lunes, 9 de mayo de 2011

DEJAR DE ESCRIBIR

En estos meses he tenido mucho trabajo, más clases de las normales que han ido sumando cansancio y, poco a poco, he ido dejando de escribir. No sé cómo ha pasado pero me acabo de dar cuenta de que, últimamente, enciendo el ordenador, me siento delante y, cuando voy a abrir el archivo... me despisto. A lo mejor es una foto que me grita que necesita unos retoques urgentes, o un problema de trigonometría cuya solución, si no me pongo con él, no me va a dejar hacer la digestión. La verdad es que las excusas se acumulan y la desgana vence a la disciplina. Y abandono. El libro en el que trabajo lleva semanas atascado en la página ochenta. Tengo a los personajes en un camino lleno de polvo, exhaustos por un viaje, a punto de llegar a casa, pero ahí. Abandonados. Espero que me perdonen.

Creo que no tengo nada que contar o, quizá, no tengo a nadie a quien contarle nada. Hasta ahora mis historias tenían un destinatario principal, yo misma, pero si no me apetece oírme, ¿para qué? Quizá es que hoy es un día raro en el que he tropezado con algún que otro espejo o, a lo mejor, es que he descubierto que no sé nada de lo que creía saber. Es una mierda enfrentarte al reflejo en tu habitación de siempre. Te hace recordar por qué saliste corriendo de allí. Es odioso ser tan diferente por dentro y por fuera...

Mañana me lo pienso. Después de dormir un poco. Mañana decido si me queda algo dentro o dejo de escribir.

miércoles, 4 de mayo de 2011

EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE. Eloy Moreno.

Hace tiempo que había oído (y leído) mucho sobre esta novela. Lo que encontraba, en cada eco que se producía en la red, era que se trataba de un autor que había decidido dar el paso de autoeditarse y, después de un tiempo, el cuento de hadas se había hecho realidad: una editorial se interesaba por la obra y en solo cuatro meses, nueve ediciones. En todas esas críticas, ni una sola vez, atisbé ni una palabra sobre el argumento de la novela que pudiera darme una pista de lo que iba. Ni me lo imaginé, porque el título desconcierta. Así que empecé a leer como deber empezarse todo libro: sin expectativas, sin prejuicios.

La novela, escrita en primera persona, narra un fragmento de la vida del protagonista, un hombre en plena crisis de los cuarenta, del que nunca sabemos el nombre que empieza reflexionando sobre caminos, aquellos que ha ido tomando y que, de alguna manera, le han conducido al lugar en el que se encuentra.... Le abruma haberse convertido en esa persona que se asoma cada mañana al otro lado del espejo, a la que a duras penas reconoce. Un día, un hecho absurdo, la desaparición de un bolígrafo verde de gel, lo cambia todo porque él convierte esa historia insignificante en importante.
Este libro me ha hecho pensar. Sin querer, de manera inconsciente, con el avance de la lectura vas haciendo paralelismos con tu propia experiencia. Me gustan las novelas como esta, que hurgan en las heridas, que las provocan incluso, las novelas peligrosas porque te hacen pararte a pensar en tu propia vida. (Ciorán)
Eloy Moreno distribuye el libro en cuatro partes, a las que titula por separado. La primera, Tesoro, es la más breve. El principio de su vida, de las circunstancias que sentaron las bases de la persona que es. La segunda, el bloque de la novela, se llama La Huida y está escrito a modo de diario. El personaje se deja arrastrar por los fantasmas que viven en su mente y construye una realidad que le da miedo, de la que planea escapar. No se para a pensar si es real o sólo es lo que quiere ver. A la tercera parte la ha llamado El despertar de la esperanza o la esperanza de despertar. Si de las otras partes he contado algo, de esta me niego. Descubridlo. A mí, personalmente, es la que más me ha gustado. Si con las otras era complicado abandonar el libro, en esta última parte del relato no he podido soltarlo. Es todo lo que voy a decir de este fragmento de la novela. La última parte, Ahora, es el epílogo, apenas dos páginas para cerrar el círculo.


MIS SENSACIONES

Siempre que abordo un libro me suelo quedar con lo que me aporta, más que con lo que cuenta. Reflexiono sobre lo que he aprendido de él o lo que me ha hecho disfrutar. Este libro, cuya prosa en muchos momentos es casi poesía, me lo pone difícil. Me ha gustado muchísimo. Las sensaciones que me deja son positivas, sacudidas a la conciencia, momentos de reflexión necesaria en esta sociedad tan acelerada, aunque no he podido empatizar demasiado con el protagonista. No sé si porque se trata de un personaje masculino, pudiera ser, aunque sospecho que se trata de otra cosa: mi vida es la antítesis de la suya.
El bolígrafo de gel verde me ha hecho pensar en el tiempo y en las decisiones. En la contraportada dice que si se quiere saber el argumento de la novela hay que mirarse la muñeca izquierda. Yo, con un esguince desde hace dos semanas y una muñequera por compañera, me miré la mano y quedé un tanto perpleja. Sonreí por lo estúpido del pensamiento. Hace años que no llevo reloj. Me oriento por el sol, por el ruido del patio, por el sonido de los cierres de las tiendas, por el timbre de la puerta, por la lavadora de la vecina... No llevo reloj, no sé cuándo me lo quité y lo abandoné. Después, una amiga polaca me dijo que en su tierra, si una persona no lleva reloj se dice que es feliz. Pues a lo mejor es cierto. A lo mejor ese gesto simple es lo que en mí ha ido marcando la diferencia, el abismo enorme que hay entre ese personaje atormentado y mi forma de enfrentarme al mundo.
Sabía desde el principio que iba a escribir sobre el libro así que tomé notas (con un boli verde, claramente). Al revisarlas me he dado cuenta de que no eran notas aprovechables para una reseña. Eran, más bien, reproches al protagonista, al recorrido que hace a finales de abril de 2002. Sinceramente, no era capaz de entenderle del todo. Al final, cuando llegué a las últimas páginas, me di cuenta de que, por otro camino, al final había llegado a la misma conclusión que yo, cuando hace ya unos años abandoné el mundo urbano para vivir entre pinos. Para Vivir, así, con mayúsculas.
Me ha hecho mucha gracia leer en los agradecimientos que su madre siempre lleva un libro suyo en el bolso para enseñarlo en cuanto puede... ¡Mi madre hace lo mismo! No sé si llevan genes de agente literario o es que el amor es el motor más poderoso. Para ellas dos, desde aquí, un beso enorme. Por creer en nosotros.
Mi recomendación: leedlo. No os vais a arrepentir.

miércoles, 27 de abril de 2011

ANA MARÍA MATUTE, PREMIO CERVANTES.

Hoy he visto a Ana María Matute, recogiendo el premio Cervantes. La oía hablar y, a la vez que ella, me emocionaba. Sentada en su silla, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, lanzaba su discurso con los ojos emborronados y el corazón pletórico: "La única verdad es todo lo que me he inventado en la vida". Eso es lo que son los escritores, inventores de vidas. Sólo con palabras, mezclando verbos con adjetivos, adverbios con sustantivos, subordinadas de causa con coordinadas copulativas, añadiéndole un toque de determinantes y alguna que otra conjunción y... ¡magia! Aparecen personajes con alma, capaces de despertar nuestras emociones humanas. A Ana María Matute le han dado otro premio pero creo que no se acerca, ni de lejos, a lo que nos ha regalado ella.


Viéndola a ella me venía a la cabeza otra grande que se marchó hace poco: Josefina Aldecoa. Su desaparición, el 16 de marzo, nos pilló mirando a Japón y el desastre del tsunami. Si cae en vuestras manos Historia de una maestra, leedlo. Es una pequeña joya literaria. Lo leí hace mucho pero no he podido olvidarlo.

domingo, 24 de abril de 2011

SEDUCIENDO A MR. BRIDGERTON. Julia Quinn

Este libro no tiene nada que ver con el anterior. No es de los libros que elegiría si estuviera delante de una estantería en un centro comercial o en una librería, salvo que fuera a pasar la tarde en la piscina y estuviera buscando una edición barata a la que no le pasara nada por ser salpicada por una pandilla de niños asalvajados. Sencillamente, no es mi estilo.


Error. Me habría perdido una historia muy interesante. Eso es lo que tiene prejuzgar, etiquetar las cosas sin pararse a mirarlas de verdad. Justo como le pasa a Penélope, la protagonista. La historia está ambientada en el XIX, insertada en la alta sociedad londinense del momento, y cuenta cómo la protagonista se ha ido quedando sin su oportunidad de casarse (lo único para lo que estaban destinadas las jóvenes de su clase), convirtiéndose en una solterona a los 28. Nadie es capaz de distinguirla del papel de la pared. Está enamorada (como no) del hermano de su mejor amiga, que tampoco anda muy allá en eso de casarse (tiene 33, nada menos) y él nunca se fijará en ella porque es el patito feo de las fiestas de sociedad. La historia de ellos dos se mezcla con la misteriosa hoja llamada Ecos de Sociedad, escrita por la misteriosa Lady Whistledown.

No es la trama lo que me ha enganchado. Me han encantado los diálogos y la ironía en la prosa. No sabía que me iba a encontrar algo así. Pensaba que sería uno de esos libros escritos medianamente bien, con sus páginas pegote correspondientes, y poco más, pero me ha hecho reir, me ha hecho pensar en algunos momentos... No ha estado mal para una tarde de domingo. Se le puede dar una oportunidad.

EL MEDICO. Noah Gordon.

Hace años que buscaba un momento para ponerme con este libro, pero siempre que miraba el volumen del ejemplar decidía que no era el momento. Encontrado por fin en las vacaciones que acaban de terminar, la semana pasada lo empecé y, como suponía desde la primera vez que lo vi, no pude abandonar hasta que no lo acabé del todo. Tenía un hermoso recuerdo de El último judío, una novela que leí sin mirar siquiera la sinopsis y que he repetido en dos ocasiones más, así que sabía que ya conocía el estilo del autor y, si la traducción no era mala, me iba a encantar. (Las traducciones malas son capaces de cargarse muy buenas novelas).
La historia de Rob J. Cole te atrapa desde la primera página y la singularidad de todos los episodios que se narran en la novela te arrastran irremediablemente. He seguido con atención sus andanzas, desde que era un niño y queda huérfano y en manos de un cirujano barbero que le enseñará a ganarse la vida, hasta cuando pierde a este entrañable personaje y en compañía de su gata, un carro y una yegua decide cruzar medio mundo para convertirse en alumno del médico más insigne del mundo. Las circunstancias, la intolerancia religiosa sobre todo, le obligarán a hacerse pasar por judío para ser aceptado en una escuela donde los cristianos no son bien recibidos. Cole se enamorará, conocerá a altos mandatarios y se hará un lugar entre ellos. Todo, por cumplir su sueño: convertirse en médico.
Me ha gustado todo de la novela: la descripción de paisajes, de personajes, los ambientes, las distintas religiones y sus diferentes maneras de acercarse a un Dios que siempre es el mismo. Confieso que siempre tengo miedo a los libros largos porque me he llevado un par de decepciones muy gordas en los últimos tiempos, pero no ha sido el caso con este. Sencillamente, me ha encantado. Es de los que, estoy segura, cuando no encuentre nada que me atraiga, volveré a leer.

lunes, 18 de abril de 2011

SU CHICO DE ALQUILER EN LA RED

Alberto siempre me pregunta por qué tengo mis libros en descarga gratuita, que si no me interesaría más ganar dinero con esto y creo que lo hago por cosas como esta. Bárbara Jimenez, de La Magia de los libros, un blog que os recomiendo desde hace mucho (está en el lateral derecho de la pantalla) se ha leído el libro para ayudarme con un detallito que necesitaba para la contra, y ha hecho una entrada en su blog. Los comentarios, en sólo un día, han sido ¡sorprendentes!. Espero que la historia llegue a mucha gente, que pasen un buen rato y, quién sabe, quizá algún día sea capaz de ver alguna de mis novelas entre las más vendidas (siempre digo que soñar no cuesta...)

Si queréis seguir el enlace, podréis ver la sinopsis de Bárbara y leer los comentarios.

su chico de alquiler

jueves, 14 de abril de 2011

LAS LLANURAS DEL TRÁNSITO

En esta nueva entrega, Auel cuenta el camino que recorren Ayla y Jondalar, para atravesar lo que más tarde será Europa y llegar a la tierra de los Zelandonii, el pueblo originario de él. La autora aprovecha este viaje para hacer un repaso a las condiciones climáticas del momento, la flora, la fauna y, de paso, a repasar de nuevo historias planteadas ya en los libros anteriores. La pareja se encuentra con pueblos por los que ya pasara Jondalar en su viaje de ida y alguno nuevo, y el recurso de la técnica de Ayla para hacer fuego (con pirita y pedernal) y el asombro que provoca siempre su llegada acompañados por el lobo y los caballos, son explotados al máximo, repitíendose siempre que se encuentran con humanos. Del mismo modo, el discurso de Ayla y su defensa del clan, su enfado por la poca comprensión de los de su especie, son una constante.
De este libro empezaron cansándome un poco las repeticiones, pero, sobre todo, las presentaciones y el hecho de que había poco nuevo. En este libro los nombres empiezan ya a multiplicarse y eso, sinceramente, me agotaba. Aunque, de momento, podía con ello. Lo volví a leer, pero sólo una vez más. Y fue el último que repetí.
Siempre digo que en este espacio no hagó críticas de libros y sus correspondientes argumentos, eso queda para los lectores que creo que deben tener su propio criterio y jamás fiarse de lo que otros les cuenten. Dejo sensaciones, pinceladas de lo que el libro y su lectura supusieron para mí. A quien se acerque a la historia le queda, por su cuenta, sacar sus propias conclusiones. Yo sólo soy yo, y esto es sólo un reflejo. Puede que difuso, incompleto, personal como todo lo que hacemos cada uno de nostros. El mío, nada más.

domingo, 10 de abril de 2011

LOS HIJOS DE LA TIERRA: LOS CAZADORES DE MAMUTS

En esta tercera novela, Ayla vuelve a tener contacto con otros seres humanos, además de Jondalar. Son los mamutoi, los primeros de su especie que ve la chica desde que perdiera a su familia con el terremoto. Los mamutoi, fascinados por el poder que Ayla ejerce sobre los animales que la acompañan, la aceptan pronto, pero también aparecen los recelos cuando se enteran que ha sido criada por el clan, a los que ellos llaman Cabezas Chatas, a los que consideran animales.

Esta es la primera de las novelas de la saga que introduce una historia de amor al más puro estilo novela (triángulo amoroso que se forma debido a malos entendidos y silencios y que acaba deshaciéndose en favor de lo que espera el lector). Las repeticiones de historias que aparecen en las dos novelas anteriores son constantes, pero están bien hiladas, por lo que no se hacen nada pesadas. A los personajes nuevos nos los va presentando poco a poco y eso ayuda a que el lector no se aturulle entre tanto nombre. Además, la investigación que hace la autora sobre las viviendas, los enseres que usaban y las técnicas de caza, son interesantes. He leído por ahí a escépticos que afirman que puede que se haya inventado todo y quienes la leemos nos lo creamos sin plantearnos que dice auténticas aberraciones (dicen que no nos vamos a poner a investigar si lo que nos cuenta es real o no). A ella no sé qué la llaman, pero a nosotros, los lectores, nos están llamando idiotas por disfrutar estas novelas. Para ellos tengo un comentario: acusar a un novelista de inventar demuestra que el que lo dice no sabe todavía que los escritores no somos estudiosos del mundo sino fabuladores. Que se lean Caperucita, por ejemplo. A ver sobre qué base científica situamos el cuento... A las novelas no se les pide que sea reales sino verosimil, y estas, definitivamente, lo son.

La única cosa que encuentro yo, lo que siempre me ha parecido curiosa es que, a pesar de que se trata de culturas que vivieron hace miles de años, tienen valores que se parecen muchísimo a los actuales. Eso, si has estudiado un poco, es altamente improbable. En la Prehistoria, el hombre está en pañales. Es como un niño, por lo que presumir que era capaz de pensamientos tan complejos como los que se plantean aquí es chocante. Y fascinante a la vez.

viernes, 8 de abril de 2011

LOS HIJOS DE LA TIERRA: EL VALLE DE LOS CABALLOS.

Lo primero que tengo que decir es que, aunque el mejor de todos es El clan..., éste es el que más veces me he vuelto a leer.

Esta segunda parte de la saga Los hijos de la Tierra me pilló un poco descolocada, más que nada por la manera de estructurar la historia que usó la autora. Me resultaba molesto que un capítulo lo dedicase a Ayla y su supervivencia en el valle y otro al viaje de Jondalar y su hermano. Y me resultaba molesto porque, cuando había logrado entrar en una historia, se me acababa el capítulo y tenía que colocar mi mente en lo que les pasaba a los otros personajes. Por eso, el resto de las veces que lo he leído lo he hecho como si se tratase de tres libros: uno narra el viaje de Ayla desde que es expulsada del clan hasta que se instala en el valle y empieza a construir su mundo; otro cuenta el viaje de Jondalar y Thonolan; finalmente, otro tercer libro, ese que cuenta el encuentro entre Ayla y Jondalar. Este último, al principio, si soy sincera, me decepcionó un poco. No esperaba que tuviera "páginas pegote". Ya lo he explicado alguna vez, le llamo así a los encuentros sexuales explícitos que aparecen en muchas novelas, sobre todo del mundo anglosajón. Les llamo "pegote" porque hay veces que parece que en las editoriales tuvieran en plantilla a un pobre infeliz que se dedicara a escribir todas las páginas de ese tipo para cualquier novela donde considerasen oportuno incluirlas. Sobre todo si la novela estuviera pensada para llegar a un público femenino.

Pero es lo único que no me gusta. Creo que la parte en la que Ayla está sola en el valle es impresionante. Un solo personaje y su lucha para seguir sola te atrapan y te enganchan y la historia de los dos hermanos también está genial. Y me gusta sinceramente el tercer "libro", aunque le haya puesto unos peros.

Este es el único libro de la colección que he leído en inglés también. La verdad es que no fue muy buena idea. Como está lleno de descripciones aparecen miles de adjetivos y el hecho de que Ayla maneje muchas plantas también incorporaba a la lectura sustantivos desconocidos para mí. Me costó tanto que pensé que me había pasado de lista pensando que podía leer en inglés. Menos mal que después publicaron Harry Potter and the Deathly Hallows y no tuve problemas.

jueves, 7 de abril de 2011

LOS HIJOS DE LA TIERRA: EL CLAN DEL OSO CAVERNARIO.

Hace unos años me saqué el carné de conducir. Ya sé que un inicio como este para hablar de un libro puede parecer desconcertante pero es que fue ahí, en la autoescuela, donde descubrí esta increíble saga. Estaba mortalmente aburrida entre señales de obligación, de prohibición, horizontales, verticales, luminosas... cuando me fijé en un libro que tenía otra estudiante. Estaba del revés, así que, en lugar de la portada, lo que leí fue la sinopsis. Siempre es mejor una sinopsis que un stop o un ceda el paso. Era El clan del oso cavernario y a mí, como lectora voraz que soy, me apeteció enseguida leerlo. No me lo pensé. Le pregunté a la chica si me lo prestaba cuando lo terminase. Ella me dijo que como teníamos el examen no iba a leer, así que me lo podía llevar. Le prometí firmemente no tenerlo más de una semana y me lo dejó. A los dos días se lo devolví, alucinada porque hacía mucho que no me tropezaba con un libro que me llenase tanto.

El clan... cuenta una de esas historias redondas que son tan poco frecuentes. Empieza con un terremoto que destroza el mundo conocido de Ayla, una pequeña niña cromañón. Se queda sola, perdida, hasta que la curandera de un clan de Neandertales la acoge. Ayla crece entre el cariño de Iza, su salvadora y de Creb, el Mogur y el odio y los recelos que despiertan en otros miembros del clan sus marcadas diferencias. Toda la historia transcurre en uno de los períodos más fascinantes de la historia del hombre, aquel del que sólo sabemos cosas a partir de los vestigios que nos han ido quedando de nuestros antepasados. Sin más herramientas que libros pensados para el estudio y su potente imaginación, Auel crea un mundo fascinante. Ayla, desde el principio, consigue despertar la empatía del lector y hace que su aventura sea la tuya propia.
El libro termina con otro terremoto, una violenta saccudida del mundo que obligará a Ayla a enfrentase a todo sola a partir de ese momento.

Desde entonces he leído esta novela periódicamente. Cuando un libro, y otro, y otro más y no me llenan, voy a la estantería, elijo alguna de las distintas ediciones que tengo de El clan..., y retrocedo miles de años, en una máquina del tiempo mágica que tengo que se llama imaginación.

Me encantan los comentarios, así que te propongo, si lees esto, que me cuentes qué te empujo a leer esta novela, o lo que quieras, en realidad. Mañana hablaré del Valle de los Caballos.

martes, 5 de abril de 2011

AEROPUERTOS FANTASMA

Estaba escuchando en las noticias el montón de aeropuertos que han costado una pasta gansa y que no sirven para nada hoy por hoy, en España, y me he cabreado. Hay miles de familias que no llegan a mil euros al mes, o peor, a quinientos, pasándolas canutas, y los políticos se dedican a emplear los recursos en proyectos estúpidos que no generan nada.

Creo que, ya que han metido la pata hasta el cuello, deberían ir pensando en usos alternativos para esas instalaciones. No es de recibo que, en León por ejemplo, haya un aeropuerto que tenga sólo un vuelo a la semana, y que en Lérida, que pasa otro tanto, a veces hasta se anule por falta de viajeros. Ya que el mal está hecho, que las instalaciones están ahí, bueno sería que se les fueran incorporando otros usos. ¿Por qué no centros comerciales? Ya que se han hecho "aeropuertos para las personas" (debe ser que algunas vuelan, no sé), se les podría dar un uso para las personas. Si la pista está para pasear, añadamosle una sala donde los jubilados puedan echar la partida, aprendan a usar internet, o simplemente tiendas donde se pueda hacer la compra semanal. Total, el aparcamiento ya lo tienen... Quizá sea mejor esta idea loca que dejar que se caigan a pedazos, o que se conviertan en fantasmas gigantes que nos recuerden constantemente hasta donde puede llegar la estupidez humana.

sábado, 2 de abril de 2011

LA CRISIS DESPIERTA EL TALENTO

Siempre me parece lo más lícito citar la fuente de lo que publico si no es de mi propia cosecha. Ya no entro en cuestiones legales, simplemente es ética. En este caso, como en algún otro, me resulta imposible, porque lo he recibido por correo electrónico y no tenía "denominación de origen". De todos modos siempre me parece que las crisis tienen algo positivo: despiertan el talento. Y esto es una muestra de ello.

LA SANTA PACIENCIA


EURIBOR DEVORANDO A SUS HIJOS

EL DESCENDIMIENTO DEL ANDAMIO


LAS MENDIGAS


EL NACIMIENTO DE LA GENERACION PERDIDA

miércoles, 30 de marzo de 2011

jueves, 24 de marzo de 2011

LOS NIÑOS DEL INVIERNO. GILBERT BORDES.


Hay veces que un libro de sorprende, y este es uno de ellos. El punto de partida de la historia es la huida de un grupo de seis niños, de distintas clases sociales y de religiones diferentes, durante la Segunda Guerra Mundial. La Resistencia trata de ponerles a salvo atravesando los Pirineos, pero en el viaje, sus protectores son capturados por las SS y asesinados frente a los atónitos ojos de los niños, que observan la escena desde su escondite. Sin ayuda adulta se ven obligados a sobrevivir en pleno invierno en las montañas, sin la posibilidad de huir, desbaratada ya desde el principio por los soldados alemanes.

Este libro, escrito en presente, te transporta a la dureza del momento que viven. Este tiempo verbal te acerca a la historia como si tú mismo sobrevivieras con ellos. Su distribución en capítulos, marcados cada uno por un día de su periplo, te arrastra con ellos. Y es eso precisamente. Se arrastran por la vida, débiles por todas las carencias con las que tropiezan de repente. Los niños van perdiendo la inocencia y la fe, sufren los estragos del hambre, el frío y la muerte que el autor ha sabido trasladar al lector. El libro te deja con la sensación de que alguien ha apretado la pausa del mundo y se ha olvidado de ellos. Me ha gustado mucho.

Por cierto, sólo he tardado unas horas en leer las 273 páginas. Eso querrá decir algo.

martes, 22 de marzo de 2011

APRENDER JUGANDO

Hay veces que, jugando, se puede aprender mucho. Esto pensando mucho estos días en la saga Los hijos de la Tierra, y se me ocurrió que podría jugar con mis hijos a que entendieran la forma de vida de la prehistoria sobre el terreno. Es cierto que tengo la fortuna de vivir muy cerca de lugares que han sido ocupados por el ser humano desde la prehistoria, así que aproveché para proponerles un juego. Su padre y yo los llevamos a la ribera del Duratón, y allí les animé a imaginar que éramos un clan en busca de un nuevo alojamiento. Enseguida encontramos la cueva de los siete altares y estuvieron de acuerdo que era un sitio ideal para establecerse: a pocos metros del agua, de donde se podría obtener alimento y bebida, cerca de árboles que dan sombra y leña para el fuego, rodeados de naturaleza.



Al leer el cartel de la entrada de la cueva descubrieron que había sido usada como iglesia en la época visigoda y se decepcionaron un poco. Supongo que esperaban algo más antiguo. No había pinturas ruprestres a la vista, pero ellos ya saben lo que eran por los libros, aunque mi hijo opine, como yo a veces, que los significados mágicos son cuestionables. Cuando, de pequeñitos, ellos no tenían papel a mano con el que plasmar su arte, ni pinturas plastidecor, usaban las paredes de casa y, mismamente, chocolate...

lunes, 21 de marzo de 2011

APRENDER DE GOLPE

Hace unos días, un tremendo accidente de coche estuvo a punto de llevarse por delante la vida de una de mis amigas. Afortunadamente está muy bien, sobrevivirá sin problemas a las secuelas físicas, que en principio no parecen graves, pero me ha dicho que no piensa en el futuro. Una imprudencia ajena la puso frente a la muerte y aunque aparentemente salió bien del trance, se ha propuesto no hacer planes a largo plazo, o sea, más allá de hoy mismo. Supongo que todo está tan reciente que no puede dejar de pensar en ese coche que, repentinamente, se le vino encima. Justo ahora que ya casi estaba curada de otra adversidad. Este golpe, sumado a la amargura que siempre te dejan las historias que acaban mal, ha paralizado su capacidad de soñar.


Estoy segura de que es un sentimiento pasajero. Cuando las heridas se curen y su vida se normalice supongo que volveremos a planear alguna cena, una tarde en Madrid viendo un musical, o simplemente, un café por la mañana. Esto será solo uno más de los palos que te da la vida de los cuales, siempre, se aprende. Aunque de alguno como este, las dos estuvimos de acuerdo, no queremos aprender nada.

Yo quiero que siga soñando, que en esta receta de su vida desaparezcan los ingredientes amargos, los que han ido dejando mal sabor. Tengo ganas de que llegue el día en el que esto sólo sea un recuerdo triste, que aparcará en su mente para vivir otros infinitamente mejores. Yo, para cuando esté bien, quiero presentarle a Andrés. No es alguien real, es un personaje de una de mis novelas, pero está construido a partir de sus sentimientos. Una frase que me dijo en un café, una mañana horrible en el que todo parecía incluso más negro que ahora, cambió a una novela que llevaba años atascada. Aprendí de golpe que, sin vivir, no se puede contar la vida. O al menos sin mirarla muy de cerca.

miércoles, 16 de marzo de 2011

LA TIERRA DE LAS CUEVAS PINTADAS. J.M. Auel

Indagando por ahí he encontrado que quedan sólo unos pocos días para que se publique este libro de Auel, que recrea la vida de Ayla durante la Prehistoria. Hace ya muchos años que leí el primero de los libros de esta saga, El Clan del Oso Cavernario, y fue tal el impacto que causó en mí que lo he vuelto a leer (éste y todos los que van detrás) por lo menos cinco veces. Cada vez descubro cosas que se me habían pasado por alto y creo que cada vez me gusta más.
Si tuviera que quedarme con uno solo, dudaría. Quizá el primero, o El valle de los Caballos, o a lo mejor Los cazadores de Mamuts. No sé. Todos tienen su encanto, salvo, para mi gusto, Los refugios de Piedra porque, leídos uno detrás de otro, creo que se repite demasiado. Es cierto que para darle independencia a una novela es conveniente no dar por supuesto que el lector lo conoce todo, pero en las sagas, lo habitual es que se empiece por el primero.
Yo me animo con este, ya os contaré...

lunes, 14 de marzo de 2011

MIL

Al revisar el blog he visto que he llegado a las mil visitas, todo un logro si nos paramos a pensar que hasta hace dos o tres meses ni yo me acordaba de cómo hacía para entrar en mi propio blog. Para celebrarlo quiero compartir con quien se acerque a este espacio una de las mayores alegrías que me llevé hace un par de años: el primer premio de relato corto, Ciudad de Cantalejo, con un relato que se titula El Reflejo.
Desde este enlace se puede acceder a él.  Ya me dieréis, quienes no lo conozcáis, si os gusta.
EL REFLEJO. Mayte Esteban.

sábado, 12 de marzo de 2011

TECNOLOGÍA

El domingo pasado, cambiando de canal en la televisión, tropecé con el rostro de alguien que estaba hablando de un tema que me congeló el dedo en el mando. Es cierto que el programa en el que se insertaba su comentario no me inspira mucho interés (demasiado misterio, demasiados temas sobrenaturales) pero me pareció que lo que decía era una verdad de las que no dejan lugar a dudas: dependemos en exceso de la tecnología. El invitado decía que el auténtico apocalipsis al que podemos enfrentarnos en el mundo actual es que, por cualquier circunstancia, nos quedemos sin tecnología. Para él, las sociedades que sobrevivirían a ese escenario serían únicamente aquellas que todavía no han accedido masivamente a ella. El llamado tercer mundo ganaría la batalla a las circunstancias con una soltura que no tenemos en el "primer mundo". (Esto lo pongo entre comillas porque, con la que está cayendo, no es como para presumir de título).


Ayer la Naturaleza nos dio una de sus lecciones magistrales, confirmando las palabras de este hombre (que, lo siento, no me enteré de quién era). Una sacudida de 8.9 en la escala Ritchter que fue como un bofetón para la soberbia humana, esa que nos hace pensar, a veces, que somos los dueños del mundo. Ha dejado víctimas mortales a su paso pero también ha sido para muchos más ese apocalipsis del que hablaban.

Intento buscar soluciones personales por si algún día la tecnología se tomase un respiro y nos abandonara, pero no es fácil. Podría prescindir del móvil, de encender luces, del ascensor ahora que no empujo ya un carrito de bebé, de la calefacción, incluso de pagar con tarjeta pero, ¿el congelador?¿ la vitrocerámica? Vivo en un piso y no creo que a los vecinos les hiciera gracia que encendiera una fogata dentro. ¿Y el coche? El hospital está a cincuenta kilómetros. Quizá no necesite internet pero no sabría qué hacer sin mi ordenador, sin la posibilidad de escribir.

La lista se va alargando sin querer, en mi mente se colapsa un supermercado sin cajas, los cajeros automáticos no funcionan, los ladrones proliferan al amparo de la seguridad que les da, mira qué paradoja, la ausencia de cámaras de seguridad. Un señor se muere porque no se le puede reanimar con unas palas, otro porque se ahoga sin su ración diaria de oxígeno... Me mareo y dejo de divagar, pero no creo que sea la mejor postura. Deberíamos empezar a pensar en dar pasos atrás, deberíamos aprender a "desengancharnos". Pero ni siquiera pensarlo es fácil.



viernes, 11 de marzo de 2011

11 M

Hoy es 11 de marzo.


La primera sensación del día suponía que iba a ser el inevitable recuerdo del aquel horrible día de 2004, cuando encendí la televisión y vi las imágenes de los trenes destrozados. Recuerdo el ataque de ansiedad, la sensación terrible que vino a mi mente: sabía que era una tragedia que me golpeaba de lleno, aunque en ese momento ya viviera en Segovia. Me decían que no, que era imposible que conociera a ninguna de las víctimas, pero algo dentro me gritaba que alguien cercano estaba dentro de un tren. No me equivocaba. Esa línea de tren, la C2 de cercanías, era la mía. Me monté en esos trenes durante cinco años, cada día, porque es la que une mi pueblo, Azuqueca, con Alcalá, donde cursé mis estudios. Alguien de mi entorno tenía que haber cogido el tren. Lloré de rabia e impotencia sin tener la seguridad de la noticia que confirmó mis sospechas horas después.

Hoy, 11 de marzo, otra vez. Pero hoy ha sido un tsunami en directo. Una ola gigante que ha distraído la atención de los medios. Otra tragedia para desviar el dolor del recuerdo. La diferencia es que, hoy, lo que ha pasado era inevitable. La Naturaleza es así. Aquella vez fue totalmente gratuito.

jueves, 10 de marzo de 2011

miércoles, 23 de febrero de 2011

ROBINSON CRUSOE Y LAS LECTURAS OBLIGATORIAS

Este mes he logrado, no sin esfuerzo, encontrar un hueco en mi agenda para leer. El invierno es lo que tiene: las tareas se multiplican y voy dejando lo accesorio para cuando haya más tiempo. Y leer, que en realidad es lo que más me gusta, se queda para el final.

La novela elegida ha sido Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, escritor inglés del XVIII. Entre mi lista estúpida de cosas que tengo que hacer antes de morir está leerme todos los títulos de una colección por entregas que se publicó en 1988, y esta es una de las novelas que aparecía. La idea no es del todo descabellada. A lo tonto conocí a Oscar Wilde y me enamoré de él (literariamente hablando) y a Shakespeare, del que no se puede decir nada más de lo que ya se ha dicho.

Pero volvamos a Defoe. Robinson Crusoe es una novela que todos conocemos, aunque sólo sea por las referencias que nos ha ido dejando el cine. El argumento es imposible que nos sorprenda de puro conocido, un hombre abandonado en una isla desierta a su suerte, que consigue sobrevivir tres décadas y convertir el infierno en un vergel, pero siempre hay algo que se te escapa. El cine es, o debería ser, entretenimiento y para la literatura se queda la reflexión. En esta novela, más que las vicisitudes por las que pasa el inglés para sobrevivir en "su isla", yo me he quedado con esa visión del mundo que tiene. Considera todo lo que abarca su mirada de su propiedad, incluso cuando encuentra a Viernes, en lugar de pensar en él como en un compañero que le ayudará a aliviar la soledad, le hace llamarle "amo". Empieza siendo un hombre ateo y el rescate de una Biblia le convierte en un profundo creyente, siempre adaptando las palabras de las escrituras a sus circunstancias, interpretandolas de manera personal. Convierte a Viernes en cristiano y considera que es una de las mejores cosas que ha hecho en su vida: salvarle de sus salvajes creencias.

Si este libro se leyese desde la mentalidad de hoy en día probablemente lo más sensato sería abandonarlo. No me gusta el estilo (bastante menos elaborado que el de otros coetáneos suyos) pero ayuda a ver cómo hemos evolucionado, no sólo a la hora de abordar la escritura de una novela, sino socialmente.

No me parece, en absoluto, un libro para niños, ni sólo una novela de aventuras. Por eso, si a alguien se le ocurre que es buena idea recomendarlo como lectura del instituto, que lo lea otra vez y se lo piense. Los chicos abandonarán con toda seguridad y recurrirán a un resumen de los que circulan tanto por este mundo virtual. Es mejor que cada libro se lea cuando uno esté realmente preparado para entenderlo. Estoy cansada de ver como se hace a los padres comprar libros que difícilmente serán abiertos algún día más allá de la página diez. No digo que haya que mantenerlos leyendo a Gerónimo Stilton hasta la mayoría de edad, aunque es mejor eso que dejen de leer.

Yo todavía no he logrado pillarle el punto a algunos clásicos pero espero madurar algún día. Mientras tanto, ahí estoy, leyendo tantas cosas buenas y como malas.

lunes, 21 de febrero de 2011

DOS MESES SIN HUMO

Falta poco para que se cumplan dos meses del inicio de la aplicación de la ley que prohíbe fumar en espacios públicos y los medios van haciendo sus balances, desde los más alarmistas que hablan de pérdidas de empleo de cientos de miles de personas, encabezados por La Razón, hasta otros que opinan que es el tiempo el que va a darles "la razón". No creo que estos últimos vayan desencaminados. Es lo que tenemos los humanos, sabemos adaptarnos a los cambios mejor que cualquier otra especie. Es lo que nos distingue, lo que nos ha permitido evolucionar hasta convertirnos en lo que somos. Sin embargo sigo pensando lo mismo que la última vez que abordé el tema. Los cambios, como todo en esta vida, hay que hacerlos cuando se está preparado, porque si no pueden ser catastróficos por inoportunos, no porque no vengan cargados de las mejores intenciones.


Creo que la ley anterior tenía grietas. Aún se podía ver a alguien fumando en un hospital o en un centro educativo. Pero hoy, con esta ley que algunos citan como definitiva, no se ha impedido que en el instituto de mi sobrino, en la clase de primero de la ESO (ojo, que tienen 12 años) se encienda un cigarrillo entre clase y clase. Dentro del aula, claro, porque en el pasillo te pillan. Y esto sí que es lamentable, no que se fume en un bar, donde al fin y al cabo se entra de manera voluntaria: a tomarte un café o a dejar un currículum, dicho sea de paso.

De la nueva realidad me agrada no respirar humo cuando voy a tomar un café, pero no me emociona. Antes, al entrar en el bar sabía que olería a tabaco y cuando saliera a la calle el aire limpio me llenaría los pulmones. Ahora, al pasar por la puerta, me veo obligada a saltar por el montón de colillas que apestan lo suyo y cuando salgo no puedo evitar una mueca de desagrado porque aunque los fumadores se hayan ido y estemos en la calle el olor sigue ahí. Y esa mueca es de auténtico asco cuando, como ayer, compruebo a cincuenta metros de la puerta del hospital el reguero de colillas con su nauseabundo olor, cuando me veo obligada a pasar entre los fumadores para recoger el coche porque están fumando en el único lugar donde se les permite. Antes, qué tiempos, si yo quería, elegía respirar humo. Ahora, sencillamente, me lo trago "por decreto" en plena calle. Tiene guasa. A lo mejor a la iluminada de turno del ministerio, para la próxima, se le ocurre prohibirnos respirar. Porque después de esta legislatura para olvidar, será lo único que quede por prohibir.

martes, 15 de febrero de 2011

CREADORA DE EMOCIONES.

Hace unos días leí en otro blog, Historias en Tinta, una reseña sobre Emily Bronte y durante estos días he vuelto a pensar en por qué decidí autoeditarme hace ya casi dos años. No fue por un impulso de juventud (ya me gustaría), ni siquiera por vanidad, para ver en papel mis pensamientos. Tampoco porque haya perdido toda esperanza de poder publicar. ¡Qué va! Fue algo mucho más sencillo: dignidad. Mi padre y yo habíamos escrito juntos La arena del reloj durante su enfermedad y quería darle, simplemente, un formato digno. Quería que tuviera portada, contraportada, su título en letras grandes y un sitio en la estantería de casa, donde esperaría hasta que los más pequeños, los que apenas le conocieron, tuvieran edad suficiente para entender. Lo que no sabía es lo que aquella decisión conllevaría: los más de cien ejemplares físicos vendidos realmente bajo demanda (primero me los pedían y luego se encargaban), la presentación del libro, la charla sobre la experiencia de autoeditarse, el empujón para que también publicara Su chico de alquiler... Y eso sin contar con las descargas que se han hecho de las novelas desde la página web, que superaban las doscientas antes de que decidieran hacer desparecer el contador.


Quienes se dedican al mundo editorial menosprecian a quienes tomamos este camino porque consideran que no existen filtros. Es verdad. Yo hago, exactamente, lo que me da la gana. Dejo a mis libros por el mundo (no abandonados, ya me he encargado de cumplimentar personalmente los trámites legales) sin nadie en quien apoyarse. Van creciendo solos, logrando superar metas imposibles en principio: La arena del reloj en un club de lectura, Su chico de alquiler como lectura para el instituto... No sé con qué me sorprenderán más adelante.

La autoedición tiene un problema añadido: el dinero que se necesita, de entrada, para empezar. Ese lo solventé sin querer, ganando dos premios en dos certámenes literarios menores, que me ayudaron a encargar los primeros libros. Aquí no hay negocio: lo que gano con unos libros lo invierto en otros y el precio del libro que aparece en la página y en el registro es el que resulta de sumar al precio de creador los gastos de envío. Mi recompensa: las palabras de quienes han pasado un rato leyendo. Siempre son las mismas: me emocioné. A lo mejor nunca puedo decir que soy escritora pero nadie me puede negar el título de creadora de emociones.

Supongo que si todavía sueño con que de la edición se encarguen otros es por el esfuerzo y el tiempo que suponen. Sobre todo por el tiempo.

jueves, 27 de enero de 2011

ENTREVISTA IMAGINARIA

Hace mucho tiempo, tanto que me da vértigo pensar en los años que han pasado, yo colaboraba en una revista. Se llamaba El Diluvio Cultural, una lluvia de ideas infantiles que modelábamos cada mes en la biblioteca de Azuqueca a base de imaginación y gelatina. Para rellenar esas páginas teníamos el contenido usual: pasatiempos, un comic, recomendaciones literarias y, cuando había mucha, mucha suerte, una entrevista. De eso, a veces, me encargaba yo.


Las personas a las que entrevistábamos solían ser del entorno cultural (nos valía lo mismo el conserje del centro que el señor del bar, todo sea dicho) pero, en alguna ocasión, los personajes se salían de lo común, porque la biblioteca invitaba a algún escritor. Un día le hice una entrevista a Juan José Millás, y siempre que pienso en él viene a mi cabeza un libro, Papel Mojado, y un autor muy joven que estaba empezando en el oficio de narrador de historias.

Otro día, con mucha vergüenza, le pedí a una jovencísima Rosa Montero que me concediera una entrevista. Lo primero que me preguntó (ella a mí) fue si realmente me había leído Te trataré como a una reina. Cuando le contesté que sí puso cara de "no lo había escrito para niños", como hacían todos. Yo lo entendía. Es muy difícil encontrar alguien que con quince se haya leído La Eneida, La Odisea, La Iliada y la estantería entera de García Márquez, así como todo lo que había caído en mis manos de Guiani Rodari y varias veces los libros de Enyd Blyton. Al cabo de cinco o seis preguntas a las que contestó amablemente ya sabía que no me había saltado ni una página. Me volvió a preguntar ella, supongo que intuyendo mi respuesta. ¿Qué quieres ser de mayor? Escritora. Ni lo dudé. Y me dio un consejo que he seguido hasta hoy: no dejes de escribir nunca. No he logrado mi propósito del todo pero no me voy a rendir.

Hoy he leído una entrevista que le hicieron para El País y he recordado viejos tiempos. Como tengo ganas de escribir y espacio en el blog, me hago a mí misma las mismas preguntas. A ver qué sale. Como dice Aitana, mi inventora de palabras favorita, soy una "rexperimentadora". Y una madre fantástica o "malfástica", según el día. Ahí van las preguntas:

¿PARA QUÉ ESCRIBO? Para entender, para aprender. Para explicármelo todo.

¿CÓMO EMPECÉ? Construyendo cuentos, practicando inventándome finales distintos para los libros que leía.

¿CÓMO ENFRENTARME A LA PÁGINA EN BLANCO? Escribiendo sobre ella a partir de cualquier idea. Puede ser el principio de algo. Si no, a la papelera de reciclaje o al archivo de las cosas que algún día usaré, o no. No tengo rutinas. Escribo todos los días, aunque voy cambiando los proyectos. Nunca he sabido centrarme en una sola historia.

¿ES BUENO ESCRIBIR SOBRE UNO MISMO? No lo sé, a veces es necesario. La arena del reloj era un libro solo para mi familia, algo personal que todo el mundo quiere leer y algunos hasta dos veces seguidas. Pero no creo que repita algo así. Fue una terapia que necesitaba. Prefiero crear personajes ajenos a mí y poner en ellos los sentimientos de quienes me rodean.

¿CÓMO SE ELIGE EL NOMBRE DE UN PERSONAJE? Yo tengo un juego con los nombres. Suelo robárselos a la gente que conozco y luego dibujo alguien muy diferente a ellos. A Paula, la protagonista de Su chico de alquiler, le cambié el nombre tres veces hasta que me convenció uno.

¿QUÉ HACER ANTE EL BLOQUEO DEL ESCRITOR? Yo, si me bloqueo con una historia, sigo con otra. Y si no sale nada dejo que todo repose un tiempo y me dedico a leer. O a practicar con experimentos. Cuando encuentro libros muy malos que se venden mucho suelo tener picos de creatividad exagerados. A veces escribir peor es imposible. Cuando leo algo bueno me deprimo porque creo que nunca llegaré a hacer algo así.

¿Y ANTE EL EMBROLLO DE IDEAS QUE LUCHAN LAS UNAS CON LAS OTRAS? Voy escribiendo y algunas ganan y otras se quedan por el camino. En una novela ganó una idea que al final no me gustó y suprimí un día 80 páginas cuando encontré la adecuada.

¿ES BUENO JUNTAR TEXTOS DIFERENTES SOBRE EL MISMO TEMA? No sé. Nunca se me ha ocurrido. Y mira que hago cosas raras.

¿HAY QUE DEJAR DORMIR LOS TEXTOS? Siempre. Te da perspectiva.

¿CÓMO ENCONTRAR EL FINAL DE UNA NOVELA? En mi cabeza no está al empezar a escribir y si alguna vez he pensado un final, los personajes se encargan de llevarme por otro lado. Me encanta la sensación que tengo a veces de que alguien me sopla en la oreja y yo sólo estoy transcribiendo. Pero no me pasa todos los días.

viernes, 21 de enero de 2011

APAGÓN EL 15 DE FEBRERO A LAS 22 HORAS

He recibido un correo convocando un apagón voluntario el día 15 de febrero a las diez de la noche. Y no ha podido llegar en mejor momento, porque en pleno cabreo por mi desorbitada factura de la luz he hecho lo único que podía hacer: programar una alarma en mi móvil para no correr el riesgo de que se me olvide.
Voy a apagar la luz. Del todo, desde el interruptor general. Y no creo que sean sólo los cinco minutos que me proponen. A lo mejor aguanto quince.
Propongo que nos programemos todos, que no lo dejemos correr. Si me apuras, con esto vamos a lograr un doble objetivo: por un lado haremos un hueco en las arcas de las compañías eléctricas y por otro le haremos un favor al medio ambiente. Se me ocurre algo. A lo mejor podíamos quedar los quince de cada mes. Qué putada, ¿no? Nada comparado con lo que le va a suponer a mi bolsillo a final de año. Nada menos que el doble de lo que pagué el año pasado. Y resulta que no ingreso el doble.

jueves, 20 de enero de 2011

LA FACTURA DE LA LUZ

Hoy casi me da algo cuando he visto la factura de la luz. Me han cobrado casi 76 euros y se han quedado tan panchos. Cuando se pagaba cada dos meses jamás alcancé esa cifra de consumo, pero es que en la última factura, abultada ya, no había llegado a los cincuenta. La luz ha subido pero, nos vendieron que en la factura final serían dos o tres euros. En la mía, en una casa normalita en la que más de medio día sólo está encendido el frigorífico (desenchufo hasta la cafetera aunque no esté dado el botón), la subida ha sido de 16 euracos!!!!
Me han dicho que uno de estos días la gente va a quedar para apagar la luz durante cinco minutos, a ver si a ellos las pérdidas les hacen tanta gracia como me ha hecho a mí ver la factura. No sé cuándo es, pero me pienso apuntar. En un recuadrito pequeño pone que mi consumo ha sido de 29,55 euros. Claro, sin incluir los impuestos. ¡Cómo se pasan!

sábado, 15 de enero de 2011

PAN

500 gramos de harina
25 gramos de levadura de panadero
250 cl de agua
sal
Me he puesto manos a la obra y, a lo tonto a lo tonto, me ha salido un pan. Os cuento el proceso. He puesto la harina en una ensaladera, he añadido la sal, la he mezclado y, a continuación, he puesto el agua con la levadura disuelta. El agua estaba tibia.
He mezclado los ingredientes y cuando llevaba unos diez minutos amasando he puesto la bola resultante en la misma ensaladera, la he tapado y me he ido al parque. Esto ha sido clave. No ha habido presión y la levadura ha hecho perfectamente su trabajo.
Cuando he vuelto a la hora y pico, he encendido el horno. He vuelto a amasar la bola (que era enorme) y la he dejado encima de un papel de hornear. Al rato, cuando ha vuelto a subir (esta vez ha sido clave que me haya ido a limpiar el baño), la he metido dentro, a unos 200 grados unos 40 minutos. Antes me he entretenido en hacerle unos cortecitos para que quedase más mono.
El resultado, ahí lo veis. Un pan que estaba delicioso. Ha durado un suspiro en la cena que teníamos en casa. Así soy yo. Salto al vacío sin red. Podía haber sido un desastre absoluto pero ¡no había comprado otro pan!

viernes, 14 de enero de 2011

LA METAMORFOSIS. FRANK KAFKA.

Esta semana he leído un clásico. Siempre esquivo a los autores con K, por alguna fobia extraña digna de un análisis de Freud pero, como en otra entrada mencioné a Kafka, me he decidido a leerlo. Empecé en inglés pero me acordé que tenía una edición en castellano y no he tardado ni dos horas. Y me ha gustado.
Supongo que habla del miedo. Gregor Samsa despierta una mañana convertido en un gusano y su familia lo encierra, para que no lo vean y para no verlo. Después del desconcierto llegan la compasión que se transforma en odio por la carga que supone para la familia. Y al final, el alivio al deshacerse del monstruo.
Pensaba todo el rato en él como en un enfermo, no como en un gusano, alguien a quien se le ha negado la capacidad de comunicarse aunque él sea capaz de entenderlo todo. Notaba la angustia. La suya y la del entorno. La peor cárcel es siempre uno mismo.

sábado, 8 de enero de 2011

UN E-BOOK EN MI VIDA

Desde que me encontré por primera vez con la noticia de la existencia de libros electrónicos he querido tener uno. El día de Reyes me lo encontré al lado de mis zapatos, justo entre una moto teledirigida y la guardería de los barriguitas. No me pilló por sorpresa, los Reyes Magos hace tiempo que perdieron su chispa en mi vida, pero reconozco que ha sido el regalo que más ilusión me ha hecho desde hace años. Siempre es mejor un e-book que un llavero...
En mis planes está que me acompañe en las interminables tardes de parque, en las que mi única misión es que ningún niño de los que cuido (míos o ajenos) se rompa la crisma con los columpios. Sin embargo, hoy mismo me he encontrado con el ¿decimo? escollo: ¡se calienta a lo bruto! En enero no es mucho problema pero puede que me de algo en pleno mes de agosto, en la calle desde las cinco de la tarde, me acuerde del que lo diseñó y hasta si me apuras de su abuela paterna.
¿He dicho décimo problema? También encuentro que en el mío no se puede ampliar la letra (o es que soy idiota y no soy capaz de hacerlo) y otro montón de pequeñas mejoras para que sirva para algo más que para añadir otro peso a mi bolso. Démosle tiempo y vayámonos quejando de lo que no nos convence. Hace poco leí que el 90% de los científicos que han existido en toda la historia de la humanidad están vivos, así que algo podrán hacer...

sábado, 1 de enero de 2011

SU CHICO DE ALQUILER

El otro día uno de mis alumnos me preguntó de qué iba el libro que había visto con mi nombre en el kiosco. Y me quedé sin palabras, porque, desde luego, uno no es el mejor para definir a uno de sus hijos. Siempre tendemos a ser benevolentes con sus defectos y ensalzamos sus virtudes por encima de lo razonable. Le dije, simplemente, que lo leyera. Es mi consejo básico. Leer para crearte tu propia opinión, que no seas un mero repetidor de lo que otros han pensado.
No me ha hecho caso, de momento. Demasiada Navidad. Por eo voy a ser infiel a mí misma (me lo perdono) y voy a intentar hacer un resumen.
Su chico de alquiler es un pequeño relato sobre inseguridad. No sólo por el contenido: Paula, la protagonista, tiene que acudir a la boda de su padre y éste le pide que lleve a sus hermanas pequeñas a comprarse ropa para el evento. Como no quiere, (a ver a qué adolescente le hace gracia cargar con dos pequeñas de cinco y siete años y luchar con ellas en un probador), se inventa que ha quedado con un chico. El padre, ni corto ni perezoso, le dice que lleve a la boda. Y Paula, en lugar de decirle que no, acepta. Como no existe nadie en realidad acaba alquilando a alguien muy peculiar. En el transcurso del relato todo se va enredando y al final te encuentras una historia divertida, con la que pasar un buen rato.
Lo mejor que tiene, desde el punto de vista didáctico (aquí se nota que doy clases) es que elegí el presente para contar la historia, y el hecho de que los adolescentes aquí retratados sean como los de verdad, caóticos, locos, impredecibles, divertidos... y lo malo es que también son un poco de otro tiempo. Quizá es que yo fui adolescente hace mucho y mi mundo era un poco menos complicado que el de ahora. O que me gustaban más los Hombres G que Kafka.
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