Llevo unos días en los que no paro un momento. Me he tomado unos días de vacaciones de esas en las que te lo dan todo hecho, para recargar energía, pero como siempre que intento algo así, se me han juntado con un montón de noticias, de proyectos que tenía empezados.
Total, no he descansado del todo.
Es igual, no sé hacerlo.
Lo primero que os tengo que contar es que desde hoy está disponible la revista digital Pluma Amateur del mes de febrero. Esta revista argentina, está editada por Dany Nphenix (podéis seguir el enlace a su blog en el lateral derecho del mío, en la lista de blogs que suelo visitar), contactó conmigo hace unas semanas, después de que Daniela se leyera La arena del reloj, para hacerme una entrevista. Muchas gracias, de verdad, por pensar en mí. Ahí que me he marchado, a la otra punta del planeta.
Este es el enlace de la revista. La entrevista empieza en la página 7.
https://docs.google.com/file/d/0B8crja99GwrhWlZlRWdYOE9PNzA/edit
Pluma Amateur tiene además una página en FB que está recién nacida, en busca de seguidores, así que si os apetece, podéis pasaros. Tienen un compromiso personal con los autores noveles, indies, autoeditados...
https://www.facebook.com/PlumaAmateur
La otra gran noticia (para mí, para el mundo ya sé que es lo del Papa) es que esta semana, más concretamente el viernes 15, saldrá a la venta en Amazon la que es mi cuarta novela, Detrás del cristal. Estos días, a través de FB, voy descubriendo cada vez un poco más de la portada, hasta mostrárosla completa. Aunque hoy es martes (todavía queda un poco de día), este es mi espacio y los visitantes de casa y de confianza, así que... os muestro la que pondré mañana. La imagen que se va dibujando poco a poco.
Estoy nerviosa, lo reconozco, porque dejar que otros ojos lean lo que tú has escrito siempre es una responsabilidad. Puede que no te entiendan, puede que tampoco tú te expliques muy bien, puede que no hayas elegido el mejor punto de vista para contar la historia... Os juro que yo, antes de todo esto, no era de puede, era de cerrar los ojos, poner una sonrisa y tirar hacia adelante. Como me dijeron una vez, hiperactiva e hiper-resuelta, pero en este tiempo, desde que me sumergí en este lío, me he llevado algunos palos y unas cuantas decepciones que han alimentado el miedo y la inseguridad. No me importa confesarlos. De hecho, siempre escribo lo que me preocupa y cuando lo leo al cabo de un tiempo, si me río, es que ya lo he superado. Seguro que esto lo supero, soy también fuerte. De los baches aprendo y si son piscinas, hasta a nadar...
Tonterías mías.
Esta novela, además, lleva un reto. Algo novedoso que sabréis dentro de unos días. Acorde con los tiempos que corren, con los cambios, con las nuevas tecnologías. Una travesura que se me ocurrió de pronto y que abre muchas posibilidades.
Pero eso, de momento, no os lo contaré yo...
Por cierto, el viernes 15, en cuanto salga, Detrás del cristal tendrá un precio de lanzamiento de 0,89€ que mantendré durante 24 horas. Después, será un poco más elevado.
MAYTE ESTEBAN. Escritora. Abrí paso en España al mundo de la autoedición. Hoy publico con HarperCollins.
martes, 12 de febrero de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
ADOLESCENCIA
Hoy he dado un abrazo... raro. Uno de esos que te salen del alma y que encuentras que no tiene correspondencia porque la presión de los brazos del otro no es lo que esperabas.
-¿No te gusta que te abrace?
-Me da lo mismo.
Lo reconozco, el nudo en el corazón ha puesto en marcha el mecanismo de las lágrimas, a las que no les he dado opción: las he acallado con una inspiración fuerte.
La adolescencia no es fácil para nadie. Ni para quien está inmerso en ese tiempo de profundos cambios físicos que alteran los niveles hormonales, ni para los que rodean quien está en pleno crecimiento.
Para una madre, la adolescencia de un hijo es una pesadilla de la que te quieres despertar lo más pronto posible.
Siempre habíamos sido un equipo, desde el día en el que su llegada me transformó por completo, desde ese momento en el que dormir y comer se convirtieron en una utopía porque me tuve que acostumbrar a sus rutinas. Daba lo mismo porque cada abrazo, cada beso, cada sonrisa eran el mejor alimento y el mayor de los descansos. Sentirlo entre mis brazos, acariciar su rostro, escuchar los sonidos que entrenaban su garaganta para que más tarde hablase, me hacían tocar el Cielo, ese que existe de verdad y que está tan cerca cuando quieres a alguien que te quiere de verdad.
Ahora, mi niño, no está.
Lleva meses evitando que nos vean juntos en público, no quiere que nadie sepa que aún, a escondidas, se le escapan besos. Prefiere mantenerme a una distancia prudencial. No quiere que nadie más que yo sepa que me sigue queriendo, elige la privacidad de nuestro mundo compartido para devolverme su cariño, pero siempre y cuando nadie más lo sepa.
Sé que se pasará, que llegará un día en el que sus hormonas se asentarán de nuevo y dejará las tonterías de lado. Volverá a ser el que era, recuperaré sus abrazos, sus besos y su presencia. Estoy completamente segura, pero ahora el camino es una cuesta arriba. Menos mal que sé que todo lo que sube, acaba bajando, y que dentro de un tiempo volverá.
Cuando la complicidad es tanta, puede que haya un tiempo de dudas pero se acaban pasando.
Estoy convencida.
(Para todas esas madres que saben de lo que estoy hablando)
-¿No te gusta que te abrace?
-Me da lo mismo.
Lo reconozco, el nudo en el corazón ha puesto en marcha el mecanismo de las lágrimas, a las que no les he dado opción: las he acallado con una inspiración fuerte.
La adolescencia no es fácil para nadie. Ni para quien está inmerso en ese tiempo de profundos cambios físicos que alteran los niveles hormonales, ni para los que rodean quien está en pleno crecimiento.
Para una madre, la adolescencia de un hijo es una pesadilla de la que te quieres despertar lo más pronto posible.
Siempre habíamos sido un equipo, desde el día en el que su llegada me transformó por completo, desde ese momento en el que dormir y comer se convirtieron en una utopía porque me tuve que acostumbrar a sus rutinas. Daba lo mismo porque cada abrazo, cada beso, cada sonrisa eran el mejor alimento y el mayor de los descansos. Sentirlo entre mis brazos, acariciar su rostro, escuchar los sonidos que entrenaban su garaganta para que más tarde hablase, me hacían tocar el Cielo, ese que existe de verdad y que está tan cerca cuando quieres a alguien que te quiere de verdad.
Ahora, mi niño, no está.
Lleva meses evitando que nos vean juntos en público, no quiere que nadie sepa que aún, a escondidas, se le escapan besos. Prefiere mantenerme a una distancia prudencial. No quiere que nadie más que yo sepa que me sigue queriendo, elige la privacidad de nuestro mundo compartido para devolverme su cariño, pero siempre y cuando nadie más lo sepa.
Sé que se pasará, que llegará un día en el que sus hormonas se asentarán de nuevo y dejará las tonterías de lado. Volverá a ser el que era, recuperaré sus abrazos, sus besos y su presencia. Estoy completamente segura, pero ahora el camino es una cuesta arriba. Menos mal que sé que todo lo que sube, acaba bajando, y que dentro de un tiempo volverá.
Cuando la complicidad es tanta, puede que haya un tiempo de dudas pero se acaban pasando.
Estoy convencida.
(Para todas esas madres que saben de lo que estoy hablando)
martes, 5 de febrero de 2013
EL RELATO DE HOY
No está, no se puede leer todavía.
Lo escribí, claro que sí, pero... esta mañana me he levantado con los cables cruzados y en lugar de abrir el blog he tecleado en Google...
CONCURSO DE RELATO POR EMAIL
¿Casualidad?
¿El destino?
No sé.
El caso es que antes de que se me ocurriera cambiar de opinión, o que se me olvidase, que es muy propio de mi carácter despistado, me he puesto manos a la obra y en media hora tenía un correo confirmándome que participo.
Tiene un premio en metálico considerable, pero en realidad lo que me ha movido ha sido el reto, el probarme de nuevo que no tengo que tener miedo de hacer esas cosas, que antes me salían con una espontaneidad que, no sé por qué, he ido perdiendo. Esto, hace unos años, no habría sembrado en mi ni una mínima duda. Últimamente he tenido muchas con respecto a casi todo y ya va siendo hora de que me las sacuda.
Por cierto, ahora que estáis por aquí. ¡Ya he visto la portada de mi novela!
No sé si todavía no es la definitiva pero
ME GUSTA.
sábado, 2 de febrero de 2013
DETRÁS DEL CRISTAL
Mentiría si dijera que esto está siendo fácil. Perseguir los sueños tiene la dificultad añadida de que son intangibles, que no se pueden agarrar con las manos y prenderlos a tu cuerpo, que se queden contigo para siempre.
En el camino se van dando pasos, algunos hacia adelante, y otros te obligan a retroceder, a pararte, incluso hay momentos tan complicados que puedes sentir la tentación de abandonar.
Merece la pena cuando encuentras manos a las que agarrarte, que tiran de ti cuando la tentación de sentarte a mirar el paisaje es muy fuerte.
Tengo un plazo, unos días más para dar por concluida la cuarta aventura, para dejar ya a mis personajes solos, que sean ellos, a partir de ese momento, quienes caminen. Me queda poco para presentaros a Ana y Andrés.
Y a Raquel.
Y a Pedro.
Y a Pablo...
Lo reconozco, estoy asustada. Reconozco que como Ana, me siento a veces más cómoda Detrás del Cristal.
Etiquetas:
nueva novela
jueves, 31 de enero de 2013
GESTOS, PALABRAS, NOTICIAS...
Ese día
hacía un calor mortal. Como en casa eran difíciles de soportar los más de
treinta grados en el salón, decidí coger a los niños y bajarlos al patio del
edificio donde, no sé por qué, siempre hace muchísimo frío.
Faltaba poco para
que su padre volviera de trabajar y le esperaríamos los tres mientras jugábamos
un rato.
Llegó
puntual, como siempre, aunque algo en su rostro me dijo que traía dentro una
noticia que no me iba a gustar. Siempre he sabido leer cada uno de sus gestos,
aunque quiera ocultarlos.
Al lado
de los buzones me dio un abrazo inesperado, fuerte, como si con ese preludio
quisiera espantar el rastro amargo de lo que tenía que contarme. Después, sin
preámbulos que lo hicieran todavía más doloroso para él, lo soltó:
-Tu
padre me ha llamado esta tarde… Tiene cáncer.
En mi
interior, lo sabía. Las alarmas llevaban tiempo disparadas y mi sexto sentido,
ese que odio con todas mis fuerzas porque nunca se equivoca, me lo había
susurrado días antes.
No sé
por qué reacciono así. Supongo que es un mecanismo de defensa, pero en ese
momento no lloré. Mantuve cierta calma, mientras subíamos a casa. Me
decía que siempre hay una solución, un tratamiento, que la gente lucha y se
cura, que lo he visto otras veces en mi propia familia… Me estaba protegiendo
del dolor con pensamientos positivos, incluso mientras hablaba un poco después con
mi hermana por teléfono y ella me regañaba porque decía que no estaba siendo
razonable, que el diagnóstico era demoledor. Que tenía que despertarme del
sueño de un final feliz.
Lloré,
claro. ¡Cómo no hacerlo! Cuando se desdibujó la coraza, el mundo se me vino
encima y lo regué con una lluvia de lágrimas.
Los
días siguientes mi cerebro se desbocó. Quería hacer algo, aunque no fuera
consciente de qué era lo que podía suponer una solución. De pronto, una idea se
coló en mi mente: tenía que decirle que me contase quién había sido, cómo había
logrado convertirse en el hombre que era. Teníamos que escribir juntos su vida,
ese plan que estaba aplazado para momentos con más tiempo, para cuando mis
niños no me necesitasen tanto. Tenía que apresar cada instante que nos quedase
juntos y hacerlo especial.
Me
compré un portátil y juntos empezamos a escribir La arena del reloj.
Hoy,
años después, sé que no pude tener mejor idea. No lo mantuve conmigo, no se
puede luchar contra el destino, pero se quedaron en mí sus recuerdos, su
historia, y sus palabras, y cada vez que veo este libro me siento orgullosa de
ser su hija.
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La arena del reloj,
vivencias
miércoles, 30 de enero de 2013
CRÍTICAS DESTRUCTIVAS
Esta mañana,
al abrir el correo, tenía un email de una compañera escritora. Me remitía a un
enlace, una reseña sobre su novela y me pedía que la leyese. Obediente, lo
hice.
Lo que
me encontré… me dejó perpleja por varias razones. La primera es que la crítica
pretendiendo ser constructiva era, directamente, demoledora. Lo segundo es que
se trata de una novela que yo ya he leído, y nada de lo que decía ese
comentario me parecía demasiado acorde con lo que yo recordaba haber sentido en
mi lectura.
Parecía, directamente, que habíamos leído dos textos diferentes.
Sé que cada uno puede tener su opinión, y los blogs están para opinar y su trabajo es encomiable y muy respetable, pero siempre he detectado cierta unanimidad en el criterio a la hora de abordar las novelas, salvo en este caso, donde lo que se decía del libro no estaba acorde ni con lo que yo había leído ni con lo que el resto de reseñadores (bastantes ya) había detectado hasta el momento. Sé que los blogs ayudan a los lectores tanto como a los escritores, su mérito es muy grande y no se lo voy a quitar nunca, pero hay veces extrañas que esto pasa.
Sé que cada uno puede tener su opinión, y los blogs están para opinar y su trabajo es encomiable y muy respetable, pero siempre he detectado cierta unanimidad en el criterio a la hora de abordar las novelas, salvo en este caso, donde lo que se decía del libro no estaba acorde ni con lo que yo había leído ni con lo que el resto de reseñadores (bastantes ya) había detectado hasta el momento. Sé que los blogs ayudan a los lectores tanto como a los escritores, su mérito es muy grande y no se lo voy a quitar nunca, pero hay veces extrañas que esto pasa.
He
estado pensando en que estos tiempos de internet nos mantienen en contacto con
los lectores, lo que es bueno, pero estamos expuestos a las críticas mucho más
que nunca. ¿Cómo nos las tomamos? Cada uno, supongo que reacciona teniendo en
cuenta su propia sensibilidad y creo que todos procuramos aprender de lo que
nos van diciendo. Al menos yo lo hago. Sin embargo, cuando te encuentras con
que los argumentos que se esgrimen no son de peso sino valoraciones personales,
demasiado subjetivas, cuando lo aprovechable de ese comentario es cero, te
destruyen.
"No
merece la pena leerte".
Eso me lo
han dicho a mí. Cierto, una sola vez y una sola persona, pero suficiente para
que te sientas fatal y te entren ganas de mandarlo todo al carajo, de cerrar el
blog, tus perfiles en las redes, descolgar tus novelas de Amazon e irte a tu
casa, tranquilamente, a ordenar armarios.
Cuando
me sucedió a mí me puse a valorar las razones que habían empujado a esta
crítica y las encontré lejos de lo que es el plano puramente literario, así que
respiré hondo, no contesté a provocaciones y me dediqué a seguir haciendo lo
que más me gusta: escribir. Si a alguien
no le merece la pena leerme, que no me lea.
Así de
sencillo.
A mi
amiga escritora, ya se lo he dicho, le recomiendo tranquilidad. Escúchate a ti
misma, piensa en la razón por la que escribes y valora que, frente a esa única
persona, hay muchas más que han disfrutado con tu libro.
Piensa
que, quizá, esa persona para ser feliz necesita robar la felicidad de otros. Piensa
que a veces, ciertos comentarios, definen más a quienes los hacen que a quienes
los reciben.
sábado, 26 de enero de 2013
DICEN POR AHÍ...
Dicen
por ahí que en esta vida hay tres cosas que uno debe hacer:
- plantar un árbol
- escribir un libro
- tener un hijo
Dicen
también que eso no es difícil. Lo difícil es:
- que el árbol crezca…
- que el libro sea leído por
alguien…
- que el hijo se convierta en
persona.
El
árbol… lo planté hace tiempo.
El
libro... lo leyeron ya.
Mis
hijos crecen y, de momento, se parecen bastante a lo que asumo que es una
persona.
Ayer vi
Hermano Mayor y creo que es en esto en lo que tengo que poner más interés.
Aunque sólo sea por seguir conservando las puertas de mi casa sin agujeros o
que ninguno de ellos, dentro de unos años, decida que de mayor lo que quiere
ser es narcotraficante.
Feliz
fin de semana.
miércoles, 23 de enero de 2013
UN AÑO DE MAGIA: EL MEDALLÓN...
Esta entrada nocturna tiene un poco de nostálgica. Hace un año que redacté estas líneas. Hace un año estaba todo decidido para que El medallón de la magia empezara a dar sus primeros pasitos en papel. Para llegar a Amazon todavía le quedaba un poquitín.
Salío con una portada curiosa, una en la que vemos la marca de bruja de Amanda. Poco después, cambié de idea y utilicé la portada original, la primera que hice para esta novela, en la que el medallón toma protagonismo. Entre todos los colores que usé, al final me quedé con el morado, que no sé por qué, en pantalla se ve azul...
Os he contado de qué va, entresijos de su creación, escenarios en los que sucede...
Me falta enseñaros las dos últimas páginas, los agradecimientos...
Esta novela
nació, sobre todo, por Alejandro, mi hijo mayor. Él, con su imaginación y sus
ganas de leer una historia de espadas y magia hizo que arrancase en mi cabeza
este cuento de una bruja y un soldado. Me ayudó a ponerle nombre a los
personajes; se llaman, salvo los que debían tener un nombre concreto, como sus
amigos. Algunos reúnen en su nombre a dos o más personas que los dos queremos.
También me ayudó a buscar los escenarios en los que debían transcurrir las
aventuras de Amanda y Alonso y me fue sugiriendo la trama. Por supuesto, en esta
historia no podía faltar Turégano, donde él tiene sus raíces y su corazón.
Quiero
darle las gracias también a Ana Esteban, que leyó la primera el manuscrito y
dibujó el medallón. Eres una luchadora, la mejor derrotando a cocodrilos, tú
sí que mereces una historia. Gracias por tu insistencia para que no dejase esta
aventura escrita, como tantas otras, abandonada en un cajón, con la excusa de
que a mí no se me dan bien los finales.
Gracias
a Estela y a Rubén por hacer que mi trabajo sea uno de los motores de mi vida.
Vuestro esfuerzo y lo que conseguís con él es la mejor recompensa. Habéis
aprendido que estudiar es sólo para vosotros, para haceros crecer como personas,
pero repercute en mí porque me hace sentir que vale la pena el esfuerzo diario.
Me dais mucha envidia, yo también quiero tener la edad de Amanda…
A
Aitana, que va entendiendo que también escribo para ella.
Gracias
a Pilar, bibliotecaria de Cabanillas del Campo, por molestarse en buscar muchos
de los errores que contenía el manuscrito y por sugerir correcciones. Su
entusiasmo se contagia. Gracias a Verónica, a la que literalmente atraqué para
que se lo leyera y que curó mi mano izquierda para que pueda seguir
escribiendo.
Un
millón de gracias Eva Ortiz, bibliotecaria de Azuqueca de Henares, que lleva
años creyendo en mí, teniendo menos dudas que yo misma. Gracias por la
presentación de La arena del reloj,
fue muy emocionante y por empeñarte en que detrás de mi nombre ponga escritora. Dicho por ti suena grande.
Te inventaste muchas cosas que hicieron que mi adolescencia fuera muy intensa.
Muchas
gracias a todos mis amigos blogueros, que han compartido con entusiasmo mi
mundo en esos universos tan suyos y tan mágicos que son los blogs. Llenáis de
calor el frío mundo virtual. Gracias por no dejar que me acomode, por exigirme
un poco más.
Una
mención especial a Barby, que se quedó en el camino, llevándose con ella toda
la magia. Siento haber tardado tanto en compartir esta historia contigo.
Este
año, a través de El espejo de la entrada,
he conocido a muchos escritores que están empezando y que, estoy segura, van a
ser muy grandes. Lo mejor es que algunos de ellos puedo acoplarlos también en
mi lista de amigos. Sois bastantes, así que, como no quiero dejarme a nadie,
igual que en el caso de los blogs, no pondré nombres: vosotros sabéis quiénes
sois, al fin y al cabo sois expertos en leer entre líneas.
Sobre
todo, gracias a Alberto, que me quiere, me escucha y, cuando me doy por
vencida, me empuja para que siga adelante. Te quiero.
Gracias
a ti, que no me has dejado abandonar y has estado siempre ahí, empujándome.
Pido
perdón desde aquí por los errores de maquetación pero mis conocimientos llegan
hasta donde llegan y he sido incapaz de casar a las viudas y consolar a las
huérfanas.
Prometo
seguir intentándolo.
Felices sueños...
¡Por cierto! Un pajarito me ha soplado que lo empiezan a leer en el instituto!!!
¡Por cierto! Un pajarito me ha soplado que lo empiezan a leer en el instituto!!!
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amazon,
el medallón de la magia
lunes, 21 de enero de 2013
CÓMEME DE LINDA JAIVIN
Sinopsis:
Julia, fotógrafa
obsesionada por los chicos jóvenes y la cultura china; Helen, profesora de
ideología feminista a la cual traicionan deseos inconfesables; Chantal, editora
de una revista de moda y con tendencia a dejarse seducir por nuevas
experiencias; y Philippa, escritora en ciernes que oculta su lesbianismo y su
pasión por los juegos sadomasoquistas. Cuatro amigas australianas que se reúnen
en sus casas, en cafeterías y restaurantes para contarse sus opiniones sobre
los hombres, las conquistas amorosas, los escarceos eróticos y sus fantasías
sexuales.
Un libro imprescindible para saber de qué hablan realmente las mujeres... cuando hablan de hombres.
Un libro imprescindible para saber de qué hablan realmente las mujeres... cuando hablan de hombres.
Mis impresiones:
No
suelo leer novela erótica. No es un género que me llame especialmente la
atención, de hecho, quienes me conocen saben que a las páginas
"eróticas" de las novelas románticas que ocasionalmente leo, suelo
llamarlas "PG", páginas pegote,
porque me parece que la mayoría de las veces no aportan demasiado a la trama y
se repiten sospechosamente. Creo que se añaden a las novelas para acercarlas a
un determinado sector del público que se siente atraído por este tipo de
literatura.
Una de
las sagas en las que más me molestó la introducción de este tipo de escenas fue
Los hijos de la Tierra, de J.M.
Auel, porque considero que deslucen el resultado final de la obra, la alargan
innecesariamente (ya es larga en sí misma) y aunque logran que sea leída por
más gente, no sé si habrá otro tipo de lector que sin ellas también podría
disfrutar del resto de datos que contienen, que aproximan a nuestros ojos un
período de la Historia que a mí me parece fascinante: el momento en el que dos
especies están pujando por la supervivencia en el planeta. De hecho, hace años
mantuve una conversación sobre este tema, con alguien que había desistido en la
lectura de estos libros precisamente por esto.
Quizá
esa sea la razón por la que no tenía previsto leer Cómeme.
Aunque
la tenía en casa.
Sin
embargo, un sábado que hacía mucho frío, volví la vista hacia la estantería y
me quedé mirando la portada. Me levanté de la silla, agarré el libro, cogí una
manta y un café y empecé a leer.
Antes,
sin embargo, me advirtieron: no te
asustes cuando empieces. ¡Menos mal! Las primeras páginas me tuvieron
desconcertada. La escena en un supermercado es de alto voltaje y por más que me empeñaba, mi cerebro me gritaba que
era completamente inverosímil lo que
me estaba contando. Hasta que entendí el porqué. Philippa, una de las cuatro
protagonistas de la novela, es escritora
y está mostrándoles a sus tres amigas, Chantal, Helen y Julia, el relato erótico que acaba de terminar. En realidad la novela todavía no
había empezado…
A
partir de ese momento, el libro se
suaviza, empieza a desarrollar una trama que se asemeja a la de cualquier
novela que hayas podido leer antes, pero insertando en ella pasajes en los que
los encuentros y las fantasías sexuales de las protagonistas son narrados con
un tono, un vocabulario y un pulso literario que no me había
encontrado hasta ahora en esas "PG". Quiero decir que el lenguaje que utiliza no cae en la
vulgaridad. Tampoco es cursi,
logra un equilibrio que dota de
solvencia a la novela, y que se refuerza con una trama de enredo en la que
tiene mucho que ver un joven músico, Jake. Linda Jaivin no se queda en la
superficie, araña en la psicología de estas mujeres y hace que reflexionen, por lo que en algunos
momentos el contenido erótico de Cómeme
pasa a un segundo plano.
La
historia tiene momentos de flash back,
las protagonistas recuerdan encuentros que han marcado su vida e incluso me han
sacado más de una sonrisa porque,
entre ellos, se cuelan momentos de dispersión
mental y hasta un gato que está por allí molestando. Cuando la autora se
entretiene modelando un relato, de los que escribe Philippa, me divierte cómo
va corrigiéndose a sí misma (¿cómo van a
sonar unos tacones si hay una alfombra?).
El doble juego de Jake y una carta enviada con
mucha prisa a un destinatario equivocado, ponen el toque de humor que empuja a
querer saber qué pasa al final. Cuando éste llega, la novela da un giro y te
vuelve a sorprender porque nada es lo que parecía hasta entonces.
Lo que
menos me ha gustado han sido las distintas posiciones del narrador para contar
lo mismo, desde el punto de vista de cualquiera de ellas y del amante
ocasional, o incluso la intromisión de un personaje que se hace con el mando en
un momento y cuenta él mismo el final de la historia… que no resulta ser el
final. Ahí el desconcierto como lectora me hizo preguntarme si yo, acostumbrada
a leer de todo (me refiero a literatura de hoy y de otro tiempo) me perdía,
quizá alguien que no lee tanto puede sentir la necesidad de abandonar el libro
antes de concluirlo.
La
novela está estructurada en trece
capítulos, la mayoría de los cuales tienen títulos relacionados con la comida, pero no todos ellos. No me di
cuenta hasta el final, y creo que hubiera sido más efectivo, y más acorde con
el título, que lo fueran todos, pero eso es una cuestión personal mía.
Hay
algo en la sinopsis con lo que no estoy demasiado de acuerdo. Yo voy todos los
días a tomar café con unas amigas y aunque a veces la conversación gira en
torno al sexo todavía está por la primera vez que nos contemos una fantasía
erótica. No sé si es que no es muy normal hacerlo… o es que tengo que cambiar
de amigas… Creo que no, que no las cambio.
Desde
luego, Cómeme, no tiene nada que ver con
los libros que en estos días invaden las estanterías de las librerías.
Supongo que es bastante menos comercial, además de que se trata de una novela
de los años 90 (la preocupación por el contagio del SIDA aparece varias veces),
pero por lo poco que he leído de los otros (alguna página suelta) prefiero
definitivamente esta. Aunque, en realidad, no tengo base para comparar. Cuando
lea más novelas eróticas, podré saber si esta es buena de verdad, o no.
Entretenida sí que es.
Dicen
por ahí que recuerda a Sexo en Nueva York, pero más subido de tono. Pues como
no he visto ni un solo capítulo de la serie, tampoco puedo opinar…
¿La
conocéis?
jueves, 17 de enero de 2013
EL BLOG, MI VENTANA AL MUNDO
Cuando
abrí este espacio no sé por qué lo hice. Supongo, como ya he dicho más veces,
que me aburría y se me ocurrió que era un buen lugar donde volcar pensamientos,
experiencias y lecturas, sin más objetivo que dejarlas juntas en alguna parte.
Sin ánimo de que nadie más las leyera, excepto mi prima Mari Carmen, que
siempre andaba preguntándome cuál podría ser su siguiente lectura.
Sin
embargo, poco a poco este mundo se fue expandiendo, abriéndose por sí mismo y
dando cabida en él a personas que como yo se movían en este mundo virtual. Hoy
voy a recordar a algunas de ellas, por lo que han impactado en mí, por lo que
han cambiado mi mundo más cercano.
Fue un
muy grato descubrir, con el paso del tiempo, que había personas que conocía a
las que no había asociado con su actividad real. Fue el caso de Blanca Miosi, de
la que sabía porque de vez en cuando comentaba pero que de la que no fui
consciente de que era escritora hasta mucho después. Creía que era una amiga de
Armando Rodera, un escritor al que conocí al tropezar con su blog por
casualidad y que ha pasado a engrosar mi lista de amigos. Ambos han supuesto un
enorme soporte en mi ánimo al enfrentarme a la decisión de publicar en amazon tres de mis libros,
porque su experiencia, que he ido viviendo día a día, ha sido inspiradora.
Desde que los encontré y los ubiqué correctamente, he seguido de cerca sus
pasos, aprendiendo con ellos y escribiendo con su ayuda renglones de mi propia
biografía.
Otras
personas aparecieron aquí tras haber reseñado sus novelas, como Eloy Moreno,
Pedro de Paz o Care Santos, por poner tres ejemplos, algo jamás soñado. ¿Cuándo, antes de existir este
camino, podría haber pensado poder compartir en primera persona impresiones con
los autores de los libros que leo? Hasta entonces, creo que nunca. Eso inspiró
una entrada en el blog, La relación autor-lector, que es la que más visitas
acumula hasta ahora, justo detrás de otra que se llama Carnaval, y que contiene
una foto de la clase de infantil de mi hija disfrazados de payasos. Algo que
supongo tiene que ver con los peculiares criterios de los buscadores de
internet a la hora de localizar lo que los usuarios demandan y no con el
objetivo general de este espacio.
Hubo
quien, viendo mi afición lectora, se puso en contacto conmigo para pedirme que
reseñase sus libros que acababan de ver la luz de una manera novedosa,
autoeditados, y que supusieron verdaderos descubrimientos, no sólo como autores
sino como amigos: Emilio Casado, Enrique Osuna o Ángels Om. Desde entonces el
contacto con ellos, a través de comentarios se multiplicó también en correos
que nos mantienen aún hoy cerca a pesar de la distancia que nos separa en el
mundo real. Creo que es de las experiencias más enriquecedoras que se pueden
conseguir a través de algo tan etéreo como es esto de internet. Entre esas
circunstancias excepcionales también conocí a Óscar Arteaga, tras ganar un
concurso se quedó conmigo y hemos compartido, junto a Emilio, el honor de ser
apadrinados por distintos clubs de lectura. Esto es lo que yo llamo enredar el alma,
a través de unos hilos invisibles…
También
El espejo… ha supuesto conocer a blogueros con las que comparto inquietudes y
sueños, libros y charlas, como Marga de Libros, exposiciones y excursiones (con
la que además compartí unas vacaciones) o Tatty, de El universo de los libros, que aunque vive lejos de mí,
sabemos cómo encontrar momentos para vernos y pasear entre libros, que son los
objetos que más nos gustan a ambas. No son las únicas. A pesar de los miles de
kilómetros, sé que tengo a Kyra, de Hojeando Mundos y más lejos, tan lejos que
no sé dónde ubicarla, está Barby, a quien extraño todavía a pesar del tiempo
que hace que se fue (creo que lo haré siempre) que se ganó que le dedicase El medallón de la magia con el permiso de los que tenía más cerca. Ella es
inmortal, en mi libro y en mi corazón. Y Margari, y Koncha, y Luis Miguel, y
Dácil y también Inés, Mónica y Pilar, Jesús y… uf, esto sí que es complicado, son
tantas personas que seguro que me dejaré a muchos. ¡Mil perdones!
Este
blog es mi ventana al mundo, una ventana, o un espejo al que me asomo cada día.
Espero
que os quedéis conmigo para siempre.
viernes, 11 de enero de 2013
EL DIARIO
14 de
marzo de 1954…
La
primera vez que abro el diario y tengo mis dudas. No sé hasta qué punto está
bien esto, invadir la intimidad de una persona, recorrer sus vivencias sin su
permiso expreso, pero era Martín y ya hace tanto que se marchó que es posible
que me perdone la intromisión. Quiero saber de él, traerlo conmigo un rato,
sentarme a su lado y dejar que me cuente este fragmento de vida que nunca nos
dio tiempo a compartir: nací tarde para que pudiéramos coincidir demasiado y él
tuvo prisa por marcharse. Apenas fueron diez años de convivencia que hoy, estoy
segura, me saben a poco.
Empiezo
a leer, tratando de acostumbrar mis ojos a esa letra suya, inclinada hacia
adelante pero firme y segura, como el hombre recio al que conocí. Va
desgranando, ciudad tras ciudad, la gira con el ballet de Marianela de Montijo,
donde él actuó como txistulari. Le descubro como nunca le vi, joven y vital, y
me asombra la capacidad de observación que tiene. A medida que paso páginas
empiezo a ser consciente de algo: no tiene a quien escribirle las cartas que
probablemente sus compañeros músicos envían cada día a sus mujeres y por eso se
escribe a sí mismo. Como cronista improvisado para un rotativo inexistente,
Martín anota días, horas, siestas, descansos y ensayos. Recoge los aplausos y
los guarda en papel, para llevárselos a casa, cuando regrese a Madrid, a su
habitación de la calle Oviedo, o cuando logre reunir lo suficiente para volver
a su Bilbao natal, donde le espera su único hijo.
El 19
de julio del 54, rendido, da por terminada la gira y no vuelve a escribir nada
hasta el 24 de abril de 1956…
Yo
salto esos dos años en un suspiro y me encuentro con él, ahora como músico en
la compañía de Marienma. Me veo a su lado tomando el expreso de las nueve y
media de la noche en Madrid, rumbo a la gira por oriente próximo. Hacemos una
parada en Barcelona, más tarde en Figueras y, mientras horas después esperamos
para hacer transbordo en Narbonne, ya en
Francia, me tomo un café a su lado. Al final llegamos a Marsella, la madrugada
del día 26, derrotado él por no haber dormido, fascinada yo porque he podido
imaginar el viaje simplemente dejándome llevar por el rastro que dejaron sus
manos en esta pequeña libreta negra. El descanso dura poco porque a las cuatro
de la tarde ya estamos embarcados en el Jerusalén,
un buque que tiene como destino Israel.
Los
días en el barco pasan lentos. Los rellena con paseos por cubierta y
conversaciones con algún tripulante que se defiende con el español. Pregunta
todo, no quiere dejar que se le escape ni un solo detalle, anota el nombre de
cada pedacito de tierra que se atreve a asomase ante sus ojos en el horizonte
de este mar Mediterráneo. Egaña, el pianista del ballet, nos empieza a
acompañar cada vez con más frecuencia. De simples conocidos van pasando a
amigos y cuando Martín comienza a interesarse por una joven que también viaja
en el barco, se aparta de él, consciente de que si existe una posibilidad de
que crucen algo más que miradas, esa pasa porque él no esté cerca. Yo me quedo,
al fin y al cabo no me ve nadie, y así espío a esta lectora incansable de
novelas que ha llamado la atención de Martín. Al final no pasa nada. Ella está
casada y él es demasiado tímido como para abordarla ni siquiera para entablar
una conversación…
La gira,
cuando finalmente desembarcamos, se llena de sinsabores. Pocos días después de
comenzar, el ambiente se enrarece entre rumores que finalmente se acaban
confirmando: no van a cobrar. Al menos costará mucho que lo logren y, mientras
eso sucede, tendrán que poner de su bolsillo el dinero de la comida y del
alojamiento. No es fácil, nada fácil, saber que volverás a casa con las manos
aún más vacías que antes de marcharte y que, además, en esa aventura habrás
perdido parte de tus exiguos ahorros. La compañía, a pesar de todo, sigue
actuando y viajando, y él no se cansa de recoger cada anécdota: las mima y las
conserva para contárselas un día a su hijo, para que sepa lo duro que fue cada noche
salir al escenario consciente de que la deuda que tienen con él aumenta en la
misma medida que disminuyen las posibilidades de cobrarla. Pero Martín, por
encima de todo, es un artista y no sabe, o no quiere, renunciar a los focos
aunque la luz que dan ahora sea claramente insuficiente.
En
medio de la turné me hace una confesión inesperada. En realidad se la hace a sí
mismo pero mis ojos son testigos: "hoy,
día 16, hace 22 años que me casé con una mujer que no supo hacerme feliz. No
vivo con ella y no me pesa pero hoy, en Estambul, pienso en el hijo que me
espera, lo único bueno que conservo de ese tiempo." Conozco esa historia, es muy triste. En un
tiempo sin divorcio, Martín encontró como única solución a sus problemas poner
tierra de por medio. La vida a veces te compensa y supo esperar. Y en esa
espera apareció María, un diamante escondido entre las telas que invadían cada
rincón de su casa de Cuatro Caminos.
Pero aún es pronto para esa historia con
la modista, faltan casi diez años para que eche a andar…
Los
ojos se me cierran, me he bebido todas las páginas de un trago y casi no soy
capaz de entender la letra diminuta en la que, al final, anota lo que le deben:
casi treinta mil pesetas, una fortuna para su tiempo.
Cierro
la libreta y la guardo en mi mesilla, con un rastro de agua en mis ojos. Sé que
cuando quiera, cuando lo necesite, volveré a vivir, de su mano, esta historia
suya que también es un poco mía. Porque Martín fue mi familia.
Porque yo me
llamo Mayte porque él insistió.
Mayte Esteban
Enero,
2013.
miércoles, 9 de enero de 2013
MI ESTANTERÍA
Hay una estantería en casa a la que tengo especial cariño. Es esa en la que reposan los libros de autoedición que he ido recopilando a lo largo de este tiempo. Libros físicos, porque los que tengo en formato digital, que son muchos más, están en el kindle y ahí no se pueden mirar de un solo vistazo.
Entre ellos están las pruebas de alguno de los míos, y he dejado también en ella los de B de Books que tengo y faltan algunos que están prestados, en casa de amigos que están empezando a descubrir a los autores que empiezan a dar sus primeros pasos en este complicado mundo de la literatura.
Tienen algo en común: están dedicados por sus autores. Supongo que esas palabras manucritas convierten a estos libros en pequeños tesoros para alguien como yo, para quien los libros siempre han sido amigos, compañeros imprescindibles en este viaje de la vida.
Este año, seguramente, acabaré necesitando ocupar otro estante porque pienso incrementar mi colección. Haré otra foto el próximo enero.
Tienen algo en común: están dedicados por sus autores. Supongo que esas palabras manucritas convierten a estos libros en pequeños tesoros para alguien como yo, para quien los libros siempre han sido amigos, compañeros imprescindibles en este viaje de la vida.
Este año, seguramente, acabaré necesitando ocupar otro estante porque pienso incrementar mi colección. Haré otra foto el próximo enero.
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autoedición
sábado, 5 de enero de 2013
DESCOMENTADOS
Esta noche vienen los Reyes Magos, pero a mí ayer me hicieron un regalo que agradezco: he sido "descomentada". Hace unas semanas me quejé a Amazon porque un individuo se dedicaba a dejar comentarios de cinco estrellas en cuanto libro pillaba en el top 100. El sujeto en cuestión no decía nada en concreto, sino que, sin ninguna sutileza, colaba el enlace de su propia novela en el comentario. Yo fui una de sus víctimas, a quien dejó cinco estrellas a cambio de que le sujetase, durante un tiempo que gracias a dios ha sido breve, su enlace.
A lo tonto, a lo tonto, el otro día lo vi en el top 100. Algo vetado para novelas con calidad, pero que éste ha conseguido con una estrategia de maketing éticamente reprobable.
Sin embargo, ciento y pico comentarios iguales cantaban mucho y ayer vi que en Su chico de alquiler tenía este mensaje: Sé el primero en escribir una opinión sobre este producto.
¡Me encantó!
Prefiero, sinceramente, que no tenga ni un solo comentario, que si no se los merece, nadie diga absolutamente nada del libro antes que ser utilizada. Soy generosa normalmente pero no otra palabra que empieza por g y que no pondré hoy por ser el día que es, no sea que los Reyes me escuchen, o me lean, y ya sí que no me traigan lo que he pedido. Aunque con el trabajo que tienen hoy no sé si estarán para ponerse a leer blogs...
Y pasando a otra cosa, que me disperso... Quiero hablaros de ciclos. Detecto que los de mis novelas empiezan a agotarse. Supongo que cuando has vendido muchos ejemplares en los meses anteriores (no es que hayan sido una barbaridad, o cifras para celebrar una fiesta, pero han estado muchísimo mejor de lo que me hubiera atrevido a soñar), los libros empiezan un suave descenso hasta que se mueren. En este caso no es una muerte real, sino un hundimiento en los abismos de la lista que los sitúa en posiciones invisibles.
Es una sensación... rara. A veces me siento mal, porque me he esforzado en empujarlas, teniendo que morderme la lengua ante comentarios venenosos de quienes insisten en que la publicidad que hacemos los autores es cansina y contraproducente (pues siento decir que no, que cuando lo dejas es cuando decaen, que lo he probado) y a pesar del esfuerzo, a pesar de que he rozado con los dedos mi objetivo, no lo he llegado a conseguir del todo. Otras, me doy cuenta de que he logrado muchísimo. Con la ayuda de la gente de los blogs, sobre todo, que se implicaron en esos dos meses de verano en los que reseñaron los libros, siempre tendré que agradecérselo y no olvidarlo, porque no fue mérito mío solamente. Aunque en muchas ocasiones te llegues a sentir muy sola.
También me siento muy bien con los comentarios que tienen las novelas. Ni uno solo de los que hay los he pedido, no se me ha ocurrido jamás decirle a nadie que se vaya a Amazon y me ponga una opinión. No, porque si lo que quiero es saber qué opinan, si lo pido no sería real, ¿no creéis?
Ahora, con la novela que tengo terminada en fase de últimos retoques, toca tomar aire, pensar si estoy preparada para volver a meterme en este lío. El año pasado pagué mi precio en todo esto: veinte kilos. ¡Casi nada! He sido capaz de recuperar cuatro, pero sigo en una talla que cuando plancho la ropa mi cerebro se niega a creer que es la mía.
Esta vez tengo experiencia.
Espero que sirva de algo.
A lo tonto, a lo tonto, el otro día lo vi en el top 100. Algo vetado para novelas con calidad, pero que éste ha conseguido con una estrategia de maketing éticamente reprobable.
Sin embargo, ciento y pico comentarios iguales cantaban mucho y ayer vi que en Su chico de alquiler tenía este mensaje: Sé el primero en escribir una opinión sobre este producto.
¡Me encantó!
Prefiero, sinceramente, que no tenga ni un solo comentario, que si no se los merece, nadie diga absolutamente nada del libro antes que ser utilizada. Soy generosa normalmente pero no otra palabra que empieza por g y que no pondré hoy por ser el día que es, no sea que los Reyes me escuchen, o me lean, y ya sí que no me traigan lo que he pedido. Aunque con el trabajo que tienen hoy no sé si estarán para ponerse a leer blogs...
Y pasando a otra cosa, que me disperso... Quiero hablaros de ciclos. Detecto que los de mis novelas empiezan a agotarse. Supongo que cuando has vendido muchos ejemplares en los meses anteriores (no es que hayan sido una barbaridad, o cifras para celebrar una fiesta, pero han estado muchísimo mejor de lo que me hubiera atrevido a soñar), los libros empiezan un suave descenso hasta que se mueren. En este caso no es una muerte real, sino un hundimiento en los abismos de la lista que los sitúa en posiciones invisibles.
Es una sensación... rara. A veces me siento mal, porque me he esforzado en empujarlas, teniendo que morderme la lengua ante comentarios venenosos de quienes insisten en que la publicidad que hacemos los autores es cansina y contraproducente (pues siento decir que no, que cuando lo dejas es cuando decaen, que lo he probado) y a pesar del esfuerzo, a pesar de que he rozado con los dedos mi objetivo, no lo he llegado a conseguir del todo. Otras, me doy cuenta de que he logrado muchísimo. Con la ayuda de la gente de los blogs, sobre todo, que se implicaron en esos dos meses de verano en los que reseñaron los libros, siempre tendré que agradecérselo y no olvidarlo, porque no fue mérito mío solamente. Aunque en muchas ocasiones te llegues a sentir muy sola.
También me siento muy bien con los comentarios que tienen las novelas. Ni uno solo de los que hay los he pedido, no se me ha ocurrido jamás decirle a nadie que se vaya a Amazon y me ponga una opinión. No, porque si lo que quiero es saber qué opinan, si lo pido no sería real, ¿no creéis?
Ahora, con la novela que tengo terminada en fase de últimos retoques, toca tomar aire, pensar si estoy preparada para volver a meterme en este lío. El año pasado pagué mi precio en todo esto: veinte kilos. ¡Casi nada! He sido capaz de recuperar cuatro, pero sigo en una talla que cuando plancho la ropa mi cerebro se niega a creer que es la mía.
Esta vez tengo experiencia.
Espero que sirva de algo.
martes, 1 de enero de 2013
LA ESTRATEGIA DEL AGUA DE LORENZO SILVA
Sinopsis:
Tas una decepcionante
experiencia con el sistema judicial que ha puesto en libertad a un asesino
encerrado por Vila, éste se halla desencantado y más escéptico de lo que
acostumbra. Así se enfrenta al caso que le ocupa: un hombre, Óscar Santacruz,
ha aparecido con dos tiros en la nuca en el ascensor de su casa, sin que ningún
vecino haya oído ni visto nada. Parece el «trabajo» de un profesional, lo que
parece un tanto desmesurado dada la aparente poco trascendencia de la víctima.
Vila y Chamorro comienzan una investigación, muy a regañadientes por parte de
Vila, actitud que empezará pagando «el nuevo», Arnau, un joven guardia que poco
a poco se irá ganado la confianza de Vila.
Parece que los problemas en la vida de Óscar Santacruz se limitan a un divorcio mal llevado con un hijo de por medio. Pero, ¿puede ser ésta la razón de su asesinato? ¿Qué esconde la denuncia que pesaba sobre la víctima por malos tratos? ¿Y su detención por tráfico de drogas? ¿En qué oscuros asuntos estaba envuelto este hombre en apariencia tan poco peligroso?
Una novela sobre los
claroscuros de las relaciones, sobre los pasadizos del sistema judicial, sobre
las modernas técnicas de investigación incorporadas por la Guardia Civil, sobre
las injusticias que provocan las leyes, sobre el mal, que a menudo está
demasiado cerca, incluso entre lo que un día amamos.
Mis impresiones:
Este
libro no es mío. Pertenece a mi hijo, para quien está dedicado. Se lo compré en
Getafe, a finales de octubre, el día que pasamos en familia, asistiendo a
varias de las charlas que ese día se multiplicaban con motivo del Getafe Negro
del pasado 2012. Lorenzo Silva estaba allí y solo tuve que mirar a Alex para saber
que quería otro libro de él: quería tenerlo dedicado, hacerlo todavía más suyo.
La marca del meridiano todavía no había
salido a la venta, y en la caseta de la plaza tenían este ejemplar y Niños Feroces, un libro que él ya leyó
hace tiempo y del que me habla siempre que tiene ocasión. La prosa de Silva, a pesar
de su corta edad, le llegó y quería seguir disfrutando de ella. No soy quien
para negárselo, aunque reconozco que no
había leído de Lorenzo Silva nada más allá de artículos o entradas de su blog.
Le compré La estrategia del agua.
Cuando
lo tuvo entre sus manos, Alex leyó
la primera página y me dijo: "Mamá, ya sólo con esta página sé que me va a
gustar". Sin embargo, no lo ha
leído aún. Trece años parecen pocos para tener obligaciones lectoras, pero
él las tiene: compromisos escolares
que sortea a base de suspiros (me parece que su profesora no está muy al
corriente de lo que le interesa) y algunos que se impone él solo y que respeta
con más meticulosidad de la que yo empleo en seguir mi lista de pendientes.
A mí no
se me han acabado las lecturas propias, pero hace unos días, al terminar el
libro que tenía entre manos, decidí que tocaba leer algo en papel. No es que no
me guste el kindle, al contrario, pero prefiero dejar esos libros para cuando
viajo, porque pesa menos en el bolso. Como no tenía previsto salir de casa,
busqué entre los ejemplares sin leer que tenía a mano y ganó este.
Empecé.
Como
Alex, nada más terminar la primera página, ya supe que me iba a gustar.
No era
muy aficionada a la novela negra, de
hecho hasta hace más bien poco la esquivaba, pero estoy descubriendo un mundo
fascinante. En esta, enseguida me vi atrapada en la investigación del asesinato
de Óscar Santacruz. El mérito, por supuesto, lo tiene un personaje: el
brigada Vila. Me ha gustado el tono
en el que se expresa siempre, entre sarcástico
y desencantado, pero a la vez un personaje en el que algunos valores están
bien anclados y a pesar de lo que viva, de lo que le toque presenciar, los
mantiene. Un personaje duro en apariencia, bien pertrechado en una coraza de ironía con la que juega a cada
momento. Junto a él, la sargento Chamorro,
Virginia, quien lleva ya diez años a su lado y que se ha convertido en esa compañera imprescindible. Compañera de
trabajo y de vida, porque en lo sentimental, Vila jamás se lo permitiría: hay mujeres demasiado valiosas para
meterlas en tu cama y arriesgarte a perderlas. Chamorro es eficiente y el
contrapunto a la mala uva que de vez en cuando se le escapa a Vila. Junto a
ellos, otros dos personajes son claves: Arnau,
un guardia novato que a medida que avanza la trama se va ganando el respeto de
todos por su eficiencia (y por su paciencia, Vila le llama por todas las
posibles variantes de Juan cuando se dirige a él) y Salgado, una explosiva guardia civil cuyos encantos, en alguna
ocasión, agilizan la investigación.
Jueces,
abogados, una ex de manual, superiores, policías… todo un mosaico de personajes
desfilan ante nuestros ojos mientras nos bebemos esta novela. Es como agua: te
la bebes casi sin darte cuenta. Y como el agua, calma la sed lectora y no tiene
efectos secundarios sino el intenso placer de aportarle a tu cuerpo algo de lo
que estamos hechos y que nos completa: palabras, historias, reflexiones.
La
novela está dividida en veinte capítulos,
cada uno con un título, y un epílogo, y se presenta narrada en primera persona, desde el punto de
vista de Vila, por lo que muchas veces escuchamos
sus pensamientos que Lorenzo Silva hábilmente inserta en la trama policiaca
sin que en ningún momento parezcan fuera de lugar. Ahí es donde yo
personalmente encuentro a un escritor de verdad. Cuando hace del inciso una
pequeña obra maestra, cuando es capaz de hacer que el lector los espere y los
disfrute tanto como el mismo nudo de la historia.
Una de
las cosas que más me ha gustado es el sabor
a realidad que se respira durante toda la lectura. Supongo que la condición
de abogado del autor le sitúa en una posición ventajosa: lo que narra, lo ha
vivido, los escenarios no parecen jamás inventados. Los juzgados son muy
nuestros, alejados de las fantasías de las películas americanas: las
dependencias de la benemérita no se describen como perfectas oficinas sino como algo
más cutre. Lo que son. Y eso que no se ha parado a describir una casa cuartel
(unas cuantas he pisado). Supongo que las reformas de estos años se encargaron de eliminar bastantes reliquias del pasado, pero también sospecho
que quedará alguna por ahí. De primera mano digo que son bastante cutres.
Sobre
la historia en la que se sustenta la novela, el mismo autor nos advierte que
está basada en un hecho real, el
asesinato por encargo de Miguel Ángel Salgado, quien cometió, como delito para
que se le aplicase la pena de muerte, el amar
a su hijo por encima de todo. Óscar, el personaje, vive para su pequeño,
tratando de protegerle de esa guerra absurda en la que se embarcan muchas
parejas tras el divorcio y que convierte a los niños en juguetes, usados muchas
veces para conseguir ventajas económicas. Montse,
la ex mujer de Óscar es una de tantas ex que hay por ahí, que se inventan un
maltrato para obtener la custodia de sus hijos, con el único fin de amargar a
quien en algún momento amaron. La razón no es ni siquiera el desamor, el sentir
que se ha roto el vínculo afectivo, sino la rabia por haber sido cambiada por
otra que en su escala de valores es peor que ella. La reflexión del autor sobre
este tema me parece esencial y la que me sugiere a mí. La ley se hizo para
proteger a quienes sufren pero el abuso por parte de algunos la hace
insuficiente y peligrosa. A menudo, quienes sufren el peor maltrato callan o
retiran las denuncias, y las voces que se escuchan, las demandas que se ponen,
esconden a otros que buscan beneficiarse de las bondades de esta ley. A título
personal, lo de que los hijos siempre tengan que ir a vivir con la madre me
parece injusto por donde lo mires. Debería considerarse algo más que el sexo
para otorgar una custodia.
Pero no me quiero desviar.
Montse decide acabar con Óscar y está muy segura de que lo logrará y saldrá indemne. Pero ahí estarán Vila y su equipo para evitarlo, llevándonos de la mano a través de una investigación muy bien planteada. En el
último capítulo del libro, Lorenzo Silva explica por qué se titula La
estrategia del agua. Óscar Santacruz, aficionado a la lectura de Epicteto y
Sunzi, idea un plan para enfrentar a su ex que tiene que ver con este elemento.
Pero tendréis que leerlo todo para saber…
domingo, 30 de diciembre de 2012
DEJANDO ATRÁS 2012
Este
año, 2012, da sus últimos coletazos y empieza el camino de la despedida. Son
muchas cosas las que me han pasado, literariamente muy bueno y quizá es el
momento de hacer repaso. No lo voy a hacer. En su momento fui contando cada uno
de mis pasos y hoy solo quiero hablar de mirar hacia adelante, de la vida que
sigue y debe seguir, poniéndole nuevos proyectos y expectativas. Toca pasar
página, quedarse con los recuerdos agradables y esperar a que lo menos bueno de
este año se diluya y desaparezca. Porque ha habido de todo y creo que si soy
justa, si me pongo a repasar en serio, saldrían algunas cosas que pretendo
erradicar de mi vida.
Tengo
planes. Hay una novela terminada, con el punto y final colocado en su lugar,
esperando a que me decida de una vez a dejar que la leáis. Si no lo he hecho
antes no es porque no estuviera sino porque considero que las cosas tienen que
madurar. Hay unas palabras de Epicteto que definen perfectamente lo que pienso.
Nada importante se produce de pronto, ni
siquiera la uva o el higo. Si ahora me dijeras: "Quiero un higo", te
responderé que hace falta tiempo. Deja que florezca, luego que dé fruto, luego
que madure.
(Esta
cita la he sacado de La estrategia del agua, el libro de Lorenzo Silva que acabo
de terminar).
Una vez
tuve un huerto (ya, ya sé que parece que me desvío, pero sigue leyendo). En el
huerto había un manzano. Una tarde, trasteando por allí, se me ocurrió arrancar
una manzana. No me apasionan, pero ese día, no sé por qué, me apetecía. Estaba
verde aún, pero el sabor ácido me gustó. Me la comí entera, no sé si tenía
hambre o impaciencia. Después de esa fue otra. La experiencia fue gratificante,
las mejores manzanas que he saboreado nunca… hasta el día siguiente.
Me
enfermé.
Una
indigestión de felicidad instantánea. Ese fue el precio por la impaciencia, por
no haber sido capaz de esperar a que la fruta estuviera madura. Desde entonces,
sigo a pies juntillas el consejo del filósofo estoico, aunque hasta hace poco
no lo conociera. Nunca me como una manzana inmadura porque sé, perfectamente,
que después viene una indigestión. Espero. Por el camino puede que deje de
apetecerme, es un riesgo calculado, pero también he comprobado que cuando llega
su momento tienen otro sabor, si cabe menos emocionante pero mucho más saludable.
Y no solo en lo que se refiere a las manzanas, sino a cualquier decisión
importante que tome en mi vida: no soy indecisa, soy responsable. Hay un abismo
entre las dos palabras, y en caso de equivocación, no es lo mismo caerse de una
silla que caerse desde una nube.
La
física dice que el porrazo en el segundo caso es mortal de necesidad.
Otra
novela más está ya… pendiente de algunos flecos, del tiempo que cada cosa en
esta vida necesita para madurar, para no convertirse en una decisión tomada a
vuela pluma, de las que acabas pagando las consecuencias. Se lo voy a dar, no
sé cuánto será, pero calculo que uno o dos años. Mientras tanto, seguiré
escribiendo, dándole forma a las historias que circulan por mi mente,
divirtiéndome con ellas del mismo modo que me divertí la otra tarde, por
ejemplo, haciendo galletas con Paula y Aitana.
Me han
preguntado, otra vez, si mantengo el interés por una editorial. Repito lo mismo
de siempre. Tendría que ser una oferta super maravillosa, algo que me liberase
de algún modo de la necesidad de empujar a mis criaturas para que sigan
avanzando. Si no, puedo hacerlo perfectamente yo sola, porque mis aspiraciones
en esto se reducen a una sola: ser leída.
Por
vosotros.
martes, 25 de diciembre de 2012
CUÉNTAME UNA NOCTALIA DE MÓNICA GUTIÉRREZ
Sinopsis (extraída de Amazon):
Grace vive en Londres y trabaja como cirujana
de éxito en uno de los hospitales más prestigiosos de la ciudad pero se siente
sola. En vísperas de Navidad decide volver a su pueblo natal, una pequeña aldea
de Transilvania, donde viven sus abuelos y su padre. Grace se reencuentra con
su infancia, con una vida plena y feliz, con su familia. Pero además de los
excéntricos vecinos del pueblo, la mula de Cesare, el cotilla del farmacéutico
y los misterios de su padre y su hermana, Grace va a encontrarse con algo que
no esperaba y que trastocará todos sus planes.
"Cuéntame una noctalia" es una
historia divertida y llena de ternura que seduce por el encanto de sus
protagonistas y por un entorno mágico, cálido, del que cuesta muchísimo
marcharse.
Lector, puede que el pueblo de Grace no salga
en todos los mapas pero la felicidad y el amor saben llegar a cualquier sitio.
Mi opinión:
Cuéntame
una noctalia es el primer libro de Mónica
Gutiérrez, para quien nos movemos en este mundo de los blogs, más conocida
como Serendipia.
Días
antes de la publicación del libro estuve intercambiando correos con ella,
comentando todos esos miedos que nos asaltan cuando nos decidimos a embarcarnos
en esta aventura de la autoedición. Me hizo ilusión que contase conmigo para
resolver algunas dudas, de las que siempre surgen y cuando finalmente me envió
un correo con el enlace y pude ver la portada…
¡qué bonita! Es de esas que te llaman, que te animan para que leas el libro.
La
verdad es que, aunque parezca extraño con toda la cantidad de autores que
conozco, era la primera vez que alguien
compartía conmigo estos momentos previos a exponer nuestro trabajo a ojos de
los demás. Ni se imagina lo importante que fue, la confianza que sentí que estaba depositando en mí, y la alegría que
supuso ser un poco cómplice de todo
esto. Le dije que la leería, sin duda, porque el argumento me llamaba la
atención y porque sé que Mónica escribe muy bien por todos los detalles que se
le escapan cuando redacta una reseña en su blog.
Cuéntame una noctalia, además, tenía el aliciente de
ser una novela corta, lo que aún me
llamó más. Comencé la lectura nada más terminar el libro que reseñé la semana
pasada, y pronto me vi envuelta en un relato que, con un tono intimista, me
trasladó a un pequeño pueblo de Transilvania:
Mic-Napoca.
Reconozco
que al principio, lo de Transilvania me sonó a vampiros (ya sabemos, conexiones
mentales tontas que por defecto efectúa nuestro cerebro) pero nada más lejos de
la realidad. Cuéntame una noctalia
es una preciosa historia de reencuentros
familiares, de búsqueda de la raíces
que todos los que nos hemos marchado lejos del lugar donde crecimos, sentimos
alguna vez. Grace, la protagonista
de esta novela, vuelve al pequeño pueblo de Mic-Napoca unos días antes de Navidad. Su familia está feliz con la
visita, con volver a verla: lo que no saben es que Grace está cansada de la
vida londinense, de la frialdad de sus habitantes, y que quiere abandonar su
excelente trabajo de cirujana en uno de los hospitales más prestigiosos de
Londres para reencontrarse con Traian,
el abuelo que lee a los clásicos, su padre Pete,
la abuela Constanza, su hermana Lena y todos y cada uno de los
habitantes de este pequeño pueblo de apenas 300 almas.
Una de
las mayores habilidades de Mónica, además de tratar el lenguaje con una
sutileza impresionante, es que es capaz de dibujar, con muy pocos rasgos, a
todos ellos. Conoceremos a Cesare y su
mula, a Teresa, la dueña del
único bar, el Sinaloa, a Gregor, el policía que patrulla en
bicicleta, a George y su emisora de
radio que retransmite desde el pajar… y acabaremos queriéndolos, enamorándonos
de ellos.
Mic-Napoca,
además, le reserva una sorpresa a Grace: encontrará, sin buscarlo, el amor, en
la persona de Cole, un marine de los
Estados Unidos que una noche de frío aterriza en el pueblo por sorpresa.
La
novela está escrita en primera persona.
De este modo, lo que escucharemos serán los pensamientos de Grace, salvo en el
inicio de la mayoría de los capítulos, en los que el que habla es George, dando
las noticias locales desde una peculiar emisora de radio. Cuando digo noticias
no me refiero a grandes acontecimientos, sino a esas pequeñas cosas que
normalmente se comentan en casa. Porque todo
en esta noctalia es cercano, tan próximos los sentimientos que explotan en
cada página del libro a lo que cualquiera de nosotros ha podido sentir en algún
momento, que hace que a Mic-Napoca, a pesar de estar en Transilvania, la
sintamos cerca. Y sintamos el olor a caramelo del pelo de Nicolai, y nos creamos que pasea de la mano de una ninfa llamada
Grace. El bosque que rodea al
pueblo, podría ser el que rodea al mío y las nubes de vapor que a veces se
escapan de los labios de los personajes, envueltos en sus bufandas, son casi
como las que el frío dibuja cada mañana cuando encamino mis pasos al colegio.
Y no
cuento más, porque os he dicho que es corta y se lee de maravilla.
¿Queréis
una noctalia para navidad? Por cierto, ¿sabéis
qué es una noctalia? ¿No? Pues entonces no hay excusa
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Mónica Gutiérrez
lunes, 24 de diciembre de 2012
NOCHEBUENA
Nochebuena.
Noche de buenos deseos, de turrón, de cenas en familia, de reencuentros y de
canciones repetidas un millón de veces.
No soy
demasiado aficionada a la Navidad, me cuesta ir al armario, sacar la caja de
los adornos y ponerme a colocarlos en el árbol. Lo retraso todo lo posible, como
se retrasa de manera inconsciente la visita al dentista. Me da pereza envolver
regalos y preparar reuniones, pero me acabo rindiendo. Al final, como turrón,
lanzo deseos imposibles, ceno con los míos y canto sin querer villancicos en
voz queda.
Hoy es
Nochebuena.
Feliz
noche, espero que tengáis la suerte de pasarla con las personas que realmente merecen la pena en
vuestras vidas.
¿Un
deseo? ¿Un regalo de Navidad?
Encontrarme
vuestras palabras en los comentarios. Aunque no lo haya dicho, los amigos, son un
poco tu familia.
Y para mañana, Feliz Navidad, y una reseña muy especial...
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