miércoles, 14 de septiembre de 2011

MARCAPÁGINAS DE REGALO

Hace unos cuantos meses traté de conseguir que me imprimieran unos marcapáginas en la imprenta que está frente al portal de mi casa. Después de unas cuantas visitas infructuosas (debe haber gente a la que la crisis no le afecta y se pueden permitir el lujo de rechazar trabajos) decidí dejar pasar el tema. Yo, claro, porque hubo alguien que no.

Se ve que, aunque hay gente que me ignora, existen muchas más personas que me quieren un montón. Alberto se molestó en buscar otra imprenta con más ganas de trabajar y en menos de una semana y tres llamadas había conseguido lo que a mí me resultó imposible: ayer me entregó un paquete de marcapáginas para que pueda repartirlos entre mis amigos. El diseño es muy sencillo, parte de la portada de Su chico de alquiler y la dirección de este blog, pero ha sido emocionante tenerlos en la mano.

Foto: Mayte Esteban

Gracias, Alberto. La vida son pequeñas cosas como esta, que desde fuera pueden parecer tonterías, pero que lograr ponerle a un día gris una nota de color.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

CRÓNICA INSIGNIFICANTE de EMILIO CASADO MORENO.

Llevo un rato mirando la pantalla en blanco y no he sido capaz de poner nada más allá del título del libro y el nombre del autor. Esto podría ser un mal síntoma, señal de que la novela no me ha aportado nada en absoluto y no tengo nada que contar. Sin embargo, es justo lo contrario. Este es el libro del que os hablaba. Hay tanto que decir, tantas sensaciones que te deja la lectura de esta crónica que no tiene nada de insignificante, que las ideas han causado un atasco en mi cerebro, atropellándose para ponerse las primeras. Al final, me lo estoy temiendo, va a haber un choque en cadena y vendrá la grúa a llevarse algunas que se me van a escapar.



Empezaré por lo sensato, que es contar algo del argumento de Crónica insignificante. Esta es la historia de seis días en la vida de Marcelo Suelas, un psicólogo que trabaja como interino en una prisión. Hace poco que se ha divorciado de Amanda, la mujer con la que construyó su vida, la madre de su hija Diana y, para poder seguir adelante, ha tenido que volver a casa de sus padres, a su antigua habitación, porque el divorcio se lo ha llevado todo: su casa, su coche, su liquidez económica,... La madre de Marcelo le trata como si todavía fuera un niño y no deja escapar la ocasión de abogar porque vuelva con su ex, a pesar de que está claro desde el primer momento que ambos tienen claro que esa historia está acabada.

Emilio Casado Moreno distribuye la novela en días. Seis días de una semana en la vida de Marcelo. Utiliza como recurso la primera persona y el presente, de manera que durante la lectura siempre estás escuchando la voz interior del personaje. Él mismo, a través de sus pensamientos, te va conduciendo por su periplo. Al principio, las situaciones que vive Marcelo parecen inconexas, retazos de esos días que parece haber elegido al azar. Sin embargo, todo tiene su sentido y el círculo se completa cuando llegas al final. Para contarnos éste, Emilio elige otro modelo narrativo. Los personajes que han ido desfilando ante nuestros ojos se van cediendo la palabra en una entrevista. También nos hablan directamente, por lo que la proximidad con el lector no se pierde tampoco en esta parte.

Es muy interesante también la manera en la que se estructuran los párrafos. El protagonista nos está contando un hecho, cualquiera, y cuando termina, antes de seguir con el hilo del relato, utiliza una frase corta que en sí misma constituye un párrafo aparte. Subraya lo dicho, muchas veces, acudiendo al refranero. La ironía es otro recurso que utiliza a menudo. Ese punto de vista que adopta el personaje, el reírse de algún modo de sus propias desgracias, lo humaniza aún más, elimina cualquier elemento dramático.

MI OPINIÓN

Sencillamente me ha encantado esta novela. Está escrita de manera correcta, te atrapa desde el principio. Llevaba un tiempo buscando este libro. No éste en concreto, sino uno que me hiciera disfrutar leyendo. En todo momento he tenido la sensación de que el personaje me estaba contando precisamente a mí su historia. La novela te convierte en protagonista de algún modo al hacer del lector interlocutor directo de Marcelo. Es un personaje con el que te implicas desde el primer momento. Aunque apenas te esté contando nada más que cosas "insignificantes". Pero creo que es precisamente eso. La vida no es una novela grande, ni siquiera una serie de la tele de esas que cuando acaban no eres capaz de resumir porque han pasado tantas cosas que te has acabado perdiendo. La vida está hecha de momentos sencillos. Marcelo habla del día a día, del olor del café, reflexiona sobre cualquier tema y tú quieres que te lo cuente. Es verosímil de principio a fin, empatizas con el protagonista aunque ni trabajes en una prisión, ni se te haya pasado por la cabeza divorciarte o tu madre sea una beata convencida. Da igual. Este personaje tiene alma. De hecho, hasta los secundarios están perfectamente perfilados, aunque aparezcan un par de veces, las palabras con las que nos los presenta el narrador protagonista trazan un perfecto dibujo de ellos.

Una cosa que me ha ocurrido con este libro, que no me pasaba desde hace ya mucho, es que no quería que se terminara. Desde antes de la página cien, me encontré ralentizando la lectura a propósito, quería que Marcelo se quedara conmigo. Me obligué a leer sólo un día literario por cada día real, ya que por casualidad empecé la lectura en jueves, el día de la semana en el que empieza el relato. El reto se fue al garete en el último momento, aunque creo que finalmente el último día era ya martes pero porque me quedé leyendo hasta que acabé la novela.

Después de unos cuantos libros que, como decía en entradas anteriores, no he sido capaz de terminar, encontrarte con uno que no quieres que se acabe es un delicia. Aunque esto tiene su punto de ironía, como no podía ser de otra manera tratándose de la historia de Marcelo, que está cargada de ella. Crónica insignificante es una novela autoeditada. Emilio Casado Moreno decidió un día colgarla en una de las páginas de autoedición que hay en la red, Bubok, y todavía no hay una editorial interesada en ella. Se puede adquirir en papel o en formato digital.

La autoedición es un tema del que se puede hablar mucho. Una amiga, alguien que administra otro blog, me decía que hoy en día, por publicar, hay hasta quien publica la lista de la compra. Creo que lleva razón. He tratado de leer algunas novelas autopublicadas y la mayoría no pasan ni un mínimo control de calidad. A lo mejor las mías tampoco, todo hay que decirlo. Sin embargo, hay veces que hay novelas que brillan, autores como por ejemplo Eloy Moreno, que nos demuestran que la calidad y el salirse del camino establecido no tienen por qué estar reñidos. Son agujas dentro del pajar de la autoedición. Ojo, hoy por hoy creo que esto sólo sirve como escaparate de cara al mundo editorial. Nada más. El camino para vender libros es otro. Ir de librería en librería puede funcionar alguna vez, pero requiere un tiempo del que no todos disponemos, además de un enorme esfuerzo económico.

Los blogs tenemos un papel en este proceso de la autoedición. De vez en cuando, es cierto, se cuelan reseñas de libros que no pasarían un mínimo control de calidad (ni literaria, ni ortográfica) pero son ecos que se apagan pronto. Puedes tirar una piedra a un estanque y remover el agua, pero será momentáneo. No vas a crear un torrente. Esta no es una de esas obras que se reseñan por amistad. En mi caso, ni siquiera conozco a Emilio. Esta novela es la aguja en ese pajar de la autoedición. Encontrarla ha sido emocionante porque lo tiene todo. Una historia, está muy bien estructurada, no deja cabos sueltos y, sobre todo, está bien escrita, aunque le hace falta un repaso en la edición.

De momento os animo a leerla y a que expreséis vuestra opinión.

¿Os apetece?


lunes, 5 de septiembre de 2011

ME ESTÁ ENCANTANDO ESTE LIBRO!!!!

Esta entrada mega breve es para decir que estoy leyendo un libro de esos que no puedes soltar, que te obligan a robarle horas al sueño porque quieres saborearlos enteros pero que, a la vez, sientes que no quieres que se acaben nunca. Hacía mucho tiempo que no tropezaba con uno de ellos.


Se merece mucho más que cuatro líneas, así que pronto os lo presentaré.

martes, 30 de agosto de 2011

LIBROS A MEDIO LEER

No es frecuente que yo me rinda con un libro, que abandone su lectura por la mitad. Siempre quiero darles a todos la oportunidad de sorprenderme con un final inesperado, con un giro que me convenza de que no me equivoqué al elegirlos. Lamentablemente, no siempre es así. Pruebas de ello son aquel que comenté hace algunas semanas en la entrada razones por las que un libro no me ha gustado nada, del cual he borrado hasta el nombre de mi memoria y Perdona pero quiero casarme contigo, de Federico Moccia. Llegué al final por pura cabezonería pero más me valía haberlos dejado por el camino.


En los últimos años he ido amontonando libros que no he sido capaz de terminar. Algunos se han pasado semanas durmiendo a mi lado, acumulando horas de espera inútiles hasta que decidí buscarles un sitio en las estanterías. Entre los repudiados por mi paciencia están, sin ir más lejos, Un mundo sin fin, de Ken Follet, El asedio, de Pérez-Reverte y La tierra de las cuevas pintadas, de Jean M. Auel. Estos tres tienen en común varias cosas: tienen páginas de más, los esperé con demasiadas expectativas y quizá no elegí bien el momento de lectura. Ahora estoy con Cazadores de sombras, de Cassandra Clare, un libro que me está costando mucho más de lo deseable. Este no tengo intención de abandonarlo, pero se han colado en medio dos libros de Vargas Llosa y cuando esto me pasa se empiezan a encender todas las señales de alarma.
¿Os ha pasado alguna vez? ¿Ha habido algún libro que os ha resultado imposible? No me refiero a los que te mandan leer en clase, sino a los que tú mismo eliges.

viernes, 26 de agosto de 2011

TURÉGANO

El pasado domingo empezaron las actividades de la semana cultural de Turégano, la que precede a las fiestas de septiembre. Volvíamos a nuestra casa, atravesando el pueblo por la carretera, cuando nos dimos cuenta de que estaban a punto de dar los premios del certámen de pintura rápida, en los que el castillo siempre se convierte en el principal protagonista. Nos paramos, por supuesto. Es alucinante lo que algunas personas son capaces de hacer. Mirad uno de los cuadros, pintado en solo unas horas:


Como no podía ser de otro modo, acabamos tomando algo en El Zaguán, una posada rural que hay en uno de los rincones de la plaza porticada. Hace años, cuando vine a vivir a Segovia, trabajé una temporada en este pequeño hotel. Puedo deciros que es uno de los más bonitos que conozco. En su restaurante se come de maravilla y siempre te reciben con una sonrisa, te alojes allí o estés simplemente de paso. El domingo, además de los cuadros diseminados por los soportales, había un coche aparcado en la puerta que llamó nuestra atención:



Al otro lado de la plaza vimos esta motocicleta. Una de dos, o era el día de los vehículos con solera, o es que Turégano sigue, como siempre, siendo un lugar lleno de magia. Ésta es la motocicleta, sidecar, o como quiera que se llame:


El caso es que, volver a Turégano, siempre me trae recuerdos. Y de ese trabajo, como recepcionista de El Zaguán, aún ha pervivido algo, aunque sólo sean unas palabras que al leerlas reconocí al instante como mías. A pesar de los años que han pasado, el folleto de publicidad de este hotel apenas ha cambiado y sigue empezando por unas líneas que escribí:

La Villa.

Cuando el viajero llega a Turégano desde Segovia, su vista tropieza, inevitablemente, con la plaza porticada y el castillo medieval, lugar tan repleto de historia como de fábulas. De la presencia de Fernando el Católico, Antonio Pérez, el Secretario Real de Felipe II, el Duque de Osuna o el Almirante de Aragón se tienen datos ciertos, amén de otros que forman parte de la leyenda popular.


Todo esto me recuerda que hay una novela terminada, una novela que empezará su andadura, si finalmente un trámite atascado no lo retrasa, a principios de 2012. El Zaguán y el castillo de Turégano, esta plaza porticada y algunos habitantes imaginarios tienen un gran protagonismo en esa historia llena de magia.

domingo, 21 de agosto de 2011

EL CALOR, UNAS FOTOS Y LAS FIESTAS PATRONALES.

¡Qué calor! Ni siquiera en Segovia, lugar al que todos le suponéis un clima gélido, se pueden soportar los días que llevamos. En mi casa, por lo menos, durante el día tenemos unos treinta grados en el salón, llegando a los treinta y dos cuando a mi hija se le "olvida" cerrar la puerta de la terraza. Por la noche la temperatura suele bajar mucho, pero en esta semana no ha bajado de los veintisiete. Con este calor la pereza se multiplica. Parecemos una manada de leones después de una buena comida, tirados en el sofá sin hacer nada.

Todo este tiempo lo he dedicado a pensar, y pensando pensando me he acordado de que llevo semanas aparcando hacerles unas fotos a mis libros. Me ha costado levantarme del sillón, ir a la estantería, sacarlos, buscar la cámara, fotografiarlos y volver a colocar todo. Después he tenido que darme una ducha porque ni os imagináis lo que he sudado. Menos mal que abandoné a tiempo el primer plan, que consistía en limpieza general. Así que, ya que me ha costado tanto hacer una tontería semejante, ¿por qué no compartirla?
Mis dos novelas publicadas, los relatos premiados y un homenaje a mi otra abuela.

A toda la pereza acumulada por el calor hay que sumarle el cansancio. Llevamos una semana de fiestas y, aunque sólo salimos un ratito, estoy agotada por la falta de costumbre y por la música de las atracciones que parece que tienen un altavoz encima de mi cama. Hoy acaban con una comida en el río y esta noche será raro no escuchar más chiscar las trallas (esto debe ser gacería, la jerga exclusiva de Cantalejo y significa golpear las trallas contra el suelo para que hagan ruido). Los quintos llevan desde el uno de agosto haciéndolo y hasta que no lleguen los quintos del año próximo no las volveremos a escuchar. Quiero decir que los que han alcanzado este año la mayoría de edad se han portado, han sido mucho menos pesados que los de otras generaciones. Pero hay que aguantar, es la tradición. Las consecuencias de quejarse contundentemente por esta costumbre forman parte de la peor leyenda negra de este pueblo, esa que no se cuenta en alto no sea que se despierten los fantasmas.

martes, 16 de agosto de 2011

EL COLOR DE LA MALDAD, ARMANDO RODERA.

Este libro es muy especial para mí, porque he ido conociendo detalles del proceso que ha llevado a su publicación, de manos de su mismo autor. Este mundo virtual es muy curioso, y pasan cosas impensables en el mundo real. Estoy segura de que podríamos habernos cruzado en una calle de Madrid sin habernos visto, pero un pequeño comentario, añadido al final de una de mis entradas, le hizo fijarse en mi blog. Hablaba de una página web que había encontrado, en uno de mis paseos erráticos por internet, que hablaba de un libro: El enigma de los vencidos, la primera novela de Armando. En la web había dejado retazos de la novela para que pudieran ser leídos por quienes cumplieran una condición: resolver pequeños enigmas que daban las claves de acceso a esos fragmentos de lectura. Lo conté porque me pareció genial y mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré un comentario hecho por él mismo en el blog. A partir de ahí hemos hablado (mejor dicho, nos hemos leído) a través de correos, redes sociales y nuestros respectivos blogs. Poco a poco he ido descubriendo a alguien con mucho entusiasmo y que ha conseguido culminar uno de sus sueños: poner personalmente una de sus obras en el mercado literario, sumándose a la nueva tendencia que ha puesto en nuestras manos la red y de paso siendo sus de los pioneros. La lectura de su blog Aventuras y desventuras de un escritor novel me hizo intuir que alguien que era capaz de engancharte con una bitácora, podría estar escondiendo un novelista. Y no me equivoqué.

Meses después de nuestra primera "charla" me llegó la noticia de la publicación en ebook de la novela, y su imparable ascenso en las listas de Amazon. Quise comprarla enseguida, pero el pasado mes de julio para mí fue caótico en lo personal, y siempre pasaba algo que retrasaba mi propósito. No es común para mí aparecer en los agradecimientos de un libro, así que había algo más que interés literario en esta obra y quise conseguirla a toda costa. Finalmente, hace unos días, solucioné las dificultades técnicas, la descargué y me puse con su lectura.


El color de la maldad pertenece al género de novela negra y narra la investigación que llevan a cabo un inspector de policía, Paco Bermejo, y un guardia civil, Pablo Roncero, de manera conjunta, para atrapar a un asesino en serie que está cometiendo crímenes brutales a lo largo de la geografía española. La historia arranca con la desaparición de Laura y Ramiro, una joven pareja que pasaba un fin de semana romántico en la provincia de Ávila. Para investigar discretamente las circunstancias que rodean el caso son enviados el inspector Bermejo y el sargento Roncero, pero no serán los únicos: una periodista, Miriam Monfort, antigua compañera de estudios de Roncero, sigue las pistas de la noticia. Nada más empezar ambos policías se dan cuenta de que se enfrentan a alguien muy peligroso: la brutalidad de los asesinatos y la escenificación extraña en la que aparecen los cadáveres les dice que aquello no será un caso más. Miriam, por su parte, intuye que esa puede ser la noticia de su vida.

El color de la maldad me ha sorprendido. La trama de la novela es impecable, no deja cabos sueltos y la forma de organizarla, poniendo sobre aviso al lector al comienzo de cada capítulo sobre el lugar en el que nos encontramos en cada momento, agiliza la lectura e impide que te pierdas. En su afán de verosimilitud, Armando Rodera ha elaborado un buen trabajo de documentación, tanto de ambientes como de personajes. Estos están bien perfilados, sobre todo el de Jasón, el asesino, de quien nos cuenta, no sólo lo que hace, sino sus motivaciones, las situaciones que ha vivido y que le han ido conduciendo a su demencia. El policía, Bermejo, es el mayor de la pareja, un tipo peculiar cuya vida personal es un desastre. Me parece acertada la manera que ha elegido para que le escuchemos, un lenguaje muy llano, sin artificios. Pablo Roncero es el más joven. Realiza su trabajo con una eficiencia, pero en lo personal, sobre todo en lo que se refiere a Miriam, aparecen todas sus inseguridades.

La novela, como ya he dicho, tiene su argumento bien estructurado, resulta muy inteligente la manera que ha tenido de resolverla y además se guarda alguna que otra sorpresa para el desenlace. He observado, además, como el tratamiento del lenguaje va madurando a medida que avanzamos en la lectura, las descripciones están más elaboradas y la intuición de que estás llegando a entenderlo todo te empuja a seguir leyendo sin parar hasta su final.

La novela se puede descargar desde la página del autor, Armando Rodera, y tiene un precio muy atractivo, 2,99 euros. Vamos, lo que cuesta tomarte una cerveza y un pincho, así que no hay demasiadas excusas para retrasar su compra y adentrarse en esta historia que seguro que os va a seducir. Está publicada en varios formatos: pdf, epub, ... y se puede leer tanto en el ordenador, en un libro electrónico o en incluso en una tablet. El hecho de que esté disponible de este modo hace que salve el obstáculo de las fronteras, así que quienes estáis al otro lado del mundo y conocéis esta lengua maravillosa que es el español, también podéis acceder a ella.

Tatty, de El universo de los libros, dijo de El color de la maldad, en la reseña que publicó hace algunas semanas, que bien podría convertirse en una película y creo que estoy muy de acuerdo con ella. Es muy cinematográfica. Y con la cantidad de cosas que pasan podría convertirse hasta en una serie.

Armando ya está embarcado en otros proyectos literarios pero mientras los concluye podemos disfrutar de esta novela que ya está aquí. ¿Os animáis con ella?



viernes, 12 de agosto de 2011

LAS TRAMPAS DEL LENGUAJE

El lenguaje está lleno de trampas, no sólo es necesario conocer la ortografía para decir lo que quieres decir, hay que entrenarse un poco con la sintaxis, encontrar tu estilo propio, para que lo que cuentas no sea sólo una anécdota sino que tenga alma. O para que en el examen de historia demuestres lo que sabes y no escribas otra cosa absolutamente distinta, responsable de que tu nota no pase del dos.

El mundo de blogger es infinito. Hay espacio para todo: diseño gráfico, manualidades, cocina, música, arte, historia... Cada uno vamos eligiendo los temas que más nos interesan y creando pequeños grupos en los que compartimos aficiones, sueños y, sobre todo, palabras.

Lo que más me gusta son los libros. Leer, escribir, expresarme a través de palabras ha sido siempre mi refugio para los buenos y los malos tiempos. Por eso mi mundo virtual se ha ido acomodando al real, y he ido descubriendo a gente que, como yo, lee o escribe. Algunas veces me he llevado grandes sorpresas: gente anónima que cuelga sus escritos y nos regala relatos de mucha calidad comparten espacio con otras personas a las que el talento les pasó un día por su lado sin dejarles huella alguna. O simplemente son víctimas de las trampas del lenguaje.

Sin embargo hay algo que no me gusta nada: encontrarme relatos en los que faltan letras (por esa simplificación que empleamos al escribir, que al final se traslada sin remedio a nuestro propio pensamiento), ni tampoco con faltas de ortografía que no se le perdonarían a un niño de tercero de primaria. Mucho menos libros, presuntas novelas en las que no hay erratas, hay errores de base, palabras empleadas en lugar de otras porque hemos asumido que son sinónimos cuando no es cierto. Hace poco leí en un relato un sustantivo que había sido empleado sustituyendo a una preposición y un adverbio. No una, varias veces. Las letras eran las mismas, pero un espacio entre ellas hubiera bastado para que aquello no sonase chillón (por cierto, esta expresión, "sonar chillón" es una figura literaria, sinestesia se llama, mezclar sensaciones de dos sentidos diferentes para lograr un efecto sorprendente, una de las "cosas inútiles" que enseño).

En realidad empecé a escribir esta entrada porque ayer me enfadó que una de mis alumnas me gritara (no estaba enfadada, habla así) que es absolutamente ridículo estudiar lengua, o literatura, o las figuras literarias, porque no sirve para nada en la vida. Es mejor saber química, o física, o logaritmos. Yo no pienso lo mismo. Sé hacer logaritmos, pero todavía no he encontrado una conversación interesante en la que se pueda hablar de ellos. Sin embargo sí que he hablado horas con gente del Quijote (por cierto, hay quien opina que es malo!!!) o de la novela picaresca, o de la importancia de las obras literarias para conocer mejor la sociedad que las produjo.

Sin querer me he ido desviando del tema. En realidad estaba tratando de decir que si no conocemos el lenguaje en toda su extensión y esto incluye la sintaxis, las figuras literarias, caeremos en sus trampas. Y esquivarlas es tan fácil como ser un poco más exigentes con nosotros mismos, no dejarnos vencer por la comodidad que supone escribir algunas letras menos o pararnos simplemente a escuchar en clase del lengua en lugar de quejarnos.

Para comunicarnos hablamos. Usamos el lenguaje. Los logaritmos pueden ser importantes en nuestra vida durante algún tiempo pero la lengua lo es siempre.

Me sumo a la campaña de Olga con su banner.

martes, 9 de agosto de 2011

PEREZA VERANIEGA

Hace días que estoy perezosa. Creo que mi musa se ha tomado unas vacaciones, así que he pensado que voy a recuperar algunas de las entradas de cuando este blog era un desierto en el que sólo había dos almas (yo misma y el único seguidor que tuve los dos primeros años, los demás habéis llegado después de navidad).

LOS ESPEJOS

INTERNET, GRAN HERMANO Y LA VERDAD. 24 de diciembre y en vez de hacer la cena, yo reflexionando...

LAS NUEVAS NORMAS DE LA RAE.

3 x 1

viernes, 5 de agosto de 2011

¿QUÉ VES?

El otro día les hice esta misma pregunta a personas que se pasan por el blog de manera habitual, a las que tengo en mi entorno:
¿Qué ves en la cabecera del blog?

Me respondieron que veían unas rosas y unos trazos negros. En realidad esos trazos forman una imagen, no sé si os habéis dado cuenta. Las personas objeto de la improvisada encuesta no se habían fijado.

¿Alguien podría decirme qué cree que representan?

Hace calor y estoy perezosa para ponerme a escribir, pero me apetece el juego y encotrarme la recompensa de vuestros comentarios. Os dejo tiempo y más tarde os lo cuento.