió palabras por mis palabras, una historia por mi historia. Está publicado en su blog. Lo transcribo aquí porque este es mi mundo y quiero que se quede. Habla de su padre, al que perdió cuando era muy joven. Me ha encantado.
El sordo reloj mudo
“Hoy lo he recordado. Después de tanto tiempo me ha venido a la mente ese reloj plateado que llevabas siempre enganchado al pantalón con una cadena y que guardabas celosamente en tu bolsillo derecho. ¿Qué habrá sido de él? Seguramente esté guardado en algún cajón de tu mesilla, aún intacta, junto a tu billetera de piel marrón y tu agenda de bolsillo.
Al principio, no entendí por qué ese reloj, por qué no llevabas uno de pulsera, como todo el mundo. Más tarde me di cuenta. Tú lo hacías especial al sacarlo orgulloso del bolsillo del pantalón de pana, porque tú eras especial. Eráis compañeros, dos almas gemelas que latían a la par.
Me gustaba ese reloj. Oía su incesante "tic tac" cuando todo era silencio, al igual que tu corazón, cuando me sentaba junto a ti y posaba mi cabeza en tu pecho, intentando encontrar ese ritmo acompasado. Tal vez por eso me gustaba tanto.
Cada cierto tiempo, le dabas cuerda, impidiendo que se apagara, reavivando su motor y evitando su sufrimiento. Posiblemente porque era impensable la vida de uno sin el otro.
Pero un día, tu corazón se apagó y dejé de oír el reloj. El pequeño objeto plateado se quedó sordo, ya no oía ese compás que siempre le acompañaba. Se sintió inútil e impotente no pudiendo dar cuerda a tu corazón, como tantas hiciste tú hiciste con él. Desde ese instante, decidió que ya no era necesario decir nada más y enmudeció para siempre.”
Creo que es imposible expresar más sentimientos con menos palabras.
¡Feliz fin de semana!
El miércoles vendí un libro en papel a través de la página donde lo publiqué. Los beneficios no los cobraré en la vida, son ridículos, pero es la primera vez que vendo un ejemplar de La arena del reloj a través de ellos. Ha ocurrido unas cuantas veces con Su chico de alquiler, pero éste estaba virgen en ese aspecto.
Los otros ejemplares que circulan en papel sé casi, uno por uno, quién los tiene. Incluso la mayoría están firmados por mí, con una dedicatoria personal e intransferible. Los otros libros, los electrónicos, están en descarga gratuita desde hace mucho, casi el mismo tiempo que hace que en esta página anularon el contador de descargas. No tengo ni idea de los que circulan por ahí en este formato y, sinceramente, no me preocupa. Creo que no significa nada. Una descarga no equivale a una lectura, ni siquiera se puede saber si todas fueron hechas por la misma mano...
Mi emoción tiene que ver con dos cosas: la persona que se lo ha comprado, Román, un compañero escritor que al que podéis leer en su blog El tiempo de Román y el hecho de que, desde que empezó 2012, La arena del reloj parece que ha adquirido vida propia. Me devuelve comentarios que a veces me tocan. No sé si me asusta casi más que me gusta, la verdad. Nunca he pretendido insistirle demasiado a nadie que lo lea, y si existen tantas personas que lo tienen en papel es porque lo han pedido y no he tenido inconveniente en hacer de intermediaria. Lo que me resulta curioso es que, justo ahora que he logrado decidirme a publicar el último libro, empiece éste su camino "virtual". He optado, con todas las precauciones del mundo, seguir ciertos consejos y darle una última oportunidad, brindándole por lo menos el mismo apoyo que a los libros de otros autores. Es mío, ¿no? Supongo que es lo que debería haber hecho desde el principio.
Los que frecuentáis el espejo sabéis que se pueden descargar gratis mis dos primeras novelas, pero por si alguno no se ha enterado, os dejo el enlace de Érase una vez… mi tienda virtual. Seguro que queda algún despistado. Ahí veréis que también se pueden comprar en papel.
Otra cosa más.
Como ya os he repetido, una de las cosas más emocionantes que me han pasado en todo este follón de publicar libros y dejarlos sueltos por ahí para que la gente que quiera se los lea, son las palabras que me llegan de vuelta. En mi caso, aunque hay reseñas, los comentarios más increíbles han llegado en privado, a través de mi correo electrónico. La mayoría de las veces no eran de las personas que quizá yo esperaba, porque tengo con ellas una relación algo más estrecha, sino de gente desconocida. Debe ser cierto en mi caso que las cosas en mi vida jamás suceden como cabría esperar, pero esta imprevisión que siempre me acompaña tiene su gracia. Nunca sé lo que puedo esperar, nunca sé cuándo la vida me va a sorprender. Supongo que cuando llegue algo de alguien que espero que llegue (ya me he liado con la frase) me caeré del susto.
Entre todo, creo que destaca este pequeño relato de Sandra Molina. Me devolvió palabras por mis palabras, una historia por mi historia. Está publicado en su blog. Lo transcribo aquí porque este es mi mundo y quiero que se quede. Habla de su padre, al que perdió cuando era muy joven. Me ha encantado.
El sordo reloj mudo
“Hoy lo he recordado. Después de tanto tiempo me ha venido a la mente ese reloj plateado que llevabas siempre enganchado al pantalón con una cadena y que guardabas celosamente en tu bolsillo derecho. ¿Qué habrá sido de él? Seguramente esté guardado en algún cajón de tu mesilla, aún intacta, junto a tu billetera de piel marrón y tu agenda de bolsillo.
Al principio, no entendí por qué ese reloj, por qué no llevabas uno de pulsera, como todo el mundo. Más tarde me di cuenta. Tú lo hacías especial al sacarlo orgulloso del bolsillo del pantalón de pana, porque tú eras especial. Eráis compañeros, dos almas gemelas que latían a la par.
Me gustaba ese reloj. Oía su incesante "tic tac" cuando todo era silencio, al igual que tu corazón, cuando me sentaba junto a ti y posaba mi cabeza en tu pecho, intentando encontrar ese ritmo acompasado. Tal vez por eso me gustaba tanto.
Cada cierto tiempo, le dabas cuerda, impidiendo que se apagara, reavivando su motor y evitando su sufrimiento. Posiblemente porque era impensable la vida de uno sin el otro.
Pero un día, tu corazón se apagó y dejé de oír el reloj. El pequeño objeto plateado se quedó sordo, ya no oía ese compás que siempre le acompañaba. Se sintió inútil e impotente no pudiendo dar cuerda a tu corazón, como tantas hiciste tú hiciste con él. Desde ese instante, decidió que ya no era necesario decir nada más y enmudeció para siempre.”
SANDRA
Creo que es imposible expresar más sentimientos con menos palabras.
¡Feliz fin de semana!
viernes, 20 de enero de 2012
LA REALIDAD Y EL DESEO
| Me paso la vida tomando apuntes, aunque no hagan falta. |
Con este nombre se recoge toda la obra de Luis Cernuda a partir de 1936. Siempre me ha gustado este título porque creo que resume el conflicto que alguna vez tenemos todos con nosotros mismos: lo que realmente deseas choca de frente con tu realidad, provocando un tumulto en tus sentimientos que, en ocasiones, no es fácil de manejar.
De Luis Cernuda nos hablaron poco en el colegio. Su exilo, primero a Inglaterra, más tarde a Estados Unidos y finalmente a México, donde murió en 1963, mantuvo sus palabras lejos mucho tiempo. No ayudó nada su condición de republicano, y mucho menos su inclinación sentimental, para que se le prestase atención durante muchísimo tiempo y, cuando finalmente se abandonaron prejuicios, su nombre quedó medio oculto entre otros grandes de su generación, como Alberti o Lorca.
Pero a mí el que me gusta es él. Supongo que en mi mente me salto el carácter huraño que dicen que tenía y lo dibujo sólo con los otros rasgos de los que hablan quienes le conocieron: su sensiblidad exagerada y vulnerable, esa necesidad de buscar la belleza y esa angustia por alcanzar lo inalcanzable. Y el amor, la razón última de su existencia.
Pero a mí el que me gusta es él. Supongo que en mi mente me salto el carácter huraño que dicen que tenía y lo dibujo sólo con los otros rasgos de los que hablan quienes le conocieron: su sensiblidad exagerada y vulnerable, esa necesidad de buscar la belleza y esa angustia por alcanzar lo inalcanzable. Y el amor, la razón última de su existencia.
Hay palabras que te tocan, porque sí, porque les da la gana. Al principio son un susurro, luego te acarician y a la que te despistas te roban el alma. Hay frases que de puro simples, son perfectas (*). Este fragmento de poema, perteneciente a Los placeres prohibidos, las palabras que contiene, son de Luis Cernuda pero cuando las leo en voz alta, con su permiso, me pertenecen.
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, (*)
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.(*)
Aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.
¿Alguna vez un libro os ha tocado muy dentro?
Lanzo una pregunta para valientes que se atrevan a contestarla.
jueves, 19 de enero de 2012
CÓMO NACIÓ EL MEDALLÓN DE LA MAGIA
Un pequeño adelanto de cómo nació esta novela.
Esta debería ser una historia de espadas y magia, pero por más que lo intentamos las espadas brillan, pero por su ausencia. Un día mi hijo, con seis años, me pidió un cuento y yo, como soy su madre y le quiero se lo regalé. Ese regalo, sin embargo, tenía una condición: él sería mi guía. Yo me iba a limitar a escribir lo que él quisiera, los personajes se llamarían como le apeteciera y elegiría desde los escenarios hasta las aventuras se que iban a vivir en el cuento. Por mi parte, trataría de que la historia incluyera elementos con los que él aprendiera algo de Historia. Aceptamos los dos y nunca me pude imaginar lo fácil que iba a resultar en algunos momentos y lo enrevesadamente difícil que me lo pondría en otros. Pero el reto lo superamos ambos y el medallón, con tiempo y paciencia comenzó a brillar. Hoy, nuestra historia, abandona la estantería familiar para intentar abrirse un huequito en vuestros corazones. ¿Os animáis a conocerla?
El medallón de la magia estará disponible en lulu a partir del próximo 25 de febrero.
Esta debería ser una historia de espadas y magia, pero por más que lo intentamos las espadas brillan, pero por su ausencia. Un día mi hijo, con seis años, me pidió un cuento y yo, como soy su madre y le quiero se lo regalé. Ese regalo, sin embargo, tenía una condición: él sería mi guía. Yo me iba a limitar a escribir lo que él quisiera, los personajes se llamarían como le apeteciera y elegiría desde los escenarios hasta las aventuras se que iban a vivir en el cuento. Por mi parte, trataría de que la historia incluyera elementos con los que él aprendiera algo de Historia. Aceptamos los dos y nunca me pude imaginar lo fácil que iba a resultar en algunos momentos y lo enrevesadamente difícil que me lo pondría en otros. Pero el reto lo superamos ambos y el medallón, con tiempo y paciencia comenzó a brillar. Hoy, nuestra historia, abandona la estantería familiar para intentar abrirse un huequito en vuestros corazones. ¿Os animáis a conocerla?
El medallón de la magia estará disponible en lulu a partir del próximo 25 de febrero.
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el medallón de la magia
miércoles, 18 de enero de 2012
LA DEDICATORIA DE LEA TOBERY
Hace ya tiempo, Lea Tobery, la autora de Resurreción informó a sus lectores que en su próxima novela iba a incluir, en la dedicatoria, a las personas y los espacios que le habían prestado su apoyo. Esta mañana, cuando he entrado en internet y he empezado mi habitual exploración de blogs, me he encontrado que este blog, El espejo de la entrada, y yo misma estamos en esa dedicatoria.
La próxima novela de Lea se llama Vapor y está previsto que se pueda acceder a ella en el mes de abril, así que hasta entonces tendremos que conformarnos con leer Resurrección. No es un mal plan, la verdad.
De momento, os animo a que indaguéis en su blog.
La próxima novela de Lea se llama Vapor y está previsto que se pueda acceder a ella en el mes de abril, así que hasta entonces tendremos que conformarnos con leer Resurrección. No es un mal plan, la verdad.
De momento, os animo a que indaguéis en su blog.
martes, 17 de enero de 2012
DAR Y RECIBIR
Al principio, el comercio era un caos. Empezamos por algo que se llamó trueque, un intercambio en el que cada uno ofrecía lo que tenía y se lo cambiaba a otro. El valor real no importaba demasiado. Al fin y al cabo, cuando se necesita un lápiz y no se tiene, si alguien lo cambia por el bolígrafo que le sobra, sentirá que no pierde nada en el trato. En la balanza imaginaria donde los poníamos se pesaban, no sólo los gramos, sino también elementos subjetivos como su utilidad y su necesidad en ese momento.
Un buen día surgieron los conflictos, eso de que lo mío vale más que lo tuyo, porque ha costado más producirlo… un caos que desembocó en la idea de inventar el dinero. Simplificó muchas cosas, la verdad. Es fuente de otros miles de conflictos posteriores, pero en ese primer contexto, fue una buena idea. Ahora no sé si tanto.
Pero no quería hablar de dinero sino de sentimientos. Cuando alguien da mucho, se ofrece a los demás, también espera de algún modo que los demás le devuelvan algo. Diga lo que diga en público. Los sentimientos no se pueden medir y por lo general es cierto que las personas expertas en dar se conforman con muy poquito. A veces, sólo una sonrisa, una palabra, un mensaje de vuelta. Para ellas es suficiente pero tan necesario como en el trueque primitivo que existieran, al menos, objetos en los dos lados de la balanza.
Hoy he visto tristeza en la mirada de alguien que siempre da. Cansancio. La sensación que transmitía es que ya no siente la alegría de antes haciendo lo que hace por los demás porque no recibe a cambio ni el medio minuto que hace falta pararse para escribir un gracias. Con una palabra o con un beso. Se ha dado la vuelta, ocultando su rostro unos instantes, y al volver a mirar ha seguido con su entrega habitual, tratando de ponerle una pasión que, ahora lo sé, ya no siente. No creo que nadie más que yo haya notado su enorme desencanto con todo. Yo lo entiendo. No en la misma medida, pero muchas veces siento que doy más que recibo. Es lo malo de tener la manía de leer entre líneas: no es lo mismo emocionar que ser emotivo. Hay millones de kilómetros de distancia.
Un buen día surgieron los conflictos, eso de que lo mío vale más que lo tuyo, porque ha costado más producirlo… un caos que desembocó en la idea de inventar el dinero. Simplificó muchas cosas, la verdad. Es fuente de otros miles de conflictos posteriores, pero en ese primer contexto, fue una buena idea. Ahora no sé si tanto.
Pero no quería hablar de dinero sino de sentimientos. Cuando alguien da mucho, se ofrece a los demás, también espera de algún modo que los demás le devuelvan algo. Diga lo que diga en público. Los sentimientos no se pueden medir y por lo general es cierto que las personas expertas en dar se conforman con muy poquito. A veces, sólo una sonrisa, una palabra, un mensaje de vuelta. Para ellas es suficiente pero tan necesario como en el trueque primitivo que existieran, al menos, objetos en los dos lados de la balanza.
Hoy he visto tristeza en la mirada de alguien que siempre da. Cansancio. La sensación que transmitía es que ya no siente la alegría de antes haciendo lo que hace por los demás porque no recibe a cambio ni el medio minuto que hace falta pararse para escribir un gracias. Con una palabra o con un beso. Se ha dado la vuelta, ocultando su rostro unos instantes, y al volver a mirar ha seguido con su entrega habitual, tratando de ponerle una pasión que, ahora lo sé, ya no siente. No creo que nadie más que yo haya notado su enorme desencanto con todo. Yo lo entiendo. No en la misma medida, pero muchas veces siento que doy más que recibo. Es lo malo de tener la manía de leer entre líneas: no es lo mismo emocionar que ser emotivo. Hay millones de kilómetros de distancia.
PASADO
Llegó a casa y soltó el bolso en cualquier lugar, sin molestarse en si aquel gesto era el adecuado. Las noticias en la última revisión eran demoledoras: el tumor avanzaba rápido y el tratamiento ya no estaba resultando eficiente. Mientras la doctora hablaba, con toda la parafernalia técnica que acompaña a estas explicaciones, ella pensaba en sus propias cosas, sus asuntos pendientes, esos que consideró de pronto más importantes que nada.
Daba lo mismo el tiempo que le quedase si era suficiente para lo que tenía que hacer.
El abrigo fue a parar al suelo. De un vistazo recorrió la entrada de la casa. Descolgó un cuadro y lo puso en el suelo. Lo había pintado de pequeña y era horrible, pero era suyo y por eso tenía su lugar en casa. Para nadie más tendría sentido conservarlo. Entró en el salón y fue vaciando cajones, sacando de ellos cualquier objeto que a ojos de alguien que no fuera ella misma tuviera algún valor. Le siguieron su habitación, su armario, su carpeta de documentos, incluso el disco duro de su ordenador… uno por uno los fue despojando de las partes de su alma que los componían.
Cuando acabó era tarde, muy tarde, y un buen montón de cosas esperaban en la entrada de casa. Necesitó cinco viajes al contenedor de basura. Exhausta por el esfuerzo que todo esto supuso para sus menguadas fuerzas se acostó en su cama. No se durmió enseguida pensando si todavía quedaban asuntos pendientes. Había uno, ser capaz de deshacerse de los recuerdos que anidaban en su mente. Sonrió porque para eso quedaba muy poco tiempo.
Ya no había futuro.
Daba lo mismo el tiempo que le quedase si era suficiente para lo que tenía que hacer.
El abrigo fue a parar al suelo. De un vistazo recorrió la entrada de la casa. Descolgó un cuadro y lo puso en el suelo. Lo había pintado de pequeña y era horrible, pero era suyo y por eso tenía su lugar en casa. Para nadie más tendría sentido conservarlo. Entró en el salón y fue vaciando cajones, sacando de ellos cualquier objeto que a ojos de alguien que no fuera ella misma tuviera algún valor. Le siguieron su habitación, su armario, su carpeta de documentos, incluso el disco duro de su ordenador… uno por uno los fue despojando de las partes de su alma que los componían.
Cuando acabó era tarde, muy tarde, y un buen montón de cosas esperaban en la entrada de casa. Necesitó cinco viajes al contenedor de basura. Exhausta por el esfuerzo que todo esto supuso para sus menguadas fuerzas se acostó en su cama. No se durmió enseguida pensando si todavía quedaban asuntos pendientes. Había uno, ser capaz de deshacerse de los recuerdos que anidaban en su mente. Sonrió porque para eso quedaba muy poco tiempo.
Ya no había futuro.
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