jueves, 17 de enero de 2013

EL BLOG, MI VENTANA AL MUNDO



Cuando abrí este espacio no sé por qué lo hice. Supongo, como ya he dicho más veces, que me aburría y se me ocurrió que era un buen lugar donde volcar pensamientos, experiencias y lecturas, sin más objetivo que dejarlas juntas en alguna parte. Sin ánimo de que nadie más las leyera, excepto mi prima Mari Carmen, que siempre andaba preguntándome cuál podría ser su siguiente lectura.



Sin embargo, poco a poco este mundo se fue expandiendo, abriéndose por sí mismo y dando cabida en él a personas que como yo se movían en este mundo virtual. Hoy voy a recordar a algunas de ellas, por lo que han impactado en mí, por lo que han cambiado mi mundo más cercano.

Fue un muy grato descubrir, con el paso del tiempo, que había personas que conocía a las que no había asociado con su actividad real. Fue el caso de Blanca Miosi, de la que sabía porque de vez en cuando comentaba pero que de la que no fui consciente de que era escritora hasta mucho después. Creía que era una amiga de Armando Rodera, un escritor al que conocí al tropezar con su blog por casualidad y que ha pasado a engrosar mi lista de amigos. Ambos han supuesto un enorme soporte en mi ánimo al enfrentarme a la decisión de publicar en amazon tres de mis libros, porque su experiencia, que he ido viviendo día a día, ha sido inspiradora. Desde que los encontré y los ubiqué correctamente, he seguido de cerca sus pasos, aprendiendo con ellos y escribiendo con su ayuda renglones de mi propia biografía.

Otras personas aparecieron aquí tras haber reseñado sus novelas, como Eloy Moreno, Pedro de Paz o Care Santos, por poner tres ejemplos, algo jamás soñado. ¿Cuándo, antes de existir este camino, podría haber pensado poder compartir en primera persona impresiones con los autores de los libros que leo? Hasta entonces, creo que nunca. Eso inspiró una entrada en el blog, La relación autor-lector, que es la que más visitas acumula hasta ahora, justo detrás de otra que se llama Carnaval, y que contiene una foto de la clase de infantil de mi hija disfrazados de payasos. Algo que supongo tiene que ver con los peculiares criterios de los buscadores de internet a la hora de localizar lo que los usuarios demandan y no con el objetivo general de este espacio.

Hubo quien, viendo mi afición lectora, se puso en contacto conmigo para pedirme que reseñase sus libros que acababan de ver la luz de una manera novedosa, autoeditados, y que supusieron verdaderos descubrimientos, no sólo como autores sino como amigos: Emilio Casado, Enrique Osuna o Ángels Om. Desde entonces el contacto con ellos, a través de comentarios se multiplicó también en correos que nos mantienen aún hoy cerca a pesar de la distancia que nos separa en el mundo real. Creo que es de las experiencias más enriquecedoras que se pueden conseguir a través de algo tan etéreo como es esto de internet. Entre esas circunstancias excepcionales también conocí a Óscar Arteaga, tras ganar un concurso se quedó conmigo y hemos compartido, junto a Emilio, el honor de ser apadrinados por distintos clubs de lectura. Esto es lo que yo llamo enredar el alma, a través de unos hilos invisibles

También El espejo… ha supuesto conocer a blogueros con las que comparto inquietudes y sueños, libros y charlas, como Marga de Libros, exposiciones y excursiones (con la que además compartí unas vacaciones) o Tatty, de El universo de los libros, que aunque vive lejos de mí, sabemos cómo encontrar momentos para vernos y pasear entre libros, que son los objetos que más nos gustan a ambas. No son las únicas. A pesar de los miles de kilómetros, sé que tengo a Kyra, de Hojeando Mundos y más lejos, tan lejos que no sé dónde ubicarla, está Barby, a quien extraño todavía a pesar del tiempo que hace que se fue (creo que lo haré siempre) que se ganó que le dedicase El medallón de la magia con el permiso de los que tenía más cerca. Ella es inmortal, en mi libro y en mi corazón. Y Margari, y Koncha, y Luis Miguel, y Dácil y también Inés, Mónica y Pilar, Jesús y… uf, esto sí que es complicado, son tantas personas que seguro que me dejaré a muchos. ¡Mil perdones!

Este blog es mi ventana al mundo, una ventana, o un espejo al que me asomo cada día.

Espero que os quedéis conmigo para siempre.

viernes, 11 de enero de 2013

EL DIARIO


14 de marzo de 1954…



La primera vez que abro el diario y tengo mis dudas. No sé hasta qué punto está bien esto, invadir la intimidad de una persona, recorrer sus vivencias sin su permiso expreso, pero era Martín y ya hace tanto que se marchó que es posible que me perdone la intromisión. Quiero saber de él, traerlo conmigo un rato, sentarme a su lado y dejar que me cuente este fragmento de vida que nunca nos dio tiempo a compartir: nací tarde para que pudiéramos coincidir demasiado y él tuvo prisa por marcharse. Apenas fueron diez años de convivencia que hoy, estoy segura, me saben a poco.

Empiezo a leer, tratando de acostumbrar mis ojos a esa letra suya, inclinada hacia adelante pero firme y segura, como el hombre recio al que conocí. Va desgranando, ciudad tras ciudad, la gira con el ballet de Marianela de Montijo, donde él actuó como txistulari. Le descubro como nunca le vi, joven y vital, y me asombra la capacidad de observación que tiene. A medida que paso páginas empiezo a ser consciente de algo: no tiene a quien escribirle las cartas que probablemente sus compañeros músicos envían cada día a sus mujeres y por eso se escribe a sí mismo. Como cronista improvisado para un rotativo inexistente, Martín anota días, horas, siestas, descansos y ensayos. Recoge los aplausos y los guarda en papel, para llevárselos a casa, cuando regrese a Madrid, a su habitación de la calle Oviedo, o cuando logre reunir lo suficiente para volver a su Bilbao natal, donde le espera su único hijo.

El 19 de julio del 54, rendido, da por terminada la gira y no vuelve a escribir nada hasta el 24 de abril de 1956…




Yo salto esos dos años en un suspiro y me encuentro con él, ahora como músico en la compañía de Marienma. Me veo a su lado tomando el expreso de las nueve y media de la noche en Madrid, rumbo a la gira por oriente próximo. Hacemos una parada en Barcelona, más tarde en Figueras y, mientras horas después esperamos para  hacer transbordo en Narbonne, ya en Francia, me tomo un café a su lado. Al final llegamos a Marsella, la madrugada del día 26, derrotado él por no haber dormido, fascinada yo porque he podido imaginar el viaje simplemente dejándome llevar por el rastro que dejaron sus manos en esta pequeña libreta negra. El descanso dura poco porque a las cuatro de la tarde ya estamos embarcados en el Jerusalén, un buque que tiene como destino Israel.





Los días en el barco pasan lentos. Los rellena con paseos por cubierta y conversaciones con algún tripulante que se defiende con el español. Pregunta todo, no quiere dejar que se le escape ni un solo detalle, anota el nombre de cada pedacito de tierra que se atreve a asomase ante sus ojos en el horizonte de este mar Mediterráneo. Egaña, el pianista del ballet, nos empieza a acompañar cada vez con más frecuencia. De simples conocidos van pasando a amigos y cuando Martín comienza a interesarse por una joven que también viaja en el barco, se aparta de él, consciente de que si existe una posibilidad de que crucen algo más que miradas, esa pasa porque él no esté cerca. Yo me quedo, al fin y al cabo no me ve nadie, y así espío a esta lectora incansable de novelas que ha llamado la atención de Martín. Al final no pasa nada. Ella está casada y él es demasiado tímido como para abordarla ni siquiera para entablar una conversación…

La gira, cuando finalmente desembarcamos, se llena de sinsabores. Pocos días después de comenzar, el ambiente se enrarece entre rumores que finalmente se acaban confirmando: no van a cobrar. Al menos costará mucho que lo logren y, mientras eso sucede, tendrán que poner de su bolsillo el dinero de la comida y del alojamiento. No es fácil, nada fácil, saber que volverás a casa con las manos aún más vacías que antes de marcharte y que, además, en esa aventura habrás perdido parte de tus exiguos ahorros. La compañía, a pesar de todo, sigue actuando y viajando, y él no se cansa de recoger cada anécdota: las mima y las conserva para contárselas un día a su hijo, para que sepa lo duro que fue cada noche salir al escenario consciente de que la deuda que tienen con él aumenta en la misma medida que disminuyen las posibilidades de cobrarla. Pero Martín, por encima de todo, es un artista y no sabe, o no quiere, renunciar a los focos aunque la luz que dan ahora sea claramente insuficiente.

En medio de la turné me hace una confesión inesperada. En realidad se la hace a sí mismo pero mis ojos son testigos: "hoy, día 16, hace 22 años que me casé con una mujer que no supo hacerme feliz. No vivo con ella y no me pesa pero hoy, en Estambul, pienso en el hijo que me espera, lo único bueno que conservo de ese tiempo."  Conozco esa historia, es muy triste. En un tiempo sin divorcio, Martín encontró como única solución a sus problemas poner tierra de por medio. La vida a veces te compensa y supo esperar. Y en esa espera apareció María, un diamante escondido entre las telas que invadían cada rincón de su casa de Cuatro Caminos. 

Pero aún es pronto para esa historia con la modista, faltan casi diez años para que eche a andar…

Los ojos se me cierran, me he bebido todas las páginas de un trago y casi no soy capaz de entender la letra diminuta en la que, al final, anota lo que le deben: casi treinta mil pesetas, una fortuna para su tiempo.
Cierro la libreta y la guardo en mi mesilla, con un rastro de agua en mis ojos. Sé que cuando quiera, cuando lo necesite, volveré a vivir, de su mano, esta historia suya que también es un poco mía. Porque Martín fue mi familia. 

Porque yo me llamo Mayte porque él insistió.

Mayte Esteban
Enero, 2013.

miércoles, 9 de enero de 2013

MI ESTANTERÍA

Hay una estantería en casa a la que tengo especial cariño. Es esa en la que reposan los libros de autoedición que he ido recopilando a lo largo de este tiempo. Libros físicos, porque los que tengo en formato digital, que son muchos más, están en el kindle y ahí no se pueden mirar de un solo vistazo.


Entre ellos están las pruebas de alguno de los míos, y he dejado también en ella los de B de Books que tengo y faltan algunos que están prestados, en casa de amigos que están empezando a descubrir a los autores que empiezan a dar sus primeros pasos en este complicado mundo de la literatura.

Tienen algo en común: están dedicados por sus autores. Supongo que esas palabras manucritas convierten a estos libros en pequeños tesoros para alguien como yo, para quien los libros siempre han sido amigos, compañeros imprescindibles en este viaje de la vida.

Este año, seguramente, acabaré necesitando ocupar otro estante porque pienso incrementar mi colección. Haré otra foto el próximo enero.




sábado, 5 de enero de 2013

DESCOMENTADOS

Esta noche vienen los Reyes Magos, pero a mí ayer me hicieron un regalo que agradezco: he sido "descomentada". Hace unas semanas me quejé a Amazon porque un individuo se dedicaba a dejar comentarios de cinco estrellas en cuanto libro pillaba en el top 100. El sujeto en cuestión no decía nada en concreto, sino que, sin ninguna sutileza, colaba el enlace de su propia novela en el comentario. Yo fui una de sus víctimas, a quien dejó cinco estrellas a cambio de que le sujetase, durante un tiempo que gracias a dios ha sido breve, su enlace.

A lo tonto, a lo tonto, el otro día lo vi en el top 100. Algo vetado para novelas con calidad, pero que éste ha conseguido con una estrategia de maketing éticamente reprobable.

Sin embargo, ciento y pico comentarios iguales cantaban mucho y ayer vi que en Su chico de alquiler tenía este mensaje: Sé el primero en escribir una opinión sobre este producto.

¡Me encantó!

 Prefiero, sinceramente, que no tenga ni un solo comentario, que si no se los merece, nadie diga absolutamente nada del libro antes que ser utilizada. Soy generosa normalmente pero no otra palabra que empieza por g y que no pondré hoy por ser el día que es, no sea que los Reyes me escuchen, o me lean, y ya sí que no me traigan lo que he pedido. Aunque con el trabajo que tienen hoy no sé si estarán para ponerse a leer blogs...

Y pasando a otra cosa, que me disperso... Quiero hablaros de ciclos. Detecto que los de mis novelas empiezan a agotarse. Supongo que cuando has vendido muchos ejemplares en los meses anteriores (no es que hayan sido una barbaridad, o cifras para celebrar una fiesta, pero han estado muchísimo mejor de lo que me hubiera atrevido a soñar), los libros empiezan un suave descenso hasta que se mueren. En este caso no es una muerte real, sino un hundimiento en los abismos de la lista que los sitúa en posiciones invisibles.

Es una sensación... rara. A veces me siento mal, porque me he esforzado en empujarlas, teniendo que morderme la lengua ante comentarios venenosos de quienes insisten en que la publicidad que hacemos los autores es cansina y contraproducente (pues siento decir que no, que cuando lo dejas es cuando decaen, que lo he probado) y a pesar del esfuerzo, a pesar de que he rozado con los dedos mi objetivo, no lo he llegado a conseguir del todo. Otras, me doy cuenta de que he logrado muchísimo. Con la ayuda de la gente de los blogs, sobre todo, que se implicaron en esos dos meses de verano en los que reseñaron los libros, siempre tendré que agradecérselo y no olvidarlo, porque no fue mérito mío solamente. Aunque en muchas ocasiones te llegues a sentir muy sola.

También me siento muy bien con los comentarios que tienen las novelas. Ni uno solo de los que hay los he pedido, no se me ha ocurrido jamás decirle a nadie que se vaya a Amazon y me ponga una opinión. No, porque si lo que quiero es saber qué opinan, si lo pido no sería real, ¿no creéis?

Ahora, con la novela que tengo terminada en fase de últimos retoques, toca tomar aire, pensar si estoy preparada para volver a meterme en este lío. El año pasado pagué mi precio en todo esto: veinte kilos. ¡Casi nada! He sido capaz de recuperar cuatro, pero sigo en una talla que cuando plancho la ropa mi cerebro se niega a creer que es la mía.

Esta vez tengo experiencia.

Espero que sirva de algo.


martes, 1 de enero de 2013

LA ESTRATEGIA DEL AGUA DE LORENZO SILVA


Sinopsis:

Tas una decepcionante experiencia con el sistema judicial que ha puesto en libertad a un asesino encerrado por Vila, éste se halla desencantado y más escéptico de lo que acostumbra. Así se enfrenta al caso que le ocupa: un hombre, Óscar Santacruz, ha aparecido con dos tiros en la nuca en el ascensor de su casa, sin que ningún vecino haya oído ni visto nada. Parece el «trabajo» de un profesional, lo que parece un tanto desmesurado dada la aparente poco trascendencia de la víctima. Vila y Chamorro comienzan una investigación, muy a regañadientes por parte de Vila, actitud que empezará pagando «el nuevo», Arnau, un joven guardia que poco a poco se irá ganado la confianza de Vila.

Parece que los problemas en la vida de Óscar Santacruz se limitan a un divorcio mal llevado con un hijo de por medio. Pero, ¿puede ser ésta la razón de su asesinato? ¿Qué esconde la denuncia que pesaba sobre la víctima por malos tratos? ¿Y su detención por tráfico de drogas? ¿En qué oscuros asuntos estaba envuelto este hombre en apariencia tan poco peligroso?

Una novela sobre los claroscuros de las relaciones, sobre los pasadizos del sistema judicial, sobre las modernas técnicas de investigación incorporadas por la Guardia Civil, sobre las injusticias que provocan las leyes, sobre el mal, que a menudo está demasiado cerca, incluso entre lo que un día amamos.

Mis impresiones:

Este libro no es mío. Pertenece a mi hijo, para quien está dedicado. Se lo compré en Getafe, a finales de octubre, el día que pasamos en familia, asistiendo a varias de las charlas que ese día se multiplicaban con motivo del Getafe Negro del pasado 2012. Lorenzo Silva estaba allí y solo tuve que mirar a Alex para saber que quería otro libro de él: quería tenerlo dedicado, hacerlo todavía más suyo. La marca del meridiano todavía no había salido a la venta, y en la caseta de la plaza tenían este ejemplar y Niños Feroces, un libro que él ya leyó hace tiempo y del que me habla siempre que tiene ocasión. La prosa de Silva, a pesar de su corta edad, le llegó y quería seguir disfrutando de ella. No soy quien para negárselo, aunque reconozco que no había leído de Lorenzo Silva nada más allá de artículos o entradas de su blog. Le compré La estrategia del agua.

Cuando lo tuvo entre sus manos, Alex leyó la primera página y me dijo: "Mamá, ya sólo con esta página sé que me va a gustar". Sin embargo, no lo ha leído aún. Trece años parecen pocos para tener obligaciones lectoras, pero él las tiene: compromisos escolares que sortea a base de suspiros (me parece que su profesora no está muy al corriente de lo que le interesa) y algunos que se impone él solo y que respeta con más meticulosidad de la que yo empleo en seguir mi lista de pendientes.

A mí no se me han acabado las lecturas propias, pero hace unos días, al terminar el libro que tenía entre manos, decidí que tocaba leer algo en papel. No es que no me guste el kindle, al contrario, pero prefiero dejar esos libros para cuando viajo, porque pesa menos en el bolso. Como no tenía previsto salir de casa, busqué entre los ejemplares sin leer que tenía a mano y ganó este.

Empecé.

Como Alex, nada más terminar la primera página, ya supe que me iba a gustar.

No era muy aficionada a la novela negra, de hecho hasta hace más bien poco la esquivaba, pero estoy descubriendo un mundo fascinante. En esta, enseguida me vi atrapada en la investigación del asesinato de Óscar Santacruz. El mérito, por supuesto, lo tiene un personaje: el brigada Vila. Me ha gustado el tono en el que se expresa siempre, entre sarcástico y desencantado, pero a la vez un personaje en el que algunos valores están bien anclados y a pesar de lo que viva, de lo que le toque presenciar, los mantiene. Un personaje duro en apariencia, bien pertrechado en una coraza de ironía con la que juega a cada momento. Junto a él, la sargento Chamorro, Virginia, quien lleva ya diez años a su lado y que se ha convertido en esa compañera imprescindible. Compañera de trabajo y de vida, porque en lo sentimental, Vila jamás se lo permitiría: hay mujeres demasiado valiosas para meterlas en tu cama y arriesgarte a perderlas. Chamorro es eficiente y el contrapunto a la mala uva que de vez en cuando se le escapa a Vila. Junto a ellos, otros dos personajes son claves: Arnau, un guardia novato que a medida que avanza la trama se va ganando el respeto de todos por su eficiencia (y por su paciencia, Vila le llama por todas las posibles variantes de Juan cuando se dirige a él) y Salgado, una explosiva guardia civil cuyos encantos, en alguna ocasión, agilizan la investigación.

Jueces, abogados, una ex de manual, superiores, policías… todo un mosaico de personajes desfilan ante nuestros ojos mientras nos bebemos esta novela. Es como agua: te la bebes casi sin darte cuenta. Y como el agua, calma la sed lectora y no tiene efectos secundarios sino el intenso placer de aportarle a tu cuerpo algo de lo que estamos hechos y que nos completa: palabras, historias, reflexiones.

La novela está dividida en veinte capítulos, cada uno con un título, y un epílogo, y se presenta narrada en primera persona, desde el punto de vista de Vila, por lo que muchas veces escuchamos sus pensamientos que Lorenzo Silva hábilmente inserta en la trama policiaca sin que en ningún momento parezcan fuera de lugar. Ahí es donde yo personalmente encuentro a un escritor de verdad. Cuando hace del inciso una pequeña obra maestra, cuando es capaz de hacer que el lector los espere y los disfrute tanto como el mismo nudo de la historia.

Una de las cosas que más me ha gustado es el sabor a realidad que se respira durante toda la lectura. Supongo que la condición de abogado del autor le sitúa en una posición ventajosa: lo que narra, lo ha vivido, los escenarios no parecen jamás inventados. Los juzgados son muy nuestros, alejados de las fantasías de las películas americanas: las dependencias de la benemérita no se describen como perfectas oficinas sino como algo más cutre. Lo que son. Y eso que no se ha parado a describir una casa cuartel (unas cuantas he pisado). Supongo que las reformas de estos años se encargaron de eliminar bastantes reliquias del pasado, pero también sospecho que quedará alguna por ahí. De primera mano digo que son bastante cutres.

Sobre la historia en la que se sustenta la novela, el mismo autor nos advierte que está basada en un hecho real, el asesinato por encargo de Miguel Ángel Salgado, quien cometió, como delito para que se le aplicase la pena de muerte, el amar a su hijo por encima de todo. Óscar, el personaje, vive para su pequeño, tratando de protegerle de esa guerra absurda en la que se embarcan muchas parejas tras el divorcio y que convierte a los niños en juguetes, usados muchas veces para conseguir ventajas económicas. Montse, la ex mujer de Óscar es una de tantas ex que hay por ahí, que se inventan un maltrato para obtener la custodia de sus hijos, con el único fin de amargar a quien en algún momento amaron. La razón no es ni siquiera el desamor, el sentir que se ha roto el vínculo afectivo, sino la rabia por haber sido cambiada por otra que en su escala de valores es peor que ella. La reflexión del autor sobre este tema me parece esencial y la que me sugiere a mí. La ley se hizo para proteger a quienes sufren pero el abuso por parte de algunos la hace insuficiente y peligrosa. A menudo, quienes sufren el peor maltrato callan o retiran las denuncias, y las voces que se escuchan, las demandas que se ponen, esconden a otros que buscan beneficiarse de las bondades de esta ley. A título personal, lo de que los hijos siempre tengan que ir a vivir con la madre me parece injusto por donde lo mires. Debería considerarse algo más que el sexo para otorgar una custodia.

Pero no me quiero desviar.

Montse decide acabar con Óscar y está muy segura de que lo logrará y saldrá indemne. Pero ahí estarán Vila y su equipo para evitarlo, llevándonos de la mano a través de una investigación muy bien planteada. En el último capítulo del libro, Lorenzo Silva explica por qué se titula La estrategia del agua. Óscar Santacruz, aficionado a la lectura de Epicteto y Sunzi, idea un plan para enfrentar a su ex que tiene que ver con este elemento.

Pero tendréis que leerlo todo para saber…

domingo, 30 de diciembre de 2012

DEJANDO ATRÁS 2012


Este año, 2012, da sus últimos coletazos y empieza el camino de la despedida. Son muchas cosas las que me han pasado, literariamente muy bueno y quizá es el momento de hacer repaso. No lo voy a hacer. En su momento fui contando cada uno de mis pasos y hoy solo quiero hablar de mirar hacia adelante, de la vida que sigue y debe seguir, poniéndole nuevos proyectos y expectativas. Toca pasar página, quedarse con los recuerdos agradables y esperar a que lo menos bueno de este año se diluya y desaparezca. Porque ha habido de todo y creo que si soy justa, si me pongo a repasar en serio, saldrían algunas cosas que pretendo erradicar de mi vida.

Tengo planes. Hay una novela terminada, con el punto y final colocado en su lugar, esperando a que me decida de una vez a dejar que la leáis. Si no lo he hecho antes no es porque no estuviera sino porque considero que las cosas tienen que madurar. Hay unas palabras de Epicteto que definen perfectamente lo que pienso.

Nada importante se produce de pronto, ni siquiera la uva o el higo. Si ahora me dijeras: "Quiero un higo", te responderé que hace falta tiempo. Deja que florezca, luego que dé fruto, luego que madure.

(Esta cita la he sacado de La estrategia del agua, el libro de Lorenzo Silva que acabo de terminar).

Una vez tuve un huerto (ya, ya sé que parece que me desvío, pero sigue leyendo). En el huerto había un manzano. Una tarde, trasteando por allí, se me ocurrió arrancar una manzana. No me apasionan, pero ese día, no sé por qué, me apetecía. Estaba verde aún, pero el sabor ácido me gustó. Me la comí entera, no sé si tenía hambre o impaciencia. Después de esa fue otra. La experiencia fue gratificante, las mejores manzanas que he saboreado nunca… hasta el día siguiente.

Me enfermé.

Una indigestión de felicidad instantánea. Ese fue el precio por la impaciencia, por no haber sido capaz de esperar a que la fruta estuviera madura. Desde entonces, sigo a pies juntillas el consejo del filósofo estoico, aunque hasta hace poco no lo conociera. Nunca me como una manzana inmadura porque sé, perfectamente, que después viene una indigestión. Espero. Por el camino puede que deje de apetecerme, es un riesgo calculado, pero también he comprobado que cuando llega su momento tienen otro sabor, si cabe menos emocionante pero mucho más saludable. Y no solo en lo que se refiere a las manzanas, sino a cualquier decisión importante que tome en mi vida: no soy indecisa, soy responsable. Hay un abismo entre las dos palabras, y en caso de equivocación, no es lo mismo caerse de una silla que caerse desde una nube.

La física dice que el porrazo en el segundo caso es mortal de necesidad.

Otra novela más está ya… pendiente de algunos flecos, del tiempo que cada cosa en esta vida necesita para madurar, para no convertirse en una decisión tomada a vuela pluma, de las que acabas pagando las consecuencias. Se lo voy a dar, no sé cuánto será, pero calculo que uno o dos años. Mientras tanto, seguiré escribiendo, dándole forma a las historias que circulan por mi mente, divirtiéndome con ellas del mismo modo que me divertí la otra tarde, por ejemplo, haciendo galletas con Paula y Aitana.

Me han preguntado, otra vez, si mantengo el interés por una editorial. Repito lo mismo de siempre. Tendría que ser una oferta super maravillosa, algo que me liberase de algún modo de la necesidad de empujar a mis criaturas para que sigan avanzando. Si no, puedo hacerlo perfectamente yo sola, porque mis aspiraciones en esto se reducen a una sola: ser leída.

Por vosotros.

martes, 25 de diciembre de 2012

CUÉNTAME UNA NOCTALIA DE MÓNICA GUTIÉRREZ



Sinopsis (extraída de Amazon):

Grace vive en Londres y trabaja como cirujana de éxito en uno de los hospitales más prestigiosos de la ciudad pero se siente sola. En vísperas de Navidad decide volver a su pueblo natal, una pequeña aldea de Transilvania, donde viven sus abuelos y su padre. Grace se reencuentra con su infancia, con una vida plena y feliz, con su familia. Pero además de los excéntricos vecinos del pueblo, la mula de Cesare, el cotilla del farmacéutico y los misterios de su padre y su hermana, Grace va a encontrarse con algo que no esperaba y que trastocará todos sus planes.
"Cuéntame una noctalia" es una historia divertida y llena de ternura que seduce por el encanto de sus protagonistas y por un entorno mágico, cálido, del que cuesta muchísimo marcharse.
Lector, puede que el pueblo de Grace no salga en todos los mapas pero la felicidad y el amor saben llegar a cualquier sitio.

Mi opinión:

Cuéntame una noctalia es el primer libro de Mónica Gutiérrez, para quien nos movemos en este mundo de los blogs, más conocida como Serendipia.

Días antes de la publicación del libro estuve intercambiando correos con ella, comentando todos esos miedos que nos asaltan cuando nos decidimos a embarcarnos en esta aventura de la autoedición. Me hizo ilusión que contase conmigo para resolver algunas dudas, de las que siempre surgen y cuando finalmente me envió un correo con el enlace y pude ver la portada… ¡qué bonita! Es de esas que te llaman, que te animan para que leas el libro.

La verdad es que, aunque parezca extraño con toda la cantidad de autores que conozco, era la primera vez que alguien compartía conmigo estos momentos previos a exponer nuestro trabajo a ojos de los demás. Ni se imagina lo importante que fue, la confianza que sentí que estaba depositando en mí, y la alegría que supuso ser un poco cómplice de todo esto. Le dije que la leería, sin duda, porque el argumento me llamaba la atención y porque sé que Mónica escribe muy bien por todos los detalles que se le escapan cuando redacta una reseña en su blog.

Cuéntame una noctalia, además, tenía el aliciente de ser una novela corta, lo que aún me llamó más. Comencé la lectura nada más terminar el libro que reseñé la semana pasada, y pronto me vi envuelta en un relato que, con un tono intimista, me trasladó a un pequeño pueblo de Transilvania: Mic-Napoca.

Reconozco que al principio, lo de Transilvania me sonó a vampiros (ya sabemos, conexiones mentales tontas que por defecto efectúa nuestro cerebro) pero nada más lejos de la realidad. Cuéntame una noctalia es una preciosa historia de reencuentros familiares, de búsqueda de la raíces que todos los que nos hemos marchado lejos del lugar donde crecimos, sentimos alguna vez. Grace, la protagonista de esta novela, vuelve al pequeño pueblo de Mic-Napoca unos días antes de Navidad. Su familia está feliz con la visita, con volver a verla: lo que no saben es que Grace está cansada de la vida londinense, de la frialdad de sus habitantes, y que quiere abandonar su excelente trabajo de cirujana en uno de los hospitales más prestigiosos de Londres para reencontrarse con Traian, el abuelo que lee a los clásicos, su padre Pete, la abuela Constanza, su hermana Lena y todos y cada uno de los habitantes de este pequeño pueblo de apenas 300 almas.

Una de las mayores habilidades de Mónica, además de tratar el lenguaje con una sutileza impresionante, es que es capaz de dibujar, con muy pocos rasgos, a todos ellos. Conoceremos a Cesare y su mula, a Teresa, la dueña del único bar, el Sinaloa, a Gregor, el policía que patrulla en bicicleta, a George y su emisora de radio que retransmite desde el pajar… y acabaremos queriéndolos, enamorándonos de ellos.

Mic-Napoca, además, le reserva una sorpresa a Grace: encontrará, sin buscarlo, el amor, en la persona de Cole, un marine de los Estados Unidos que una noche de frío aterriza en el pueblo por sorpresa.

La novela está escrita en primera persona. De este modo, lo que escucharemos serán los pensamientos de Grace, salvo en el inicio de la mayoría de los capítulos, en los que el que habla es George, dando las noticias locales desde una peculiar emisora de radio. Cuando digo noticias no me refiero a grandes acontecimientos, sino a esas pequeñas cosas que normalmente se comentan en casa. Porque todo en esta noctalia es cercano, tan próximos los sentimientos que explotan en cada página del libro a lo que cualquiera de nosotros ha podido sentir en algún momento, que hace que a Mic-Napoca, a pesar de estar en Transilvania, la sintamos cerca. Y sintamos el olor a caramelo del pelo de Nicolai, y nos creamos que pasea de la mano de una ninfa llamada Grace. El bosque que rodea al pueblo, podría ser el que rodea al mío y las nubes de vapor que a veces se escapan de los labios de los personajes, envueltos en sus bufandas, son casi como las que el frío dibuja cada mañana cuando encamino mis pasos al colegio.

Y no cuento más, porque os he dicho que es corta y se lee de maravilla.


¿Queréis una noctalia para navidad? Por cierto, ¿sabéis qué es una noctalia? ¿No? Pues entonces no hay excusa 

lunes, 24 de diciembre de 2012

NOCHEBUENA


Nochebuena. Noche de buenos deseos, de turrón, de cenas en familia, de reencuentros y de canciones repetidas un millón de veces.

No soy demasiado aficionada a la Navidad, me cuesta ir al armario, sacar la caja de los adornos y ponerme a colocarlos en el árbol. Lo retraso todo lo posible, como se retrasa de manera inconsciente la visita al dentista. Me da pereza envolver regalos y preparar reuniones, pero me acabo rindiendo. Al final, como turrón, lanzo deseos imposibles, ceno con los míos y canto sin querer villancicos en voz queda.


Hoy es Nochebuena.

Feliz noche, espero que tengáis la suerte de pasarla con las personas que realmente merecen la pena en vuestras vidas.

¿Un deseo? ¿Un regalo de Navidad?

Encontrarme vuestras palabras en los comentarios. Aunque no lo haya dicho, los amigos, son un poco tu familia. 

Y para mañana, Feliz Navidad, y una reseña muy especial...

viernes, 21 de diciembre de 2012

UN LIBRO DETRÁS DE OTRO



Cuando lees un libro, las sensaciones que te produce no son solo las que vienen implícitas en él, sino que dependen en gran medida de tu momento vital.

Eso lo he dicho muchas veces.

Me puse a repasar reseñas, un poco por saber cuántos libros he leído en los últimos tiempos (son bastantes más de los que veis; hay algunos que no están reseñados porque no me gustaron). En mi repaso, al releer una de ellas, me di cuenta de una cosa de la que no había sido consciente hasta entonces: la impresión de un libro depende, en gran medida, de la sensación que te produjo el libro que leíste inmediatamente antes.
Nunca jamás seremos objetivos cuando expresemos una opinión. Nunca. Ni en los libros, ni en nada en la vida. Pero es de libros básicamente de lo que trata este blog, así que hablaré de una experiencia lectora. Hubo un libro que me gustó mucho, me pareció muy bueno, bien contado, bien argumentado… le perdoné incluso algunos fallos que eran obvios porque hasta entonces hablaba mi parte emotiva más que la racional.

En mi opinión había entusiasmo.

Bueno, pues tiempo después mi impresión sobre ese libro cambió ligeramente. ¿Por qué? Las palabras están dispuestas en el mismo orden, ¿no? ¿Qué ha pasado entonces? Investigando, descubrí la respuesta: el libro que había leído justo antes. En mi caso, los libros.

Eran malos de solemnidad.

No sé si es la expresión más correcta, pero es que eran libros muy, muy malos. De hecho me negué a poner el título de uno de ellos, del que hablé en abstracto en una entrada porque eran demasiadas las cosas negativas que se me ocurrían y muy pocas las positivas. No tengo ningún interés en cargar contra nadie aunque tenga argumentos, por más que vea por ahí críticas que no los tienen y se lanzan con la alegría que repartes una mano de cartas en una partida de piscina. Para decir por qué no te gusta algo tienes que poseer una elegancia que no abunda, salvo en algunos blogs que por eso tienen las visitas que tienen. En los muros de FB, por ejemplo, se carece de ella de manera alarmante. Pero no sólo se carece de elegancia para las malas críticas, sino también hasta para hacer una buena. Como mucho encuentro peloteo puro y duro, muchas veces por parte de lectores bienintencionados y otros que no sé qué intenciones tendrán considerando sus cambios de opinión sobre los mismos libros dependiendo del lugar donde las viertan (no es lo mismo la visibilidad de FB que el "anonimato" de un comentario en Amazon, pero ese es otro asunto).

Retomemos el tema. ¿Qué me pasó al leer este libro? Pues que la comparación involuntaria hizo que en mi mente el libro obtuviera una puntuación más alta de lo normal.

Repasando mis estanterías he visto varios libros, casi todos best sellers, que tienen un marcapáginas dentro. No están terminados. En algún momento me atasqué y no acostumbro a perder el tiempo con libros que no me llenan.

Abandoné.

No sé qué habría leído antes de ellos, nunca hasta ahora se me ocurrió pensar en esto, pero sospecho que llegaron en un pésimo momento.

Justo detrás de algún libro que me encantó.
¿Solución? Volveré a ellos después de tropezar con un libro horroroso, a ver qué pasa.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL POZO DE HAROD DE EDUARDO PERELLÓN



Sinopsis (extraída de Amazon):

Toledo, 1485.
El Santo Oficio juzga a un hombre por su supuesta vinculación con una Orden secreta, enemiga de la Iglesia.
Madrid, 2012.
Carla Martín sufre la muerte de su padre. Casi al mismo tiempo, los dos amigos íntimos de éste son asesinados en extrañas circunstancias…
Éste es el punto de partida de una aventura en la que una trepidante sucesión de acontecimientos terminan poniendo al descubierto la verdadera identidad de los tres muertos y el impresionante secreto que protegían, uno que, de hacerse público, arruinaría a la Iglesia.
El Vaticano, con el cardenal Candutere a la cabeza, y en su afán de protegerse, dirige dos acciones paralelas semejantes a las que desarrollaban en los tenebrosos días de la Inquisición.
Varios episodios de intensísima acción, en los que se suceden asesinatos, traiciones, dobles juegos, pistas y descubrimientos, serán la antesala de un sorprendente desenlace que afectará, no solo a los protagonistas directos de la historia, sino a toda la humanidad.


A veces los libros te llaman. De verdad.

Había visto este libro de Eduardo Perellón en Amazon, y me llamó la atención la portada, sobre todo porque no entendía qué tenía que ver con el título, así que me dispuse a leer la sinopsis, por si me daba una pista. Y ahí, de pronto, me encontré que empezaba en Toledo en 1485, narrando un proceso de la Inquisición, para más tarde trasladarse a nuestros días. Supe que tenía que leer este libro sí o sí, porque es un tema del que he leído bastante y me interesa. Pero no acabó ahí. Coincidí con Eduardo en Twitter, donde empezamos a retuitearnos y, para rematar, Blanca Miosi hizo una reseña del libro que leí con interés.

Ahí, definitivamente, supe que lo leería.

Procuro seguir un orden de lectura, y digo procuro porque no hay manera. Se me ocurrió, nada más comprar el libro, empezar a leer. Un poquito. A ver qué tal… y ya no pude dejarlo. Abandoné la lectura de otro libro y me sumergí en las más de seiscientas páginas de El pozo de Harod, que se me han acabado haciendo cortas.

Mis impresiones.

Siempre digo que no hago reseñas al uso, que escribo sensaciones de lectura, las huellas que cada libro me van dejando. Este empezó bien, narrando un hecho sucedido siglos atrás con un realismo tal que pone los pelos de punta. Las torturas a las que someten a Pedro de Villanueva, por defender sus ideas, me hicieron pensar que los inquisidores que retrato en El medallón de la magia habían pasado por una conversión mental (mía) que casi los había dejado en malos de Walt Disney. Todo era tan cruel y tan cierto que te hacía plantearte cómo los  hombres pueden llegar a ser tan inhumanos con los de su misma especie, tan solo por conservar el poder.

En cuanto la novela se traslada a la actualidad, el ritmo de la narración es diferente, incluso el lenguaje cambia, pero siguió arrancándome emociones que venían muy de dentro. Siempre digo que jamás lloro con los libros y en este caso me salté mis propias costumbres. Hubo un momento en el que me derrumbé y no pude controlar las lágrimas porque cuando Carla Martín, la protagonista, pierde a su padre, enfermo de cáncer, ella era yo y esa noche horrible que vive, la última de su padre, se convirtió en otra noche que me tocó vivir en primera persona. Eduardo me contó que nunca ha experimentado una situación como esa y todavía me hizo creer más en él como narrador, porque ha sido capaz de crear, imaginando, un momento que para otros fue en su día muy real.

Nunca desvelo nada del contenido, ni rescato frases de los libros, pero hubo una en este que me tocó y, con el permiso del autor, la comparto: "y en sus ojos, aún cerrados, comenzó a llover". No se me ocurre una manera mejor de expresar la emoción que esta, la verdad. No es una novela intimista, en cuanto al género, podemos decir que estamos ante una novela de suspense y aventuras, pero ello no quita para que en algunos momentos la prosa te envuelva en sensaciones muy profundas.

El narrador de El pozo de Harod, en tercera persona, nos va conduciendo a través de un relato en el que los personajes tienen que ir desenmarañando pistas. En esto tengo algo que contar: no soy muy hábil. Es facilísimo sorprenderme, pero hubo un par de ellas que logré descifrar a la primera. Una de ellas tenía que ver con un lugar geográfico que debían averiguar y lo supe al instante. Supongo que tiene que ver con que he estado allí y con mi formación, porque en El eterno olvido, de Enrique Osuna, me pasó lo mismo. Una pista sobre tres ciudades la capté al vuelo. En este, además, fui capaz de ver la relación que había en unos números que aparecían en una tabla también sin ninguna dificultad. Las demás necesité que los personajes llegasen a sus propias conclusiones para hilvanarlas…

La cronología del relato es lineal, los hechos se van sucediendo ordenados, salvo cuando aparecen referencias a documentos que van descubriendo y que los protagonistas leen, trasladándonos al pasado. El autor elige para la novela una estructura en 37 capítulos largos, a los cuales añade un prólogo y un epílogo. El estilo ágil, directo, pero a la vez con un vocabulario amplio y rico hace que avances en la lectura muy rápidamente, pero a la vez disfrutando de ella. Los diálogos están muy presentes y acercan y definen a los personajes mucho más de lo que lo hace el narrador. Este procura no posicionarse, pero cuando se trata de los "malos" a veces no lo puede evitar y se le escapan algunos pensamientos sobre ellos que pueden condicionar de alguna manera al lector. Es lo único que podría haber tratado de evitar, pero tampoco creo que esté mal.

Los personajes que aparecen durante la novela son muchísimos. Destaca Carla Martín, la hija de Luis Martín, gran Maestre de la Orden del Ocho, una orden que lleva existiendo según el relato desde hace miles de años, y que defiende una postura de la religión más acorde con las enseñanzas bíblicas que la que ha mostrado la Iglesia de Roma. Carla es valiente y decidida y cuenta con Pablo, un joven arqueólogo, reconvertido a informático, como ayudante para resolver los misterios. Junto a ellos, en la primera parte, también tendrán a Inaki, hermano de Carla, que resulta ser esencial en la historia. Frente a todos, el Cardenal Candutere, que busca eliminar a la Orden y destruir cualquier prueba de su existencia. Un personaje siniestro le acompaña: Franek, un mercenario a sus órdenes sin ningún escrúpulo. Además de estos, aparecen muchos otros que sirven para completar este mosaico, pero que no os voy a desvelar: los tendréis que ir descubriendo al leer.

Como he dicho, las sensaciones de lectura son muy buenas y además ocurre algo peculiar con esta novela: cuando crees que ha terminado tienes ante ti más de medio libro sin leer. De pronto da un giro inesperado y la historia crece de nuevo, ofreciendo si cabe, y en mi humilde opinión, lo mejor de sí misma. Pero no acaba ahí, otra vez cerca del final vuelve a girar y sorprende aún más.

La novela creo que puede interesar a quienes les gusta sumergirse en novelas con trasfondo histórico, cargadas de aventuras y misterios.

¿El título? En el libro se explica… 

domingo, 16 de diciembre de 2012

POR CASUALIDAD


EL BURRO FLAUTISTA, TOMAS DE IRIARTE.


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.


Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«iOh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.


Siempre me ha gustado esta fábula, sobre todo desde que hace unos cuantos años, en el taller de Teatro del AMPA del colegio, mi hijo mayor (muy pequeño entonces) se convirtió en el protagonista de la función de fin de curso. Cada vez que la leo me acuerdo de lo que me sorprendió encima del escenario (es tan tímido que no sé todavía cómo pudo moverse con tanta soltura aquel día) y me acuerdo de que mi habitual torpeza costurera le jugó una mala pasada y perdió la cola en mitad de la función…

Pero, por encima de todo, siempre me ha parecido una gran historia que habla de la necesidad de formarse, en cualquier empresa que nos embarquemos. Da igual si el aprendizaje es autónomo o guiado, tiene que existir porque si no, puede pasarnos como al burro: seremos capaces hasta de crear una obra maestra pero, ¿podremos repetir la hazaña? ¿Podremos volver a escribir algo interesante al menos?

En la escritura, básicamente el tema de este blog y por eso me centro en él, hay reglas. Gramaticales, ortográficas, sintácticas… y cualquiera que se enfrente al reto de escribir un libro debe tener un conocimiento de ellas. No es necesario que sea profundo, pero sí lo suficiente como para asegurarnos de que las cosas, como al burro, no nos suceden porque de pronto "suena la flauta". Para escribir hay que leer primero, empaparse de lo mucho bueno que hay disperso, pero también hay que leer lo no tan bueno, porque de los errores, propios y ajenos, se aprende también.

Casi más, me atrevería a decir.

Me encuentro a menudo escritores que no paran de leer, para los que esta actividad es casi tan importante como la propia creación literaria, pero también observo que hay quienes dicen que el tiempo no les llega para posar sus ojos sobre otras palabras que no sean las suyas y me hago esta pregunta: ¿no será que la primera vez que escribieron algo interesante fue por casualidad?

¿Habéis hecho algo en vuestra vida por pura casualidad?