sábado, 22 de septiembre de 2012

DE AUTORES, LECTORES, CAMBIOS Y ESTUDIOS SIN VALOR CIENTÍFICO.


               El tema de la semana está siendo la "crítica" a los autoeditados por parte de un escritor en su blog, derivado de un estudio que ha hecho (como los míos, sin ánimo demasiado científico) leyéndose los fragmentos gratuitos de 25 obras de las que están habitualmente en el top 100 de Amazon España. Ha salvado del todo uno de los libros (de una autora, dice), media docena le ha parecido que no estaban mal y el resto… pues con el resto ha hecho pupa sin pretenderlo, sin dar nombres. Al menos a mí me lo pareció al leer el artículo, no creo que fuera su intención final. Todo esto que he resumido al máximo ha generado debates y entradas secuela en otros blogs. Iba a poner enlaces de todo esto, pero ya está en TW, en FB y a este paso estará hasta en el telediario de las tres. No lo haré.

               No hay mucho que añadir a lo dicho ya. Amazon nos brinda una oportunidad, quienes escribimos (y podemos por no estar vinculados a ningún contrato que nos lo impida) la tomamos libremente y el lector será el que juzgue.

               No hay más.

               Si el lector es inteligente no se dejará engañar por batallones de comentarios positivos. Si es un lector de calidad y lo que se encuentra no le gusta, podrá hacer lo que se hace con un libro de papel: cerrarlo y colocarlo de nuevo en la estantería. Y a otro. Con la ventaja de que le habrá costado mucho menos y no tendrá que limpiarle el polvo. Sin histerismos, ni rasgarse las vestiduras porque en esta vida hay muchas cosas imperfectas. Puedes ir a comprar manzanas y alguna te sale podrida y no por ello le escribes una carta al agricultor recomendándole un herbicida mejor. O tampoco te dedicas a ir dejando comentarios en las redes sociales, sobre lo descuidados que se están volviendo los campesinos y el poco respeto que tiene con los consumidores de manzanas que de vez en cuando viene una imperfecta en la bolsa.

               Digo yo.

               Pero a lo que quería ir es a una de las entradas de esos blogs, hay una que me ha gustado porque no es la exposición de una opinión, sino literatura. Un relato sobre este tema. La ha escrito Ríos Ferrer en su blog, Secuencia y Palabra. Se llama Autoeditados; esos malditos. Me gusta por la metáfora del caballo de Troya y porque convierte esta historia que tantas opiniones ha generado, en un cuento. Porque mira las cosas con calma y con mesura. Y porque para mi sorpresa, aparece mi nombre por ahí, codeándose "con desparpajo, con los Ken Follet, Las sombras de Grey, María Dueñas, Pérez-Reverte, Matilde Asensi, Zafón o Julia Navarro".

               Lo más curioso, lo que más me ha llamado la atención, no ha sido eso, sino este párrafo:
               "Y Amazon comenzó a crear un sistema, que permitía llegar a vender un libro en lugares insospechados nunca. Y con una distribución imposible económicamente para nadie, bajo su aspecto físico y fuera de la red. El lugar más recóndito, inaccesible, pero con internet, era un cliente en potencia. Inalcanzable para la distribución tradicional. Desencadenando de inmediato la lucha entre las novedades auto editadas y las novedades editoriales que apenas alcanzaban las doscientas unidades de tirada – salvo honrosas excepciones– o en el mejor de los casos, y a ser posible, con premio detrás; las quinientas". 

               Me ha hecho sonreír por algo que hice hace poco. El otro día saqué la calculadora. La arena del reloj, la novela con menos pretensiones de serlo jamás que he escrito en mi vida, el libro que estaba destinado a un cajón porque no tenía el perfil de ser nada más que un libro de familia… ese libro chiquitito, lleva bastantes más de esas doscientas unidades en papel, cifra en estos momentos irrisoria comparada con las ventas digitales que ha logrado en cinco meses. Y eso que no hay una editorial detrás, ni un editor, ni una distribuidora… Y eso que nunca lo he pretendido. Y eso que se han distribuido en mano, uno a uno. Y eso que la única promoción ha sido el boca-oreja, este blog y los que se han sumado a apoyarme (sin conocerme de nada la mayoría) y las redes sociales, sin campañas de esas de anuncios en la tele o mesas llenas de libros en la trayectoria de entrada de las librerías, para que tropieces con ellos sí o sí. Con respecto a la promoción, diré que pienso seguir dando el coñazo, así que si a alguien le molesto con mis links que me borre de sus amigos. No se lo tendré en cuenta. De verdad.

               No sé si esto que me ha pasado es tener tanto éxito como para "codearse" con Ken Follet, la verdad.

               No sé qué pensar.

               Ni de esto, ni de la polémica.

               Probablemente lo que siempre digo.

               Tiempo, perspectiva.

               Paciencia para que las aguas se calmen y entendamos de verdad este fenómeno.

               Pienso en esto hace un año, cuando los autoeditados éramos tan pocos que algunos salían en las noticias como un fenómeno curioso. Recuerdo nombres y voy dándome cuenta cómo algunos se diluyen a favor de otros nuevos. Veo como algunos siguen ahí, cada vez más grandes, mientras que otros se van olvidando. Cierro los ojos, pienso en septiembre de 2013 y estoy segura de una cosa: el mundo no para y quizá tampoco los nombres sean los mismos.

               Quizá, ni yo misma estaré ya aquí.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

REC, RELATOS PARA ENSANCHAR COSTILLAS de JOSEP CAPSIR.



Sinopsis (extraída de Amazon):

Un golfo sin suerte, una tonta, un descreído, un cornudo, una pareja con problemas o un cura con una extraña descendencia son algunos de los muchos personajes que podrás encontrar en este recopilatorio de "Relatos para ensanchar costillas", algo más que un libro de humor. REC es un nuevo concepto de lectura recreativa donde el lector decide la cantidad de ´páginas que lee al día.
Puedes leer las historias de REC en el autobús, en la sala de espera del dentista e incluso en el cuarto de baño.
¿Sabías que la risa mejora nuestro estado de ánimo y nuestra salud física y mental? ¿Sabías que reír una vez al día tiene poderosas propiedades terapéuticas? No sólo relaja nuestro cuerpo, además refuerza el sistema inmunológico, estimula la liberación de endorfinas y protege nuestro corazón.
Léete un relato cada noche antes de acostarte, o antes de comer, o a la hora del café. Puedes leer también un relato mientras vacías vientre y entrañas. La risa también tiene propiedades de relajación del esfínter.
* Este anuncio NO es de un medicamento.
* No es necesario que leas detenidamente las instrucciones de uso.
* En caso de duda NO consultes a tu farmacéutico.
* Nota importante: Si tomas laxantes regularmente, NO LEAS ESTE LIBRO.

Y a reír que son dos días...

Opinión personal:

Llevaba meses sabiendo de este libro y buscando el momento de hacerme con él, pero como siempre tengo una lista interminable de pendientes, lo iba dejando. El día que lo compré estaba en plena lectura de un libro que me estaba aburriendo un poco (bastante) y los ojos se me empezaban a cerrar, amenazando seriamente con una segunda siesta la misma tarde. Si la primera me sienta como un tiro… dormirme dos veces podía suponer una noche entera de insomnio. Decidí que lo más sensato era cambiar de actividad. Me puse a navegar por internet, entré en TW y me encontré con un enlace de esta novela a mano. ¿O fue en FB? ¡No me acuerdo! Tampoco tiene importancia. El caso es que lo descargué y me puse a leer.

Un poquito.

Por mirar de qué iba.

No quería empezar a leer antes de acabar el otro.

¿Para qué hago eso?  Me digo constantemente que me tengo que centrar en una sola actividad, que hay un refrán que dice que quien mucho abarca poco aprieta, pero no me presto a veces demasiada atención. Ni a mí, ni a los refranes. De un relato pasé al siguiente, y al otro, y cerré el libro porque me enfadé. No puedes cambiar de pareja antes de que se termine el baile, ¿no? Pues igual con los libros. No creo que se deba empezar uno nuevo antes de terminar el anterior. Las cosas, de una en una, ordenaditas, que si no nos acabamos haciendo un lío. Lo dejé, terminé el anterior y volví de nuevo a los relatos de Capi. Esta vez, por supuesto, sin cargo de conciencia.

REC está compuesto por 35 relatos cortos (algunos más que otros) que enfocan situaciones cotidianas con un gran sentido del humor. Incluso hay algún chiste convertido en relato o un cuento popular reconvertido, pasado por el filtro de los ojos de Josep Capsir, capaz de hacerte sonreír hasta con un "buenos días". Dicho por mí suena soso, pero él siempre se las arregla para darle su punto cómico.

Yo no sabría con cual quedarme, pero puedo decir que me reí mucho con La cena de COU, lo distinto que se puede ver la misma situación simplemente cambiando de perspectiva o El cliente de última hora, donde descubrimos que a veces las apariencias engañan. Cariño, ¿te ha gustado? empieza con uno de esos estados de ánimo exaltados, en los que dos personas empieza a halagarse mutuamente y, sin saber cómo ni por qué, acaban en una discusión de órdago. Son sólo tres ejemplos, pero tampoco es cuestión de destripar un libro que por otro lado se tarda muy poquito en saborear.

Me encanta el epílogo, que no se llama así en este libro sino: texto de relleno para que el libro sea más abultado. Capi nos pide un favor, que recomendemos la lectura de REC a cuantas personas tropiecen con nosotros. ¡Ahí lo tienes! El libro lo merece, aunque sólo sea porque la risa es un buen reconstituyente y su lectura la provoca.

Josep Capsir Comin, "Capi" Administra un blog http://www.josepcapsir.blogspot.com/ que puedes seguir y donde algunos de estos relatos fueron publicados por primera vez.

Es autor de dos novelas: REC, relatos para ensanchar costillas y La herencia de Jerusalem, ambas disponibles en Amazon.

lunes, 17 de septiembre de 2012

AMAZON Y LAS ESTADÍSTICAS.



Este verano de parón casi voluntario me he dedicado, básicamente, a deambular por internet. El rumbo errático de mis pasos no me conducía, como en el pasado, a conversaciones con amigos virtuales (que he reducido drásticamente también de manera voluntaria), sino a ratos perdidos leyendo las ocurrencias de algunos en Twitter o en Facebook, o echando una mano a compañeros que han publicado, como yo, en Amazon, retuiteando sus libros o algunos post interesantes de blogs que sigo. He leído mucho y he hecho reseñas de cada libro que me ha gustado que ya he empezado a publicar. También le he dedicado algo más de tiempo a mis propios libros porque me he dado cuenta de que me necesitaban. Al fin y al cabo, si no los cuido yo, ¿quién lo hará? Por lo que he vivido este tiempo, había unas pocas manos dispuestas a darle al ratón. Por cierto, las mismas siempre, los mismos que han estado ahí algunos días, haciéndome reír con sus ocurrencias. De alguno no me extraña nada que escriba humor porque en cada una de sus palabras, al menos para mí, venía el regalo de una sonrisa.

En este verano me he dedicado a hacer estadísticas.



Lo mejor para el calor.

La primera, ya la he adelantado, tenía que ver con el feedback. He procurado ser generosa y creo que lo he conseguido, pero los números cantan y en algunos casos han quedado así: yo, 100%; la otra parte, 5%. Me han dicho: aprende. Y yo digo: no. No pienso aprender de esto, me niego a actuar de otro modo porque yo nunca he sido así. Por mucho que me fallen, ese 5% se merece un respeto. Ya, ya sé que pensáis que soy tonta. Lo pienso yo misma constantemente pero a esta edad… ya no voy a cambiar. Lo hago porque quiero, sin buscar nada a cambio porque soy así. Aunque cueste entenderlo. A veces me cuesta a mí misma. Estos últimos días están siendo complicados, así que estoy un poco ausente de todo, pero en cuanto la situación se tranquilice y la rutina vuelva empezaré a ponerme las pilas.

En otros casos, por fortuna, el balance es más que generoso conmigo y me ha permitido conocer a personas muy especiales, escritores que se están ganando su lugar en Amazon como Ríos Ferrer, Josep Capsir, Pat Casalà, Antonia Romero, Blanca Miosi, María José Moreno, Armando Rodera, Frank Spoiler, Antonia Corrales, Pilar Alberdi, Enrique Osuna, Félix Jaime… seguro que me dejo a alguien de los diarios, de quienes no han fallado ni cuando estaban de vacaciones.

En cuanto a las ventas en Amazon, tengo que confesar que me he pasado el día mirando el KDP (o lo que es lo mismo el Kindle Direct Publishing) donde, hora a hora, se reflejan los ejemplares de nuestros libros que van encontrando acomodo en algún lector electrónico. Eso me ha permitido saber algunas cosas, que no sé si son útiles pero que como digo me han entretenido mucho. Mi cifra diaria de libros vendidos estuvo oscilando entre los 3 ejemplares y los 19, con algunos días tristes en los que aquello no se movió nada y los libros se precipitaron en el abismo de las listas. Por fortuna sólo fueron dos martes. No sé si hay quién entiende esto. El puntito de ese día excepcional se me dispersó de la nube mental que tracé en mis estadísticas y entonces me dije que éstas no sirven nada más que para entretenerse.

El mejor mes empezó siendo junio, donde batí mi propio record, pero julio supuso un tremendo cambio de tendencia. Pensé que el verano frenaría las ventas pero me equivoqué de medio a medio: se multiplicaron por cuatro. Me marco siempre un objetivo mensual, a partir del cual deja de preocuparme si pongo enlaces en las redes o no. En julio, el día 8 estaba conseguido. En agosto me costó un par de días más, se ve que entonces había más gente de vacaciones. Eso se notó en las redes, más paradas que de costumbre porque supongo que el buen tiempo y las fiestas patronales empujan a la piscina o a la playa a la gente normal. Yo, como nunca he sido normal, ni lo pretendo, me he pasado los días en casa y sólo he salido a partir de las once de la noche. Incluso los baños en la piscina han sido nocturnos. Normal que no coja color ni a tiros y acabe acatarrada en pleno verano… En agosto pulvericé el record de julio (otra vez) e incluso los libros se fueron a Alemania, Reino Unido y algún otro punto del planeta, donde quiera que sea que vayan los libros que se compran a través de amazon.com. Septiembre empezó raro, el día 1 los contadores se quedaron atascados hasta el día 6, pero por los que observo tiene la pinta de mejorar los anteriores. A día de hoy ya lo he logrado…

También me dediqué a observar cuáles eran las mejores horas de ventas y la conclusión fue que se producían sobre todo a partir de las diez de la noche y sobre todo los viernes. Curioso, el único día del verano que yo soltaba el ordenador…

En estos meses han salido multitud de reseñas de mis novelas y ha pasado algo curioso. Supongo que las novelas se han ido conociendo en el mundo bloguero, pero lo que es en cuestión de ventas… el día que salía una no notaba nada especial, incluso se movían menos. Me pregunto entonces si las reseñas sirven de algo y la conclusión es que, si son sinceras, sirven para ti, para mejorar. Tanto si son positivas como si no, porque te aportan puntos de vista que quizá tú solo no tenías. 

Los dos libros que tengo en Amazon (La arena del reloj y El medallón de la magia), este verano, han alcanzado el número uno de su categoría. El medallón de la magia lo logró el 29 de agosto y La arena del reloj, el día 27 de julio. Este libro, además, se ha paseado ya unos cuantos días en el top 100 de Amazon, treinta a día de hoy. Siempre digo que a pesar del título, la magia es más suya que del otro. En privado, una escritora de las que yo admiro me dijo algo precioso sobre él… que me voy a callar por pudor, pero que compensa cualquier esfuerzo. Sobre El medallón de la magia me hablaron de una maquetación buena para lo que se suele encontrar, y eso que aún tiene pequeños fallos que sé dónde están, pero me sentí orgullosa porque fue el primero que maqueté y me costó muchísimo. El número 1 del medallón llevaba implícito cumplir una apuesta: la locura de tatuármelo. Todavía no lo he hecho, pero llegará. Tengo palabra y creo que forma parte de mí, es algo que he hecho sola y quiero tenerlo presente siempre. Aunque sé que es imposible que se me olvide.

He tocado los precios mínimamente, ahora ambos tienen el mismo, 0,99€, un precio quizá bajo pero que creo que debo mantener porque sigo pensando que es lo que provoca que estén visibles. En estos meses no he tenido inconveniente en regalar ejemplares electrónicos, porque este no es mi medio de vida, así que el hecho de que alguien pague aunque sea esa ínfima cantidad ya me parece meritorio y digno. También he cambiado los precios para el .com, donde  apenas vendo y esto sí que ha sido curioso: vendo más a pesar de que es más elevado que antes. Pienso seguir experimentando aquí, a ver qué pasa. En realidad todo esto es un experimento en sí mismo.

¿Sueños a partir de ahora? 

Creo que está todo conseguido, lo que suceda en adelante será un extra. Con El medallón de la magia cerré mi círculo, que era lo que yo quería, los libros han sido leídos y las valoraciones han estado bien (también hay alguna menos buena de la que se puede aprender y algún mensaje con mala idea de alguien que ni siquiera había abierto el libro, pero hay siempre gente para todo que parece que no encuentra la felicidad por sí misma y le hace falta hacer daño a los demás).

 Tengo una novela terminada por completo, otra terminada a falta de ojos que la valoren (ya liaré yo a alguien) y tres más en proceso que en el verano han sufrido un pequeño empujón, pero que no he conseguido terminar. No sería su momento… Tampoco importa porque mis dudas sobre si seguir adelante con más libros publicados siguen ahí.

Como siempre.

jueves, 13 de septiembre de 2012

EN UN RINCÓN DEL ALMA, DE ANTONIA J. CORRALES.



Sinopsis:
Jimena escribe una larga carta a su madre en la que le explica las razones por las que ha abandonado a su marido, sus hijos, su casa y, en definitiva, su vida y se ha marchado sola a Egipto.

Mis sensaciones.

No, no me he equivocado. Hoy quiero hablar de sensaciones. En un rincón del alma es una novela muy breve, una larga carta que una hija envía a su madre, y analizar cada detalle de la trama sería de algún modo eliminar gran parte de su encanto. Por eso me decantaré por hacer otra cosa, por concentrarme en las sensaciones de su lectura.

El libro de Antonia Corrales parte de una situación que en principio puede parecer reconocible para mucha gente: una mujer, cansada de su vida, que un día decide darle un giro. Cargada con un paraguas rojo decide marcharse, hacer un viaje que siempre ha soñado. Pero no es sólo eso. A medida que la trama avanza vamos descubriendo, como si se tratara de las capas de una cebolla, el resto de sus motivaciones, las otras historias que han conducido al personaje hasta el punto donde está. Conocemos su pasado, su pasión por la pintura, su entorno y la chispa que ha hecho saltar ese resorte que le ha dado el valor para volar tras su sueño. Es una huida, pero una huida hacia adelante, sin importar el final, las consecuencias.

No es una novela de un argumento enrevesado, ni siquiera me ha sorprendido el final (creo que lo imaginaba desde el principio) pero me ha dejado sensaciones muy buenas durante la lectura. Yo también quiero "un paraguas rojo que me proteja de la lluvia y del sol, para no desaparecer bajo la lluvia al darle la mano a la soledad." Algunas de las reflexiones del personaje me han dejado pensando y eso me gusta, que los libros remuevan algo en mi interior, que sean una sacudida a la conciencia.

Me han gustado mucho dos cosas: el tono narrativo de Antonia y la excelente presentación del libro. Estoy encontrando demasiados fallos en los libros que me descargo de Amazon, no sólo en lo que se refiere a la parte técnica (maquetación). Esa la perdono porque al fin y al cabo somos autores y no tenemos por qué saber de todo, pero las faltas de ortografía un escritor, un juntaletras, un autor o lo que quiera que seamos no se las puede permitir. Estoy cansada de detectar la ausencia de algunas letras mudas, o su presencia en sitios imposibles, las comas que parece que se han dispersado como el que está echando sal al arroz y la raya, la dichosa raya, que creo que exige un cursillo acelerado.

En cuanto al estilo es pausado pero ágil a la vez, lo que hace que rápidamente te involucres con el personaje de Jimena, que sientas con ella. También el haber elegido la primera persona para la narración, y el género epistolar hace que el lector la "escuche" de algún modo y se sienta parte de la historia.

Hace meses que quería leer este libro. Probablemente, si me hubiera parado a mirarlo detenidamente no habría dejado pasar tanto tiempo porque habría descubierto que podía leerlo en unas horas, pero no lo hice. Dejé que otras lecturas se interpusieran hasta que este verano, un buen día, hice una lista con los libros que quería descargarme en amazon y fue el primero.

De esto quiero hablar un poco. Yo no descargo libros porque sí, ni siquiera por compromiso, ni siquiera porque estén en promoción gratuita. Creo que si algo no tendré en la vejez (a no ser que cambie radicalmente) será un síndrome de Diógenes, porque soy incapaz de acumular nada. Guardar porque sí no va conmigo, así que cuando quiero cualquier cosa, ya sea un libro, un perfume, o un pasador para el pelo, lo compro, pero jamás utilizo la estrategia del "por si acaso" o "para cuando tenga tiempo". Más bien soy al contrario, me deshago de lo inútil y hasta de lo útil. Mi hermana todavía me recuerda, de vez en cuando, aquel día que se me ocurrió recoger un cajón que compartíamos y entre papeles, juguetes rotos y calcetines desparejados, a la bolsa de basura fue su reloj de muñeca, que recuperó porque me conoce y revisó la bolsa antes de que acabase en el camión.

Supongo que seguiré de cerca a Antonia, leeré más novelas suyas porque su prosa es una delicia que quiero seguir saboreando.

En un rincón del alma está disponible en papel desde ayer mismo, para quienes todavía no os hayáis animado con el formato electrónico.

martes, 11 de septiembre de 2012

LA SENDA TRAZADA, DE PEDRO DE PAZ




Título: La senda trazada.
Autor: Pedro de Paz.
Editorial: Algaida
ISBN: 9788498776751
XX Premio de Novela Luis Berenguer.

Sinopsis (extraída de ANAYA):

Alfonso Heredia es un periodista gráfico que atraviesa una mala racha económica y personal. Casi de casualidad llega a sus manos un viejo libro con extrañas sentencias en caracteres góticos, y cuando lee en el periódico el fallecimiento del Papa, cae en la cuenta de que el texto revelaba las circunstancias de la muerte del Santo Padre. Al examinar el libro con más atención descubre que se trata de un escalofriante obituario sobre personajes de toda condición y nacionalidad, predicciones de muertes que todavía no han ocurrido. Pronto le asaltará la duda de si utilizar con fines filantrópicos o egoístas ese sorprendente conocimiento, que muchos desearían poseer a cualquier precio… En La senda trazada Pedro de Paz hilvana una trepidante trama, a medio camino entre el relato de intriga y la novela fantástica, donde el lector pronto empieza a preguntarse qué haría él mismo si estuviera en el lugar del protagonista.

Mi opinión:

El verano pasado cayó en mis manos el primer libro que leí de Pedro de Paz, El documento Saldaña, cuya reseña podéis leer aquí. Fue la casualidad la que me llevó hasta él, curioseando por la estantería repleta de libros de la biblioteca de mi madre y finalmente me encontré con una novela que me enganchó, que leí casi del tirón bajo la atenta mirada de las ardillas del parque de las piscinas. Me gustó cómo escribe Pedro y me dije que leería más libros suyos en cuanto se presentase la ocasión.

Cuando tuve noticia de la publicación de La senda trazada se fueron encadenando circunstancias que me apartaban de conseguir el libro (una librería que acababa de poner el cartel de cerrado, un encargo que jamás llegaba, el día que la tenía en mis manos mi monedero tenía telarañas…) pero supongo que todo tiene un por qué, y quizá era que mi libro tenía que ser especial. Lo fue, por supuesto. En una de las primeras páginas, bajo el título y el nombre del autor, unas palabras manuscritas (lo siento, son mías, no las comparto) me recordarán siempre que lo compré en la Feria del Libro de Madrid y que quien lo puso en mis manos fue su propio autor.

No había leído la sinopsis hasta que decidí abordar su lectura. Me daba lo mismo, me fiaba de las sensaciones que tenía guardadas en la memoria desde hacía un año e intuía que a poco que se pareciera el estilo de escritura lo iba a disfrutar. Siempre valoro mucho más el cómo me cuentan una historia que la propia historia. Bueno, pues no sólo me ha gustado sino que incluso me ha gustado más que el anterior. La senda trazada aborda un dilema ético: ¿serías capaz de impedir una muerte si la conocieras de antemano? ¿Y si el hecho de no impedirlo te reportase beneficios? El protagonista, Alfonso Heredia, acuciado por las deudas y por uno de sus acreedores, acaba refugiado en una librería de viejo del centro de Madrid. Allí se entretiene mirando ejemplares hasta que pase el peligro. En ese tiempo, un extraño libro cae en sus manos. Es un manuscrito sin título, encuadernado en cuero negro, con unas curiosas inscripciones doradas y que contiene crípticas sentencias. Alfonso acaba gastando en él sus últimos diez euros. El librero, un hombre extraño, de cabello blanco y edad infinita, parece complacido porque se lo lleve. Alfonso no sabe que acaba de cambiar su vida para siempre.

La novela, organizada en capítulos y narrada en tercera persona por un narrador omnisciente sigue los pasos del protagonista y la influencia que va ejerciendo el manuscrito en su comportamiento. Hay un buen equilibrio entre los diálogos (fluidos y creíbles) y la parte descriptiva, que se inserta en párrafos no demasiado extensos pero muy hermosos. Al final de cada capítulo siempre termina con una o dos frases que constituyen un párrafo completo. Cierran el discurso y actúan como gancho para que el lector sienta la necesidad de continuar.

Al principio de la novela Alfonso Heredia tiene una relación con Luisa, una artista que se está abriendo paso. No están en su mejor momento y Luisa, pretendiendo que con su gesto Alfonso reaccione y empiece a encauzar su vida, le abandona. No es desamor, es cansancio pero el protagonista no será capaz de darse cuenta a tiempo. Como tampoco se dará cuenta del tremendo poder que ejerce sobre él ese manuscrito.

El libro reflexiona sobre si realmente el destino está escrito o si somos nosotros los que cada día vamos trazando el rumbo, la senda por la que transitamos. Todo ello ensartado en una historia ágil que te lleva de la mano hasta el final. Pero no se queda en eso. Alfonso es un fotógrafo, un paparazzi de los que obtienen su sustento espiando para los demás la vida de los famosos, y es ahí donde el autor refleja su opinión sobre este oficio, lo mucho que ha cambiado en poco tiempo, lo que la sociedad ha acabado pervirtiendo una profesión que no hace tanto era bastante digna.

Una de las curiosidades de la novela (intuyo que hay más escondidas que no he sido capaz de detectar porque no conozco a Pedro y su mundo) es la alusión a Rodrigo Saldaña, autor del documento que daba título a la otra novela que leí y al que atribuye la anterior posesión del libro hasta que llegó a la biblioteca y la descripción que el autor hace de sí mismo en un momento del principio de la novela. Se define como: "novelista de larga cabellera veteada por las canas, barba pulcramente recortada, expresión de macarra de barrio y aspecto de palmero de Utrera, recién salido de un festival flamenco". Eso ha sido fácil. Si no, juzgad vosotros en esta foto que he tomado prestada de su web.



¿Alguna vez habéis pensado en el destino?

¿Os acomodáis a lo que la vida os dé o lucháis por cambiar las cosas? 

¿Alguna vez habéis trazado mal vuestra senda?

Este libro fue premiado en la XX edición del premio de Novela Luis Berenguer-

sábado, 8 de septiembre de 2012

EL MANUSCRITO DE AVICENA DE EZEQUIEL TEODORO





SINOPSIS (extraída de Amazon):

Bujará (Persia). Año 999. Avicena escribe con firmeza sobre un pedazo de piel. Al acabar, levanta la barbilla y sonríe a las decenas de miles de libros que le rodean en la Gran Biblioteca. Ha terminado su obra más brillante. Y también la más peligrosa.

Madrid (España). Año 2011. El médico español Simón Salvatierra recibe una terrible noticia: su esposa ha sido secuestrada por Al-Qaeda mientras investigaba un manuscrito milenario.

Una vertiginosa aventura a través de los siglos protagonizada por cruzados, masones, espías y terroristas. Y un codiciado poder que podría redimir o aniquilar a la humanidad.

Llevaba meses viendo en las redes la primera novela de Ezequiel Teodoro y en la pasada Feria del Libro de Madrid tuve la oportunidad de conseguirla de manos de su propio autor; firmado, claro. Ha habido más oportunidades de comprarlo pero siempre se cruzaba algo y creo que era porque tenía que suceder precisamente ese día. Los caminos del destino, que por más que los esquives, te acaban alcanzando, supongo.

El manuscrito… se vino a casa pero me costó unos días encontrar el momento para comenzar su lectura. No vuelvo a ir a la Feria del Libro dos días. A pesar de mi firme propósito de no volver a casa con más ejemplares de los que me daría tiempo a leer, caí en la misma trampa de siempre, en una que me pongo yo sola. Se me acumulan ejemplares sin remedio. Finalmente, un día de este verano, abrí sus páginas y me sumergí en la lectura.

Lo primero que tengo que decir es que, no sé por qué, pensaba que toda la historia estaba ambientada en la época del médico árabe. Supongo que el título me indujo a pensar que así era, pero me equivoqué. La historia tiene varios capítulos en los que Avicena es el protagonista, momentos de flash back en los que el autor nos traslada a su tiempo, pero la parte central de la trama se sitúa en la actualidad, en pleno siglo XXI. Esta novela de acción se mueve en múltiples escenarios. Las escenas se suceden en España, Francia, Rusia, Gran Bretaña, Estados Unidos… y seguro que me dejo algún lugar.

En principio, Ezequiel nos muestra a los personajes, su situación personal en el momento en el que arranca el relato. Mientras leía tenía la sensación de que estaba extrayendo piezas de una historia y las situaba encima de la mesa, sin demasiado orden, y sólo al avanzar la lectura empecé a poder ir encajándolas. Esa es la sensación que me ha quedado con el libro: la de ir resolviendo un puzle. Poco a poco los personajes muestran lo que tienen en común, vemos por qué actúan como lo hacen.

Lo que menos me ha gustado es que, a lo largo del libro, me he ido encontrando con una confusión en los tiempos verbales, que a veces saltaban del presente al pasado sin justificación, y creo que eso es algo que entorpece la lectura de cualquier novela. Al menos a mí me pasa, necesito claridad en la exposición para no perderme, más cuando se trata de un libro que cambia constantemente también los personajes, con las historias que aparecen inconexas al principio y que tardan bastante en entrelazarse. Hay que ser muy hábil para no perder al lector cuando se elige este método. Siempre digo que el trabajo de corrección, personalmente, es el que más tiempo me ocupa cuando me enfrento una novela mía, porque me da miedo caer en errores de este tipo, fácilmente subsanables y que contribuyen, cuando ya están resueltos, a empujar al lector a no abandonar. Como de momento no pienso publicar nada nuevo, lo que tengo escrito está siendo corregido con paciencia y mucho tiempo. 

No me gusta desvelar las tramas, sólo os diré que en medio de este laberinto de historias encontradas nos cruzamos con un médico, una empleada de museo, el M16, el CNI, la KGB… y con un grupo de terroristas árabes que buscan el manuscrito porque contiene la clave para colapsar financieramente el mundo occidental para acabar de ese modo con su predominio en el mundo. 

Una novela trepidante.

¿Te animas?

viernes, 7 de septiembre de 2012

MIRADAS



La forma en la que vemos el mundo depende, en gran medida, de nuestro momento vital. No es lo mismo si estás pasando un momento complicado, en el que las cosas se tuercen cada día, uno de esos que tienes la sensación de ser un trapo al que dos manos retuercen, girándolo cada una en una dirección distinta, que si de pronto tu vida se llena de luz, amor, éxito y felicidad.



Lo que transmites es completamente diferente.

Literariamente hablando, los primeros momentos vitales son perfectos para emocionar. La poesía, por ejemplo, está cargada de ejemplos en los que el sufrimiento del autor se refleja en cada una de las palabras:

               Puedo escribir los versos más tristes esta noche 
(Neruda)

               Sospecho que ese día el desamor estaba haciendo estragos en don Pablo, o quizá debería decir en el adolescente Pablo.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar. 
(Machado)


               Tampoco que es que este día Machado estuviera con el mejor humor del mundo.

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.         
(Quevedo)


               El dolor y el amor se mezclan en el poema de Quevedo, prueba de que no se sentía en una nube precisamente.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
  y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
 las perdemos.   
(Manrique)


               No estaba muy optimista que se diga Jorge Manrique en este punto de sus coplas, aunque aquí el amor no sea el protagonista.

               Sin embargo, todos estos ejemplos, a pesar del dolor, a pesar del pesimismo que rezuman, emocionan porque lo que sintió el autor al escribirlo era tan intenso, tan auténtico, que necesitaba sacarlo para no estallar y el lector, humano, empatiza con sus sentimientos.

¿Quién en su vida no ha tenido un momento de bajón, un tropezón vital? No es necesario que el texto esté cargado de melancolía. Me acuerdo ahora de una novela con mucho sentido del humor, donde el recurso de la ironía no era nada más que una manera de disfrazar sentimientos muy intensos, un recurso del autor para gritar que se ahogaba. No era poesía, era prosa, pero emocionaba igual. El agujero sentimental del escritor se intuye en cada línea.

La felicidad, en cambio, embota los sentidos, te llena de sensaciones de plenitud que segregan ciertas hormonas que te sacian. Si esa felicidad viene de la mano de una experiencia amorosa, las endorfinas, la serotonina, anulan ese dolor, actúan como bálsamo y esconde la sensación de infelicidad. Escribir en este estado deja de ser un ejercicio sentimental para convertirse en algo racional. No digo que no se pueda escribir cuando se es feliz, estoy diciendo que el resultado no es el mismo. De hecho, en estos momentos, se escribe diferente, se abordan géneros más prosaicos. Es entonces cuando se elabora una trama más complicada, cuando los personajes se racionalizan mucho más y se puede adoptar otra mirada.

¿Se puede escribir siendo absolutamente feliz? Por supuesto que sí, pero mi conclusión, después de pensar un rato y a las cinco de la mañana, que no sé si es la mejor hora para sacar conclusiones, es que las emociones son distintas, el reflejo es completamente diferente. Supongo que se puede emocionar pero no se transmite lo mismo.

Al escritor, la felicidad le corta las alas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

CLARA DE IVÁN HERNÁNDEZ




SINOPSIS

Clara es una joven que llega a Madrid para trabajar como asistenta en casa de una anciana rica. En su nueva vida conocerá a Matías, conductor de la línea municipal de autobuses. El amor surgirá pronto entre ellos. A los pocos meses, Clara vive una situación insólita. La anciana muere y la joven presencia algo increíble que le hiela la sangre. Al principio guarda su secreto por miedo a que la tomen por loca, pero llegará un momento en el que tendrá que contarlo... para proteger su propia vida y no separarse de Matías... jamás.

MI OPINIÓN

Empecé Clara sin haber terminado la novela que tenía entre manos, por esa curiosidad infinita que me une a los libros. Me gustó el prólogo, la sabia combinación de palabras dejaba intuir una hermosa escritura, de las que te arrastran sin que apenas lo sientas. Algunas frases sobre el amor me tocaron, por certeras, por ser tan obvias que a veces se nos olvidan: "somos demasiado pequeños para enfrentarnos a su poder";"coloca mil candados en tu puerta y conseguirá entrar o salir cuando abras la ventana". Detrás de aquellos pensamientos tenía que esconderse, a la fuerza, una buena historia. Y yo la tenía a mi alcance, tenía el privilegio de tenerla entre mis manos por una de esas casualidades del destino: encendí Facebook justo cuando una amiga recomendaba la página de Iván, pidiendo un pequeño apoyo para que de 599 pasara a 600 seguidores. Yo ya le conocía, porque como yo forma parte del grupo Generación Kindle pero, casualidades, el destino, o quizá sea otra cosa, no seguía este perfil. Le di y, al poco me encontré con un regalo. Porque sí, porque le apetecía. A quien le mandase un correo le regalaría la novela, para celebrar la cifra redonda. Le escribí declinando su oferta, proponiéndole que la compraría para ayudarle a que se posicionara mejor en las listas de Amazon, pero no aceptó. Me dijo que un trato es un trato y me la mandó.

La empecé enseguida.

Sin darme cuenta, en muy poco tiempo, leí esta historia de amor, diferente a cualquier historia que hubiera podido leer antes. Ha sido el primero de los libros de Iván Hernández que leo pero estoy segura de que no será el último.

¿Cómo definir una novela tan corta sin destriparla? En muchas ocasiones nos encontramos con libros que, en las páginas en las que Iván Hernández ha desarrollado toda la trama, sólo nos han mostrado el paisaje por el que transitarán los personajes y su semblanza. No es el caso de esta novela. Estructurada en capítulos breves numerados (concretamente catorce) vamos adentrándonos en una historia llena de amor, magia y misterio, vamos conociendo a una pareja, Matías y Clara, que desde que se encuentran por primera vez en un autobús urbano, saben que están hechos el uno para el otro. Son dos solitarios, dos personas más de las que a diario transitan frente a nosotros sin que apenas nos demos cuenta.

Para contarnos esta historia, Iván elige tiempos verbales en pasado, pero la presencia constante de diálogos entre los personajes agiliza el texto, involucra al lector de tal modo que lo que resulta complicado es parar la lectura. Además, el hecho de que la novela sea corta, te empuja a querer saber el desenlace. Yo, al menos, no pude dejarla hasta que la terminé, le buscaba excusas a mi tiempo para volver a ella.

Y las encontré.

La sensación tras la lectura, lo que te queda, es que los personajes, aunque tienen un comportamiento extraño en ocasiones, se aman profundamente. Es un amor dilatado en el tiempo, que ha sido capaz de sobrellevar tropiezos vitales, zancadillas que te pone la vida para que la felicidad no sea completa.
Hay alguna interpretación más profunda del comportamiento de Clara hacia el final de la novela, una trama mucho más inquietante que se queda sin explicar. Hasta eso considero que es un acierto porque la apertura, el no explicar algunos detalles, sino dejárselos al lector, hacen más grande a este pequeño relato. Abren un debate interesante si algún día, en uno de esos clubs de lectura que abundan en la red, se animan a tener como protagonista a Clara.

La podéis encontrar, junto con las demás novelas de Iván en Amazon. Este es el enlace de esta novela, pero desde ahí podréis acceder a las demás: Colección Busco Aliados.

martes, 28 de agosto de 2012

EL MANUSCRITO I, EL SECRETO, DE BLANCA MIOSI.


SINOPSIS (Extraída de Amazon)

Una novela bestseller de intriga y misterio. Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque un extraño personaje: un comprador-vendedor 'al peso' de libros usados. El hombrecillo reconoce a Blohm por haber leído de él un par de libros, y decide regalarle un manuscrito que extrae de la colección que guarda en una enorme bolsa negra de plástico.El escritor empieza a leerlo y advierte que se trata de un manuscrito especial. Cuando lo cierra desaparece la historia, es decir, todo lo que en él había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Encuentra que los personajes que figuraban en el manuscrito sí existen, y que está ocurriendo justo lo que éste decía que iba a ocurrir. Para encontrar a los personajes de 'su novela' viaja a Roma, y de pronto se ve involucrado en la trama. A lo largo de la novela junto al personaje principal debe descubrir el secreto dejado por el conde Claudio Contini-Massera a su sobrino. Un secreto que, de llegar a revelarse, representa una gran fortuna, en una búsqueda que apela a la inteligencia de ambos: sobrino y escritor, y que los lleva a bibliotecas encadenadas, a las catacumbas de Armenia y a la isla de Capri.La historia transcurre en catorce trepidantes días. Es una novela corta, que en su versión en papel podría alcanzar las 260 páginas.

Mi opinión

Nada más enterarme de la noticia del fichaje de cinco autores que publicaban en Amazon por parte de B de Books, publiqué en este blog un post felicitando a los escritores. Mi alegría estaba más que justificada; no en vano tres de esos autores habían atravesado alguna vez este espejo, compartiendo sus opiniones en comentarios o en entradas que me ayudaron a preparar. Para mí los nombres de Armando Rodera, Fernando Trujillo Sanz y Blanca Miosi no eran nombres de autores emergentes sino de amigos virtuales con los que interactuaba habitualmente. Me tomo siempre sus éxitos como si fueran míos porque me parece que alegrarse de los triunfos de los demás es siempre mucho más provechoso para el espíritu que lo contrario y porque aunque este mundo no sea real del todo, los vínculos que se crean a veces son muy intensos.

Cuando los libros salieron al mercado, esa misma semana, ya los tenía conmigo. Uno de ellos lo leí y lo reseñé antes de todo esto, el nueve de enero, El enigma de los vencidos, de Armando Rodera, así que me quedaba la tarea de ponerme con los otros. El secreto del tío Óscar también lo leí y podéis ver la reseña aquí, en menos tiempo del que hubiera querido. Os digo siempre que la forma de escribir de Fernando Trujillo me atrapa de un modo que soy incapaz de soltar el libro hasta que lo acabo. A Blanca le tocó esperar. Tenía también El legado entre manos y empecé su lectura antes. La reseña también la podéis ver en este enlace. El manuscrito tuvo que esperar hasta que las largas y calurosas tardes del verano hicieron su aparición.

No me duró nada. El argumento enigmático que plantea, un escritor, Nicholas Blohm, al que la inspiración ha abandonado. Un día, sentado en un parque, se encuentra con un misterioso personaje que le da un libro un tanto especial: cambia dependiendo de quién lo lea. Nicholas descubre que la historia que ha aparecido ante sus ojos es real y a partir de ahí empieza a buscar a los protagonistas porque el libro, de pronto, se ha quedado en blanco y le apetece saber el final. Considera que es el argumento perfecto para la novela que está buscando y que no acaba de encontrar.

Blanca escribe con maestría, planteando al lector multitud de preguntas que, a lo largo de la novela se van a ir resolviendo y cuyas respuestas no siempre logré acertar. Eso me gusta, lo imprevisible que se volvía la historia, sus giros constantes, el hecho de que la atención se mantuviera intacta hasta la última página. Lo consigue a pesar de que utiliza distintas posturas del narrador: desde uno omnisciente que narra la historia vista desde fuera hasta el narrador en primera persona. Reconozco que está tan bien hecho que tardé en darme cuenta de estas variaciones. Me sorprendí a mí misma volviendo las páginas para comprobarlo.

Los personajes de la novela van desarrollando su personalidad y no llegas a conocer del todo sus motivaciones hasta que termina. Me ha resultado entrañable el personaje de Pietro, el fiel sirviente de Dante, feliz con sus Rebook negras. La ambientación me ha hecho pensar mucho. No conozco (ya me gustaría) los escenarios en los que se mueve la novela, pero están descritos de una manera tan natural como si la autora los conociera de primera mano y paseara casi a diario por ellos. No abundan las descripciones detalladas (no le hacen falta a la novela, creo que restarían ritmo) pero son tan precisas que siempre tienes la sensación de que los ha vivido.

Ahora Blanca está en plena composición de otra historia vinculada con esta que esperaré con interés.
Si eres de los que lees en digital, El manuscrito se puede conseguir aquí, pero si todavía no te animas, puedes conseguirlo en papel en cualquier librería.

domingo, 26 de agosto de 2012

EL VERANO DE LA ARENA DEL RELOJ

El verano se acerca a su fin, se acaban las vacaciones y es tiempo de volver a encarar la rutina, los días que se suceden uno detrás de otro con tantas similitudes entre sí que, a veces, llegan a parecer los mismos. No es extraño que no sintamos que el tiempo pasa cuando se parece tanto, ¿verdad?

Este verano ha sido especial para mí. Ha sido un tiempo de pausa, de reflexión, de tomarme las cosas con mucha más calma de lo que suelo acostumbrar. Empujada por las circunstancias me dediqué más a mirar que a actuar, y en este tiempo de observación he visto, sorprendida, como uno de mis libros empezaba a tomar impulso por su cuenta. He sido generosa con él, le he tendido mi mano para que no le resultase tan complicado pero es cierto que sin el apoyo de muchas de las personas que os pasáis por aquí y muchas anónimas a las que nunca he visto, jamás hubiera sido posible.

Hablo de La arena del reloj.

Pincha en la portada para llegar al enlace de compra en Amazon.


La iniciativa que Tatty propuso en su blog, El universo de los libros, hizo visible este pequeño relato; el apadrinamiento de la biblioteca Almudena Grandes me permitió compartir unas horas de charla directa con los lectores y la facilidad de las redes sociales y de internet ha hecho que mucha gente haya podido saber de su existencia, se lo hayan comprado y me hayan ido contando sus impresiones.

Paso a paso, grano a grano, La arena del reloj ha ido sumando cada día.

El pasado 23 de agosto me llevé una gran sorpresa. Entre los empujones estaba uno que apenas recordaba, pero que me ha reportado una inmensa alegría por lo que supone, porque ha puesto el libro visible, en primera línea del escaparate digital. Un día, lo que dura un post en un blog, pero suficiente.

Aunque siempre recojo en una página de este espacio (en otros blogs) los enlaces de cada referencia de mis libros que voy encontrando, quiero compartir, para quienes no habéis sabido de ello, el enlace del Blog Sin Tinta, de El País, donde apareció una pequeña referencia a este libro tan especial para mí y unas palabras que resumen mi trayectoria en este mundo de la autoedición.

http://blogs.elpais.com/sin-tinta/2012/08/ebooks-autoeditados-para-el-verano-2.html

La arena del reloj se ha pasado el verano batiendo sus propios records y a cada paso siempre ha estado presente un pensamiento imposible: me gustaría compartirlo con él. Hay veces que las cosas no pueden ser y tendré que conformarme con pensar que, de algún modo, sabe que me muevo recordando sus palabras.

Alguien me dijo que a un libro hay que darle aproximadamente seis meses para poder hacerse una idea de si funciona o no. Los seis meses en Amazon, a este paso, van a tener un excelente balance.

jueves, 23 de agosto de 2012

MORBO INNECESARIO

Este post fue escrito el 23 de julio.


Hoy, en televisión, he visto algo que me ha revuelto. La noticia era una de esas que aparecen en todos los telediarios de verano para rellenar: estadísticas sobre víctimas en la carretera. Para ilustrar el reportaje, nada mejor que un primer plano de una moto siniestrada y de los pies de la persona que yacía muerta en el suelo. No he podido sentir nada más que rabia. Al momento, como si quisieran activar todavía más mi mala leche, han puesto otro primer plano de la persona tapada con una sábana, pero se seguían viendo sus deportivas.

¿Nadie les dice a los periodistas que debajo de esa sábana hay una persona? ¿Les cuesta entender que esa persona tiene familia y amigos? ¿No piensan en el dolor que esa imagen de relleno puede generar?

Las lágrimas han hecho su aparición.

Hace unos años tuve la mala suerte de conocer a una persona que murió frente a una cámara de Tele Madrid. Estaba compitiendo en una carrera ciclista, el Critérium de Fuenlabrada de 1996, y un espectador descerebrado cruzó la calle a la vez que él entraba en la meta. El golpe, brutal, los envió a ambos al suelo. Mientras el espectador resultaba herido, mi amigo, 26 años, ciclista profesional, usual en la vuelta a España, participante en el Tour de Francia, una persona con un futuro prometedor, un adulto que algún día había sido un niño con el que jugué, dio con su cabeza en el asfalto. Su agonía fue recogida por una cámara y su sufrimiento reproducido montones de veces en los días siguientes (incluso he visto las imágenes años después) sin que a nadie se le pasase por la cabeza que al otro lado de la pantalla posiblemente estarían sus amigos, sus padres, su novia… La noticia se prolongó en el tiempo porque sus padres donaron sus órganos y cada vez que hablaban del gesto altruista, aprovechaban para repetir esas tremendas imágenes que me hacían cerrar los ojos. Me recuerdo gritándole a la televisión y recuerdo que me enfadé tanto que acabé escribiendo una carta a El larguero, que leyeron en el programa. Les hice reflexionar sobre lo que a veces es información y lo que roza lo no ético.

Creo que todo el mundo se merece algo de dignidad en sus últimos minutos y que la noticia se podía ilustrar con una foto suya (que era muy guapo) o simplemente con imágenes de él corriendo o sonriente tras ganar una etapa.

Creo que hoy, con la moto destrozada, hubiera sido suficiente.

José Antonio Espinosa (1969-1996).

jueves, 5 de julio de 2012

CERRADO



Llevo un tiempo dándole vueltas a esta entrada y hoy he decidido que es el momento de contároslo: el espejo de la entrada permanecerá cerrado. Por vacaciones.Lo que van a durar estas vacaciones no lo tengo claro ni yo, dependerán de muchos factores.

Este espacio tiene más de cuatro años y en principio lo abrí como un experimento más. Los dos últimos años le he dedicado bastante más tiempo del que sería razonable y, como pasa siempre que tensas demasiado una cuerda, ha empezado a dar síntomas de que se puede romper.

Me niego.

Por eso, hace unas semanas decidí relajar el ritmo: me estaba agobiando. Por eso las entradas se han ido distanciando. Por eso me salen reseñas muy cortas. Por eso, además, hace tiempo que me olvido de ser educada y responder vuestros comentarios.

Me siento como un coche viejo. Al principio se me encendió una luz del cuadro, señal de alarma inminente, y con un manotazo lo silencié. Las cosas volvían a su cauce, el coche funcionaba perfectamente y seguí adelante. Lo malo fue que la dichosa lucecita se volvió a encender y aunque al principio el mismo método funcionaba (el del manotazo), hace tiempo que la estrategia ya no es útil. De hecho se han ido encendiendo después todas las luces, una detrás de la otra y el coche se ha parado.

De golpe.

Estamos en verano. Es tiempo de piscina, de ir a las terrazas a tomarse una cerveza, de largos paseos al atardecer, de parque, de libros por leer, de excursiones al campo, de barbacoas en la terraza con los vecinos...

Quizá es tiempo de olvidarse un poco de todo esto. Por lo menos aparcarlo hasta cuando sea mejor momento.

Quizá así encuentre el tiempo que me hace falta para responder a los correos y los mensajes que se acumulan en mi buzón.

Quizá.

Feliz verano, ha sido un placer.

Un día explicaré esto del todo. Algún día escribiré las palabras que le faltan a esta entrada.


martes, 3 de julio de 2012

WRITING

Eso es lo que he estado haciendo esta tarde: escribir. Pertrechada con mis armas, el procesador de textos y un café (solo, con hielo) me he lanzado a contar una historia que tenía en mente desde hace varios días y hoy puedo decir que esta vez no la borro.

Llevo un tiempo en el que estoy escribiendo casi más que nunca, pero que por alguna extraña razón nada acababa guardado en un archivo. Siempre había un "pero", algo que no me convencía del todo y como exigente que soy, se convertía en nada. Sin arrugar un folio, ya estamos en otro tiempo, me recordaba a esos escritores que emborronaban papeles y rápidamente los tiraban a una papelera atestada de ellos, como material inservible, desesperándose por su torpeza. Pero hoy, no sé por qué, he encontrado la tranquilidad necesaria para decidir que, esta vez sí, me quedo con mis palabras.

No sé qué ha cambiado. El escenario es el mismo, estoy sentada en el rincón de siempre. El silencio de la habitación sólo lo interrumpe el continuo tic, tac del reloj de pared y el traqueteo de las teclas bajo mis dedos, pero estoy segura de que la magia flota en el ambiente. Esa magia que te invade de pronto cuando encuentras la palabra justa, la frase correcta que transmite las imágenes que están danzando en tu cerebro.

No sé si alguna vez habéis experimentado esa sensación, la de ser sólo meros instrumentos, la de que alguien gobierna vuestros pensamientos y los empuja ordenados para que se conviertan en una historia con sentido. Yo, sí. Muchas. Es una sensación que me llena por completo, que se apodera de mí como la más potente de las drogas y que me arrastra sin que yo sea capaz de oponer la más mínima resistencia. No lo intento, la verdad, me gusta.

Me completa.

En estas ocasiones pararía el tiempo, lo detendría para saborearlo con calma, como se saborea el beso de un amante, la caricia que has esperado siempre y que por fin llega cuando menos te lo esperas. Es extraño porque estás solo, aunque te sientas en la mejor de las compañías. A lo mejor es Caliope, que no tenía otra cosa que hacer esta tarde y se ha venido conmigo, a susurrarme palabras al oído, para que yo las ponga sobre el blanco de la pantalla del ordenador.

Y las guarde para siempre.

domingo, 1 de julio de 2012

TALLA 36


Hoy he ido de compras. En mi armario hay ropa de años anteriores suficiente como para no tener que plantearse una visita en pleno calor a las tiendas de moda, pero este año he tropezado con un imprevisto con el que no contaba en absoluto: un cambio de talla.


En mi vida esto es algo que no se ha dado con frecuencia. Me pasé toda la adolescencia estancada en los 49 kilos, uno menos de los necesarios para ser donante de sangre (me hacía mucha ilusión por esa época, pero no cumplía los requisitos, por eso lo recuerdo) y sólo experimenté un aumento ridículo de peso cuando acabé los estudios e ingresé en las listas del paro. Tanto tiempo en casa, sin horarios rígidos, suprimiendo los 7 kilómetros que caminaba cada día, comiendo a las horas que me apetecía… me hicieron engordar la friolera de ¡tres kilos! Ahí me mantuve otro montón de años, sin esforzarme, incluso fui capaz de pasar un embarazo en el que apenas engordé y volver a mi peso apenas quince días después del nacimiento de mi hijo.

Todo fue bien hasta que llegó el segundo embarazo. Puñetero donde los haya, lleno de contratiempos de salud que me encadenaron a un reposo forzoso. Engordé, claro y esta vez, a los quince días del parto, me seguían sobrando kilos. Y al mes. Y a los seis meses. Y al año… Lo achaqué a una lactancia muy larga, decidí que cuando acabase me pondría seria conmigo misma. Bueno, pues la vida no me dejó seguir con mis planes. Como siempre es ella la que traza el rumbo y nosotros, pobres mortales, lo único que podemos hacer es dejarnos llevar. La enfermedad de mi padre me generó un cuadro de ansiedad que mitigué a base de abrir la puerta del frigorífico. Sin que apenas me diera cuenta, la báscula marcaba cada día más kilos y yo no sentí la más mínima necesidad de poner remedio. Me veía… rellenita. Nunca gorda. Debe ser que mi sentido de la percepción de mi físico está adaptado para no sufrir…

A principios de este año tenía tos. Constante. Cansina. Impertinente. Una tos que no se iba de ninguna manera pero que no parecía asociada a nada grave. Un catarro que se llevó la tranquilidad de dormir de noche y, de paso, algún kilo de esos que tenía de más. No hay mal que por bien no venga, o en este caso, al contrario, ¿no?

Después de la tos, llegaron los disgustos. Virus que se colaron en mi sistema, contaminando mi tranquila existencia. Volví a ser víctima del estrés pero, esta vez, al revés que la otra, dejé de comer. Mi estrés me empezó a consumir. Tan rápido que acudí al médico asustada. Después de varias pruebas la conclusión es que no me pasa nada. Necesito tranquilidad, que lo que me altera se aparte de mi vida. Eso intento y a veces parece que tengo éxito. Otras la verdad es que no mucho… El caso es que he vuelto a comer, pero mi peso se ha estabilizado muy por debajo de donde estaba a principios de año.

Hoy, al comprarme ropa, he sufrido un auténtico impacto. Acostumbrada a la talla 42, a veces la 44, ver como unos pantalones de la 40 me los podía quitar sin desabrochar el botón ha sido extraño pero para nada tan raro como llegar a la caja, finalmente, con unos pantalones de la talla 36 y un vestido XS. Me he mirado al espejo del probador y si no fuera porque este cuerpo se parece mucho al que recuerdo de otro tiempo pasado, hubiera jurado que enfrente tenía a una extraña. Lo único que no me gusta de lo que veo es que las ojeras se han convertido en las protagonistas de mi rostro.

Tendré que dejar de mirarme a los ojos.


jueves, 28 de junio de 2012

ELLAS TAMBIÉN VIVEN. Mª PILAR MUÑOZ ÁLAMO






ELLAS TAMBIÉN VIVEN
Relatos de mujer.

Mª del Pilar Muñoz Álamo.

Editorial Círculo Rojo.

2ª Edición.

ISBN: 978-84-9991-507-4






Sinopsis:
Nosotras también soñamos, amamos, sufrimos… Somos partícipes de múltiples e interesantes vivencias con las que disfrutamos, aprendemos, reímos o lloramos, con las que crecemos física y emocionalmente, y que gustamos de compartir abiertamente con quienes nos rodean. Calificadas injustamente como el sexo débil y relegadas en muchos casos al silencio y al olvido, gozamos de buenas razones para alzar nuestra voz y expresar sin miedo lo que pensamos, lo que sentimos, lo que opinamos y lo que vivimos, en conjunción con la riqueza de matices que envuelve nuestra femenina forma de ser y que, indudablemente, nos hace ser especiales.
Esto no es sólo una recopilación de relatos. Es un paseo repleto de sentimientos y emociones que te llevará, de la mano de sus protagonistas, a sumergirte en un mundo de vivencias y experiencias que te cautivarán, y cuyo final, sin duda alguna, no te dejará indiferente.


Opinión personal: 
Bajo este título, y el subtítulo Relatos de mujer, encontramos dieciséis relatos de distinta extensión, en los que la autora María del Pilar Muñoz Álamo, aborda distintos temas, siempre desde una perspectiva emotiva. Pero, a pesar del título, no son exactamente relatos que puedan llegar a tocar solamente las emociones de las mujeres, sino que también un hombre puede sentirse identificado con el torrente de sentimientos que se desgranan en cada uno de ellos.

La prostitución como vía de salida económica en un momento desesperado, el recuerdo de un amor prohibido, una infidelidad peculiar, o distintas enfermedades como el cáncer o el alzheimer, son abordados desde la perspectiva femenina, desde la voz particular de la mujer.

Me ha parecido muy interesante la manera en la que terminan, dando siempre un giro inesperado al final, sorprendiendo al lector con un desenlace que para nada es previsible. Quizá ahí, en lo sorpresivo, en el torrente de sensaciones que provocan en el lector y en su impecable factura, está el secreto de este libro de relatos. Son todos especiales, ideales para saborearlos poco a poco, parándonos a pensar en lo que nos cuentan pero también en lo que nos sugieren, en los pensamientos que permanecen flotando en nuestro cerebro tras su lectura.

Es complicado elegir uno de ellos, quedarse sólo con una pequeña parte de esta historia llena de historias, pero para mí ha habido uno que me ha tocado de manera especial: el mejor regalo. Quizá ser madre te coloca en una posición de empatía con la protagonista, con los sentimientos que se le desbordan cuando se encuentra de frente con la posibilidad de perder a su hijo. Reconozco que, aunque no soy de llorar con los libros, alguna lagrimilla estuvo a punto de escaparse.

Uno que me ha parecido muy interesante es una abierta infidelidad, que toca el tema del uso que hacemos de los ordenadores hoy en día, el tiempo que nos roban para pasarlo en familia.

Mi consejo es que no dejéis pasar este libro. Está editado por Círculo Rojo, pero si queréis saber más sobre el libro, sobre la autora o conocer algún relato más de los que va publicando en su blog, este es su espacio: www.ellastambienviven.blogspot.com Va ya por la segunda edición, así que será por algo.

Tengo que darle las gracias a Pilar, porque me regaló el libro hace un tiempo. Un día abrí mi buzón y me encontré con la sorpresa de que ahí estaba. Empecé a leerlo enseguida, pero no lo terminé hasta hace poco, en principio porque me lo "secuestraron" y después por falta de tiempo, pero me alegro mucho de haber conocido ya a todas sus "niñas".

miércoles, 27 de junio de 2012

EL RETO

Desde el Blog de una madre desesperada, Dácil me manda un reto. Consiste en decir una frase con la que te sientas identificada, algo que te defina de alguna manera, y después pasarle el reto a blogs amigos. Los blogs los pondré debajo. Ahí va mi frase:

"Lo imposible solo tarda un poco más."













sábado, 23 de junio de 2012

CELEBRANDO QUE SIGUES CONMIGO

Hoy sólo voy a compartir una captura de pantalla. Es una imagen que se ha repetido a lo largo de la semana en varias ocasiones y que me motiva porque, como digo en el título, celebro que él sigue conmigo. Su fuerza, sus manos tendidas siempre, lo que me enseñó, lo que me quiso, nunca se me van a olvidar. Siempre que abra las páginas de La arena del reloj, podré sentirle cerca.


La arena del reloj es muy íntimo, es un libro que te enfrenta a ti mismo, que te recuerda quienes en tu vida, al final, son importantes. A veces nos dejamos arrastrar por las circunstancias pero cuando el tiempo tiene un límite somos capaces de entender que no somos eternos y que el tiempo perdido es, siempre, imposible de recuperar. Somos capaces de "ver" quienes son realmente importantes.


¿Eres valiente? Pincha en la portada y descubrirás que la distancia entre tus sentimientos y tú está a sólo un euro.

¡Feliz fin de semana!


miércoles, 20 de junio de 2012

ECO Y NARCISO

Hace ya mucho tiempo, tanto que prefiero no poner el número exacto de años, mis mañanas de sábado estaban llenas de radio. Un día, un amigo me propuso que presentara en su programa de radio una pequeña sección. Yo no tenía ni idea, sólo había estado en la radio de visita, pero como hablo mucho, debió pensar que era capaz de afrontar el reto.

Mis veinte minutos iniciales, al cabo de tres programas, se convirtieron en una hora, porque quiso el destino que él consiguiera un espacio en lo que entonces era Antena 3 radio, y abandonó los estudios de la emisora local en la que estábamos para buscar fortuna en otro lugar con más proyección de futuro. Sin buscarlo, como casi todo lo que me pasa en esta vida, acabé convirtiéndome en la presentadora del programa de radio de los sábados por la mañana en Radio Azuqueca. En tres semanas...

Para rellenar esos sesenta minutos de radio tuve que aplicar la imaginación. En principio el programa estaba destinado a un público infantil, pero como la música que se hacía para ellos (básicamente bandas sonoras de películas de Disney y (¡socorro!) Leticia Sabater) no eran demasiado de mi agrado, decidí que lo primero que haría sería enfocar la música por otro lado. No era extraño en mi programa escuchar temas de Seguridad Social o Medina Azahara, por más que entre ambos las conexiones de estilo y temática sean más bien escasas. En realidad yo no la escogía, dejaba que los niños que me acompañaban en esos minutos decidieran. ¿Qué salió? Pues el programa más extraño del mundo, en el que, inevitablemente, conociéndome, había un cuento.

Ese tema también me preocupó. No quería cuentos populares, ni ñoños, no quería lecciones de moral sino historias interesantes. La mitología me dio la respuesta.

Les conté muchos de los mitos griegos que conocía e investigué sobre otros de los que no había oído hablar nunca. Poco a poco, los minutos del cuento se ganaron el protagonismo del espacio de radio. Siempre empezaba del mismo modo:

"Hay un mundo a la vuelta de la esquina de tu mente, donde la realidad es un intruso y los sueños se hacen realidad. No hace falta varita mágica o lámpara de Aladino, sólo hace falta... imaginación". (Me parece que esto era un poco más largo pero hace tanto que no pronuncio esas palabras que algunas se han atascado en mis recuerdos).

Entre los mitos, recuerdo con especial cariño uno de los primeros, la leyenda de Eco y Narciso. Hoy, me apetece recuperarla.

"Cuando Narciso nació su madre, Liriope, no podía estar más orgullosa. Era el bebé más hermoso sobre la faz de la Tierra. Tanto era así que desde ese mismo instante fue amado por todas las ninfas. Intrigada por su destino, Liríope fue a visitar al adivino Tiresias, para saber qué le depararía el futuro. La respuesta de éste, ambigua, decía que viviría mucho con la condición de que nunca se viera a sí mismo...


El tiempo pasó y la belleza de Narciso, en lugar de marchitarse, fue creciendo. Su hermosura era amada por igual por hombres y mujeres. Un día, Narciso tropezó con Eco. Esta Ninfa vivía casi encadenada al silencio, víctima de la ira de Juno, la esposa de Júpiter. Un día sorprendió a su marido con ella y la castigó: jamás podría hablar completamente, sólo podría repetir las últimas palabras de la frase que escuchase. Eco se fue marchitando, adelgazando, hasta que de ella ya no quedó más que su dulce voz y un tenue reflejo. 


Cuando Eco vio a Narciso se enamoró perdidamente de él.


Pasado un tiempo decidió acercarse a su amado, para exponerle sus sentimientos, pero se encontró con un problema: ¿cómo hablar con alguien cuando te faltan las palabras? ¿Cómo si no te ve? Afortunadamente encontró una buena ocasión. Llamó su atención con unos ruidos en el bosque y Narciso, extrañado, pregunto:
-¿Quién está aquí?
-... está aquí -repitió Eco.
Narciso quedó prendado de su voz y volvió a gritar:
-¿Dónde estás?
-... estás -fue la respuesta de la ninfa.


Tras una conversación de finales repetidos, ambos se encontraron, pero el difuso reflejo de la ninfa no encandiló a Narciso, que la rechazó con desdén. Tanto que juró que  prefería deshacerse antes que ella gozase de él. La ninfa Eco, despechada, pidió un deseo: "ojala que cuando él ame como yo le amo ahora, se desespere como me desespero yo".


Nemesis, la diosa de la venganza, escuchó el ruego de la ninfa y se alió con Cupido (el díos más travieso del Olimpo). Éste le clavó una flecha a Narciso en la espalda y cuando el joven se agachó a beber agua de una fuente, al ver su reflejo en el agua quedó prendado de su propia hermosura. Lloró, se desesperó, imploró a los dioses pero todo fue en vano. Finalmente empezó a desvanecerse y fue víctima de una metamorfosis. Su cuerpo hermoso quedó transformado en una flor, el Narciso, que desde entonces crece a la orilla de las fuentes.


Eco, destrozada por la desaparición de su amado, se desvaneció del todo y hoy, de ella, sólo quedan por montes y valles de todos los lugares del mundo, las últimas sílabas de los gritos de los hombres."


¡Feliz miércoles!