miércoles, 7 de marzo de 2012

EL ASIENTO 25 B

Un viento helado golpeó mi cara al salir del taxi. Eran las siete menos cuarto y tenía el tiempo justo para no perder el puente aéreo, pero no corrí. Al contrario, recorrí los pasillos de la terminal sin apresurarme. Siempre es así. Llego al aeropuerto sin minutos de crédito y no acelero para no perder el avión. Y aún así, jamás he logrado llegar después de que despegue. Nunca me ha dejado en tierra.

Esa mañana las manos me sudaban como de costumbre, el corazón me latía acelerado y comenzaba mi terrible lucha contra la respiración descontrolada. La sed que me asaltaba siempre en esos casos hizo su aparición y, para combatirla, me bebí de un trago la botella de Solán de Cabras que llevaba en el bolso. Tuve que pasar por el baño antes de embarcar, no tanto por necesidad física sino por prevención. Sabía que dentro del avión iba a ser incapaz de desabrocharme el cinturón durante todo el trayecto. Cumplido el ritual de cada semana me dirigí a la auxiliar del mostrador y le entregué el billete del puente aéreo, antes de entrar por el pasillo que conduce al interior de la aeronave.
Había memorizado mi plaza: 25 B. Procurando que nadie notase mi ansiedad, busqué mi asiento. Me sentaría como cada martes, aparentando una serenidad que ni por lo más remoto sentía, y fingiría dormir. Nadie tenía por qué saber lo que me pasaba cada vez que me veía en el trance de viajar a Barcelona. Un viaje que mi trabajo me obligaba a hacer, nada más y nada menos, que una vez a la semana y que desataba mis peores miedos. Viaje de ida y vuelta, dos veces en menos de veinticuatro horas sufriendo esa horrible tortura. No quería que nadie se enterara de lo que me pasaba, por eso había exigido en el trabajo viajar sola, y eso había contribuido todavía más que el pánico se hiciera sitio dentro de mí. Convivía con él como se vive con alguien a quien no deseas ni ver: tratando de ignorarlo aunque sin conseguirlo. No había sido capaz de hablar con nadie de mi "pequeño problema" y quizá eso lo empeoraba todo.
Llegué al asiento antes de que el pasajero que viajaría a mi lado hiciera su aparición. Dejé el bolso en su sitio y me ajusté el cinturón, tratando de obviar la risita absurda de una cincuentona con pinta de secretaria. Siempre me pasaba. Siempre iba en el avión algún idiota que se daba cuenta de que no podía estar ni dos segundos sentada en la butaca sin ponérmelo. Supongo que lleva implícito seguridad y esa se quedaba en tierra en mi caso, justo al lado de los agentes de la guardia civil que chequeaban mi equipaje de mano en el escáner.
Miré el reloj. Tres veces en cada minuto, incapaz de recordar la hora leída de refilón. Hoy saldríamos con retraso, eso ya era obvio. Perdida en mis cálculos sobre la hora en la que podríamos pisar por fin el destino, casi no me di cuenta que ya no estaba sola. A mi lado, esperando que recogiese mi bolso de su asiento, había un hombre. Tendría alrededor de cuarenta años, tal vez menos, no lo sé. Supongo que cuando a alguien se le empieza a caer el pelo me resulta difícil no ponerle algún año de más. Arrugas de expresión surcaban su frente y el contorno de sus ojos, pero no parecían profundas. Una barba medida, de cuatro días justos, diría yo, completaba su atuendo despreocupado. En ese momento no me fijé en nada más. No me interesaba. Es más, me molestaba que se sentase alguien cerca de mí, porque me resultaba más difícil el juego del disimulo.
-Perdón -logré decir aparentando calma, mientras recogía el bolso y lo ponía en mi regazo.
-No importa -me respondió tranquilamente.
Y se sentó. Desplegó un periódico deportivo, con cuidado de no irrumpir en el reducido espacio de mi plaza de avión, y comenzó a bucear entre las noticias, ignorándome por completo. Eso estaba bien. No podría soportar a alguien con ganas de charla. Me había pasado en algún que otro trayecto y tratar de mantener la calma con una sonrisa en los labios me dejaba agotada.
El movimiento de la aeronave me pilló desprevenida, exactamente mirando las manos del desconocido, tratando de adivinar a qué se dedicaba. Era un ejercicio de relajación sacado de no sé qué revista especializada. No llegué a ninguna conclusión. Bueno, quizá sí. Supe que no se dedicaba a alguna profesión en la que trabajase con las manos, porque sus uñas estaban perfectas y tenía una piel que parecía suave. En realidad, como deducción era una catástrofe. La mayoría de la gente que cogía el puente aéreo a esa hora no eran precisamente obreros de la construcción. En general se trataba de personas dedicadas al sector servicios y, de cuando en cuando, alguien que se movía entre Madrid y Barcelona por motivos familiares o, raramente, turísticos.
La sudoración de las manos hizo su aparición en el momento en el que fui consciente de que nos poníamos en pista, listos para despegar. Al parecer el ejercicio, como tantos otros, no funcionaba. A lo mejor el artículo de la revista se lo había inventado alguien para rellenar una página. La azafata anunció que salíamos y dio las recomendaciones acostumbradas sobre seguridad, que también le hicieron mucha gracia a la cincuentona que se había reído, y después se sentó. Mi compañero se ajustó el cinturón y, por el rabillo del ojo, intuí que me miraba. Parecía acabar de darse cuenta de que yo ya me lo había puesto hacía un buen rato.
La aeronave se detuvo en el punto que daba al comandante los metros necesarios para alcanzar la velocidad de despegue y mi nerviosismo me hizo revolverme incómoda en el asiento. Estábamos llegando a uno de los peores momentos del viaje y todavía no estaba preparada. Quizá era sueño o que me había distraído, el caso es que sabía que estaba a punto de perder el control. Noté sin girar mi rostro que el extraño me seguía mirando y eso no ayudó, al contrario, antes de que pudiera inspirar y espirar las veces suficientes el avión comenzó a acelerar. Mi corazón, por seguirle el paso, también empezó a subir de revoluciones y, cuando las ruedas se despegaron del suelo, ya estaba llorando.
Mi llanto en el avión es silencioso. A veces, las menos, incluso puedo llorar sin lágrimas. No es fácil, pero lo he conseguido. Sin embargo, el martes del que hablo, lloré de verdad. Lágrimas como ciruelas, estropeando el suave maquillaje de la mañana. ¡Menos mal que pasaba del rímel!
No sé cuántos minutos permanece el avión en posición de subida, seguro que muy pocos, pero el caso es que a mí se me hacen eternos. Siento que el pecho me va a explotar, tal vez porque el pánico le roba espacio a los pulmones y no sé dónde meter las manos, que en este punto me sudan tanto que podría, literalmente, recoger el sudor en un tubo de ensayo de esos que usan los científicos en sus experimentos.
Cuando comenzamos a situarnos en horizontal, empecé a poder controlarme un poco. Sequé las lágrimas con un pañuelo desechable, inspiré de manera sonora y fue la contraseña para que mi acompañante considerase que tenía permiso para empezar a hablar. Yo no tenía ninguna gana de conversación, pero la educación me impidió rechazar ese contacto que él provocaba.
-Me llamo Pep.
Estuve a punto de gritarle que me importaba un pimiento como se llamase. ¿Para qué me decía su nombre? Lo que hizo después me dejó desconcertada y, estoy segura, provocó una reacción más en mi maltratado organismo: me tendió la mano. ¡Cómo iba a estrechar la mano de alguien!¡La tenía pringosa de sudor! Tardé, no sé, unos segundos en reaccionar: justo los que necesité para pensar que se merecía estrechar una mano resbaladiza por no dejarme en paz. Daba igual lo que pensara de mí. Me sequé como pude el sudor en el pantalón y le devolví el saludo.
-Sandra.
No puso ninguna cara extraña, aunque estoy convencida de que notó el estado en el que me encontraba. Por más que tratase de disimular, temblaba.
-Tu primer vuelo.
Fue una afirmación, no una pregunta. Y me molestó. No era ninguna novata.
-No, todas las semanas vuelo a Barcelona, por trabajo.
¿Por qué le estaba dando datos sobre mi vida? Sólo me faltó decirle que siempre viajaba los martes.
-No lo parecía. Me ha dado la sensación de que te ponías muy tensa en el despegue.
-No me gusta nada volar -le respondí, mientras me regañaba por contarle detalles, aunque fueran tan nimios, de mi estado de ánimo.
-¿Qué te preocupa? -me preguntó mientras doblaba el periódico y lo apartaba. Estaba tranquilo y me miraba inspirando confianza pero, en ese momento, yo tenía ganas de decirle que me dejara en paz, que no quería hablar con nadie. Por alguna razón que desconozco, le contesté.
-No lo sé exactamente. No me gusta volar, eso es todo.
-¿Qué temes?
-Pues... -fingí una duda. Me lo había preguntado a mí misma muchas veces y sabía la respuesta-. Que se caiga el avión, supongo.
-¿Eso es lo que crees que puede suceder?
-Sí.
Y era absurdo, porque hacía ya dos años que cogía el avión cada semana, dos años en los que apenas tenía noticias de accidentes aéreos.
-Tengo miedo, eso es todo.
Fui seca, esperando que abriera de nuevo el periódico y me dejase tranquila. En lugar de eso, se desabrochó el cinturón. Noté como la ansiedad crecía en mí, las manos volvieron a sudarme y la respiración se agitó de nuevo. Ahora, por alguna razón, temía también por él. No podía soportar que se quitara el cinturón. Él siguió preguntando.
-¿Qué pruebas tienes de que vaya a caerse? Me refiero, ¿alguna vez has tenido un accidente con un avión?
-No, claro.
-¿Entonces?
-No me gustan las sensaciones del despegue. Me pone nerviosa notar como abandona el suelo. Y el sentirme en posición vertical.
-No es verdad -dijo él.
Le miré con extrañeza y un poco de odio. Me estaba cabreando. ¿Quién era él, un extraño, para cuestionar lo que yo sentía? Debió de darse cuenta de mis emociones porque habló de nuevo.
-Ya tenías miedo antes de que el avión empezara a andar. Incluso te has puesto el cinturón sin que te lo recordaran.
-Es lo que hay que hacer, ¿no? ¡Para eso está! -Me puse a la defensiva.
-No pasa nada, no te enfades. Sólo quiero que pienses en lo absurdo de lo que te ocurre.
¡Esto era el colmo! La casualidad lo había puesto a mi lado y se creía con derecho a juzgarme sólo por eso y a opinar. Le miré atentamente. Encima sonreía. Mi mosqueo subía de intensidad y se hizo mucho más evidente cuando me descubrí pensando que tenía unos ojos increíbles. Mi cerebro, a mil por hora siempre en un avión, estaba ahora dividido. Por una parte procesaba mis miedos, por otra buscaba la manera de decirle a ese Pep que se metiera en sus asuntos y, en último lugar, pero ganando posiciones, se desdoblaba en un debate sobre el atractivo innegable que desprendía. Sacudí este último pensamiento y me refugié en mi miedo más conocido. No fue buena idea porque el corazón galopó de nuevo descontrolado y eché de menos un tranquilizante.
-¿Qué pruebas tienes en contra?
-¿En contra de qué? -Me había perdido en la conversación. Tantas cosas en mi cerebro y me estaba liando.
-En contra de que el avión se caiga.
-Yo...
Todas, pensé. Ninguno de los aviones en los que había viajado había tenido percances. Unas turbulencias de vez en cuando, pero nada más. Me fastidiaba reconocer que llevaba razón.
-Nunca ha pasado nada, ¿verdad?
-No, nunca -tuve que reconocer.
-¿Qué probabilidades hay de que ocurra hoy? Hace un día perfecto y estoy seguro de que han revisado el aparato. Ni siquiera se mueve. Menos que un tren, infinitamente menos que el metro.
-Supongo que eso es cierto.
Me miraba a los ojos y yo, a pesar de todo, me esforzaba por mantenerme atenta. No dejé de mirarle también. Sabía que llevaba razón, que no había nada que indujera a pensar que el avión iba a decidir estrellarse aquella mañana. Revisé mis síntomas y me dí cuenta de que habían ido disminuyendo a medida que me había dado permiso para tranquilizarme y para pensar en ello. No estaba practicando un ejercicio de evasión sino que este hombre me estaba obligando a hablar de mis temores.
-¿Puede ser que te ocurra otra cosa?
-¿Otra cosa?
-Sí. Puede que sea otro miedo. Sabes que no pasa nada y sin embargo tiemblas. Puedes tener miedo a otra cosa y esta es tu manera de manifestarlo.
Pensé en ello mientras miraba por la ventanilla. ¿Otro miedo?¿A qué? Nunca había pensado que hubiera más cosas que me dieran miedo. Siempre que pensaba en ello sólo aparecían aviones en mi cabeza. La azafata, o auxiliar de vuelo, como quiera que se llamen ahora, se acercó por el pasillo. La señora de la risa floja le estaba pidiendo algo.
-Cuando era pequeña... -el recuerdo se abrió paso de repente y sentí la necesidad de expresarlo en voz alta-, hubo una explosión de gas en mi edificio. Nadie murió pero pasé varias horas atrapada entre los escombros, hasta que llegaron los bomberos. En ese tiempo tuve que luchar contra un dolor insoportable en las piernas, que estaban atrapadas entre el amasijo de ladrillos. No me rompí nada, sólo heridas que después hubo que coser. Salvo eso...
-¿Tienes miedo a que vuelva a ocurrir?
-No, en mi casa de ahora no hay gas.
-Pero tienes miedo.
-No sé...
Había olvidado aquello, apenas era un recuerdo vago de una niña pequeña, pero recordaba a la perfección lo pesada que me puse cuando busqué casa en que la calefacción del edificio no fuera de gas. A lo mejor no era precaución, sino miedo. No lo había pensado así.
-¿Qué sería lo peor que te podría pasar si ahora mismo el avión se cayera?
¿Cómo podía estar preguntándome eso? Empecé a temblar de nuevo. Me di cuenta de que mi mente empezaba a recrear la escena jamás vivida, supongo que construía un relato con fragmentos leídos en la prensa o escuchados en la televisión. Sin darme cuenta me estaba cayendo de verdad, al menos de verdad en mi cerebro.
-Cuando llegásemos al suelo. -Pep se empezó a reír, y al principio no me hizo gracia - tú ya te habrías muerto de un infarto. Nada de volver a quedarte atrapada. Una preocupación menos...
-¿Pero por qué te ríes? No tiene ninguna gracia.
-No creo que te diera tiempo a verte en la misma situación.
-¡Tú qué sabes!
-Tampoco ibas a ver a nadie herido. No tendrías tiempo.
-¡Te quieres callar!
-¿Te imaginas a esa señora despeinada, con la falda levantada, con el señor que está a su lado encima de ella? -Hablaba bajito para que ella no le oyera y se aproximó a mí-. Yo creo que no le haría ninguna gracia, porque seguro que ella sobrevivía.
-¿Y yo no?
-No, tú te morirías antes, no te acuerdas.
-¿Y por qué me tengo que morir yo?
-Ya te lo he dicho no llegarías viva al suelo porque te daría un infarto.
-¿Y tú cómo acabarías? -Empecé a seguirle el juego.
-Probablemente me caerías encima tú y moriría aplastado por una pasajera histérica.
-¿Ahora soy una histérica? -Tenía ganas de meterle un bofetón. Si hubiera habido sitio no se habría librado de una patada en los huevos.
-No, era una broma. ¿Cómo crees que moriría yo?
Me quedé un momento pensando. Por hacerme pensar en todo lo que más miedo me daba debía buscarle una muerte horrible. Achicharrado por el keroseno ardiendo, quizá desmembrado, en cachitos tan pequeños que jamás pudieran encontrar ni rastro de su cuerpo. Pero era una lástima porque era bastante guapo. No me tenía que dar pena. Era un pasajero capullo de los que no se callan. Le deseaba lo peor.
-Tú te morirías aplastado por la risueña, que tendría encima al gordo de al lado, atragantado con tu lengua.
-¿Por bocazas?
-Por imbécil.
Se empezó a reír y me di cuenta de que yo estaba haciendo lo mismo. Era la primera vez que escuchaba mi propia risa en un avión. La señora se volvió, curiosa. A lo mejor con cierta envidia porque el pasajero que estaba a su lado se había dormido, roncaba como un poseso y encima no le daba conversación.
-¿Sería horrible? -me preguntó.
-¿Que te murieras atragantado? Una pérdida enorme para la humanidad, seguro.
-Te estás riendo. Me gusta. Estás mucho más guapa que hace un rato, cuando te has puesto a llorar.
Recordé el despegue y me pareció que había pasado una eternidad. Miré el reloj y constaté que el viaje se me estaba haciendo corto. Raro. Siempre era demasiado largo.
-¿Te ayuda pensar en tu miedo o te pones más nerviosa? -Pep había vuelto al tema que nos puso en contacto, mi miedo.
-No lo sé. Ahora estoy mucho mejor.
-Seguro que soy yo, que tranquilizo.
Le miré estupefacta. ¡Qué se había creído! Me dejó unos instantes para la duda y enseguida sonrió de nuevo. Me estaba tomando el pelo. Tuve la tentación de preguntarle algo de él pero no me atreví. ¡Miedosa!
-¿Te resulta útil pensar en lo que temes? -Se puso serio de nuevo, volviendo a las preguntas.
-¿Cuándo subo al avión... ?
-Sí.
-No, me pongo peor, pero no puedo controlar mis pensamientos.
-Si no puedes controlarlos, no puedes relajarte y dejar la mente en blanco, al menos puedes cambiarlos.
-¿Pensar en otra cosa? -pregunté.
-Pensar en lo mismo pero desde otro punto de vista.
Cambiarlos. No se me había ocurrido. Remodelar el miedo. A lo mejor eso funcionaba más que tratar de pensar en otras cosas. Eso, como ya había probado, me ayudaba poco.
-¿Cómo lo hago?
-Veamos -Se movió para sentarse de lado, colocándose frente a mí. El gesto empujó su aroma que me gusto-. Piensa esto. ¿Hay alguna posibilidad de que ahora, con esta calma, el avión  se caiga?
-No. No lo parece. Pero podría haberla.
-Del uno al diez, ¿qué dirías?
-Yo... no sé...
-Más fácil, ¿alta o baja?
-Baja -respondí. Me fastidiaba darme cuenta de que llevaba razón.
-Pues entonces no tiene por qué preocuparte. Otra. Si el avión se estropease y empezase a caer descontrolado, ¿tú podrías hacer algo? Aparte de provocarte a ti misma un ataque al corazón... - esquivó mi manotazo justo a tiempo. Noté su tono en burla en la última frase.
-No, claro que no. Yo no soy piloto, ni sé cómo funciona este trasto.
-Pues deja de preocuparte.
Y siguió un buen rato con sus preguntas que siempre acababan en lo mismo. Siempre diciendo que dejase de preocuparme y sonriendo intensamente. El aviso sonoro de que nos acercábamos al aeropuerto me pilló desprevenida. Siempre iba tan pendiente del reloj que casi podía adelantarme a él. Sin embargo, ese martes, no. Mi organismo, acostumbrado a reaccionar mal ante esa señal, se puso en alerta de nuevo. Y mi nuevo amigo me sonrió mientras se abrochaba el cinturón.
-Creía que no tenías que preocuparte por nada.
-Lo sé, pero no es fácil. Llevo años haciéndolo.
-Pues es el momento de dejarlo.
Le miré suplicando ayuda pero no se movió, así que fui yo quien dio un paso. Agarré su mano izquierda y respiré mientras le miraba.
-Voy a dejar de preocuparme, pero con los ojos cerrados.
-Como quieras.
Pep me apretó la mano. Fue un apretón suave, que interpreté como una señal de ánimo. No me tenía que preocupar, el piloto sabía cómo hacer que el aparato pusiera las ruedas en tierra sin provocar una catástrofe. No tenía que pensar en nada malo porque, aunque fuera a ocurrir, yo no tenía el poder de evitarlo. No iba preocuparme porque, además, no estaba sola. Tenía una mano agarrada a la mía que me estaba dando fuerza y que, además, era más suave incluso de lo que había imaginado cuando la miré por primera vez. Empecé a pensar en el hombre que tenía sentado a mi lado, repasando mentalmente su aspecto, su sonrisa, sus miradas y la suavidad de su voz y, antes de lo que hubiera deseado, sentí la sacudida de las ruedas tocando con la pista y el chirrido de la goma en el asfalto mientras los frenos hacían su trabajo. Mantuve los ojos cerrados todavía un rato, evitando así que me soltara la mano.
-Ya está.
Su voz me sobresaltó. Le solté bruscamente.
-Perdón.
-¿Mejor?
-Mucho mejor.
-Recuérdalo la próxima vez que montes en un avión. Preocuparte por algo que no ha sucedido o que no tiene muchas posibilidades de suceder de inmediato sólo te hace daño.
Recogió su periódico y se puso en pie.
-¿Te piensas quedar aquí? -me preguntó al notar que no me movía.
-No, claro.
Traté de levantarme pero no me había acordado de desabrocharme el cinturón y me caí de nuevo hacia el asiento. Debí poner una cara muy divertida porque se empezó a reír, animando a nuestra amiga, la presunta secretaria.
-¡Vamos!
Me tendió la mano y cuando me desembaracé del cinturón me ayudó a abandonar el asiento: 25 B. Nos despedimos en la salida de la terminal, con un beso en la mejilla y un simple que te vaya bien. Quise pedirle su número de teléfono pero no me atreví. Miedo otra vez, miedo a que pensara quién sabe qué. Debo dejar de preocuparme, ya me lo dijo. Desde entonces, cuando vuelo, pienso en él y en sus palabras y los despegues han mejorado, pero no tanto como los aterrizajes. En ese momento recuerdo su mano en la mía y me tranquilizo del todo. No es que mi problema se haya solucionado, pero lo llevo mucho mejor.
Ahora llego pronto a los aeropuertos para tratar de reservar el asiento 25 B, y no es por ninguna superstición, ningún miedo de los míos. Es sólo por si él me recuerda y también recuerda ese detalle.  He llegado a pensar mucho en él y en aquel día. Tenía una teoría. Nos veía a ambos somos como dos rectas secantes, obligados a tropezar en un solo punto de nuestra trayectoria. Él, con pendiente positiva, una línea que se desplaza cada vez más hacia arriba y yo, aquella que tiene un menos uno delante de la equis de mi fórmula matemática. Resolvimos nuestro sistema y encontramos la solución, así que buscarle sería absurdo porque ya no hay más coincidencias. O a lo mejor no, porque últimamente me veo distinta. Me he debido multiplicar por algún número y mi trayectoria parece que ha cambiado. No soy ya una recta sino un gráfico con altibajos.  Pero subiendo, eso es seguro. Puede que la nueva fórmula que me define haga que me lo vuelva a encontrar.
Y no pienso permitirme tener miedo.

martes, 6 de marzo de 2012

PRENSA, FOLLETOS Y UN LIBRO

Ayer, en el correo, había un paquete. Llegó tardísimo, así que no tuve tiempo de preparar esta entrada que ahora comparto. En el paquete, como dice el título había tres cosas: prensa, folletos y un libro.



El paquete venía de la biblioteca de Azuqueca y en su interior traía el libro de Mónica Martín, Títeres, que leeré uno de estos días. Es un préstamo de la biblioteca, debo seguir conservando mi carné... 

Junto al libro, dos folletos como los que os enseñé hace días, del programa de apadrinamiento de autores noveles. 

Debajo, para dejar constancia de esta historia, una pequeña referencia en la revista local, Azucahica, en cuya redacción colaboré hace... ¡uy! casi da pereza pensar cuánto tiempo hace de eso. Mucho, seguro.


De momento esto es lo que he localizado, pero seguro que a medida que pasen los días y los autores el proyecto será más conocido y encontraremos alguna referencia más.

¡Qué poquito falta para el 22, Óscar!

sábado, 3 de marzo de 2012

TURÉGANO





jueves, 1 de marzo de 2012

ENCUENTROS EN LA BIBLIOTECA: MÓNICA MARTÍN.

El pasado día 28 empezaron los encuentros con autores noveles organizados por la Biblioteca Almudena Grandes, de Azuqueca de Henares. La elegida para abrir cartel fue Mónica Martín.

Puntuales, a las siete de la tarde, los miembros del club de lectura se reunieron en la sala de conferencias del centro cultural y empezaron a charlar con la autora de Títeres.

Unas cuarenta personas asistieron al acto, comentando la obra directamente con la autora, planteándole dudas y preguntas y disfrutando de un encuentro que esperan que se repita con la segunda novela que está preparando Mónica. Los clubs se han comprometido a hacer un seguimiento personal de cada autor de los que participan.

Me hubiera gustado estar allí, para poder contarlo de primera mano, pero me fue imposible. Me han contado que hay imágenes de la televisión local que trataré de localizar y subir al blog (si soy capaz, el vídeo del sorteo me costó un ataque de nervios). Lo que sí he conseguido, a través de la biblioteca, es una fotografía de la charla.

No se ve demasiado bien a la autora, pero por experiencia sé que es la que está en el centro de la fotografía. A la derecha, Eva Ortiz, la bibliotecaria, que se ha encargado de esta iniciativa que apoya a los escritores que están empezando.

Dentro de unos días, el 22 de marzo, será Óscar R. Arteaga quien se sentará ahí. Prometo que esta vez las fotos serán mías y la crónica vivida en primera persona. Esto de contar las cosas de oído es muy raro.

martes, 28 de febrero de 2012

ITINERARIO SENTIMENTAL DE JULIÁN MARÍA OTERO




Año de la primera edición: 1915.

Año de esta edición: 2002.

ISBN: 84-89711-79-8

Edita Obra Social y Cultural Caja de Segovia.





Por más que os esforcéis, probablemente no podáis encontrar este libro. Es una pequeña joya que me regaló una amiga hace unos años, cuando nos presentamos a un concurso que organizaba la caja de ahorros, Conocer Segovia. Ese año en concreto el tema era Segovia y la literatura, así que las dos nos pasamos un par de meses investigando en internet, en libros e incluso paseando por la ciudad, porque algunas pruebas consistían en ubicar estatuas, dinteles o pomos de puertas. Todo para no atinar con casi nada… ¡no os imagináis lo difícil que era! No sirvió para ganar la cantidad en metálico (bastante importante, os lo aseguro), pero nos lo pasamos genial. Y yo descubrí a Julián María Otero.

Este libro lo editó Caja Segovia en 2002 y ella lo tenía en casa. Me lo dejó para leerlo, por si nos servía, me encantó y me lo acabó regalando. ¡Gracias, Elena! Tiene una encuadernación muy sencilla en la que se ha conservado el tipo de letra del original y viene guardado en la caja de plástico de la fotografía. Antes del relato, el libro tiene una introducción, titulada "15 años de regeneracionismo en Segovia: inquietudes y realizaciones", también muy interesante, aunque tengo que reconocer que lo que más gracia me hace es una foto de la infanta Isabel con Daniel Zuloaga, el pintor, y sus hijas. Por el gorro, que si no la infanta podría pasar por un señor…

Cuando uno se enfrenta a la hoja en blanco siempre tiene un poco de miedo, ¿cómo empezar? He llegado a una conclusión: hemos simplificado mucho todo. A principios del siglo XX se complicaban hasta lo imposible. Leed, si no, la página que incluye el título:

"ITINERARIO SENTIMENTAL DE LA CIUDAD DE
Segovia, o sea, un paseo por sus calles en una noche de luna.
OFRECIDO A LOS VIAJEROS QUE LA VISITEN
para mostrarles una muy señalada ruta sobre este antiguo solar.
COMPUESTO POR EL LICENCIADO JULIÁN MA-
ría Otero, Abogado, vecino y natural
de la muy noble y muy leal
ciudad.
Con Privilegio. En Segovia por An-
tonio San Martín."

No, no me he equivocado. Las mayúsculas y las minúsculas van como las he copiado, siguiendo un criterio… peculiar.

Pero vamos a lo interesante, el libro. 


Son apenas 71 páginas, escritas en una prosa intimista pero muy sencilla a la vez. Cuenta lo que promete, un itinerario por la Segovia de principios del siglo pasado contada desde el corazón, por alguien que se nota que ama y conoce la ciudad. La verdad es que cuando lo leí me dio mucha envidia, me gustó tanto que me hubiera gustado conocer la ciudad y sentirla del mismo modo para poder contarlo y que sonase tan real, tan vivido. Una de dos, o me quedaré con las ganas o me tendré que ir a vivir a Segovia.

El libro empieza con una presentación. El autor, en primera persona, nos dice que va a hacer de guía esa noche para dos viajeros que llegan en tren. Es tarde, la hora de cenar, así que les invita a que llenen sus estómagos en la fonda de la misma estación con la intención de sumar fuerzas para ese paseo por la ciudad que les espera. Julián María Otero sabe que la mejor manera de conocer un lugar es recorrerlo a pie y conduce a sus invitados por la Puerta de Madrid, para acceder a la ciudad. El paseo es una excusa para contar historias, como el robo del Copón de San Millán o para recrearse en los monumentos que abundan en la ciudad. Una de las historias que cuenta es la truculenta muerte de un francés en 1894, en el barrio de San Millán, en la casa que más tarde ocuparía Zuloaga, y donde pintaría su famoso cuadro Las Brujas de San Millán. Todavía hay quien dice que a las doce de la noche se puede ver a las brujas salir por las chimeneas de la casa, volando en sus escobas…

Una de las historias más curiosas narra la ubicación de un hospital que ya no existe, a la orilla del río Clamores, conocido popularmente por el sobrenombre de hospital de los "resfriados", porque en él ingresaban los obreros que trabajaban en la fábrica de paños. Con el clima de Segovia y las manos metidas en el agua del río para lavar la lana tenían que agarrar unos trancazos de miedo.

El paseo sigue por el arco del Socorro (donde hoy podemos leer una placa dedicada al Buscón de Quevedo, novela que desarrolla gran parte de su trama en Segovia), se accede después al barrio judío y desde la Canonjía Vieja llegan a asomarse al río, desde donde ven la Fábrica de la Moneda. Después de explicarles que el monasterio de El Escorial estuvo a punto de ser ubicado en la ciudad, bajan al Alcázar. Por el camino repasa su historia, menciona a los héroes del dos de mayo, inmortalizados en la estatua conmemorativa. 

Desde el Alcázar se asoman y contemplan La vera Cruz, el Santuario de la Fuencisla y la Iglesia del Carmen. Mientras caminan hacia la plaza mayor les cuenta la historia de la coronación de Isabel la Católica como reina de Castilla. La catedral, el ayuntamiento, la Plaza de San Martín, son recorridos antes de bajar por la calle Real (la calle principal), donde observan la silueta de la Mujer muerta. En el último párrafo, aparece majestuoso el Acueducto mientras amanece.

Este delicioso relato acaba al alba:

               "La luz vuelve, a romper el encanto.
               No dura más que un instante la realidad del ensueño; pero la impresión no morirá, si el alma es eterna."

sábado, 25 de febrero de 2012

EL MEDALLÓN DE LA MAGIA

Ha llegado, por fin, el 25 de febrero. Ya sé que un sábado es un día raro para presentar nada: es un día interesante para salir de fiesta, para celebrar un cumpleaños o para ir al circo pero, qué queréis, soy rara. Y un millón de veces más despistada de lo aconsejable con los calendarios. Puede que hace un par de meses estuviera mirando el mes de mayo y pensase, tranquilamente, que era febrero... O incluso que me confundiera con un calendario imán de 2009 que lleva desde entonces pegado en mi nevera, esperando que decida que ya ha llegado el momento de deshacerse de él.

De cualquier modo, como siempre, el tiempo ha ido dando sus pasos y los segundos, ordenados uno detrás del otro, me han conducido hasta aquí. Como las deudas pendientes hay que saldarlas, aquí está el enlace donde podéis conseguirlo en papel. Una de las dos maneras que hay. La otra es pedírmelo directamente. Ya veríamos cómo hacer para que lo tuvierais en vuestras manos.

Pincha en la portada para ir al enlace

De momento no está disponible en formato digital para todo el mundo. Con ello quiero decir que, aunque sí existe, todavía no hay un lugar en el que se pueda descargar. Me ha resultado imposible llegar a tiempo con esto. Voy a tratar de ponerle remedio en breve.

Gracias por el cariño que demostráis quienes frecuentáis este blog. Encontrar cada mañana, cuando lo abro, vuestras palabras, ayuda a encarar el día de otro modo.

Feliz fin de semana y felices lecturas.


viernes, 24 de febrero de 2012

SANT JORDI BLOGUERO EN KAYENA: NEGRO SOBRE BLANCO.

¡Qúe cabeza!

Me apunté en el blog de Kayena al Sant Jordi bloguero y se me había olvidado por completo que tenía que hacer una entrada con la sinopsis del libro con el que participo. Resulta complicado  porque el libro que intercambio con quien me toque es La arena del reloj. Escribir sobre mis libros me cuesta, os lo aseguro, mucho más que sobre los de los demás.


Sinopsis:

A veces la vida se complica tanto y en tan poco tiempo que necesitamos repasar lo vivido, para confirmar que, definitivamente, vivir merece la pena.

Escrita a dos voces, La arena del reloj pone el acento en las cosas importantes de la vida, en los pequeños detalles que configuran nuestra existencia. El tono narrativo, distinto para cada voz, seduce y arrastra al lector, de modo que resulta casi imposible abandonar el relato antes de terminarlo.

Este es un libro muy personal, absolutamente distinto en todo al anterior. Es un viaje interior, una despedida, la necesidad absoluta de asumir que somos mortales y que, la mayoría de las veces, nos preocupamos por lo accesorio.

Habla de amor, de vida y de muerte. Habla, en definitiva, de la vida misma.

Las bases están aquí, por si queréis apuntaros, pero os resumo que cada participante colabora con un libro y una rosa (que puede ser un dibujo, una postal,...) que intercambiará con quien le toque. El 16 de abril se harán los emparejamientos, para poder mandar los libros el 17 y que lleguen para celebrar el día del libro, el 23 de abril. Mejor vais al blog de Kayena que seguro que se explica mejor que yo... ¡Si es que estoy muy despistada! Esto de ponerse de parto (aunque la criaturilla sea de papel) es muy estresante.

NOTA IMPORTANTE: Me han comentado que yo no participaba con este libro, sino con El medallón de la magia. Es que hay días tontos en los que tengo la cabeza en cualquier lado. De todos modos, no importa, participo con cualquiera de los dos. Le preguntaré a quien le toque cuál es el que prefiere y solucionado.

Mil disculpas.

jueves, 23 de febrero de 2012

EL MEDALLÓN DE LA MAGIA YA ESTÁ CASI AQUÍ.

Últimos detalles que comparto sobre la "criatura" antes de que el día 25 esté ahí, este mismo sábado, día que os indicaré cómo conseguir la novela. Aunque sé de buena tinta que hay quien tiene un adelanto...

Estos son algunos de los personajes:


               - Una adolescente, Amanda. Tiene 18 años y jamás en su vida se hubiera imaginado que es una bruja, descendiente de una vieja estirpe de hechiceras.

               - El fantasma de un soldado del Siglo de Oro, Alonso. Soldado de las tropas de Felipe IV en el siglo XVII. Un conjuro en el momento de su muerte le liga a la biblioteca de la bruja.

               -Un dominico del XVII, Inquisidor en su época para más señas, Fray Fantasma. Empeñado en recuperar un medallón mágico perdido desde hace siglos.

               - Una bruja del pasado, Brianda. Antepasada de Amanda, realiza un conjuro para proteger su legado antes de ser apresada por la Inquisición.

               - Una abuela muy moderna, Clara. Cuida de Amanda desde que sus padres fallecen. 

Como la vida nunca es tan sencilla como parece, al final, lo estoy viendo, tendré que dividir mi tiempo entre La arena del reloj, que está haciéndose visible y El medallón de la magia. Os dejo los enlaces de las últimas reseñas que han aparecido, todas las de este mes de febrero, de mi primera novela. 

Reseña en Mis lecturas y más cositas. Uno de febrero. Margari.
Reseña en El universo de los libros.  Catorce de febrero. Tatty.
Reseña en Algunos libros buenos. Dieciocho de febrero. Félix.

Gracias por las de enero también que abrieron el camino (Marga, Sandra, gracias). 

miércoles, 22 de febrero de 2012

NUEVOS EN CASA. Febrero.

Este mes han vuelto a llegar cuatro libros a casa. Estoy un poco dispersa y todavía no he acabado con los anteriores, me queda La casa Riverton, atascado desde hace semanas. Supongo que no es su momento y probablemente saque el marcapáginas del lugar donde lo tengo y lo posponga para cuando pueda disfrutarlo plenamente. Debería haber reseñado Marca de nacimiento, pero dejé pasar unos días después de terminar la lectura y después no me apetecía hacerla, así que sin reseña que se queda. Eso es lo mejor de este blog, las únicas ataduras que tengo con él son las que quiera ponerme yo misma.

Los cuatro libros que han llegado este mes, los tenéis aquí, en una foto de familia.


Ahora os los presento de uno en uno.

Asesinato en el jardín de Sócrates. Sascha Berst. 

Atenas, 404 a.C., un joven campeón olímpico aparece asesinado y la misión de encontrar al asesino recae en el capitán de los arqueros de Atenas. En sus investigaciones, ante nuestros ojos desfilarán personajes como Sócrates, Hipócrates o Platón...

El precio en rojo indica claramente dónde me lo encontré. Sí, lo confieso, en un cajón de supermercado. Un libro en pasta dura, de más de 400 páginas y con un trasfondo histórico. Una tentación. Lo quería guardar para mis horas de parque en el verano, pero no sé si seré capaz. Soy débil...



Niños feroces, de Lorenzo Silva.

Lázaro tiene tanto talento como escritor como dudas sobre su capacidad para narrar una historia. Su maestro le brindará la oportunidad para disiparlas en la figura de un antiguo combatiente español que, siendo tan joven como él, luchó en el frente ruso y en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, y cuyo relato parecía aguardar pacientemente a que Lázaro lo convirtiera en una novela.

Este no es mío. Me lo pidió mi hijo, tenía un especial interés en leerlo y el día que llegó se puso a ello. Hace un par de días que lo terminó y está preparando sus impresiones para ese blog por el que tengo debilidad (normal, por otra parte, ¿no?).


La Búsqueda. Blanca Miosi.
Una apasionante novela, basada en hechos reales, que nos hará recorrer de la mano de su protagonista Waldek Grodek, desde los campos de concentración nazi hasta las dictaduras de Sudamérica.

Visitando blogs, mi hijo se fijó en el libro de Blanca. Le interesó al instante, es un apasionado de la Segunda Guerra Mundial. Nunca se cansa de leer sobre el tema. Como Blanca es una persona muy próxima y me sonaba que el libro estaba en papel, le preguntamos. Nos indicó una de las pocas tiendas de Madrid en las que quedaba un ejemplar. Nos costó que nos lo mandaran, porque el servidor dio problemas, pero finalmente lo conseguimos. En tiempos digitales, estando Blanca en los primeros puestos de Amazon, nosotros nos volvimos locos tratando de rescatar un libro de papel. Ayer comenzó a leerlo. Tendré que esperar.

A la hora del pan con chocolate. Concha Morales.
(Veinte retratos de la infancia)


Este pequeño poemario llegó por correo también ayer. Supongo que algunos de los que sois habituales sabéis que este es el libro de Koncha (ese es el nombre en su perfil), una de las personas que comentan en este blog y que tiene también un blog muy cálido: Desde Vallekas.

Ya lo he leído. Dos circunstancias se han unido: que es cortito y que ayer no trabajé, lo que me dio la oportunidad de echarle un vistazo que se convirtió en una lectura completa.





¿Habéis leído alguno?

lunes, 20 de febrero de 2012

GUIOMAR

Hace cuatro meses tuve que volver a Segovia sola desde Madrid. No había llevado el coche por dos razones: Madrid me supera, demasiados carteles, demasiadas carreteras alrededor para alguien como yo, acostumbrada a asomarse a la ventana y ver sólo campos de cultivo y, además, el coche tenía apenas un mes y yo muy poquito control sobre él. De hecho, me sigue controlando todavía, aunque ya le voy cogiendo el aire a sus miles de botoncitos multitarea.

Así que, en esas condiciones, sólo quedaban dos opciones: autobús o tren. Elegí el AVE. El tiempo se reducía drásticamente y la diferencia de precio, simplemente era ridícula. Después de correr por la estación de Chamartín, porque no sabía ni dónde tenía que ir, logré llegar al andén y acomodarme en un asiento. No me fijé, con las prisas, que esto no es un cercanías y que tenía asignado mi propio sitio. Me senté sin criterio y no me di cuenta hasta que estaba casi al final del trayecto. No pasó nada porque tampoco, a esa hora, había demasiada gente con destino Segovia. Hubiera sido bastante embarazoso.

En el tren, a través de la megafonía, escuché un nombre repetido: Guiomar. Es como han llamado a la estación del AVE segoviana, en honor a Pilar Valderrama, la mujer que se esconde tras los versos del último Machado. Durante el trayecto traté de leer, pero estaba cansada porque la noche anterior había sido muy intensa y se me caían los ojos. Así que, puesta mi mirada en el paisaje mientras no fue un túnel, empecé a pensar en esa mujer. En realidad sabía muy poco de ella, y me propuse investigar. Al llegar, el cansancio, el sueño y quién sabe qué más cosas, desviaron mi curiosidad. Hasta ahora.
Empecé ayer a buscar datos en internet sobre ella, alguna pista que me hablase de la intensa personalidad de una mujer que logró conmover el corazón de uno de nuestros mejores poetas. Pensé que tenía que ser maravillosa, para haber sido capaz de sacar esas emociones de su alma. Machado se dibuja en mi mente como un gran ser humano, y a un gran hombre, deduje, le acompaña una gran mujer. O eso dicen algunos que deben tener el mismo criterio que yo para elegir asiento en el tren…

Bueno, no sé si soy pésima investigadora o he elegido fatal mis fuentes, pero el caso es que me he encontrado con una enorme decepción. Pilar Valderrama, la mujer a quien Machado protegió bajo el pseudónimo de Guiomar, me ha parecido egoísta, interesada, vanidosa, una poetisa de ingenio moderado que trató de aprovecharse del afecto que él sentía para acceder con su obra a lugares vetados a su talento limitado. No lo consiguió, al parecer, no salía en los libros de texto cuando yo estudiaba, que recuerde, salvo por haber sido la "amante". Y así, entre comillas, porque su amor no pasó de unos encuentros en los que solo había palabras. Tampoco en eso fue generosa con un hombre que le entregó su corazón maduro.

Sin embargo, parece que él sí estaba enamorado. Profundamente. Las cartas que intercambiaron fueron más de doscientas (aunque solo se salvaron unas decenas, todas de la pluma de Machado, las suyas se perdieron) y el valor que tienen ni siquiera es literario. Más bien tienen el carácter de documentación, sobre la persona que fue. Como las tenía ella, trató de borrar pasajes que le parecieron comprometidos (aunque ella ignoraba los adelantos del mundo moderno y el poder de CSI) para salvaguardar su honor de mujer casada y católica. Hoy, gracias a esas técnicas, parece que algunos fragmentos se han podido recuperar. La pregunta que encuentro en mis "investigaciones dominicales" también me la hago yo.

¿Por qué se enamoró de alguien con mentalidad tan opuesta a la suya, si lo suyo fue encima un amor que no incluyó lo físico? ¡Quién sabe! El corazón no siempre se deja aconsejar, es enemigo acérrimo de la razón cuando se acelera. No escucha, no quiere escuchar. Late y late, se inquieta y se descompasa sin que su dueño pueda ponerle frenos. Machado amó, de eso no hay duda, pero me quedan muchas dudas sobre las intenciones de ella. Amó, quizá es cierto, pero usó la cabeza y no el corazón. La estación lleva su nombre porque el tren era el medio de locomoción que empleaban para sus encuentros.

Esperaba encontrar otra cosa. Quizá un amor desmedido, lleno de barreras insuperables. Quizá un amor tranquilo, un pacto por ambos lados en igualdad de condiciones. Ya digo, quizá he elegido mal las fuentes y alguien será tan amable, en los comentarios, de contarme otra versión. También he decidido, por mi cuenta, claro, que el honor de que le pusieran su nombre a la estación del AVE, si todo es como encontré, le viene grande.

Tu poeta
Piensa en ti. La lejanía
Es de limón y violeta,
Verde el campo todavía.
Conmigo vienes, Guiomar;
Nos sorbe la serranía.
De encinar en encinar
Se va fatigando el día.
El tren devora y devora
Día y riel. La retama
Pasa en sombra; se desdora
El oro del Guadarrama.
Porque una diosa y su amante
Huyen juntos, jadeante
Los sigue la luna llena.
El tren se esconde y resuena
Dentro de un monte gigante.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
Y otros montes de basalto
Ya es la mar y el infinito.
Juntos vamos; libres somos,
Aunque el Dios, como en el cuento
Fiero rey, cabalgue a lomos
Del mejor corcel del viento
Aunque nos jure, violento,
Su venganza,
Aunque ensille el pensamiento,
Libre amor, nadie lo alcanza.
Antonio Machado.

sábado, 18 de febrero de 2012

LA BIBLIOTECA DE AZUQUECA APADRINA A AUTORES NOVELES (2)

¡Ya esta! Como os conté hace unos cuantos días, la Biblioteca "Almudena Grandes" de Azuqueca de Henares ha puesto en marcha un programa muy interesante para este año: el apadrinamiento, por parte de los diferentes clubes de lectura que se reúnen cada semana, de un autor novel. Este apadrinamiento tiene como objetivo dar a conocer obras de autores que empiezan, facilitándoles en encuentro y la interacción con lectores de carne y hueso. Internet nos proporciona la oportunidad de "conocer" de alguna manera algunos de ellos, pero tiene que ser mucho mejor poder preguntarles nuestras dudas sobre la novela, o simplemente nuestras impresiones, en persona.

Los nombres que se barajaron en esta idea fueron unos cuantos y, finalmente, los seleccionados para este año (espero que sólo sea el primero) son cinco:

Mónica Martín, autora de Títeres.
Óscar R. Arteaga, autor de Nivaria
Karol Scandiu, autora de Erotika.
Emilio Casado Moreno, autor de Crónica Insignificante.
Mayte Esteban, autora de La arena del reloj.

¿Os suenan?

Mónica será la que inaugure este proyecto, ya mismo, el día 28 de este mismo mes de febrero, con su novela Títeres. Para quienes queráis conocerla un poquito más, os dejo el enlace de su blog: Mónica Martín.

El siguiente, Óscar R. Arteaga, que con su novela Nivaria celebrará el Día de la Mujer un poquito más tarde. El 22 de marzo estará en la Sala de conferencias del Centro Cultural de Azuqueca de Henares, a las siete de la tarde, hora a la que serán todos los encuentros. Este es el blog de Óscar.

La tercera que llegará, en una fecha muy propia, 24 de abril, casi, casi el día del libro, será Karol Scandiu, con su novela Erótika. Karol ha diseñado, además, el folleto que publicita esta iniciativa. Este es su blog, Deseo y Oscuridad.

Este lado del folleto tiene un breve resumen de las obras y un mini semblante biográfico de cada uno.



 Para el día 23 de mayo, todo un lujo, Emilio Casado Moreno estará charlando con los lectores de Crónica Insignificante. Se prevé buen tiempo, acompañado de lluvia de seguidores. Podéis saber más de esta obra y su autor en este enlace.

Para cerrar el programa, una novela que tiene una fuerte vinculación con Azuqueca de Henares, La arena del reloj. Su autora es Mayte Esteban, a lo mejor no hace falta que os ponga un enlace de su blog. El 12 de junio, a las siete de la tarde se hablará de este pequeño fragmento de vida que es su libro.


Creo que no hace falta deciros lo contenta que estoy por compartir este cartel, con autores que sé que pronto van a encontrar un hueco en el panorama literario. Este proyecto me ha mantenido entretenida los últimos tres meses, un pelín nerviosa también, y ver que ya está casi aquí es genial. Me ha encantado participar en esta idea, una más de una biblioteca muy especial porque está viva. La única pega es que, por la distancia y el trabajo, alguno de los días me lo tendré que perder. Haré todo lo posible para que no sea así, aunque hoy por hoy no lo puedo asegurar. Hace unos años, seguro que estaba la primera. Me pasé más tiempo en esa biblioteca que en mi casa.

Se puede decir que yo he crecido allí.

viernes, 17 de febrero de 2012

JORGE MANRIQUE

En estos días estamos analizando las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, uno de los libros clave de la literatura en lengua castellana. Me encanta Jorge Manrique porque me identifico con lo que dice y, sobre todo, con esa necesidad de expresar el amor hacia su padre. Me pasó lo mismo, ya lo sabéis. Salvando las distancias oceánicas, siendo mucho menos original que él, escribí justo por esa sensación La arena del reloj.

Hoy transcribo las cuatro coplas que me gustan más. Comparto con vosotros poesía, tan necesaria para el alma.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
como se pasa la vida,
como se viene la muerte, 
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado, 
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

***
Ved de cúan poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos;
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen;
de ellas, por su calidad,
los más altos estados
desfallecen.

***

Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño
corremos a rienda suelta
sin parar;
desde vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.


***


Aquel de buenos abrigo
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros,
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

La copla de pie quebrado, o copla manriqueña, me conquistó en el instituto, por esa cadencia suave que tiene y estos versos, plagados de metáforas y encabalgamientos, me encantan. Me he dejado una que todos conocéis, una que habla de ríos que van a parar al mar, una que me sirvió para pensar en lo que quería para la portada del libro de mi padre.

¡Buen día!

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA PORTADA

Lo prometido dicen que es deuda. Aquí tenéis la portada de El medallón de la magia. Y alguna cosita más del libro, que ya está a punto de dejar de ser invisible…



Estos días he dejado que personas que han estado al margen de todo este proyecto leyeran el libro. Siempre lo hago, tratando de suplir de alguna manera el hecho de no tener a nadie "profesional" detrás. Este proyecto de escritora que soy va a su bola completamente y he descubierto que, a pesar de todo, los resultados son mucho mejores que mis propias expectativas. Dejé que lo leyesen adultos, a pesar de que en principio se escribió para un niño y las palabras de vuelta han sido las mejores.

Leído en muy poco tiempo, disfrutado a tope.

Así que, con el miedo unos grados por debajo, dentro de unos días la novela estará disponible para todo el mundo. ¿Mi plan? Dejarla que se mueva, como las otras dos, en el plano real, en formato libro de papel primero. Concentrarme en ello, aunque también apostaré por un formato digital, con el único objetivo de que sea más accesible para quien sienta curiosidad. En ello estoy aunque como todo lo que haces por primera vez, me está costando. Tengo un barullo mental de términos informáticos que para que os cuento. Menos mal que hay almas caritativas que me orientan (gracias Armando, Arantza… ¿qué haría sin vosotros?).

En todo este tiempo, desde que en 2009 se me ocurrió la feliz idea de autoeditar La arena del reloj, mis planes han ido cambiando. He pasado por todos los estados de ánimo que se os puedan pasar por la cabeza: desde la euforia del principio, cuando tuve el primer ejemplar entre mis manos, la emocionante presentación del libro, los comentarios positivos… El periplo sudamericano de Su chico de alquiler fue también extraño y genial a la vez (mi primera entrevista vino de Costa Rica y mi primera recomendación de Chile; la primera reseña y las que significaron más para mí, de México). 

Frente a eso, alguna vez no hace demasiado he sentido que no merecía la pena el esfuerzo y quise dejarlo todo abandonado. TODO. Menos mal que tengo alguien que creo que no me merezco que me dio un buen tirón de orejas. Todo esto hasta que empezó este 2012 y el eco que provoca internet hizo visible lo invisible y empecé a recibir mucho más de lo que ni siquiera me atreví a imaginar. 

Por eso, ahora tengo clara una cosa: no me importa no tener una editorial que respalde todo esto. A lo mejor es que no conozco la sensación, o quizá es que me da lo mismo (va a ser esto último). Me parece que me quitaría trabajo, no tendría que hacerlo todo sola, pero también restaría magia al proyecto. No me importaría quedarme aquí, desarrollar lo que sea sólo a través de internet y de este blog.

Dije que este libro sería el último que publique y de momento así será. Sé que os he contado que hay otra novela casi terminada (os enseñé la portada de Nadia, gracias de nuevo, preciosa), que El medallón tiene su continuación, pero habrá que darles su tiempo. 

A ellas y a mí misma. 

Esto requiere toneladas de energía que ahora necesito para otras cosas más importantes.

No significa que deje de escribir o de seguir de cerca todo lo que se avecina (que es mucho) desde este espejo. Eso es imposible. Digamos que necesito unas pequeñas vacaciones mentales para recargar pilas. 

Mientras tanto, ahí os dejo lecturas, para que las disfrutéis.

martes, 14 de febrero de 2012

SAN VALENTÍN TODOS LOS DÍAS

"Dicen que se sabe si un amor es verdadero cuando duele tanto como dientes en el alma".


Me gusta esa frase de una canción de Malú. Sugiere sentir sin medida, aunque no creo que siempre tenga que doler. También se puede vivir un amor tranquilo, compartir tu vida con una persona a la que entiendas, con la que te compenetres, que te complete. Dar al otro su espacio cuando lo necesite, ofrecerle tu mano y agarrarte de la suya en los malos y en los buenos momentos. Así lo entiendo. Sin agobiar pero sin olvidarse un instante de que está ahí. Él es mi amigo, mi amante, mi compañero. En ese orden.

Mi gran miedo es que alguna vez se vaya para siempre sin esperarme. 

Entonces es cuando dolería como si me mordieran en el corazón.

Hoy, que le tengo a mi lado, le diré, como ayer, como mañana, que le amo. No me hace falta que me lo recuerden con una fecha.

Y tampoco me da vergüenza gritarlo.

lunes, 13 de febrero de 2012

EL REGALO DE NADIA

Después de pasarme una semana ausente tengo que contar muchas cosas. Es como si este espacio se hubiera convertido en el lugar en el que me siento tranquilamente a hacer un repaso de lo que me va pasando. Y cada día, la primera sorprendida soy yo. Después de unos años en los que todo me parecía imposible, en los que no veía luz por ningún sitio, ahora encuentro que todo lo que me pasa tiene siempre un matiz brillante, un reflejo que tengo que capturar y sumergir en este espejo. A lo mejor no son las cosas que pasan sino yo misma, que veo todo diferente. El color de mi cristal de ahora.

Quiero que todo lo positivo se quede, para recuperarlo cuando a la vida le dé por ponerse puñetera y vuelva con su mania de tocar las narices.

Esta semana, Nadia Salamanca, del  blog Diseño SOS, me ha regalado una portada.

¡¡Muchísimas gracias, Nadia!!

Lo lógico, lo sensato, es que le hubiera pedido que me ayudase con la portada de El medallón de la magia pero en esta historia tenía más o menos claro lo que quería hacer. Así que le hablé de otra novela, una que está prácticamente terminada (a falta de algunos detalles que quiero matizar), pero a la que no sabía qué portada poner. Ella, con ese talento especial que tiene, lo ha solucionado. Y yo estoy feliz con el resultado. Se tendrá que quedar un tiempo guardado en un archivo porque aún falta para que esta novela esté lista pero me gusta tanto que no resisto la tentación de compartirlo.


¿Tiene o no tiene talento Nadia?

Pues si os gusta esto, deberíais leer algo suyo. O pasaros por su blog.

Este jueves, si no pierdo el ordenador de nuevo, por fin os enseño la portada que estáis esperando.

domingo, 12 de febrero de 2012

LA BIBLIOTECA DE AZUQUECA APADRINA A ESCRITORES NOVELES

La biblioteca Almudena Grandes, en Azuqueca de Henares, ha puesto en marcha un proyecto muy interesante: cada mes, un autor novel será apadrinado por uno de los clubes de lectura que se reunen semanalmente para comentar libros. El grupo leerá la novela y posteriormente se organizará un encuentro con el autor para cambiar impresiones. Pero no se quedarán ahí, pretenden hacer un seguimiento del autor a lo largo de su carrera, de manera que este encuentro no será el único, sino el primero.

En estos tiempos en los que abrirse paso en el mundo de la literatura es tan complicado, en los que las editoriales no siempre están lo atentas que deberían, son de agradecer los esfuerzos de los lectores por facilitar el camino a quienes escriben. Los blogs hacemos un papel creo que esencial, las redes sociales multiplican el efecto de nuestros comentarios, pero sin lectores de carne y hueso esto no serviría para nada. El que gente que se reune para compartir impresiones sobre sus lecturas lleven a cabo iniciativas como esta es, cuanto menos, alentador.

El proyecto arranca este mismo mes de febrero. El día 28, a las 19 horas, en la sala de conferencias del centro cultural se presentará el libro "Títeres" de Mónica Martín, autora azudense, polifacética, extravagante y prolífica, que ha tocado géneros tan variados como la novela, el relato o la poesía. Pero no se van a centrar en autores locales, han puesto sus ojos en otros que están triunfando en la red. De momento, yo sé dos nombres que están confirmados, aunque no tengo claras las fechas, así que no me arriesgo a darlas a lo loco. Sé que hay un libro que se leerá alrededor del ocho de marzo para celebrar el día de la mujer. ¡Y no os cuento más! Sólo que estoy segura de que quienes leéis este blog conocéis a los dos autores de los que hablo.

domingo, 5 de febrero de 2012

PREVISIONES PARA HOY

Miro por la ventana, salgo al patio y lo único que siento es un frío helador, pero ni rastro de la neive que se supone que nos iba a hacer una visita hoy. Y me alegro, ¡cómo para no alegrarse! Tengo que volver a casa y no quiero repetir aventura.

Hace ya un tres inviernos tuve que viajar a Guadalajara un sábado. Mi abuela estaba en el hospital y esa noche quería quedarme con ella. Las previsiones del tiempo anunciaban nieve pero no les di demasiada importancia. En Segovia nieva antes que en Madrid, y si en ese lado de la sierra no había caído un copo no tenía por qué temer nada. De todos modos consulté en internet la información meteorológica, y hasta las cámaras de la DGT. Nada. Todo tranquilo.

Treinta kilómetros después de empezar el viaje, la lluvia se transformó en nieve. Suave al principio, nos acompañó en la subida a Somosierra. No parecía para tanto... ¿No? En menos de tres kilómetros la nevada arreció, las quitanieves no llegaron a tiempo y se armó un atasco monumental. El avance por la carretera se complicó por segundos y la velocidad del viaje se redujo drásticamente: cinco kilómetros por hora. Habíamos salido a las cuatro de la tarde de casa. Todavía quedaba tiempo para llegar al hospital antes de que nos cerraran la puerta, a las diez de la noche.

El ritmo fue parecido durante las tres horas siguientes. Afortunamente mi niña, muy pequeña entonces, se había dormido y no se despertó en casi toda la aventura, pero mi hijo, ¡se hacía pis! Cuando sus súplicas se intensificaron hasta convertirse en una amenaza (la de utilizar el coche como servicio) en una de las paradas obligadas le dejamos salir del coche. La vergüenza, esa que siempre le acompaña, se la dejó en el asiento de detrás. ¡Cómo estaría!

Los kilómetros más complicados pasaron y avanzamos despacio, aunque a buen ritmo teniendo en cuenta lo anterior. Nos desviamos hacia Torrelaguna cuando ya era noche cerrada, pero tampoco parecía que hubiera problemas aquí. ¡Ilusos! Lo peor estaba por llegar. Una pequeña cuesta helada se había convertido en una trampa, todos los coches se quedaban atascados en ella. En ese punto, quien necesitaba salir del coche era yo. ¡Urgente! Así que, ante la prolongación de la espera, me aventuré a buscar un lugar resguardado de miradas. Las piernas se me hundían hasta las rodillas en la nieve y finalmente encontré un sitio. Me quedé a gusto pero volví con los pantalones empapados por la nieve. Ya eran las ocho y media de la tarde. Al final pusimos las cadenas (más bien esas bolsas que cubren las ruedas y hacen el mismo efecto) y logramos superar la cuesta y al montón de coches que se habían rendido hasta que vinieran las quitanieves (si es que venían). Con esta operación, mi abrigo acabó también sucísimo.

Al final llegamos a Guadalajara, paré en un centro comercial para comprar algo que me sirviera de cena y entré en la habitación de mi abuela casi al límite de la hora.

Por si eso no fuera suficiente, en la siguiente nevada que pillamos en carretera ¡pinchamos!

Hoy, miro al cielo y espero que se equivoquen con las previsiones porque tengo que volver a casa. Y no me apetece tardar cinco horas, la verdad.

viernes, 3 de febrero de 2012

B de BUENOS, BONITOS Y BARATOS

En realidad B de Books.

Ese es el nombre de la editorial que desde el primer día de este mes de febrero comercializa en formato digital los libros de cinco autores, que acaban de dejar atrás el sobrenombre de "autoeditados": Armando Rodera, Bruno Nievas, Fernando Trujillo Sanz, César García Muñoz y Blanca Miosi.

Sobra decir que para mí fue una alegría enorme enterarme de esta noticia el miércoles porque me une a alguno de ellos una amistad "virtual" que surgió a través de este blog, por nuestra afición común (bueno, ahora mi afición, ellos se han convertido en profesionales) de escribir.

Armando Rodera aterrizó en este blog hace ya muchos meses. Por casualidad tropecé con la página web que creó para El enigma de los vencidos, la novela que acaban de publicarle. Mencioné en una entrada el argumento y su idea de dejar visibles algunos fragmentos para quien resolviera unos acertijos porque me pareció muy imaginativo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando Armando comentó en ese post. Desde ese día hemos mantenido un contacto fluido, he leído y reseñado sus dos novelas y ha colaborado también en dos entradas de este espejo, ¿Y tú por qué has llamado así a tu blog? y la relación autor-lector. En esta última reflexionábamos sobre la relación que las nuevas tecnologías permiten entre los escritores y sus lectores, y lo hacíamos con otros escritores, algunos autoeditados y otros que ya habían logrado el respaldo de una editorial. En ese grupo de autores estaba también Fernando Trujillo Sanz y en los comentarios de la entrada, podéis encontrar la opinión de Blanca Miosi. Así que cuando leí sus nombres en la lista de los cinco "elegidos", los que me conocéis bien sabéis que me puse a dar saltos de alegría. Cuando elegí a los autores de esa entrada, mi criterio fue simple: tenía que haber leído algo de ellos y me tenía que haber gustado mucho. Blanca está entre mis pendientes todavía, pero eso pronto cambiará. También espero que cambien pronto las cosas para los otros autores del post que se merecen también la confianza de una editorial: Enrique Osuna Vega, Emilio Casado Moreno y Óscar R. Arteaga. Las chicas que ese día nos acompañaron, Noelia Amarillo y Megan Maxwell ya tienen sus libros en papel, están recogiendo premios. Y como colofón, tuvimos la opinión de un pionero en esto: Eloy Moreno.

Lo mejor de esta noticia que hoy nos ocupa, no es solamente que a partir de ahora se puedan conseguir sus libros a un precio espectacular de 0.99 euros en cualquier librería online, sino que a partir del 16 de mayo serán publicadas en papel, en edición de bolsillo. ¡Ya sé qué voy a leer en el parque este verano! Las pienso conseguir todas, aunque repita lectura. Las novelas elegidas de estos ya superventas en Amazon son:

-El enigma de los vencidos, de Armando Rodera (leída y reseñada en este blog)


-El secreto del tío Óscar, de Fernando Trujillo (de él he leído La Biblia de los Caídos, reseñada)


-El manuscrito, de Blanca Miosi (pendiente)



-El juicio final, de César García Muñoz (pendiente)



-Realidad aumentada, de Bruno Nievas (pendiente)



¿Los convertimos en superventas en papel a partir de mayo?



jueves, 2 de febrero de 2012

EL GÉNERO DE EL MEDALLÓN DE LA MAGIA

El medallón de la magia es...

 una novela.

Después de un rato (largo) pensando y no sé cómo catalogarla.

¿Juvenil?
¿De fantasía?
¿Histórica?
¿Romántica?
¿De aventuras?
¿Comedia?

¡¡¡¡Yo qué sé!!!!

Una novela.

Dentro de ella, dispersos, hay muchos datos históricos. Quería que Alex empezase a oír hablar de la Inquisición, de los Tercios de Flandes, de nuestro pasado histórico y de algunos hechos curiosos de nuestro entorno, como por ejemplo, que el primer libro impreso en España fue el Sinodal de Aguilafuente. Este pueblo segoviano está a muy cerquita de donde vivíamos cuando era pequeño.

A la vez quería que se divirtiera siguiendo la aventura de buscar el medallón, insertando en el texto alguna pincelada de literatura. Es todo muy sencillo, tan fácil como para que lo entendiera un niño. Buscaba también despertar su interés por conocer una ciudad tan hermosa como es Toledo y contagiarle mi pasión: la lectura.

Y lo conseguí.

No para de pedir libros y que le llevemos a Toledo.
Sin embargo, los primeros lectores del manuscrito (aparte de él) no fueron niños: una periodista, un taxista, un médico, un ama de casa, un mecánico… (un grupo de lo más normal en estos casos) y las palabras que me devolvieron, como ya os he contado, me hicieron perder el miedo a dejar que me lean. Por eso creo que casi cualquiera puede disfrutar un rato con esta historia. ¿No es ese el objetivo de un libro?

No queda ya mucho para que lo tenga disponible. De momento, lo tengo entre mis manos. Los ejemplares para el depósito legal, casi, casi perfectos (ya hubiera sido el día ideal si no llegan a tener ni un fallo), llegaron a la vez que una buena noticia: La arena del reloj se ha colocado en el número uno esta semana, en el top ten de Memorias y Biografías en lulu y Margari me ha regalado la tercera reseña del año. Como las otras dos, emocionante. Son pasitos de tortuga pero pasitos hacia adelante que me hacen muy feliz. No sé si alguna vez se traducirán en que una editorial se interese por lo que escribo, como les acaba de pasar a Armando Rodera, Fernando Trujillo Sanz, Blanca Miosi, César García Muñoz y Bruno Nievas, autores a los que desde hoy mismo podéis encontrar en B de Books y a los que aprecio, admiro y les mando toda mi energía para que les vaya muy bien.
 
Tampoco me preocupa mucho, la verdad. Yo, lo que quiero, es seguir escribiendo y no pienso dejarlo.
 
¡Feliz jueves! 

miércoles, 1 de febrero de 2012

LECTURA CONJUNTA: EL LADRÓN DE COMPRESAS DE SERGIO G. ROS

No soy mucho de apuntarme a lecturas conjuntas porque apenas me queda tiempo libre cuando se acaba cada día y tampoco me quiero agobiar con los libros que voy acumulando, pero este libro me llamó poderosamente la atención hace tiempo y quería darle su oportunidad. Me pareció una magnífica ocasión para obligarme a leerlo.

La lectura la han organizado dos blogs, El Universo de los libros y De tinta en vena y creo que ya nos hemos apuntado unos cuantos. Las bases las podéis encontrar pinchando en los nombres de los blogs, por si hay alguien más que se anima. Por lo que he visto es una novela cortita y con una sinopsis muy sugerente. Leed.




Sofía Jiménez, una estudiante universitaria de veinte años de edad, ha sido secuestrada.
Un antiguo compañero de la chica recibe un mensaje del móvil de Sofía, se trata de una imagen borrosa que la policía científica analiza, en el que se aprecia una antigua Tabla Periódica de los elementos. El comisario Cervantes decide poner a la agente Susana Ruiz en el caso, hasta ese momento liderado por el engreído policía José Mulero. Susana tiene, además, otro encargo del comisario: pedir ayuda a Vargas, un famoso detective, viejo amigo suyo.


Poco después, la comisaría de Pedreira recibe la visita del grupo de investigación del subinspector Garnero, un hombre ambicioso y con pocos escrúpulos, que toma inmediatamente las riendas del caso y todo el protagonismo mediático. Su grupo aporta, sin embargo, un nuevo y retorcido punto de vista al mismo. El secuestrador de Sofía lleva tiempo en el punto de de mira del equipo de Garnero. Se trata de un potencial asesino en serie, un psicópata con una retorcida particularidad, una patología denominada olfactofilia, un deseo sexual compulsivo relacionado con el olor de la transpiración, que le hace robar las compresas de las víctimas antes de matarlas.
Asqueado por el individualismo de Garnero, el comisario Cervantes permite a Susana Ruiz continuar sus investigaciones en paralelo, contando con la ayuda de Eduardo Cortés, el ayudante del detective Vargas. Eduardo es un joven ingeniero que conoció a Susana en el pasado.
La investigación se torna angustiosa cuando Eduardo descubre algo más.
A Sofía le queda poco para que le baje la regla.

¿Os animáis?