sábado, 16 de febrero de 2013

NOVELAS INTERACTIVAS

Cuando empecé a escribir Detrás del cristal no pensaba que jamás fuera a publicarla. Era uno más de mis ejercicios de escritura, una búsqueda dentro de mí misma para averiguar si era capaz o no de componer una novela. Empecé hace tanto que no podría precisar el año concreto. Abandoné mil veces. Volví otras tantas. En este proceso me he divertido mucho, la verdad, aunque ha habido momentos con ganas de tirar la toalla, páginas y páginas eliminadas sin piedad, tiempos de reposo eternos para adquirir perspectiva y, sobre todo, desorden en la escritura.

Una vez leí en un hilo de Facebook que algunos autores escriben el texto seguido, capítulo tras capítulo. Bueno, yo lo intento pero no lo consigo siempre. En este caso, menos que en ninguno. Ni escribí el principio lo primero, ni el final ha sido lo último. Y en la parte central, más de lo mismo. Pero al final, la paciencia funciona y la historia fluye, como si hubiera salido de mi cabeza en orden.

Hace un año decidí publicarla, pero poco antes de hacerlo me lo pensé mejor y abandoné. Había algo que no me convencía del todo en esta historia. Se perfectamente que el argumento parte de una situación disparatada pero para mí una novela siempre tiene que empezar en un momento de ruptura de la normalidad y devolverla a lo largo de las páginas. En ese sentido, cabe cualquier cosa. En medio, entre lo que cuentas, irán las palabras y tu responsabilidad es usarlas con eficiencia. Aprendí hace mucho que da lo mismo lo que cuentes lo que importa sobre todo es cómo lo cuentes. Preferí centrarme en ello, darme tiempo.




Y algo más.

Revisando el texto, de pronto tuve una idea.

¿Por qué no aprovechar que iba a ser una novela digital para hacerla interactiva? ¿Cómo? Pues era más sencillo de lo que parecía. En algunas novelas he visto enlaces que te llevan a la bibliografía, al correo del autor, a su página web o a su blog, pero siempre de una manera muy seria. ¿Qué tal si aportábamos imaginación, si jugábamos con esto? Se me ocurrió que esto mismo se puede hacer dentro del texto de la novela, insertado en la acción. De este modo, el lector puede decidir si sigue leyendo como si no hubiera visto el enlace o se puede entretener mirando la información adicional. Me sugerían que puede ser que los enlaces caduquen, pero es un texto digital, así que esto siempre sería revisable.

No os voy a desvelar exactamente qué he puesto en Detrás del cristal, quiero que lo encontréis vosotros, pero sí que os hablaré ahora del camino que esto abre.

Creo que a partir de ahora las novelas pueden enlazarse con la música que escuchan los personajes, se podrá acceder a los escenarios donde sucede la acción, incluso podremos conocer la receta del menú que degustan, las bodegas donde se produce el vino que beben, los libros que leen, los conciertos a los que asisten… y eso sin contar con la posibilidad de que el autor deje una entrevista colgada en la nube, por poner más ejemplos. 

Pero no queda ahí. Siguen surgiendo ideas a partir de este tímido intento de dotar al libro digital de una entidad que lo diferencie definitivamente del papel. Porque esto, realmente, el libro en papel no podrá dárnoslo. Podemos aludir al tacto de sus hojas o su olor, eso siempre.

Me sugirieron una idea que es para tener tiempo: que exista la posibilidad de preguntar directamente a los personajes. Si la novela tiene un éxito relativo, puede ser hasta divertido, pero con un éxito rotundo, agotador para el autor. Se me ocurren unos cuantos personajes de los libros que he leído a los que me gustaría poder preguntar algunas cosas.

Otra más. Finales alternativos. La posibilidad de vender en una plataforma como Amazon, que permite tanta flexibilidad, me sugirió una idea: una novela con dos finales. El principio de la novela se colgaría de manera gratuita y, llegados a un punto, el autor podría enlazar dos caminos, lo que realmente sería la compra: final 1 y final 2, a elección del lector. Se compraría el que quisiera, o los dos… Quizá para esto sea un poco pronto aún.

Ideas, ideas… es que esto es infinito…

El camino está abierto, ahora toca que los demás lo exploren. Sé que hay que investigar, se me ocurre que podemos chocar de frente con la pared que suponen los derechos de autor. Por eso en mi novela, no es la música lo que está enlazado y tengo permiso para hacer lo que he hecho. Lo pedí antes de meterme en un problema y eso hace que los enlaces sean sólo tres.

¿Se os ocurre algo más? Me parece que esto es el principio de algo que dentro de muy poco será habitual.

Detrás del cristal ha sido el principio. ¿Te animas tú a ser uno de sus primeros lectores?

viernes, 15 de febrero de 2013

DETRÁS DEL CRISTAL de MAYTE ESTEBAN (o sea, yo) YA ESTÁ AQUÍ.

¡Por fin!

Después de semanas de revisiones, de muchas horas intentando que estuviera lo mejor posible, ya está aquí Detrás del cristal. Desde hace unas horas se puede conseguir en Amazon, con un precio especial de lanzamiento de 0,89€. ¿A qué esperas?



Esta novela trae algo novedoso, abre un camino nuevo para la lectura digital y creo que esa es la clave para diferenciarla definitivamente del papel. Es algo que con los libros físicos no se puede hacer. ¿Qué es? Pues leed y lo descubriréis.

De todos modos, ya os lo iremos contando...

Por cierto, se me olvidaba, esta es la sinopsis:


Andrés Gálvez, un joven ejecutivo, lleva meses preparando unas vacaciones con su novia en el Caribe para escapar de los compromisos de la Navidad, sin sospechar que su vida está a punto de trastocarse por completo.

La situación económica de Ana Iriarte es límite. Ha buscado con quién dejar a su bebé esa noche para acudir a un trabajo eventual, pero ni su única amiga, Raquel, puede ofrecerle ayuda pues también tiene un grave problema: pasa por un mal momento con su marido como consecuencia de los e-mails que está recibiendo de un desconocido.

La desesperación empuja a Ana a hacer una locura que, esta vez, puede costarle muy cara.
Ana ha aprendido a sobrevivir sola pero esta vez, cuando su vida se tuerza y su camino se cruce con el de Andrés, ¿se atreverá a vivir? 

"Está permitido equivocarse. Lo que es cobarde es no intentarlo"

martes, 12 de febrero de 2013

UN MONTÓN DE NOTICIAS

Llevo unos días en los que no paro un momento. Me he tomado unos días de vacaciones de esas en las que te lo dan todo hecho, para recargar energía, pero como siempre que intento algo así, se me han juntado con un montón de noticias, de proyectos que tenía empezados.

Total, no he descansado del todo.

Es igual, no sé hacerlo.

Lo primero que os tengo que contar es que desde hoy está disponible la revista digital Pluma Amateur del mes de febrero. Esta revista argentina, está editada por Dany Nphenix (podéis seguir el enlace a su blog en el lateral derecho del mío, en la lista de blogs que suelo visitar), contactó conmigo hace unas semanas, después de que Daniela se leyera La arena del reloj, para hacerme una entrevista. Muchas gracias, de verdad, por pensar en mí. Ahí que me he marchado, a la otra punta del planeta.

Este es el enlace de la revista. La entrevista empieza en la página 7.

https://docs.google.com/file/d/0B8crja99GwrhWlZlRWdYOE9PNzA/edit 

Pluma Amateur tiene además una página en FB que está recién nacida, en busca de seguidores, así que si os apetece, podéis pasaros. Tienen un compromiso personal con los autores noveles, indies, autoeditados...

 https://www.facebook.com/PlumaAmateur

La otra gran noticia (para mí, para el mundo ya sé que es lo del Papa) es que esta semana, más concretamente el viernes 15, saldrá a la venta en Amazon la que es mi cuarta novela, Detrás del cristal. Estos días, a través de FB, voy descubriendo cada vez un poco más de la portada, hasta mostrárosla completa. Aunque hoy es martes (todavía queda un poco de día), este es mi espacio y los visitantes de casa y de confianza, así que... os muestro la que pondré mañana. La imagen que se va dibujando poco a poco.



Estoy nerviosa, lo reconozco, porque dejar que otros ojos lean lo que tú has escrito siempre es una responsabilidad. Puede que no te entiendan, puede que tampoco tú te expliques muy bien, puede que no hayas elegido el mejor punto de vista para contar la historia... Os juro que yo, antes de todo esto, no era de puede, era de cerrar los ojos, poner una sonrisa y tirar hacia adelante. Como me dijeron una vez, hiperactiva e hiper-resuelta, pero en este tiempo, desde que me sumergí en este lío, me he llevado algunos palos y unas cuantas decepciones que han alimentado el miedo y la inseguridad. No me importa confesarlos. De hecho, siempre escribo lo que me preocupa y cuando lo leo al cabo de un tiempo, si me río, es que ya lo he superado. Seguro que esto lo supero, soy también fuerte. De los baches aprendo y si son piscinas, hasta a nadar...

Tonterías mías.

Esta novela, además, lleva un reto. Algo novedoso que sabréis dentro de unos días. Acorde con los tiempos que corren, con los cambios, con las nuevas tecnologías. Una travesura que se me ocurrió de pronto y que abre muchas posibilidades.

Pero eso, de momento, no os lo contaré yo...

Por cierto, el viernes 15, en cuanto salga, Detrás del cristal tendrá un precio de lanzamiento de 0,89€ que mantendré durante 24 horas. Después, será un poco más elevado.


viernes, 8 de febrero de 2013

ADOLESCENCIA

Hoy he dado un abrazo... raro. Uno de esos que te salen del alma y que encuentras que no tiene correspondencia porque la presión de los brazos del otro no es lo que esperabas.

-¿No te gusta que te abrace?
-Me da lo mismo.

Lo reconozco, el nudo en el corazón ha puesto en marcha el mecanismo de las lágrimas, a las que no les he dado opción: las he acallado con una inspiración fuerte.

La adolescencia no es fácil para nadie. Ni para quien está inmerso en ese tiempo de profundos cambios físicos que alteran los niveles hormonales, ni para los que rodean quien está en pleno crecimiento.

Para una madre, la adolescencia de un hijo es una pesadilla de la que te quieres despertar lo más pronto posible.

Siempre habíamos sido un equipo, desde el día en el que su llegada me transformó por completo, desde ese momento en el que dormir y comer se convirtieron en una utopía porque me tuve que acostumbrar a sus rutinas. Daba lo mismo porque cada abrazo, cada beso, cada sonrisa eran el mejor alimento y el mayor de los descansos. Sentirlo entre mis brazos, acariciar su rostro, escuchar los sonidos que entrenaban su garaganta para que más tarde hablase, me hacían tocar el Cielo, ese que existe de verdad y que está tan cerca cuando quieres a alguien que te quiere de verdad.

Ahora, mi niño, no está.

Lleva meses evitando que nos vean juntos en público, no quiere que nadie sepa que aún, a escondidas, se le escapan besos. Prefiere mantenerme a una distancia prudencial. No quiere que nadie más que yo sepa que me sigue queriendo, elige la privacidad de nuestro mundo compartido para devolverme su cariño, pero siempre y cuando nadie más lo sepa.

Sé que se pasará, que llegará un día en el que sus hormonas se asentarán de nuevo y dejará las tonterías de lado. Volverá a ser el que era, recuperaré sus abrazos, sus besos y su presencia. Estoy completamente segura, pero ahora el camino es una cuesta arriba. Menos mal que sé que todo lo que sube, acaba bajando, y que dentro de un tiempo volverá.

Cuando la complicidad es tanta, puede que haya un tiempo de dudas pero se acaban pasando.

Estoy convencida.

(Para todas esas madres que saben de lo que estoy hablando)

martes, 5 de febrero de 2013

EL RELATO DE HOY

No está, no se puede leer todavía.

Lo escribí, claro que sí, pero... esta mañana me he levantado con los cables cruzados y en lugar de abrir el blog he tecleado en Google...

CONCURSO DE RELATO POR EMAIL

Me han salido unos cuantos, pero entre ellos destacaba uno que me ha dejado pensativa. Mi relato, el que pretendía mostraros, encajaba como anillo al dedo con las bases.

¿Casualidad?

¿El destino?

No sé.

El caso es que antes de que se me ocurriera cambiar de opinión, o que se me olvidase, que es muy propio de mi carácter despistado, me he puesto manos a la obra y en media hora tenía un correo confirmándome que participo.

Tiene un premio en metálico considerable, pero en realidad lo que me ha movido ha sido el reto, el probarme de nuevo que no tengo que tener miedo de hacer esas cosas, que antes me salían con una espontaneidad que, no sé por qué, he ido perdiendo. Esto, hace unos años, no habría sembrado en mi ni una mínima duda. Últimamente he tenido muchas con respecto a casi todo y ya va siendo hora de que me las sacuda.

Por cierto, ahora que estáis por aquí. ¡Ya he visto la portada de mi novela! 

No sé si todavía no es la definitiva pero 

ME GUSTA.

¡Buenas noches!

sábado, 2 de febrero de 2013

DETRÁS DEL CRISTAL


Mentiría si dijera que esto está siendo fácil. Perseguir los sueños tiene la dificultad añadida de que son intangibles, que no se pueden agarrar con las manos y prenderlos a tu cuerpo, que se queden contigo para siempre.

En el camino se van dando pasos, algunos hacia adelante, y otros te obligan a retroceder, a pararte, incluso hay momentos tan complicados que puedes sentir la tentación de abandonar.

Merece la pena cuando encuentras manos a las que agarrarte, que tiran de ti cuando la tentación de sentarte a mirar el paisaje es muy fuerte.

Tengo un plazo, unos días más para dar por concluida la cuarta aventura, para dejar ya a mis personajes solos, que sean ellos, a partir de ese momento, quienes caminen. Me queda poco para presentaros a Ana y Andrés.

Y a Raquel.

Y a Pedro.

Y a Pablo...

Lo reconozco, estoy asustada. Reconozco que como Ana, me siento a veces más cómoda Detrás del Cristal.




jueves, 31 de enero de 2013

GESTOS, PALABRAS, NOTICIAS...

Ese día hacía un calor mortal. Como en casa eran difíciles de soportar los más de treinta grados en el salón, decidí coger a los niños y bajarlos al patio del edificio donde, no sé por qué, siempre hace muchísimo frío.

Faltaba poco para que su padre volviera de trabajar y le esperaríamos los tres mientras jugábamos un rato.

Llegó puntual, como siempre, aunque algo en su rostro me dijo que traía dentro una noticia que no me iba a gustar. Siempre he sabido leer cada uno de sus gestos, aunque quiera ocultarlos.

Al lado de los buzones me dio un abrazo inesperado, fuerte, como si con ese preludio quisiera espantar el rastro amargo de lo que tenía que contarme. Después, sin preámbulos que lo hicieran todavía más doloroso para él, lo soltó:


-Tu padre me ha llamado esta tarde… Tiene cáncer.

En mi interior, lo sabía. Las alarmas llevaban tiempo disparadas y mi sexto sentido, ese que odio con todas mis fuerzas porque nunca se equivoca, me lo había susurrado días antes.

No sé por qué reacciono así. Supongo que es un mecanismo de defensa, pero en ese momento no lloré. Mantuve cierta calma, mientras subíamos a casa. Me decía que siempre hay una solución, un tratamiento, que la gente lucha y se cura, que lo he visto otras veces en mi propia familia… Me estaba protegiendo del dolor con pensamientos positivos, incluso mientras hablaba un poco después con mi hermana por teléfono y ella me regañaba porque decía que no estaba siendo razonable, que el diagnóstico era demoledor. Que tenía que despertarme del sueño de un final feliz.

Lloré, claro. ¡Cómo no hacerlo! Cuando se desdibujó la coraza, el mundo se me vino encima y lo regué con una lluvia de lágrimas.

Los días siguientes mi cerebro se desbocó. Quería hacer algo, aunque no fuera consciente de qué era lo que podía suponer una solución. De pronto, una idea se coló en mi mente: tenía que decirle que me contase quién había sido, cómo había logrado convertirse en el hombre que era. Teníamos que escribir juntos su vida, ese plan que estaba aplazado para momentos con más tiempo, para cuando mis niños no me necesitasen tanto. Tenía que apresar cada instante que nos quedase juntos y hacerlo especial.

Me compré un portátil y juntos empezamos a escribir La arena del reloj.

Hoy, años después, sé que no pude tener mejor idea. No lo mantuve conmigo, no se puede luchar contra el destino, pero se quedaron en mí sus recuerdos, su historia, y sus palabras, y cada vez que veo este libro me siento orgullosa de ser su hija.



miércoles, 30 de enero de 2013

CRÍTICAS DESTRUCTIVAS



Esta mañana, al abrir el correo, tenía un email de una compañera escritora. Me remitía a un enlace, una reseña sobre su novela y me pedía que la leyese. Obediente, lo hice.



Lo que me encontré… me dejó perpleja por varias razones. La primera es que la crítica pretendiendo ser constructiva era, directamente, demoledora. Lo segundo es que se trata de una novela que yo ya he leído, y nada de lo que decía ese comentario me parecía demasiado acorde con lo que yo recordaba haber sentido en mi lectura. 

Parecía, directamente, que habíamos leído dos textos diferentes.

Sé que cada uno puede tener su opinión, y los blogs están para opinar y su trabajo es encomiable y muy respetable, pero siempre he detectado cierta unanimidad en el criterio a la hora de abordar las novelas, salvo en este caso, donde lo que se decía del libro no estaba acorde ni con lo que yo había leído ni con lo que el resto de reseñadores (bastantes ya) había detectado hasta el momento. Sé que los blogs ayudan a los lectores tanto como a los escritores, su mérito es muy grande y no se lo voy a quitar nunca, pero hay veces extrañas que esto pasa.

He estado pensando en que estos tiempos de internet nos mantienen en contacto con los lectores, lo que es bueno, pero estamos expuestos a las críticas mucho más que nunca. ¿Cómo nos las tomamos? Cada uno, supongo que reacciona teniendo en cuenta su propia sensibilidad y creo que todos procuramos aprender de lo que nos van diciendo. Al menos yo lo hago. Sin embargo, cuando te encuentras con que los argumentos que se esgrimen no son de peso sino valoraciones personales, demasiado subjetivas, cuando lo aprovechable de ese comentario es cero, te destruyen.

"No merece la pena leerte".

Eso me lo han dicho a mí. Cierto, una sola vez y una sola persona, pero suficiente para que te sientas fatal y te entren ganas de mandarlo todo al carajo, de cerrar el blog, tus perfiles en las redes, descolgar tus novelas de Amazon e irte a tu casa, tranquilamente, a ordenar armarios.

Cuando me sucedió a mí me puse a valorar las razones que habían empujado a esta crítica y las encontré lejos de lo que es el plano puramente literario, así que respiré hondo, no contesté a provocaciones y me dediqué a seguir haciendo lo que más me gusta: escribir. Si  a alguien no le merece la pena leerme, que no me lea.

Así de sencillo.

A mi amiga escritora, ya se lo he dicho, le recomiendo tranquilidad. Escúchate a ti misma, piensa en la razón por la que escribes y valora que, frente a esa única persona, hay muchas más que han disfrutado con tu libro.

Piensa que, quizá, esa persona para ser feliz necesita robar la felicidad de otros. Piensa que a veces, ciertos comentarios, definen más a quienes los hacen que a quienes los reciben.

sábado, 26 de enero de 2013

DICEN POR AHÍ...


Dicen por ahí que en esta vida hay tres cosas que uno debe hacer:
               - plantar un árbol
               - escribir un libro
               - tener un hijo

Dicen también que eso no es difícil. Lo difícil es:
               - que el árbol crezca…
               - que el libro sea leído por alguien…
               - que el hijo se convierta en persona.




El árbol… lo planté hace tiempo.

El libro... lo leyeron ya.

Mis hijos crecen y, de momento, se parecen bastante a lo que asumo que es una persona.

Ayer vi Hermano Mayor y creo que es en esto en lo que tengo que poner más interés. Aunque sólo sea por seguir conservando las puertas de mi casa sin agujeros o que ninguno de ellos, dentro de unos años, decida que de mayor lo que quiere ser es narcotraficante.

Feliz fin de semana.

miércoles, 23 de enero de 2013

UN AÑO DE MAGIA: EL MEDALLÓN...


Esta entrada nocturna tiene un poco de nostálgica. Hace un año que redacté estas líneas. Hace un año estaba todo decidido para que El medallón de la magia empezara a dar sus primeros pasitos en papel. Para llegar a Amazon todavía le quedaba un poquitín.


     Salío con una portada curiosa, una en la que vemos la marca de bruja de Amanda. Poco después, cambié de idea y utilicé la portada original, la primera que hice para esta novela, en la que el medallón toma protagonismo. Entre todos los colores que usé, al final me quedé con el morado, que no sé por qué, en pantalla se ve azul...

Os he contado de qué va, entresijos de su creación, escenarios en los que sucede...



      Me falta enseñaros las dos últimas páginas, los agradecimientos...


Esta novela nació, sobre todo, por Alejandro, mi hijo mayor. Él, con su imaginación y sus ganas de leer una historia de espadas y magia hizo que arrancase en mi cabeza este cuento de una bruja y un soldado. Me ayudó a ponerle nombre a los personajes; se llaman, salvo los que debían tener un nombre concreto, como sus amigos. Algunos reúnen en su nombre a dos o más personas que los dos queremos. También me ayudó a buscar los escenarios en los que debían transcurrir las aventu­ras de Amanda y Alonso y me fue sugiriendo la trama. Por supuesto, en esta historia no podía faltar Turé­gano, donde él tiene sus raíces y su corazón.

Quiero darle las gracias también a Ana Esteban, que leyó la pri­mera el manuscrito y dibujó el medallón. Eres una luchadora, la mejor derrotando a coco­drilos, tú sí que mereces una historia. Gracias por tu insistencia para que no dejase esta aventura escrita, como tantas otras, abandonada en un cajón, con la excusa de que a mí no se me dan bien los finales.

Gracias a Estela y a Rubén por hacer que mi trabajo sea uno de los motores de mi vida. Vuestro esfuerzo y lo que conseguís con él es la mejor recompensa. Habéis aprendido que estudiar es sólo para voso­tros, para haceros crecer como personas, pero repercute en mí porque me hace sentir que vale la pena el esfuerzo diario. Me dais mucha envi­dia, yo también quiero tener la edad de Amanda…

A Aitana, que va entendiendo que también escribo para ella.

Gracias a Pilar, bibliotecaria de Cabanillas del Campo, por molestarse en buscar muchos de los errores que contenía el manuscrito y por suge­rir correcciones. Su entusiasmo se contagia. Gracias a Verónica, a la que literalmente atraqué para que se lo leyera y que curó mi mano iz­quierda para que pueda seguir escribiendo.

Un millón de gracias Eva Ortiz, bibliotecaria de Azuqueca de Henares, que lleva años creyendo en mí, teniendo menos dudas que yo misma. Gracias por la presentación de La arena del reloj, fue muy emocionante y por empeñarte en que detrás de mi nombre ponga es­critora. Dicho por ti suena grande. Te inventaste muchas cosas que hicieron que mi adolescencia fuera muy intensa.

Muchas gracias a todos mis amigos blogueros, que han compartido con entusiasmo mi mundo en esos universos tan suyos y tan mágicos que son los blogs. Llenáis de calor el frío mundo virtual. Gracias por no dejar que me acomode, por exigirme un poco más.

Una mención especial a Barby, que se quedó en el camino, lleván­dose con ella toda la magia. Siento haber tardado tanto en compartir esta historia contigo.

Este año, a través de El espejo de la entrada, he conocido a mu­chos escritores que están empezando y que, estoy segura, van a ser muy grandes. Lo mejor es que algunos de ellos puedo acoplarlos también en mi lista de amigos. Sois bastantes, así que, como no quiero dejarme a nadie, igual que en el caso de los blogs, no pondré nombres: vosotros sabéis quiénes sois, al fin y al cabo sois expertos en leer entre líneas.

Sobre todo, gracias a Alberto, que me quiere, me escucha y, cuando me doy por vencida, me empuja para que siga adelante. Te quiero.

Gracias a ti, que no me has dejado abandonar y has estado siempre ahí, empujándome.

Pido perdón desde aquí por los errores de maquetación pero mis conocimientos llegan hasta donde llegan y he sido incapaz de casar a las viudas y consolar a las huérfanas.

Prometo seguir intentándolo.

Felices sueños...

¡Por cierto! Un pajarito me ha soplado que lo empiezan a leer en el instituto!!!


lunes, 21 de enero de 2013

CÓMEME DE LINDA JAIVIN



Sinopsis:

Julia, fotógrafa obsesionada por los chicos jóvenes y la cultura china; Helen, profesora de ideología feminista a la cual traicionan deseos inconfesables; Chantal, editora de una revista de moda y con tendencia a dejarse seducir por nuevas experiencias; y Philippa, escritora en ciernes que oculta su lesbianismo y su pasión por los juegos sadomasoquistas. Cuatro amigas australianas que se reúnen en sus casas, en cafeterías y restaurantes para contarse sus opiniones sobre los hombres, las conquistas amorosas, los escarceos eróticos y sus fantasías sexuales.

Un libro imprescindible para saber de qué hablan realmente las mujeres... cuando hablan de hombres.

Mis impresiones:

No suelo leer novela erótica. No es un género que me llame especialmente la atención, de hecho, quienes me conocen saben que a las páginas "eróticas" de las novelas románticas que ocasionalmente leo, suelo llamarlas "PG", páginas pegote, porque me parece que la mayoría de las veces no aportan demasiado a la trama y se repiten sospechosamente. Creo que se añaden a las novelas para acercarlas a un determinado sector del público que se siente atraído por este tipo de literatura.

Una de las sagas en las que más me molestó la introducción de este tipo de escenas fue Los hijos de la Tierra, de J.M. Auel, porque considero que deslucen el resultado final de la obra, la alargan innecesariamente (ya es larga en sí misma) y aunque logran que sea leída por más gente, no sé si habrá otro tipo de lector que sin ellas también podría disfrutar del resto de datos que contienen, que aproximan a nuestros ojos un período de la Historia que a mí me parece fascinante: el momento en el que dos especies están pujando por la supervivencia en el planeta. De hecho, hace años mantuve una conversación sobre este tema, con alguien que había desistido en la lectura de estos libros precisamente por esto.

Quizá esa sea la razón por la que no tenía previsto leer Cómeme.

Aunque la tenía en casa.



Sin embargo, un sábado que hacía mucho frío, volví la vista hacia la estantería y me quedé mirando la portada. Me levanté de la silla, agarré el libro, cogí una manta y un café y empecé a leer.

Antes, sin embargo, me advirtieron: no te asustes cuando empieces. ¡Menos mal! Las primeras páginas me tuvieron desconcertada. La escena en un supermercado es de alto voltaje y por más que me empeñaba, mi cerebro me gritaba que era completamente inverosímil lo que me estaba contando. Hasta que entendí el porqué. Philippa, una de las cuatro protagonistas de la novela, es escritora y está mostrándoles a sus tres amigas, Chantal, Helen y Julia, el relato erótico que acaba de terminar. En realidad la novela todavía no había empezado…

A partir de ese momento, el libro se suaviza, empieza a desarrollar una trama que se asemeja a la de cualquier novela que hayas podido leer antes, pero insertando en ella pasajes en los que los encuentros y las fantasías sexuales de las protagonistas son narrados con un tono, un vocabulario y un pulso literario que no me había encontrado hasta ahora en esas "PG". Quiero decir que el lenguaje que utiliza no cae en la vulgaridad. Tampoco es cursi, logra un equilibrio que dota de solvencia a la novela, y que se refuerza con una trama de enredo en la que tiene mucho que ver un joven músico, Jake. Linda Jaivin no se queda en la superficie, araña en la psicología de estas mujeres y hace que reflexionen, por lo que en algunos momentos el contenido erótico de Cómeme pasa a un segundo plano.

La historia tiene momentos de flash back, las protagonistas recuerdan encuentros que han marcado su vida e incluso me han sacado más de una sonrisa porque, entre ellos, se cuelan momentos de dispersión mental y hasta un gato que está por allí molestando. Cuando la autora se entretiene modelando un relato, de los que escribe Philippa, me divierte cómo va corrigiéndose a sí misma (¿cómo van a sonar unos tacones si hay una alfombra?).

El doble juego de Jake y una carta enviada con mucha prisa a un destinatario equivocado, ponen el toque de humor que empuja a querer saber qué pasa al final. Cuando éste llega, la novela da un giro y te vuelve a sorprender porque nada es lo que parecía hasta entonces.
Lo que menos me ha gustado han sido las distintas posiciones del narrador para contar lo mismo, desde el punto de vista de cualquiera de ellas y del amante ocasional, o incluso la intromisión de un personaje que se hace con el mando en un momento y cuenta él mismo el final de la historia… que no resulta ser el final. Ahí el desconcierto como lectora me hizo preguntarme si yo, acostumbrada a leer de todo (me refiero a literatura de hoy y de otro tiempo) me perdía, quizá alguien que no lee tanto puede sentir la necesidad de abandonar el libro antes de concluirlo.

La novela está estructurada en trece capítulos, la mayoría de los cuales tienen títulos relacionados con la comida, pero no todos ellos. No me di cuenta hasta el final, y creo que hubiera sido más efectivo, y más acorde con el título, que lo fueran todos, pero eso es una cuestión personal mía.

Hay algo en la sinopsis con lo que no estoy demasiado de acuerdo. Yo voy todos los días a tomar café con unas amigas y aunque a veces la conversación gira en torno al sexo todavía está por la primera vez que nos contemos una fantasía erótica. No sé si es que no es muy normal hacerlo… o es que tengo que cambiar de amigas… Creo que no, que no las cambio.

Desde luego, Cómeme, no tiene nada que ver con los libros que en estos días invaden las estanterías de las librerías. Supongo que es bastante menos comercial, además de que se trata de una novela de los años 90 (la preocupación por el contagio del SIDA aparece varias veces), pero por lo poco que he leído de los otros (alguna página suelta) prefiero definitivamente esta. Aunque, en realidad, no tengo base para comparar. Cuando lea más novelas eróticas, podré saber si esta es buena de verdad, o no. 

Entretenida sí que es.

Dicen por ahí que recuerda a Sexo en Nueva York, pero más subido de tono. Pues como no he visto ni un solo capítulo de la serie, tampoco puedo opinar…

¿La conocéis?