Mostrando entradas con la etiqueta Mayte Esteban. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mayte Esteban. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de marzo de 2026

LA LUCHA POR LA IGUALDAD: 8 DE MARZO

 


No sé si sabéis algo. A mí, cuando lo leí, me resultó, cuanto menos, curioso.

En EEUU se empezó a exigir el voto por parte de las mujeres en el siglo XIX. El motivo por el que muchas se unieron a este movimiento, como casi siempre, no fue político: se las excluyó de la lucha que se mantenía contra el alcohol.

La UCMT, unión de mujeres por la Templanza, encabezada por Frances Willard, defendía el derecho al voto como medio para poder lograr la prohibición del alcohol. Fue el medio que encontraron al principio para proteger a sus hogares y a sus familias, para resguardar su seguridad financiera (que sus maridos no se gastasen lo que ganaban en los salones) y también de protegerse de las palizas que ellos, alcoholizados, les propinaban.

El movimiento sufragista y este otro, enfocado a exterminar una lacra de la sociedad norteamericana de la época, hicieron piña.

Ha pasado mucho tiempo de esto, la lucha se ha ido reforzando, buscando los cauces posibles para crear una sociedad igualitaria.

Hay muchos momentos que podemos recordar.

Hoy recordamos más cosas, sobre todas, el incendio de una fábrica de camisas de Nueva York el que fallecieron 146 personas y que marcó de manera significativa la lucha por los derechos de la mujer.

El Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo fue declarado por las Naciones Unidas en 1975. Dos años más tarde se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional.

Hoy, más que nunca, debemos recordarlo.


sábado, 28 de febrero de 2026

DE LAS REVISTAS DE GUERRA A ILLUSTRATED TIMES

Estoy deseando que os adentréis en el mundo de Los cerezos de Central Park. Si en La colina del almendro los acontecimientos reales se mezclan con la ficción, esta novela no iba a ser menos. He intentado que la documentación no cargue mucho el texto, porque creo que eso hace perder un poco de vista la trama principal, así que, como existe el blog, voy a empezar a contar cositas aquí.

Os hablo de las revistas de guerra.

En los primeros años 20, la guerra en Europa había terminado, aunque todavía quedara tiempo para que sus habitantes se recuperasen del tremendo mazazo que supuso la Primera Guerra Mundial.

Durante el conflicto, para cubrir el vacío de información y alentar a la población para que no desfalleciera, nacieron las revistas de guerra, publicaciones como The Illustrated War News. Supusieron casi el único camino para entender el caos que se extendía por el mundo. Vivieron su momento de mayor intensidad en los años más duros de la guerra, llenando los quioscos de diagramas de artillería y rostros de generales, intentando explicar lo que estaba pasando a miles de kilómetros.

Para 1922, esas publicaciones ya no tenían sentido. Tras el armisticio, las revistas de guerra se enfrentaron a una pregunta incómoda: ¿qué se publica cuando acaba su razón de ser? El público, agotado por años de propaganda y luto, ya no buscaba la glorificación del héroe, sino otra cosa: reconstrucción, modernidad, belleza y, sobre todo, una forma de olvidar el dolor.

Los editores más sagaces, como Bruce Ingram al frente de The Illustrated London News, entendieron el cambio de tendencia. El camino era claro: menos épica bélica y más cultura y vida. Había que aprender a mirar el mundo con ojos nuevos. The Illustrated War News, que había sido un suplemento de guerra de The Illustrated London News, dejó de publicarse en 1918, y la casa matriz giró hacia temas más amplios y cotidianos.

Es en este escenario de reinvención donde nace, en mi imaginación y en mi novela, Illustrated Times.

Esta revista es hija de la guerra, la publicación de Edward Reynolds, que tiene que ver con la resolución de La colina del almendro y que, en Los cerezos de Central Park, ha perdido su sentido (y algo más que sería un spoiler). Ya no puede vivir del pasado, así que tocará tomar decisiones sobre ella.

Cuento todo esto porque para mí Illustrated Times, mi revista imaginaria, me ayudó a entender cómo cambiaron las revistas reales tras la Gran Guerra y me permitió desarrollar una mínima parte de la trama de algunos de mis protagonistas.


miércoles, 29 de octubre de 2025

TERMINADA LA TESIS DEL CAOS

Iba a llamarla LTDC, no sea que llegue la autora copia títulos y encima se me adelante.

Pero se llama LA TESIS DEL CAOS y voy a poner la portada porque encima va a parecer que he copiado de otra persona y no es verdad.

LTDC es oficialmente la última novela que he escrito. Creo que será la 21 terminada , si no me he perdido entre tantas.

Sé que conté hace nada que le puse las primeras palabras el 15 de septiembre y hace ya un par de días que acabé, pero debo explicar varias cosas para que esta velocidad se entienda. Ni es la mía, ni probablemente se repita.

En los últimos siete meses, no he parado de escribir y esto agiliza mente y dedos. Mi claridez mental y mi velocidad se han multiplicado.

Me he sentado a escribir todos los días. Que diréis, qué tontería. Pues no, los parones de escritura hacen que pierdas ritmo, fluidez y claridad.

La novela es muy sencilla, gira casi solo en torno a dos personajes y su entorno es limitadísimo. No expandir el mundo, no añadir subtramas que enriquezcan la principal hace mucho más sencilla la tarea.

He prescindido de las descripciones de los espacios por los que se mueven los personajes. No hay nada.

O sí, libertad absoluta para el lector.

La novela es puro ritmo, tanto en los diálogos como por la narración cinematográfica. Eso sí, he escrito con raya, interrogaciones, tildes... ¡Faltaría más! No seré superventas, pero soy escritora y para mí, dictar lo primero que te viene a la cabeza, aunque luego se corrija, pues como que no me convence.

Entre un cirujano de palabras y emociones, y un mercader o un mercenario, hay un trecho.

Por eso, lo que sí me he hartado de describir en esta novela son las emociones de los personajes. Esas son marca de la casa y para todos hay un arco de transformación. Aunque hablen poquito.

Cuando parece que va a pasar algo, intento que pase otra cosa. No siempre soy tan capulla, claro, es romance contemporáneo, no me salto todas las normas.

Son 60.000 palabras. He escrito todos los días unas 6 horas, tampoco ha sido tanto al día y los primeros los dediqué a hacer un detalladísimo esquema que me he saltado. Ahora me duele mucho el culo y he tenido que volver a cambiar la silla por la bola de pilates.

Pero pasará.

He usado un montón de clichés de la romántica y con ellos encima de la mesa he montado este puzle. Dos personas que son como la noche y el día, que no se gustan a priori, obligados a fingir una relación para conseguir un trabajo... 

Ese era el objetivo, pero al final trastocado algunos clichés. 

Y esto es lo mejor.

Se la he escrito a Patricia, mi amiga, que entró en el salón de mi casa y vio mi cartulina, la que pongo delante del portátil,  encima de la mesa del salón. Hoy ella la habrá empezado a leer y yo me estoy mordiendo las uñas.

Le he hecho hasta portada. En su versión hay letras con el título y no un borrón.

(Debajo voy a poner la que ha sido la definitiva)

Quería recuperar esto, la ilusión por escribir, la que tenía en esas primeras historias que componía y después se leía solo mi hermana en nuestra habitación. 

Reto reconquistado. 

En este mundo saturado de escritura y de escritores, yo quiero ser quien siga escribiendo por necesidad del alma y no del bolsillo, y para eso no necesito teatros llenos y colas eternas de lectores (roba mucho tiempo de escritura), sino corazones generosos que entiendan mis locuras y se apunten a ellas.

Este mercado a veces me empuja a que me rinda, pero yo no puedo. No voy a dejar de escribir. No, mientras paea las historias laten dentro de mí, y existan otros ojos que quieran leerlas.

No, porque creo que, independientemente de los premios, los años, los miles de lectores y las editoriales, soy escritora. 

Lo soy porque contar historias es lo que mejor sé hacer. 

Por cierto, mi protagonista es Mar y él se llama Gael, y son arquitectos. 



Esta fue la portada provisional


Esta la que puse en la portada para el libro de Patricia, a saber si será la definitiva



miércoles, 29 de enero de 2025

SIGILO


Eras una gata independiente, cariñosa, curiosa, juguetona y elegante. Traviesa y dulce, tanto que probablemente pensaron que sería fácil jugar contigo. 

Hace tiempo te retaron a una partida de ajedrez y aceptaste, aunque no supieras jugar.

Al fin y al cabo, creías que era solo eso, jugar. 

De vez en cuando, te derribaban alguna pieza y en algún momento aquello dejó de ser algo divertido. Las menores, solo escocían; las otras, las importantes, te llegaron a doler. Perdiste la dulzura, y la elegancia y la curiosidad cayeron después. El miedo se adueñó del tablero y de tu independencia, y un poco más y se hubiera llevado hasta el cariño.

Con cada derribo, aprendiste a jugar. Te diste cuenta que perdías por precipitación, porque no te dabas cuenta de que la paciencia, la memoria y la observación aún no habían caído. Cuando entendiste que eran tus aliadas, aplicaste el sigilo, que también lo tenías, a tus movimientos. Te volviste una gata silenciosa, astuta y taimada.

Lista y cruel.

Si para ganar había que sacrificar algo, se sacrificaba. Ningún gato siente pena por un ratón: lo caza y se lo come.

Tú querías cazar a la rata.

Te hiciste la tonta tan, tan bien que, de hecho, te tomó por tonta.

¡La de ventajas que tiene eso!

Lanzaste ataques como al descuido, no dejaste ver tu juego. Lo pusiste a dos pasos del Jaque mate y, aunque no sabía ni por dónde le va a venir y la victoria era tuya, frenaste.

Ya no importaba ganar, sino jugar con la presa, que es la parte más divertida de la caza.

No terminaste la partida que tenías a un zarpazo, porque te pudo la curiosidad y porque las piezas que te cobraste (la verdad y la mentira, la honestidad y la confianza), te supieron a muy poco. 

Tú querías más.

Con sigilo, desplegaste las garras, desvelando el resto de las costuras de un traje imperfecto que no ibas a aceptar para ti.

Tú querías el traje de ganadora o nada.

Para llevar según qué trajes, una gata prefiere vivir desnuda.


martes, 21 de enero de 2025

EPISODIO #64 ROMÁNTICAS CLUB 2.0.

Mónica Linares e Ivette Chardis me invitaron a su podcast, Románticas club 2.0. Te invito a conocerlo y a escuchar el episodio #64: Descubre la magia de la narrativa con Mayte Esteban.

Episodio #64




Descripción del episodio: En este episodio de Románticas club 2.0, entrevistamos a Mayte Esteban, una autora que ha dejado su huella en el panorama literario español.

Con una trayectoria que abarca desde la autopublicación hasta el reconocimiento editorial.

Mayte nos compartió su experiencia como escritora y detalles fascinantes sobre su última novela, La lectora de Bécquer.


Te animo a descubrir el resto de episodios, que son muy interesantes.



lunes, 18 de noviembre de 2024

DISCURSO DE INAUGURACIÓN I ENCUENTRO GUADA EN ROSA Y NEGRO

 

DISTINTAS TINTAS, MISMA PASIÓN


Distinguidos autores, queridos amantes de la literatura, y público en general, que nos acompañáis en este día tan especial para las letras en Guadalajara.

Es un honor inaugurar este encuentro que reúne a dos géneros literarios aparentemente opuestos, pero que han sido complementarios desde la mitología: Eros y Tánatos, el amor y la muerte; la novela rosa y la novela negra.

Estos dos géneros exploran los extremos de la condición humana: mientras la novela romántica una busca la unión y el amor, la novela negra nos enfrenta con la destrucción y el lado oscuro que todos tenemos.

La novela rosa, con sus tramas románticas y finales felices, lleva mucho tiempo entre nosotros, pero es después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se convierte en una especie de refugio para el alma y experimenta un boom. En un mundo que se había vuelto oscuro y lleno de incertidumbres, ofreció una escapada de la cruda realidad, a mundos donde el amor siempre triunfaba. Su capacidad para conectar con las emociones de los lectores y ofrecer esa evasión de la realidad la convirtieron en un género literario de gran popularidad que ha perdurado hasta nuestros días, con las lógicas modificaciones que implica el progreso de la sociedad. En esos tiempos difíciles, se convirtió en algo terapéutico, ofreciendo emociones impagables: entretenimiento y alivio para momentos de desesperación, consuelo y, sobre todo, esa esperanza en que las cosas mejoren que lleva implícito el imprescindible final feliz.

Hoy conserva ese poder de hacernos soñar con un mundo más amable, de emocionarnos y llegar al corazón. 

Pero, además, la novela romántica actual ha sabido ir más allá: en sus páginas encontramos temas como el bullying, los malos tratos, el acoso y la reivindicación de derechos, todo ello sin perder de vista el núcleo de toda historia romántica: el amor. Poco importa si es entre un chico y una chica, dos chicos o dos chicas, pues la novela rosa ha evolucionado con la sociedad, pero manteniéndose fiel a su esencia: ese final esperanzador que es su sello de identidad.

Por otro lado, la novela negra española también ha recorrido un camino que va de la sombra a la luz. De ser considerado un género menor, desde la Transición, ha experimentado una transformación radical, pues algunos autores empezaron a utilizar la novela negra como una herramienta para denunciar los problemas sociales y políticos de la época, mostrando su compromiso social, describiendo en ocasiones una realidad cruda y sin concesiones, reflejando la dureza de la vida en muchas zonas de España. Los protagonistas eran a menudo detectives privados o periodistas que se veían envueltos en tramas oscuras y peligrosas. Recordemos al inolvidable Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. 

Ese cambio sustancial fue reivindicando su papel y, a medida que España avanzaba hacia la democracia, la novela negra siguió pisando fuerte. A partir de los años 90, coincidiendo con el boom de muchas de las editoriales que hoy conocemos, aparecieron subgéneros, ampliando su abanico de temas: el terrorismo, la inmigración, la corrupción política y los crímenes económicos empezaron a frecuentar las tramas. 

Hoy en día, tal como le sucede a la novela romántica, la novela negra se funde con otros subgéneros narrativos y es habitual encontrar subramas negras dentro de novelas históricas o románticas, sin ir más lejos.

En la actualidad, la novela negra española goza de excelente salud, con una gran variedad de autores y títulos que atraen a un público cada vez más amplio. Este género ha logrado consolidarse como uno de los más importantes de la literatura española contemporánea.

También conviene señalar, que durante mucho tiempo, tanto la novela romántica como la negra, fueron vistas con cierto desdén por la crítica literaria. La novela rosa se consideraba como una lectura ligera y superficial, "cosa de mujeres", mientras que la novela negra era clasificada como un género menor, para un público popular. Sin embargo, ambos han demostrado su valor literario y su capacidad para abordar temas complejos y universales con gran solvencia.

Ambos ocupan hoy en día un lugar destacado en las librerías y en las listas de ventas, y eso no puede ser solo casualidad.

¿Qué une a estos dos subgéneros narrativos aparentemente tan distintos? Ambos exploran las emociones humanas más profundas: el amor, el deseo, el miedo, la venganza. Ambos nos invitan a reflexionar sobre nuestra sociedad, nuestras relaciones y nuestra propia condición. Y ambos han dejado una huella imborrable en la literatura.

Hoy, la novela rosa y la novela negra gozan de buena salud. Los lectores buscan cada vez más historias que los emocionen, que los hagan pensar y que los transporten a otros mundos. Y estos dos géneros, con su capacidad para combinar entretenimiento y profundidad, satisfacen plenamente estas demandas.

Tradicionalmente el rosa ha sido de chicas y el negro se lo hemos reservado a los chicos, pero eso ya no es así: en este encuentro, las novelas románticas no serán solo cosa de mujeres ni las negras de hombres. Hemos dado un salto cualitativo y aquí, en Guadalajara, tendremos la oportunidad de comprobar la riqueza y la diversidad de la narrativa española actual. Hay mujeres que escriben y leen novela negra, y hombres que escriben y leen romántica. 

Vamos a debatir juntos temas literarios de actualidad, desde el profundo respeto que tenemos a la literatura y con el mismo respeto que, poco a poco, estamos consiguiendo de la crítica.

Bienvenidos a Guada en Rosa y Negro, la primera edición espero que de muchas.


Mayte Esteban

Guadalajara, 16 de noviembre de 2024


lunes, 16 de septiembre de 2024

CXIII CAMPOS DE SORIA. MACHADO Y YO

CXIII

CAMPOS DE SORIA


I


 Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa

dejando entre las hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.

La tierra no revive, el campo sueña.

Al empezar abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.


Esta silva arromanzada, breve y bella, tiene sonidos poderosos. Solo tengo que cerrar los ojos y puedo escuchar las sonoras aliteraciones de la erre y de la ese. Se cuelan bajo mi piel y arañan, y siento como mío ese campo que se trueca en alguien vivo que sueña como lo hacen los hombres. La delicadeza de esas palabras que evocan lo minúsculo, que a mí me hace pensar en grande. Porque encuentro la esencia de la vida en eso, en centrarse en los pequeños detalles son, al final, lo importante.

Es saber encontrarlos en cualquier lugar.

En la que fue tu Castilla, en que es ahora la mía.

El frío, la nieve, el tomillo y una bufanda se transmutan y se convierten en algo más que unas palabras. Son diminutos fragmentos de felicidad. Representan la dulzura de la vida que cada uno encuentra donde quiere. Me mueven y me conmueven, porque sé lo que se siente cuando ese viento te roza la piel, cuando el frío te congela las manos o cuando el olor del tomillo se te cuela en el alma.

Tú lo sentiste, como yo.

Tú te enamoraste, como yo.


VII


 ¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas

por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, obscuros encinares,

ariscos pedregales, calvas sierras,

caminos blancos y álamos del río,

tardes de Soria, mística y guerrera,

hoy siento por vosotros, en el fondo

del corazón, tristeza,

tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

donde parece que las rocas sueñan,

conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas!...


A veces les hablo a mis chicos del impresionismo. Les cuento que fue un movimiento en pintura, una nueva manera de crear que encontraron los pintores franceses de finales del XIX para, a través de leves trazos inconexos, transmitir paisajes completos que el espectador es capaz de reconstruir en su mente cuando observa el cuadro.

Tan sencillo y a la vez tan mágico.

Tú eres impresionista en este poema, impresionista de las palabras. Te olvidas de los verbos que conecten adjetivos y sustantivos y, como aquellos pintores, dejas tus trazos diseminados por el poema.

Un color.

Un matiz.

Un elemento del paisaje.

Ellos solos, sin más nexos que esas admiraciones que llenan todo de emoción dibujan un cuadro. El presente y el pasado. Esa mezcla tan tuya de dureza y sentimientos de amor.

Y en medio de todo, tú, presente en el poema.

Porque estás ahí, no solo tras cada palabra, sino hablándole al paisaje, convencido de que te escucha. Loco poeta, tan loco como yo que te escribo, aunque sepa que no me puedes escuchar.

Quizá todos estemos un poco locos.

Siguen siendo Soria y su Duero los dueños de estas líneas, siguen presidiendo tus emociones. Ella, altiva. Él, poderoso. Y a ellos encaramas las palabras que a saltos de caballo brincan de un verso a otro y hacen que fluya tan suave como la primavera.

¡Colinas plateadas, grises alcores, cárdenas roquedas!...

Seis palabras, cierro los ojos y soy capaz de sentirme allí.

Mágico poeta.


(Seguirá)


 


sábado, 14 de septiembre de 2024

CII ORILLAS DEL DUERO: MACHADO Y YO

 

Wikipedia

CII

ORILLAS DEL DUERO

 

¡Primavera soriana, primavera

humilde, como el sueño de un bendito,

de un pobre caminante que durmiera

de cansancio en un páramo infinito!

¡Campillo amarillento,

como tosco sayal de campesina,

pradera de velludo polvoriento

donde pace la escuálida merina!

¡Aquellos diminutos pegujales

de tierra dura y fría,

donde apuntan centenos y trigales

que el pan moreno nos darán un día!

Y otra vez roca y roca, pedregales

desnudos y pelados serrijones,

la tierra de las águilas caudales,

malezas y jarales,

hierbas monteses, zarzas y cambrones.

¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!

¡Castilla, tus decrépitas ciudades!

¡La agria melancolía

que puebla tus sombrías soledades!

 ¡Castilla varonil, adusta tierra.

Castilla del desdén contra la suerte,

Castilla del dolor y de la guerra,

tierra inmortal, Castilla de la muerte!

Era una tarde, cuando el campo huía

del sol, y en el asombro del planeta,

como un globo morado aparecía

la hermosa luna, amada del poeta.

En el cárdeno cielo violeta

alguna clara estrella fulguraba.

El aire ensombrecido

oreaba mis sienes, y acercaba

el murmullo del agua hasta mi oído.

Entre cerros de plomo y de ceniza

manchados de roídos encinares

y entre calvas roquedas de caliza,

iba a embestir los ocho tajamares

del puente el padre río,

que surca de Castilla el yermo frío.

¡Oh Duero, tu agua corre

y correrá mientras las nieves blancas

de enero el sol de mayo

haga fluir por hoces y barrancas,

mientras tengan las sierras su turbante

de nieve y de tormenta,

y brille el olifante

del sol, tras de la nube cenicienta!

¿Y el viejo romancero

fue el sueño de un juglar junto a tu orilla?

¿Acaso como tú y por siempre, Duero,

irá corriendo hacia la mar Castilla?

 

En esta silva, le hablas al Duero, como si en lugar de ser agua que corre fuera un ser vivo. Y lo haces porque así lo sientes, como el señor de este reino condenado, como la columna vertebral de esta áspera tierra. Le preguntas sobre el destino de Castilla, pero no esperas, por supuesto, su respuesta. No porque sea un río y los ríos no respondan al hombre sino cuando se desbordan y reclaman su sitio o cuando se secan y comprometen la sed de las cosechas. No. No esperas su respuesta porque la estás viendo frente a tus ojos.

 

La sientes en cada paseo por sus caminos vacíos y sus ciudades ruinosas. En cada páramo yermo y desabrigado donde apenas crece nada.

 

Castilla, siguiendo la metáfora de Manrique, a la vera de su río, se encamina al mar de su muerte.

 

En tu tiempo.

 

En el mío.

 

Puede tener la esperanza de la primavera más bella, esa que se ansía como alivio entre el duro invierno y el verano más extremo, pero no será suficiente para salvarla de una muerte tan lenta que aún estamos doliéndonos por ella.


(Seguirá)

 

viernes, 13 de septiembre de 2024

XCIX POR TIERRAS DE ESPAÑA: MACHADO Y YO

 

Imagen Freepick ai


XCIX

POR TIERRAS DE ESPAÑA


El hombre de estos campos que incendia los pinares

y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra

por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,

pastores que conducen sus hordas de merinos

a Extremadura fértil, rebaños trashumantes

que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

hundidos, recelosos, movibles; y trazadas

cual arco de ballesta, en el semblante enjuto

de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,

capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,

esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,

guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

ni para su infortunio ni goza su riqueza;

le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:

al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,

veréis agigantarse la forma de un arquero,

la forma de un inmenso centauro flechador.

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

¿no fue por estos campos el bíblico jardín?:

son tierras para el águila, un trozo de planeta

por donde cruza errante la sombra de Caín.


Otra vez la tierra, esa que no era la de tus raíces, pero que te acogió y te prendió a ella con tanta intensidad que se te escapaba en cada verso, en cada poema. Proyectaste en el paisaje castellano los claroscuros de nuestro carácter y vomitaste unos versos negativos y pesimistas. Nos definiste rudos, recios, sufridos y recelosos. Capaces del sacrificio y de la amabilidad extrema, a la par que envidiosos y ruines con nuestros vecinos. De alma de azufre, herederos de ese Caín bíblico que mató a su hermano. 

No creas que hemos cambiado. 

Abundan los amigos de la maledicencia que inventa y difunde, que corea a quienes difaman y que convierte en diversión penas ajenas. Nos hemos convertido en comadres aburridas, contagiados por una televisión dañina y unas redes perversas, que han hecho de la intimidad un oscuro espectáculo, algo que se reproduce en todas partes, como el más letal de los virus.

La envidia tiñe vidas de amarillo, como entonces, aunque ya no hay tantos a los que llamar Caín. Entre otras cosas, porque los que son muy jóvenes, se lo he preguntado hoy mismo, nunca han oído hablar de Caín. Todos los nombres propios que suenan a Iglesia están vetados por la modernidad. Se impone la ignorancia y a ella se aferran como al salvavidas que ven en ella, porque ¿a quién le gusta ser distinto? Si lo eres te llaman friki. Pedante, raro, extravagante, sabihondo… serían nuestras palabras, pero hasta esas las vamos olvidando.

Friki.

Al que maltratar en la escuela o aislar en la calle.

¿Quién quiere saber, si ser un ignorante te protege de la ignorancia?

¿No te sientes un poco triste, mi poeta?

Evoco a los hombres y mujeres de tu tiempo dejándose la piel para que la cultura llegase hasta los rincones más recónditos. Rememoro esas iniciativas tan luminosas que pusisteis en marcha como las Misiones Pedagógicas de cuya comisión fundadora formaste parte como vocal, con la que organizaste el teatro popular que recorría los pueblos de España.

Evoco, porque no lo viví, lo que he leído, la ilusión que le poníais a todo.

Ahora las ilusiones se virtualizan y los objetivos vitales pasan por conseguir likes. Y los que no, los que se resisten a esta moda de ser el más popular, el más importante en nada, huyen de la tierra a estudiar, consiguen becas, sí, pero si vieras lo poco que aprenden…

Es tan triste escucharlos cuando regresan…


(Seguirá)


jueves, 12 de septiembre de 2024

XCVIII A ORILLAS DEL DUERO: MACHADO Y YO


Imagen Freepick


 XCVIII

A ORILLAS DEL DUERO


Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.

Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,

buscando los recodos de sombra, lentamente.

A trechos me paraba para enjugar mi frente

y dar algún respiro al pecho jadeante;

o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante

y hacia la mano diestra vencido y apoyado

en un bastón, a guisa de pastoril cayado,

trepaba por los cerros que habitan las rapaces

aves de altura, hollando las hierbas montaraces

de fuerte olor? —romero, tomillo, salvia, espliego—.

Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.

Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo

cruzaba solitario el puro azul del cielo.

Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,

y una redonda loma cual recamado escudo,

y cárdenos alcores sobre la parda tierra

—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,

las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero

para formar la corva ballesta de un arquero

en torno a Soria. —Soria es una barbacana,

hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.

Veía el horizonte cerrado por colinas

oscuras, coronadas de robles y de encinas;

desnudos peñascales, algún humilde prado

donde el merino pace y el toro, arrodillado

sobre la hierba, rumia; las márgenes de río

lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,

y, silenciosamente, lejanos pasajeros,

¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,

cruzar el largo puente, y bajo las arcadas

de piedra ensombrecerse las aguas plateadas

del Duero.

El Duero cruza el corazón de roble

de Iberia y de Castilla.

¡Oh, tierra triste y noble,

la de los altos llanos y yermos y roquedas,

de campos sin arados, regatos ni arboledas;

decrépitas ciudades, caminos sin mesones,

y atónitos palurdos sin danzas ni canciones

que aún van, abandonando el mortecino hogar,

como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!

Castilla miserable, ayer dominadora,

envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.

¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada

recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?

Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;

cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.

¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra

de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,

madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.

Castilla no es aquella tan generosa un día,

cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,

ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,

a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;

o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,

pedía la conquista de los inmensos ríos

indianos a la corte, la madre de soldados,

guerreros y adalides que han de tornar, cargados

de plata y oro, a España, en regios galeones,

para la presa cuervos, para la lid leones.

Filósofos nutridos de sopa de convento

contemplan impasibles el amplio firmamento;

y si les llega en sueños, como un rumor distante,

clamor de mercaderes de muelles de Levante,

no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?

Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.

Castilla miserable, ayer dominadora,

envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.

El sol va declinando. De la ciudad lejana

me llega un armonioso tañido de campana

—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.

De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;

me miran y se alejan, huyendo, y aparecen

de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.

Hacia el camino blanco está el mesón abierto

al campo ensombrecido y al pedregal desierto.



Esta vez te decidiste por pareados alejandrinos para describir esta tierra que es la mía ahora, dando al poema una rima total y diferente. Te sitúas en el paisaje castellano, trepas hasta la cumbre de una loma, arropado por los aromas del clima mediterráneo de interior, nuestras plantas olorosas que lo pueblan todo. Y sudas y necesitas de un bastón, porque este clima recio lo es tanto en invierno como en verano.

Y cuesta, vaya si cuesta.

El Duero, nuestro río, te abraza desde abajo, te muestra esa silueta que desde Soria recuerda a una ballesta guerrera, como una metáfora del pasado de resistencia de esta tierra. O el presente, porque ser castellano es resistir con el viento de cara siempre y Soria, tu Soria, representa como nadie esa batalla que llevamos perdiendo siglos. 

Hoy, mi poeta, está aún más perdida que en tu tiempo.

Las ciudades se vuelven diminutas, la gente se va y solo queda ese silencio que precede a la muerte. El pasado, ese que tú sabías grande, hasta se nos olvida contarlo en las escuelas y se sorprenden mucho cuando les dices que es suyo el Cid o que un día fuimos la cabeza del mundo. 

Castilla miserable, ayer dominadora, 

envuelta en sus harapos 

desprecia cuanto ignora. 

Y así seguimos.

Pero tú la ves bella en su sencillez, tan recia y tan valiente. Igual que la veo yo, tanto que cuesta mucho dejarse vencer y me resisto, como una inconsciente, a dejarla desierta. Lucho porque se sepa que existe y que no se vacíe del todo, aunque cada vez sea más obvio que será lo que suceda.

Lucho desde mis historias, dejando pinceladas que son dardos, señalando lo que sucede, pero incapaz de encontrarle una solución.

¿La habrá algún día?

Creo que, si existe, nunca la veré.

Siguen sonando las campanas en algunos campanarios. Siguen las viejas en las iglesias, aunque cada vez son menos y el luto ya no se lleva en la ropa, sino en el corazón.

Ese que se oscurece por la pena de que esto vaya a perderse para siempre.


(Seguirá)


XCVII: RETRATO. MACHADO Y YO

 

Imagen Freepick

XCVII

RETRATO

 

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

 

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,

más recibí la flecha que me asignó Cupido,

y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

 

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

 

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

 

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso, como deja el capitán su espada:

famosa por la mano viril que la blandiera,

no por el docto oficio del forjador preciada.

 

Converso con el hombre que siempre va conmigo

—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

mi soliloquio es plática con ese buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.

 

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

 

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.


Antonio Machado 


***

 

 

Me maravilla cómo, en unos pocos versos alejandrinos, fuiste capaz de decir tanto. Hablar del amor, de la infancia, de la política, de la poesía, de la religión, de la libertad y de la muerte. En serventesios, se te escapa ese hombre fascinado por el Modernismo que fuiste al principio, pero también cómo fue cambiando tu criterio a medida que se popularizó y dejó de ser algo tan especial como lo que mostraba Darío. Hablas de ti mismo, de cómo te veías en el espejo y cómo deseas que se te recuerde, y del orgullo que sientes por haber sido capaz de no dejar deudas pendientes.

 

La premonición de los últimos versos me estremece, porque no podías saberlo y, sin embargo, lo escribiste.

 

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

  

Lo sentiste, como se siente lo inmenso, sin poder explicarlo.

 

Todo, con palabras sencillas, las tuyas, las que algunos aún siguen sin entender que, bien ordenadas, despierten sentimientos tan profundos.


(Seguirá)

sábado, 7 de septiembre de 2024

MACHADO Y YO: 4 DE JUNIO DE 2009

 

Imagen de la Casa Museo de Antonio Machado en Segovia

4 de junio de 2009


La sede segoviana de Cultura está en la Plaza de la Merced. Seguro que la recuerdas, está muy cerca de la catedral y desemboca en la calle Daoiz que, cuesta abajo, conduce hasta el Alcázar. 

En esa plaza se encuentra el primer jardín público que se construyó dentro del recinto amurallado de la ciudad, allá por el XIX, así que imagino que alguna vez te sentaste bajo sus árboles en algún banco, a descansar tus doloridos pies y a disfrutar de las tardes primaverales que tan bonitas son en Segovia. Yo imaginó que en ella soñaste versos, de esos que a veces, cuando no encontrabas papel, te escribías en el puño de la camisa.

Soy de imaginación poderosa, pero eso ya lo sabes, hemos compartido conversaciones imaginarias toda la vida.

No estoy segura de que en tu tiempo la plaza se llamase así, quizá por entonces era Alfonso XII. Ya sabes que los políticos, según vengan los aires, le van cambiando el nombre a los lugares, jugando con nuestra memoria. En cualquier caso, seguro que recuerdas el jardín y que allí estaba el antiguo convento de los mercedarios. Aunque a lo mejor no sabes que, en el centro de ella, desde los setenta, hay una escultura de tu buen amigo Rubén Darío.

Sé que estuviste alguna vez en ella, aunque nadie me lo haya contado, porque vivías a dos pasos. Según encaras esa cuesta abajo desde la Plaza Mayor, por la calle Marqués del Arco, la primera calle a la derecha es la calle de los Desamparados. Tu calle. En la que está esa pensión que cuando tú viviste en Segovia regentaba Luisa Torrego y que se convirtió en tu hogar.

La que hoy es tu Casa Museo.

Después de hacer los trámites con el libro en cultura ese 4 de junio, te hice una visita.

En el jardín, rodeado de rosales, hiedras y césped, me recibió tu busto, el que te dedicó con admiración y respeto Emiliano Barral en 1920, que captó tu aire ausente y tu gesto de hombre bueno. Una copia, el original no he averiguado dónde lo tienen, pero no quiero buscarlo. Tal vez un día lo encuentre en cualquier viaje y no me quiero perder la emoción del descubrimiento. Porque me emocionaré, poeta, la belleza provoca en mí un sentimiento tan poderoso que soy incapaz de controlar.

Ese día entré en la casa, hice la visita como si fuera una turista, pasé mis dedos por la mesa del comedor —idéntica a la mesa de mi casa de Turégano—, y al rebasar por una cómoda antigua y desportillada apoyada en la pared, vi el libro de firmas para los visitantes.

No sé de dónde saqué la osadía de agarrar el bolígrafo y escribirte mis planes.

No sé por qué lo hice, supongo que si tuviera fe estaría pidiendo tu bendición para lo que quería emprender en adelante. Para escribir, para atreverme a ser lo que soñaba, aunque no tuviera nada más que mis palabras y mi tesón para salir adelante. Ni padrinos, ni contactos, ni puñetera idea de por dónde empezar.

Le estaba pidiendo permiso a mi maestro, como la alumna aplicada que siempre fui.

Dejé mi firma.

Dejé una promesa.

Y al volver a pasar por el busto que está en el patio, justo al lado de la cancela, creo que me sonreíste.

Puede que no, puede que también lo imaginase.


(Seguirá)


viernes, 6 de septiembre de 2024

MACHADO Y YO: 2009

Imagen creada con Leonardo AI

 

2009


Ese año, muchos después de aquella herida, sucedió algo. Yo ya no vivía en Azuqueca, aunque seguía visitando el cementerio, que en este momento también acogía a mi padre y a mi abuelo. Yo ya tenía hijos y era una adulta, al menos por fuera. Ese año, en 2009, me atreví a dejar ver lo que escribía. Y sucedió algo extraordinario, porque regresó con un premio. Recordando a la niña osada que era en esa infancia que se evaporó en un día, con el dinero que gané, se me ocurrió autoeditar La arena del reloj.

Esa novela que no es ni siquiera una novela.

Escribirla con mi padre fue vivir otro duelo a mi manera, esta vez el suyo. Lo hicimos así, nos despedimos cuando aún podíamos tocarnos y sentirnos, aunque en cada mirada hubiera una tristeza infinita y en cada palabra la sombra de que se nos estaban agotando las horas. Es la historia de sus momentos felices. Donde nos dijimos lo importante y en el que me dejó fragmentos de su vida para que, cuando lo extrañara, pudiera volver a ella y encontrarme con su voz.

Eva Ortiz, la directora de esa biblioteca que fue mi otro hogar, lo leyó y me encargó una charla sobre autoedición —siempre ha tenido una fe ciega en mis posibilidades—. Yo no sabía nada de eso, así que lo inmediato fue negarme. Al fin y al cabo, lo que había hecho no era más que imprimir un texto con forma de libro en una página de internet que encontré una tarde de domingo. Un texto, además, que era tan personal que ni siquiera era lógico compartirlo. Pero Eva intuyó que era mucho más que eso, que estaba lleno de universales, de sentimientos que eran míos, pero también un poco patrimonio de todos, y su insistencia, y esa que soy a veces cuando venzo al miedo, prendieron la mecha de las ganas.

Me atreví.

Nunca he tenido pereza para estudiar y explorar, y decidí que haciendo algo es como mejor se aprende, así que investigué y realicé el proceso entero de convertirme en mi propia editora con otra novela que sería la que ilustraría la charla.

Le lavé la cara, la puse al día y me fui hasta Segovia, para registrarla en Cultura.

Y allí, volviste a aparecer tú.


(Seguirá)