sábado, 15 de octubre de 2011

PUBLICAR

Estoy encontrando estos días por la red, empresas que ofrecen ayuda a escritores noveles y esto me ha hecho pensar. No son editoriales, ni de autoedición, ni de coedición, ni de nada. Asesores, simplemente. Luego, por lo que deduzco, te lanzan a los brazos de Bubok o Lulu. La idea, estando como está el tema de publicar, no está mal. Algo de ayuda siempre viene bien, y con una portada vistosa y el primer diez por ciento del libro aceptable (ese que se deja a la vista por cortesía), quizá hasta se puedan vender libros. Pero seamos serios, así no se llega lejos. Hoy en día se escribe mucho más de lo que el mercado es capaz de absorber, y que yo sepa seguimos viviendo en una sociedad en la que funciona la ley de la oferta y la demanda. Si la oferta es elevada, el producto sufre una devaluación. El libro, por el exceso de oferta, es un producto devaluado y si una editorial decide apostar por uno tendrá que estar muy segura de que no va a ser un fiasco económico. Lo de la calidad literaria, al mercado, sinceramente le da lo mismo.


Saber por qué hay tantos libros hoy en día escritos, a la espera de publicación, es tan sencillo como deducir por qué la tecnología avanza a la velocidad que lo hace. En estos momentos (lo leí no sé dónde, disculpad mi mala memoria) están vivos el ochenta por ciento de los científicos que han existido a lo largo de toda la historia de la humanidad. Todos esos cerebros pensando a la vez, influyéndose los unos a los otros han dado como resultado este mundo tan complejo, donde lo mismo puedes comprar un vitrocerámica con un simple click, hablar con un amigo de Japón y retocar unas fotos y mandarlas a una exposición en Burkina Faso. Y todo en menos de lo que se tarda en bajar a por el pan.

Con respecto a la escritura pasa lo mismo. Hace muy poco tiempo que somos capaces de escribir. El ser humano lleva haciéndolo miles de años, pero eran muy pocos los individuos que accedían a este conocimiento. En Egipto, por ejemplo, los escribas tenían un alto rango porque dominaban la escritura. En las sociedades desarrolladas del siglo XIX, un alto porcentaje de la población es capaz de escribir un libro. Sin embargo, seguimos teniendo un elevadísimo grado de analfabetismo (no estoy de broma) al que llamamos "funcional". Gente que sabe leer y escribir, pero que no es capaz de "leer" y mucho menos de "escribir". Pero no me voy por las ramas. Toda esa gente que ha hecho el esfuerzo de componer una novela guarda la ilusión de verla en un escaparate. Es normal. Aquí entran ellos, los asesores.

Respiré varias veces, pestañeé, no fuera a ser que alguna legaña hubiera añadido números a unas cifras que sin ellos ya eran escandalosas. Buscad, os animo a hacerlo. Encontré una en la que se ofrecían informes de lectura por la módica cantidad de 100 euros, todo eso sin informar con claridad sobre quién se lee los libros. Te ayudan a registrar la obra (¡ni se os ocurra jamás dejarle a alguien nada que no esté registrado!) y te cobran por ello 30 euros y eso que hacerlo tú solito sólo cuesta unos trece y es mucho más seguro. El ISBN tampoco sé lo que cuesta, pero se ofrece la posibilidad de conseguírtelo por cifras que rondan los cincuenta euros. Lo mejor es cuando te ofrecen el ¿pack vip? Por menos de tres mil euros (casi nada) te lo hacemos todo, todo, todo. Incluso un par de reseñas en blogs!!!

Vuelta a suspirar. He visto faltas de ortografía como camiones de gran tonelaje en algunas de estas páginas. Sólo quiero deciros que, si escribís, si queréis ver vuestros sueños en papel, hay alternativas.

Si estás muy seguro de que esto es lo que quieres y, además, no necesitas su ayuda se puede publicar con Bubok o Lulu por tu cuenta (si no te destroza los nervios la cantidad de veces que te equivocas) y hacer todos los trámites legales no es tan complicado. Pero os advierto algo. Incluso tener un libro de papel en tus manos, con tu nombre y con tu foto, no te convierte en escritor. A lo sumo, somos contadores de historias. Da igual las veces que nos entrevisten en blogs o el hecho de que nos funcionen campañas de marketin online.

No quiero desanimar a quien quiera publicar, al contrario, yo misma leo muchas cosas autopublicadas y me he llevado gratas sorpresas. Solo quiero dejar claro que muy pocas veces el sueño traspasa las fronteras invisibles y se convierte en realidad. Si partimos de esa premisa, de no creer lo que no es, a lo mejor hasta podemos disfrutar mucho esta experiencia. Algunos tunean el coche, ¿no? ¿Por qué tú, que lo sueñas, no vas a tener tu libro?

miércoles, 12 de octubre de 2011

SER

Hay gente que cree que es sin ser.
Hay gente que es sin creer serlo.
Hay gente a la que le hacen creer que es.
Hay gente que trata de convencernos de lo que no son.
Hay quienes son pero no tendrían que serlo.

Y hay gente, normal,
como tú y como yo,
que será,
sin olvidarse
qué es y
qué ha sido.

(Mejor esta noche duermo)

domingo, 9 de octubre de 2011

EL MUSEO DE LA EVOLUCIÓN HUMANA DE BURGOS

Este blog está dedicado normalmente a los libros, pero hoy me apetece algo diferente. Ayer por la tarde nos dimos un paseo hasta Burgos porque teníamos que cumplirle una promesa a Alex. Hace meses estuvimos en la ciudad y nos pidió que le llevásemos al Museo de la Evolución Humana pero, por circunstancias, no pudimos hacerlo y no ha dejado de recordárnoslo. Ayer fue un día de cumplir promesas. No estuvimos en el parque arqueológico, ni en la Sierra de Atapuerca porque ya lo hicimos hace unos años.




Lo primero que nos llamó la atención fue que siempre que vamos a Burgos, aunque en el resto del mundo haga bueno, allí hace un frío de morirte. Inmediatamente después, las enormes dimensiones del edificio diseñado por Juan Navarro Baldweg. La exposición se organiza en cuatro plantas. He pensado elegir uno o dos elementos de cada una de ellas para comentarlos, porque hacer un resumen de las más de tres horas que estuvimos allí sería eterno. En la planta menos uno, la primera que visitamos, destaca la presencia del cráneo número cinco, el cráneo más completo que se ha encontrado hasta el momento de un antepasado del ser humano. No sé si sabéis que también se le conoce como Miguelón, en honor a Miguel Induráin, que en el momento en el que este fósil se descubrió estaba en pleno apogeo de su carrera como ciclista. He encontrado en internet una fotografía de Miguel Induráin frente al cráneo del Homo Antecessor y juzgad si se parecen. (Yo creo que no…)



La planta cero está dedicada a la evolución, y no podían faltar en este tema los trabajos de Darwin y Ramón y Cajal. Lo más llamativo, de todos modos, en esta planta, son las reconstrucciones escultóricas de las especies de homínidos que poblaron la Tierra. Visto allí no me di cuenta, pero en el plano que nos entregaron, la situación de las esculturas y los paneles explicativos recuerda al Crómlech de Stonehenge. No sé si eso lo han hecho a propósito, pero es curioso. Hicimos algunas fotos sin usar el flash, pero salieron fatal, así que vuelvo a recurrir al inmenso archivo que es internet. Esta foto pertenece a la revista Quo, aunque tampoco se aprecia demasiado. In situ se puede ver a Lucy y la reconstrucción de Miguelón. Vagamente se aprecia en éste la ligera hinchazón de la boca causada por la infección que le mató. No han querido exagerarlo, según dijo la muchacha que lo explicó, para que sirva como ejemplo de todos los de su especie, pero la escultura está basada en sus restos. Es increíble lo bien hechas que están. Sólo por verlas y por la explicación de la guía, merece la pena.



La planta uno está dedicada a la hominización y la humanización. El fuego, las herramientas, los asentamientos, se analizan contraponiendo a dos especies que convivieron en el tiempo: el sapiens y en neandertal. También hay una pequeña muestra de arte, atribuido sólo a los sapiens. De esta planta, por supuesto, me llamaron la atención las réplicas de las Venus. En mi salón tengo dos, una que me trajo mi madre de Altamira, hecha por un artesano, y que es preciosa, y otra que compré en el parque Arqueológico de Atapuerca, de resina, que siempre está por encima de la mesa cuando doy clase, para que la puedan tocar, sentir. El aprendizaje es mucho más efectivo cuando se sale del límite del libro. La pobre Venus está muy manoseada, pero ni uno de mis alumnos se queda sin palabras cuando sale en el examen.




La última planta está dedicada a los ecosistemas y a la progresiva humanización del medio natural. Han aprovechado también para instalar en ella una librería en la que se recogen multitud de ejemplares publicados que tienen como eje temático la prehistoria, así como obras en las que Burgos tiene el papel protagonista. En esta planta se tiene una panorámica el museo desde arriba, y te das cuenta de que es impresionante. Y si eres como yo, que te dispersas mentalmente con facilidad, te preguntas cómo pretenden calentar esto en pleno invierno en Burgos. Tiene que costar un pastón. Tiene grandes cristaleras para que pase el sol, pero eso si al sol le da por salir…

Sobre el edificio en si… ni me gustó, ni me disgustó en extremo. Me parece enorme. Sé que las expectativas puestas en el yacimiento son espectaculares, queda muchísmo trabajo para terminar de completar las tareas de excavación y es sensato pensar que los descubrimientos que están por venir son muchos y necesitarán un espacio para ser guardados y expuestos. De momento el museo es bastante diáfano y para mí hay mucho contraste en toda la tecnología empleada para mostrar los descubrimientos frente a la temática de los mismos. Yo quitaría máquinitas, proyecciones y pijadas y pondría gente explicando las cosas. Claro, eso es mucho más caro...

lunes, 3 de octubre de 2011

ENTREVISTA CON EMILIO CASADO MORENO, AUTOR DE CRÓNICA INSIGNIFICANTE.

He quedado con Emilio Casado Moreno, para hablar de su novela, Crónica Insignificante. Lo lógico, lo sensato, hubiera sido quedar en un bar, una sala de exposiciones, una tienda de chinos… no sé. Cualquier recinto cerrado habría servido. Seguro que lograría encontrarlo, aunque fuera preguntando. Pero no. El sentido práctico no venía en el paquete de configuración de mi persona. Traigo de serie otras chorradas superfluas, como amor por los libros y sentido crítico. Pero incluso el sentido común me falta. ¿A quién se le ocurre no preguntar siquiera por su edad o algún detalle que pueda distinguirlo del resto? ¿Por qué no le he contado cómo vendré vestida para que al menos él sepa quién soy yo? Aquí me encuentro, en medio de un mar de gente ociosa, tratando de buscar a alguien de quien poseo muy pocas referencias.


Me siento en un banco, rendida ante la evidencia de que soy tonta. Mientras, observo a cada una de las personas que se refugian del calor de esta tarde de verano bajo la sombra de unos árboles que, si pudieran, habrían elegido crecer en un bosque y no en medio de una gran ciudad. Obvio a las mujeres, seguro que detrás de ellas no está Emilio, y me dedico a los hombres. Uno empuja un columpio y charla animado con la señora de al lado. Otro está rodeado de niños, llenando globos con agua de la fuente y, me lo estoy temiendo, va a ser el primero que empiece la guerra de agua. Cuatro más esperan cargados con sus raquetas de tenis a que el grupo que ocupa la pista termine. Un grupo de mujeres acoge a un miembro del otro sexo que no se siente demasiado a disgusto comiendo pipas con ellas y compartiendo confidencias. En un banco, aferrado a un libro y con unos auriculares puestos, hay un hombre solo. No me hacen falta más datos. Aunque sea una despistada no me he olvidado de que también sé que los libros no son su única pasión: le encanta la música. Levanta la vista y me ve. Sonrío y se quita un auricular. Su mirada me confirma que es a él a quien estoy buscando.

Odio llegar tarde. Creo que la impuntualidad es una falta de respeto con el que te espera. Así pues me gusta pertrecharme de libro y auriculares siempre que quedo con alguien, porque me suelen sobrar unos minutos antes de la hora acordada. Mayte dice que quiere entrevistarme y yo he aceptado sin dudarlo, primero porque me pareció una buena idea y segundo porque, aun sin apenas conocerla, creo que va a ser una entrevistadora muy original. Me dijo que no sabía si quedar conmigo en un parque o en una oficina de Correos… al final estuvimos de acuerdo en que fuera en un parque. Mucho mejor que Correos, adónde va a parar.

Miedo me dan los críos que están correteando con los globos de agua a mi alrededor, como me mojen el e-reader me voy a tener que mosquear con alguno...

Alguien se acerca sonriente hacia mí.

Mayte, sin duda.

Menos mal que no me he equivocado de persona. Odio la sensación que te deja en el cuerpo saludar a alguien por error. Hace años saludé a un famoso confundiéndolo con un amigo. El sujeto en cuestión caminaba como él. Ni que decir tiene que ni se inmutó, al fin y al cabo estaba acostumbrado a que la gente se le acercara sin motivo. Yo, desde ese día, decidí dejar la vanidad en casa y ponerme las gafas.

Dos besos y dos sonrisas sinceras se cruzan en unos segundos. Me alegro de que nos conozcamos en persona. Después de hacerme a un lado para que se siente junto a mí en el banco le explico por qué le envié mi libro:


―Desde que empecé a “mover” Crónica insignificante los blogs literarios han sido mi principal objetivo. Creo que la gente que hay detrás adora desinteresadamente el mundo de las letras y sus opiniones contribuyen a fomentar otras muchas. A ti te lo envié porque me crucé contigo en Facebook y después de cotillear tu perfil y leer algún comentario que habías hecho creí que te podría apetecer leerme… y creo que no me equivoqué.

Claro que no se equivocó. La novela me ha gustado, pero eso no es nuevo para Emilio. Sabe que la reseña en el blog fue completamente sincera.

Mayte asiente ante mis respuestas y se muestra interesada en lo que explico. Es como si de repente el parque se hubiera vaciado de actividad para permitirnos mantener esta conversación en calma.

―¿Por qué escribes? –le pregunto. Yo sé la respuesta pero no resisto la tentación de empezar por ahí.

―¿Que por qué escribo?... La leche… porque si no hago algo me muero. Hasta hace un par de años hacía música. Un buen día colgué la guitarra y creé un nuevo documento de Word: “Si me pidieran que eligiera yo, los soltaría a todos”. Estoy casi seguro de que esa primera frase salió automáticamente y que un año después, cuando terminé la novela, seguía ahí, tal cual la redacté en el primer momento.

Es una frase contundente, te empuja a seguir leyendo. Te atrapa hasta el punto de que quieres saber de qué te está hablando. No me extraña que a él le empujara a escribir esta Crónica Insignificante que nos ha puesto en contacto.

―¿Tocas la guitarra? –no sé por qué me extraño. Escribir es una forma de expresión, igual que la música. No es tan raro encontrar un músico escritor. O un escritor músico.

―En realidad era bajista… Lo de la guitarra vino después, un poco por obligación. Cuando disolvimos nuestro último grupo seguía teniendo el gusanillo y no me quedó más remedio que aprender a tocar… pero solo un poquito. En realidad lo que me gusta es componer.

Tengo mucha curiosidad por saber dónde escribirá. No sé estarme callada, así que se lo pregunto. No me contesta enseguida. La guerra de agua interrumpe nuestra conversación. Amenaza con desplazar el frente hasta el banco que ocupamos y ponemos tierra de por medio. Una huida en toda regla, exilio involuntario que nos lleva a la terraza. Nos sentamos alrededor de una mesa de plástico y el camarero no tarda en aparecer

―Un café, por favor.

―Una cervecita fresquita me vendrá bien para engrasar las ideas y enganchar los pensamientos.

―¿Tienes algún ritual para escribir? Me refiero a un lugar, a algún momento concreto con el que te sientas más cómodo?

―Tengo una habitación en casa que suelo usar para mis cosillas… es un pequeño estudio de grabación casero con un ordenador en el que también tecleo lo que se me va ocurriendo.
Suelo escribir a última o a primera hora, casi siempre cuando todos duermen. Normalmente no me queda más remedio que arrancarme las horas de inspiración de las de sueño. Que conste que lo hago con gusto. Enciendo el ordenador, me coloco lo auriculares, pongo música y después releo los últimos párrafos escritos para retomar un poco el hilo. Me suelo poner cosas tranquilas, sobre todo voces femeninas de folk, country o pop. Tift Merrit, Jaymay, Feist, Laura Marling, Bon Iver, Gillian Welch… también me suelen acompañar Sigur Ros, Grouper, Damien Jurado, The National, Radiohead… Procuro que no sean cosas demasiado estruendosas. De todas maneras, cuando pillo el hilo, soy capaz de escuchar a Metallica a todo trapo y no salirme de la trama… aunque eso sucede menos veces de las que yo quisiera, la verdad.

Las sillas en las que estamos sentados son de plástico, como la mesa. La combinación silla de plástico/pelo liso siempre me trae las mismas consecuencias. Y si a eso le sumas que soy una patosa y le he dado una patada a la mesa, todo se complica. Mi café hace un equilibrio inestable y los dos, en un gesto reflejo, tratamos de que no se derrame. Nuestras manos se rozan y salta una chispa. Nos reímos, aunque maldita la gracia que me hace la electricidad estática. Me acuerdo de que, muchas veces, tonterías como esta las uso yo en mis historias. El café se salva y a mí se me ocurre una pregunta:

― Tus propias vivencias, ¿forman parte de tus relatos, las tomas como punto de partida o directamente inventas?

―Cuando escribo suelo tirar de imaginación más que de memoria. Aunque en realidad estos dos conceptos a veces se entremezclan y se camuflan el uno tras el otro haciendo verdaderamente difícil dilucidar si esta o aquella frase proviene en realidad de la una o de la otra. Creo que todo el que escribe es un poco esclavo de este dilema, sobre todo si pretendes dotar a tus personajes de un cierto calado, de un cierto bagaje, muchas veces no te queda más remedio que meterlos dentro de la piel de personas reales a las que has conocido a lo largo de tu vida. En Crónica insignificante hay alguna situación parecida a alguna que yo he vivido. Por ejemplo me tocó, en dos ocasiones, ir a recoger mi coche, después de que me lo robaran, al depósito que hay en Madrid justo al lado de un poblado de esos en los que se vende de todo menos pan, pero la situación no tuvo nada que ver con la que relato en la novela. Casi todo lo que escribo nace en mi imaginación calenturienta.

No voy a negar que me guste hablar de mi libro, tanto como le gustaba a Umbral, pero algunas veces tiene uno más ganas que otras y en eso hay dos cosas que influyen de manera crucial: el entorno y el interlocutor. Admito que hoy estoy muy cómodo, saboreando mi cerveza mientras parloteo tranquilamente con esta entrevistadora tan peculiar. El sol se cuela entre las ramas del castaño que nos cubre y hace que la temperatura y el ambiente sean perfectos.

Mayte sigue proponiendo.

Quiero preguntarle por su decisión de autopublicarse. Dar este paso no es fácil. Él y yo sabemos que no tiene buena prensa y, sin embargo, lo hemos hecho. Aunque sea por razones diferentes.

―Después de mover mi novela durante unos meses y de comprobar lo difícil que resulta que te publiquen y lo fácil que resulta autopublicar me decidí por intentar lo segundo, sin renunciar en ningún caso a lo primero. Poner tu novela en internet es tan sencillo como maquetarla y hacerle una bonita portada. Luego solo queda esperar a que los euros empiecen a caer del cielo.

Suelto una carcajada y le contagio. Del cielo te puede caer cualquier cosa menos euros…

―Según tengo entendido las editoriales no comulgan mucho con las obras autopublicadas. En mi caso el único interés que me movió a hacerlo fue simplemente la conveniencia de tener un formato en condiciones en el que mis amigos pudieran leerme. Una carpeta con tropecientos folios dentro no es un mamotreto cómodo ni para transportar ni para leer.

Crónica Insignificante está escrita en presente. ¿Qué tiempo verbal prefieres para contar una historia?

―El tiempo verbal no me suele importar, lo difícil a veces es situarte y centrarte en cuál es el que debes utilizar en cada momento para que la narración resulte coherente. Alguna vez, a mitad de una escena, me he dado cuenta de que la estaba narrando en pasado cuando en realidad correspondía que lo hiciera en presente… gajes del oficio.

―Ésta es la historia de Marcelo, un psicólogo divorciado, de cuarenta años, que trabaja en una prisión. ¿Por qué eliges este personaje y no otro como protagonista? ¿Tiene algo de autobiográfico? ¿Marcelo tiene algo de ti? Me temo que más de lo que confiesas...

―Marcelo es Marcelo y yo soy yo. En realidad le he parido y por eso es como una especie de hijo putativo, así que en algo se me tiene que parecer pero somos entes diferentes… al menos eso es lo que he intentado.


En realidad uno de mis objetivos al escribir la novela era utilizar a Marcelo como medio de expresión, una especie de portavoz mediante el cual dar salida a mis opiniones. Asumo como mías la mayoría de las reflexiones que el protagonista hace sobre el mundo que le rodea, incluso la mayoría de las que hace sobre el que tiene en su interior.


A pesar de todo siempre intenté que Marcelo tuviera una personalidad propia y diferenciada. Las personas, en el mundo real, no son como los protagonistas de muchas novelas, es decir, no son siempre valientes o siempre listos, o siempre decididos. En el mundo real la gente tiene dudas, vacilaciones y muchas cosas no demasiado claras. A veces también pueden mostrar mucha bondad y un rato después actuar con un trazo decididamente malvado. Traté de ambientar la novela en el mundo de la carne y el hueso, del error y de la injusticia pero sin rechazar tampoco la bondad y la valentía que también podemos encontrarnos en la vida cotidiana.

La novela está muy anclada en la realidad. Reflexiona sobre muchos temas que ahora mismo están sobre la mesa. Le pregunto si su propósito era éste al escribirla.

―No puedo negar de que una de las cosas que más me obligó a ponerme a escribir fue la necesidad que tenia de poner blanco sobre negro lo que pienso sobre algunos aspectos de la realidad que me rodea.

Hay un conato de pelea entre dos niños, cuyas madres tratan de poner paz entre ellos. Una, la más lista sin duda, les dice que hasta que no haya sangre no piensa intervenir. Los chiquillos la miran desconcertados y se van por donde han venido, olvidando incluso lo que les trajo hasta la terraza. Otros temas se cuelan en nuestra conversación. Es agradable hablar con Emilio, pero el motivo de nuestro encuentro es la entrevista, y le pregunto qué hace ahora.

―Ahora estoy atravesando un pequeño bache… la cosa se va enfriando y no veo resultados claros. A pesar de todo no me arrepiento de ni una sola de las letras que he juntado para llegar hasta aquí. He (ciber) conocido a un montón de gente interesante y sé que Crónica Insignificante le ha gustado al 99% de la gente que la ha leído. Eso es recompensa suficiente para mí. Publicar sería una especie de reconocimiento a nivel profesional, porque sé que a nivel económico no sería nada reseñable.

Recuerdo una frase de Nietzsche y se la suelto, a ver qué le parece. Me mira pensativo antes de empezar a responder.

―«Cuando un libro se abre el autor cierra la boca»… Probablemente sea bastante cierto, creo que si tienes algo que decir está bien que encuentres la forma de que sea el protagonista de tu novela o alguno de los secundarios el que lo diga. Es una buena fórmula.

Los personajes, al final de la novela, se "quejan" de que Marcelo ni siquiera les haya cambiado el nombre. ¿Te has basado en gente conocida o los has creado a partir de tópicos? En el caso de la madre parece obvio.

Crónica insignificante trata de ser un retrato de la vida y sus vicisitudes. Un canto a las personas anónimas que habitan este mundo, gente que, en muchos casos, tiene vidas anodinas y monótonas pero no exentas de riqueza interior. En sus páginas hay algún personaje tópico, alguno divertido, alguno triste… sobre todo traté siempre de que fueran reales


A veces pensamos que las cosas que aparecen en los periódicos no pasan a nuestro alrededor o que le suceden a gente que vive en otro mundo, lejano, sin darnos cuenta de que cualquier día, cualquiera de nosotros puede ser protagonista de cualquiera de esas lejanas noticias…


Una cosa nos lleva a otra y nos encontramos hablando de las estupideces que algunos plantan en sus muros de Facebook. Al menos la charla, que parece estar tocando su fin, no ha estado exenta de risas.

La actualidad se cuela en la conversación y nos olvidamos del primer propósito. La cerveza y el café se acaban y el reloj nos empuja a dar por finalizado este experimento. Ha sido más largo de lo que pensábamos los dos, pero creo que ha merecido la pena. He conocido un poco más a Emilio. Lástima que el parque no exista, ni la terraza, ni el café. Como creadores de mentiras nos lo hemos inventado todo. Sólo espero que un día el café sea real. Aunque prometo firmemente que no lo tiraré. Lo de no provocar que salten chispas si las sillas son de plástico no está tan claro.

Emilio Casado Moreno
Mayte Esteban

viernes, 30 de septiembre de 2011

LOS PRIMEROS LIBROS

¿Quién no recuerda aquella novela que en su más tierna infancia le descubrió el fantástico mundo de los libros? Supongo que aquellos que tuvieron la suerte de experimentar algo así no han podido olvidarlo. Mis libros de cabecera en la infancia fueron las novelas de Enid Blyton, las aventuras de cuatro chicos y un perro en la Inglaterra de mediados del siglo XX. Los paisajes verdes, las comidas imposibles, el mar, los contrabandistas, los pasadizos secretos... no había nada de eso en mi mundo más inmediato, pero me encantaba imaginar cómo sería todo. Sólo tenía que cerrar los ojos y colorear mentalmente ese mundo lejano. A mi antojo. Éste fue uno de los primeros libros de los que tengo recuerdos:



Supongo que no soy una excepción. Cuando yo era pequeña no había la avalancha de libros que se publican hoy en día, así que muchos nos hicimos lectores con las aventuras de esta pandilla y los comic de Don Mickey y Asterix.

Mi hijo mayor empezó a leer muy pronto, tanto que casi nadie le creía cuando afirmaba muy serio que se estaba leyendo su primer libro "gordo". Casi a la vez conocimos a un personaje del que nos enamoramos los dos, hasta el punto de compartir la ansiedad por la llegada de otra entrega de la saga. Como yo soy capaz de leer en inglés me enteraba antes que él de lo que pasaba y más de una vez he tenido que guardar meses secretos literarios para que él los descubriera por su cuenta. Esta es la portada del primer libro que él leyó:


Buen comienzo, ¿verdad?

Mi niña pequeña también empezó a leer pronto, pero todavía no ha logrado el reto de su primera novela. Está empezando uno de los libros más mágicos que conozco, Matilda.




Aunque su primer, primer libro, chiquitito como ella fue Lidia y yo ponemos la mesa de Dimiter Inkiow, le encantaron Cuando la Tierra se olvidó de girar, de Fina Casaderrey, El Ladrón de salchichón de Luisa Villar Liébana y, por supuesto, Se vende mamá, de Care Santos.

¿Y vosotros? ¿Cuáles fueron vuestras primeras lecturas?

martes, 27 de septiembre de 2011

CON EL CORAZÓN EN LA MANO, CHRIS CLEAVE.

Este es el libro que leo en estos momentos. En realidad acabo de empezar. Con la sinópsis de la contraportada de Círculo de Lectores y la promesa de que la reseñaré (me está gustando el estilo) os dejo.

"Un matrimonio británico decide viajar a Nigeria en un intento por salvar su relación. Sin embargo, una joven africana llamada Little Bee irrumpe inesperadamente en sus vidas, alterando para siempre su existencia. Al cabo de un par de años, sus caminos vuelven a cruzarse, esta vez en Inglaterra; su reeencuentro dará inicio a una insólita amistad entre dos mujeres de mundos radicalmente opuestos, una amistad que las ayudará a descubrirse a sí mismas y les brindará la fuerza y la sabiduría que necesitan para afrontar su destino".

¿Alguien lo ha leído ya?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

UNA HISTORIA DE NOVELA

Hoy quiero contar la otra historia de El medallón de la magia (SG-46-08). No tiene nada que ver con su argumento sino que os contaré cómo me animé a publicar y cómo nació este cuento convertido hoy en la próxima novela que publicaré, aunque todavía no sé cómo. Voy a contarlo de manera diferente, no como un simple resumen, sino convirtiéndolo en un relato, que es lo que creo que sé hacer.


Mi hijo Alex me pidió que le escribiera un cuento.
    – Mamá, escríbeme una historia de espadas y magia.
Después de mi estupor inicial, hice lo que cualquier madre normal...
    – Claro, cariño. Yo te lo escribo. Pero tú me tienes que ayudar. ¿Cómo quieres que sean los personajes?
    – Quiero que el chico sea un soldado y se llame Alonso.
    –¿Alonso? – no conocemos a nadie con ese nombre, no sabía de dónde lo había sacado.
    –¡Claro, mamá! Alonso como Fernando Alonso. Y quiero que su apellido sea Esteban, como el mío.

Tenía seis años y, a un hijo de seis años, se le discuten cosas pero no ésta, por extravagante que suene. Si quería un soldado que se llamase Alonso lo tendría.
    – Vale, ya sabemos que tenemos un soldado que se llamará Alonso. ¿Qué otro personaje ponemos?
    – Una chica, bueno, una bruja que quiero que se llame Amanda.


Tampoco conocemos a ninguna Amanda. No sé cómo se le ocurrió. Estuve pensando un rato y la historia empezó a tomar forma en mi cabeza. Amanda recibiría una herencia familiar, una mansión ruinosa cerca de Toledo. En principio el legado no valdría nada salvo por el descubrimiento de una biblioteca con libros antiguos, custodiada por el fantasma de un soldado de Felipe IV y el de su propia condición de bruja. Ambos, bruja y fantasma, tendrían una misión que cumplir: recuperar el medallón de la magia.

Era verano y empeñé las tardes, mientras Aitana dormía su siesta, en construir la trama.
    – Mamá, ¿ya lo puedo leer?
    – No, cariño, aún está sin terminar.
    – ¿Cuánto llevas?
    – Unas doce páginas.
    – ¿Tanto?

Acababa de aprender a leer, era lógico que le pareciera eterno.

Doce, veinticuatro, cincuenta, ochenta y seis. Ahí me quedé. A Amanda y Alonso se les habían unido más personajes: Brianda, Gonzalo, Miguel, Estela... y un tal Fray Fantasma. Sin darme cuenta tenía a una bruja novata buscando un medallón mágico para destruir en el más allá lo que quedaba de la Inquisición, sorteando las trampas que le ponía el fantasma de un antiguo inquisidor de Toledo.

   – Mami, ¿qué es la Inquisición?

Pillada. ¿Cómo se lo explicas a un niño de siete años? Mientras yo iba escribiendo había crecido, pero no tanto como para comprender. Abandoné.

Meses después me dormí en el coche volviendo de Ciudad Real. Soñé con Alonso y Amanda y, al llegar a casa, encendí el ordenador. No podía dejar de escribir.
    – ¿Qué haces, mamá?
    – Ya sé cómo acaba tu historia.

Pasé las navidades escribiendo y, al fin, terminé. Había escrito una historia fácil de leer en la que, supongo que por mi condición de licenciada en Geografía e Historia, introduje muchos datos históricos. Se lo dejé a mi prima Ana, de la que siempre me fío, pero tardó un poco en tener tiempo. Mi primera crítica fue del lector que esperaba la historia con más ansiedad. Tenía ya ocho años. Hubo que explicarle cosas pero es un chico listo.
    – ¡Me encanta!

No sabes cómo suena si te lo dice tu hijo. Dejé que lo leyeran adultos, no fuera a ser que fiarme del criterio de alguien tan pequeño no fuera demasiado sensato. El entusiasmo de todos me empujó a hacer un par de locuras.
    – Me voy a presentar a un concurso de relato breve. Quiero ver qué pasa.

En 2008 quedé en segundo lugar del Certamen de Cuentos y Narraciones Breves Ciudad de Cantalejo. El relato se llama La vida en papel y no tiene nada que ver con niños, ni con magia. Al año siguiente, 2009, quedé primera en el mismo certamen con el relato El reflejo, ambientado en el Madrid del XVII. Ya os he contado que es una invención sobre el origen del cuadro de Velázquez, La Venus del espejo.

Con la dotación económica del premio decidí autoeditar una novela: La arena del reloj.
    – Si te autoeditas nadie te tomará en serio nunca –me dijo una amiga.
    – Es un regalo para mí misma y para mi familia. Voy a editar el libro que escribí con mi padre, su biografía. Lo que me contó antes de morir. Es un homenaje a él. No quiero vender libros, quiero darle al suyo un formato digno, no unos simples folios encuadernados en espiral.

A veces la vida te sorprende. Sólo fueron cuatro ejemplares, los justos para la familia más cercana, pero empezaron a prestarse y me encargaron más. Puede que esta historia ya la conozcáis. Hoy ya llevo cerca de doscientos libros en papel e incontables descargas en internet. La mayoría no han ido a parar a la familia. Eso es lo más curioso, porque se trata de una biografía de una persona anónima. En el relato hay dos voces, la suya y la mía, sus recuerdos y mi presente, ese en el que me doy cuenta de que se va y no puedo hacer nada. Es un relato que provoca emociones muy intensas, pero un libro, como dijo Ciorán, debe hurgar en las heridas, provocarlas incluso. Un libro debe ser un peligro. La arena del reloj es, en cierta medida, peligroso, porque nos enfrenta a la brevedad de la vida. Esto transcribo a continuación es la justificación del título:

Cuando nacemos se pone en marcha el mecanismo invisible de nuestro reloj vital. En ese momento, la persona que atiende el parto señala la hora del nacimiento y siempre he tenido la sensación de que, lo que hace en realidad, es darle la vuelta a un gran reloj de arena. Todo lo que nos ocurre después va sucediendo lenta y ordenadamente, gracias a ese pequeño agujero que pone en contacto las dos mitades de lo que será en adelante nuestra vida: lo que ha ido ocurriendo y lo que todavía nos queda por vivir.

Gracias a La arena del reloj me invitaron a dar una charla sobre mi experiencia con la autoedición, en la biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca de Henares. Y también aquí me invitaron a presentar otra novela, Su chico de alquiler, en la Feria del Libro de Azuqueca, un relato que utilicé para completar por mí misma todos los trámites legales para convertir un manuscrito en libro y no hablar de oído, sino conociendo el tema de primera mano.

Todo esto es lo que convierte a El medallón de la magia en mi novela más importante, desencadenadora inconsciente de esta aventura. Si Alex no me hubiera pedido un cuento jamás me habría puesto a escribirla. Si no la hubiera escrito, no habría existido la posibilidad de que nadie leyera nada mío porque hasta entonces apenas dejaba que nadie lo hiciera. Pudor, supongo. Sin las críticas positivas, jamás me hubiera presentado a esos concursos de relato breve, ni hubiera ganado ese dinero que no esperaba para emplearlo en la autoedición de La arena del reloj, ni la charla que me encargaron me hubiera forzado a publicar Su chico de alquiler. Esta novela cierra un círculo mágico. No sé cómo irá todo, si la acogida que tendrá será parecida a las otras, si me arrepentiré, si lograré terminar esa otra novela en la que entretengo mi tiempo vinculada a ésta. Todo son dudas y miedos, pero tengo que terminar esta historia que es la mía, publicando El medallón… porque las tres novelas son, en realidad, parte de una misma historia.

Hay otra novela terminada, absolutamente diferente, un relato mucho más adulto, del que me siento plenamente orgullosa. Ya tengo el visto bueno del registro de la propiedad intelectual. Estará ahí un tiempo más, esperando en su cajón para cuando esté convencida, si algún día lo estoy, de que puedo llamarme a mí misma escritora y me atreva a enfrentar el tema de tratar de hablar con una editorial.

Sé que no es común saltarse la lógica, pero con lógica mi vida seguro que hubiera sido un completo aburrimiento.

viernes, 16 de septiembre de 2011

LA VENUS DEL ESPEJO Y EL REFLEJO.

El arte despierta emociones. Da igual si se trata de una canción, un poema, una obra de teatro o un cuadro. Hay creaciones humanas capaces de hacernos sentir cosquillas en el alma. Cada vez que entro en el Museo del Prado tengo la sensación de entrar en un templo. Mis sentidos empiezan a alborotarse a la vez, tratando de captar toda la belleza que se encierra entre aquellas paredes y el colapso es tal que, más de una vez, se me escapa una lágrima. Este museo es mi templo particular y creo que es un privilegio tener este lugar tan maravilloso cerca de casa para poder visitarlo cuando quiera.

Bueno, no tanto como quisiera, la verdad.

Hace ya demasiado tiempo se organizó una exposición con la obra de Velázquez. Se reunieron los cuadros de los fondos del museo y algunos otros que procedían de varias pinacotecas del mundo. Entre ellos, La venus del espejo.



El Amor, representado por la figura de un niño, sujeta un espejo con marco de ébano que refleja el rostro difuso de la diosa de espaldas, completamente desnuda. Este cuadro siempre despertó mi atención por varios detalles. Uno de ellos es que no sé de otro lienzo en el que Velázquez pintase a una mujer desnuda. Otro, que la Inquisición castigaba con la excomunión la ejecución y exposición de imágenes lascivas, además de multar con quinientos ducados y el destierro, y aun así lo pintó. Y había una tercera razón.

Si el suegro de Velázquez, Francisco Pacheco, hubiera visto este cuadro, le habría dado un patatús.

El caso es que a mí me fascinaba la idea de plantarme frente a este él y, sabiendo que su ubicación normal es la National Gallery de Londres, pensé que era imperdonable que no fuera a verlo. Me pasé cuatro horas en una cola con muletas (no sabéis cómo acabaron mis manos), suspendí uno de los dos exámenes que cateé en la toda carrera, llegué agotada a casa después de una carrera (con muletas) para no perder el tren en Atocha pero lo vi.

Mereció la pena.

Cuatro años después fui a Londres. En realidad el destino era Cheltenham, donde mi hermana estaba de erasmus, pero ella organizó un viaje a la capital. Dimos un paseo, recorrimos lugares típicos, nos tomamos un té y, de repente, descubrí el perfil de la pinacoteca. La Venus de Velázquez me hizo un guiño desde dentro y no resistí la tentación de entrar. Allí estaba. Sin colas. De nuevo frente a mis ojos.

Varias veces traté de averiguar quién había servido de modelo a Velázquez para este cuadro. Ante la imposibilidad o quizá mi torpeza, me lo inventé. De este deseo de saber surgió en mi mente el relato El reflejo. En él, con menos pudor que la diosa desnuda, me invento quién era.

Os confieso que este relato estaba destinado a ser una novela, pero todavía no estoy preparada.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

MARCAPÁGINAS DE REGALO

Hace unos cuantos meses traté de conseguir que me imprimieran unos marcapáginas en la imprenta que está frente al portal de mi casa. Después de unas cuantas visitas infructuosas (debe haber gente a la que la crisis no le afecta y se pueden permitir el lujo de rechazar trabajos) decidí dejar pasar el tema. Yo, claro, porque hubo alguien que no.

Se ve que, aunque hay gente que me ignora, existen muchas más personas que me quieren un montón. Alberto se molestó en buscar otra imprenta con más ganas de trabajar y en menos de una semana y tres llamadas había conseguido lo que a mí me resultó imposible: ayer me entregó un paquete de marcapáginas para que pueda repartirlos entre mis amigos. El diseño es muy sencillo, parte de la portada de Su chico de alquiler y la dirección de este blog, pero ha sido emocionante tenerlos en la mano.

Foto: Mayte Esteban

Gracias, Alberto. La vida son pequeñas cosas como esta, que desde fuera pueden parecer tonterías, pero que lograr ponerle a un día gris una nota de color.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

CRÓNICA INSIGNIFICANTE de EMILIO CASADO MORENO.

Llevo un rato mirando la pantalla en blanco y no he sido capaz de poner nada más allá del título del libro y el nombre del autor. Esto podría ser un mal síntoma, señal de que la novela no me ha aportado nada en absoluto y no tengo nada que contar. Sin embargo, es justo lo contrario. Este es el libro del que os hablaba. Hay tanto que decir, tantas sensaciones que te deja la lectura de esta crónica que no tiene nada de insignificante, que las ideas han causado un atasco en mi cerebro, atropellándose para ponerse las primeras. Al final, me lo estoy temiendo, va a haber un choque en cadena y vendrá la grúa a llevarse algunas que se me van a escapar.



Empezaré por lo sensato, que es contar algo del argumento de Crónica insignificante. Esta es la historia de seis días en la vida de Marcelo Suelas, un psicólogo que trabaja como interino en una prisión. Hace poco que se ha divorciado de Amanda, la mujer con la que construyó su vida, la madre de su hija Diana y, para poder seguir adelante, ha tenido que volver a casa de sus padres, a su antigua habitación, porque el divorcio se lo ha llevado todo: su casa, su coche, su liquidez económica,... La madre de Marcelo le trata como si todavía fuera un niño y no deja escapar la ocasión de abogar porque vuelva con su ex, a pesar de que está claro desde el primer momento que ambos tienen claro que esa historia está acabada.

Emilio Casado Moreno distribuye la novela en días. Seis días de una semana en la vida de Marcelo. Utiliza como recurso la primera persona y el presente, de manera que durante la lectura siempre estás escuchando la voz interior del personaje. Él mismo, a través de sus pensamientos, te va conduciendo por su periplo. Al principio, las situaciones que vive Marcelo parecen inconexas, retazos de esos días que parece haber elegido al azar. Sin embargo, todo tiene su sentido y el círculo se completa cuando llegas al final. Para contarnos éste, Emilio elige otro modelo narrativo. Los personajes que han ido desfilando ante nuestros ojos se van cediendo la palabra en una entrevista. También nos hablan directamente, por lo que la proximidad con el lector no se pierde tampoco en esta parte.

Es muy interesante también la manera en la que se estructuran los párrafos. El protagonista nos está contando un hecho, cualquiera, y cuando termina, antes de seguir con el hilo del relato, utiliza una frase corta que en sí misma constituye un párrafo aparte. Subraya lo dicho, muchas veces, acudiendo al refranero. La ironía es otro recurso que utiliza a menudo. Ese punto de vista que adopta el personaje, el reírse de algún modo de sus propias desgracias, lo humaniza aún más, elimina cualquier elemento dramático.

MI OPINIÓN

Sencillamente me ha encantado esta novela. Está escrita de manera correcta, te atrapa desde el principio. Llevaba un tiempo buscando este libro. No éste en concreto, sino uno que me hiciera disfrutar leyendo. En todo momento he tenido la sensación de que el personaje me estaba contando precisamente a mí su historia. La novela te convierte en protagonista de algún modo al hacer del lector interlocutor directo de Marcelo. Es un personaje con el que te implicas desde el primer momento. Aunque apenas te esté contando nada más que cosas "insignificantes". Pero creo que es precisamente eso. La vida no es una novela grande, ni siquiera una serie de la tele de esas que cuando acaban no eres capaz de resumir porque han pasado tantas cosas que te has acabado perdiendo. La vida está hecha de momentos sencillos. Marcelo habla del día a día, del olor del café, reflexiona sobre cualquier tema y tú quieres que te lo cuente. Es verosímil de principio a fin, empatizas con el protagonista aunque ni trabajes en una prisión, ni se te haya pasado por la cabeza divorciarte o tu madre sea una beata convencida. Da igual. Este personaje tiene alma. De hecho, hasta los secundarios están perfectamente perfilados, aunque aparezcan un par de veces, las palabras con las que nos los presenta el narrador protagonista trazan un perfecto dibujo de ellos.

Una cosa que me ha ocurrido con este libro, que no me pasaba desde hace ya mucho, es que no quería que se terminara. Desde antes de la página cien, me encontré ralentizando la lectura a propósito, quería que Marcelo se quedara conmigo. Me obligué a leer sólo un día literario por cada día real, ya que por casualidad empecé la lectura en jueves, el día de la semana en el que empieza el relato. El reto se fue al garete en el último momento, aunque creo que finalmente el último día era ya martes pero porque me quedé leyendo hasta que acabé la novela.

Después de unos cuantos libros que, como decía en entradas anteriores, no he sido capaz de terminar, encontrarte con uno que no quieres que se acabe es un delicia. Aunque esto tiene su punto de ironía, como no podía ser de otra manera tratándose de la historia de Marcelo, que está cargada de ella. Crónica insignificante es una novela autoeditada. Emilio Casado Moreno decidió un día colgarla en una de las páginas de autoedición que hay en la red, Bubok, y todavía no hay una editorial interesada en ella. Se puede adquirir en papel o en formato digital.

La autoedición es un tema del que se puede hablar mucho. Una amiga, alguien que administra otro blog, me decía que hoy en día, por publicar, hay hasta quien publica la lista de la compra. Creo que lleva razón. He tratado de leer algunas novelas autopublicadas y la mayoría no pasan ni un mínimo control de calidad. A lo mejor las mías tampoco, todo hay que decirlo. Sin embargo, hay veces que hay novelas que brillan, autores como por ejemplo Eloy Moreno, que nos demuestran que la calidad y el salirse del camino establecido no tienen por qué estar reñidos. Son agujas dentro del pajar de la autoedición. Ojo, hoy por hoy creo que esto sólo sirve como escaparate de cara al mundo editorial. Nada más. El camino para vender libros es otro. Ir de librería en librería puede funcionar alguna vez, pero requiere un tiempo del que no todos disponemos, además de un enorme esfuerzo económico.

Los blogs tenemos un papel en este proceso de la autoedición. De vez en cuando, es cierto, se cuelan reseñas de libros que no pasarían un mínimo control de calidad (ni literaria, ni ortográfica) pero son ecos que se apagan pronto. Puedes tirar una piedra a un estanque y remover el agua, pero será momentáneo. No vas a crear un torrente. Esta no es una de esas obras que se reseñan por amistad. En mi caso, ni siquiera conozco a Emilio. Esta novela es la aguja en ese pajar de la autoedición. Encontrarla ha sido emocionante porque lo tiene todo. Una historia, está muy bien estructurada, no deja cabos sueltos y, sobre todo, está bien escrita, aunque le hace falta un repaso en la edición.

De momento os animo a leerla y a que expreséis vuestra opinión.

¿Os apetece?


lunes, 5 de septiembre de 2011

ME ESTÁ ENCANTANDO ESTE LIBRO!!!!

Esta entrada mega breve es para decir que estoy leyendo un libro de esos que no puedes soltar, que te obligan a robarle horas al sueño porque quieres saborearlos enteros pero que, a la vez, sientes que no quieres que se acaben nunca. Hacía mucho tiempo que no tropezaba con uno de ellos.


Se merece mucho más que cuatro líneas, así que pronto os lo presentaré.

martes, 30 de agosto de 2011

LIBROS A MEDIO LEER

No es frecuente que yo me rinda con un libro, que abandone su lectura por la mitad. Siempre quiero darles a todos la oportunidad de sorprenderme con un final inesperado, con un giro que me convenza de que no me equivoqué al elegirlos. Lamentablemente, no siempre es así. Pruebas de ello son aquel que comenté hace algunas semanas en la entrada razones por las que un libro no me ha gustado nada, del cual he borrado hasta el nombre de mi memoria y Perdona pero quiero casarme contigo, de Federico Moccia. Llegué al final por pura cabezonería pero más me valía haberlos dejado por el camino.


En los últimos años he ido amontonando libros que no he sido capaz de terminar. Algunos se han pasado semanas durmiendo a mi lado, acumulando horas de espera inútiles hasta que decidí buscarles un sitio en las estanterías. Entre los repudiados por mi paciencia están, sin ir más lejos, Un mundo sin fin, de Ken Follet, El asedio, de Pérez-Reverte y La tierra de las cuevas pintadas, de Jean M. Auel. Estos tres tienen en común varias cosas: tienen páginas de más, los esperé con demasiadas expectativas y quizá no elegí bien el momento de lectura. Ahora estoy con Cazadores de sombras, de Cassandra Clare, un libro que me está costando mucho más de lo deseable. Este no tengo intención de abandonarlo, pero se han colado en medio dos libros de Vargas Llosa y cuando esto me pasa se empiezan a encender todas las señales de alarma.
¿Os ha pasado alguna vez? ¿Ha habido algún libro que os ha resultado imposible? No me refiero a los que te mandan leer en clase, sino a los que tú mismo eliges.

viernes, 26 de agosto de 2011

TURÉGANO

El pasado domingo empezaron las actividades de la semana cultural de Turégano, la que precede a las fiestas de septiembre. Volvíamos a nuestra casa, atravesando el pueblo por la carretera, cuando nos dimos cuenta de que estaban a punto de dar los premios del certámen de pintura rápida, en los que el castillo siempre se convierte en el principal protagonista. Nos paramos, por supuesto. Es alucinante lo que algunas personas son capaces de hacer. Mirad uno de los cuadros, pintado en solo unas horas:


Como no podía ser de otro modo, acabamos tomando algo en El Zaguán, una posada rural que hay en uno de los rincones de la plaza porticada. Hace años, cuando vine a vivir a Segovia, trabajé una temporada en este pequeño hotel. Puedo deciros que es uno de los más bonitos que conozco. En su restaurante se come de maravilla y siempre te reciben con una sonrisa, te alojes allí o estés simplemente de paso. El domingo, además de los cuadros diseminados por los soportales, había un coche aparcado en la puerta que llamó nuestra atención:



Al otro lado de la plaza vimos esta motocicleta. Una de dos, o era el día de los vehículos con solera, o es que Turégano sigue, como siempre, siendo un lugar lleno de magia. Ésta es la motocicleta, sidecar, o como quiera que se llame:


El caso es que, volver a Turégano, siempre me trae recuerdos. Y de ese trabajo, como recepcionista de El Zaguán, aún ha pervivido algo, aunque sólo sean unas palabras que al leerlas reconocí al instante como mías. A pesar de los años que han pasado, el folleto de publicidad de este hotel apenas ha cambiado y sigue empezando por unas líneas que escribí:

La Villa.

Cuando el viajero llega a Turégano desde Segovia, su vista tropieza, inevitablemente, con la plaza porticada y el castillo medieval, lugar tan repleto de historia como de fábulas. De la presencia de Fernando el Católico, Antonio Pérez, el Secretario Real de Felipe II, el Duque de Osuna o el Almirante de Aragón se tienen datos ciertos, amén de otros que forman parte de la leyenda popular.


Todo esto me recuerda que hay una novela terminada, una novela que empezará su andadura, si finalmente un trámite atascado no lo retrasa, a principios de 2012. El Zaguán y el castillo de Turégano, esta plaza porticada y algunos habitantes imaginarios tienen un gran protagonismo en esa historia llena de magia.

domingo, 21 de agosto de 2011

EL CALOR, UNAS FOTOS Y LAS FIESTAS PATRONALES.

¡Qué calor! Ni siquiera en Segovia, lugar al que todos le suponéis un clima gélido, se pueden soportar los días que llevamos. En mi casa, por lo menos, durante el día tenemos unos treinta grados en el salón, llegando a los treinta y dos cuando a mi hija se le "olvida" cerrar la puerta de la terraza. Por la noche la temperatura suele bajar mucho, pero en esta semana no ha bajado de los veintisiete. Con este calor la pereza se multiplica. Parecemos una manada de leones después de una buena comida, tirados en el sofá sin hacer nada.

Todo este tiempo lo he dedicado a pensar, y pensando pensando me he acordado de que llevo semanas aparcando hacerles unas fotos a mis libros. Me ha costado levantarme del sillón, ir a la estantería, sacarlos, buscar la cámara, fotografiarlos y volver a colocar todo. Después he tenido que darme una ducha porque ni os imagináis lo que he sudado. Menos mal que abandoné a tiempo el primer plan, que consistía en limpieza general. Así que, ya que me ha costado tanto hacer una tontería semejante, ¿por qué no compartirla?
Mis dos novelas publicadas, los relatos premiados y un homenaje a mi otra abuela.

A toda la pereza acumulada por el calor hay que sumarle el cansancio. Llevamos una semana de fiestas y, aunque sólo salimos un ratito, estoy agotada por la falta de costumbre y por la música de las atracciones que parece que tienen un altavoz encima de mi cama. Hoy acaban con una comida en el río y esta noche será raro no escuchar más chiscar las trallas (esto debe ser gacería, la jerga exclusiva de Cantalejo y significa golpear las trallas contra el suelo para que hagan ruido). Los quintos llevan desde el uno de agosto haciéndolo y hasta que no lleguen los quintos del año próximo no las volveremos a escuchar. Quiero decir que los que han alcanzado este año la mayoría de edad se han portado, han sido mucho menos pesados que los de otras generaciones. Pero hay que aguantar, es la tradición. Las consecuencias de quejarse contundentemente por esta costumbre forman parte de la peor leyenda negra de este pueblo, esa que no se cuenta en alto no sea que se despierten los fantasmas.

martes, 16 de agosto de 2011

EL COLOR DE LA MALDAD, ARMANDO RODERA.

Este libro es muy especial para mí, porque he ido conociendo detalles del proceso que ha llevado a su publicación, de manos de su mismo autor. Este mundo virtual es muy curioso, y pasan cosas impensables en el mundo real. Estoy segura de que podríamos habernos cruzado en una calle de Madrid sin habernos visto, pero un pequeño comentario, añadido al final de una de mis entradas, le hizo fijarse en mi blog. Hablaba de una página web que había encontrado, en uno de mis paseos erráticos por internet, que hablaba de un libro: El enigma de los vencidos, la primera novela de Armando. En la web había dejado retazos de la novela para que pudieran ser leídos por quienes cumplieran una condición: resolver pequeños enigmas que daban las claves de acceso a esos fragmentos de lectura. Lo conté porque me pareció genial y mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré un comentario hecho por él mismo en el blog. A partir de ahí hemos hablado (mejor dicho, nos hemos leído) a través de correos, redes sociales y nuestros respectivos blogs. Poco a poco he ido descubriendo a alguien con mucho entusiasmo y que ha conseguido culminar uno de sus sueños: poner personalmente una de sus obras en el mercado literario, sumándose a la nueva tendencia que ha puesto en nuestras manos la red y de paso siendo sus de los pioneros. La lectura de su blog Aventuras y desventuras de un escritor novel me hizo intuir que alguien que era capaz de engancharte con una bitácora, podría estar escondiendo un novelista. Y no me equivoqué.

Meses después de nuestra primera "charla" me llegó la noticia de la publicación en ebook de la novela, y su imparable ascenso en las listas de Amazon. Quise comprarla enseguida, pero el pasado mes de julio para mí fue caótico en lo personal, y siempre pasaba algo que retrasaba mi propósito. No es común para mí aparecer en los agradecimientos de un libro, así que había algo más que interés literario en esta obra y quise conseguirla a toda costa. Finalmente, hace unos días, solucioné las dificultades técnicas, la descargué y me puse con su lectura.


El color de la maldad pertenece al género de novela negra y narra la investigación que llevan a cabo un inspector de policía, Paco Bermejo, y un guardia civil, Pablo Roncero, de manera conjunta, para atrapar a un asesino en serie que está cometiendo crímenes brutales a lo largo de la geografía española. La historia arranca con la desaparición de Laura y Ramiro, una joven pareja que pasaba un fin de semana romántico en la provincia de Ávila. Para investigar discretamente las circunstancias que rodean el caso son enviados el inspector Bermejo y el sargento Roncero, pero no serán los únicos: una periodista, Miriam Monfort, antigua compañera de estudios de Roncero, sigue las pistas de la noticia. Nada más empezar ambos policías se dan cuenta de que se enfrentan a alguien muy peligroso: la brutalidad de los asesinatos y la escenificación extraña en la que aparecen los cadáveres les dice que aquello no será un caso más. Miriam, por su parte, intuye que esa puede ser la noticia de su vida.

El color de la maldad me ha sorprendido. La trama de la novela es impecable, no deja cabos sueltos y la forma de organizarla, poniendo sobre aviso al lector al comienzo de cada capítulo sobre el lugar en el que nos encontramos en cada momento, agiliza la lectura e impide que te pierdas. En su afán de verosimilitud, Armando Rodera ha elaborado un buen trabajo de documentación, tanto de ambientes como de personajes. Estos están bien perfilados, sobre todo el de Jasón, el asesino, de quien nos cuenta, no sólo lo que hace, sino sus motivaciones, las situaciones que ha vivido y que le han ido conduciendo a su demencia. El policía, Bermejo, es el mayor de la pareja, un tipo peculiar cuya vida personal es un desastre. Me parece acertada la manera que ha elegido para que le escuchemos, un lenguaje muy llano, sin artificios. Pablo Roncero es el más joven. Realiza su trabajo con una eficiencia, pero en lo personal, sobre todo en lo que se refiere a Miriam, aparecen todas sus inseguridades.

La novela, como ya he dicho, tiene su argumento bien estructurado, resulta muy inteligente la manera que ha tenido de resolverla y además se guarda alguna que otra sorpresa para el desenlace. He observado, además, como el tratamiento del lenguaje va madurando a medida que avanzamos en la lectura, las descripciones están más elaboradas y la intuición de que estás llegando a entenderlo todo te empuja a seguir leyendo sin parar hasta su final.

La novela se puede descargar desde la página del autor, Armando Rodera, y tiene un precio muy atractivo, 2,99 euros. Vamos, lo que cuesta tomarte una cerveza y un pincho, así que no hay demasiadas excusas para retrasar su compra y adentrarse en esta historia que seguro que os va a seducir. Está publicada en varios formatos: pdf, epub, ... y se puede leer tanto en el ordenador, en un libro electrónico o en incluso en una tablet. El hecho de que esté disponible de este modo hace que salve el obstáculo de las fronteras, así que quienes estáis al otro lado del mundo y conocéis esta lengua maravillosa que es el español, también podéis acceder a ella.

Tatty, de El universo de los libros, dijo de El color de la maldad, en la reseña que publicó hace algunas semanas, que bien podría convertirse en una película y creo que estoy muy de acuerdo con ella. Es muy cinematográfica. Y con la cantidad de cosas que pasan podría convertirse hasta en una serie.

Armando ya está embarcado en otros proyectos literarios pero mientras los concluye podemos disfrutar de esta novela que ya está aquí. ¿Os animáis con ella?



viernes, 12 de agosto de 2011

LAS TRAMPAS DEL LENGUAJE

El lenguaje está lleno de trampas, no sólo es necesario conocer la ortografía para decir lo que quieres decir, hay que entrenarse un poco con la sintaxis, encontrar tu estilo propio, para que lo que cuentas no sea sólo una anécdota sino que tenga alma. O para que en el examen de historia demuestres lo que sabes y no escribas otra cosa absolutamente distinta, responsable de que tu nota no pase del dos.

El mundo de blogger es infinito. Hay espacio para todo: diseño gráfico, manualidades, cocina, música, arte, historia... Cada uno vamos eligiendo los temas que más nos interesan y creando pequeños grupos en los que compartimos aficiones, sueños y, sobre todo, palabras.

Lo que más me gusta son los libros. Leer, escribir, expresarme a través de palabras ha sido siempre mi refugio para los buenos y los malos tiempos. Por eso mi mundo virtual se ha ido acomodando al real, y he ido descubriendo a gente que, como yo, lee o escribe. Algunas veces me he llevado grandes sorpresas: gente anónima que cuelga sus escritos y nos regala relatos de mucha calidad comparten espacio con otras personas a las que el talento les pasó un día por su lado sin dejarles huella alguna. O simplemente son víctimas de las trampas del lenguaje.

Sin embargo hay algo que no me gusta nada: encontrarme relatos en los que faltan letras (por esa simplificación que empleamos al escribir, que al final se traslada sin remedio a nuestro propio pensamiento), ni tampoco con faltas de ortografía que no se le perdonarían a un niño de tercero de primaria. Mucho menos libros, presuntas novelas en las que no hay erratas, hay errores de base, palabras empleadas en lugar de otras porque hemos asumido que son sinónimos cuando no es cierto. Hace poco leí en un relato un sustantivo que había sido empleado sustituyendo a una preposición y un adverbio. No una, varias veces. Las letras eran las mismas, pero un espacio entre ellas hubiera bastado para que aquello no sonase chillón (por cierto, esta expresión, "sonar chillón" es una figura literaria, sinestesia se llama, mezclar sensaciones de dos sentidos diferentes para lograr un efecto sorprendente, una de las "cosas inútiles" que enseño).

En realidad empecé a escribir esta entrada porque ayer me enfadó que una de mis alumnas me gritara (no estaba enfadada, habla así) que es absolutamente ridículo estudiar lengua, o literatura, o las figuras literarias, porque no sirve para nada en la vida. Es mejor saber química, o física, o logaritmos. Yo no pienso lo mismo. Sé hacer logaritmos, pero todavía no he encontrado una conversación interesante en la que se pueda hablar de ellos. Sin embargo sí que he hablado horas con gente del Quijote (por cierto, hay quien opina que es malo!!!) o de la novela picaresca, o de la importancia de las obras literarias para conocer mejor la sociedad que las produjo.

Sin querer me he ido desviando del tema. En realidad estaba tratando de decir que si no conocemos el lenguaje en toda su extensión y esto incluye la sintaxis, las figuras literarias, caeremos en sus trampas. Y esquivarlas es tan fácil como ser un poco más exigentes con nosotros mismos, no dejarnos vencer por la comodidad que supone escribir algunas letras menos o pararnos simplemente a escuchar en clase del lengua en lugar de quejarnos.

Para comunicarnos hablamos. Usamos el lenguaje. Los logaritmos pueden ser importantes en nuestra vida durante algún tiempo pero la lengua lo es siempre.

Me sumo a la campaña de Olga con su banner.

martes, 9 de agosto de 2011

PEREZA VERANIEGA

Hace días que estoy perezosa. Creo que mi musa se ha tomado unas vacaciones, así que he pensado que voy a recuperar algunas de las entradas de cuando este blog era un desierto en el que sólo había dos almas (yo misma y el único seguidor que tuve los dos primeros años, los demás habéis llegado después de navidad).

LOS ESPEJOS

INTERNET, GRAN HERMANO Y LA VERDAD. 24 de diciembre y en vez de hacer la cena, yo reflexionando...

LAS NUEVAS NORMAS DE LA RAE.

3 x 1

viernes, 5 de agosto de 2011

¿QUÉ VES?

El otro día les hice esta misma pregunta a personas que se pasan por el blog de manera habitual, a las que tengo en mi entorno:
¿Qué ves en la cabecera del blog?

Me respondieron que veían unas rosas y unos trazos negros. En realidad esos trazos forman una imagen, no sé si os habéis dado cuenta. Las personas objeto de la improvisada encuesta no se habían fijado.

¿Alguien podría decirme qué cree que representan?

Hace calor y estoy perezosa para ponerme a escribir, pero me apetece el juego y encotrarme la recompensa de vuestros comentarios. Os dejo tiempo y más tarde os lo cuento.

miércoles, 3 de agosto de 2011

UNA FRASE DE LA NUEVA NOVELA.

No está al principio, ni al final, no entenderéis nada, ni os podréis imaginar tampoco el argumento. Ni siquiera donde transcurre la mayor parte de la trama. Es sólo una frase, la presentación de un personaje clave en esta novela. Las fechas tampoco os pondrán sobre aviso porque da igual en el fondo cuando naciera para el desarrollo de esta historia.


"Alonso de Esteban nació en 1621 en la ciudad de Toledo, el mismo año en el que Felipe IV, hijo de Felipe III y Margarita de Austria, con tan solo dieciséis años, era coronado rey de España. Era hijo de un matrimonio de campesinos, descendientes de aquellos judíos que en 1492 se convirtieron para no ser expulsados de la península por los reyes Católicos."


 
Voy con calma, tomándome mi tiempo para decidir sobre este libro. Es curioso que me resulte tan complicado decirme que está terminado, registrado y listo para que se enfrente al mundo. Siento que él está preparado pero no estoy segura de mí misma.

martes, 2 de agosto de 2011

ASÍ COMIENZA... LA ARENA DEL RELOJ

El principio de LA ARENA DEL RELOJ


"Cuando ya has vivido parte de tu vida sientes la necesidad de mirar hacia atrás, de recordar acontecimientos que marcaron tu pasado y condicionaron lo que entonces era tu futuro. Novalis decía que la vida debe ser una novela que inventamos y yo creo que todas las vidas, por sencillas que parezcan, llevan escondida una novela.
A veces, cuando mis alumnos me preguntan por qué hay que estudiar Historia siempre les digo que la Historia así, con mayúsculas, forma siempre parte de nuestra propia historia personal, porque los acontecimientos que afectan al conjunto de la sociedad también tienen su reflejo en nuestras vidas, en las de nuestros antepasados, de modo que lo que hoy es nuestra historia, la de cada uno, depende en buena medida de cómo esos acontecimientos afectaron a nuestros antepasados, o a nosotros mismos.
Si miras hacia atrás en el tiempo verás que en tu vida han pasado muchas cosas, pero también la Historia ha avanzado y muchas de esas cosas que hoy tengo que enseñar a mis alumnos, que están en los libros de Historia, fueron para ti hechos que viviste de cerca, el mismo día que sucedieron.
Cuando me cuentes tu vida vamos a hacer un ejercicio: ¿Dónde estaba yo el día que...? ¿Cómo influyó eso en mí? ¿Qué ocurrió que hizo variar mi destino? Verás como la Historia es también tu historia y que una vida, aparentemente normal, es también una novela. La novela de tu vida."

domingo, 31 de julio de 2011

EL DOCUMENTO SALDAÑA. PEDRO DE PAZ.


Llegué a este libro curioseando nuevamente en la biblioteca de mi madre, que  siempre sorprende. El verano es para mí el mejor momento para dedicarlo a la lectura, sobre todo por el montón de horas de parque que acumulo haciendo labores de vigilancia: que ninguno de los niños se rompa la cabeza cayéndose del tobogán o que en las peleas constantes en la fuente el único proyectil sea siempre el agua. Como van creciendo y me van dando treguas cada vez más largas, tengo tiempo de leer. Y como no siempre tengo tiempo de ir a comprarme libros con calma (si no me los llevo conmigo no puedo ir a la tienda, y como vengan, los que se traen un libro son ellos), recurro al lugar donde siempre sé que habrá historias dormidas esperando: la estantería de la buhardilla de mi madre.

El documento Saldaña me llamó la atención por el brillo de la sobrecubierta y, cuando lo abrí, por la calidad del papel en el que está impreso. Mi tío Manolo me regaña cuando digo estas cosas, cuando me fío de las apariencias externas en lugar de seguir criterios más inteligentes pero, ¡qué le vamos a hacer!, soy humana, y débil, y me dejo seducir todavía por estas menudencias. Al principio. Luego, cuando empieza la lectura, no hay portadas ni papeles elegantes que me puedan engañar. Al fin y al cabo crecí en una biblioteca y si hay una cosa que he aprendido bien, es a leer.

Tranquilos. Si este libro está reseñado es porque hay muchas cosas en él que me han gustado, además de la portada. Juré hace bien poco no volver a perder el tiempo con libros que no me han aportado nada. Hago reseñas (peculiares) por lo mismo que hago casi todo en esta vida: porque me da la gana. No hay una contraprestación más allá. Si el libro, las palabras impresas en él, me han regalado algo, yo devuelvo lo mismo: palabras. A cambio nada de más que de no olvidarme de la historia, de dejar lo que supuso para mí su lectura, por si en algún momento quiero volver a recordar. Me voy haciendo mayor, quien sabe cuándo la memoria empezará a jugarmela...

El documento Saldaña es una novela de intriga que se desarrolla en Madrid. El protagonista es un tipo, Miguel Cortés, que se gana la vida aceptando encargos para los que no puede extender factura. Él mismo se define muy elegantemente como persuasor. Convence a la gente de lo que quiere y por eso es contratado, por ejemplo, para que algunos morosos paguen sus deudas. Confieso que, al principio, me vinieron a la mente otros tiempos y otro Madrid, personajes que en lugar de pistolas llevaban espadas y sombreros de ala ancha, y que dedicaban sus esfuerzos a "convencer" también, a cambio de ahorrarle al adversario un billete de primera al otro barrio. Pero sigamos, que mi mente se dispersa con frecuencia. Cortés recibe un encargo peculiar: recuperar un documento que lleva perdido setenta años: el documento Saldaña. La oferta económica podría ser un pasaporte para cambiar de vida, así que Cortés acepta. Sin embargo, no será fácil: tras los pasos del documento está también la mafia rusa y empresarios que buscan recuperar el fabuloso tesoro que se esconde tras las pistas que aporta el documento. Una experta en arte, un asesino a sueldo, un informático, un policía, un gato llamado Durruti... son algunos de los personajes que os vais a encontrar si os sumergís en el libro.

Desde este punto de partida, Pedro de Paz construye una novela que te atrapa. Me he pasado dos días (no me ha durado más), buscando momentos libres, robándoselos al sueño y a mis propios libros inconclusos, para leer. La novela negra no es mi género favorito, quizá porque nunca le he prestado atención, a lo mejor porque ya de pequeña era rarita y prefería a Homero o a García Márquez antes que pasearme por las estanterías de novela juvenil (leo ahora más de ese género que cuando me correspondía por edad) y he seguido una línea de lectura particular. Sin embargo, en los últimos tiempos he ido tropezando con novelas de este género y descubriendo (descubriéndomelos a mí misma, claro está) a autores como Nacho Guirado, Pedro de Paz o Armando Rodera, cuya novela, El color de la maldad, me tiene también atrapada en su lectura en estos momentos.

En cuanto al estilo, me ha parecido acertado. La lectura es fluida y sencilla, pero no así el lenguaje. He encontrado varias palabras que no conocía, lo que me ha sorprendido, la verdad. Ya había perdido la costumbre de recurrir al diccionario. En estos tiempos que corren no sé si es bueno para el negocio de vender libros ponérselo difícil a los lectores. Lamentablemente, hasta quienes leemos nos estamos volviendo demasiado simples, con tanto abreviar el lenguaje. Es curioso: nos comunicamos más que nunca, y también lo hacemos peor. Pero sigo.

Otra cosa más, esto quizá es otra de mis tonterías, pero he detectado algo que a lo mejor ni siquiera el autor es consciente que hace al escribir. Tiene que ver con la sintaxis de las oraciones, una especial cadencia de los sintagmas nominales a los que acompaña con un complemento del nombre en forma de adjetivo que antepone al nombre constantemente. No sé si se él mismo es consciente de que repite sistemáticamente esto, pero creo que es una de las razones por las que se lee más rápido. Le da a la narración un ritmo que te mece y te arrastra, que te empuja, suavemente, a leer sin parar.

Hay quien dice que esta novela está llena de tópicos del género. Supongo que para alguien asiduo al género los tendrá, pero yo, que leo sin juicios previos, los he pasado por alto para, simplemente, disfrutar leyendo. Me pareció sorprendente, sin embargo, que los rusos se expresaran con un castellano tan rico y me faltaron palabras un poco menos "delicadas" cuando salían expresiones de su boca y de la de Cortés. Y sigo con mi pelea personal con las frases hechas, pero supongo que esa guerra es mía.
¿Os animáis a leer este libro?

viernes, 29 de julio de 2011

ENTREVISTA CON KYRA

Finalizamos la semana con una entrevista en Hojeando Mundos. Gracias por estos días!!!!

Entrevista

¿Qué os ha parecido?

Aprovecho esta entrada cortita para preguntaros una cosa, ¿podéis comentar sin problemas en otros blogs? Yo llevo unos días en los que me está resultando casi imposible hacerlo. Si opto por poner nombre y url me deja algunas veces pero si trato de hacerlo desde la cuenta de Google se vuelve todo el rato a la pantalla anterior o me dice que las cookies están deshabilitadas. ¿Qué hago? Me da rabia no poder comentar.

jueves, 28 de julio de 2011

LA ARENA DEL RELOJ EN HOJEANDO MUNDOS.

Kyra sigue obsequiándome con una semana dedicada a la lectura de mis dos novelas publicadas. Los dos últimos días el libro protagonista ha sido La arena del reloj. Ha hecho una reseña maravillosa de la novela que os invito a leer en su propio blog, Hojeando Mundos. Pinchad en el enlace:

Reseña

También tiene otra sección, a la que ha llamado Entre Líneas, en la que rescata frases que le han parecido interesantes. También os dejo el enlace:

Entre líneas

Para quienes queráis leer los libros, éstos se pueden descargar de manera gratuita siguiendo el enlace que hay en este mismo blog, en la página MIS LIBROS. Este enlace también os llevará hasta su versión en papel. He decidido prolongar más tiempo el precio especial de seis euros, por si hay alguien que prefiere el formato tradicional.

martes, 26 de julio de 2011

HABITACIONES CERRADAS. CARE SANTOS.



SINOPSIS

Ambientada en la Barcelona modernista, Habitaciones cerradas es una historia de secretos ocultos que traspasan las fronteras invisibles del tiempo. A caballo entre el pasado y el presente, la historia nos cuenta fragmentos de la vida de una familia acomodada de finales del XIX, la del pintor Amadeo Lax, y la de sus descendientes en el XXI.

MI OPINIÓN

Habitaciones cerradas es una novela con mayúsculas, perfectamente escrita y con una estructura para nada habitual. Lo que más me ha sorprendido de esta novela es eso, la estructura que elige para contarnos la historia. La autora siembra el relato de diferentes documentos (fichas de cuadros, correos electrónicos, cartas, artículos de prensa...) que no inserta dentro de la narración de ningún modo. Esta fluye en un continuo flash back: nos presenta fragmentos de la historia pasada de la familia Lax mezclados con acontecimientos que se suceden en el presente. La sensación constante es que Care Santos nos deja piezas de un puzzle que nosotros debemos completar para comprender el relato, como de hecho ocurre cuando finalizamos la lectura.

Al principio pensé que, cuando hablaba de la primera generación, lo hacía con tiempos verbales pasados y cuando volvía al ahora lo hacía con el presente, pero pronto descubrí que no es así exactamente. Otras veces hace algo que también es poco frecuente: el narrador que parecía omnisciente dos líneas antes, pide atención, en presente, al lector, para que escuche con él, para que juntos sigan descubriendo qué pasa. He llegado a pensar que siempre que usa el presente lo que busca es activar la atención del lector, hacerle cómplice, espectador de primera línea de esa historia que llega desde otro tiempo, que ha estado oculta  y que necesita del presente para solucionarse. Al final descubrí quién hablaba realmente y por qué era así. Tenía la sensación de que alguien me contaba una historia tal y como se recuerda todo, yendo hacia adelante y hacia atrás, sin demasiada lógica, porque no hay vida o historia que se recuerde con precisión. A lo sumo reconstruimos y muchas veces olvidamos cosas que es necesario retomar en algún momento.

El título para mí no sólo hace referencia a habitaciones cuyo acceso ha estado bloqueado mucho tiempo, sino también a secretos inconfesables de los protagonistas que necesitan tiempo para salir a la luz. En la portada aparece una escalera, y mientras leía pensaba que la autora me hacía ir subiendo y bajando sus escalones constantemente.

Los personajes están muy bien trazados, pero como la autora no sigue una línea temporal hay que ir construyéndolos mentalmente mientras se va leyendo. Me ha gustado en especial el de María del Roser Golorons, la madre del pintor, una mujer muy diferente a lo que te imaginas cuando piensas en alguien de su posición y de su tiempo.

En conclusión, esta es una novela que hay que leer. Si siempre me resulta difícil decir algo de un libro, lo justo para despertar interés, sin desvelar nada, en este caso es más complicado porque todo el libro está plagado de secretos que salen a la luz cuando se derriban muros, a veces invisibles. No quiero estropear ninguna intriga, así que lo dejo aquí para que las descubráis.

Otra cosa que me ha llamado la atención, y mucho, ha sido esta frase que a cualquiera le podría resultar anodina:

"Esta novela se escribió en Mataró, Madrid, Turégano y Como entre abril de 2009 y noviembre de 2010."

La razón: Turégano. Viví allí durante cinco años y, aunque no es mi pueblo de verdad, lo siento mío, no sólo porque mi hijo nació en este hermoso lugar, sino porque fueron cinco años en los que fui muy feliz. Y he escrito mucho allí, con el castillo al otro lado de la ventana de la habitación de Alex. Me gustó saber que esta historia se gestó en un lugar que llevo en el corazón y que ha sido también escenario en alguna de mis novelas.

Leedlo con tiempo y calma. No es sólo un libro para pasar el rato. Es un Libro.

NUEVA RESEÑA DE SU CHICO DE ALQUILER



Esta semana, Kyra, de Hojeando Mundos, está dedicándome una semana ¡entera! Empezó ayer, con una reseña de Su chico de alquiler. Espero que os paséis por su blog, porque creo que ni yo hubiera sido capaz de captar la esencia de mi propio libro mejor de lo que lo ha hecho ella.

Desde aquí vuelvo a darle las gracias a Kyra por sus palabras, así como a los que habéis comentado que sois de los que atraviesan con frecuencia el espejo. ¡Qué bonito principio de semana! Seguid haciéndole llegar vuestros comentarios. Esta semana somos dos las que los esperamos con impaciencia.


No os perdáis también su sección Entre líneas, donde ha rescatado algunas frases de la novela.