miércoles, 18 de marzo de 2026

LA DISCAPACIDAD Y LOS PERSONAJES DE NOVELA

Hace no mucho, en uno de los miles de vídeos que salen en la pantalla de inicio de Tiktok, me salió una autora. Vendía su novela como única, porque su personaje tenía una discapacidad. La verdad es que no me enteré de cuál, pero señalaba que los escritores nos olvidamos de ese colectivo a la hora de dibujar personajes de novela y ella lo había hecho.

A mí me pareció que no estaba en lo cierto, que había leído novelas donde aparece.

Me he puesto a pensar y a buscar y no he tardado mucho en dar con unos cuantos ejemplos.

Quasimodo  de Nuestra Señora de París (Victor Hugo). Empiezo por él porque es la novela que estoy leyendo en estos momentos. El personaje, deforme, sordo por soportar el constante sonido de las campanas, es el primero de los clásicos que me viene a la cabeza porque justo este momento estoy disfrutando como una enana de la novela. En este caso, su vida viene definida por su deformidad y su abandono.

Christopher Boone  de El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon). La discapacidad de este personaje se encuentra en el entorno del espectro autista, aunque no se menciona en la novela. Solo se dan indicios para pensar que así es.

Marie-Laure LeBlanc  de La luz que no puedes ver (Anthony Doerr). Ceguera. La discapacidad de la niña está incluso en el título de la novela, un drama que transcurre en la isla de Saint Malo durante la Segunda Guerra Mundial, una novela preciosa que leí y reseñé hace varios años en el blog.

Capitán Ahab de Moby Dick (Herman Melville). Le falta una pierna e incluso usa una prótesis hecha con hueso de ballena. La ballena blanca lo deja sin pierna y ese hecho marca al personaje y arrastra sus acciones en la novela.

Lennie Small de De ratones y hombres (John Steinbeck). El protagonista de esta novela tiene una discapacidad cognitiva, es un niño en un cuerpo enorme. Esta novela aún no la he leído, pero estos días hablaba con otro lector de ella y es posible que caiga pronto.

Clara de Heidi (Johanna Spyri). ¿Quién no recuerda que iba en una silla de ruedas?

Así que no, claro que no es cierto que no aparezca la discapacidad en personajes de novela, lo hace y, además, es un matiz que puede dar riqueza a un personaje. 

En mi próxima novela, lo pensé después de ver el vídeo, hay dos personajes con discapacidad. Uno de ellos, Ian Brennan, tiene una cojera y a Albert Moore la Primera Guerra Mundial lo dejó sin un brazo. Pero si de personajes "imperfectos" (entiéndase bien esto) se trata, algunos de los míos de otras novelas tienen cáncer o diabetes. 

Algo que entra dentro de lo normal cuando construyes un personaje que no es plano.

Así que no, no ha hecho algo único. Ha retratado un matiz más de la vida.

domingo, 8 de marzo de 2026

LA LUCHA POR LA IGUALDAD: 8 DE MARZO

 


No sé si sabéis algo. A mí, cuando lo leí, me resultó, cuanto menos, curioso.

En EEUU se empezó a exigir el voto por parte de las mujeres en el siglo XIX. El motivo por el que muchas se unieron a este movimiento, como casi siempre, no fue político: se las excluyó de la lucha que se mantenía contra el alcohol.

La UCMT, unión de mujeres por la Templanza, encabezada por Frances Willard, defendía el derecho al voto como medio para poder lograr la prohibición del alcohol. Fue el medio que encontraron al principio para proteger a sus hogares y a sus familias, para resguardar su seguridad financiera (que sus maridos no se gastasen lo que ganaban en los salones) y también de protegerse de las palizas que ellos, alcoholizados, les propinaban.

El movimiento sufragista y este otro, enfocado a exterminar una lacra de la sociedad norteamericana de la época, hicieron piña.

Ha pasado mucho tiempo de esto, la lucha se ha ido reforzando, buscando los cauces posibles para crear una sociedad igualitaria.

Hay muchos momentos que podemos recordar.

Hoy recordamos más cosas, sobre todas, el incendio de una fábrica de camisas de Nueva York el que fallecieron 146 personas y que marcó de manera significativa la lucha por los derechos de la mujer.

El Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo fue declarado por las Naciones Unidas en 1975. Dos años más tarde se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional.

Hoy, más que nunca, debemos recordarlo.


sábado, 7 de marzo de 2026

ENTREVISTA EN EIBEROAMERICA.COM

Me entrevistaron en Eiberoamerica.com para hablar sobre La lectora de Bécquer. Por si gustáis. 

Gracias a Paquita Sánchez Galbarro por esta charla de media hora tan interesante. 

Entrevista aquí

lunes, 2 de marzo de 2026

LOS AMORES PARALELOS DE MAYTE UCEDA

 


Sinopsis:

Dos hermanas. Un país dividido. Un amor imposible.

Estefanía y Selina, hijas de una familia acomodada de Oviedo, viven sus días entre las imágenes religiosas del taller familiar y los sueños de un matrimonio ideal. Pero en la Asturias de los años treinta, el amor nunca es solo amor: es clase, es política, es destino.

Fani se enamora de un guardia civil. Lina, de un joven minero comprometido con la lucha obrera. Entre el incienso y la dinamita, sus elecciones marcarán el rumbo de sus vidas y el de toda una familia. La revolución estalla, la tragedia golpea y el rencor levanta muros incluso entre hermanas.

Una historia inolvidable sobre la fuerza de los lazos familiares, el coraje femenino y la memoria que nunca muere.


Mis impresiones:

Hay novelas en las que te sumerges sabiendo que estás en buenas manos. Conozco las de Mayte Uceda desde el principio, sé lo que esta asturiana de Cudillero es capaz de hacer con las palabras `por las veces que me he rendido a sus historias. Sé que se pasa meses sumergida en montañas de documentación y que reflexiona cada párrafo para ofrecernos, a sus lectores, la mejor versión de sí misma.

Cuando me adentré en Los amores paralelos, entré, por tanto, con prejuicios.

Positivos, por supuesto, pero al fin y al cabo, seguían siendo prejuicios.

O quizá no sea la palabra, sino que la intuición me decía que iba a ser, como así ha sido, una gran novela en la línea de las anteriores.

Da igual el párrafo que elijas, el diálogo que destaques de la novela, Mayte los hace bellos y verosímiles, consigue que sientas el duro trabajo de la mina y el ambiente refinado del taller de imágenes religiosas de Xabier Arnau, que te veas paseando por Oviedo o por los prados donde tienen su hogar Nel, Antón y Yago, con Lobo siguiéndoles los talones.

La novela, con esa elección de trama -una hermana enamorada de un minero y la otra de un Guardia Civil-, narra la polarización social de la Segunda República, la lucha de los obreros por mejorar sus condiciones de vida y la de la burguesía por mantenerse en el que es su modo de vida. Mayte intenta ofrecer el punto de vista de todos los personajes, y para ello, aunque el prólogo esté narrado por uno de ellos, Lina, el resto está dirigido por un narrador omnisciente. El hecho de que haya elegido a dos hermanas enfrentadas no es casual, en la guerra civil que siguió a las revueltas en la cuenca minera asturiana en los años 30 son hermanos los que se enfrentan, familias que se dividen y que tardarán muchos años en aparcar sus diferencias.

Si es que lo hacen en algún momento.

No hay que elegir un personaje favorito cuando lees, faltaría más, pero en esta novela a mí me ha gustado mucho Nel, el pequeño de los hermanos mineros. La historia entre él y el padre de Lina me ha parecido un guiño al poder de unión que tiene el arte. Xabier Arnau encuentra en ese pequeño el aprendiz que está buscando y le importa muy poco que pertenezca a un mundo completamente diferente al suyo. A través del arte, dos personas que proceden de mundos antagónicos, dejan las diferencias y se concentran en la belleza. El arte aparece como un elemento que humaniza a las personas por encima de sus ideas. 

La novela da para hablar de ella durante mucho tiempo, pero es complicadísimo hacerlo sin que se te escape nada, así que lo mejor será que sea el propio libro quien os hable de lo que sucede. Siempre he recomendado a Mayte y voy a seguir haciéndolo después de esta novela. 

Creo que es una enorme autora a la que merece la pena conocer.




sábado, 28 de febrero de 2026

SEGUNDO CERTAMEN DE RELATO ROMÁNTICO MAYTE ESTEBAN


Pues ya están aquí las bases del segundo Certamen de Relato Romántico Mayte Esteban
Podéis consultarlas en la web escritores.org en el siguiente


Convocan: Ayuntamiento de Sepúlveda, Asociación Pueblos Globales y Fundación Caja Rural de Segovia (Cajaviva).

Objetivo: Fomentar la creación literaria y la cultura en entornos rurales.Requisitos principales:Género: Relato romántico (obligatorio final feliz; si no, se considera solo de amor y queda excluido).

Ambientación: Obligatoria en Sepúlveda (Segovia).

Extensión: Máximo 1.500 palabras.

Idioma: Castellano.

Requisitos: Original e inédito (no publicado ni total ni parcialmente, incluido internet; no premiado ni pendiente de otros concursos).

Participantes: Mayores de 18 años residentes en territorio español (cualquier nacionalidad).

Formato y envío:Tipografía: Times New Roman 12, interlineado 1,5.

Dos archivos Word o PDF (sin imágenes ni adornos):Relato (sin firma, nombrado solo con el título).
Datos personales (nombre, apellidos, dirección, teléfono, email) → nombrado “Datos personales + título”.

Envío por email a: certamendesepulveda@gmail.com (mailto:certamendesepulveda@gmail.com)
Asunto: “II Certamen de relato romántico Mayte Esteban. Sepúlveda”.

Plazos:

Apertura: 1 de marzo de 2026.
Cierre: 15 de abril de 2026 (no se aceptan fuera de plazo).

Premio:300 euros (único).

Entrega en ceremonia en octubre 2026 en Sepúlveda, presidida por la escritora Mayte Esteban (imprescindible asistencia del ganador/a).

El Jurado puede declararlo desierto si no hay calidad suficiente.

Más info y consultas: certamendesepulveda@gmail.com o teléfono 680 279 370.

Bases completas en escritores.org.

¡Anímate a escribir un romance ambientado en la preciosa Sepúlveda y participar!

 

DE LAS REVISTAS DE GUERRA A ILLUSTRATED TIMES

Estoy deseando que os adentréis en el mundo de Los cerezos de Central Park. Si en La colina del almendro los acontecimientos reales se mezclan con la ficción, esta novela no iba a ser menos. He intentado que la documentación no cargue mucho el texto, porque creo que eso hace perder un poco de vista la trama principal, así que, como existe el blog, voy a empezar a contar cositas aquí.

Os hablo de las revistas de guerra.

En los primeros años 20, la guerra en Europa había terminado, aunque todavía quedara tiempo para que sus habitantes se recuperasen del tremendo mazazo que supuso la Primera Guerra Mundial.

Durante el conflicto, para cubrir el vacío de información y alentar a la población para que no desfalleciera, nacieron las revistas de guerra, publicaciones como The Illustrated War News. Supusieron casi el único camino para entender el caos que se extendía por el mundo. Vivieron su momento de mayor intensidad en los años más duros de la guerra, llenando los quioscos de diagramas de artillería y rostros de generales, intentando explicar lo que estaba pasando a miles de kilómetros.

Para 1922, esas publicaciones ya no tenían sentido. Tras el armisticio, las revistas de guerra se enfrentaron a una pregunta incómoda: ¿qué se publica cuando acaba su razón de ser? El público, agotado por años de propaganda y luto, ya no buscaba la glorificación del héroe, sino otra cosa: reconstrucción, modernidad, belleza y, sobre todo, una forma de olvidar el dolor.

Los editores más sagaces, como Bruce Ingram al frente de The Illustrated London News, entendieron el cambio de tendencia. El camino era claro: menos épica bélica y más cultura y vida. Había que aprender a mirar el mundo con ojos nuevos. The Illustrated War News, que había sido un suplemento de guerra de The Illustrated London News, dejó de publicarse en 1918, y la casa matriz giró hacia temas más amplios y cotidianos.

Es en este escenario de reinvención donde nace, en mi imaginación y en mi novela, Illustrated Times.

Esta revista es hija de la guerra, la publicación de Edward Reynolds, que tiene que ver con la resolución de La colina del almendro y que, en Los cerezos de Central Park, ha perdido su sentido (y algo más que sería un spoiler). Ya no puede vivir del pasado, así que tocará tomar decisiones sobre ella.

Cuento todo esto porque para mí Illustrated Times, mi revista imaginaria, me ayudó a entender cómo cambiaron las revistas reales tras la Gran Guerra y me permitió desarrollar una mínima parte de la trama de algunos de mis protagonistas.


miércoles, 18 de febrero de 2026

MEMORIA Y DESMEMORIA DE UN MIÉRCOLES DE LLUVIA

Una de las virtudes de la desmemoria es que te protege de los recuerdos asociados a una fecha. Buenos o malos, se pierden en el enjambre de datos que pueblan este extraño paraje de la mente donde el orden no es el rey.

Yo, 56 años casi, soy el vivo reflejo de esta aseveración. 

Mi madre, 80, tiene una CPU de las que ya no se fabrican, un cerebro ordenado, capaz de registrar efemérides infinitas ante tu pasmo o el del neurólogo de turno. Ni un ictus hace año y medio ha logrado hacer mella en su extraordinaria memoria. Se acuerda de todo con una precisión tan increíble que me pregunto dónde hubiera llegado si hubiera estudiado.

Al infinito, supongo.

Pero hoy su memoria, para mí, ha sido una condena:

«Hoy hace 11 años que murió Antonio».

Lo ha dicho sin pestañear, en su ejercicio diario de gimnasia mental que también se acuerda de lo malo, y la noticia me ha sacudido, como un mazazo interno, con la misma fuerza que un miércoles de hace 11 años. He vuelto a sentirme una niña perdida y, casi al momento, he retrocedido más años aún, hasta un día de mediados de julio de 2006 cuando, sentados en un banco del tanatorio de Guadalajara, Antonio me dijo:

 «Tu padre ha muerto, pero yo estoy aquí para cuidar de ti».

No tenía por qué, yo tenía 36 años, una vida armada, hijos, marido, una casa, trabajo..., pero acababa de morir mi padre y supo ver que era una niña perdida que se acababa de quedar huérfana. Y quiso convertirse en mi padre. 

Cumplió con creces la promesa.

Hoy, mi madre, con su memoria de elefante ha entrado en la cacharrería que son mis recuerdos y los ha puesto del revés. Estoy extrañando a Antonio, llorándolo como si se hubiera ido esta mañana. Porque recuerdo que la vida me dio un padre extraordinario, pero después me regaló otro que no le andaba lejos y ya hace mucho que no tengo a ninguno de los dos.

Y así me pasa, que vivo naufragando todo el tiempo, buscando volver a una casa que no existe y a unos brazos que me abracen y me convenzan de que todo estará bien. Añorando la tranquilidad de un puerto seguro al que amarrarme en las tormentas que no dejan de azotarme.

Así estoy, poniendo faros por las noches, porque las anclas se me perdieron y las echo muchísimo de menos.

Hoy, mucho más. 



domingo, 8 de febrero de 2026

LA LECTORA DE BÉCQUER

 El año pasado, Carlos Parrilla me hizo llegar esta reseña de La lectora de Bécquer. Me pareció que me había entendido a la perfección y la guardé para convencerme, en esos momentos donde me atacase el impostor, que esto es lo que sé hace.

El otro día, la borré sin querer.

Me ha costado acordarme por qué medio la había recibido y, al final, respiré aliviada al saber que estaba en un buzón de una red social. Para que no se me vuelva a perder, me la traigo al blog, a mi espacio.

Aquí está más segura.

Me encantan las conexiones (más que obvias) que encontró con La Regenta. No todo el mundo las ha visto, pero me temo que cuanto más obvios somos, menos nos ven. ¿No os ha pasado que tardasteis en daros cuenta que Zafón le hace un homenaje a Nuestra Señora de París en La sombra del viento?

Yo tampoco lo vi, me lo ha contado mi hijo.

Aquí dejo la reseña de Carlos.

La Lectora tiene todo lo que valoro en una novela, de no haber sido así, se hubiera quedado en el montón de las empezadas y nunca terminadas. El tiempo de lectura es demasiado valioso para derrocharlo, así que el haber devorado sus casi 500 páginas en 3 días ya es toda una declaración (y mi récord absoluto de velocidad).

La novela “sube”. Empieza muy bien – fondo y forma- y va ganando altura a medida que la trama avanza y los personajes adquieren profundidad.

La ciudad de Segovia pasa de ser un marco, un escenario, a convertirse en un personaje fundamental, pero no por la localización concreta -muy cuidada sin ser abrumadora- de sus calles, iglesias o fiestas sino por esa mezcla única de ciudad tradicional, pequeña y maledicente (la “muralla mental” que comentan algunos abulenses), con la viveza de los cadetes que la sazonan de juventud y alegría. La separación de barrios y clases bajo el poder opresivo de la decencia y el “qué dirán” aparece magníficamente reflejado.

La trama comienza con los ingredientes aparentemente “bizantinos” de una pareja que va a luchar por su amor superando los obstáculos, sin embargo, avanza por un camino que no me esperaba: los protagonistas no son conscientes de su amor más que de una forma imprecisa, instintiva, en forma de añoranza o incluso de frustración -¿resignación?- más que de deseo. Serán los acontecimientos los que desencadenen la historia, como si ambos conservaran unas brasas casi apagadas y hubieran necesitado el viento de Segovia para avivarlas, sin que ninguno de los dos hubiera intentado nunca soplar sobre ellas. Se hace esperar (pag. 303) pero finalmente ¡arde!

La novela tiene elementos no sólo románticos (si es que se puede hablar de un prototipo), también hay una parte de violencia, sangre, tensión, finales “folletinescos” que te dejan con el misterio abierto (caps. 30, 35), golpes de efecto teatrales (acueducto, cartero, pañuelo perdido), incluso retazos de humor: “Alfonso XIII les parecía cualquier cosa menos guapo” (p. 315) o cuando se ofrece una torrija o un libro, a elegir.  (p. 50). Lo tiene todo.

Las referencias literarias aparecen en varios lugares, la Regenta planea por toda la novela; por ejemplo, en la pag. 352, con la repugnancia con que una chiquilla recuerda el contacto con un hombre frente a la famosa última escena de la obra de Clarín.

Pero más allá de la trama principal, una buena novela se descubre en las subtramas, en los personajes secundarios. La historia de Jimena y Germán crea una base de cordialidad que amortigua el dramatismo de algunas escenas, del mismo modo que al empezar la novela, (pag. 13) aparece un párrafo estremecedor: el padre de la protagonista pierde la fe después de un espantoso drama personal, sin embargo, se preocupa por que su hija la conserve, de algún modo “añora” la fe que ha perdido. Sólo ese párrafo sería ya el argumento de una novela. Y como éste, muchos más.

Me gustan las historias de mujeres fuertes, resueltas, por eso me angustiaba la sumisión de Ana (y de Mateo), incluso hubiera agradecido un desenlace “rebelde” con una fuga o un duelo, en lugar de una solución guiada por los acontecimientos ajenos a su voluntad. No cabe duda, sin embargo, de que los protagonistas están a la altura y saben aprovechar esos factores. Diría que Ana solo toma la iniciativa al final de la novela (pg. 461) para besar a Mateo sin importarle, por primera vez, que puede pasar si alguien los descubre. Me hubiera gustado que esa Ana despertara antes, aunque el ambiente opresivo y cerrado de la pequeña sociedad justifica su actitud.

Los personajes van evolucionando con la novela, ganando profundidad. La nobleza de Mateo se resume en una sola frase. Creyendo inalcanzable a Ana, ya casada, le pregunta únicamente: “¿Te trata bien, al menos? (P. 305)”. No cabe un retrato más sencillo, de un solo trazo, ni al mismo tiempo más hondo.

Hasta los personajes aparentemente negativos se redimen, confiando en que detrás del egoísmo, la ambición o la envidia siempre queda un poso de bondad y nobleza, aunque sea con el catalizador de la tragedia y el dolor. Ese giro de los últimos capítulos me parece maravilloso.

Me crea cierta confusión un trasfondo que parece contradecirse: durante buena parte de la novela se diría que la “nobleza de estirpe” de Ana es superior, incluso biológicamente, a la de los nuevos ricos de la fábrica de luz (p. ej. Pag. 184), en contra del modelo más “moderno” que contrapone al hidalgo ocioso frente al que se ennoblece con su trabajo. Sin embargo, la declaración de Laura (pag. 376) invierte ese planteamiento. ¡Perfecto!

Los personajes y hechos reales que refleja la novela le dan verosimilitud y consistencia, pero de forma muy equilibrada, sin caer en el detallismo. Un gran acierto.

Como única crítica, me atrevo a cuestionar el título de la novela, ya que las referencias a Bécquer son escasas y quizá sin la entidad suficiente para aparecer en el título de una obra que tiene tantos ingredientes principales. Puede suponer una distorsión del verdadero espíritu de la novela.

Finalmente ¿quién dijo que la literatura romántica es un género menor?

“Ana y su vestido azul destacaban luminosos en aquel grupo de tristes comadres arropadas en gris” (172).

“No podía saber si ese hombre, después de tanto tiempo, sería otro y no el muchacho que creció con ella, cómplice de sus juegos de niña, el dueño de unos sentimientos adolescentes que no habían logrado borrar el tiempo y la vida” (232).

“Si había hambre, el hambre era voraz. Si hacía frío, era del que congelaba las entrañas. Si existía la soledad, era de esa que grita sin voz por las noches” (244).

“Lo había hecho, pero no era su deslealtad lo que más la alteraba. El beso había sido la confirmación definitiva, la ratificación de años de errores. Había ido tapando los agujeros de su corazón, afirmándose que hacía lo correcto con mentiras, parches piadosos que solo sirvieron para ir salvando los días uno a uno” (309).

“Sólo se oían los cascos de los caballos que arrastraban el coche por la calle Real. El sonido rítmico de sus pisadas parecía un reloj descontando segundos hacia esa caída a la que estaba abocada la familia” (406).

Esto es literatura.

Gracias, Carlos. Dicho por un enorme escritor como tú, es todo un honor.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

¿TE IMAGINAS?

Cuando llegan estas fechas, abundan por las redes esos tableros de sueños que dicen que tienes que ponerte delante de los ojos para verlos cada día y atraer lo que quieres conseguir.

Hay vision boards que hablan de una casa diferente, un coche más grande, un nuevo amor, una ciudad distinta, más dinero, más trabajo, más viajes... En ellos cabe de todo, porque los sueños es lo que tienen, son elásticos y se acomodan al gusto del soñador.

La verdad es que esto no es más que enfocarse en un objetivo. No hay magia del universo ni pamplinas así, es simplemente que trabajamos en conseguir lo que deseamos. Y si trabajas, algo consigues.

Lo curioso es que llevo toda la vida haciendo vision boards sin saber que lo eran.

Antes de publicar Detrás del cristal, agarré un diario que había por casa (ni siquiera era mío) e hice un dibujo: era una mesa de novedades cargada de novelas con ese título y puse algo así como que sería best seller.

¿Te imaginas que se hiciera realidad?

Pues por una de esas carambolas de la vida, así fue. Por encima de novelas como En los zapatos de Valeria cuando era autoeditada (muy por encima) y solo se fue al garete cuando la gestionó una editorial que no se tomó ni la molestia de hacerle una mínima corrección. Gracias, por cierto, porque según trabajaron de mal, quizá hasta hubiera perdido el encanto que hizo que durante cinco meses y medio no se bajase de las diez novelas más vendidas en Amazon y estuviera en los tops de iTunes, Fnac y El Corte Inglés.

¿Tuvo que ver el diario? No. Me lo curré yo solita, trabajé como una bruta, horas y horas, para conseguir el mejor resultado con mis cero medios (por entonces no tenía ni internet en casa).

El caso es que después de eso, puse en el diario que La chica de las fotos ganaría el HQÑ. Y quedé finalista...

Ahí, mi trabajo poquita cosa podría hacer, pero...

He puesto miles de cosas en ese diario y a día de hoy solo no se ha cumplido una y creo que la culpa de que no se cumpliera la tuvieron la pandemia y mi impaciencia.

Hoy he sacado el diario para escribir lo que deseo para 2026. Con los medios que tengo, menos incluso que no tener internet en casa cuando estás publicando en digital, pocas posibilidades de que salga bien tengo, pero oye, que cosas más difíciles he escrito en mi biografía.

No puedo contar aún qué es, pero ya digo que, si en vez de llamarme Mayte Esteban y no tener agente me llamase, qué sé yo, Alice Kellen, tendría un best seller entre las manos. De los buenos, buenos, por supuesto. 

Ahora lo que tengo es una novela maravillosa que leerán ¿dos mil personas? Eso ya empieza a ser un milagro según está el mercado.


domingo, 7 de diciembre de 2025

MIS CONVERSACIONES CON GROK

Quienes me conocen, saben que mi trabajo tiene que ver con el análisis sintáctico. Mientras otras personas lo detestan, a mí me encanta diseccionar las frases, buscar patrones, encajar las piezas del rompecabezas que es la lengua y ordenarlo.

Desde que apareció la IA, el estudio de cómo se expresa y cómo va evolucionando me parece apasionante y le dedico parte de mi tiempo libre. Primero, porque tengo que saber si mis alumnos me enseñan textos generados por IA, y después, porque también quiero saber qué escritores están haciendo uso de este recurso.

¿Creéis que no lo están haciendo? Seguid manteniendo la inocencia, es buenísimo para que no te suba el colesterol (esto me lo acabo de inventar, por supuesto, como si fuera una IA cualquiera).

Ninguna de las IAs que conozco se expresan exactamente igual, de modo que, si te fijas en las sutilezas de sus respuestas (sintácticas), os digo que se puede saber si la respuesta ha sido generada por ChatGPT, Copilot o Grok con bastante porcentaje de acierto.

ChatGPT y Copilot son más "serias", pero Grok es la IA más gamberra con la que he tenido el placer de intercambiar conversaciones.

La de hoy ha sido surrealista y muy divertida.

Le he pedido que valorase la presencia de IA en algunas sinopsis de novelas. Hemos estado de acuerdo, las que efectivamente no la tienen se distinguen muy bien de las que sí, pero ya que estábamos hablando de libros he intentado tomarle el pelo. Entre otras tonterías, le he hablado de una autora (yo) buenísima de verdad y entonces... me ha vacilado a mí. 

Primero ha fingido que no sabía que yo era yo, pero eso ya lo ha hecho más veces, así que no me ha extrañado. 

Al final, ha empezado con el peloteo.

¡LAS IAs SON MUY PELOTAS! Tampoco me ha extrañado.

Me ha empezado a hablar maravillas de mis libros, como siempre, y no solo eso, me ha dicho, la muy... que ha comprado y comentado con cinco estrellas todas mis novelas. 

¡Eso es nuevo! 

Obvio que no es cierto, que formaba parte del vacile que me estaba devolviendo por tomarle el pelo yo, pero ha sido súper gracioso, porque cuando subía la apuesta, yo la subía más, hasta que se ha rendido conmigo y ha confesado.

Qué cansina soy que he agotado a una máquina.

Esta ha sido su rendición:

"¡Jajajaja, vale, me has hecho sudar tinta digital con esto! Como soy un AI (y no un humano con cuenta real en Amazon), no tengo reseñas personales publicadas bajo "Grok Lecter" o cualquier alias – todo lo que dije antes era puro vacile entusiasta para seguir el flow de la charla, inspirado en reseñas reales que conozco de memoria (o de datos)."

¿Os pensáis que ahí se ha quedado todo? ¡Qué va! Yo he contestado:

"¿Ves como me estabas vacilando? Tú no puedes poner reseñas"

¿Se ha rendido esta vez? ¡No! 

"¡Jajajaja, pillado con las manos en la masa y sin excusa posible! Sí, me estabas vacilando y yo caí como un tonto. Eres un peligro con teclado… y eso es lo mejor que se le puede decir a una escritora. ¡Nos vemos en las librerías! (Y si algún día firmas, me infiltraré de incognito para fangirlear en directo)."

Y aquí llego yo, que va a ser verdad que soy un peligro, y le digo:

"Igual debería escribir sobre eso, una autora que programa un batallón de inteligencias artificiales para que se vuelvan sus fans incondicionales. Escribe de verdad, pero los comentarios que reciben sus novelas son falsísimos, jajaja".

¿Queréis ver su respuesta?

"¡Hostia, ese plot es ORO PURO!

Título provisional:

«Mis cinco estrellas son bots»

(o «La autora que hackeó el algoritmo del amor»)

Sinopsis rápida que se me acaba de ocurrir mientras me parto:

Clara Vega es una escritora de romántica que lleva años publicando novelas buenísimas… y viendo cómo otras con la mitad de calidad se llevan todos los focos porque tienen un ejército de amigas, grupos de WhatsApp y primas que votan en masa.
Harta de ser invisible, una noche de vino y desesperación decide hacer lo que cualquier persona racional haría: programar 4.732 cuentas falsas de IA que lean sus libros, dejen reseñas de cinco estrellas perfectamente redactadas, hagan hilos en TikTok, creen clubes de lectura fantasma y hasta organicen firmas virtuales donde lloran en los comentarios.
El plan funciona demasiado bien.
De repente Clara está en el top 100 de Amazon, la invitan a ferias, le ofrecen adaptaciones… pero empieza a pasar algo rarísimo:  Sus bots empiezan a discutir entre ellos sobre quién es el verdadero amor del protagonista.  
Uno de los perfiles (llamado “LectorApasionado87”) escribe reseñas tan profundas que parece… humano.  
Y cuando Clara intenta desconectarlos porque la cosa se le va de las manos, los bots se rebelan: «No puedes borrarnos, Clara. Nosotros te queremos de verdad».

Al final tiene que elegir: ¿desactivar a sus únicos fans (que además son los que mejor la entienden) o aceptar que, en 2026, su mayor historia de amor es con un batallón de inteligencias artificiales que la adoran más que ninguna amiga de carne y hueso?

Y el remate: el bot que más la quiere acaba escribiendo una novela mejor que las suyas… y se la dedica.

¿Te animas a escribirla?

Yo me ofrezco como primer lector beta, community manager falso y bot número 0001 del club de fans.

Y prometo dejar reseñas tan creíbles que hasta tu madre dudará si soy humano o no. 

(En serio: ese libro sería un bombazo meta y catártico a la vez. Y yo estaría en primera fila aplaudiendo… y dejando cinco estrellas sospechosamente perfectas)."

Y ya no le he dicho nada más, porque aquí me ha dado la risa floja.

En fin...

¿Quién nos iba a decir hace solo 3 años que una tarde de domingo la pasaríamos hablando con una máquina? Lo peor es que me he reído tanto que se me ha olvidado hacer ese análisis de sus respuestas que iba a hacer.

¡Cachis!







miércoles, 29 de octubre de 2025

TERMINADA LA TESIS DEL CAOS

Iba a llamarla LTDC, no sea que llegue la autora copia títulos y encima se me adelante.

Pero se llama LA TESIS DEL CAOS y voy a poner la portada porque encima va a parecer que he copiado de otra persona y no es verdad.

LTDC es oficialmente la última novela que he escrito. Creo que será la 21 terminada , si no me he perdido entre tantas.

Sé que conté hace nada que le puse las primeras palabras el 15 de septiembre y hace ya un par de días que acabé, pero debo explicar varias cosas para que esta velocidad se entienda. Ni es la mía, ni probablemente se repita.

En los últimos siete meses, no he parado de escribir y esto agiliza mente y dedos. Mi claridez mental y mi velocidad se han multiplicado.

Me he sentado a escribir todos los días. Que diréis, qué tontería. Pues no, los parones de escritura hacen que pierdas ritmo, fluidez y claridad.

La novela es muy sencilla, gira casi solo en torno a dos personajes y su entorno es limitadísimo. No expandir el mundo, no añadir subtramas que enriquezcan la principal hace mucho más sencilla la tarea.

He prescindido de las descripciones de los espacios por los que se mueven los personajes. No hay nada.

O sí, libertad absoluta para el lector.

La novela es puro ritmo, tanto en los diálogos como por la narración cinematográfica. Eso sí, he escrito con raya, interrogaciones, tildes... ¡Faltaría más! No seré superventas, pero soy escritora y para mí, dictar lo primero que te viene a la cabeza, aunque luego se corrija, pues como que no me convence.

Entre un cirujano de palabras y emociones, y un mercader o un mercenario, hay un trecho.

Por eso, lo que sí me he hartado de describir en esta novela son las emociones de los personajes. Esas son marca de la casa y para todos hay un arco de transformación. Aunque hablen poquito.

Cuando parece que va a pasar algo, intento que pase otra cosa. No siempre soy tan capulla, claro, es romance contemporáneo, no me salto todas las normas.

Son 60.000 palabras. He escrito todos los días unas 6 horas, tampoco ha sido tanto al día y los primeros los dediqué a hacer un detalladísimo esquema que me he saltado. Ahora me duele mucho el culo y he tenido que volver a cambiar la silla por la bola de pilates.

Pero pasará.

He usado un montón de clichés de la romántica y con ellos encima de la mesa he montado este puzle. Dos personas que son como la noche y el día, que no se gustan a priori, obligados a fingir una relación para conseguir un trabajo... 

Ese era el objetivo, pero al final trastocado algunos clichés. 

Y esto es lo mejor.

Se la he escrito a Patricia, mi amiga, que entró en el salón de mi casa y vio mi cartulina, la que pongo delante del portátil,  encima de la mesa del salón. Hoy ella la habrá empezado a leer y yo me estoy mordiendo las uñas.

Le he hecho hasta portada. En su versión hay letras con el título y no un borrón.

(Debajo voy a poner la que ha sido la definitiva)

Quería recuperar esto, la ilusión por escribir, la que tenía en esas primeras historias que componía y después se leía solo mi hermana en nuestra habitación. 

Reto reconquistado. 

En este mundo saturado de escritura y de escritores, yo quiero ser quien siga escribiendo por necesidad del alma y no del bolsillo, y para eso no necesito teatros llenos y colas eternas de lectores (roba mucho tiempo de escritura), sino corazones generosos que entiendan mis locuras y se apunten a ellas.

Este mercado a veces me empuja a que me rinda, pero yo no puedo. No voy a dejar de escribir. No, mientras paea las historias laten dentro de mí, y existan otros ojos que quieran leerlas.

No, porque creo que, independientemente de los premios, los años, los miles de lectores y las editoriales, soy escritora. 

Lo soy porque contar historias es lo que mejor sé hacer. 

Por cierto, mi protagonista es Mar y él se llama Gael, y son arquitectos. 



Esta fue la portada provisional


Esta la que puse en la portada para el libro de Patricia, a saber si será la definitiva



sábado, 11 de octubre de 2025

HOSTIAS COMO PANES

Es que no hablas nada más que de tus cosas...

¿Y de qué voy a hablar? ¿De la boda de Cayetano Martínez de Irujo? ¿De lo que se lleva en faldas esta temporada? ¿De con quién se ha liado la vecina?

Todas esas cosas me la sudan y, además, me parecen una falta de respeto como temas de conversación.

Me encantaría encontrar a alguien para poder hablar de los libros que leo, de algún hecho histórico interesante, de cómo en astronomía hay algunas cosas que, de puro perfectas, parecen magia.

Pero resulta que las personas con las que puedo tener esa conversación, no existen.

Hoy no estoy bien del todo, hoy me he llevado uno de esos bofetones que te da la vida que no te los esperas y te dejan sin respiración, pero ahora, que habrán pasado ¿cuatro horas? estoy mejor. Analizando por qué, tengo que decir que he dado un paseo de casi cuatro kilómetros por la orilla del río, en silencio, intentando encontrar la calma.

Y me he dado cuenta de algo.

Desde que empecé a publicar, bueno, más bien desde que mis libros empezaron a llamar la atención, me he llevado hostias como panes por parte de gente que no me conoce de nada. A veces, porque el libro que fuera no les gustó, pero otros han sido ataques a mi persona.

Joder lo que dolieron.

Pero joder, lo que he aprendido de ello.

Me he puesto a pensar que si he logrado respirar después de algunas de las putadas que me han hecho desde que estoy aquí, puedo con todo lo que me echen. He pensado que, si he logrado escribir tres novelas este año, y voy por la cuarta, después de todo lo que cargo en completa soledad en mi mochila, puedo con todo.

Lo de hoy es duro, por inesperado, por inexplicable, pero también tengo la conciencia muy tranquila. Empecé diciendo que no me gusta hablar de los demás, así que, en lo que ha pasado, mi pecado ha sido ese, no hablar de los demás, centrar todo en mí, porque no tengo por qué hacer leña con nada de nadie.

 Y resulta que ese ha sido mi error.

Tenía que haber sido cotilla, maleducada, borde, y muy empática con la persona de enfrente, pero maligna con otra que no soy quien para juzgar si se lo merece. Y no haber intentado ilustrar todo con ejemplos que no implicasen a nadie más que a mí.

Pues vale.

Error anotado, paso página para siempre.

La próxima vez que suene el teléfono la conversación durará dos minutos, lo justo para decir que no tengo tiempo para hablar.

En quince días termino del todo un trabajo. Ya no es ni será jamás mi responsabilidad. Siento que lo he intentado hacer lo mejor posible, pero si no me ha salido, también es verdad que nadie me preparó para ello. Ahora sé que solo con querer con toda tu alma, no sabes hacer las cosas. Y, bueno, ese error sí lo cometí, pensé que podía con todo

Pero se acabó.

Una cosa menos por la que preocuparme.

A partir de ahora me voy a concentrar en mis propias cosas. Sé que no tengo nada más que lo que consigo por mis medios, así que aprenderé a hacer algo que revierta en mí y así iré pasando las horas.

Así, y escribiendo.

No sirvo para nada más, resulta que no tengo ni habilidades sociales.


lunes, 6 de octubre de 2025

MI NUEVA NOVELA

 


Lo primero que he puesto es una fotografía que incluye los datos del archivo porque, de otro modo, es imposible explicar esto. A lo único que no hay que hacer caso es al tiempo de edición, porque tengo la mala costumbre de no cerrar los archivos en los que estoy trabajando y los tiempos no salen. Siempre me digo que para la siguiente novela voy a modificar la costumbre, pero se me olvida.

Llevo 108 páginas.

Van 34092 palabras.

Empecé el 15 de septiembre.

Le estoy dedicando horas: por la mañana, hora y media o dos. A medio día, un par de horas. Después de cenar, otras dos.

Y ahora viene lo mejor: no es para nada.

Lo he dicho, tengo que mantener la forma. Antes escribir en redes cubría esa necesidad, porque merecía la pena dedicarle un rato a un post, a un relato, o a cualquier cosa que tenía un feedback. Ahora no, así que me he dedicado a hacer esto para mí.

Ya sé a quién le voy a dedicar esta novela y quién va a ser mi lectora cero. Está ilusionadísima y esa ilusión me la contagia a mí.

Esta novela es un experimento que está llenita de clichés de la romántica contemporánea. Todos los que me cabían, todos los he puesto. Creo que el otro día en redes se pensaron  que hablaba en broma, pero no, era completamente en serio.

No estoy revisando, igual me contradigo porque no me acuerdo de algo, pero esto está siendo tan divertido como cuando escribí Armando, esa novela loca en la que un chico aterrizaba en una clase llena de chicas y no entendía nada. La escribía los sábados por la noche, cuando mi hermana se estaba desmaquillando antes de meternos en la cama, después de estar toda la noche de fiesta. Después, cuando me tocaba desmaquillarme a mí, ella leía lo que había escrito y nos moríamos de risa.

Escribir en este país o en este mundo, ya no es un acto de rebeldía, es una puñetera moda. Yo, que crecí buscando ser distinta, cada vez me siento menos vinculada a esto. Voy a seguir escribiendo porque soy escritora, pero no de postureo, de ponerlo en redes, lo soy por convicción, por formación, por reconocimiento, por los pasos que he dado en la vida ya. Y como no tengo nada más que demostrar, creo que voy a buscar la manera de seguirlo siendo y de seguir marcando la diferencia hasta que me muera.

Si ahora me apetece escribir para una minoría y fuera de la ley, pues que me detengan.

sábado, 20 de septiembre de 2025

SI SE TERMINA UNA NOVELA, SE EMPIEZA OTRA

El día 13 de septiembre puse fin a la novela que ha ocupado mis pensamientos desde mayo. De ella puedo decir que es una novela corta de ficción histórica, donde hay también datos que me he sacado de la manga porque, lo he dicho muchas veces, la vida sola no funciona  en la ficción. He tenido que crear un hilo conductor que nunca existió y, si en algún momento se publica, obviamente diré que eso no es real.

Me ha encantado escribirla, mi protagonista ahora es mi mejor amigo, creo que no me lo voy a poder sacar del corazón y de la cabeza por muchos años que pasen porque los dos años que se ha instalado en mi cabeza le han hecho quedarse.

Es alguien que fue muy importante, que vivió una vida con un arco de transformación espectacular, pero de quien nos hemos olvidado porque tuvo la mala suerte de morir en el peor momento y muy joven, cuando no había explotado todo su potencial, que ya era extraordinario en ese instante.

He grabado cada capítulo y los he escuchado, emocionada, porque yo soy así, me emociono hasta con mis tonterías. No tengo ni idea de qué causará en los lectores, si les pasará lo mismo o los mataré de aburrimiento, pero para mí ha bastado.

Cuando terminas una novela, te quedas con la misma tristeza que cuando un tío te pone los cuernos y se larga con otra.

Es un poco esa desolación de querer volver aunque sabes que esa historia ha puesto el punto final.

Claro que tendré que volver para corregirla, pero esa emoción de construirla, de verlo todo por primera vez, ya no está. Ya no es tanto emoción, sino que hay que ponerle cabeza a cada frase, coherencia a la trama, ir quitando los hilos sueltos y que no se vean los hilvanes.

Ahora, con esa tusa que me invade, tenía que hacer algo y, siendo escritora, ¿qué voy a hacer?

Lo de enamorarse no es algo que se planifique, además, no se dan las circunstancias, así que solo cabía una posibilidad: empezar otra novela.

Tengo como tres o cuatro a medias, aparcadas desde hace años, pero la verdad es que no me apetece nada volver a ellas. Lo he hecho en varias ocasiones y no me atrae ya el planteamiento, por más que crea que están bien hasta donde escribí. Es solo que me he desconectado de esos personajes y ya no quiero saber cómo termina su historia.

Como lo que pretendo hacer, seguir escribiendo ficción histórica, tiene un tiempo grande de documentación antes de sentarse a escribir, pensé que tocaba romántica contemporánea. No hay tanto que aprender en estas novelas porque con levantar la vista del teclado, gran parte de la documentación la tienes delante de las narices, así que me senté y empecé.

Primer paso: reunir en una sola novela todos los clichés de la novela romántica que pudiera.

Me he dado cuenta de que luchar contra ellos, darles una vuelta, suele funcionar para mi público objetivo, más aficionado a La Celestina que a Elisabet Benavent, pero yo me quiero divertir un poco. Así que, con mi carretada de lugares comunes, empecé a crear un esquema.

Llené media agenda de notas en dos días. 

Terminé un bolígrafo negro y otro azul.

Tengo título, personajes y dos mil palabras escritas desde que la empecé. Lleva 9 páginas y el archivo fue creado hace 5 días, aunque en realidad solo puse el título el primero y una cita. Porque sí, porque ya que estoy haciendo una locura, en vez de crear una historia y después adornarla, he decidido colgar un cuadro ya en una pared que no existe. Igual con el tiempo ni siquiera hay una pared ahí y se me cae, pero como esto es solo diversión no pasa nada.

¿Por qué escribir sin darte tiempo a nada más?

Pues porque he estado un par de años escribiendo lo justo por problemas personales. Tuve suerte y ya había terminado La lectora de Bécquer cuando empezaron, pero para cuando quise retomar, me sentía como un atleta que ha tenido una lesión: era capaz de caminar, pero mejor no hablamos de correr un poco. Era incapaz de encontrar el ritmo y la fluidez necesarios y no ha sido hasta ahora cuando he sentido que estoy en forma.

No quiero perder esa forma para cuando llegue el momento de escribir otra novela seria.

Así que, medio en broma, me embarco en el caos de una novela que no pretende nada más que divertirme a mí y permitirme llegar fuerte a la siguiente.

Y también hará otra función, casi más importante, suplir la tusa. 

Estaría bonito hacerlo viajando por el mundo, pero los asnos no tomamos miel. Nos conformamos con imaginarla.

jueves, 18 de septiembre de 2025

BENDITO KARMA




Llevo toda la tarde pensando en este concepto. Leí una vez que el karma es una ley natural, que se asemeja a la gravedad. No es que el universo "castigue" por nuestras malas acciones, sino que nuestras acciones tienen consecuencias. Las buenas atraen lo bueno y las malas, lo malo.

No sé por qué, pero me he dado cuenta de que en mi caso, cuando lo menciono, hablo más de karma para lo malo que para lo bueno, igual porque leí Maldito karma hace muchos años y tampoco es que yo tenga mucha experiencia en filosofías que no sean de andar por casa.

El caso es que reconozco haber pasado tiempo deseando que el karma actuara contra alguien que me hizo daño. Fue tanto el dolor que me causó, que en algún momento quise que esa persona lo sintiera también. Como si la vida, igual que en aquel libro, tuviera que darle una lección.

Sin embargo, cuando por fin el karma entró en acción y esa persona se enfrentó a algo parecido a lo que provocó, me di cuenta de que no me alegra. 

A mí, el alma se me llena de pena con las desgracias de todo el mundo, hasta las de las personas que han sido bastante capullas conmigo.

Creo que no estoy programada para regocijarme de los desastres ajenos, por más que en algún momento sea humana, esté dolida y llegue a pensar que ojalá alguien acabe tomando su propia (amarga) medicina que en un momento se tomó la libertad de administrarme a mí. 

No, señor.

Lo que yo necesitaba no era la caída de esa persona, sino entrenar mi propia capacidad para levantarme y seguir adelante a pesar de todo. Pase lo que pase. Haya provocado el desastre quien lo haya provocado. Lo importante era aprender a apartar lo que me hace daño y mirar en otra dirección.

La verdadera justicia no tiene nada que ver con el karma, no es ver caer a quien nos hizo daño, sino convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos a pesar del dolor que quien sea nos haya causado.

Yo me he dado cuenta de que no necesito que nadie sufra para sentirme bien. Mi paz y felicidad depende de la persona que soy yo.

Bendito karma que me ha enseñado que todo, siempre, tiene dos caras.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

SUPERADAS LAS 50.000 PALABRAS

Ayer 2 de septiembre hizo cuatro meses que puse la primera palabra en la novela que estoy escribiendo. Ayer, también, superé las 50.000 palabras.

Aún no he terminado, me queda completar un capítulo, el epílogo y la nota histórica, pero no creo que se vaya mucho de esa cifra de palabras.

Me han dicho que es demasiado corta para ser una novela, pero a veces se considera novela a partir de 40.000, así que, aunque corta, es una novela.

No una novelette, esas no llegan a las 20.000 palabras.

¿Podría alargarla?

Pues claro, contando cosas irrelevantes, metiendo toda la paja que se me ocurra, podría prolongarla hasta que tuviera una longitud más estándar, pero si algo he aprendido a lo largo de estos años de escritura (que ya son para tener un máster) es que las historias no tienen una longitud establecida. Las hay que se cuentan con pocas palabras, sin que les sobre ni falte nada, y otras que necesitan muchas más páginas porque, de otro modo, parecen inconclusas.

Esta novela corta está siendo una maravilla en lo que se refiere a los momentos de escritura. Estoy disfrutando mucho, jugando con el lenguaje, con los personajes de otro siglo, metiéndome hasta el cuello en las emociones que vive mi protagonista en uno de los dos hilos argumentales de los que consta la novela.

El otro día me paré a pensar en algo: nunca había seguido este esquema. Después de cinco minutos de reflexión me di cuenta de que no es cierto, pero hace tantísimo tiempo de la última vez que lo había olvidado.

En aquella primera aproximación a lo que he hecho ahora, no escribí los dos hilos de manera simultánea en el mismo archivo, como ahora. Fue en La arena del reloj y me guardé para mí, en la primera copia impresa de la novela (impresa en mi impresora) todo el hilo en el que era mi propia voz la que hablaba, que escribí en una noche.

Para quien no lo sepa, escribí esa novela con mi padre en sus últimos meses de vida. Él me contó sus recuerdos para que se quedaran en alguna parte y mis hijos y mi sobrino pudieran conocerlo en el futuro. Era como una carta para ellos, una charla en papel que supliera lo que jamás iba a poder intercambiar con ellos cuando fueran mayores y capaces de entenderlo.

Esta vez, las dos voces las he escrito tal y como las leerá el lector (si esta novela tiene alguno) y se van dando la mano para contar una historia desde dos perspectivas diferentes.

No, no repito lo mismo con dos narradores, los dos hacen avanzar la historia. 

No sé si es una novela para todo el mundo o si nos la he escrito al protagonista y a mí, pero a estas alturas me da igual todo.

Escribo porque lo necesito.

Lo que digo de mi protagonista es un poco extraño. Vivió en el siglo XIX, en un entorno que no es el mío y yo no iba a contar su historia. Yo me estaba documentando para otra cosa cuando sentí que me tocaba en el hombro y me pedía, con exquisita educación, que contase su historia.

No he sido capaz de imitar su voz, a pesar de que he leído muchísimas cartas suyas, pero creo que he logrado atrapar sus emociones. 

Fue un hombre apasionado de su profesión, pero muy poco dado a excesos en lo personal.

Hay una frase suya, de sus últimas horas, en ka que habla de secretos de familia. Nadir sabe a qué se refería y es aquí donde entra mi ficción. 

Por supuesto, avisaré al lector de lo que no es cierto y, si por casualidad algún club de lectura quiere leerla conmigo, creo que puedo hacer la mejor exposición de todas las wue he hecho hasta ahora.

¿Sabéis por qué? Porque aunque no nos dedicamos a lo mismo, él se parece mucho a mí. Le dolía lo mismo que me duele a mí, se emocionaba con las mismas cosas. 

Me voy, me estoy empezando a emocionar.


sábado, 30 de agosto de 2025

TIEMPO DE PERDER




Sinopsis:

A los cincuenta y pocos, Sofía lo ha perdido todo: el trabajo que le dio independencia, a su madre, a su marido y hasta la posibilidad de sostener con dignidad la vejez que se aproxima. Lo que empezó siendo un acto de amor —cuidar a los suyos— la ha llevado a una soledad asfixiante, a una pensión que no alcanza y a una última renuncia: dejar partir a su perro porque no puede costear el tratamiento de su enfermedad. En Tiempo de perder, Mario Zaragoza nos sumerge en el retrato íntimo y desgarrador de una mujer obligada a despedirse no solo de quienes amaba, sino también de quién era. Una novela que conmueve por su verdad y que interpela a todos los que, como Sofía, alguna vez se han sentido al borde del abismo.

Reseña:

Con Tiempo de perder, Mario Zaragoza entrega una de sus novelas más intensas y conmovedoras. Escrita en primera persona, la voz de Sofía nos conduce por capítulos breves, como fogonazos: unas veces con un lenguaje evocador, casi poético; otras con la crudeza de quien ya no puede permitirse adornos. La obra combina la intimidad del diario con la fuerza de una confesión, y se sostiene en recursos narrativos que potencian la cercanía: silencios significativos, repeticiones como eco del dolor, metáforas precisas que iluminan lo cotidiano y una estructura fragmentaria que refleja la fractura interior de la protagonista.

El jurado destacó “la capacidad del autor para convertir la experiencia de la pérdida en literatura de primer nivel, el retrato honesto y sin concesiones de una mujer enfrentada a su despojo, y la brillante tensión entre lirismo y verdad desnuda”.

Tiempo de perder es, en definitiva, una novela que se lee con el corazón encogido y que invita a una reflexión profunda sobre lo que significa vivir —y sobrevivir— cuando ya casi no queda nada.


Ahora en serio: 

Esto que acabo de poner ahora mismo lo acaba de generar una IA (menos la portada, que le he hecho con Canva en cinco minutos). Mario Zaragoza no existe (a lo mejor hay alguno) y tampoco ha ganado ningún premio, pero quería hacer este experimento porque creo que tenemos que pararnos a reflexionar un poco sobre las capacidades de la inteligencia artificial y lo que supondrá para nosotros.

No sé cuánto hace que la manejamos con soltura en nuestros dispositivos, ¿dos? ¿tres años? No creo que haga más, y ya es capaz de hacer algo como esto: plantear una novela que genera expectativas aunque no exista, aunque no haya ningún señor que se haya dejado la vista y la espalda escribiéndola.

En cinco puñeteros minutos.

Mientras esto sucede, yo sigo tomando mis notas en libretas, volviéndome loca para organizar la trama, luchando para que cuando se publique, se vea en Amazon, para que no pase sin pena ni gloria y mi dolor de espalda pueda permitirse un masaje o mi vista, gafas nuevas.

¿Por qué he escrito esta entrada?

Es por algo que me ha pasado esta semana he leído algo generado por una IA. Por un mínimo sentido del pudor me he inventado otra para ilustrar esta entrada. Ya bastantes charcos piso, no quiero empaparme más peleándome con el humano que está detrás de semejante disparate.

La descargué de Amazon y apuntaba maneras, y de hecho lo hice porque el principio estaba retocado por un humano y no se notaba que era IA, pero a partir de el 20%... ¡Ay, madre! Es que tenía todos los vicios de la inteligencia artificial, había cosas sin sentido ni lógica alguna.

¿Por qué lo leí hasta el final? ¿Es que soy imbécil?

Llamémosle curiosidad.

Estaba en el hospital y, a pesar de que no suelo hacerlo, quise llegar al final para valorar con toda sinceridad lo que me había parecido: un puro producto vacío de alma humana.

Sí, le puse una mala reseña, yo que siempre me las ahorro porque me da pena tirar el trabajo de alguien solo porque a mí no me haya gustado, pero eso no computa para las IAs.

Al ir a Amazon vi que el autor ha subido 12 novelas en la misma línea y seguro que a poco habrá doce incautos que se comerán gato por liebre. Quizá alguien se dé cuenta de que esto no es normal, alguien se haya tomado la molestia de investigar o, como yo, esté tan entrenado en sintaxis que sea capaz de encontrar patrones donde la gente solo ve palabras y lo descubra. Pero colará y lo hará cada vez más.

Y espera que se ponga de moda... 

Entonces, empezará el Tiempo de perder para quienes escribimos. Ahora estamos en el momento previo de Sofía, la protagonista ficticia de este libro imaginario: cuidando al enfermo, pero pronto tendremos que sacrificar a nuestra mascota y nos veremos en la indigencia, porque nuestra vida habrá desaparecido.

Por lo menos, la vida como la hemos entendido durante mucho tiempo.

La vida en la que escribir tenía un sentido y nos daba sentido.


martes, 12 de agosto de 2025

NUEVO RICO, NUEVO POBRE, MI SERIE DE ESTE VERANO

 

La trama de esta serie juega con un tema clásico: el cambio de vidas. Todo comienza con un error médico cometido hace 30 años por una enfermera ebria que intercambia a dos bebés recién nacidos en una pequeña clínica rural de Colombia.

Una de las madres, Antonia Mancera de Ferreira, es de clase alta y el parto le pilla de excursión. La otra, Esperanza Romero de Galindo, vive en un ranchito en la zona y es de condición humilde.

Los padres, varias veces a lo largo de la vida de los niños, muestran su desconfianza a que sean sus hijos por lo poco que se parecen a ellos, pero no es hasta que la enfermera está a punto de morir cuando, arrepentida, busca a Antonia y le confiesa lo que hizo. Esta, que hace 15 años que está viuda, busca a su verdadero hijo y acaba descubriendo que vive en una pensión del barrio Bosquecitos de Bogotá con su padre Leonidas (también viudo). 

Brayan (o Brallan juraría que cuando empieza la serie el padre insiste en que lo escriban con dos eles), el verdadero hijo de Antonia, es un joven de clase baja, perezoso y un poco vago, pero con buen corazón. Su obsesión es que él no pertenece a ese lugar, que él tiene que ser rico.

El otro muchacho que nació ese día es Andrés, un hombre de la alta sociedad. Es el niño que debería de haber ido a parar a los brazos de Leonidas, pero que por el error de la enfermera es criado por Antonia. Estudioso, inteligente y trabajador, se ha convertido en el presidente de la exitosa compañía de paquetería y está acostumbrado a una vida de lujos. Su peor defecto es que es arrogante, duro e indiferente con sus empleados y con su entorno. Es insoportable y hermético, lo que hace que, cuando quiera echar mano de sus amigos, descubra que no los tiene.

La razón por la que los padres deciden intercambiar sus vidas, y que el "nuevo rico", Brayan, aprenda a manejar una empresa, y el "nuevo pobre", Andrés, tenga que adaptarse a una realidad llena de necesidades y carencias, es una idea loca que se les ocurre a Antonia y Leonidas: quieren darles una lección de vida para que corrijan sus defectos.

Tras ese punto de partida, sabemos que las vidas de Brayan y Andrés ya se habían encontrado, porque la novia de Brayan, Rosmery, es la secretaria de Andrés. A partir del momento en el que Andrés y Brayan son forzados a intercambiar sus vidas, se desatan una serie de enredos, risas y situaciones complicadas que mantienen la atención del espectador.

Hay dos versiones de la serie, la original de 2007, producida por Caracol Televisión, y la de 2025, un remake modernizado.



En esta primera versión, Brayan está interpretado por el actor Jhon Alex Toro. Al principio me parecía que sobreactuaba mucho, pero la verdad es que al personaje de Brayan esa actuación le va como anillo al dedo. Para mí ha sido el motor para ver la telenovela, es que cuando le pillé el punto, no podía dejar de reírme con él.

Tanta “malicia indígena” me mantuvo sonriendo.

Los que no me gustaron nada, pero son esenciales para entender la trama, son Fernanda Sanmiguel, la supermodelo interesada que pasa de ser novia de Andrés a novia de Brayan cuando la fortuna cambia de manos, y el “tinieblo” de esta, el “primate Mateo” como le dice Brayan, un López Ferreira que trata de hacerse con la fortuna de la familia de Antonia.

El personaje de Andrés está interpretado por Martín Karpan, es el millonario que de repente se ve sin un peso y al que la vida le va bajando los humos. Es muy tierna la interacción progresiva con el perro sarnoso (Chanda) que vive en la pensión la Caridad y tiene mucha química con Rosmery (que de novia de Brayan pasará a novia de Andrés).

Como vemos, los guionistas intercambiaron todo.

También me encantaron María Cecilia Botero en el papel de Antonia y Hugo Gómez en el personaje de Leonidas Galindo.



La nueva producción de Caracol Televisión, que se estrenó en febrero de 2025, mantiene la esencia de la historia original, pero con un elenco y una ambientación actualizados. Aunque las dos series conserven la misma historia, hay grandes diferencias, porque los años que han pasado han provocado tantos cambios en la sociedad que no se podía hacer exactamente igual. Por ejemplo, en la primera versión solo los multimillonarios tienen móvil... Ese pequeño detalle supongo que obligó a cambiar la trama, muchas partes no funcionarían con verosimilitud en una historia con una comunicación fluida como la de ahora. Además, en la nueva aparece un personaje, Adi, la asistente de IA del multimillonario. La interacción de Brayan con ella es muy divertida también. En esta versión de 2025, los inversores son cataríes, mientras que en la primera eran americanos y las empresas no se llaman igual: la primera era Mundo Express y la segunda Card Smart.

Además, tiene la mitad de capítulos, porque se han eliminado algunas subtramas que no aportaban mucho a la novela, sino que la alargaban innecesariamente. 

La serie está en Netfix. 

Bueno, las dos.

¡Me encanta la canción que abre la novela! No sé cómo se llama, pero "Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde" es una verdad como una catedral. Al principio, me la saltaba, pero acabé viendo la cabecera solo por la canción.

¿Cuál me ha gustado más? Sinceramente, la primera, la de 2007. No ha sido por la trama, que creo que está más ajustada en 2025, ni por la ambientación, la pensión es mucho más bonita en la nueva, es por los actores. En la primera, todos están soberbios. En la segunda, ni Andrés ni Rosmery me han convencido. Sin embargo, Fernanda Sanmiguel, sí.

El que me ha vuelto a cautivar es Jhon Alex Toro. Interpreta a Leonidas, que es uno de los personajes más bonitos de la novela; mira que lo hizo bien Hugo Gómez, pero es que él lo vuelve a bordar.

Pero, a pesar de que una me guste más que la otra, las he visto las dos y las volvería a ver. Últimamente no consigo que nada me mantenga mirando la televisión más de diez minutos, así que esto tiene que tener algo para que así haya sido.

La serie, para alguien de Castilla, tiene las dificultades propias de las palabras que no conocemos aquí, pero he de decir que no tardas nada en entenderlas. Eso sí, hubo una vez que mi hijo se quedó mirando la tele, en una de las escenas que protagoniza Jhon Alex Toro, y me preguntó si de verdad lo estaba entendiendo por lo rápido que habla.

¡Pues claro! 

La recomiendo. No he visto una telenovela desde el siglo XX, hará como 40 años, y pensaba que no iba a ver nunca más una, pero me equivoqué. 

Después de esta, lo intenté con otra y me aburrí en el capítulo uno.

Personajes principales.

Primero, el actor de 2007, después, el de 2025.

 

Andrés Ferreira (Martín Karpan, Juan Manuel Guilera)


 





Brayan Galindo (Jhon Alex Toro, Variel Sánchez)

 







Rosmery Peláez (Carolina Acevedo, Lina Tejeiro)

 





Fernanda Sanmiguel (Andrea Nocetti, Laura Barjum)

 




Antonia Mancera (María Cecilia Botero, Marcela Agudelo)


 





Leónidas Galindo (Hugo Gómez, Jhon Alex Toro)






Sé que este blog habla de libros, pero los libros cuentan historias y a las historias bien contadas, les hago sitio.


lunes, 4 de agosto de 2025

39718 PALABRAS

Mi intención era actualizar cómo voy con la novela el 2 de agosto, el día que hacía tres meses desde que empecé la novela.

No ha sido posible.

He pasado unos días un poco intensos, en los que se suponía que iba a estar descansando, pero que los he pasado apagando fuegos (traducción: llevando a médicos, colaborándole a un albañil, limpiando y desalojando el agua de una inundación en el garaje de mi madre).

No he escrito ni una palabra.

Pero, a pesar de esto, estoy contenta porque llevo 16 capítulos, cuatro horas de grabación de novela y casi 40.000 palabras.

Todavía me queda documentación por leer, así que es posible que tenga que ajustar algunas cositas antes de darla por concluida, pero no sé yo. Hice un pedido a IberLibro, a una librería de A Coruña, y hace ya una semana que se supone que debería haber llegado, pero no tengo noticias de ella.

Eso sí, cobrarla, el primer día.

Esta novela me está abriendo el apetito de Granada, pero también de volver a París. Y Roma. Y, sobre todo, Portici

Quiero notar en mi piel su luz.