viernes, 9 de noviembre de 2012

RESCATANDO A UN PERSONAJE: JOSUÉ EL ERRANTE (RELATO)



                Son las siete menos cuarto de la mañana. En la cubierta del buque sólo un par de marineros se afanan en las últimas tareas de su turno de noche, supongo que preguntándose con la mirada qué hace una mujer en medio de esta fría madrugada. Permanezco quieta junto a la barandilla, dejando que la niebla matutina se meta en mis huesos y en mis pulmones, buscando quizá despejarme del todo. No sé exactamente dónde nos encontramos, pero según el plan de viaje, teniendo en cuenta los días que hace que embarqué, debemos estar entre la costa de Mauritania y las islas de Cabo Verde. A través del vapor que nos rodea no soy capaz de ver nada más allá del agua cuya tranquilidad rompe el casco del barco. Podríamos navegar por cualquier lugar del mundo y no notaría la diferencia.



               Estoy en cubierta porque esta noche la he pasado en blanco y necesitaba que me diera un poco el aire. La decisión de hacer este viaje a Namibia en barco fue un mero impulso. Seguro que hubiera sido mucho mejor tomar un avión, pero recordé a mi tío Martín, las veces que me contó su viaje a Israel por mar, y entre eso y que los aviones me ponen muy nerviosa, me decidí por la opción más romántica. Y la que más marea. No me acostumbro a este vaivén del buque, siento que el vértigo nunca se va del todo, y dormir se ha convertido en una utopía. Lo logro solamente cuando estoy completamente exhausta.

               Voy a Namibia por trabajo. Pretendo quedarme un mes para completar un estudio geográfico que se hace cada año desde mi universidad, donde se abordan aspectos como el clima, la vegetación, los usos del suelo, las industrias más relevantes y los transportes y comunicaciones, entre otras cosas. Mi parte del estudio favorita es la que tiene que ver con la gente, cuando tengo que comprobar que los datos que el Estado proporciona sobre el nivel de vida de la población son realmente ciertos: ahí me tendrán, con mi inglés insuficiente, preguntándole a los ciudadanos  si tienen teléfono móvil, ordenador o televisión, y otras cuestiones aparentemente inocuas que no lo son tanto porque en realidad serán las que nos den la medida cierta de todo.
              Hola.

               A mi lado, apoyando sus brazos en la barandilla, acaba de aparecer una mujer. Tan absorta estaba en mis pensamientos que no he notado que ha llegado hasta que estaba ya ahí, y reconozco que me ha dado un buen susto.
               Perdona me dice sonriendo. Creo que no te esperabas encontrarte con alguien a estas horas.
               No –contesto con sinceridad, la verdad es que me has sobresaltado. Veo que tampoco puedes dormir. ¿Cómo te llamas?
              Mercedes pinto. ¿Y tú?
              Mayte, Mayte Esteban.
              Encantada, Mayte. ¡Qué bonito amanecer! ¿No crees? En realidad he dormido como una niña, pero no quería perderme este espectáculo. ¡Es impresionante! —me dice, mirando los rizos de agua que ya dora el tímido sol.
            —Tienes suerte. Me refiero a que puedas dormir con este vaivén; yo no he pegado ojo en toda la noche. Parece que justo ahora la marea empieza a amainar —Ella sigue con la mirada asida al horizonte, da la impresión de que le molestara ser interrumpida en tan sublime momento—. ¿Cuál es tu destino?
             —África del Sudoeste.
La miro con una interrogación en los ojos y espero pacientemente a que escape de su trance.
          —Voy a rescatar uno de mis personajes, debe volver a Essen, algo importante le espera.
Su respuesta me deja atónita, no sé si estoy ante una descerebrada o no he escuchado bien. Decido esperar resignadamente a que el astro rey termine su función. Minutos después, se vuelve hacia mí y continúa su explicación:
         —Soy escritora, o algo parecido, no lo tengo aún muy claro.
         —Ajá —contesto, más perpleja aún—. Y…, perdona la indiscreción, ¿cómo se supone que se rescata un personaje si no es con las palabras?
         —Pues metiéndote en sus zapatos. Es necesario que visite el lugar donde se encuentra; tengo que conocer cada detalle de su día a día como garimpeiro y comprender por mí misma por qué no vuelve a casa con su familia, si lo consigo, lo dejaré estar. Todavía no alcanzo a entender por qué lleva años intentando buscar la fortuna en tierras tan lejanas mientras su país y su familia perecen bajo la locura de Hitler me explica, con las pupilas de nuevo fijas en el ancho mar. Definitivamente, pienso que estoy ante una perturbada.
        —Vaya… Yo pensaba que los escritores tenían pleno dominio sobre sus personajes, ¿acaso no son ellos sus creadores y los dueños de su destino?
        —Error, querida Mayte. Dime, ¿tienes hijos?
        —Sí, dos.
        —Entonces te será fácil comprender que el hecho de que se hayan engendrado en tu vientre no te da potestad para controlar sus vidas de principio a fin. Lo cierto es que, igual que le ocurre al escritor con los personajes de su novela, a menudo las madres no comprendemos el proceder de los hijos. Yo planeé otra vida para Josué, mi díscolo y apesadumbrado personaje, pero él se empeña en dejar pasar el tiempo buscando diamantes en el fango del río Orange.

        De repente, un joven que da más tumbos de lo esperado por cubierta llama mi atención; en este momento el océano parece pintado de lo quieto que está. Es manifiesto, está como una cuba. Se acerca a la barandilla, se agarra a ella mirando el fondo del mar y hace un amago de levantar su pierna derecha sobre el bordillo.
       —¿Has visto a ese tipo? Parece como si quisiera… ¡suicidarse! Tenemos que hacer algo…
       —¡Déjalo! No te preocupes, no lo hará.
       —¿Cómo puedes estar tan segura? —Esta pasajera no deja de sorprenderme.
       —Es Frank, otro de los personajes de mi novela “Josué el errante”. El pobre… Bueno, viaja también a África del Sudoeste, va a encontrarse con sus amigos Josué y Carlos y después a Johannesburgo, en busca del cretino de su padre. Y ya te digo yo que irá, lo tengo muy claro. Además, Frank es mi personaje más dócil, hará lo que le ordene. Si no fuera por su problema con la bebida… Míralo, es incapaz de hacer algo así ni borracho.
      —A ver si lo he entendido: ¿me estás diciendo que soy una especie de intrusa en una de tus novelas? ¿Acaso también yo soy uno de tus personajes? —Empiezo a dudar de mí misma, es una situación surrealista.
      —No, nada de eso. Tú serás una futura lectora, estás aquí para comprender cómo se construye una historia y qué difícil es controlar sus personajes. Algún día leerás esta novela, y después contarás lo que estás viviendo hoy a los lectores. Si acaso, tanto tú como yo somos unas intrusas en la vida de Josué. Por suerte, él no sabe.
       —No te molestes, pero no. Yo voy a Na-mi-bia por trabajo, no al África del Sudoeste, te recuerdo que estamos en el siglo XXI y hace muchos años que en esa tierra consiguieron la independencia.

       Mientras tanto, Frank parece haber abandonado su intención de suicidarse, ahora se agarra a la barandilla con una mano para poder impulsar al mar, sin caer al suelo, la botella vacía que tiene en la otra.

       Mercedes vuelve a quedarse en trance, mirando el mar, como extasiada, muy lejos de todo lo que nos rodea. Yo hago lo propio; me intriga la situación. Nada me impide marcharme, pero quiero saber cómo acaba esta especie de extraño sueño. Veinte minutos más tarde, Frank se marcha como llegó, danto tumbos, y ella vuelve su rostro hacia mí y me confiesa:
       —Me vuelvo a casa, lo acabo de decidir. Creo que no tengo ningún derecho a intervenir en la vida de Josué o cualquier otro personaje. Es cierto que me criticarán por ello; que tal vez la novela no venda lo suficiente porque dejé a este “estúpido” judío malgastar su juventud en el fango de un río mientras el amor de su vida envejecía a miles de kilómetros. Pero está decidido, que haga lo que le venga en gana, es su destino, su búsqueda, no la mía; estoy segura de que finalmente todo tendrá un sentido. Cuando llegue a Lüderitz desembarcaré y esperaré a que este buque llegue a su destino y emprenda la vuelta.
       —O sea, está clarísimo, llevas dos horas tomándome el pelo. Ni eres escritora, ni vas a África del Sudoeste a rescatar al tal Josué, ni nada de nada. Te aburrías y, mira por donde, te has encontrado a esta idiota en la cubierta. ¡Qué fuerte! —De repente, me coge la mano y, muy decidida, me habla:
      —Vamos, te mostraré algo, estoy segura de que después no dudarás en contar nuestro encuentro —Y tira de mí hacia el interior del buque con tal disposición que no tengo tiempo de reaccionar.

     Después de bajar dos plantas, nos encontramos en el pasillo que alberga los camarotes de tercera clase. Tengo la seguridad de haber de haber retrocedido de repente un siglo. Me cuesta creerlo, pero sí, en aquel momento estamos en el sótano del Adolph Woermann II, un buque que ha dejado de hacer esta ruta hace muchas décadas. Mientras recorro el túnel, me repito a mí misma “despierta, Mayte, despierta de una vez de este absurdo sueño”.

       Mercedes da dos golpes con los nudillos en una de las puertas de los camarotes y, al momento, nos abre el chico que un rato antes parecía dispuesto a tirarse por la borda.
       —Hola, Frank. ¿Tienes un momento? Necesito mostrarle algo a esta incrédula muchacha. Perdona, no te he preguntado, ¿qué tal?, ¿estás mejor?

       El muchacho la mira con los ojos vidriosos, de un azul que estremece, rodeados de pecas de todos los tamaños y sobre una nariz tan afilada como su cuerpo. Un espeso y largo flequillo rojo le hace de visera, dándole a su rostro un aspecto caricaturesco; parece escapado de un tebeo de los sesenta.
       —No estoy mal, teniendo en cuenta que sigo vivo. No estoy seguro de si debería agradecerte que me adjudicaras una personalidad tan pusilánime. ¿Queréis pasar?

       Ya sentadas en aquel pestilente camastro, con el cuello torcido para no darnos contra la litera, Mercedes le habla:
       —Ay, Frank, Frank… no tengas tanta prisa en morir, todo llegará. Bueno, a lo que íbamos: aquí, mi incrédula compañera no se cree que yo soy la autora de tu historia y que tú eres uno de mis personajes, así que, si no te importa, ¿querrías contarle en qué año estás y qué haces aquí?
       —Me llamo Frank y estamos en el año 1939, creo, ya no estoy seguro de nada. Viajo a África del Sudoeste para encontrarme con mis amigos Carlos y Josué, tengo que entregarles algo que me ha dado el capitán de esta bañera para ellos y pedirles un favor… En fin, soy lo que mi autora ha decidido que fuera, así de simple. Dime, Mercedes —dirige su triste mirada hacia la extraña pasajera—, ¿qué me tienes preparado en el río? No creo que pueda soportar otra tragedia, no doy para más.
     —Paciencia, Frank, todo se andará.

        En aquel momento toco fondo, siento la necesidad de volver a mi vida, a mi siglo, a mi proyecto de viajar a Namibia para terminar el trabajo de la universidad.
     —Lo siento, tengo que salir de aquí—digo, con la respiración entrecortada—, siento que me ahogo. Perdonad —Y salgo corriendo buscando un poco de aire fresco.

     Al llegar a mi moderno camarote, de primera clase, dotado de todas las comodidades propias del siglo XXI, tengo la seguridad de haber sufrido una alucinación, seguramente provocada por la cantidad de horas que llevo sin dormir. Pero cuando voy a echarme en la cama, dispuesta al fin a conciliar el sueño, me encuentro una sorpresa: un ejemplar de la novela “Josué el errante”. Temblando, le doy la vuelta para leer la sinopsis, que dice así:

“Josué el errante” nos relata la dilatada y escabrosa vida de un judío que huye de Alemania a los diecinueve años, en los albores del nazismo, empujado por un amor imposible.
Educado en un ambiente judío ortodoxo, Josué necesitará sobrevivir a las situaciones más extremas como garimpeiro en África del Sudoeste para comprender que, más allá de culturas y religiones, existe el valor de la amistad. Kuaima, un nativo himba huido de la tiranía de su colono, y Carlos, un diplomático español que ha escapado del absolutismo religioso de su esposa, serán los amigos que le acompañarán.
Abandonará a su familia en los peores momentos, traicionará a sus amigos, olvidará sus orígenes. Y todo por un valioso diamante que no sabe si tendrá destinatario.”

La autora es Mercedes Pinto Maldonado, la extraña pasajera del Woermann.

Relato a cuatro manos escrito por:
Mercedes Pinto Maldonado
Mayte Esteban

martes, 6 de noviembre de 2012

APOYOS


Cuando te embarcas en una aventura del calibre de la que yo me he puesto como reto, nada es posible sin el apoyo de gente que tienes detrás. La autoedición es un camino con más espinas que rosas y los triunfos son pequeños. Estos sólo se convierten en grandes por aliento de las personas que te quieren y que están cerca de ti, que te empujan para que no te rindas. 

Convierten, a tus ojos, algo insignificante en un logro enorme.

En casa me apoyan siempre, creen en mí y eso me ayudó a tomar decisiones que me han costado mucho. Antes de publicar El medallón de la magia había otra novela terminada a la que sigo pensando que le falta algo de madurez. Tuve dudas sobre cuál de ellas sería el siguiente paso y en todo ese camino varias manos se tendieron para ayudarme. Me leyeron, me dieron su opinión, me señalaron caminos que podría explorar. 

Me empujaron a la arena y los leones, de momento, no me han comido.

Sigo luchando ahí, como una gladiadora.

Igual que yo he necesitado de ese apoyo, he creído que había otros compañeros de aventura a quienes les vendría muy bien sentir que no estaban solos. Sus libros me gustaron y poco a poco, a través de correos y redes sociales, nos fuimos conociendo y conectando. Siempre he estado ahí, brindando mis manos para que cuando se produjera ese momento en el que las fuerzas flaquean y tienes ganas de rendirte, tuvieran un lugar donde agarrarse. Unos oídos dispuestos a escuchar, simplemente, que no estás solo.

He recibido de vuelta mucho cariño y mucho apoyo, y un año después de que este mecanismo empezase a funcionar, sigo teniendo amigos que no se han apeado de la aventura y que me siguen cuidando igual que yo a ellos. No sé cómo darles las gracias, probablemente les dedicaré unas palabras en mi próximo libro, si consigo algún día convencerme de que la siguiente novela está lista.

Espero no decepcionar.

viernes, 2 de noviembre de 2012

FIN DE SEMANA DE NOVELA NEGRA



El pasado fin de semana decidimos acercarnos a Getafe, para asistir a algunas de las conferencias que se celebraban con motivo del Getafe Negro, el festival de novela de Madrid. La charla sobre Amazon del día 24 me dejó buen sabor de boca y quería repetir.

Madrugamos un poco para llegar con tiempo. El plan era encontrarnos con Armando Rodera, que nos hacía de guía, y quería esquivar cualquier imprevisto de tráfico (o por si nos perdíamos). En realidad no hacía falta por dos razones: la primera es que no dependíamos de mi penoso sentido de la orientación para llegar y la segunda, el hecho de no atravesar Madrid facilitaba mucho las cosas. Ahora sé que hasta yo sola podría llegar, pero creo que no es lo mismo la primera vez que entras en una ciudad, de la que no conoces nada, como las siguientes que, aunque vagas, conservas referencias.

La primera parada fue la presentación exprés de Realidad Aumentada, de Bruno Nievas. Enmarcada en un programa de radio, Lorenzo Silva presentó al autor y cómo se fue haciendo un hueco a través de las redes sociales y su página web, hasta conseguir que B de Books se fijase en su libro y lo incluyera en la primera colección de autores surgidos en internet que acabó en papel. Tras la presentación, charlamos un rato con Bruno y me firmó su novela, que tengo en espera (como otras tantas, creo que tardaré un poco en llegar a ella). Alex, mi hijo, se apuntó a venir este fin de semana y acabó con un libro entre sus manos: La estrategia del agua, de Lorenzo Silva. Estaba emocionado mientras Lorenzo le firmaba el ejemplar, y ahora anda un poco nervioso porque quiere empezarlo, pero tiene que leer un par de novelas para sus trabajos del instituto y no puede. No me extraña nada que esté impaciente, entre elegir esta novela y una de un tigre que le tiene miedo a las gallinas no hay color… Luego decimos que los chicos no leen, pero es que a veces eligen con muy poco sentido común los libros para ellos en el instituto.



La feria del libro, pequeñita, montada en la plaza nos dio la excusa para cotillear un poco entre los ejemplares que por allí se exponían y después nos dedicamos a pasear y a tomar algo antes de que llegase la hora de la comida. Ésta fue en un restaurante al lado de la plaza, muy agradable, con Armando, Aranzta, Alberto y Alex, y curioso que cuando estábamos comiendo, en las noticias que ponían en la televisión, nos encontrásemos con una noticia del Getafe Negro y con el mismo Armando entre las personas que asistían a una de las charlas del día anterior.


Hasta la siguiente conferencia faltaban unas horas, así que dimos un paseo, descansamos de nuevo hablando de libros y a las seis estábamos en La fábrica de harinas, esperando para asistir a la mesa redonda que tenía como tema central el cine negro español. Como moderador, el escritor Javier Marías fue dando la palabra a Agustín Díaz Yanes, Alberto Rodríguez y Juanjo Artero. Alex estaba fascinado, no sabía que además de escritores habría algún actor que le suena mucho, y menos que entre el público estaría Secun de la Rosa, el actor que interpreta al hermano de Mauricio en Aida, y que iba a elegir sentarse precisamente a su lado. Javier Márquez, autor de Letal como un solo de Charlie Parker entre otras novelas, estaba sentado delante y se marchó antes de terminar a su propia presentación exprés, a la que también asistimos, aunque esta vez no nos quedó más remedio que llegar un poco tarde. Mientras Javier terminaba su intervención estuvimos departiendo un rato con Lorenzo Silva y después nos marchamos a la última conferencia.
Era el momento por el que nos habíamos desplazado, la mesa redonda entre Javier Cercas y Lorenzo Silva, sobre la novela del primero, Las leyes de la frontera. ¡Odio el móvil! Lo apagué, como hice en todas y cada una de las charlas, pero no del todo, y le dio por empezar a vibrar. A mí, que no me llama nadie porque saben lo poco que me gusta, me empezaron a llover llamadas. Reconocí los teléfonos y hubo un momento en el que me asusté cuando a Alberto le empezaron a llamar las mismas personas. Con la racha de despropósitos que llevo pensé que pasaría algo grave, más después de enviar un mensaje en el que dejé claro que no podía responder. Alberto salió para averiguar qué pasaba y no era nada importante, pero eso hizo que una señora, rápida como el rayo, ocupase su silla y le obligase a asistir a la charla desde el pasillo.
Salimos de allí de noche, envueltos en un frío que crecía por minutos y deseosos de buscar refugio en algún lugar caliente. ¡Qué pena damos! Antes de la conferencia habíamos quedado con Paco Gómez Escribano y algunos amigos de Armando y ya en el coche éste nos llamó para ver dónde nos habíamos metido.
Fue un día fantástico, de esos que no se olvidan con facilidad, que registro en mi blog para que la memoria lo tenga más fácil cuando quiera recordar.

lunes, 29 de octubre de 2012

EL HOMBRE DE GRAFENECK DE FÉLIX JAIME CORTÉS








  • Editorial: TAGUS
  • Lengua: ESPAÑOL
  • ISBN: 9788415623038
  • Formato: EPUB







SINOPSIS (de Casa del Libro):

Un escritor maduro y solitario, al que hace tiempo que no le llega la inspiración, conoce casualmente a una muchacha mucho más joven que él, que acaba de perder a su novio en uno de los dos trágicos sucesos, casi simultáneos, con los que se abre la novela. Sus destinos se unen para encontrar una explicación a la muerte del muchacho, que la policía y la prensa han achacado, tras cerrarse el caso, a un ajuste de cuentas por asuntos de drogas.

Mi opinión:

Durante varios meses habréis visto la portada de este libro (la primera que tenía, no la actual) en la parte derecha de la pantalla. Era porque siempre despertó mi curiosidad y me propuse estrenar el kindle que me regalé este verano con él. Recibido en casa el cacharrito nuevo, me puse en contacto con Félix para decirle que por fin iba a ponerme con la novela. ¡Pues no! ¡No me dejó! ¿Será posible? Me tuvo unos días con la intriga, preguntándome qué demonios pasaría para que un autor no quisiera que me leyera su libro. Y no un autor cualquiera, sino uno de los pocos que he conocido en persona a lo largo de los últimos meses.

Al final, me lo contó. El hombre de Grafeneck iba a ser publicada por Tagus, en formato digital. Dejaba de ser uno de nosotros, de los autores independientes que reculamos en su día en Amazon. Me contó que no quería que lo leyese todavía porque se habían hecho algunas correcciones mínimas, supongo que esas cosillas que se nos escapan a todos cuando nos autoeditamos, y prefería que leyera el libro definitivo. Tuve que morderme la lengua, porque supe la noticia un pelín antes que la mayoría, y os digo que me costó no ponerme a saltar de contenta.

Al final todo llega y el día de leer esta novela llegó.

El hombre de Grafeneck empieza en febrero del 39, cuando un granjero alemán pide ayuda al mismo Adolf Hitler para que le ayude a deshacerse de un hijo deforme que acaba de tener.  La carta despierta el interés de Vicktor Brack, miembro de las SS y se estudia eliminar a la criatura, hecho que finalmente sucederá cuando tenga cinco meses, dando el pistoletazo de salida a un programa muy cruel: el Aktion T-4. La muerte por compasión. El inicio de todo lo que vendría después.

Félix Jaime estructura el libro en dos acciones que van alternando capítulos. En unos vamos viendo la historia de Lorenz, un miembro de las SS, albañil en el pasado, al que el foco de la historia sigue para irnos contando las atrocidades que se cometieron en Alemania incluso antes de que empezase la Segunda Guerra Mundial. Grafeneck es el principio, una especie de ensayo para lo que vendría después. El personaje de Lorenz va experimentando una evolución a lo largo del relato, perdiendo por el camino la empatía con el ser humano que al principio sí que tiene, cuando empieza a ser consciente de lo que las autoridades están planificando.

La otra historia, ambientada en el presente, sigue los pasos de Bernardo Soto y una joven llamada Sandra Limonero, que acude a él para que la ayude a investigar la muerte de su novio Roberto. Oficialmente el chico murió por un asunto de drogas, pero Sandra sabe que eso no puede ser cierto y decide que si la policía ha echado tierra sobre el asunto y no quiere seguir buscando, ella no lo dejará. Quiere limpiar la memoria de su novio. Ahí, en la muerte de Roberto, está la clave de la unión de estos dos relatos.

Fluctuando entre ambos tiempos, yendo del pasado al presente, nos vamos metiendo, a medida que avanza más la lectura, en esos dos mundos aparentemente diferentes. Durante los hechos que se desarrollan en la Alemania nazi no se puede evitar sentir perplejidad por el escaso valor que le daban a la vida, la crueldad que se empleó no sólo para eliminar a todo aquel que no cumplía los patrones del delirio de Hitler, sino también las brutalidades que fueron capaces de cometer "investigando" los límites de la resistencia humana. Hay momentos en los que los prisioneros de los campos de concentración se convierten en cobayas humanas a las que se somete a situaciones extremas, para anotar las reacciones y la capacidad de supervivencia. El éxito de cada hombre que es capaz de sobrevivir a lo imposible es premiado con un tiro en la cabeza al terminar. Una manera sencilla de asegurar el silencio sobre lo que estaba ocurriendo.

Los personajes de la historia están muy bien caracterizados. Lorenz, como ya he dicho, va evolucionando en crueldad, hasta el punto de que la única vida que le importa es la suya y no le tiembla jamás el pulso cuando tiene que deshacerse de alguien. Sandra es una chica decidida que logra finalmente averiguar la razón verdadera de la muerte de su novio y de paso encuentra el amor de nuevo y Bernardo, qué decir de él. Me ha encantado este personaje, con el que no puedes dejar de reírte algunas veces con sus ocurrencias y su glotonería. Viene de una historia dura, está bloqueado por ella, pero en este proceso de ayudar a Sandra sus heridas empiezan a cicatrizar. Ya no es sólo que le interese ayudar a Sandra para conseguir una buena historia para su siguiente novela, es que él mismo ha experimentado un cambio.

Me habían avisado de que en la novela hay tramos muy duros. Los hay. Supongo que habrá a quien le impresionen mucho pero quizá es porque ya había leído sobre ello y he podido afrontarlos sin demasiados problemas, o quizá mi hijo lleva razón cuando me dice que no es tan duro leer como ver. Supongo que si algunas de las cosas que aparecen lo hicieran en forma de imágenes, en una película por ejemplo, serían de poner los pelos de punta. Con respecto a esto tengo que decir que la novela me ha resultado muy cinematográfica.

Os animo a que conozcáis la novela. No decepciona nada.

viernes, 26 de octubre de 2012

MISIÓN OLVIDO



El título es un poco tramposo porque no voy a hablar de la novela de María Dueñas, sino que voy a hacer una de mis reflexiones, de esas que me salen cuando me aburro o cuando me cabreo por algo. Sigue leyendo, a lo mejor esta historia no te pilla tan lejos…

Olvido.

Qué palabra más curiosa. Borra lo que vivimos y a veces no deja ninguna huella. El pensamiento ha surgido tras mi experiencia con mi coche, con el robo que sufrí la semana pasada y que me mantiene más nerviosa de lo normal. Tengo la sensación de que nunca olvidaré la sensación que sentí al llegar a mi plaza de garaje, que nunca me dejará de hacer daño verlo "descalzo", que la imagen de los extintores debajo de él, que me despierta cada noche, me seguirá despertando toda la vida, como lo ha hecho esta semana.

Pues creo que no, y lo creo por varias historias que he recordado…

Curioso, olvido y recuerdo se entrecruzan…

Hace poco, mi amiga Yoli vino a verme a casa. Vivimos juntas tres años de la facultad y un viaje a Grecia, y entre el aroma de un café compartido en una tarde de este verano, nos entretuvimos un rato viendo las fotos de aquellos días en los que paseamos por los escenarios que fueron el origen de nuestra civilización. Yoli y yo nos contamos anécdotas de ese viaje, momentos que se nos quedaron a ambas sellados en el alma y… ¡qué curioso! No se parecían. Los suyos hablaban de un viaje que no era el mío y sin embargo ahí estábamos las dos, posando para la cámara, con veinte años menos y una cara de sueño producto de esa necesidad que tenemos de jóvenes de apropiarnos de todo el tiempo eludiendo las necesidades del cuerpo. Y vaya si lo hicimos. Curioso comprobar que tanto mantenernos despiertas para acaparar recuerdos y estos, traicioneros, han ido mutando, cambiando tanto que podrían ser de dos viajes diferentes. Lo que ella conserva en su mente ni se parece a lo que guardé yo, y hay momentos que hemos borrado por completo, días que no dejaron huella.

Entre las caras que nos devolvían las fotos, había un chico de clase que las dos reconocimos al unísono: "Who". Bueno, sabíamos quién fue, lo recordamos pero… ¡ninguna se acuerda de su nombre real! Who era como le llamábamos porque llevaba en la carpeta una foto de The Who y por más que quisimos hacer memoria se había disipado por completo su nombre real.

Me pareció mentira.

Alguien con quien vivimos muchas cosas, con quien compartimos ese primer viaje solas, apuntes, fiestas de la facultad, risas, exámenes… se ha eliminado de nuestra carpeta de recuerdos y no nos ha quedado de él nada más que una foto antigua y un apodo que no sé si él conocía sobre sí mismo. Hemos olvidado, como si no hubiera dejado ninguna huella en nuestras almas.

En el mismo álbum había otra foto, de un primo mío con uno de sus amigos, con los que salíamos cada fin de semana en esa época. Nada. Ni rastro del nombre de este muchacho en mi memoria… ¿Será posible? 

¿Cómo he podido olvidarme de algo así?

Seguimos charlando y viendo fotos y surgieron compañeros de clase que entre las dos pudimos ubicar, con mucho esfuerzo. Salieron a la luz antiguas relaciones de esas que parecían para toda la vida, de puro románticas y profundas y que se han ahogado en las hondonadas del olvido y de la ignorancia mutua entre los protagonistas. Y eso que parecían el argumento de la película más romántica del año, candidata a óscar de la academia de Hollywood…

Puñetero tiempo, que pasa y lo borra todo, con tanta fuerza como nos marca.

Pienso en ahora. Seguro que en mi presente hay personas que a día de hoy considero importantes por diversas razones y de los que dentro de unos años no conservaré ni el recuerdo de su nombre.

¿Imposible?

Ahora sé que no.

Curiosa palabra el olvido, que elimina lo accesorio y que se alía con el recuerdo para mitigar el dolor del pasado. Lima todo tanto, que estoy segura de que del robo de mis ruedas no quedará nada en mí. Lo sé porque removiendo en mi mente he encontrado que, hace unos años, me rompieron la cerradura intentando robarme el coche y prácticamente lo había olvidado.

Como si no hubiera sucedido nunca.

¿Has olvidado tú algo importante? 

jueves, 25 de octubre de 2012

AYER, PRIMERO EN GETAFE Y LUEGO EN EL RITZ



Ayer fue un día completamente literario. Tenía muchas ganas de asistir a la mesa redonda que sobre Amazon y la publicación digital estaba en el programa de la V edición del Getafe Negro y allí que me presenté con mi amiga Tatty, de El universo de los Libros. La cara de sorpresa de Armando Rodera se la debía, ya que él me sorprendió a mí presentándose sin avisar (a mí, los demás lo sabían) a mi charla en la Biblioteca Almudena Grandes en junio. Tenía una cómplice entre los asistentes, Magüi Cabral, que sí sabía que yo estaría allí desde hacía unas semanas.




Cuando llegamos, nos encontramos con la sorpresa de que Juan Gómez Jurado había perdido el avión y no podría llegar a tiempo y por piruetas del destino, otro de los autores que publican en Amazon, Iván Hernández, que como yo había asistido a escuchar, acabó sentado en la mesa. Gracias, Iván, me temo que si no hubieras aparecido me hubiera tocado estar ahí y la verdad es que se está más tranquilo al otro lado, escuchando y haciendo fotos, que es más lo mío. Lo hiciste muy bien.





En la mesa redonda se habló de Amazon, de la nueva vía de publicación que supone, de sus ventajas para los autoeditados, de precios, de repercusión, de caminos nuevos que estamos explorando y abriendo quizá para quienes lleguen después. La introducción corrió a cargo de Lorenzo Silva, comisario del evento y reciente premio Planeta, y tras la exposición que hicieron los autores, moderados por  Javier López Tazón,  tocó el turno de preguntas. El público se implicó, plantearon dudas y a mí se me hizo muy corto. No puedo resumirlo demasiado bien, se me olvidó llevarme ni una miserable hoja de papel en la que anotar todo lo que allí se habló… ¡Soy un desastre!

Terminada la charla hubo unos momentos para hablar con los autores, de sus sensaciones sobre lo que allí se había contado. Magüi estaba radiante, me encantó su sonrisa, su tranquilidad en todo momento; Armando firmó unas fotocopias de El color de la Maldad que alguien se llevó (no me fijé bien quién) y estuve un ratito hablando con Lorenzo Silva, felicitándole por el premio y departiendo sobre otras cuestiones que no tenían nada que ver con lo que allí se habló. Iván llamó a su madre, para que buscase al niño en el colegio. Le habían cambiado los planes de esa mañana y la verdad es que fue un cambio maravilloso.

La organización tenía preparada una comida y Tatty y yo la misión de salir de Getafe, rumbo a Madrid, porque nuestro día, el programa que debíamos cumplir, no estaba completo. ¡Cómo es tan difícil salir de Getafe! Dimos vueltas buscando un centro comercial para comer algo antes de entrar en la ciudad y tras un montón de equivocaciones (el GPS funciona de maravilla pero a veces le hacemos un caso relativo) logramos llegar al centro de Madrid. Nos sobraba tiempo, así que paseamos por los alrededores del hotel Ritz, incluso entramos en la Iglesia de los Jerónimos para hacer un poco de tiempo.

En la recepción del hotel informaron a los blogueros asistentes de cómo sería en encuentro con Ken Follet, los cinco minutos de entrevista que tendrían con el autor que está en España presentando su novela, El invierno del mundo. Yo, como estaba allí de ocupa, me quedé en la recepción esperando a que Tatty terminase. Fue una hora mágica, en la que estuve haciendo una de las cosas que más me gustan en el mundo: leer. Me empapé de las sensaciones que me producía el libro que tenía entre mis manos, del sonido del piano que sonaba a mi espalda mientras estaba sentada en un cómodo sillón. Veía, de vez en cuando, entrar a los clientes, escuchaba hablar en muchos idiomas y durante unos momentos me sentí transportada a otro tiempo. El escenario era para ello, el hotel Ritz tiene ese sabor antiguo que le da una decoración que apenas ha cambiado en mucho tiempo y el uniforme y la manera de comportarse del personal, atemporal ya. Fue un privilegio, un momento que no sé si se repetirá alguna vez más en toda mi vida y que pienso guardar en mi memoria.

Hoy vivo la resaca de ese día espectacular y casi, de tan especial que fue, no puedo escribir sobre él. Dejaré que repose un poco en mí y volveré a ello cuando esté mucho más tranquila.

Sobre la entrevista, seguro que Tatty os lo cuenta (y os enseña las imágenes) en Eluniverso de los libros.

lunes, 22 de octubre de 2012

GETAFE NEGRO

Del 20 al 28 de este mes de octubre se celebra la V edición del Getafe Negro, el festival de novela policíaca de Madrid. El comisario de la edición es Lorenzo Silva, último premio Planeta y a él están invitados muchos de los escritores más interesantes del panorama literario actual, como Eduardo Mendoza o José Luis Sampedro.



Atentos a la actualidad, a los nuevos caminos que va encontrando la literatura para ponerse en contacto con los lectores, además de las mesas redondas y las charlas que años anteriores han ido conformando el programa, este año traen algo nuevo que nos toca de cerca a quienes en algún momento tomamos el camino de la autoedición: el día 24, el próximo miércoles a las doce de la mañana, hay programada una charla que lleva por título: AMAZON 0,95: MÁS ALLÁ DEL PAPEL, en la que varios de los autores con más éxito en esta plataforma, moderados por Javier López Tazón, debatirán sobre la nueva plataforma que ha hecho que muchos autores encuentren un camino para poner sus obras al alcance del público.

Los autores invitados en esta ocasión, a los que podréis ver si tenéis la suerte de estar cerca y poder asistir, serán Armando Rodera, Magüi Cabral (La Rubia de la Bici) y Juan Gómez-Jurado. Creo que es una buena ocasión para conocer el trabajo que se está llevando a cabo y los cambios que necesariamente se están produciendo debido a esta nueva vía de publicación.

El Salón de actos del Colegio Mayor Fernando de los Ríos estará abierto para quienes quieran sumarse a escuchar a los autores hablar de su experiencia de primera mano.

Hay muchas más actividades programadas, que podréis consultar si queréis a través de la página de la organización del Getafe Negro.

Me encantaría poder estar en alguna, veremos qué se puede hacer...

viernes, 19 de octubre de 2012

TRES LIBROS EN AMAZON


A veces me pregunta la gente que de qué van mis novelas. Y casi siempre, irremediablemente, me quedo sin palabras. ¿Cómo hablar de un hijo sin correr el riesgo de exagerar sus virtudes? Las madres tendemos a ello, a ver sólo lo bueno y siempre tengo miedo de convertirme en una madraza de esas que van por la vida con venda en los ojos. No, no es mi estilo. ¿Cómo lo hago entonces?

Se me ha ocurrido una idea mejor que liarme a parlotear.

¡Tiembla mundo, que voy!

En Amazon existe una opción de compra… peculiar. Igual que cuando vas a una tienda y te pruebas unos zapatos, para ver si te quedan bien, si te resultan cómodos o a los dos minutos ya no los soportas, Amazon te ofrece la posibilidad de descargarte un fragmento significativo de una novela. Igual que esos zapatos, la pruebas y eres tú el que decide si se la queda (si compra el libro entero) o si no.

Lógico, ¿no?

Así debería ser siempre, poder decidir antes de gastar el dinero.

Pues igual que no hay nada mejor que probarse unos zapatos para saber si a uno le quedan bien o no, si le gustan o no, si son cómodos o entran ganas de estamparlos, igual, igual, se puede hacer con mis libros.

¡Probadlos!

Es muy fácil.

Si ya eres cliente de Amazon y tienes kindle, no tengo que decirte cómo.

Si no eres cliente, registrarse es sencillísimo. Un correo, una contraseña y compras en un click.

¿Y si no tienes kindle? Pues tampoco pasa nada, te puedes descargar la aplicación de lectura gratuita que se instala en un momento. Es más incómodo, pero los probadores también lo son. Ya cambiarás algún día el ordenador por tu lector y estarás más feliz que una lombriz, como yo, que a día de hoy, desde que me lo regalé a principios de verano, me he merendado 26 libros. Además, para quienes se animan finalmente a comprar existe la posibilidad de dejar comentarios en los libros. Podemos darle pistas al futuro lector sobre las sensaciones que deja la novela, y de este modo quienes lleguen después que nosotros sabrán algo más del libro que una simple sinopsis.

Ya, ya sé que casi todos los que atravesáis el espejo ya os habéis leído mis novelas, pero digo yo que conoceréis a una o dos personas que lean.









Fijaos, entre los tres, cuestan menos que un paquete de tabaco. O una caja de bombones. O las chuches del domingo.

Pero es aún mejor, no hay que comprar el libro si no quieres, sólo probarlo descargando ese fragmento que se deja de prueba...

¡Contádselo a quien se os ocurra!

Os nombro, desde ya, mis agentes literarios.

¿Cómo podría pagaros?

Supongo que no dejando de escribir...

miércoles, 17 de octubre de 2012

SIN PAGA, NADIE PAGA (AQUÍ NO PAGA NADIE) DE DARÍO FO.



El otro día fui al teatro. Era una actividad que tenía abandonada y que quería recuperar. Durante años asistí a representaciones teatrales de manera muy frecuente pero en los últimos tiempos no había podido hacerlo y sentada en el patio de butacas del teatro Infanta Isabel de Madrid me sentía casi tan nerviosa como los actores. Era como si yo también formase parte del espectáculo (de hecho, creo que en el teatro el público es tan importante como la compañía que ocupa el escenario) y fuera mi vuelta a escena. Bueno, más bien al patio de butacas…

Llegamos con tiempo, incluso de más a pesar de que costó lo suyo encontrar un sitio donde abandonar el coche (que aún tenía ruedas), más que nada porque en los tiempos convulsos que vivimos, tropezamos con una manifestación que obligó a dar vueltas por calles de Madrid por las que jamás había pasado y durante un tiempo tuve la sensación de que con tanta vuelta sería incapaz de orientarme para ubicar el teatro. Menos mal que no iba sola.

Finalmente, encontramos el Infanta Isabel.

La representación comenzó puntual y los actores empezaron a mostrarnos la obra. Sabía, como todos los que llenaban el teatro, que se trataba de una comedia. Yo, prudente, esperé para reírme cuando las palabras de los actores me condujeran a este estado, pero había un espectador, dos filas más atrás, que no lo hizo. Se había aprendido que allí se venía a reír y se lo tomó como un trabajo. Durante los primeros minutos se dedicó a carcajearse a destiempo y en un momento me di la vuelta tratando de encontrar la razón por la que interrumpía la tranquilidad con su reacción demasiado fuera de lugar. Por suerte, a medida que iba avanzando la obra, surgieron muchos momentos en los que el resto del respetable, menos alterado que este señor, acompañaron con carcajadas los distintos gags (a tiempo) y no se volvió a notar la presencia de este alegre ciudadano. Ya sí se reían cuando era normal hacerlo y me pude olvidar de él.

La obra, Sin paga, nadie paga (aquí no paga nadie) es de Darío Fo. Fue escrita en los años 70 pero las cuestiones que plantea son tan actuales (no sé si habrá alguien en este momento que no sepa que estamos en crisis) que el texto sólo ha necesitado una mínima revisión para convertirse en algo absolutamente del presente. La revisión de esta divertidísima sátira social ha sido hecha por el mismo autor y su mujer, Franca Ramé, y los actores que interpretan a los personajes son Pablo Carbonell,  María Isasi, Marina San José, Carlos Heredia e Israel Frías.

El argumento parte de la subida de los precios exagerada que día a día tienen que hacer frente los habitantes de un país en crisis. Ante la situación, un grupo de personas decide llevarse de los supermercados los productos básicos, entre ellos, Antonia (María Isasi). Sin embargo, tiene un problema ya que su marido, Juan, (Pablo Carbonell), es muy estricto y está segura de que no lo va a entender. Su desatada imaginación inventa una historia surrealista para evitar que descubra que ella ha sido una de las que se ha marchado del super sin pagar, que acaba haciéndole creer y que desencadena todos los equívocos, que no son más que la excusa para hacer una crítica a la situación actual. Aunque como digo, la obra fue escrita hace casi 40 años, se convierte en algo muy actual debido a todo lo que estamos viviendo en estos momentos.

Los actores estuvieron muy bien, me gustó cómo en algunas ocasiones puntuales incluso improvisaban (Pablo Carbonell salió del paso cuando una parte del atrezzo se movió de más con la soltura que le dan tantos años vinculado al mundo del espectáculo). Genial también es ver a Carlos Heredia interpretar hasta cuatro personajes diferentes. No sé si como dijeron se trata de una compañía "cutre de bajo presupuesto" pero el caso es que me pareció de lo más divertido.

Los noventa minutos de representación se me hicieron cortos y me quedé con ganas de volver pronto al teatro.

A la salida hice otra cosa que hacía siglos que tenía olvidada: quedarme en Madrid, pasear de noche por sus calles, ir a tomar algo con amigos y volver a casa de madrugada. Nada especial para quienes lo repitan cada fin de semana pero un soplo de aire fresco para alguien como yo, que ha ido perdiendo la costumbre.

martes, 16 de octubre de 2012

LORENZO SILVA, PREMIO PLANETA 2012.


Esta mañana me he despertado con la noticia de que el escritor Lorenzo Silva ha sido el ganador de la 61 edición del premio Planeta por su novela La marca del meridiano. Finalista del mismo premio ha sido la periodista Mara Torres, con la novela La vida imaginaria.

Lorenzo Silva tiene una impresionante trayectoria literaria, no sólo por los premios que ha ido acumulando (recibió el Premio Nadal del año 2000 por su obra El alquimista impaciente y fue finalista de ese mismo premio en 1997 con La flaqueza del bolchevique, una novela que posteriormente fue llevada al cine), sino porque a día de hoy es ya una autoridad en lo que a novela negra se refiere. Su aguda crítica se deja ver en los artículos de prensa en los que colabora y en las entradas de su blog personal.

En condiciones normales hoy sería un día de fiesta para mí. Admiro a Lorenzo por cómo escribe, sigo su blog desde hace tiempo y en la Feria del Libro de Madrid viví un momento muy especial cuando mi hijo Alex, que es seguidor de Lorenzo a pesar de su corta edad, se acercó a la caseta para que le firmase su ejemplar de Niños Feroces, una novela que le encantó, que reseñó en su blog y que conserva en su memoria como una de las mejores que ha leído. Ver la cara de felicidad que tenía mi hijo y las palabras cariñosas que le escribió en la dedicatoria Lorenzo, así como leer el post que el autor hizo en su blog días después a las sensaciones que le produjo encontrarse con que, a pesar de los tiempos que vivimos, todavía hay esperanza, que quedan niños como él que serán un día adultos, preocupados por aprender, por formar su criterio y por crecer como personas en medio de estos tiempos convulsos, fue mágico.

El día 27 de este mes, dentro de las actividades de Getafe Negro, el festival de novela policiaca de Madrid, hay programada una mesa redonda a las ocho de la tarde, a la que han llamado Las leyes de la frontera, donde el autor conversará con el escritor Javier Cercas  (autor de Soldados de Salamina). Teníamos pensado ir, regalarle a Alex un recuerdo de esos que conservas siempre en la memoria. Queríamos escuchar la conferencia y pasar una tarde especial pero ya no sé si podremos.

Ayer me robaron las cuatro ruedas del coche.

Supongo que no soy la primera ni la última persona del mundo a quien le pasa esto, pero eso no me consuela. Sé que hay miles de cosas que te pueden pasar que son infinitamente peor que esto. Sé que es algo que se arregla con dinero. Sé que hay seguros. Sé que se me olvidará, que dentro de un tiempo sólo será un recuerdo difuso, una anécdota que contar.

Lo sé.

Pero a la vez, sé que me siento mal. Que cuando baje a mi garaje, que es donde me robaron, lo haré con miedo. Sé que durante un tiempo no dormiré tranquila por si se repite. Sé que es injusto, que me ha costado muchísimo comprar mi coche para que ahora llegue alguien y por la cara se apropie de parte de él.
Me da rabia que alguien, por avaricia, por quien sabe qué negocio oscuro hará con mis ruedas (me estoy imaginando que las venderá a través de internet), hoy no me sienta todo lo bien que me debería sentir y que, probablemente, tenga que privarle de ese recuerdo a mi hijo.

Indignada.

Dolida.

Cabreada.

Rabiosa.

Triste.

Así me siento, a pesar de que los adjetivos de hoy, deberían ser otros. Haré el esfuerzo mental de cambiarlos.

Si puedo.

lunes, 15 de octubre de 2012

JOSUÉ EL ERRANTE, MERCEDES PINTO MALDONADO.



Sinopsis (extraída de Amazon):

“Josué el errante” nos relata la dilatada y escabrosa vida de un judío que huye de Alemania a los diecinueve años, en los albores del nazismo, empujado por un amor imposible.

Educado en un ambiente judío ortodoxo, Josué necesitará sobrevivir a las situaciones más extremas como garimpeiro en África del Sudoeste para comprender que, más allá de culturas y religiones, existe el valor de la amistad. Kuaima, un nativo himba huido de la tiranía de su colono, y Carlos, un diplomático español que ha escapado del absolutismo religioso de su esposa, serán los amigos que le acompañarán. 

Abandonará a su familia en los peores momentos, traicionará a sus amigos, olvidará sus orígenes. Y todo por un valioso diamante que no sabe si tendrá destinatario.

Brevísima nota sobre mis impresiones del libro:

Esta reseña me la dejé sin hacer en su momento, así que las sensaciones, esas que comparto en ese blog, se han ido diluyendo. Sin embargo, guardé estas líneas que hoy comparto, para animaros a su lectura.

Esta novela repasa la vida de Josué, un judío nacido en Londres y trasladado en su infancia a Alemania, años antes de la Segunda Guerra Mundial. Su amor por Abigail, la hija de su maestro algunos años mayor que él, es correspondido pero la familia de la chica desea alguien mejor para ella y Josué se marcha en busca de fortuna. Ésta, esquiva, le regala sin embargo unos amigos que serán su auténtica familia: Carlos y Kuaima, dos hombres de religiones diferentes a la suya. Durante su trabajo de garimperio, buscador de diamantes en el río,  descubre lo mejor y lo peor del ser humano. En todo este proceso, en estos momentos de dureza extrema, Josué también se descubrirá a sí mismo. Irá madurando pero nunca olvidará ese gran amor que fue para él Abigail. Durante su estancia en África tallará un hermoso diamante para ella.

Entre las páginas que desgranan la vida de este hombre, encontramos la prosa de Mercedes Pinto, sencilla y profunda a la vez, sembrada de reflexiones que me han hecho en muchas ocasiones interrumpir la lectura. Comparto sólo una, muy breve: "donde hay un hombre hay un sueño, lo contrario es la misma muerte".

¿Quieres descubrir las demás? No te lo pienses.

Lectura de calidad por muy poco.

miércoles, 10 de octubre de 2012

LIBROS OLVIDABLES


No, no me he equivocado de título. Igual que hay veces que leemos libros inolvidables, otros podríamos ponerlos en esa categoría, la de aquellos que nos hicieron perder el tiempo porque además de no aportarnos nada de nada, supusieron tener que hacer un tremendo esfuerzo para terminarlos. ¿Os ha pasado?  A mí, por supuesto, sí. La diferencia es que ahora no termino ni uno que me esté costando. Cierro y a otra cosa, porque quizá el mundo es más rápido, con los libros digitales la oferta es mayor y ya no vivo en un sitio en el que encontrar novedades era una auténtica utopía. Ahora tengo la posibilidad de comprar con un click y estanterías repletas de novedades y clásicos al alcance de mi mano en cualquier centro comercial de los alrededores.


Estoy pensando ahora en otros libros olvidables. Son aquellos que en el momento de su lectura nos parecieron maravillosos pero que, con la perspectiva del tiempo han ido modificándose en nuestra percepción y si los abordas de nuevo te preguntas qué demonios le verías en su día a ese bodrio infumable que tú mismo le hiciste creer a tus sentidos que era literatura. Lo que te parecían frases brillantes se convierten por arte de magia en topicazos sin interés y la trama que te mantuvo atrapado, con el paso del tiempo te parece previsible, vacía y tramposa. Cuando me encuentro frente a uno de ellos me pregunto qué proceso mental estaba cociéndose en mi cerebro para que se me fuera tanto la pinza o qué me ha pasado por el camino para cambiar tanto. El tiempo ha hecho mella en ellos, los ha hecho caducar.

Quizá sea sólo eso.

Demasiado cercanos, demasiado actuales y en poco tiempo olvidables.

¿Os ha pasado también?

Claro que, para compensar, está el otro extremo, esos libros que nos hicieron leer en el instituto y que odiamos porque a la edad que los leímos odiar forma parte del vocabulario. Sobre todo lo que viene con una imposición detrás. Sin embargo ahora, libres de la presión del tiempo o de un examen sobre el contenido, los vemos de otro modo y da igual si los leemos una o veinte veces más. Mejoran como el buen vino. De estos tengo muchos ejemplos: La Celestina; El Buscón; San Manuel Bueno, mártir; Cien años de soledad… Mis ejemplares pierden hojas por desgaste y cada vez que me sumerjo en ellos descubro más y más matices y entiendo, ahora sí, por qué el tiempo no les afecta en absoluto.

Estos, sí, son inolvidables.

domingo, 7 de octubre de 2012

LARGAS NOCHES DE LLUVIA DE MARC R. SOTO



Sinopsis (extraída de Amazon):

Todos los pueblos guardan secretos. Atesorados durante generaciones, crecen como el musgo en los rincones sombríos: en los sótanos húmedos de las casas, en las habitaciones cerradas, o en los silencios incómodos. Secretos a veces banales y en ocasiones horribles, pero siempre presentes en una comunidad pequeña donde todo se sabe, pero nadie sabe nada.
En 1961, tras más de veinte años en paradero desconocido, Rogelio Villanueva regresa a su pueblo para hacerse cargo del negocio familiar. En 1967, su cadáver aparece desangrado en la bañera. En el lavabo, una nota con una críptica inscripción; y bajo su barbilla, dos extrañas marcas amoratadas.

'Largas noches de lluvia' es la historia de un crimen que no es sino la culminación de una cadena de crímenes pasados; es una historia sobre cómo se cocinan los secretos más horribles en los pueblos, a fuego lento; pero, sobre todo, es una historia acerca del amor de un padre hacia su hija, y de los extremos a los que ese amor le puede llevar.

Mi opinión

Esta, más que una novela al uso, podría decirse que es una novela corta o un relato corto largo. No sabría con cual definición quedarme para ella. Para que os hagáis idea de su longitud os diré que no tardé ni dos horas en terminarla. Por eso no sé cómo catalogarla. Bueno, sí. Si se trata de una novela corta, una novela corta espectacular. Si es un relato, uno de los mejores relatos que he leído en los últimos tiempos, y mira que he leído relatos en los últimos meses.

Largas noches de lluvia empieza una noche en la que el protagonista está tendiendo la ropa de madrugada, para que nadie le vea. Vive en un pueblo, en la España de mediados del siglo XX y los prejuicios sobre las tareas que deben desempeñar hombres y mujeres todavía pesan mucho. El personaje principal, narrador a su vez de esta historia, justifica así su presencia en el balcón cuando aparece Matías, el cartero, pidiendo ayuda. Ha encontrado la casa del dueño del bar abierta, ha entrado a dejarle un paquete para librarse de su peso lo antes posible, y guiado por una luz encendida ha encontrado su cadáver. El protagonista es el boticario y acompaña a Matías hasta el bar. Allí poco puede hacer: el hombre está muerto y aunque parece un suicidio hay algunos datos que hacen intuir otra historia.

Hasta aquí el relato sigue la linealidad, cuenta una historia que se vuelve otra cuando Marc, hábilmente, va deshojando los misterios que hay en torno a la muerte, reconstruyendo para nosotros parte del pasado, mezclándolo con escenas del presente. Me tengo que morder la lengua porque como digo es muy corto y si sigo lo destrozo, pero sí que puedo hablar de las sensaciones que quedan.

Yo vivo en el medio rural, lo he dicho muchas veces. Venir de la ciudad aquí supuso un tremendo choque porque aunque la vida se parece mucho, tenemos internet como todos, vemos los mismos canales de televisión, compramos en los mismos centros comerciales… la vida no es igual. Lleva otro ritmo y los secretos no lo son tanto porque apenas sucede algo todo el mundo se entera. Pero sucede algo más que he visto en esta novelita: el silencio encubridor que da la proximidad. Tus vecinos son eso pero no son los desconocidos que viven en la puerta de al lado, como en un bloque de la ciudad. Tienen nombres, apellidos, primos y tíos que conoces y cada historia que sucede se traslada de unos a otros, medio en silencio, con una complicidad que a veces asusta.

Los personajes que desfilan por la novela están muy bien perfilados, a pesar de la brevedad de la misma. Uno de los que más me han gustado, además del protagonista, es el médico, un señor mayor que es quien empieza, a través de la conversación en el cementerio con el protagonista, a darnos las claves para entender toda esta historia.

Otro de lps principales atractivos de esta historia es la calidad de la prosa. Muchas veces me enfrento a libros que me "hablan", utilizando un lenguaje muy cercano al coloquial. El libro de Marc no habla, te susurra, en una utilización mucho más literaria de las palabras que me ha gustado. 

Una curiosidad de la novela, cuando la descargas de Amazon, es que incluye "extras", como por ejemplo el principio de otro de los libros de este autor: El hombre divergente.

Tenéis que leerlo. De verdad. Siempre os pregunto si os apetece pero en este caso no lo pregunto, uso el imperativo a propósito porque con lo corto que es no hay excusas que valgan. Y el precio en Amazon tampoco tiene excusas: 0,89€. En esta misma página tenéis un enlace, a la derecha bajando un poquito, para que no tengáis que volveros locos buscando.

Os va a gustar descubrir esta pequeña historia que mezcla el costumbrismo y el género negro.

miércoles, 3 de octubre de 2012

EL ARTE



Este verano he tratado de poner orden en los armarios de casa, en las estanterías, en los cajones. No es que estuvieran desordenados, es que hacía tanto que no emprendía esta tarea que empezaba a tener problemas para recordar dónde tenía guardadas determinadas cosas y además, de vez en cuando, me gusta deshacerme de trastos superfluos que vamos acumulando en nuestro día a día. La de cosas estúpidas que guardamos por si acaso y que al final no sirven nada más que para ocupar espacio.

Unos días y unas cuantas bolsas de basura después, me encontré que tengo más libros de arte de los que recordaba. El arte es una materia que siempre me ha interesado, que siempre he tenido presente en mi vida. Elegí esta asignatura en el instituto y después, en la facultad, formaba parte del programa. La mejor parte. He pasado cinco años estudiando los distintos períodos de su historia y hay algunos que no me gustan nada, del mismo modo que hay otros que me fascinan.

Todo esto me ha llevado a una reflexión. ¿Qué es el arte para algunas personas? A mí me interesan sobre todo los sentimientos que provocan en mí determinadas obras, de manera que entrar en un museo suele despertarme las sensaciones que para otros surgen al introducirse en un templo. El Museo del Prado, por ejemplo, es el Santuario. Con mayúsculas.

Tengo problemas para controlar mi emoción una vez que pongo el pie en la primera sala.

Decidí sacar mi vieja caja de óleos y emborroné un lienzo sin demasiado acierto. Una cosa es sentir y otra cosa tener la capacidad de hacer sentir a otros con lo que creas. Dios, desde luego, no me ha llamado por el camino de la pintura. Así que, para recuperarme de mi torpeza, me pasé a la copia, que es bastante más sencilla. Tampoco tenía el momento… pero recordé que hubo un tiempo en el que mi hermana (que sí lo tiene) ponía su paciencia a mi servicio y me ayudaba a convertir en algo que se podía mirar mis torpes intentos pictóricos. Se salvó de la quema un pequeño ejercicio basado en un cuadro de Gauguin. No está mal para no tener aptitudes, ¿no creéis?


En el futuro me conformo con relajarme con los pinceles, sin más pretensión. Seguiré disfrutando con los cuadros de Van Gogh o mi favorito, El beso de Kilmt, cuando tropiece con ellos. Y continuaré disfrutando los paseos por cada santuario que encuentre a mi paso. 


domingo, 30 de septiembre de 2012

MALDITA DE MERCEDES PINTO MALDONADO



SINOPSIS (Extraída de Amazon):

En los años cincuenta, en el seno de una familia adinerada, con apenas dos kilos y cuarto, nace Lucía. Llega al mundo marcada por la muerte de su madre y rodeada de los secretos, los odios y rencores acumulados de las cinco generaciones que la precedieron. Su padre, un terrateniente que goza de gran poder económico y social en la comarca, la repudia desde el momento en que fue concebida y la condena a vivir el resto de su vida en una casucha. Lucía crece, completamente aislada, a merced de la familia de una hacienda vecina, y especialmente de Ángel, un joven muchacho. El encierro hace de ella una criatura especial. Es inteligente, trabajadora y dispuesta, pero incapaz de salir al exterior. Ella no lo sabe, pero ha venido al mundo a cumplir una misión: deshacer todos los entuertos que se han ido sembrando en aquellas tierras por los cinco Diego del Valle que las ocuparon.

A pesar de estar estigmatizada desde antes de nacer, la valentía de Ángel, que se cuela por una pequeña grieta en su pequeño y oscuro mundo, hace de ella una criatura llena de luz. Y Maldita, como la llamara su padre, se convierte en Lucía, luz del día; aunque antes tendrá que convertirse en una mujer y alejarse unos años de los que le enseñaron el lado amable de la vida.


MI OPINIÓN:


La novela de Mercedes Pinto Maldonado creo que ha sido una de las lecturas más satisfactorias de este verano. Cuando la abordé apenas sabía nada de ella, no leí las opiniones sobre la novela porque no quería estar marcada por prejuicios. Llegué a ella desde la más absoluta ignorancia en cuanto a su argumento y lo que me iba a encontrar. Llegué porque tenía curiosidad por saber qué se ocultaba tras ese título que tenía en la portada a una niña pequeña acurrucada en una escalera, que veía a diario en las redes sociales, y por un título que parecía encerrar un misterio en torno a ella.

Empecé a leer y pronto descubrí que me gusta el estilo de la autora, lleno de frases de esas que entran ganas de subrayar para releer más adelante. Un estilo sencillo pero que encierra una profundidad y una emoción difíciles de encontrar. La historia de Lucía, Maldita para Diego del Valle, su padre, resulta a priori increíble porque a una niña tan pequeña no se le pueden presuponer las habilidades que la dibujan, tales como vivir completamente sola desde los tres años y medio pero, sin darte apenas cuenta, te adentras poco a poco en su reducido mundo, ese que está encerrado entre las cuatro paredes de una habitación en la que tiene absolutamente todo para sentirse feliz y segura. Porque esta historia habla de miedos, de inseguridades, del daño que te pueden hacer los demás y de lo capaces que somos de ponernos una coraza y seguir adelante. Lucía se queda con la luz de la vida, lo malo, lo que le podría hacerle daño, está en el exterior y ella se cuida muy mucho de poner un pie en él, aún cuando las circunstancias son extremas.

Sin embargo, Lucía no está sola. Tiene a Ángel, su ángel particular que vela por ella, protegiéndola de su hermano Juanito, apodado "el lisiado" y de su propio padre, que nunca la quiere. Envuelta en sentimientos, esta novela, poco a poco, nos va desvelando secretos de familia, ocultos por el tiempo, va presentando a un arco iris de personajes construidos con tanta verdad que a veces da miedo. Esos secretos descubren un mundo lleno de mentiras, un mundo que permanece oculto porque las convenciones sociales hacen más cómodo mirar hacia otro lado que enfrentar la verdad. Esa dualidad de mentiras y verdades hace a la novela aún más atractiva.

No pude concretar, durante la lectura, el momento exacto en el que se producía la acción. Es cierto que he ido leyendo después cuándo está ambientada pero no me quedó demasiado claro mientras mis ojos recorrían la novela. Tampoco del espacio saqué muchas conclusiones, salvo que la acción transcurre en el medio rural. Sin embargo, ese pequeño detalle no le resta credibilidad, aunque en su lugar yo hubiera dejado caer algún dato que hiciese que el lector se pudiera imaginar la época o el espacio. Actual no es, desde luego, porque algunas actitudes de los personajes pienso que ya están superadas y el medio rural que retrata no se parece en nada al medio rural en el que yo vivo.

Este ha sido un verano de novelas descargadas en Amazon, he leído unas cuantas que pertenecen al grupo que se va conociendo como Generación Kindle y os diré que la mayoría han superado con creces el test. Es cierto que las hay que no me han gustado, pero no os diré cuáles. Puede que a mí no me hayan llegado pero sí lo hagan con vosotros, ¿no creéis? No seré yo quien condicione negativamente la lectura de nadie. Sin embargo, sí hablaré de las que me gustaron. Me encantó esta novela, me fascinó la forma de narrar de Mercedes y por eso, acto seguido, leí otra de sus novelas: Josué el errante. Hablaré de ella en otra reseña, os contaré de esa novela que me gustó también muchísimo y adelanto que Pretérito Imperfecto, su última novela, no se me va a escapar.

¿Conocéis ya a Lucía?